El desalojo
Florencio Sánchez
EL DESALOJO
FLORENCIO SÁNCHEZ
PERSONAJE
ENCARGADA
VECINA 1ª
VECINA 2ª
INVÁLIDO
GENARO
JUAN
INDALECIA
CHICOS
UNA NENA
PERIODISTA
FOTÓGRAFO
VECINO
COMISARIO
****
Escena I
ENCARGADA. -(Saliendo de una de las habitacio¬nes.) Ya sabe, ¿eh? Bueno; que non se le orvide. Son cansada de esperar que hoy e que mañana e que de aquí a un rato...
VECINA 1ª. -¿Qué le hemos de hacer? ¡Cuando no se puede, no se puede!
ENCARGADA. -Antonce no se arquila los cuartos, ¿sabe? ¿Se ha pensao que estamo en una república, aquí?... L'arquiler es lo primero.
VECINA 1ª. -¡Bueno, bueno!... ¡Basta! ¡No pre¬cisa hablar tanto!
ENCARGADA. -Eso digo yo. Non precisa ha¬blar tanto. A la fin de mes se paga e nos quedamos todos callao la boca... (Alejándose.) Sí, señor. E non precisa tanto orgullo... Se quieren vivir de arriba, se compra el palacio del congreso, ¿sabe? ¡En la calle Entre Ríos!... (Tropieza con un mueble.) ¡Ay!... ¡Dío!...
VECINA 1ª. -(Aparte.) ¡No haberte roto algo!...
ENCARGADA. -¡Ay!... ¡Madona Santísima!... ¡Uiii!... (Golpea el mueble con rabia, volviéndose a INDALECIA.) ¿Y osté también se ha pensao tener todo el año esto cachivache ner patio?... Non tiene vergüenza...
INDALECIA. -¡Pero, señora...! Si yo...
ENCARGADA. -¡Un corno! Se le hubiesen ti¬rao esta porquería de muebla a la calle, non estaría tanto tiempo sen buscar pieza. Parece mentira. (Quejándose.) ¡Ay, ay, ay!...
VECINA 2ª. -(Aproximándose.) ¿Se lastimó mu¬cho, señora?...
ENCARGADA. -¡Qué sé yo!... Un gorpe tre¬mendo.
VECINA 2ª. -¡A ver! Esos golpes saben ser malos...
VECINA 1ª. -(Burlona.) ¡Ah!... Se le puede formar un cáncer... Llamen a la Asistencia...
ENCARGADA. -Mire, mire, doña Francisca. Venga. (Se oculta detrás de los muebles para enseñarle la pierna lastimada. Dos inquilinos que salen rumbo a la calle, se detienen a mirar.)
VECINA 2ª. -¡Ay, qué temeridad!...
ENCARGADA. -Ner mismo güeso... Vea. (Viendo a los vecinos.) ¿Y ustedes qué quieren? ¿No tienen nada más que hacer?...
VECINA 2ª. -¡Ave María! ¡Tanta curiosidad!...
(Los dos vecinos se alejan riendo.)
VECINA 1ª. -(Deteniéndolos.) Diga, Juan, ¿no sabe si dan baile este sábado los «Adulones del Sur»?
JUAN. -Creo que sí. (Mutis de ambos.) VECINA 2ª. -Lo que es usted no faltará.
VECINA 1ª. -No estoy invitada. La fiesta es pa ustedes los socios, no más... ¡ja, ja!... (Mutis.)
VECINA 2ª. -¡Dispará no más, comadre!...
ENCARGADA. -¡Déquela!... Non vale la pena...
VECINA 2ª. -Tiene razón. Venga a mi cuarto.
Le daré una frotación de aguardiente... Venga... También, la verdad es que ni se puede caminar en este patio.
ENCARGADA. -Naturalmente. Con toda esta porquería de cachivache adentro...
VECINA 2ª. -Un día, pase; dos, también; pero más, ¡es demasiada pachorra!...
INDALECIA. -(Tristemente.) ¡Ay, señora; rué¬guele a Dios que no se vea en nuestro caso!
VECINA 2ª. -¡Pierda cuidado!... Mientras él me dé salú para trabajar, puedo estar tranquila. No ha de ser esta persona quien se quede de brazos cruza¬dos esperando que las cosas caigan del cielo.
ENCARGADA. -Eso, eso digo yo. Mire, doña Indalecia; crea que no lo hago de gusto, porque el buen corazón lo tengo, ¿sabe? Ma non se puede estar estorbando a la quente todo el tiempo...
INDALECIA. -¿Qué debo hacer?... ¿Quieren que me tire al río con todos mis hijos?
VECINA 2ª. -No decimos tanto. Pero... mover-se, caminar, buscar trabajo... En este Buenos Aires no falta en qué ganarse la vida.
INDALECIA. -¡Pero señor! Si no he hecho otra cosa que buscar ocupación. Ustedes bien lo saben. Costuras no le dan en el registro a una mujer vieja como yo. Ir a la fábrica no puedo, ni conchavarme, pues tengo que cuidar a mis hijos...
ENCARGADA. -Ma dícame un poco, ¿qué le precisa tener tanto hijos?... Si no hay con qué man¬tenerlos, se agarran y se dan.
VECINA 2ª. -¿Y los asilos?
VECINA 1ª. -¡Oh!... ¡Eso es muy fácil decirlo!... ¡Pobrecitos!...
ENCARGADA. -Pobrecito, pobrecito, e mien¬tras tanto muerto de hambre como los gatos, ro¬bando la comida en casa de lo vecino...
Escena II
GENARO. -(Que ha aparecido momentos antes con un paquete en la mano.) ...Y hacen bien, cuando los vecinos son tan agarrados. ¡Mándesén mudar de aquí!... ¡No tienen vergüenza!... ¡Estar embromando a la pobre mujer!... ¡Bruta gente!...
VECINA 2ª. -¡El terremoto de la Calabria!... Vámonos, señora.
ENCARGADA. -(A GENARO.) Me diga un poco, ¿qué se ha pensao osté? Me diga.
GENARO. -(Rezongando, sin hacerle caso.) ¡Bruta gente! ¡Bruta gente!... (A INDALECIA.) No te afli¬ja. ¿No vino ninguno?...
INDALECIA. -Nadie.
GENARO. -(Se encamina hacia su cuarto, segundo izquierda.)
ENCARGADA. -(Deteniéndolo.) ¡Eh!... Me diga un poco, ¿qué se ha pensao?...
GENARO. -¿Parlate a me?...
ENCARGADA. -(Alterada.) ¡A lei, sí; a lei, a lei! Sí...
GENARO. -(La mira fijo un instante y le hace la mueca característica de los napolitanos. Se va a su cuarto dando un portazo al entrar.)
ENCARGADA. -(Furibunda.) Furbo... ¡Mazcal¬zone!
VECINA 2ª. -Está borracho el botellero. No le haga caso. Venga.
ENCARGADA. -¡Canaglia!
VECINA 2ª. -Venga a curarse esa pierna. Déje¬lo.
ENCARGADA. -¡Mazcalzone! (Volviéndose a INDALECIA.) Usté también, ¿qué está compa¬driando así?... Mañana mismo le hago tirar eso ca¬chivache a la calle... ¡Tanto embromar, también!... (Se va rezongando conducida por la VECINA 2ª.)
Escena III
INDALECIA. -(Deja la costura y se aproxima a la cuna.) Vamos, nena. ¡Arriba!... ¡No se va a pasar durmiendo todo el día!... ¿No?... Entonces u... upa!... (La levanta.) ¿Quiere pancito?... (Saca un mendrugo del bolsillo y se lo da.) Esta noche traerán centavos, bas¬tante plata, y vamos a comer mucho, ¡mucho!... ¿Tiene hambrecita?...
GENARO. -(Reapareciendo con un grueso pan y una navaja en las manos, se acerca a INDALECIA y corta una porción.) Toma... ¡Mangia!...
INDALECIA. -¡Oh!... ¡Para qué se ha incomo¬dado!...
GENARO. -¡Mangia, te digo!... (Saca un bollo de bolsillo y se lo da a la nena.) Mangia vos. ¿Dove sono i ragazzi?
INDALECIA. -No sé. En la calle tal vez...
GENARO. -(Se aproxima a la puerta del foro y llama a voces.) ¡Eh!... ¡Tú!... Vieni. Angue, tú!... (Aparecen tres chicos. GENARO da un trozo de pan a cada uno.) To-ma... ¡Mangia... tú, mangia!... ¡Mangia!... (Los mucha¬chos reciben el pan con alborozo y se ponen a comer.)
INDALECIA. -¡Mal agradecidos!... ¿Cómo se dice?...
UNO DE LOS CHICOS. -(A boca llena.) ¡Mu¬chas gracias!...
GENARO. -(Indicándoles la puerta.) ¡Vía! (A INDALECIA.) No hacen falta cumplimientos. Hay hambre, se mangia y se acabó!... (Los chicos hacen mutis.
GENARO se sienta en cualquier parte, saca salame del bolsillo y se pone a comer. Pausa.) Estuve en el hospital. Le han hecho la operación a tu marido...
INDALECIA. -¿Cómo?... ¿Otra?...
GENARO. -Naturalmente. (Alzándose.) Toma. Mangia un po de salame.
INDALECIA. -¡Oh!... ¡Me lo van a matar!... (Toma el salame y se lo pasa a la nena.)
GENARO. -(Volviendo a sentarse.) Sería mecor, si ha de quedar paralítico.
INDALECIA. -¡Pobre Daniel!... ¿Habló con él?...
GENARO. -No lo decan ver. No hace falta tampoco... (Pausa.) ¿Qué decía la encargada?
INDALECIA. -¡Oh!... Lo de siempre. Rezon¬gar... Insultarme...
GENARO. -¡Bruta gente!...
INDALECIA. -¡Son tan malos!... Vea: a ella le disculpo, porque, al fin y al cabo, es patrona; pero a las otras, a las demás vecinas... ¡Gente desalmada!... ¡Si fueran más felices o mejores que una, no diría nada, ¡qué diablos! Tendrían derecho. Pero no. Son pobres como yo, tienen hijos como yo, y maridos que trabajan expuestos a que los destroce una má¬quina o caerse de un andamio, y en vez de pensar un poco que podrían verse en mi caso mañana o pasado, se ponen a la par de la otra para mortifi¬carme. Y todo por adularla, ¡nada más! ¿Usted cree que ha habido uno solo en esta casa capaz de ofre¬cerme un poco de caldo para la nena? No, señor; prefieren tirar las sobras por el caño...
GENARO. -¡Bruta gente!
INDALECIA. -¡Es lo que más me desconsue¬la!... (Afligida.) Me dan tantas ganas de llorar... Ver que una no es nadie... Que de repente se queda sola en el mundo, aislada... abandonada de todos... peor que un perro... (Llora.)
GENARO. -¡Ma no!... ¡Ma no!... ¿Qué se gana con afliquirse?... ¡Cállase la boca!... ¡Bruta gente!... Decate de llorar, ¿sabe?... (Se oye un tumulto y gritos afuera.) ¡Viejo loco!... ¡Viejo borracho!... ¡Viejo lo¬co!... (Aparece un grupo de pilluelos, entre ellos los hijos de INDALECIA, acosando a un viejo soldado, inválido de la guerra del Paraguay.)
Escena IV
INVÁLIDO. -(Persiguiendo a los muchachos con el bastón enarbolado.) ¡Mal enseñados!... ¡Con eso van a hacer patria!...
INDALECIA. -¡Tata!...
GENARO. -(A los chicos.) ¡Vía!... ¡Caramba, caramba!...¡Fuori!... ¡Sinvergüenza!... (Los corre.)
INVÁLIDO. -¡Muchas gracias, don!... ¡Parece mentira!...
GENARO. -Son cosas de ragazzi...
INVÁLIDO. -No ve, hombre, a qué extremo hemos llegado. Los gringos tienen que defender a los servidores de la patria. Vea, amigo; aquí ande usté me ve, ¿sabe?, yo soy el cabo Morante, y pre¬gúntele a cualquiera de los que estuvieron en la gue¬rra, si llevo al cuete esta cintita y esta otra...
GENARO. -¡Eh, bueno! ¡Qué le vamo a hacer!
INVÁLIDO. -¿Cómo qué le vamos a hacer? ¡Que lo respeten, canejo! (A INDALECIA.) ¿Cómo te va diendo, m'hija?...
INDALECIA. -Aquí estamos... Y usté, ¿qué ha-ce por acá?...
INVÁLIDO. -A verte, pues... Y así no más me recibís... ¿No digo?... Hasta los hijos son unos in¬gratos...
GENARO. -¿Ése es su padre?...
INVÁLIDO. -¿Y cómo le va?... Y legítimo, ¿sa¬bes, che, gringo?... Lo que hay es que ya no me va reconociendo...
INDALECIA. -¿Y cómo ha venido a dar con¬migo?...
INVÁLIDO. -Por tu desgracia... Esta mañana en el boliche del tuerto Ramos, allá en Palermo, ¿sabes?... y oí que un mocito leía en el diario que te habían desalojao y que levantaban una subscripción pa vos... ¡Pucha, digo, si es m'hija!... ¡Pobre mujer!... ¿Adónde vive?... Calle tal... me dijo el mozo. ¡Va¬mos a ver a mi Indalecia en la missiadura! Y agarré p'acá... Si en algo puedo servirte, ¿sabes?, aunque manco, no me olvido que sos m'hija...
INDALECIA. -Podías haberte acordado antes...
INVÁLIDO. -¡Qué querés!... Te retobaste; te empeñaste en juir con ese zonzo de tu marido...
INDALECIA. -Bueno; no hablemos de él, ¿eh?...
INVÁLIDO. -No hablemos, si querés. Pero yo te dije que ibas a ser desgraciada con él, y ya ves cómo salió cierto. ¿Se cayó de un andamio, no?...
INDALECIA. -Sí, señor.
INVÁLIDO. -No ve, pues... ¡Cuando yo te lo decía!... ¿Esa nena es tuya?... Venga p'acá, mocita, con su agüelo... (La chica, asustada, se recuesta a la ma¬dre.) No, ve, pues... Pucha cómo está el país, amigo gringo... Los nietos no las van con los agüelos... Ya no se respeta la familia ni nada... En nuestro tiem¬po, había e ver... Y esos otros mocosos, ¿son tuyos también?... Con que ustedes eran los que venían insultando a su agüelo, ¿eh? ¡Ahora van a ver, mo¬cosos!... (Va hacia ellos.)
INDALECIA. -¡Tata!...
GENARO. -(Deteniéndolo.) ¡A ver!... Décate de embromar
INVÁLIDO. -¡Oh!... ¿Y a vos quién te da ve¬la?... Che, Indalecia, ¿éste es otro yerno?... Amigo; podía pagarle el cuarto, cuando menos...
GENARO. -¡Décase de embromar! (Se va a su cuarto.) ¡Bruta gente! ¡Bruta gente!
INVÁLIDO. -Miralo al gringo... Hinchao como un zorrino... (A voces.) ¡Ché, Musolino!...
INDALECIA. -Déjelo, tata. Si ha venido para fastidiar a la gente, podía haberse quedado...
INVÁLIDO. -Bueno, me viá sentar, ya que no invitas... (Se sienta. Pausa.) ¿Te trajieron la plata e la suscrición ya?
INDALECIA. -No, señor.
INVÁLIDO. -Ya sabés: no te puedo ayudar con nada, porque ando muy misio y vivo en el cuartel del 5º; pero si querés, te puedo buscar la pieza pa mudarte. Hoy he visto una en la calle Soler...
INDALECIA. -No se incomode...
INVÁLIDO. -¿Y qué pensás hacer?...
INDALECIA. -No sé. ¡Nada!...
INVÁLIDO. -Esperate un poco. Hay un asilo de güérfanos militares ¿sabés?... Allí... ¡pucha ma¬dre!... Si yo no estuviera tan desacreditao con el co¬ronel... le podía pedir una recomendación. (Sale la ENCARGADA.)
INDALECIA. -¿Para qué?
INVÁLIDO. -Pa que metás toda esa colmena de muchachos... ¿Qué vas a hacer con ellos?...
Escena V
ENCARGADA. -Eso es lo que digo yo. Que lo meta nel asilo... No sirve más que pa trabaco...
INVÁLIDO. -Salú, doña...
INDALECIA. -No, señor; no me separo de mis hijos. Si ustedes no tienen corazón, yo lo tengo, y bien puesto...
ENCARGADA. -Ma diga un poco. No es peor que se mueran de hambre de no tener qué comer...
INVÁLIDO. -Ha dicho la verdá. Choque esos cinco. (A INDALECIA.) ¿Quién es ésta, che?...
ENCARGADA. -Sono la encargada de la casa...
INVÁLIDO. -¡Che, che, che!... ¿Y vos la pusiste de patitas en la calle, no?...
ENCARGADA. -Eh... Naturalmente, si no pagaba l'arquiler...
INVÁLIDO. -¿Y todavía te metés a dar conse¬jos?... ¡Ya podés ir tocando de acá, gringa!
ENCARGADA. -¿E osté qué se ha pensao? Yo soy la dueña acá, ¿sabe?...
INVÁLIDO. -¡Qué vas a ser dueña, desgracia¬da!
ENCARGADA. -Bueno; déquese de embro¬mar... (A INDALECIA.) ¿E osté sa creído que esto e una sala per recibir la visitas?... Haga el favor da sacar de aquí a ese vieco borracho...
INVÁLIDO. -¡Tú madre, gringa el diablo!...
Escena VI
GENARO. -¡Madona del Carmen! ¡Dequen en paz esa pobre muquer!... (Enérgico, tomando por un brazo a la ENCARGADA.) ¡Haga el favor, mándese a mudar de aquí!... ¡Ya!... ¡Ya!... ¡Váyase, porque te rompo la facha!... ¡Caramba!...
ENCARGADA. -(Volviéndose furiosa.)...¡Dío Santo!... ¡Porco!... ¡Canaglia!
GENARO. -(La empuja con violencia.) ¡Fuori!... (Volviéndose al INVÁLIDO.) ¡Usted también; mán¬dese mudar!... ¡Hombre bruto! ¡Gente bruta!...
INVÁLIDO. -¡No me toqués!... ¡No te me acer¬qués, gringo!... Porque te... (Tumulto. Salen vecinos. La ENCARGADA vocifera.)
INDALECIA. -Sosiéguese, don Genaro...
Genaro. -(Amagándole un sopapo a la ENCARGADA.) ¡Bruta gente!...
INVÁLIDO. -Ladiate, Indalecia, que entuavía puedo con un gringo...
Escena VII
(Aparecen el COMISARIO y el PERIODISTA, segui¬dos de un grupo de chicos.)
COMISARIO. -¿Qué desorden es éste?... A ver... Sosieguense...
ENCARGADA. -Vea, señor Comisario... Esta canaglia de un botegliero, me ha pegao una trompa¬da tremenda...
INVÁLIDO. -(Cuadrándose.) ¡A la orden, mi je¬fe!...
GENARO. -(Yéndose a la pieza.) ¡Bruta gente, per Dío!...
ENCARGADA. - No lo deque dir, señor comi¬sario, me ha pegao, me ha pegao, é un senvercuen¬za!...
COMISARIO. -(A GENARO.) ¡A ver, detén¬gase!... ¿Qué ha pasado?...
ENCARGADA. -Mire, señor comisario, llévelo preso.
COMISARIO. -Cállese la boca.
INVÁLIDO. -Yo soy testigo, mi comisario. No ha pasao nada, mi comisario... Todo ha sido de bo¬ca, no más. ¿Basta la palabra?
COMISARIO. -Bajá la mano no más. A ver... Despejen ustedes un poco...
ENCARGADA. -No, señor comisario...
COMISARIO. -¡Despeje, le he dicho!...
ENCARGADA. -(Se va refunfuñando y antes de de¬saparecer mira con odio a GENARO y besa la cruz, ju¬rándole venganza.)
COMISARIO. -(A INDALECIA, que está rodea¬da de sus hijos.) ¿Quién es la dueña de estos mue¬bles?...
INVÁLIDO. -(Indicando a INDALECIA.) Es una servidora... Mi hija...
COMISARIO. -Bien, señora. Yo soy el comisa¬rio de la sección, y el señor es un repórter de «La Nación». Hemos sabido que usted se encontraba en esa situación y...
PERIODISTA. -Nuestro diario ha sido el pri¬mero en dar la noticia...
INVÁLIDO. -Me costa. ¿No te dije, m'hija, que lo había leído?...
PERIODISTA. -Usted ya sabrá que iniciamos una suscripción en su favor. Vengo a traer lo que se ha recibido hasta hoy. No es mucha cosa, pero le permitirá alquilar una pieza y atender las primeras necesidades...
INVÁLIDO. -Da las gracias, pues, mujer...
PERIODISTA. -Aquí tiene estos sesenta pesos y la lista de las personas que han mandado al dia¬rio... Sírvase.
INDALECIA. -(Se echa a llorar estrechando a la nena. Pausa. Emoción. GENARO se seca los ojos con la manga.)
PERIODISTA. -No se aflija, señora. Ya ve usted... Las cosas se remedian. Cálmese. Tome su di¬nerito...
INVÁLIDO. -¿Sabe que está lindo esto? Cuan¬do te train la salvación te ponés a llorar. Lo hubieses hecho antes. (Toma el dinero y se lo ofrece.) ¡Agarrá y da las gracias, pues!...
LA NENA. -¡Mamita!... ¡Mamita!...
INDALECIA. -(Serenándose.) Está bien... Muchas gracias... No llore, mi nena... No llore... ¿Ve?... Ma¬mita ya no llora tampoco... A ver... Séquese esos ojitos. (Le limpia la cara y le suena los mocos con el delan¬tal.) Sea buenita... ¡Esos hombres son muy buenos! ¡Muchas gracias, señores, muchas gracias!...
PERIODISTA. -El comisario por su parte ha hecho algunas diligencias en su favor... Él le dirá...
COMISARIO. -Es cierto. He conseguido colocarle a sus hijos... ¿Son éstos?... ¿Éste es el mayor?... Bueno, a éste lo mandaremos a la Correccional de menores...
GENARO. -¿Cómo dice, señor comisario?...
COMISARIO. -(Prosiguiendo sin contestarle.) Allí aprenderá un oficio y se hará un hombre útil... Para los demás he conseguido que el asilo...
INDALECIA. -¿Cómo?... ¿Mis hijos?...
COMISARIO. -Sí, señora. Ya está todo dis¬puesto. La Sociedad de Beneficencia los tomará a su cargo.
INDALECIA. -¡Mis hijos!... ¡No!... ¡No!... ¡No me separo de ellos!... ¡No, señor! ¡De ninguna ma¬nera, pobrecitos!... ¡Son míos, son muy buenos!...
COMISARIO. -Señora, comprenda usted que en su caso...
INDALECIA. -¡Mis hijitos! ¡Qué esperanza!... ¡No! ¡Ni lo sueñen!...
GENARO. Natural. Y tiene razón...
COMISARIO. -Retírese usted. ¡Nadie tiene que ver aquí!
GENARO. -No tengo que ver, pero digo la verdad, ¿sabe?...
COMISARIO. -¡Que despeje, le he dicho!...
GENARO. -¡Eh, bueno!... Está bien. Ma es una incustisia... ¡Bruta quente!...
PERIODISTA. -Tiene que resignarse, señora. Es natural que le duela separarse de ellos, pero pre¬ferible es que se los mantenga la Sociedad a que mañana tengan que andar rodando por ahí...
INDALECIA. -Tendrá mucha razón, señor. Pe¬ro yo no puedo separarme de ellos...
INVÁLIDO. -¡Pero ha visto qué rica cosa!... Es la primera vez que la patria se ocupa de proteger a este viejo servidor, manteniéndole a los nietos, y vos te oponés. No seas mal agradecida, mujer... Mire, amigo, este brazo lo perdí en Estero Bellaco, y aquí en esta pierna tengo otra bala más, ¿sabe? Bueno, y ya ve lo que he ganao... Que mis hijos y mis nietos se vean en este estao. ¿Ahora se acuerdan? Está bien. Hay que agarrar no más... Vale más tarde que nunca, ¿no le parece?...
COMISARIO. -Es natural. Bien señora: tiene usted que resolverse y...
INDALECIA. -No, señor... Estoy bien resuelta. No me separo de mis pobres hijos... No puedo, no puedo... Nunca podría...
INVÁLIDO. -¡Pucha, mujer zonza! No parece hija mía...
COMISARIO. -¿Prefiere usted verlos morirse de hambre o convertidos en unos perdularios?
INDALECIA. -¡No! ¡No!... Ya me han ayudado a tomar pieza. Ahora, demen trabajo sí quieren; demen trabajo, que a mí no me faltan fuerzas, y yo me encargaré de mantenerlos y de educarlos...
GENARO. -Eso, sí está bien dicho...
COMISARIO. -Le he dicho que no se meta usted.
INDALECIA. -Y después, no son míos sola-mente. ¿Qué cuenta le voy a dar al pobre padre, que tanto los quiere, que se ha desvivido por ellos; qué cuenta le voy a dar cuando salga del hospital?... ¡No! ¡No!... ¡No es posible!... ¡Mis hijitos!...
COMISARIO. -¡Oh!... A ese respecto debe estar tranquila. Su marido está muy mal y difícilmente saldrá del hospital. En todo caso, quedará paralíti¬co...
GENARO. -¡Oh, bruta quente!... INDALECIA. -(Se echa a llorar.)
Escena VIII
EL FOTÓGRAFO de «Caras y Caretas». -(Al periodista.) Hola, amigo.
PERIODISTA. -¿Cómo le va? ¿Viene a sacar una nota?...
FOTÓGRAFO. -Precisamente. Una linda nota, por lo que veo... ¿Esta es la víctima?...
PERIODISTA. -¿Usted conoce al señor? (Pre¬sentándolo.) El comisario de la sección... Un repórter de «Caras y Caretas». (Saludos.)
FOTÓGRAFO. -Llego en un lindo momento. (Al mensajero que lleva los aparatos.) A ver... sacá pronto eso... (Al COMISARIO.) ¡Qué cuadros! ¿No?...
COMISARIO. -Ésos se ven a cada rato... Es una cosa bárbara la miseria que hay... (El
FOTÓGRAFO rodeado de pilluelos y vecinos, acomoda la máquina sobre el trípode buscando la luz conveniente.)
FOTÓGRAFO. -Aquí queda bien. Así... (Los ve¬cinos toman colocación frente al foco, tratando de salir en la vista.) Le tomaremos uno así llorando. Es un mo¬mento espléndido... (Enfoca.) Ustedes tendrán la bondad de retirarse... Más... Más lejos. (Al INVÁLIDO.) Usted también, retírese...
INVÁLIDO. -Yo soy el padre de ella, pues; ¿por qué vía salir?...
FOTÓGRAFO. -Está bien, disculpe... (Cuando se vuelve, todos se acomodan de nuevo.) He dicho que se retiren...
COMISARIO. -A ver... ¡Despejen!...
FOTÓGRAFO. -Ya les ha de llegar su turno. Pierdan cuidado... Bien... No se muevan... Un mo¬mento... Ya estuvo...
INVÁLIDO. -¿He salido bien yo?...
FOTÓGRAFO. -¡Macanudo!... (Al COMISARIO.) Ahora podrían ponerse ustedes. Y si la señora quisiera levantar la cabeza... (A INDALECIA.) ¡Señora!... ¡Señora!...
GENARO. -Métanme preso y hagan lo que quieran... Ma esto es una barbaridá... Mándase mu¬dar... ¡Per Dío!... ¡Qué bruta quente!... Deque tran¬quila esa pobre muquer... ¡Caramba!... ¡Caramba!...
PERIODISTA. -(Al COMISARIO, que quiere intervenir.) La verdad es que no le falta razón... Sería mejor...
FOTÓGRAFO. -Por mí... La nota importante ya la tengo... (Se pone a empaquetar su aparato.)
INVÁLIDO. -Pero han visto este gringo, ¿qué se ha creído de la familia también?... ¡No faltaba más, hombre!...
COMISARIO. -(A INDALECIA.) Bueno, se¬ñora, no se aflija más y resuélvase.
INVÁLIDO. -Déjela. Sí ya está resuelta.
INDALECIA. -¡Mis pobres hijitos!... ¡No es po¬sible!... ¡No puedo, me moriría!...
PERIODISTA. -Piense que es un egoísmo su-yo. Por el momento, podrá mantenerlos si trabaja; pero puede ocurrirle que mañana no tenga que dar-les de comer... Enfermarse... morirse... ¿Qué va a ser de ellos?... Usted no pierde, dándolos al asilo... Los podría ver a menudo... Allí se formarán, apren¬derán un oficio...
COMISARIO. -Y mañana serán hombres útiles para usted y para todos...
INVÁLIDO. -¡Claro está!... ¿Preferís verlos en la cárcel por bandidos?... INDALECIA. -Bueno... Sí... Hagan de mí lo que quieran... ¡Sí!... ¡Sí!... ¡Pobres hijitos míos!...
COMISARIO. -Eso es entrar en razón... Bueno. Con ese dinero alquílese una pieza y mañana vénga¬se por la comisaría con los chicos, que iremos a co¬locarlos, ¿eh?
PERIODISTA. -¿Nos vamos?... Bien... Adiós, señora. Tranquilícese usted... Sea razonable...
INVÁLIDO. -Da las gracias, pues, y saludá...
PERIODISTA. -Déjela... Le mandaremos por el comisario la plata que se reciba... (Al FOTÓGRAFO.) ¿Salimos?...
FOTÓGRAFO. -Sí, ¿cómo no?... Buenas tardes, señores.
COMISARIO. -(A GENARO.) Y a ver vos si te dejás de andar zonciando... (GENARO le vuelve la espalda.)
INVÁLIDO. -(Al COMISARIO.) Diga, mi je¬fe... Habrá unos níqueles pal milico viejo...
COMISARIO. -¿Para mamarte, no?...
INVÁLIDO. -¿Qué quiere, pues? Es lo único que me ha dao la patria... Un vicio...
COMISARIO. -(Riéndose.) Tenés razón. Tomá... (Mutis. Los muchachos y vecinos salen también detrás.)
INVÁLIDO. -(Volviéndose a INDALECIA.) ¡Che, mi hija!... Hoy no he morfao nada, ¿sabés?... Refílame un nalcito de esos que te dieron...
INDALECIA. -Tome... Tómelos todos... Yo para qué los quiero ahora... (Se abraza sollozando a sus hijos.)
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