Powered By Blogger

lunes, marzo 26, 2007

Patricia Suarez:"A la sombra del bello laurel"


A la sombra del bello laurel

Patricia Suarez


Escenario
Un bosque tupido de Tesalia, Grecia.

Personajes
Eros
Apolito
Dafne

1.
Entra Apolito feliz. Lleva la enorme serpiente Pitón enroscada alrededor del cuello como si fuera una boa de plumas y festeja triunfante el haberla matado.

Apolito: ¡Eo, eoé, salchicha con puré, eh, eh! Miren cómo la dejé, eh. Cómo.
Eros: ¿Esa es la gran serpiente Pitón?
Apolito: ¿Quién?
Eros: Eso, eso.
Apolito: Era. Era la gran serpiente Pitón. Ahora es una lombriz.
Eros: ¿La has convertido en una lombriz? Apolo, hay que parar con esa costumbre de transformar todos los seres en...
Apolito: No, tarado. La maté. Yo solo la maté, eh, ¡ojo! No vayan a creer que tuve ayuda de otros, de mi padre Zeus por ejemplo. Yo solo. Mirá cómo quedó, pobrecita, si parece una lombriz... Y bueno, paciencia.
Eros: Pobrecita.
Apolito: Qué pobrecita ni pobrecita: era malísima. Tenía un malhumor espantoso. Andaba siempre ahorcando gente en los caminos. Yo creo que sufría del hígado. Sí, el hígado trae malhumor.
Eros: Oh, pobre animal.
Apolito: Y dale con lo de pobre. No tiene nada de pobre. Yo ya le había avisado: Pitón, o comienzas a portarte decentemente o te estrangulo. Y ella como si nada, siguió ahorcando a las personas, aterrorizando a los caminantes, comiéndose las luciérnagas ¡y eso que le dije clarito que me revienta que se coma a las luciérnagas que son mis bichitos preferidos! Pero bueno, ella se hizo la sorda y ahí tiene.
Eros: pobre Pitón.
Apolito: ¡Basta! ¡Me cansaste con el asunto de ‘pobre, pobre’! Le tienes tanta piedad porque eres un cobarde incapaz de matar una mosca. ¡Gallinita! ¡Eros es, eh oh éh, Eros es un gallinita!
Eros: Yo no soy un gallinita.
Apolito: ¡Eros, sí, sí, sí, señor: es un gallinita!
Eros: Soy piadoso con los monstruos.
Apolito: ¡Ga-llinita! ¡Ga-llinita!
Eros: No tienes corazón, Apolito.
Apolito: ¡Ga-ga-ga ga-llinita!
Eros (lo amenaza, saca una flecha del morral): ¡Voy a flecharte! ¡Ya mismo! ¡Por ofenderme! ¡Si no te retractas, te flecho!
Apolito: ¡Gallinita!
Eros: Te flecharé con la flecha de oro, la que produce amor incurable...
Apolito: Uyyyy, qué miedo.

Eros lo flecha. Apolo se queda alelado.

Apolito (pálido, enfermo): Gggggga-lliiii-niiii-ttttaaa...
Eros: ¡Hasta cuándo vas a seguir!
Apolito (reponiéndose, seco): Gallinita.
Eros: ¿Será posible que seas tan agrandado, tan ofensivo? Voy a flechar a una ninfa con una flecha de plomo. Te enamorarás de ella y ella sentirá por ti solo rechazo. Te va a despreciar, ya vas a ver.
Apolito: uhhhhh..., qué susto, qué susto. Creí que ibas a matar una serpiente. ¡¡Pero cierto que las GALLINAS no matan serpientes!!!
Eros (atisba haciendo sombra con la mano, apunta y dispara): Ahí está. Listo. Disparé una flecha a Dafne. Tú te enamorarás de ella y ella no te dará ni la hora.
Apolito: ¿Y a mí qué me importa? ¿Dafne? ¿Y esa quién es?

Eros sale. Lo deja a Apolito sufriendo una trasnformación.

Apolito (repite cada vez más enamorado): Dafne, Dafne... La bella Dafne, la... (llama) ¡Dafne! ¡Hola, Dafne! ¡Espérame un momento, por favor! Ey, Dafnecita. No corras... (Apolito se despoja de la Serpiente Pitón y corre tras Dafne.)

2.
Apolito va tras Dafne. Andan y andan hasta cerca de un río, el río Peneo.

Apolito: Ey, Dafne. Hola, Dafne.
Dafne (con desprecio): ¿Qué pasa?
Apolito: Eh, qué antipática. ¿Cómo ‘qué pasa’? Un poco más de...
Dafne: Salve, Dios Apolo. ¿Qué osa buscar de mí, su tan humilde sierva Dafne...?
Apolito: Tampoco es para tanto. Con ‘Hola, Apolito, ¿cómo estás?’ me confomo.
Dafne: Bueno, ¿¿¿qué???
Apolito: Nada. Justo pasaba por acá y te ví y me dije: Voy a saludar a Dafne. A ver en qué anda, cómo le fue el otro día en la caza del ciervo con mi hermana Artemisa...
Dafne: Bien, me fue.
Apolito: Ah, ¿si? Mataron muchos ciervos?
Dafne: Le perdonamos la vida a todos.
Apolito: Lástima. Podríamos haberlos hecho asados, condimentados con... Qué hermosos ojos tienes, Dafne.
Dafne: Psé, gracias. Bueno, me tengo que ir. Adiós.
Apolito: No! Espera un momento más. También tienes hermosos labios.
Dafne: ¿Mmsí? Qué lindo, ¿no? Adiós, entonces.
Apolito (la retiene de un brazo): Espera. (Seductor) Tu boca es hermosa, tu boca de fresa, tu aliento a frambuesa, tus dientes de perlas...
Dafne: Uso una buen pasta dentífrica. Trae flúor y...
Apolito: Bésame, Dafne.
Dafne: ¿Qué?
Apolito: Bésame, Dafne. Quiero un beso tuyo.
Dafne: No! ¿Para qué?
Apolito: Bésame, bésame mucho.
Dafne: Pero por qué? Qué necesidad hay de tanto beso?
Apolito: Ardo de amor por ti.
Dafne: No, no y no.
Apolito: ¡Te amo!
Dafne: Pero justo estaba apurada. Me esperan allí las ninfas, ¿las ves? Vamos a cortar margaritas y nardos para...
Apolito: ¡Ámame!
Dafne: ¡Ay, pero qué idea fija! Te dije que no, que estoy apurada. Después vemor.
Apolito: Después no. Ahora. Ámame.
Dafne: No puedo amarte, Apolito.
Apolito: Ah, ¿no? ¿Y por qué no si se puede saber?
Dafne: Me gusta otro.
Apolito: No me digas. ¿Y quién es el encantador?
Dafne: Leucipo.
Apolito: Ni sé quién es Leucipo. ¿Es un dios? No con ese nombre horrible no puede ser un dios. ¡A ver, ustedes las ninfas, si me alcanzan la guía de teléfono que quiero ver si figura Leucirro!? No, Leucico. No, Leucipo. Arjj. Ya me confundí.
Dafne: Leucipo es hijo de Enómano.
Apolito: No me dice nada el nombre Enómano. ¿Quién Enómano? Un donnadie. ¿Quién es Leucipo? El hijo de un donnadie. ¿Leucipo te quiere? Ah, qué lindo, qué romántico. ¿¿¿Y qué??? Acaso una ninfa con dos dedos de frente preferiría al desconocido muerto de hambre de Leucipo a Apolito, el dios, el super super del Olimpo, el bomboncito del Monte?
Dafne: Bueno, Leucipo tiene sus virtudes. Es honesto y modesto...
Apolito: Ah... ¡Pero eso cualquiera! ¡Si uno es un donnadie que no tiene dónde caerse muerto, una rata de puerto, no le queda otra cosa que ser modesto! Además, no hablas bien, Dafne. Honesto y modesto riman y ya pasó de moda hablar en rima. Listo, entonces, ¿cuándo nos casamos?
Dafne: ¿¿Quiénes??
Apolito: Tú y yo.
Dafne: ¡Yo no me caso contigo! ¡Ni loca!
Apolito: Ah, no. No te pongas terca, Dafne. No te lo recomiendo. ¿Recuerdas a la Sibila de Cumas? Una vieja decrépita, eh. Una vieja que se cae a pedazos, eh. ¿Y cómo crees que llegó a vieja decrépita? No lo sabes. No? Y eso que yo no soy un dios vengativo, no, no. Pero no me gusta que me rechacen. Sibila, pobrecita, era linda. Muy linda. Y yo le dije: Qué linda eres, Sibila. Me gustas tanto, dame un beso. Si me das un beso de amor, te ofrezco en premio la vida eterna. Vivirás por siempre. Ay, qué lindo, dijo ella. Pero un beso chiquito, así, en la punta de la nariz. Y me dio un beso en la punta de la nariz. Me tomaba por tonto. Sibila, le dije ya un poco más serio, dame un beso de amor, no una porquería. Un beso de amor tiene dentro amor. No, contestó ella, un beso de amor es mucho pedir y no te doy nada. Igual que tú, Dafne, airada. Así, toda enfurruñada. Sibila..., le advertí, mira que soy el dios Apolo y con Apolo no se juega. No te doy un beso nada, nene, basta de estufarme la paciencia con lo de los besos. Sí, así como lo oyes. Me dijo nene. Eso me sacó de quicio. Muy bien, muy bien. No me des un beso, guárdate tus besos. Igual te premiaré con la vida eterna. Vivirás todos los años que dure aun el mundo, (atronador) ¡pero irás envejeciendo a medida que pasen y te volverás un pellejo arrugado que ni los perros querrán lamer!
Dafne: Oh, qué terrible.
Apolito: Vivimos en un mundo cruel, lamentablemente.
Dafne: ¿Y qué hizo ella?
Apolito: ¿Sibila? Ah, sí. Cierto, hablábamos de Sibila. ¡Qué hermosas son tus mejillas, Dafne! ¡Qué hermosas! ¡Casi más hermosas que las mías! Sibila, ¿qué fue lo que hizo? Medio que se me olvidó... pasaron tantos años. Ah, sí! Se metió en un tarro. Vive escondida en un tarro, en Cumas... para que no la vean, ¿no? No está muy presentable.
Dafne: Eres un dios cruel.
Apolito: No.
Dafne: Sí.
Apolito: No. Bueno, basta de discusiones. ¿Me das un beso sí o no?
Dafne: ¡No! ¡No te lo doy nada!
Apolito: Sí me lo vas a dar.

Apolo corre a Dafne por el bosque. Ella se acerca al río, suplica:

Dafne: Por favor, Dios, no me dejes caer en manos del dios Apolo que es cruel y fatuo. Sabes que siempre fui bondadosa, piadosa con todos los seres de la naturaleza, hasta con los más pequeños. Que hasta para cortar flores pedía perdón a las plantas antes de hacerlo. Concédeme por favor este último deseo: déjame vivir en una forma en que sea feliz.

Poco a poco, Dafne va transformándose en laurel. Cuando Apolo llega a ella para besarla ya es un árbol. La transformación ha sucedido.

Apolo (apenado): Ay, no. Ay, no, Dafne. Qué lástima.

Apagón

Patricia Suárez:"El zorro y doña Cuerva"



Nació en Rosario en 1969. Es dramaturga y narradora.
Como dramaturga escribió Valhala realizada en el Teatro del Angel en el 2003; la trilogía Las polacas, compuesta por Historias tártaras, Casamentera (Premio Fondo Nacional de las Artes 2001) y La Varsovia (Premio Instituto Nacional de Teatro 2001), estrenadas en 2002 en Buenos Aires Fue nominada al Premio Trinidad Guevara por la autoría de Las Polacas. Es autora de Rudolf (Teatro Cervantes, 2005), El Tapadito (2do Premio de Obras del Instituto Nacional de Teatro 2004), dirigida por Hugo Urquijo en el Teatro del Pueblo (Nominación Premio ACE Mejor Obra Argentina), El sueño de Cecilia (Patio de Actores, 2005) y Las 20 y 25 dirigida por Helena Tritek en el Teatro Payró en 2005 (dos nominaciones Premios Florencio Sánchez: mejor directora y mejor actriz de reparto). Recibió el Premio Argentores a la Producción 2005 por la obra Roter Himmel, escrita junto a Ma. Rosa Pfeiffer y el Primer Premio del IV Concurso de Teatro de humor de la Biblioteca Teatral Hueney de Neuquén por la obra Miracolosa.

Publicó entre otros las novelas Perdida en el momento (Premio Clarín de Novela 2003, Alfaguara 2004) y Un fragmento de la vida de Irene S. (Premio Secretaria de Cultura de la Nación 2001, Colihue, 2004) y el libro de cuentos Esta no es mi noche (Alfaguara, 2005).

Publicó los libros de teatro: Las Polacas (Teatro Vivo, 2002), y en co-autoría con Leonel Giacometto Trilogía Peronista (Teatro Vivo, 2005), Herr Klement (Artezblai, Bilbao, 2005) y La Germania (Losada, 2006). Mantiene el blog www.discretoencanto.blogspot.com

Web: http://www.discretoencanto.blogspot.com







--------------------------------------------------------------
Patricia Suárez

El zorro y doña Cuerva



Doña Cuerva, con un pañuelo en la cabeza, muy oronda tiene un queso en el pico.

Zorro: ¡Doña Cuerva! Dichosos mis ojos que la ven. Qué buena moza se la ve esta mañana! Dá gusto tener vecinas como usted en este bosque... La elegancia, definitivamente, pertenece a otros tiempos. Lo decía ya mi finado nono. Ahora la juventud está perdida, se pone los pirinchos así parados, se pinta las plumas, se tatúa los picos... ¿Verdad? Para no hablar de los modales que se usan ahora. Los jóvenes ni se saludan ¿ha visto? No paran el ala así, no tienden la zarpa... Yo no sé cómo los han educado sus padres... En nuestra época eso no se acostumbraba: a mí me obligaban: ‘Saludá al tío Rigoberto...’ ‘No quiero!’, gritaba yo que era muy caprichoso. ‘Saludá al tío Rigoberto, te dije’, repetía mi madre con voz sorda. Y si yo ahí mismo no le decía: ‘Hola, tío Rigoberto. Cómo le va tío Rigoberto’, mi madre repartía unos soplamocos por aquí y por allá que lo dejaban a uno medio turulato. No se andaba en chiquitas ella para educarnos. Claro, éramos siete hermanos. ¿Ustedes cuántos pichones eran?

Doña Cuerva alza el ala.

Zorro: Cinco. Buen número. Pero yo me quejo y me quejo, y usted dirá: Ah, ya está viejo el viejo zorro. Cuando uno empieza a lamentarse con que la juventud está loca... Pero es que no sabe usted la última moda entre ellos. No, no la sabe. Hablan ronco. (Imita voces con ronquera.) Es una cosa terrible, mire, me pone la piel de gallina. ‘Tío Zorro’, me dijo un tejón el otro día y casi me da un ataque del susto. Parece que se engrosan la voz haciendo gárgaras con clavos semillitas. ¿Qué me cuenta? Toman té de hoja de serrucho oxidado. Comen tostadas untadas con pasta de hojitas de afeitar. El otro día mismo vi a una joven Cuerva, Ermelinda, creo que se llama... Usted la debe conocer: una que fue reina de belleza hace un par de años... aunque si a eso se le puede llamar belleza... en fin, no quiero hablar. ‘Zorro’, me llama, ‘pasáme un cigarrillo de chala’. ¡Ay! Era como estar hablando con un oso gris. Temblando me quedé. Yo recuerdo las voces de las cuervas de antes... Melodiosas. ¿Se acuerda cuando usted entonaba el Himno de la Alegría? Todos los presentes aplaudían a rabiar, le pedían un bis...

Doña Cuerva hace no con la cabeza.

Zorro: No recuerda.

Doña Cuerva repite el gesto.

Zorro: No aplaudían?

Doña Cuerva asiente.

Zorro: Porque quedaban alelados con sus graznidos. Una cosa tan armónica...

Doña Cuerva niega otra vez.

Zorro: ¿Qué no había espectadores, dice usted?

Doña Cuerva asiente.

Zorro: Gente ignorante que no sabe apreciar lo que es bueno. Se levantaban y se iban y claro, imagino yo, que por una cuestión de iluminación las butacas se veían vacías pero... Estuvo el asunto de los grillos, esas pirómanos que se creen que los únicos dueños de la música son ellos y por eso quisieron quemar el teatro cuando usted se puso a cantar. Gente envidiosa, no hay otro modo de definirlos. Eran otros tiempos. Ni usted ni yo tendremos ya esas voces. Creo que fue el Pájaro Carpintero el que me dijo que usted ya no... que había perdido la voz. Qué bella soprano era, doña Cuerva. Se me caían las lágrimas cuando la oía... ¡Y nunca más volveré a oírla! ¡Si es para ponerse a llorar!

Doña Cuerva abre la boca y lanza un graznido.
Cae el queso. El zorro lo atrapa con sus zarpas.

Zorro: Ay, ay, ay. Mi querida. Buena voz no tiene, eso es evidente. Lo que tiene es ingenuidad, pero sobre todo, y de esto debe cuidarse: Vanidad. No hay remedio para vanidad, eh. Ni tisanas, ni ungüentos... Qué rico queso. Esto es gruyére, ¿verdad? Lo roban ahí mismito, al labriego... Mm, qué rico. Que tengas buenas tardes, doña Cuerva. Ha sido un gusto. Que fue un gusto hablar con usted, es evidente, eh? Qué rico, pero qué rico... Buenas tardes, doña Cuerva.

El Zorro sale con el queso.

Telón

viernes, marzo 23, 2007

El Auto de los Reyes Magos(Anónimo)



El Auto de los Reyes Magos es el primer ejemplo de teatro castellano, procedente de la Catedral de Toledo. Compuesto en la segunda mitad del siglo XII y copiado en las páginas sobrantes de un códice (Códice de la Bibl. Nac. de Madrid vª 5-9, letra de principios del siglo XIII). La lengua del fragmen
El "Auto De Los Reyes Magos" es un pequeño fragmento, de unos 147 versos, de autor desconocido y que los expertos en literatura medieval española datan en la segunda mitad del siglo XII. En él se narra el descubrimiento de la estrella de Belén por parte de los 3 sabios, su puesta en marcha en busca del Creador que ha nacido y su llegada hasta el mismísimo Rey Herodes, que tras escucharlos y desear su pronto regreso con nuevas sobre ese Rey que dicen ha nacido, los despide y llama a sus rabinos para conocer más acerca de lo que estos tres personajes le han contado.

Propio de la Edad Media, este auto tiene visos teatrales que originariamente debieron servir para ser representado en la Iglesia, junto con la propia homilía, y probablemente en latín. No obstante, con el tiempo saldrían de la Iglesia para ser representado en las calles, por medio de los trovadores.

Por esas características, el "Auto de Los Reyes Magos" es un texto propio del teatro medieval, así como por su relación con acontecimientos eclesiásticos relevantes, tal y como ocurre en este caso con la Navidad.

Sin lugar a dudas, es tan sólo una pequeña curiosidad, ya que no es habitual que el público en general se decante por este tipo de obras. No obstante, siempre es bueno abrirse a nuevos descubrimientos, nuevas tendencias, y desde luego éste es un buen ejemplo por el que se podría comenzar. Posiblemente más de uno se sorprenda.

-------------------------------------------------------------------------


AUTO DE LOS REYES MAGOS
-------------------------------------------------------- ------------------------

Personas que hablan en él:

GASPAR, rey
BALTASAR, rey
MELCHOR, rey
HERODES, rey
MAYORDOMO
SABIOS
Dos RABÍES


ESCENA I
GASPAR: Dios criador, ¡cuál maravilla!
¡No sé cuál es aquesta estrella!
Agora primas la he veida.
Poco tiempo ha que es nacida.
¿Nacido es el Criador
que es de las gentes señor?
Non es verdad, no sé qué digo.
Todo esto non vale un figo.
Otra noche me lo cataré.
Si es verdad, bien lo sabré.
¿Bien es verdad lo que yo digo?
En todo, en todo lo prohío.
¿Non puede ser otra señal?
Aquesto es y non es al;
nacido es Dios, por ver, de fembra
en aqueste mes de diciembre.
Allá iré [d]o que fuere, adorarlo he,
por Dios de todos lo tendré.
BALTASAR: Esta estrella non sé dond viene,
quien la trae o quien la tiene.
¿Por qué es aquesta señal?
En mis días non vi a tal.
Ciertas nacido es en tierras
aquel que en pace y en guerra
señor ha de ser de oriente,
de todos hasta en occidente.
Por tres noches me lo veré
y más de vero lo sabré.
¿En todo, en todo es nacido?
Non sé si algo he veído;
iré, lo adoraré
y pregaré y rogaré.
MELCHOR: Val, Criador, a tal facienda
¿fue nunca alguandre fallada
o en escritura trovada?
Tal estrella non es en cielo,
de esto soy yo buen estrellero;
bien lo veo sin escarno
que un hombre es nacido de carne
que es señor de todo el mundo.
Así como el cielo es redondo;
de todas gentes señor será
y todo siglo juzgará.
¿Es? ¿Non es?
Cudo que verdad es.
veer lo he otra vegada,
si es verdad o si es nada.
Nacido es el Criador
de todas las gentes mayor;
bien lo veo que es verdad,
iré allá, por caridad.


ESCENA II

(A BALTASAR)
GASPAR: Dios vos salve, señor; ¿sodes vos estrellero?
Decidme la verdad, de vos saberlo quiero.
¿Vedes tal maravilla?
Nacida es una estrella.
BALTASAR: Nacido es el Criador,
que de las gentes es señor.
Iré, lo adoraré.
GASPAR: Yo otrosí rogar lo he.
(A los otros dos)
MELCHOR: Señores, ¿a cuál tierra queredes andar?
¿Queredes ir conmigo al Criador rogar?
¿Habedes lo veído? Yo lo voy [a] adorar.
GASPAR: Nos imos otrosí, si le podremos fallar.
Andemos tras la estrella, veremos el lugar.
MELCHOR: ¿Cómo podremos probar si es hombre mortal
o si es rey de tierra o si celestial?
BALTASAR: ¿Queredes bien saber cómo lo sabremos?
Oro, mirra, incienso a él ofreceremos;
si fuere rey de tierra, el oro querrá;
si fuere hombre mortal, la mirra tomará;
si rey celestial, estos dos dejará,
tomará el incienso quel pertenecerá.
[LOS DOS]: Andemos y así lo fagamos.
ESCENA III
(GASPAR y los otros dos reyes a HERODES)

[LOS TRES]: Sálvate el Criador, Dios te curie de mal,
un poco te diremos, non te queremos al,
Dios te dé longa vida y te curie de mal;
imos en romería aquel rey [a] adorar
que es nacido en tierra, nol podemos fallar.
HERODES: ¿Qué decides, [d]ó ides? ¿A quién ides buscar?
¿De cuál tierra venides, o queredes andar?
Decidme vuestros nombres, nom los querades celar.
GASPAR: A mí dicen Gaspar;
este otro, Melchor; a aquéste, Baltasar.
Rey, un rey es nacido que es señor de tierra,
que mandará el siglo en gran paz, sin guerra.
HERODES: ¿Es así por verdad?
GASPAR: Sí, rey, por caridad.
HERODES: ¿Y cómo lo sabedes?
¿Ya probado lo habedes?
GASPAR: Rey, verdad te diremos,
que probado lo habemos.
MELCHOR: Esto es gran maravilla,
una estrella es nacida.
BALTASAR: Señal face que es nacido
y en carne humana venido.
HERODES: ¿Cuánto i ha que la visteis
y que la percibisteis?
GASPAR: Trece días ha,
y más non habrá
que la habemos veída
y bien percibida.
HERODES: Pues andad y buscad,
y a él adorad,
y por aquí tornad.
Yo allá iré,
y adorarlo he.
ESCENA IV
HERODES: ¿Quién vio nunca tal mal?
¡Sobre rey otro tal!
¡Aún non soy yo muerto
ni so la tierra puesto!
¿Rey otro sobre mí?
¡Nunca a tal non vi!
El siglo va a zaga;
ya non sé qué me faga.
Por verdad no lo creo
hasta que yo lo veo.
Venga mío mayordoma
que míos haberes toma.

(Sale el MAYORDOMO)

Idme por míos abades,
y por mis podestades,
y por míos escribanos,
y por míos gramtagos,
y por míos estrelleros,
y por míos retóricos;
decirme han la verdad, si yace en escrito,
o si lo saben ellos, o si lo han sabido.

ESCENA V

(Salen los SABIOS de la corte)

[LOS SABIOS]: Rey, ¿qué te place? Henos venidos.
HERODES: ¿Y traedes vuestros escritos?
LOS SABIOS: Rey, sí traemos,
los mejores que nos habemos.
HERODES: Pues catad,
decidme la verdad,
si es aquel hombre nacido
que estos tres reyes me han dicho.
Di, Rabí, la verdad, si tú lo has sabido.
RABÍ 1: Por veras vos lo digo
que no lo fallo escrito.
RABÍ 2: ¡Hamihalá! ¡Cómo eres enartado!
¿Por qué eres rabí llamado?
Non entiendes las profecías,
las que nos dijo Jeremías.
Por mi ley, ¡nos somos errados!
¿Por qué non somos acordados?
¿Por qué non decimos verdad?
RABÍ 1: Yo non la sé por caridad.
RABÍ 2: Porque no la habemos usada,
ni en nuestras bocas es fallada.

Giacomo Puccini:"Turandot"



Puccini - Turandot



Intro: La leyenda de Turandot no llegó a ser conocida en occidente hasta el siglo XVIII. Fue Francois Petis de la Croix quien en 1710 dio a conocer por primera vez el tema de Turandot; y en 1729 se escribió la primera ópera basada en esta leyenda bajo el título de La Princesa China con música de Jean-Claude Gillier y libreto de Alain-René Lesage y DOrnevall. Giacomo Puccini (Lucca 1858 - Bruselas 1924) dejó al morir la partitura inconclusa. Por esta razón el final de la ópera fue encargada a Franco Alfano quien disponía de los esbozos de Puccini para acabarla. El libreto de Turandot fue obra de Giuseppe Adami y Renato Simoni, basado en la obra teatral homónima de Carlo Gozzi. El estreno tuvo lugar el 25 de abril de 1926 en el Teatro de la Scala de Milán bajo la dirección de Arturo Toscanini y con la intervención del tenor español Miguel Fleta como Calaf. Existen varias anécdotas del día del estreno: en primer lugar, que el dictador Mussolini rechazó estar presente en él pues Toscanini se negó a interpretar primero el himno fascista "Giovinezza"; además, cuando la obra llegó hasta el coro "Liù ...Bontà!", el director dejó la batuta y volviéndose al público dijo: "Aquí concluye la ópera, porque en este punto murió el maestro" y dio por terminada la representación sin la parte final de Alfano que tuvo que esperar hasta el día siguiente.

Personajes

TURANDOT
ALTOUM

TIMUR

CALAF

LIÙ

PING

PANG, PONG
Princesa China
Emperador de China

Rey Tártaro Destronado

Hijo de Timur

Esclava de Timur

Ministro

Ministros
Soprano
Tenor

Bajo

Tenor

Soprano

Barítono

Tenores


ACTO I
MANDARÍN
¡Pueblo de Pekín!
Esta es la ley:
Turandot, la Pura,
será la esposa de aquel que,
siendo de sangre real,
resuelva los tres enigmas
que ella le propondrá.
Pero el que afronte la prueba
y resulte vencido
ofrecerá al hacha
su cabeza soberbia.
MULTITUD
¡Ah! ¡Ah!
MANDARÍN
El príncipe de Persia
tuvo la fortuna adversa:
al salir la luna
por mano del verdugo ¡morirá!
MULTITUD
¡Que muera! ¡Sí, que muera!
¡Queremos el verdugo!
¡Rápido, rápido!
¡Que muera, que muera!
¡Al suplicio! ¡Que muera!
¡Que muera!
¡Rápido, rápido, que muera!
¡Si no apareces,
te iremos a despertar!
¡Pu-Tin-Pao, Pu-Tin-Pao!
¡A palacio! ¡A palacio!
¡A palacio!
GUARDIAS
¡Atrás, perros! ¡Atrás, perros!
MULTITUD
¡Oh, crueles!...
... ¡Por el cielo, deteneos!
ALGUNAS MUJERES
¡Madre!
GUARDIAS
¡Atrás, perros!
MUJERES
¡Oh, mis niños!
¡Crueles! ¡Madre!
¡Madre!
HOMBRES
¡Crueles! ¡Por el cielo, deteneos!
¡Deteneos! ¡Deteneos!
GUARDIAS
¡Atrás, perros!
LIÚ
¡Mi anciano ha caído!
MULTITUD
¡Crueles! ¡Sed humanos!
¡Por el cielo, deteneos! ¡Crueles!
¡No nos hagáis daño!
GUARDIAS
¡Atrás, perros!
LIÚ
¿Quién me ayuda,
quién me ayuda a sostenerlo?
Mi anciano ha caído...
¡Piedad! ¡Piedad!
CALAF
¡Padre! ¡Padre mío!
GUARDIAS
¡Atrás!
CALAF
¡Oh, padre, te vuelvo a encontrar!
MULTITUD
¡Crueles!
CALAF
¡Mírame! ¡No es un sueño!
MULTITUD
¿Por qué nos pegáis? ¡Ay! ¡Piedad!
LIÚ
¡Señor!
CALAF
¡Padre! ¡Óyeme! ¡Padre! ¡Soy yo!
¡Y bendito sea...
y bendito sea el dolor
por esta alegría que nos da
un Señor clemente!
TIMUR
¡Hijo mío! ¡Tú! ¡Vivo!
CALAF
¡Calla! ¡El que usurpó la corona
me busca, te persigue.
No existe refugio para nosotros,
padre, en el mundo!
TIMUR
¡Te he buscado, hijo mío,
y te he creído muerto!
CALAF
Te he llorado, padre...
y beso estas santas manos.
TIMUR
¡Oh, hijo nuevamente hallado!
MULTITUD
¡Aquí están los ayudantes
del verdugo!
¡Que muera! ¡Que muera!
TIMUR
Perdida la batalla, yo, un viejo rey
sin reino y puesto en fuga,
oí una voz que me decía:
"Ven conmigo, seré tu guía...!
Era Liú.
CALAF
¡Bendita sea!
TIMUR
Caí yo abatido,
y ella me secó las lágrimas,
ha mendigado para mí.
CALAF
Liú... ¿quién eres?
LIÚ
No soy nadie... una esclava,
señor.
MULTITUD
¡Gira la muela! ¡Gira la muela!
CALAF
Y, ¿por qué has compartido
tantas angustias?
HOMBRES
¡Gira la muela!
LIÚ
Porque un día...
MUJERES
¡Gira la muela!
LIÚ
... en palacio me sonreísteis.
MULTITUD
¡Gira la muela, gira, gira!
¡Gira, gira, gira!
AYUDANTES DEL VERDUGO
Unta, afila, que la cuchilla
se deslice, salpique fuego y sangre.
El trabajo nunca falta,
nunca falta...
MULTITUD
... nunca falta...
AYUDANTES
... donde reina Turandot.
MULTITUD
... donde reina Turandot.
AYUDANTES
¡Unta! ¡Afila!
¡Fuego y sangre!
HOMBRES
¡Fuego y sangre!
MUJERES
¡Dulces amantes, adelante, adelante!
HOMBRES
¡Oh, dulces amantes,
adelante, adelante!
MUJERES
¡Dulces amantes...
... adelante, adelante!
AYUDANTES
Con garfios y con cuchillos...
HOMBRES
¡Os vamos a arrancar
la piel!
MULTITUD
¡Dulces amantes, adelante, adelante!
AYUDANTES
... ¡os vamos a arrancar la piel!
MULTITUD
Quien golpee ese gong
la verá aparecer...
AYUDANTES, HOMBRES
... la verá aparecer.
Blanca como el jade...
TODOS
... fría como aquella espada
es la bella Turandot!
MUJERES
¡Dulces amantes,
adelante, adelante!
AYUDANTES
¡Adelante, adelante!
MULTITUD
¡Cuando suena el gong
se regocija el verdugo!
Vano es el amor si no hay suerte.
AYUDANTES
¡Cuando suena el gong se regocija
el verdugo... Unta, afila!
MUJERES
¡Los enigma son tres,
la muerte una!
¡La muerte una! ¡Unta, afila!
HOMBRES
¡Gira la muela! ¡Unta! ¡Afila!
AYUDANTES
Cuando suena el gong, etc.
MULTITUD
Los enigmas, etc.
AYUDANTES
Dulces amantes, etc.
MUJERES
Los enigmas, etc.
HOMBRES
Que la cuchilla se deslice,
salpique sangre...
TODOS
¿Quién golpeará ese gong?
AYUDANTES
¡Unta... afila,
que la cuchilla se deslice,
salpique fuego y sangre!
¡Unta, afila, afila!
MULTITUD
¡Unta, afila... sangre!
¡Sangre!
AYUDANTES
El trabajo nunca falta...
MULTITUD
¡Unta, afila... sangre!
TODOS
... donde reina Turandot!...
¡El trabajo nunca falta
donde reina Turandot!
AYUDANTES
¡Muerte! ¡Muerte!
¡Muerte! ¡Muerte!
MULTITUD
¡Ah, ah!... ¡Ah, ah!
TODOS
... donde reina Turandot!... ¡Ah!
MUJERES
¿Por qué tarda la luna?
HOMBRES
¡Cara pálida!
MUJERES
¡Muéstrate en el cielo!
HOMBRES
¡Rápido, sal!
MUJERES
¡Asoma!
HOMBRES
¡Cabeza cortada!
¡Pálida! ¡Sal!
MUJERES
¡Asoma!
HOMBRES
¡Muéstrate en el cielo!
MUJERES
¡Cabeza cortada!
¡Exangüe!
HOMBRES
¡Exangüe, pálida!
¡Taciturna!
MUJERES
¡Demacrada amante de los muertos!
HOMBRES
¡Taciturna
... muéstrate en el cielo!
MUJERES
¡Cómo esperan...
los cementerios tu luz funeral!
¡Pálida, demacrada!
HOMBRES
¡Cabeza cortada!
MUJERES
¡Mirad allí, un resplandor!
¡Ven, deprisa, asoma!
HOMBRES
Cabeza cortada,
¡asoma!
MUJERES
¡Sal!
HOMBRE S
¡Cabeza cortada, sal!
MUJERES
¡Muéstrate, cara pálida!
HOMBRES
¡Cara pálida!
MUJERES
¡Demacrada, pálida!
HOMBRES
¡Ven,
demacrada amante de los muertos!
MUJERES
¡Oh amante...
... demacrada de los muertos!
HOMBRES
¡Ven, ven, asoma!
TODOS
¡Mirad allí, un resplandor...
... inunda el cielo...
... su luz mortecina!
¡Pu-Tin-Pao! ¡Ha salido la luna!
Pu-Tin-Pao, etc.
NIÑOS
Allá, en las montañas del Este,
la cigüeña ha cantado.
Mas abril no ha florido,
ni la nieve se ha fundido.
Del desierto al mar, no escuchas
suspirar mil voces:
"¡Princesa, desciende hacia mí!
¡Todo florecerá, todo resplandecerá!"
¡Ah!
(Los ayudantes del verdugo, los
mandarines y los dignatarios
avanzan seguidos por el príncipe de
Persia. A la vista de la víctima, que
es muy apuesto y camina pálido y
absorto, la ferocidad de la multitud
se convierte en piedad.)
MUJERES
¡Oh, joven! ¡Gracia, gracia!
HOMBRES
¡Qué firme es su paso!
MUJERES
¡Gracia!
HOMBRES
¡Qué dulce,
qué dulce es su rostro!...
... ¡Qué alegría hay en sus ojos!
¡Piedad!
MUJERES
¡Qué firme es su paso!
HOMBRES, MUJERES
¡Qué alegría hay en sus ojos!
¡Piedad! ¡Piedad!
CALAF
¡Ah! ¡Gracia!
MUJERES
¡Apiádate de él!
HOMBRES
¡Princesa!
MUJERES
¡Apiádate... de él!
HOMBRES, MUJERES
¡Piedad!
HOMBRES
¡Princesa! ¡Gracia! ¡Gracia!
¡Apiádate de él! ¡Piedad!
MULTITUD
¡Piedad! ¡Piedad!
CALAF
¡Quiero verte
y quiero maldecirte!
¡Cruel, yo te maldigo!
MULTITUD
¡Princesa!
HOMBRES
¡Apiádate de él!
MULTITUD
¡Princesa!
HOMBRES
¡Princesa, piedad!
MULTITUD
¡Princesa!
HOMBRES
¡Apiádate de él! ¡Apiádate de él!
MULTITUD
¡Piedad! ¡Piedad!, etc.
¡La gracia, Princesa!, etc.
¡Princesa! ¡La gracia! ¡La gracia!
(Aparece Turandot. La multitud se
postra. Solamente el príncipe de
Persia, los ayudantes del verdugo
y Calaf se mantienen de pie.)
CALAF
¡Oh, divina belleza! ¡Oh, maravilla!
¡Oh, sueño!, etc.
(Turandot hace un gesto imperioso y
definitivo. Es la condena; a
continuación se retira. Timur, Liù
y Calaf quedan solos.)
SACERDOTES
¡Oh gran Koung-Tzè!
¡Que el espíritu del que va a morir
se reúna contigo!
TIMUR
Hijo, ¿qué haces?
CALAF
¿No lo percibes?
¡Su perfume está en el aire!
¡Y en el alma!
TIMUR
¡Te pierdes!
CALAF
¡Oh, divina belleza, maravilla!
¡Sufro, padre, sufro!
TIMUR
¡No, no! ¡Abrázate a mí!
¡Liù, háblate tú!
¡Aquí no hay salvación!
¡Toma su mano en la tuya!
LIÙ
(a Calaf)
¡Señor, vayámonos lejos!
TIMUR
¡Allí está la vida!
CALAF
¡Ella es la vida, padre!
TIMUR
¡Allí está la vida!
CALAF
¡Sufro, padre, sufro!
TIMUR
¡Aquí no hay salvación!
CALAF
¡La vida está aquí, padre!
¡Turandot! ¡Turandot!
¡Turandot!
VOZ DEL PRÍNCIPE DE PERSIA
¡Turandot!
MULTITUD
¡Ah!
TIMUR
¿Quieres morir así?
CALAF
¡Vencer, padre, sobre su belleza!
TIMUR
¿Quieres acabar así?
CALAF
¡Vencer gloriosamente
sobre su belleza!
(Corre de nuevo hacia el gong.
Ping, Pong y Pang, funcionarios del
emperador, aparecen y se
interponen entre él y el gong.)
PING, PONG, PANG
¡Quieto! ¿Qué haces? ¡Deténte!
¿Quién eres? ¿Qué haces?
¿Qué quieres? ¡Vete!
¡Vete! ¡Esta es la puerta
de la gran carnicería!
¡Loco, vete!
PING
¡Aquí se estrangula!
PONG, PANG
¡Se traspasa!
PING
¡Se degüella!
PONG, PANG
¡Se descuella!
PING
¡Se cuelga y decapita!
PONG, PANG
¡Vete!
PING
¡Se sierra y se destripa!
PONG, PANG
¡Vete!
PING
Rápido, huye...
PONG, PANG
¡Vete!
PING, PONG, PANG
... regresa a tu país...
PING
... en busca de un muro...
PONG, PANG
¿Qué quieres? ¿Quién eres?
PING
... ¡donde romperte los cuernos!
PONG, PANG
¡Vete! ¡Vete!
PING, PONG, PANG
¡Pero no te quedes aquí!
¡Loco, vete! ¡Vete!
CALAF
¡Dejadme pasar!
PONG
¡Aquí todos los cementerios
están llenos!
PANG
¡Aquí ya bastan los locos del país!
PING
¡No queremos más locos forasteros!
PONG, PANG
¡Escapa, o se prepara
tu entierro!
CALAF
¡Dejadme pasar!
PONG, PANG
¡Por una princesa!
PONG
¡Bah!
PANG
¡Bah!
PONG
¿Qué es?
PANG
¿Una mujer con corona
en la cabeza...
PONG
... y un manto con flecos?
PING
Pero si la desnudas...
PONG
... ¡sólo es carne!
PANG
¡Es carne cruda!
PING
¡Es algo que...
PING, PONG, PANG
... que no se come!
CALAF
¡Dejadme pasar...
PING, PONG, PANG
¡Ah, ah, ah! ¡Ah, ah, ah!
CALAF
... dejadme!
PING
¡Deja a las mujeres!
O toma cien esposas,
pues, en el fondo, la más sublime
Turandot del mundo
tiene una cara, dos brazos,
y dos piernas, sí,
hermosas, imperiales, sí, sí,
hermosas, sí,
pero siempre iguales.
Con cien mujeres, necio,
¡tendrás piernas a manta,
doscientos brazos,
y cien amables pechos!
PONG, PANG
Cien pechos...
PING
... repartidos por cien lechos...
PING, PONG, PANG
... por cien lechos.
¡Ah, ah, ah! ¡Ah, ah, ah!
CALAF
¡Dejadme pasar!
PING, PONG, PANG
¡Loco, vete, vete!
DONCELLAS DE TURANDOT
¡Eh! ¡Silencio!
¿Quién habla ahí abajo?
PRIMERA DONCELLA
¡Silencio!
SEGUNDA DONCELLA
¡Silencio!
AMBAS
¡Es la hora dulcísima del...
... sueño!
OTRAS DONCELLAS
¡Silencio, silencio, silencio!
PRIMERA DONCELLA
El sueño...
acaricia...
OTRAS DONCELLAS
El sueño acaricia...
SEGUNDA DONCELLA
acaricia los ojos...
OTRAS DONCELLAS
de Turandot
AMBAS DONCELLAS
¡La oscuridad se perfuma en ella!
OTRAS DONCELLAS
¡La oscuridad se perfuma en ella!
PING
¡Fuera, mujeres charlatanas!
PANG
¡Fuera!
PONG
¡Fuera!
PING
¡Fuera!
PING, PONG, PANG
¡Cuidado con el gong!
¡Atentos al gong!
CALAF
¡La oscuridad se perfuma en ella!
PANG
¡Míralo, Pong!
PONG
¡Míralo, Ping!
PING
¡Míralo, Pang!
PANG
¡Está sordo!
PONG
¡Atontado!
PING
¡Alucinado!
TIMUR
¡Ya no les escucha!
PING, PONG, PANG
¡Vamos! ¡Hablémosle los tres!
PANG
Una noche sin la menor luz...
PONG
... el negro tiro de una chimenea...
PING
... son más claros que los enigmas
de Turandot.
PANG
¡Hierro, bronce, muro, roca...
PONG
... tu obstinada cabezota...
PING
... son menos duros que los enigmas
de Turandot!
PANG
¡Vete, pues, despídete de todos!
PONG
¡Cruza montañas, hiende las olas!
PING
¡Manténte lejos de los enigmas
de Turandot! ¡Ha! ¡Ha!
PANG
¡He, he!
PONG
¡Ha, ha!
PING, PONG, PANG
¡Ha, ha!
(Los fantasmas de los que han
muerto a causa de Turandot
aparecen y desaparecen en la
explanada.)
FANTASMAS
¡No vaciles!
¡Si llamas, aparecerá
la que, incluso muertos,
nos hace soñar con ella!
¡Hazla hablar!
¡Haz que la oigamos!
¡La amo! ¡La amo! ¡La amo!

CALAF
¡No, no, sólo yo la amo!
PING, PONG, PANG
¿La amas? ¿Qué? ¿A quien?
¿A Turandot? ¡Ah, ah, ah!
¡A Turandot! ¡Ah, ah!
PONG
¡Muchacho demente!
PANG
¡Turandot no existe!
PING
¡Sólo existe la nada,
en la cual tú te anulas!
PONG, PANG
Turandot no existe, no existe...
PING
¡Turandot! ¡Como todos aquellos
bobos que eran como tú!
¡El hombre! ¡El Dios!
¡Yo! ¡Los pueblos!...
... ¡Los soberanos!...
¡Pu-Tin-Pao!...
PANG
¡Te anulas como aquellos bobos
que eran como tú...
PONG
... como todos...
PING
... ¡Pu-Tin-Pao!
¡Sólo existe el Tao!
PANG
... como todos aquellos bobos,
tú te anulas!
PONG
... como todos aquellos bobos;
sólo existe...
... el Tao!
CALAF
¡A mí el triunfo!
¡A mí el amor!
(El verdugo aparece en lo alto del
bastión con la cabeza cortada del
príncipe de Persia.)
PING, PONG, PANG
¡Estúpido, ahí lo tienes, el amor!
¡Así besará la luna tu rostro!
TIMUR
Oh, hijo,
¿es que quieres que yo solo,
que yo solo arrastre por el mundo
mi vejez torturada?
¡Auxilio! ¿No hay voz humana
que conmueva tu feroz corazón?
LIÙ
¡Señor, escucha!
¡Ah! ¡Señor, escucha!
¡Liù ya no resiste,
se le parte el corazón!
¡Ay, ay de mí, cuánto camino
con tu nombre en el alma,
con tu nombre en los labios!
Pero si tu destino,
mañana se decide,
nosotros moriremos
camino del exilio.
Él perderá a su hijo...
yo, la sombra de una sonrisa.
¡Liù ya no resiste!
¡Ah, piedad!
CALAF
¡No llores, Liù!
Si en un lejano día
yo te sonreí,
por aquella sonrisa,
dulce niña mía,
escúchame: tu señor estará, mañana,
tal vez solo en el mundo
¡No lo abandones,
llévatelo contigo!
LIÙ
¡Moriremos camino del exilio!
TIMUR
¡Moriremos!
CALAF
¡Dulcifícale el camino
del exilio!
Esto... esto, mi pobre Liù,
es lo que pide a tu pequeño corazón,
que no desfallece,
aquel que ya no sonríe.
TIMUR
¡Ah! ¡Por última vez!...
LIÙ
¡Vence a la fascinación horrible!
PING, PONG, PANG
¡La vida es tan hermosa!
TIMUR
... ¡ten piedad de mí!
LIÙ
¡Ten piedad de Liù!
PING, PONG, PANG
¡La vida es tan hermosa!
TIMUR
¡Ten, piedad de mí, de...
piedad, piedad!
LIÙ
¡Señor, piedad!
¡Ten piedad de Liù!
PING, PONG, PANG
¡No te pierdas!
CALAF
¡Soy yo quien pide piedad!
Ya no escucho a nadie...
LIÙ
¡Señor, piedad!
¡Ten piedad de Liù!
TIMUR
¡No puedo separarme de ti!
PING
¡Agárrale...
PING, PONG, PANG
... llévatelo!
CALAF
... ¡ya no escucho a nadie!
PING
¡Contén a ese loco furioso...
llévatelo!
PONG, PANG
¡Llévate a ese loco furioso!
LIÙ
¡Piedad!
CALAF
¡Puedo ver su radiante cara!
¡La veo!
TIMUR
¡No quiero separarme de ti!
¡Piedad!
PING, PONG, PANG
¡Llévate a ese loco furioso!
CALAF
¡Me llama! ¡Es ella!
TIMUR
¡Piedad!
¡Me echo llorando a tus pies!
PING, PONG, PANG
¡Contén a este loco furioso!
LIÙ
¡Piedad!
CALAF
¡Implora tu perdón...
LIÙ
¡Señor, piedad, piedad!
TIMUR
¡Ten piedad! ¡Ten piedad!
PING, PONG, PANG
¡Estás loco! ¡Estás loco!
CALAF
... aquel que ya no sonríe!
LIÙ
¡Piedad, señor!
TIMUR
¡No quieras mi muerte!
PING, PONG, PANG
¡La vida es hermosa!
PING
¡Venga, un último esfuerzo,
llevémonoslo!
PING, PONG, PANG
¡Llevémonoslo, llevémonoslo!
CALAF
¡Dejadme...
... he sufrido demasiado!
TIMUR
Tú pisas un pobre corazón...
PING, PONG, PANG
¡El rostro que ves es una ilusión!
CALAF
¡La gloria me espera allá abajo!
TIMUR
... que sangra en vano por ti.
PING, PONG, PANG
¡La luz que brilla es funesta!
CALAF
¡No hay fuerza humana
que me detenga!
LIÙ
¡Piedad!
TIMUR
¡Nadie ha vencido jamás, nadie!
PING
¡Te juegas tu perdición!
PONG, PANG
¡Es una ilusión funesta!
CALAF
¡Yo seguiré mi destino!
LIÙ
¡Ten piedad de nosotros!
TIMUR
¡Sobre todos cayó la espada!
PING, PONG, PANG
¡Te juegas la cabeza!
CALAF
¡Soy todo fiebre,
soy todo delirio!
LIÙ
¡Si su tormento no basta,
señor...
PING, PONG, PANG
¡La muerte, la sombra del verdugo...
MULTITUD
¡Ya la fosa cavamos para ti...
CALAF
¡Cada sentido es un martirio feroz!
LIÙ
... estamos perdidos! ¡Contigo!
PING, PONG, PANG
¡La muerte, la sombra del verdugo
espera ahí abajo!
MULTITUD
... que quieres desafiar al amor!
LIÙ
¡Ah! ¡Huyamos...
TIMUR
¡Me echo a tus pies!
PING, PONG, PANG
¡Corres...
MULTITUD
¡En la oscuridad...
CALAF
En cada fibra de mi alma
hay una voz que grita...
LIÙ
... señor, ah, huyamos!
TIMUR
¡No quieras mi muerte!
PING, PONG, PANG
... a tu ruina!
¡No te juegues la vida!
MULTITUD
... está señalado,
¡ay! tu cruel destino!
CALAF
... ¡Turandot!
LIÙ, TIMUR,
PING, PONG, PANG
¡La muerte!
MULTITUD
¡Ah!
CALAF
¡Turandot!
LIÙ, TIMUR,
PING, PONG PANG
¡La muerte!
MULTITUD
¡Ah!
CALAF
¡Turandot!
LIÙ, TIMUR,
PING, PONG PANG
¡La muerte!
MULTITUD
¡Ah!
(Calaf golpea el gong tres veces.)
PING, PONG, PANG
¡Dejémosle!
Es inútil gritar...
MULTITUD
¡Ya la fosa cavamos para ti...
PING, PONG, PANG
... en sánscrito, en chino,
en lengua mongol!
¡Cuando suena el gong
se regocija la muerte!
MULTITUD
... que quieres desafiar al amor!
PING, PONG, PANG
¡Ah., ah, ah, ah!


ACTO II

Escena Primera
PING
¡Hola, Pang! ¡Hola, Pong!
Ya que el funesto gong
despierta el palacio y la ciudad,
preparémonos para cualquier evento:
si vence el extranjero,
para la boda,
y si pierde,
para el entierro.
PONG
Yo prepararé la boda...
PANG
... y yo las exequias...
PONG
... las rojas linternas festivas...
PANG
... las blancas linternas de luto...
PONG
... los inciensos, las ofrendas...
PANG
... los inciensos, las ofrendas...
PONG
... monedas de papel, doradas...
PANG
... té, azúcar, nueces moscadas!...
PONG
... el bello palanquín escarlata...
PANG
... el féretro, grande, bien hecho...
PONG
... los bonzos que cantan...
PANG
... los bonzos que gimen...
PONG, PANG
... y todo lo demás,
tal como ordena el rito...
PANG
... minucioso...
PONG
... minucioso...
PONG, PANG
... ¡infinito!
PING
¡Oh, China, oh China,
que hoy te sobresaltas
y te pasmas inquieta,
qué feliz dormías
orgullosa de tus
setenta mil siglos!
PING, PONG, PANG
Todo andaba según
la antiquísima regla del mundo.
PANG
Después nació...
PONG
Después nació...

PING
Después nació...
PING, PONG, PANG
... ¡Turandot!
PING
Y hace años que nuestras fiestas
se reducen a alegrías como éstas...
PONG
... tres golpes de gong...
PANG
... tres adivinanzas...
PING
... y ¡abajo cabezas!
PONG
¡Abajo cabezas!
PING
¡Abajo cabezas!
PANG
El año del Ratón fueron seis.
PONG
El año del Perro fueron ocho.
PANG
Durante este año,
el terrible...
PING
Durante este año,
el terrible año del Tigre...
PONG
... el terrible año del Tigre,
ya hemos llegado...
PANG
... año del Tigre,
ya hemos llegado...
PING
... hemos llegado ya...
PONG, PANG
...hemos llegado ya...
PING
al decimotercero...
PONG, PANG
... decimotercero,
contando con éste!
PING
¡Cuánto trabajo!
PANG
¡Cuánto trabajo!
PONG
¡Qué aburrimiento!
PING
¡Cuánto trabajo!
PANG
¡Cuánto trabajo!
PONG
¡Qué aburrimiento!
PING, PONG, PANG
¿A qué se nos han reducido?
¡Somos los ministros del verdugo!
¡Ministros del verdugo!
PING
Tengo una casa en Honán,
con su estanque azul
rodeado de bambúes.
Y estoy aquí
disipando mi vida,
devanándome los sesos
sobre los libros sagrados...
PONG, PANG
... ¡sobre los libros sagrados!
PING
... ¡sobre los libros sagrados!
Y podría volver allá...
PANG
¡Volver allá!
PONG
¡Volver allá!
PING
... junto a mi estanque azul...
PANG
¡Volver allá!
PONG
¡Volver allá!
PING
... ¡rodeado de bambúes!
PONG
Tengo un bosque, junto a Tsiang...
... que más bello no lo hay...
PANG
Tengo un jardín, junto a Kiu,
que dejé...
PONG
... donde no hay sombra para mí.
PANG
... para venir aquí...
PING
Y podría volver allí...
PONG
Tengo un bosque...
PANG
... y no volveré a ver más...
PING
... ¡junto a mi estanque azul!...
PONG
... ¡que más bello no lo hay!
PANG
... ¡no volveré a ver más, nunca más!
PING
¡Rodeado de bambúes!
Y estamos aquí...
PONG
¡Estamos aquí!
PANG
¡Estamos aquí!
PING
... devanándonos los sesos...
PING, PONG, PANG
... ¡sobre los libros sagrados!
PONG
Y podría volver a Tsiang...
PING
Y podría volver allá...
PANG
¡Y podría volver a Kiu!
PING
... ¡a gozar del lago azul!
PONG
¡Tsiang!
PANG
¡Kiu!
PING
Honán...
... ¡rodeado de bambúes!
PONG
¡Y podría volver a Tsiang!
PANG
¡Y podría volver a Kiu!
PING
¡Oh mundo...
PONG
¡Oh mundo...
PANG
¡Oh mundo...
PING, PONG, PANG
... lleno de locos enamorados!
PONG
Los que hemos...
PANG
Los que hemos...
PONG, PANG
¡La de aspirantes que hemos
visto llegar!
PING
¡Oh, cuántos!
PONG
¡Oh, cuantos!
PING
Los que hemos, etc.
PANG
¡Oh, cuántos, cuántos!
PONG
¡Oh, cuántos!
PING
¡Oh mundo, lleno
de locos enamorados!
¿Os acordáis del príncipe
real de Samarkanda?
¡Hizo su solicitud,
y ella, con qué alegría
lo mandó al verdugo!
MULTITUD
Unta, afila,
que la cuchilla se deslice,
salpique...
PING
¡El verdugo!
MULTITUD
... que la cuchilla se deslice,
salpique...
... fuego y sangre!
PONG
¿Y el enojado indio Sagarika,
... con pendientes
como cascabeles?
¡Pidió amor y fue decapitado!
PANG
¿Y el birmano?
PONG
¿Y el príncipe de los Kirguises?
PONG, PANG
¡Muertos! ¡Muertos! ¡Muertos! ¡Muertos!
PING
¿Y el tártaro del arco
de seis codos...
MULTITUD
Unta, afila...
... ¡que la cuchilla salpique sangre!
PING
... ceñido de ricas pieles?
MULTITUD
Donde reina Turandot...
el trabajo...
PONG
¡Extinto!
PANG
¡Extinto!
MULTIT UD
... ¡nunca falta!
PING
¡Y decapita!
PANG
¡Mata... extingue! ¡Mata!
¡Extingue! ¡Mata!
PING
¡Mata! ¡Mata! ¡Mata! ¡Mata!
PONG
¡Mata! ¡Mata! ¡Mata!
MULTITUD
¡Unta, rechina,
que la cuchilla salpique sangre!
PING, PONG, PANG
¡Adiós, amor, adiós, raza!
¡Adiós, estirpe divina!
¡Adiós! etc.
¡Se acaba la China!
¡Adiós! etc.
PING
¡Oh tigre! ¡Oh tigre!
PING, PONG
¡Oh gran mariscal del cielo...
PING, PONG, PANG
... haz que llegue
la gran noche esperada,
la noche de la redención!
PING
¡Le quiero preparar el tálamo!
PONG
Mulliré para ella las suaves plumas.
PANG
Yo le quiero perfumar la alcoba.
PING
Guiaré a los esposos
llevando el farol.
PING, PONG, PANG
Después, los tres en el jardín
cantaremos...
PONG
... el amor hasta la mañana...
PING
... así:
PANG
... así:
PING, PONG, PANG
¡No hay en China
para nuestra fortuna
ninguna mujer
que reniegue del amor!
¡Había una sola que era hielo,
pero ahora es llama y ardor!
¡Princesa,
tu imperio se extiende
del Tse-Kiang al inmenso Yang-Tsé!
PING
¡Pero ahí, tras las suaves cortinas,
es un esposo el que manda en ti!
PING, PONG, PANG
Tú ya sientes el aroma de los besos,
¡ya estás domada, languideces!
PONG, PANG
¡Gloria a la noche secreta
que ahora ve cumplirse el prodigio!
PING, PANG
¡Gloria, gloria a la noche secreta!
PONG
¡A la colcha amarilla de seda...
... testigo de los dulces suspiros!
PING, PONG, PANG
En los jardines susurran las cosas
y tintinean como
campanillas de oro...
¡Se suspiran palabras de amor...
PING
... de rocío se adornan las flores!
PING, PONG, PANG
¡Gloria, gloria
al bello cuerpo desceñido
que el ignorado misterio hoy conoce!
¡Gloria al delirio
y al amor que ha vencido
y que a la China ha devuelto la paz,
a la China ha devuelto la paz,
ha devuelto la paz!
PING
¡Nosotros soñando,
y el palacio ya hormiguea
de linternas, de siervos y soldados!
¡Escuchad el gran tambor
del templo Verde!
¡Ya repiquetean las infinitas
chinelas de Pekín!
PONG
¡Escuchad las trompetas!
¡Nada de paz!
PANG
Comienza la ceremonia.
PING, PONG. PANG
¡Vamos a disfrutar
del enésimo suplicio!
Escena Segunda
(Vasta plaza del palacio imperial.
Llegan los mandarines, pasan ocho
sabios. Cada uno lleva tres rollos
de pergamino que contienen la
solución a los enigmas de Turandot)
MULTITUD
Graves, enormes e imponentes,
con el misterio
de los recónditos enigmas,
avanzan los sabios,
con el misterio
de los recónditos enigmas
avanzan los sabios.
¡Ahí está Ping! ¡Ahí está Pong!
¡Ahí está Pang!
(Entre nubes de incienso aparecen
ahora los estandartes amarillos y
blancos del emperador. Cuando se
disipa el incienso, se ve al
emperador Altoum, viejísimo,
blanco, venerable y hierático.
Semeja un dios que apareciese tras
las nubes. La muchedumbre se
postra en actitud de gran respeto.
Calaf está al pie de la escalinata)
MULTITUD
¡Diez mil años de vida
a nuestro Emperador!
¡Gloria a ti!
EMPERADOR
Un atroz juramento me obliga
a ser fiel a un triste pacto.
Y el santo cetro que yo empuño
chorrea sangre.
¡Basta de sangre! ¡Joven, vete!
CALAF
¡Hijo del cielo, solicito
afrontar la prueba!
EMPERADOR
¡Haz que yo pueda morir sin cargar
con el peso de tu joven vida!
CALAF
¡Hijo del cielo, solicito
afrontar la prueba!
EMPERADOR
¡No quieras, no quieras que se llene
otra vez de horror la corte,
el mundo!
CALAF
¡Hijo del cielo, solicito
afrontar la prueba!
EMPERADOR
¡Extranjero ebrio de muerte! ¡Sea!
¡Cúmplase tu destino!
MULTITUD
¡Diez mil años de vida
a nuestro emperador!
MANDARÍN
¡Pueblo de Pekín!
¡Esta es la ley:
Turandot, la Pura,
será esposa de aquel que,
siendo de sangre real,
resuelva los tres enigmas
que ella propondrá.
Pero el que afronte la prueba
y resulte vencido
ofrecerá al hacha su altiva cabeza!
NIÑOS
Del desierto al mar no oyes
mil voces suspirar.
¡Princesa, ven a mi lado!
¡Todo resplandecerá,
resplandecerá, resplandecerá!
TURANDOT
En esta corte,
hace mil y mil años,
resonó un grito desesperado.
¡Y aquel grito,
de generación en generación
se refugió aquí, en mi alma!
¡Princesa Lo-u-Ling,
dulce y serena abuela que reinaste
en obscuro silencio,
en puro gozo,
y desafiaste inflexible y segura
al áspero dominio,
hoy revives en mí!
MULTITUD
Fue cuando el rey de los Tártaros
desplegó sus siete banderas.
TURANDOT
Pero en la época
que todos recuerdan
hubo espanto y terror y estruendo
de armas.
¡El reino vencido! ¡El reino vencido!
¡Y Lo-u-Ling, mi abuela,
fue arrastrada
por un hombre como tú,
por un hombre extranjero como tú,
en aquella noche atroz
en que se apagó su fresca voz!
MULTITUD
Siglos ha que ella duerme
en su enorme mausoleo.
TURANDOT
¡Oh, príncipes,
que en largas caravanas
desde todos los rincones del mundo
venís hasta aquí a jugaros la suerte,
yo vengo en vosotros, en vosotros,
aquella pureza,
aquel grito y aquella muerte!
¡Aquel grito y aquella muerte!
¡Nadie jamás me tendrá!
¡Jamás nadie! ¡Nadie me tendrá!
¡El horror que la mató
está vivo en mi corazón!
¡No! ¡No! ¡Nadie jamás me tendrá!
¡Ah, renace en mí el orgullo
de tanta pureza!
¡Extranjero!
¡No tientes a la suerte!
¡Los enigmas son tres,
la muerte una!
CALAF
¡No! ¡No!
Los enigmas son tres,
¡una es la vida!
TURANDOT
¡No! ¡No!
¡Los enigmas son tres,
la muerte una!
CALAF
¡Los enigmas son tres,
una la vida!
MULTITUD
Al príncipe extranjero
somete a prueba,
¡oh, Turandot! ¡Turandot!
TURANDOT
Extranjero, escucha:
"En la noche sombría
vuela un fantasma iridiscente.
Se eleva y despliega las alas
sobre la negra e infinita humanidad.
Todo el mundo lo invoca
y todo el mundo lo implora,
pero el fantasma desaparece
con la aurora
para renacer en el corazón.
¡Y cada noche nace,
y cada día muere!"
CALAF
¡Sí! ¡Renace! ¡Renace!
Y exaltadamente
me lleva consigo;
Turandot: "¡la esperanza!"
SABIOS
(abriendo el primer rollo)
¡La esperanza! ¡La esperanza!
¡La esperanza!
TURANDOT
¡Sí!
¡La esperanza que defrauda siempre!
(abriendo el segundo rollo)
"¡Brilla como la llama
y no es llama!
Es tal vez delirio.
¡Es fiebre de ímpetu y ardor!
¡La inercia lo cambia
en languidez!
Si te pierdes o mueres se enfría.
Si sueñas la conquista,
¡se inflama, se inflama!
¡Tiene una voz,
que escuchas palpitante
y el vivo resplandor del ocaso!"
EMPERADOR
¡No te pierdas, extranjero!
MULTITUD
¡Te va la vida! ¡Habla!
¡No te pierdas, extranjero! ¡Habla!
¡Habla! ¡Habla! ¡Habla!
LIÙ
¡Te va en ello el amor!
CALAF
¡Sí, princesa!
Se inflama y languidece,
si tú me miras, en las venas:
"¡la sangre!"
SABIOS
¡La sangre! ¡La sangre! ¡La sangre!
MULTITUD
¡Ánimo, descifrador de enigmas!
TURANDOT
¡Golpead a esos infames!
(abre el tercer rollo)
"¡Hielo que te inflama
y con tu fuego aún más se hiela!
¡Blanca y oscura!
Si te quiere libre,
te hace ser más esclavo.
Si por esclavo te acepta,
¡te hace Rey!"
¡Venga, extranjero,
palideces de miedo!
¡Y te sientes perdido!
Venga, extranjero,
el hielo que da fuego, ¿qué es?
CALAF
¡Ahora mi victoria
hace que seas mía!
Mi fuego te deshiela:
"¡Turandot!"
SABIOS
¡Turandot! ¡Turandot! ¡Turandot!
MULTITUD
¡Turandot! ¡Turandot!
¡Gloria, gloria, vencedor!
¡Te sonríe la vida!
¡Te sonríe el amor!
¡Diez mil años de vida
a nuestro emperador!
¡Luz, luz, rey de todo el mundo!
TURANDOT
¡Hijo del cielo! ¡Padre augusto!
¡No! ¡No eches a tu hija
en brazos del extranjero!
EMPERADOR
¡El juramento es sagrado!
TURANDOT
¡No, no lo digas!
¡La sagrada es tu hija!
No puedes darme a él,
a él como una esclava.
¡Ah, no! ¡La sagrada es tu hija!
¡No puedes darme a él como
una esclava que muere
de vergüenza!
(a Calaf)
¡No me mires así!
¡Tú que escarneces mi orgullo,
no me mires así!
¡No seré tuya!
¡No, no seré tuya!
¡No quiero, no quiero!
¡No, no, no seré tuya!
EMPERADOR
¡El juramento es sagrado!
MULTITUD
¡El juramento es sagrado!
TURANDOT
¡No, no me mires así,
no seré tuya!
MULTITUD
¡Ha vencido, princesa!
¡Se jugó la vida por ti!
TURANDOT
¡Nadie jamás me tendrá!
MULTITUD
¡Que se premie su osadía!
¡Se jugó la vida por ti!
¡El juramento es sagrado!
TURANDOT
(a Calaf)
¿Me quieres en tus brazos
a la fuerza, reacia, enfurecida?
MULTITUD
¡Es sagrado, es sagrado,
es sagrado el juramento, es sagrado!
CALAF
No, no, princesa altiva.
¡Te quiero toda ardiente de amor!
MULTITUD
¡Valeroso! ¡Audaz!
¡Valeroso! ¡Fuerte!
CALAF
Tres enigmas me has planteado
y tres he resuelto.
A ti te voy a proponer sólo uno:
no sabes mi nombre.
Dime mi nombre.
Dime mi nombre
antes del alba,
¡y al alba moriré!
EMPERADOR
¡Quiera el cielo
que al despuntar el día
tú seas mi hijo!
(La corte se alza y empieza a
marcharse. Ondean las banderas.
El príncipe asciende por la
escalinata mientras suena el himno
imperial cantado por la multitud.)
MULTITUD
¡A tus pies nos postramos,
Luz, Rey de todo el Mundo!
¡Por tu sabiduría, por tu bondad,
nos entregamos a ti,
felices, humildemente,
suba hasta ti nuestro amor!
¡Diez mil años de vida
a nuestro emperador!
A ti, sucesor de Hien-Wang,
gritamos:
¡Diez mil años de vida
a nuestro emperador!
¡Arriba, arriba las banderas!
¡Gloria a ti,
gloria a ti!


ACTO III

Escena Primera
HERALDOS
Esto manda Turandot:
"¡Que nadie duerma en Pekín
esta noche!"
VOCES LEJANAS
¡Que nadie duerma!
¡Que nadie duerma!
HERALDOS
"¡Bajo pena de muerte,
que el nombre del
desconocido sea revelado
antes del amanecer!"
VOCES LEJANAS
¡Pena de muerte! ¡Pena de muerte!
HERALDOS
"¡Que nadie duerma en Pekín
esta noche!"
VOCES LEJANAS
¡Que nadie duerma!
¡Que nadie duerma!
CALAF
¡Que nadie duerma!
¡Que nadie duerma!
¡Tú también, princesa,
en tu fría estancia
miras las estrellas que tiemblan
de amor y de esperanza!
¡Mas mi misterio
se encierra en mí,
mi nombre nadie sabrá!
¡No, no, sobre tu boca lo diré,
cuando resplandezca la luz!
¡Mi beso deshará
el silencio que te hace mía!
VOCES FEMENINAS
¡Su nombre nadie sabrá...
y nosotros, ay,
debemos morir! ¡Morir!
CALAF
¡Noche, disípate!
¡Estrellas, ocultaos!
¡Estrellas, ocultaos!
¡Al alba venceré!
¡Venceré, venceré!
PING
Tú que miras las estrellas,
¡baja los ojos,
baja los ojos!
PONG
¡Nuestra vida está en tus manos!
PANG
¡Nuestra vida!
PING
¿Oíste el bando?
Por las calles de Pekín,
la muerte llama a todas las puertas
y grita: ¡el nombre!
PONG
¡El nombre!
PONG, PANG
¡El nombre!
PING, PONG, PANG
¡Oh sangre!
CALAF
¿Qué queréis de mí?
PING
¡Di tú, qué quieres!
¡Di tú, que quieres!
PONG
¡Di tú, qué quieres!
PING
¿Es el amor lo que buscas?
PANG
¡Di tú, qué quieres!
PING
¡Di tú, qué quieres!
¡Pues bien, toma!
(empuja a los pies del príncipe un
grupo de muchachas bellísimas,
semidesnudas.)
¡Mira, son bellas,
son bellas entre radiantes velos!
PONG, PANG
¡Cuerpos ondulantes...
PING
¡Todas embriaguez y augurios
de abrazos prodigiosos!
MUJERES
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
CALAF
¡No! ¡No!
PONG, PANG
¿Qué quieres?
PING, PONG, PANG
¿Riquezas?
¡Todos estos tesoros serán tuyos!
¡Tuyos!... ¡Tuyos!... ¡Tuyos!
(A una indicación suya, varios
siervos ponen a los pies del príncipe
sacos, cofres y cestos repletos de
oro y joyas. Los tres ministros hacen
brillar estos tesoros ante los ojos
atónitos del príncipe.)
PING
¡Rompe la negra noche...
PONG
¡Fuegos azules!
PING
... estas fúlgidas gemas!
PANG
¡Verdes resplandores!
PONG
¡Plácidos jacintos!
PANG
¡Las llamas rojas de los rubíes!
PING
¡Son gotas de astros!
PONG, PANG
¡Fuegos azules!
PING
¡Toma! ¡Es todo tuyo!
PONG, PANG
¡Llamas rojas!
CALAF
¡No! ¡No deseo riquezas! ¡No!
PING, PONG, PANG
¿Quieres la gloria?
¡Nosotros te ayudaremos a huir...
PONG, PANG
... e irás lejos con las estrellas
hacia imperios fabulosos!
MULTITUD
¡Huye! ¡Huye!
MUJERES
¡Vete lejos, vete lejos!
TODOS
¡Huye, vete lejos! ¡Vete lejos!, etc.
HOMBRES
¡Vete lejos!
TODOS
¡Huye! ¡Huye! ¡Vete lejos
y todos nosotros nos salvaremos!
CALAF
¡Alba, ven!
¡Disuelve esta pesadilla!
PING
Extranjero, tú no sabes, tú no sabes
se de qué es capaz la cruel.
PING, PONG, PANG
Tú no sabes...
PONG, PANG
... qué horrendos martirios...
PING
¡Tú no sabes! ¡Tú no sabes!
PONG, PANG
... se inventan en China.
Si tú te quedas y no nos revelas...
PONG, PANG, GENTE
... tu nombre, estamos perdidos...
PING
¡La insomne no perdona!
¡Estamos perdidos!
¡Será un martirio horrendo!
PING, PANG, PONG, HOMBRES
¡Pinchos de hierro!
¡Ruedas llenas de púas!
GENTE
¡Será un martirio horrendo!
PING, ALGUNOS HOMBRES
¡El candente mordisco
de las tenazas!
PONG, PANG
¡La muerte sorbo a sorbo!
PING, MULTITUD
¡La muerte sorbo a sorbo!
PONG, PANG
¡No nos hagas morir!
TODOS
¡No nos hagas morir, no,
no nos hagas morir!
CALAF
¡Inútiles súplicas!
¡Inútiles amenazas!
¡Aunque el mundo se hunda,
yo quiero a Turandot!
MULTITUD
¡No la tendrás! ¡Oh, no la tendrás!
¡Morirás antes que nosotros!
¡Maldito!
¡Morirás antes que nosotros,
despiadado, cruel!
¡Habla, el nombre, el nombre!
¡Habla, habla, habla!
¡El nombre, el nombre!
SOLDADOS
¡Aquí tenéis el nombre!
¡Aquí está! ¡Aquí está!
¡Aquí tenéis el nombre!
¡Aquí está! ¡Aquí está!
CALAF
¡Ellos no lo saben!
¡Ignoran mi nombre!
PING
¡Son el viejo y la joven
que anoche hablaban contigo!
CALAF
¡Soltadles!
PING
¡Conocen el secreto!
(a los soldados)
¿Dónde los habéis atrapado?
SOLDADOS
¡Mientras erraban por allá,
junto a los muros!
PING, PONG, PANG
¡Princesa!
TODOS
¡Princesa!
PING
¡Princesa divina! El nombre
del desconocido está encerrado
en estas bocas silenciosas.
¡Y tenemos hierros
para abrir estos dientes,
y tenemos garfios
para arrancar ese nombre!
TURANDOT
¡Estás pálido, extranjero!
CALAF
Tu espanto
ve la palidez del alba
en mi rostro.
¡Ellos no me conocen!
TURANDOT
¡Lo veremos!
¡Venga! ¡Viejo! ¡Habla!
¡Quiero que hable!
¡El nombre!
LIÙ
¡El nombre que buscáis
sólo yo lo sé!
MULTITUD
¡La vida hemos salvado,
la pesadilla se ha desvanecido!
CALAF
¡Tú no sabes nada, esclava!
LIÙ
Yo sé su nombre...
¡Mas es delicia suprema
mantenerlo secreto
y poseerlo yo sola!
MULTITUD
¡Que la aten! ¡Que la torturen!
¡Para que hable! ¡Para que muera!
CALAF
¡Pagaréis caras sus lágrimas!
¡Pagaréis caras sus lágrimas!
TURANDOT
(a los soldados)
¡Sujetadle!
LIÙ
¡Señor, no hablaré!
PING
¡El nombre!
LIÙ
¡No!
PING
¡El nombre!
LIÙ
¡Tu sierva pide perdón,
pero no puede obedecer! ¡Ah!
TIMUR
¿Por qué gritas?
CALAF
¡Dejadla!
LIÙ
No... no... ¡no grito más!
¡No me hacen daño!
No, nadie me toca.
(a los soldados)
Apretad... pero cerradme la boca
¡que él no me oiga!
¡No puedo resistir más!
MULTITUD
¡Habla! ¡Su nombre!
TURANDOT
(a los soldados)
¡Que la suelten!
(A Liù)
¡Habla!
LIÙ
¡Antes moriré!
TURANDOT
¿Quién puso tanta fuerza
en tu corazón?
LIÙ
Princesa, ¡el amor!
TURANDOT
¿El amor?
LIÙ
Tanto amor secreto, e inconfesado,
tan grande, que estos tormentos
son dulces para mí,
porque los ofrezco a mi señor...
Porque callando, yo le doy,
le doy tu amor...
Te hago suya, princesa,
¡y lo pierdo todo!
¡Y lo pierdo todo!
¡Incluso la esperanza imposible!
¡Atadme! ¡Torturadme!
¡Dadme tormentos y dolores!
¡Ah! ¡Como ofrenda suprema
de mi amor!
TURANDOT
¡Arrancadle el secreto!
PING
¡Llamad a Pu-Tin-Pao!
CALAF
¡No! ¡Maldita! ¡Maldita!
MULTITUD
¡El verdugo! ¡El verdugo!
¡El verdugo!
PING
¡Que sea torturada!
MULTITUD
¡A la tortura! ¡Sí! ¡El verdugo!
¡Que hable! ¡A la tortura!
LIÙ
¡No resisto más!
¡Me tengo miedo a mí misma!
¡Dejadme pasar!
¡Dejadme pasar!
MULTITUD
¡Habla! ¡Habla!
LIÙ
¡Sí, princesa, escúchame!
¡Tú, que te revistes de hielo,
vencida por tu gran llama,
incluso tú lo amarás!
Antes de esta aurora,
cansada, cerraré los ojos,
para que él siga viviendo...
para no... ¡para no volver a verlo!
Antes de esta aurora,
cansada, cerraré los ojos
¡para no volver a verlo!
(Con un movimiento repentino,
arrebata un puñal del cinto
de un soldado y se lo clava.
Moribunda, dirige los ojos
amorosamente hacia el príncipe y
cae muerta.)
MULTITUD
¡Habla! ¡Habla!
¡El nombre! ¡El nombre!
CALAF
¡Ah! ¡Estás muerta, estás muerta!
¡Mi pequeña Liù!
TIMUR
¡Liù! ¡Liù! ¡Levántate! ¡Levántate!
¡Es la hora clara de cada despertar!
Es el alba, Liù mía...
¡Abre los ojos, paloma!
PING
¡Levántate, viejo! ¡Está muerta!
TIMUR
¡Ah! ¡Horrendo delito!
¡Lo pagaremos todos!
¡Su alma agraviada,
su alma agraviada se vengará!
MULTITUD
¡Sombra doliente, no nos hagas mal!
¡Sombra enojada, perdona, perdona!
¡Sombra doliente!, etc.
TIMUR
Liù... ¡bondad!
Liù... ¡dulzura!
¡Ah! Caminemos juntos otra vez,
¡así, con tu mano en mi mano!
¡Sé bien dónde vas y yo te seguiré
para descansar a tu lado
en la gran noche sin amanecer!
PING
¡Ah! Por primera vez...
PONG
Aquí dentro ha despertado...
PANG
Esa muchacha muerta...
PING
... no veo la muerte con sarcasmo!
PONG
... el viejo mecanismo,
el corazón, ¡me atormenta!
PANG
... pesa en mi corazón
como una piedra!
MUJERES
¡Liù, bondad, perdona, perdona!
TODOS
¡Liù, bondad, Liù, dulzura,
duerme! ¡Olvida!
¡Liù! ¡Poesía!
CALAF
¡Princesa de muerte!
¡Princesa de hielo!
¡Desde tu trágico cielo
baja a la tierra!
¡Ah! ¡Levanta el velo!
¡Mira, mira, cruel,
esa sangre purísima
que se ha derramado por ti!
(Se acerca a Turandot y le arranca
el velo.)
TURANDOT
¡Cómo osas, extranjero!
Cosa humana no soy.
¡Soy la hija del Cielo,
libre y pura.
Tú abrazas mi frío velo
¡pero el alma está allá arriba!
CALAF
Tu alma está arriba,
¡pero tu cuerpo está cerca!
Con las manos ardientes
apretaré los bordes de oro
de tu manto estrellado.
Mi boca vibrante
oprimiré sobre ti...
TURANDOT
¡No me profanes!
CALAF
¡Ah! ¡Sentirte viva!
TURANDOT
¡Atrás!
CALAF
¡Sentirte viva!
TURANDOT
¡Atrás!
CALAF
¡Sentirte viva!
TURANDOT
¡No me profanes! ¡No me profanes!
CALAF
¡Tu hielo es mentira!
TURANDOT
¡Atrás!
CALAF
¡Es mentira!
TURANDOT
¡No, jamás nadie me tendrá!
CALAF
¡Quiero que seas mía!
TURANDOT
¡El tormento de la abuela
no se repetirá! ¡Ah, no!
CALAF
¡Quiero que seas mía!
TURANDOT
(Calaf la besa)
¡No me toques, extranjero!
¡Es un sacrilegio!
CALAF
¡No, tu beso me da la eternidad!
TURANDOT
¡Sacrilegio!
¿Qué me ocurre?
¡Perdida!
CALAF
¡Flor mía!
¡Oh! ¡Mi flor de la mañana!
¡Flor mía, te respiro!
¡Tus senos de azucena...
... ah, tiemblan sobre mi pecho!
VOCES DE MUJERES
¡Ah!... ¡Ah!... ¡Ah!
CALAF
¡Ya te siento desvanecer de dulzura,
toda blanca en tu manto de plata!
TURANDOT
¿Cómo venciste?
CALAF
¿Lloras?
TURANDOT
¡Es el alba! ¡Es el alba!...
¡Es el alba! ¡Turandot declina!
NIÑOS
¡Es el alba! ¡Luz y vida!
¡Todo es puro! ¡Todo es santo!
¡Qué dulzura en tu llanto!
HOMBRES
¡Es el alba! ¡Luz y vida! ¡Princesa,
qué dulzura en tu llanto!
CALAF
¡Es el alba! ¡Es el alba!
¡Y el amor... y el amor
nace con el sol!
TURANDOT
Que nadie me vea,
¡mi gloria ha terminado!
CALAF
¡No! ¡Ahora empieza!
TURANDOT
¡Estoy avergonzada!
CALAF
¡Milagro! ¡Tu gloria
resplandece en el encanto
del primer beso, del primer llanto!
TURANDOT
Del primer llanto... Ah...
¡Del primer llanto!
Sí, extranjero, cuando llegaste,
con angustia sentí
el escalofrío fatal
de este mal supremo.
¡A cuántos he visto morir por mí!
Y los he despreciado;
¡pero a ti te temí!
Había en tus ojos
la luz de los héroes.
Había en tus ojos
la enorme certeza...
Y te odié por ella
y por ella te amé,
atormentada y dividida
entre dos terrores iguales:
vencerte o ser vencida...
Y estoy vencida... ¡Ah! Vencida,
más que por la gran prueba,
¡por esta fiebre que me viene de ti!
CALAF
¡Eres mía! ¡Mía!
TURANDOT
Esto querías.
Ahora ya lo sabes.
¡Quieres mayor victoria!
¡Vete, extranjero, con tu misterio!
CALAF
¿Mi misterio?
¡Ya no lo tengo! ¡Eres mía!
Tú que tiemblas si te rozo,
tú que palideces si te beso,
¡puedes perderme si quieres!
Mi nombre y la vida
juntos te doy.
¡Yo soy Calaf, hijo de Timur!
TURANDOT
¡Sé tu nombre! ¡Sé tu nombre!
CALAF
¡Mi gloria es tu abrazo!
TURANDOT
¡Oyes! ¡Resuenan las trompetas!
CALAF
¡Mi vida es tu beso!
TURANDOT
¡Mira! ¡Es la hora!
¡Es la hora de la prueba!
CALAF
¡No al temo!
TURANDOT
¡Ah! ¡Calaf,
ante el pueblo conmigo!
CALAF
¡Tu has vencido!
Escena segunda
(exterior del palacio imperial. En lo
alto de una gran escalinata se haya
el trono del emperador rodeado por
su corte)
MULTITUD
¡Diez mil años de vida
a nuestro emperador!
TURANDOT
¡Padre augusto,
conozco el nombre del extranjero!
¡Su nombre es... Amor!
(Calaf abraza a Turandot)
MULTITUD
¡Amor!
¡Oh sol! ¡Vida! ¡Eternidad!
¡Luz del mundo es el amor!
¡Ríe y canta en el sol
nuestra infinita felicidad!
¡Gloria a ti! ¡Gloria a ti! ¡Gloria!

Mario Benedetti:PEDRO Y EL CAPITÁN



Prólogo

El tema de Pedro y el Capitán lo pensé inicialmente como una novela, e incluso le había puesto título: El cepo. Recuerdo que en un reportaje que en 1974 me hizo el crítico uruguayo Jorge Ruffinelli, como él me preguntara sobre mis proyectos literarios de entonces, le hablé justamente de una eventual futura novela, llamada El cepo, y le dije, más o menos: "Va a ser una larga conversación entre un torturador y un torturado, en la que la tortura no estará presente como tal, aunque sí como la gran sombra que pesa sobre el diálogo. Pienso tomar al torturador y al torturado no sólo en la prisión o en el cuartel, sino mezclados con la vida particular de cada uno." Bueno, pues eso es en realidad Pedro y el Capitán.
Yo definiría la pieza como una indagación dramática en la psicología de un torturador. Algo así como la respuesta a por qué, mediante qué proceso, un ser normal puede convertirse en un torturador. Ahora bien, aunque la tortura es, evidentemente, el tema de la obra, como hecho físico no figura en la escena. Siempre he creído que, como tema artístico, la tortura puede tener cabida en la literatura o el cine, pero en el teatro se convierte en una agresión demasiado directa al espectador y, en consecuencia, pierde mucho de su posibilidad removedora. En cambio, cuando la tortura es una presencia infamante, pero indirecta, el espectador mantiene una mayor objetividad, esencial para juzgar cualquier proceso de degradación del ser humano.
La obra no es el enfrentamiento de un monstruo y un santo, sino de dos hombres, dos seres de carne y hueso, ambos con zonas de vulnerabilidad y de resistencia. La distancia entre uno y otro es, sobre todo, ideológica, y es quizá ahí donde está la clave para otras diferencias, que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ante el dolor humano, el complejo trayecto que media entre el coraje y la cobardía, la poca o mucha capacidad de sacrificio, la brecha entre traición y lealtad.
Otro aspecto a destacar es que la obra, de alguna manera, propone una relación torturador-torturado, que, aunque ha sido escasamente tocada por el teatro, se da frecuentemente en el ámbito de la verdadera represión, por lo menos en la que se practica en el Cono Sur. En Pedro y el Capitán los cuatro actos son meros intermedios, treguas entre tortura y tortura, son los breves períodos en que el interrogador "bueno" recibe al detenido, que ha sido previa y brutalmente torturado, y, en consecuencia, es de presumir que tiene las defensas bajas.
El torturado puede no ser sólo una víctima indefensa, condenada a la inevitable derrota o a la delación. También puede ser (y la historia reciente demuestra que miles de luchadores políticos la han encarado así) un hombre que derrota al poder aparentemente omnímodo, un hombre que usa su silencio casi como un escudo y su negativa casi como un arma, un hombre que prefiere la muerte a la traición. Pero aun para sostener esa actitud digna, entera, insobornable, el preso debe fabricarse sus propias verosímiles defensas y convencerse a sí mismo de su inexpugnabilidad. Cuando Pedro inventa la metáfora de que en realidad ya es un muerto, está sobre todo inventando una trinchera, un baluarte tras el cual resguardar su lealtad a sus compañeros y a su causa. En la obra hay dos procesos que se cruzan: el del militar que se ha transformado de "buen muchacho" en verdugo; el del preso que ha pasado de simple hombre común a mártir consciente. Pero quizá la verdadera tensión dramática no se dé en el diálogo sino en el interior de uno de los personajes: el Capitán.
No he querido representar en el preso a un militante de uno u otro sector político. La durísima represión ha abarcado virtualmente todo el espectro de la izquierda uruguaya, y hasta ha alcanzado a otros sectores de oposición, como pueden ser la Iglesia o los partidos tradicionales. Pedro es simplemente un preso político de izquierda que no delata a nadie, y que de algún modo humilla a su interrogador, venciéndolo mientras agoniza. Cada uno de los cuatro actos concluye con un no.
De más está decir que, aun en medio de la derrota que hoy sobrellevamos, no estoy por una literatura –y menos por un teatro– derrotista y lloriqueante, destinados a inspirar lástima y conmiseración. Tenemos que recuperar la objetividad, como una de las formas de recuperar la verdad, y tenemos que recuperar la verdad como una de las formas de merecer la victoria.








PEDRO Y EL CAPITÁN


Primera parte

Escenario despejado: una silla, una mesa, un sillón de hamaca o de balance. Sobre la mesa hay un teléfono. En una de las paredes, un lavabo, con jabón, vaso, toalla, etcétera. Ventana alta, con rejas. No debe dar, sin embargo, la impresión de una celda, sino de una sala de interrogatorios.
Entra PEDRO, amarrado y con capucha, empujado por presuntos guardianes o soldados, que no llegan a verse. Es evidente que lo han golpeado, que viene de una primera sesión –leve– de apremios físicos. PEDRO queda inmóvil, de pie, allí donde lo dejan, como esperando algo, quizá más castigos. Al cabo de unos minutos, entra el CAPITÁN, uniformado, la cabeza descubierta, bien peinado, impecable, con aire de suficiencia. Se acerca a PEDRO y lo toma de un brazo sin violencia. Ante ese contacto, PEDRO hace un movimiento instintivo de defensa.

CAPITÁN
No tengás miedo. Es sólo para mostrarte dónde está la silla.
Lo guía hasta la silla y hace que se siente. PEDRO está rígido, desconfiado. El CAPITÁN va hacia la mesa, revisa unos papeles, luego se sienta en el sillón.

CAPITÁN
Te golpearon un poco, parece. Y no hablaste, claro.

PEDRO guarda silencio.

CAPITÁN
Siempre pasa eso en la primera sesión. Incluso es bueno que la gente no hable de entrada. Yo tampoco hablaría en la primera. Después de todo no es tan difícil aguantar unas trompadas y ayuda a que uno se sienta bien. ¿Verdad que te sentís bien por no haber hablado?

Silencio de PEDRO.

CAPITÁN
Luego la cosa cambia, porque los castigos van siendo progresivamente más duros. Y al final todos hablan. Para serte franco, el único silencio que yo justifico es el de la primera sesión. Después es masoquismo. La cuenta que tenés que sacar es si vas a hablar cuando te rompan los dientes o cuando te arranquen las uñas o cuando vomites sangre o cuando... ¿A qué seguir? Bien sabés el repertorio, ya que constantemente ustedes lo publican con pelos y señales. Todos hablan, muchacho. Pero unos terminan más enteros que otros. Me refiero al físico, por supuesto. Todo depende de en qué etapa decidan abrir la boca. ¿Vos ya lo decidiste?

Silencio de PEDRO.

CAPITÁN
Mirá, Pedro..., ¿o preferís que te llame Rómulo, como te conocen en la clandestinidad? No, te voy a llamar Pedro, porque aquí estamos en la hora de la verdad, y mi estilo sobre todo es la franqueza. Mirá, Pedro, yo entiendo tu situación. No es fácil para vos. Llevabas una vida relativamente normal. Digo normal, considerando lo que son estos tiempos. Una mujercita linda y joven. Un botija sanito. Tus viejos, que todavía se conservan animosos. Buen empleo en el Banco. La casita que levantaste con tu esfuerzo. (Cambiando el tono.) A propósito, ¿por qué será que la gente de clase media, como vos y yo, tenemos tan arraigado el ideal de la casita propia? ¿Acaso ustedes pensaron en eso cuando se propusieron crear una sociedad sin propiedad privada? Por lo menos en ese punto, el de la casita propia, nadie los va a apoyar. (Retomando el hilo.) O sea, que tenías una vida sencilla, pero plena. Y de pronto, unos tipos golpean en tu puerta a la madrugada y te arrancan de esa plenitud, y encima de eso te dan tremenda paliza. ¿Cómo no voy a ponerme en tu situación? Sería inhumano si no la entendiera. Y no soy inhumano, te lo aseguro. Ahora bien, te aclaro que aquí mismo hay otros que son casi inhumanos. Todavía no los has conocido, pero tal vez los conozcas. No me refiero a los que anoche te dieron un anticipo. No, hay otros que son tremendos. Te confieso que yo no podría hacer ese trabajo sucio. Para ser verdugo hay que nacer verdugo. Y yo nací otra cosa. Pero alguien lo tiene que hacer. Forma parte de la guerra. También ustedes tendrán, me imagino, trabajos limpios y trabajos sucios. ¿Es así o no es así? Yo seré flojo, puede ser, pero prefiero las faenas limpias. Como esta de ahora: sentarme aquí a charlar contigo, y no recurrir al golpe, ni al submarino, ni al plantón, sino al razonamiento. Mi especialidad no es la picana sino el argumento. La picana puede ser manejada por cualquiera, pero para manejar el argumento hay que tener otro nivel. ¿De acuerdo? Por eso también yo gano un poco más que los muchachos eléctricos. (Se da un golpe en la frente, como sorprendido por su hallazgo verbal.) ¡Los muchachos eléctricos! ¿Qué te parece? ¿Cómo a nadie se le ocurrió antes llamarlos así?
Esta noche en el casino se lo cuento al coronel: él tiene sentido del humor, le va a gustar. (Calla un momento. Mira a PEDRO, que sigue inmóvil y callado.) Si estás cansado de la posición, podés cruzar la pierna. (PEDRO no se mueve.) Parece que optaste por la resistencia pasiva. El flaco Gandhi sabía mucho de eso. Pero una cosa eran los hindúes contra los ingleses y otra muy distinta son ustedes contra nosotros. La resistencia pasiva hoy en día no resulta, no resuelve nada. Es, cómo te diré, anacrónica. Desde que los yanquis –¿viste que digo yanquis, igual que ustedes?– impusieron su estilo tan eficaz de represión, la resistencia pasiva se fue al carajo. Ahora la cosa es a muerte. Por eso yo creo que, aun en esta primera etapa, no te conviene empecinarte. Fijate que ni siquiera me contestás cuando te pregunto algo. Eso no está bien. Porque, como habrás observado, yo no estoy aquí para maltratarte, sino sencillamente para hablar contigo. Vamos a ver, ¿por qué ese mutismo? ¿Será un silencio despreciativo? Pongamos que sí. Aquí, en esta guerra, todos nos despreciamos un poco. Ustedes a nosotros, nosotros a ustedes. Por algo somos enemigos. Pero también nos apreciamos otro poco. Nosotros no podemos dejar de apreciar en ustedes la pasión con que se entregan a una causa, cómo lo arriesgan todo por ella: desde el confort hasta la familia, desde el trabajo hasta la vida. No entendemos mucho el sentido de ese sacrificio, pero te aseguro que lo apreciamos. En compensación tengo la impresión de que ustedes también aprecian un poco la violencia que nos hacemos a nosotros mismos cuando tenemos que castigarlos, a veces hasta reventarlos, a ustedes que después de todo son nuestros compatriotas, y por añadidura compatriotas jóvenes. ¿Te parece que es poco sacrificio? También nosotros somos seres humanos y quisiéramos estar en casa, tranquilos, fresquitos y descansados, leyendo una buena novela policial o mirando la televisión. Sin embargo, tenemos que quedarnos aquí, cumpliendo horas extras para hacer sufrir a la gente, o, como en mi caso, para hablar con esa misma gente entre sufrimiento y sufrimiento. Mi tempo es el intermezzo, ¿viste? (Cambiando de tono.) ¿Te gusta la música, la ópera? Ya sé que no me vas a contestar... por ahora. (Retomando el hilo.) Pero lo que quería decirte es que sospecho que ustedes aprecian, no sé si consciente o inconsciente, la pasión que nosotros, por nuestra parte, también ponemos en nuestro trabajo. ¿Es así? (Por primera vez, el tono de la pregunta empieza a ser conminatorio. PEDRO no responde ni se mueve.) Decime un poco... A vos no tengo que explicarte las reglas del juego. Las sabés bien y hasta tengo entendido que reciben cursillos para enfrentar situaciones como esta que vivís ahora. ¿O no sabés que entre nosotros hay interrogadores "malos", casi bestiales, esos que son capaces de deshacer al detenido, y están también los "buenos", los que reciben al preso cuando viene cansado del castigo brutal, y lo van poco a poco ablandando? Lo sabés, ¿verdad? Entonces te habrás dado cuenta de que yo soy el "bueno". Así que de algún modo me tenés que aprovechar. Soy el único que te puede conseguir alivio en las palizas, brevedad en los plantones, suspensión de picana, mejora en las comidas, uno que otro cigarrillo... Por lo menos sabés que mientras estás aquí, conmigo, no tenés que mantener todos los músculos y nervios en tensión, ni hacer cálculos sobre cuándo y desde dónde va a venir el próximo golpe. Soy algo así como tu descanso, tu respiro. ¿Estamos? Entonces no creo que sea lo más adecuado que te encierres en ese mutismo absurdo. Hablando la gente se entiende, decía siempre mi viejo, que era rematador, o sea, que tenía sus buenas razones para confiar en el uso de la palabra. Te digo esto para que te hagas una composición de lugar y no te excedas en tus derechos, si no querés que yo me exceda en mis deberes. Puedo respetar el derecho que tenés a callarte la boca, aquí, frente a mí, que no pienso tocarte. Pero quiero que sepas que no estoy dispuesto a representar el papel de estúpido, dándote y dándote mi perorata, y vos ahí, callado como un tronco. Tampoco esperes imposibles de parte del "bueno". Sobre todo cuando el "bueno" conoce algunos pormenores de tu trayectoria. Pedro, alias Rómulo. Más aún –y para que no te autotortures además de lo que vayan a torturarte–, te diré que no tenés ninguna necesidad de hablar de Tomás ni de Casandra ni de Alfonso. La historia de esos tres la tenemos completita. No nos falta ni un punto ni una coma, ni siquiera un paréntesis. ¿Para qué te vamos a romper la crisma pidiéndote datos que ya tenemos y que además hemos verificado? Sería sadismo, y nosotros no somos sádicos, sino pragmáticos. En cambio, sabemos relativamente poco de Gabriel, de Rosario, de Magdalena y de Fermín. En alguno de estos casos, ni siquiera sabemos el nombre real o el domicilio. Fijate qué amplio margen tenés para la ayuda que podés prestarnos. Ahora, eso sí, para completar esas cuatro fichas, y como sabemos a ciencia cierta que vos sos en ese sentido el hombre clave, estamos dispuestos –no yo, en lo personal, digo nosotros como institución– a romperte no sólo la crisma, sino los huevos, los pulmones, el hígado, y hasta la aureola de santito que alguna vez quisiste usar, pero te queda grande. Como ves, pongo las cartas sobre la mesa. No podrás acusarme de retorcido ni de ambiguo. Ésta es la situación. Y como de alguna manera me caes simpático, te la digo bien claramente para que sepas a qué atenerte. O sea, que te tengo simpatía, pero no lástima ni piedad. Y por supuesto hay aquí, en esta unidad militar –que nunca sabrás cuál es–, gente que, por principio y sin necesidad de saber nada de vos, no te tiene simpatía, y es capaz de llevarte hasta el último límite. Y no sólo a vos. Ellos, los de la línea durísima, prefieren a veces traer a la esposa del acusado, y, cómo te diré, "perforarla" en su presencia, y hasta hay quienes son partidarios de la técnica brasileña de hacer sufrir a los niños delante de sus padres, sobre todo de su madre. Te imaginarás que yo no comparto esos extremos, me parecen sencillamente inhumanos, pero si vamos a ser objetivos, tenemos que admitir que tales extremos constituyen una realidad, una posibilidad, y no me sentiría bien si no te lo hubiera advertido y un día te encontraras con que algún orangután, como esos que anoche te dieron sus piñazos de introducción, violara frente a vos a esa linda piba que es tu mujercita. Se llama Aurora, ¿no? Seguro que en ese caso te quitarían la capucha. Son orangutanes, pero refinados. ¿Cuánto tiempo llevan de casados? ¿Es cierto que el último veintidós de octubre celebraste tus ocho años de matrimonio? ¿Le gustó a Aurora la espiguita de oro que le compraste en la calle Sarandí? ¿Y qué me contás si llegan a traer a Andresito y empiezan a amasijarlo en tu presencia? Esto último, como te decía, aún no ha sido aprobado como recurso, pero los asesores lo tienen a estudio, y, claro, siempre habrá alguno que tendrá que ser el pionero. Nunca estaré de acuerdo con esos procedimientos, porque confío plenamente en el poder de persuasión que tiene un ser humano frente a otro ser humano. Más aún, estimo que los muchachos eléctricos usan la picana porque no tienen suficiente confianza en su poder de persuasión. Y además consideran que el preso es un objeto, una cosa a la que hay que exprimir por procedimientos mecánicos, a fin de que largue todo su jugo. Yo, en cambio, nunca pierdo de vista que el detenido es un ser humano como yo. ¡Equivocado, pero ser humano! Vos, por ejemplo, así como estás, callado e inmóvil, podrías ser simplemente una cosa. Quizá lo que estás tratando es de cosificarte frente a mí, pero por quieto y mudo que permanezcas, yo sé que no sos un objeto, yo sé que sos un ser humano, y sobre todo un ser humano con puntos sensibles. Puntos sensibles que, claro, no poseen las cosas. (Pausa.) ¡Ya pensaste en los huevos, claro! Cuando alguien habla de puntos sensibles, es de cajón: las mujeres piensan en las tetas, y los hombres en los huevos. Un matiz que es muy importante no olvidar. Ya lo decía el pobre Mitrione, que se las sabía todas: "Dolor preciso, en el lugar preciso, en la proporción precisa elegida al efecto." Es claro que, desde el punto de vista de tus respetables convicciones, es bravo plantearse a sí mismo la mera posibilidad de hablar, de entregar datos, referencias. No es simpático que a uno lo acusen de traidor. Pero aquí hay un elemento que acaso vos ignores. Un tratamiento de los que dispensamos sólo a gente que nos cae bien, como vos, muchacho. Te damos la posibilidad de que nos ayudes y, sin embargo, no quedes mal con tus compañeros. ¿Qué te parece? A lo mejor creés que es imposible. Te parecerá vanidad de mi parte, pero para nosotros nada es imposible. ¿Querés que te lo explique? El plan tiene cuatro capítulos. Primero. Vos hablás, cuanto antes mejor, así no tenemos necesidad de amasijarte: nos decís todo, todito, acerca de Gabriel, Rosario, Magdalena y Fermín. Fijate que podíamos ponerte una lista con veinte nombres, y, sin embargo, de buenos que somos, incluimos sólo cuatro. Cuatro, ¿te das cuenta? Una bicoca. Segundo. Llevamos a cabo algunos procedimientos, de acuerdo a los informes que espontáneamente, ¿entendés?, espontáneamente, nos proporciones. Es claro que esos procedimientos nos sirven, entre otras cosas, para comprobar si efectivamente estás colaborando, o, por el contrario, querés tomarnos el pelo. No te aconsejo la segunda opción. Si, en cambio, confirmamos la primera, no te vamos a soltar enseguida, claro. Eso por tu bien, para que tus compañeros no sospechen. Dejamos pasar un tiempo prudencial y después te largamos. Lindo, ¿no? Tercero. Inventamos un documento en clave, o una lista de teléfonos, o cualquier otra cosa en la que nos pondríamos fácilmente de acuerdo, y hacemos público que la razzia se debió al descubrimiento fortuito de esa nómina o lo que sea, y sobre todo a nuestra capacidad deductiva, así de paso quedamos bien. Como ustedes lo tienen todo compartimentado, cada célula creerá que la lista proviene de otro berretín. Cuarto. Te soltamos por fin, y vos, cuando te juntes con los muchachos, les decís que negaste todo con tanta firmeza que nos convenciste de tu inocencia. ¿Qué te parece? (PEDRO sigue inmóvil.) Te advierto que no podés esperar, verosímilmente, una solución mejor que esta que te estoy proponiendo. Tené en cuenta que no se ha empleado nunca hasta ahora, de modo que las sospechas sobre vos no harán carrera. Más aún, tengo la impresión de que vas a salir favorecido en cuanto a prestigio y autoridad. Y de paso te librás de toda esa porquería. Sos muy joven para destruirte porque sí, para arruinarte. Podrías volver con Aurora y con el pibe. ¿No se te hace agua la boca? Aurora te recibiría como a un héroe, y, claro, al principio tendrías algún remordimiento, pero con una mujercita como la tuya los remordimientos se esfuman en la cama. Eso sí, tenés que responderme. Hasta ahora soporté que no dijeras nada. Pero pocos detenidos tienen el privilegio de recibir una propuesta tan generosa. ¿Por qué me habrás caído tan bien? De manera que tenés que responderme. Para que vos y yo sepamos a qué atenernos. Concretemos, pues; frente a esta propuesta, ¿estás dispuesto a hablar, estás dispuesto a darnos la información que te pedimos? (Se hace un largo silencio. PEDRO sigue inmóvil. El CAPITÁN sube el tono.) ¿Estás dispuesto a hablar? (La capucha de PEDRO se mueve negativamente.)


Segunda parte

El mismo escenario, desierto.
Pasados unos minutos, PEDRO (siempre amarrado y con capucha) es nuevamente arrojado a escena, como en la escena anterior, pero con más violencia. Ahora está más deteriorado. Es evidente que el castigo sufrido ha sido severo. PEDRO busca a tientas la silla. Por fin la encuentra y a duras penas se sienta. De vez en cuando sale de su boca un ronquido apenas audible.
Entra el CAPITÁN: igual aspecto y vestimenta que en la escena anterior. Observa detenidamente a PEDRO, como haciendo inventario de sus nuevas magulladuras y heridas.

CAPITÁN (todavía de pie, con las piernas abiertas y los brazos cruzados)
¿Viste? Ya empezó el crescendo. No podrás decir que no te lo advertí. ¡Miró que son bestias estos subordinados! Y hay que dejarlos hacer. De lo contrario, capaz que nos revientan a nosotros. (Pausa.)
¿Te lo creíste? No, lo digo en broma. Pero la verdad es que hay más de un oficial que les tiene miedo. (Pausa.) ¿Y qué tal? Te dejé tiempo para que lo pensaras. ¿Lo pensaste? (Silencio e inmovilidad de PEDRO.) Te advierto una cosa. No creas que vamos a seguir todo un semestre en esta situación, digamos estancada. Por un lado, no creo que tu físico vaya a aguantar mucho tiempo. No sos lo que se dice un atleta. No me refiero a mis preguntas, claro, sino a los muchachos eléctricos. (Cambiando de tono.) A propósito, mi broma le hizo mucha gracia al coronel. No sólo se rió, sino que me dijo: "CAPITÁN, tenemos que cuidar que no haya un solo apagón." El chiste no es bueno, pero me reí, qué iba a hacer. (Retomando el hilo.) ¿Qué te estaba diciendo? Ah, sí, que estábamos estancados. Por mi parte, quiero salir de este estancamiento. Me imagino que vos también. Por eso he decidido introducir un elemento nuevo en la situación. (Pausa.) ¿No te pica la curiosidad? ¿Qué será, eh? ¿Un testigo? ¿Alguien que ya te delató? (Nueva pausa, destinada a crear expectativa.) No, nada de eso. El nuevo elemento van a ser tus ojos. Quiero que veas y que yo pueda ver cómo ves. (Se acerca a PEDRO y de un tirón le quita la capucha. PEDRO tiene la cara con heridas y huellas de golpes: abre y cierra varias veces los ojos encandilados.) Bueno, bueno. (Sonríe.) Mucho gusto. Es mejor vernos las caras, ¿no? Nunca me ha gustado dialogar con una arpillera. Hay algunos colegas que no quieren que el detenido los vea. Y alguna razón tienen. El castigo genera rencores, y uno nunca sabe qué puede traernos el futuro. ¿Quién te dice que algún día esta situación se invierta y seas vos quien me interrogue? Si eso llegara a ocurrir, te prometo colaborar un poco más que vos. Pero no va a ocurrir, no te ilusiones. Hemos tomado todas las precauciones para que no ocurra. Por otra parte, a mí no me preocupa que conozcas mi cara. Lo más que podrás achacarme es que estuve preguntando y preguntando, pero eso no genera rencor, creo. ¿O lo genera? (Pausa.) Así, sin capucha, te es un poco más difícil hablar, ¿verdad?

PEDRO
Sí.

CAPITÁN
¡Caramba! Primer monosílabo. Toda una concesión. ¡Bravo!

PEDRO (tiene cierta dificultad al hablar, debido a la hinchazón de la boca)
Quiero aclararle que el hecho de que usted no participe directamente en mi tortura, no garantiza que no lo odie, ni siquiera que lo odie menos.

CAPITÁN (se sorprende un poco, pero reacciona)
Está bien. Me gusta el juego limpio.

PEDRO
No. No le gusta. Pero no importa. Quiero decirle, además, que con capucha no abrí la boca porque hay un mínimo de dignidad al que no estoy dispuesto a renunciar, y la capucha es algo indigno.

CAPITÁN (después de un silencio)
Eso del odio, ¿por qué lo dijiste?

PEDRO
¿Por qué lo dije?

CAPITÁN
Sí. Puedo comprender que lo sientas. En cambio, no puedo comprender que me lo digas así, descaradamente. Aquí soy yo el que está arriba, y vos sos el que está abajo. ¿O te olvidaste?

PEDRO
No, no me olvidé

CAPITÁN
Y mostrar odio, genera odio.

PEDRO
Claro.

CAPITÁN
Te advierto que no voy a entrar en ese juego. Soy cristiano, pero no acostumbro a poner la otra mejilla.

PEDRO
Por supuesto. El que las pongo soy yo, y mire cómo las tengo. Las mejillas y la espalda y las piernas y las uñas.

CAPITÁN
Y mañana los huevos.

PEDRO
Si usted lo dice.

CAPITÁN
Lo digo, lo ordeno y otros lo cumplen. ¿Qué te parece? (Gesto de PEDRO. El CAPITÁN suelta una risita nerviosa.) De todas maneras, te aconsejo que no me provoques, soy de pocas pulgas, ¿sabés?

PEDRO
Lo sé. Quizá yo sepa más de usted que usted de mí.

CAPITÁN (con ironía)
¡No me digas!

PEDRO
Sí le digo. En su afán de extraerme lo que sé y lo que no sé, usted no advierte que se va mostrando tal cual es.

CAPITÁN
¿Y cómo soy?

PEDRO
Bah...

CAPITÁN
Me parece que te pregunté cómo soy.

PEDRO
Sí, ya sé. Pero es absurdo. Me mete en cana, hace que me revienten, y encima exige que le sirva de analista. ¡Eso no!

CAPITÁN
Después de todo, ya me imagino cómo soy.

PEDRO
Entonces estoy de acuerdo con ese autodiagnóstico.

CAPITÁN
¿Y si me imagino noble y digno?

PEDRO
¿Sabe lo que pasa? Usted no puede venderse a sí mismo un tranvía. (Pausa muy breve.) No se puede imaginar noble y digno.

CAPITÁN (gritando)
¡Callate!

PEDRO
¿Cómo? ¿No quería que hablara? Y ahora que me decido a hablar...

CAPITÁN (más bajo, pero concentrado)
Callate, estúpido.

PEDRO
Está bien.

CAPITÁN (al cabo de un rato, más calmo, como si recapacitara)
Después de todo, a lo mejor no me considero noble y digno. Pero ¿a quién le importan mi nobleza y mi dignidad? ¿Eh? ¿A quién?

PEDRO
Deberían importarle a usted. Lo que es a mí...

CAPITÁN
¿Eso también está en las instrucciones? ¿Establecer una distancia sanitaria con el interrogador?

PEDRO
Es usted quien establece la distancia. ¿Cómo puede haber comunicación, aproximación, diálogo, etcétera, entre un torturado y su torturador?

CAPITÁN (con cierta alarma)
Yo ni siquiera te he tocado.

PEDRO
Sí, ya sé; es el "bueno". Pero ¿es que aquí hay "buenos" y "malos"? ¿Usted no será como el mastodonte que me hace el submarino, como la bestia que me aplica la picana? ¿El mismo engranaje, la misma máquina? ¿Acaso usted mismo puede creer que hay diferencia?

CAPITÁN
Te estás pasando de insolente.

PEDRO
Entonces vuelvo a callarme.

CAPITÁN (después de un silencio)
¿Y no quisieras preguntarme nada?

PEDRO (sorprendido)
¿Preguntar yo?

CAPITÁN
Sí, preguntar vos.

PEDRO
¿De qué se trata? ¿Una nueva técnica post Mitrione?

CAPITÁN
A lo mejor.

PEDRO (recapacitando)
Bueno, voy a preguntarle: ¿tiene familia?

CAPITÁN (a su vez sorprendido)
¿Y a vos qué te importa?

PEDRO
Como importarme, nada. A quien debe importarle, si la tiene, es a usted.

CAPITÁN
¿Me estás amenazando?

PEDRO
¡Eso se llama deformación profesional! Ustedes, cuando se acuerdan de la familia de uno, es siempre para amenazar.

CAPITÁN
Y entonces ¿para qué querés saber?

PEDRO
Porque si tiene padres, mujer e hijos, debe ser jodido para usted cuando vuelve a casa.

CAPITÁN (gritando)
¿Qué decís?

PEDRO
Me explico: que para usted debe ser jodido, después de interrogar a un recién torturado, darle un besito a su mujer o a su hijo, si lo tiene.

El CAPITÁN se levanta de un salto, perdida toda compostura, y le da a PEDRO un puñetazo en la boca.

PEDRO (trata de mover los labios, y habla con más dificultad que antes)
Menos mal que usted es el bueno.

CAPITÁN
Todo tiene su límite.

PEDRO
Se va a arruinar, CAPITÁN. No olvide que el "bueno" no puede ni debe propinar piñazos a un hombre amarrado. (Pausa.) De todas maneras, le comunico que no puede competir con sus colegas de la noche. Ellos lo hacen muchísimo mejor. Y es lógico. Lo que ellos hacen eléctricamente, usted lo hace a tracción a sangre. Así no se puede competir.

CAPITÁN
Dije basta.

PEDRO
¿No lo reñirán cuando se den cuenta de que perdió la calma? Violó las normas, CAPITÁN.

CAPITÁN (hablando entre dientes) Mirá, mocoso, callate.

PEDRO
No le gustó lo de la familia, ¿eh? Primero: quiere decir que la tiene. Segundo: que no es tan insensible.

CAPITÁN (más calmo)
¿Vas a hablar entonces?

PEDRO
Estoy hablando, ¿no?

CAPITÁN
Sabés a qué me refiero.

PEDRO
CAPITÁN
No saque conclusiones descabelladas.

CAPITÁN (desorientado)
Pero ¿por qué?, ¿por qué? (Gesto de PEDRO.) ¿No te das cuenta, cretino, de que te están utilizando? ¿No te das cuenta de que otros ponen las ideas y vos ponés la cara?

PEDRO
Está bien esa frase. ¿De dónde la sacó? (Pausa.) Incluso a veces puede ser cierta.

CAPITÁN
¿Y entonces?

PEDRO
Entonces, nada. Lo esencial no es el defecto individual...

CAPITÁN (concluyendo la frase)
... sino la voluntad colectiva. Párrafo siete, inciso (a), de la declaración interna que analizaron ustedes en agosto.

PEDRO
Y si conocen la declaración de agosto, ¿para qué toda esta farsa?

CAPITÁN
Una cosa es la declaración, y otra sos vos.

PEDRO
O sea, que tenemos un soplón.

CAPITÁN
¿Por qué no? ¿Qué esperabas?

PEDRO
¿Y cómo es que no les dijo todo sobre Gabriel, Rosario, Magdalena y Fermín?

CAPITÁN
Porque no lo sabe.

PEDRO
Ah.

CAPITÁN
En cambio, sí sabía de vos y por eso caíste. Y además nos dijo que vos sí sabías sobre los otros cuatro.

PEDRO
Ah.

CAPITÁN (después de un largo silencio)
Decime un poco, ¿vos sabrás lo que te espera?

PEDRO
Me lo imagino.

CAPITÁN
Tal vez sea bastante peor de lo peor que imaginás Diariamente hacemos progresos.

PEDRO
Lo que imagino siempre es peor.

CAPITÁN
Pero ¿qué sos?, ¿un suicida?

PEDRO
Nada de eso. Me gusta bastante vivir.

CAPITÁN
¿Vivir reventado?

PEDRO
No, vivir simplemente.

CAPITÁN
Yo te ofrezco que vivas, simplemente

PEDRO
No, simplemente no. Usted me ofrece que viva como un muerto. Y antes que eso prefiero morir como un vivo.

CAPITÁN
Bah, frases.

PEDRO
Se la dije a propósito. Pensé que le gustaban. Ustedes, cuando dicen un discurso, hablan siempre en bastardilla.

CAPITÁN (después de un silencio)
Antes me preguntaste por la familia. Sí, tengo mujer y un casalito. El varón, de siete años; la niña, de cinco. Es cierto que a veces, cuando llego del trabajo, es difícil enfrentarlos. Aquí no torturo, pero oigo demasiados gemidos, gritos desgarradores, bramidos de desesperación. A veces llego con los nervios destrozados. Las manos me tiemblan. Yo no sirvo demasiado para este trabajo, pero estoy entrampado. Y entonces encuentro una sola justificación para lo que hago: lograr que el detenido hable, conseguir que nos dé la información que precisamos. Es claro que siempre prefiero que hable sin que nadie lo toque. Pero ese ejemplar ya no se da, ya no viene. Las veces que conseguimos algo, es siempre mediante la máquina. Es lógico que uno sufra de ver sufrir. Dijiste que no era insensible, y es cierto. Entonces, fijate, la única forma de redimirme frente a los niños, es ser consciente de que por lo menos estoy consiguiendo el objetivo que nos han asignado: obtener información. Aunque a ustedes tengamos que destruirlos. Es de vida o muerte. O los destruimos o nos destruyen. Vida o muerte. Vos metiste el dedo en la llaga cuando mencionaste mi familia. Pero también me hiciste recordar que de cualquier manera tengo que hacerte hablar. Porque sólo así me sentiré bien ante mi mujer y mis hijos. Sólo me sentiré bien si cumplo mi función, si alcanzo mi objetivo. Porque de lo contrario seré efectivamente un cruel, un sádico, un inhumano, porque habré ordenado que te torturen para nada, y eso sí es una porquería que no soporto.

PEDRO (lo mira con cierta curiosidad, con un interés casi científico, como quien examina una especie extinguida) ¿Algo más?

CAPITÁN
Sí, una pregunta. Es la misma de antes, pero aspiro a que ahora la entiendas mejor, confío en que te des cuenta de toda la vida que pongo detrás de ella. ¿Vas a hablar?

PEDRO (todavía estupefacto ante la perorata del CAPITÁN, pero sin perder nada de su fuerza) No, CAPITÁN.


Tercera parte

El mismo escenario.
El CAPITÁN está en el sillón, meciéndose como ensimismado. Ha perdido la compostura y el atildamiento de las escenas anteriores. Está despeinado, se ha desabrochado la camisa y tiene floja la corbata. Se inclina sobre la mesa y descuelga el tubo del teléfono.

CAPITÁN
¡Tráiganlo! (Cuelga.)

Otra vez vuelve a mecerse en el sillón. A veces parece respirar con dificultad. Transcurren varios minutos. Se oyen ruidos cercanos. PEDRO es arrojado en la habitación. Tiene capucha. La ropa está desgarrada y con abundantes manchas de sangre. Queda tendido en el suelo, inmóvil. El CAPITÁN se le acerca. Sin quitarle la capucha, lo examina, ve sus múltiples heridas y contusiones. Cuando le toma un brazo, se oye un ronco quejido. Entonces lo suelta. Parece desorientado y se aleja de aquel cuerpo.

CAPITÁN
¡Pedro!

El cuerpo no responde, pero trata de moverse.
El CAPITÁN vuelve a acercarse, y esta vez lo sostiene con fuerza y lo lleva hasta la silla. Pero el cuerpo de PEDRO se inclina hacia un costado. El CAPITÁN lo sostiene y vuelve a acomodarlo. Cuando comprueba que por fin tiene estabilidad, regresa a su sillón y de nuevo se mece. Debajo de la capucha empiezan a oírse ciertos sonidos, pero al principio no se distingue si se trata de risa o de llanto. El cuerpo se sacude. El CAPITÁN suspende su balanceo, y espera, tenso. Pero el ruido sigue, confuso, ambiguo. Entonces se pone de pie, va hacia PEDRO, y de un tirón le quita la capucha. Sólo entonces se hace evidente que PEDRO ríe. Con un rostro totalmente deformado y tumefacto, pero ríe.

CAPITÁN
¿De qué te ríes, estúpido?

PEDRO (como si el CAPITÁN no le hubiera hablado)
Y en plena sesión de picana, sobrevino el apagón, ese mismo apagón que previó su maldito coronel. Y pobres, los mastodontes no sabían qué hacer, porque sin corriente no son nada. Y estaba aquella muchacha con la picana en la vagina, y cuando vino el apagón no sé cómo les pudo dar una patada. Y el bestia prendió un fósforo, pero la picana (ríe) no marcha a fósforos. (Ríe a carcajadas.) No marcha a fósforos. (A partir de este momento y durante casi toda la escena, PEDRO dará la impresión de alguien que delira, o quizá, de alguien que simula estar delirando. Es importante que se mantenga esta ambigüedad.) Quedaba la pileta, claro, con su agüita de mierda y sus soretes boyando, pero es difícil hacerlo a oscuras. La pileta no es eléctrica, claro, pero a veces le dan su correntina. Y no es confortable hacerlo en mitad de un apagón. A oscuras no puede saberse cuándo el tipo no da más. El doctor precisa buena iluminación para diagnosticar la proximidad del paro cardíaco. Así hubo que suspender la sesión.

CAPITÁN
Pedro.

PEDRO
Me llamo Rómulo.

CAPITÁN
No, te llamás Pedro.

PEDRO
A lo sumo Rómulo, alias Pedro.

CAPITÁN
No me confundas. Pedro, alias Rómulo.

PEDRO
Nada.

CAPITÁN
¿Qué?

PEDRO
Nada, no tengo nombre ni alias. Nada.

CAPITÁN
Pedro.

PEDRO
Pedro Nada. Nada es mi apellido paterno. ¿No lo sabía, CAPITÁN? Se lo estoy revelando en este preciso instante. ¿No llama al taquígrafo? Es una declaración importante. ¿O tiene puesto el grabador? Pedro Nada. Y mi apellido materno es Más. O sea, completito: Pedro Nada Más. (Ríe dificultosamente.)

CAPITÁN (espera que concluya la risa de PEDRO) ¿Qué te pasa?

PEDRO
Como pasarme, pasarme, nada importante. Estoy en la muerte, y chau. Pero a esta altura la muerte no me importa.

CAPITÁN
Estás vivo. Y podés estar más vivo aún.

PEDRO
Se equivoca, CAPITÁN. Estoy muerto. Estamos como quien dice en mi velorio.

CAPITÁN
No te hagas el delirante. Conmigo no va ese teatro.

PEDRO
No es teatro, CAPITÁN. Estoy muerto. No sabe qué tranquilidad me vino cuando supe que estaba muerto. Por eso ahora no me importa que me apliquen electricidad, o me sumerjan en la mierda, o me tengan de plantón, o me revienten los huevos. No me importa porque estoy muerto y eso da una gran serenidad, y hasta una gran alegría. ¿No ve que estoy contento?

CAPITÁN
Sos el primer muerto que habla como un loro.

PEDRO
Muy bien, CAPITÁN, excelente: se dio cuenta de la contradicción. Se está entrenando para la dialéctica, ¿eh? Estoy muerto y hablo como un loro. ¡Bravo, CAPITÁN! ¿Quién hubiera dicho que iba a llegar a tan brillante conclusión? ¡Bravísimo! Pido que conste en la grabación mi voluntad de aplaudir; no mis aplausos, claro, porque estoy amarrado. (Pausa.) Le debo una explicación. Quiero decir que estoy técnicamente muerto, pero todavía funciono como cuerpo, es decir, hago pichí, me hago caca. No diría que eructo, porque como me matan a hambre, no tengo prácticamente nada para eructar. Ahora bien, digo que estoy técnicamente muerto porque no me van a extraer ni un solo numerito de teléfono, ni siquiera el número de mi camisa, y, en consecuencia, me van a seguir dando y dando. Y este cuerpito frágil ya aguanta poco más, muy poco más. Como usted bien observó, CAPITÁN, no soy un atleta. Y como me van a seguir dando y dando, bueno, por eso estoy muerto, técnicamente muerto. ¿Entendió, CAPITÁN? No sabe qué tranquilidad me vino cuando me di cuenta. Todo cambió. Por ejemplo a usted le tenía odio, y se lo dije, y, en cambio, dado que estoy muerto, ahora le tengo lástima. Siento que por primera vez les saqué una ventaja considerable. casi diría inconmensurable.

CAPITÁN
No estés tan seguro. ¿Cómo sabés hasta dónde aguantarás? Eso sólo se sabe cuando llega el momento. Aguantaste hasta ahora. Pero ya te dije antes que no hemos llegado al máximo: que todos los días descubrimos algo nuevo.

PEDRO
Reconozco que ésa era la preocupación que tenía cuando estaba vivo: hasta dónde podría aguantar. Porque cuando uno está vivo, quiere seguir viviendo, y eso es siempre una tentación peligrosa. En cambio, la tentación se acaba cuando uno sabe que está muerto.

CAPITÁN
¿Y el dolor?

PEDRO
Es cierto: el dolor. Qué importante es el dolor cuando uno está vivo. Pero qué poquito significa cuando uno está muerto.

CAPITÁN
Vos no estás muerto, carajo. (Pausa.) Pero a lo mejor estás loco.

PEDRO
Le hago una concesión, CAPITÁN: loco, pero muerto.

CAPITÁN
O te pasás de vivo.

PEDRO
¡Otra observación sagaz, CAPITÁN! Porque nadie se puede pasar de muerto.

CAPITÁN (impaciente)
¡Pedro!

PEDRO
Pedro Nada Más.

CAPITÁN
¡Me cago en tu nombre completo!

PEDRO
Le comunico que se ha cagado usted en un cadáver, y eso, en cualquier parte del mundo y bajo cualquier régimen, constituye una falta de respeto.

CAPITÁN (tratando de llevar el diálogo a un cauce más normal)
Tenés que hablar, Pedro. Te soy franco: te he tomado simpatía. No quiero que te revienten.

PEDRO
Ya me reventaron, CAPITÁN. Su rapto de bondad llegó tarde. ¡Cuánto lo lamento! Ya no tengo hígado, y es probable que no tenga huevos. Por las dudas, no me he fijado.

CAPITÁN
No quiero que te destruyan.

PEDRO
¿Por qué habla en tercera persona plural?

CAPITÁN
No quiero que te destruyamos.

PEDRO
Así está mejor. ¿No le gustan las ruinas? Digamos Pompeya, Herculano, Machu Picchu, Pedro Nada Más, etcétera.

CAPITÁN
Callate, tarado.

PEDRO
Los que se callan son los vivos. ¿Se acuerda, CAPITÁN, cómo me callaba cuando estaba vivo? Pero los muertos podemos hablar. Con la poquita lengua, la apretada garganta, los cuatro dientes, los labios sangrantes, con ese poco que ustedes nos dejan, los muertos podemos hablar. (Pausa.) De su familia, por ejemplo.

CAPITÁN
¿Otra vez? ¿Por qué no hablamos de la tuya?

PEDRO
O de la mía, ¿por qué no?

CAPITÁN
De tu mujer.

PEDRO
De mi viuda, dirá. En realidad, Aurora...

CAPITÁN (tajante)
Alias Beatriz.

PEDRO queda en silencio. La cabeza le cae sobre el pecho.

CAPITÁN (sonríe)
¿Cómo? ¿No estabas muerto? Parece que todavía tenés reflejos.

PEDRO sigue inmóvil, siempre con la cabeza caída hacia adelante.

CAPITÁN
Aurora, alias Beatriz. ¿No te había dicho que todos los días ponemos cartas sobre la mesa?

PEDRO va de poco a poco levantando cabeza, pero ahora su mirada está como perdida en algún punto lejano. Empieza a hablar en tono muy bajo, casi un susurro, y luego de a poco va subiendo la voz.

PEDRO
Cuando yo era chico, soñaba con el mar. Ahora que tengo doce años, prefiero verlo. Nicolás dice que no es mar. Nicolás...

CAPITÁN (acotando)
Alias Esteban...

PEDRO
... dice que es río. Pero en los ríos se ve siempre la otra orilla y aquí no. Y además no son salados. Y éste es salado. Así que yo lo llamo mar. Lo llamo mar. Y cuando lo llamo, hundo los pies en la arena, y la arena se mete entre mis dedos. Me hace cosquillas.

CAPITÁN (como contagiado por PEDRO, él también se transfigura. Uno y otro van hablando alternativamente, sin dialogar. En realidad, son dos monólogos cruzados) Yo tenía que darle una rosa. No sé por qué, pero tenía. Ella venía con su madre y su prima. Ella venía y yo la miraba, pero yo tenía que darle una rosa. Y una tarde la robé del jardín de la embajada, y el policía me corrió y dijo botija de mierda y me corrió, pero yo corrí más y me vino asma. Pero cuando llegué al parque, cuando llegué a la fuente, ya me había pasado el asma, aunque igual me saltaba el corazón, y entonces me acerqué y le di la rosa y ella primero me miró sorprendida, luego pestañeó y enseguida arrojó la rosa al agua de la fuente.

PEDRO
Yo quería ser vagabundo y a los trece me fui de casa. Y caminé toda la mañana y me sentía eufórico, libre, feliz. Y como tenía en el bolsillo un vuelto que era de mamá, al mediodía me compré dos especiales de jamón y queso, y una malta. Y a la tarde, debido al sol tan fuerte, me quedé dormido en un banco de la plaza, y sólo me desperté con la sirena de los bomberos. Pero ellos pasaron de largo y yo caminé y caminé, con perros siguiéndome y sin perros, y entonces me empezaron a doler las rodillas y se encendieron los faroles de la calle, y cuando estaba a punto de llorar me vio mamá desde la vereda de enfrente y gritó mijito y ahí terminó mi carrera de vago.

CAPITÁN
Andrés me seguía a todas partes porque me odiaba, y yo percibía ese odio tan intensamente que no podía menos que odiarlo yo también. Y un día no pude más y me di vuelta, y lo enfrenté, y entonces él también se dio vuelta y salió disparando. Y entonces yo empecé a seguirlo y nos odiábamos intensamente, pero él nunca se dio vuelta ni me enfrentó.

PEDRO
Venía todas las tardes a la biblioteca, y se sentaba a estudiar matemáticas. Yo estudiaba historia, pero en realidad no estudiaba nada porque me pasaba mirándola de reojo y tratando de investigar si ella también me miraba de reojo, pero nunca coincidíamos en las investigaciones, así que pasamos todo un trimestre mirándonos si mirábamos. Hasta que una tarde Aurora...

CAPITÁN
... alias Beatriz...

Aunque el CAPITÁN lo dijo mecánicamente, es como si así se rompiera un sortilegio.

PEDRO
Está bien, usted lo sabe todo, CAPITÁN, pero eso no va a impedir que yo esté muerto. Y también sé algo más. Por ejemplo, que ustedes saben que ella no sabe, pero imaginan que yo sé.

CAPITÁN
Igual podemos traerla.

PEDRO
Razón de más para estar muerto. Cuanto antes mejor. Los muertos no somos chantajeables.

CAPITÁN (después de una pausa larga)
¿Por qué será que me caés bien a pesar de las sandeces que decís?

PEDRO
¿Será que le gustan las sandeces?

CAPITÁN
No, no es eso. Lo que pasa es que usted... (Se interrumpe, sorprendido, da unos pasos en la habitación.) ¿Usted? ¿Y ahora por qué, así de repente, dejé de tutearlo? (Por primera vez PEDRO sonríe.) No, no se ría. Sentí de pronto que debía tratarlo de usted. Nunca me había pasado eso.

PEDRO (siempre sonriendo)
No te preocupes. En compensación, yo voy a tutearte.

CAPITÁN (asiente con la cabeza)
Está bien. Me parece justo.

PEDRO (casi gozoso)
¿Arrancamos?

CAPITÁN
Claro.

PEDRO
Empezá vos

CAPITÁN
No, empiece usted.

PEDRO
¿Ya te dije que estoy muerto? Ah, sí, te lo dije cuando aún no te tuteaba. Bien, pero antes de irme de este barrio, quisiera desentrañar algo que para mí es un misterio.

CAPITÁN
Ah. Y yo ¿qué tengo que ver?

PEDRO
Tenés que ver, cómo no. Quiero desentrañar el misterio de cómo un hombre puede, si no es un loco, si no es una bestia, convertirse en un torturador. (Pausa.) Fijate que estoy muerto, o sea, que no lo voy a contar a nadie. Es para mí nomás.

CAPITÁN (hablando lentamente) Yo no soy eso.

PEDRO
¿Ah no?

CAPITÁN
Ya se lo expliqué.

PEDRO
Pero a mí no me importa tu explicación. Vos sabés que lo sos. (Pausa.) A ver, contame cómo sucedió eso. ¿Trauma infantil? ¿Convicción profunda? ¿Enajenación pasajera? ¿Preparación en Fort Gulick?

CAPITÁN (encogiéndose de hombros)
Bueno, soy anticomunista.

PEDRO
Sí, me lo imagino. Pero no alcanza como explicación. En el mundo hay millones de anticomunistas que no son torturadores. El Papa, por ejemplo.

CAPITÁN
No todos se realizan. (Ríe, como si lo dicho fuera broma.)

PEDRO
De acuerdo, no todos se realizan. Pero vos, ¿por qué te realizaste?

CAPITÁN
Es una historia larga y lenta. Ningún trauma infantil. No todo lo malo sucede en la vida debido a traumas de infancia. Más bien un pequeño cambio tras otro pequeño cambio. Ninguna convicción profunda. Más bien una pequeña tentación tras otra pequeña tentación. Económicas o ideológicas, poco importa. Y todo de a poquito. Es cierto que el último impulso me lo dieron en Fort Gulick. Allí me enseñaron con breves y soportables torturitas que sufrí en carne propia, dónde residen los puntos sensibles del cuerpo humano. Pero antes me enseñaron a torturar perros y gatos. Antes, antes, siempre hay un antes. Es algo paulatino. No crea que de pronto, como por arte de magia, uno se convierte de buen muchacho en monstruo insensible. Yo no soy un monstruo insensible, no lo soy todavía, pero, en cambio, ya no me acuerdo de cuándo era buen muchacho. (Pausa.) ¿Y por qué le cuento todas estas cosas? ¿Por qué hago de usted mi confidente?

PEDRO
Siempre es tarde cuando la dicha es mala.

CAPITÁN
Las primeras torturas son horribles, casi siempre vomitaba. Pero la madrugada en que uno deja de vomitar, ahí está perdido. Porque cuatro o cinco madrugadas después empieza a disfrutar. Usted no va a creerme...

PEDRO
Yo te creo todo, no te preocupes.

CAPITÁN
No, usted no va a creerme, pero una noche en que estábamos picaneando a una muchacha, no demasiado linda, picaneándola, ¿se da cuenta?

PEDRO
Claro que me doy cuenta. Y ella gritaba enloquecida y se agitaba y se agitaba... (Se detiene.)

PEDRO
¿Y qué?

CAPITÁN
No va a creerme, pero de pronto me di cuenta de que yo tenía una erección. Nada menos que una erección, en esas circunstancias. ¿No le parece horrible?

PEDRO
Sí, me parece.

CAPITÁN
Y lo peor fue que al día siguiente, al acostarme con mi mujer, no podía... y empecé a ponerme nervioso... y no conseguía...

PEDRO
Pero al final lo lograste, ¿verdad?

CAPITÁN
Sí, ¿cómo lo sabe?

PEDRO
Siempre se logra.

CAPITÁN
Pero yo sólo lo conseguí cuando puse toda mi fuerza evocativa en la muchacha de la víspera, que no era demasiado linda. ¿No es espantoso? Sólo logré funcionar con mi mujer cuando me acordé de la muchacha que se retorcía porque la picaneábamos. ¿Cómo se llama eso? Debe tener una denominación científica.

PEDRO
El nombre es lo de menos.

CAPITÁN
Es por eso que no puedo volver atrás, es por eso que no puedo ceder. Es por eso que tengo que hacer que hable. Ya anduve demasiado trecho por este camino. ¿Comprende ahora? ¿Comprende por qué va a tener que hablar?

PEDRO
Comprendo que vos querés que yo comprenda.

CAPITÁN
Por eso tuve que tratarlo de usted. Porque si lo seguía tuteando, no iba a poder.

PEDRO
¿Querés que te diga una cosa? De ninguna manera vas a poder, CAPITÁN. Ni tratándome de usted, ni de tú, ni de vos, ni de su señoría. ¿Ves? Ésa es la ventaja que tiene el no. Siempre es no, y nada más que no. ¿Oíste bien, CAPITÁN? ¡No! ¿Oyó, CAPITÁN? ¡No! ¿Habéis oído, CAPITÁN? ¡No!


Cuarta parte

El mismo escenario.

Sobre el piso está PEDRO, o por lo menos el cuerpo de PEDRO, inmóvil, con capucha. Al cabo de un rato empiezan a oírse quejidos muy débiles. Entra el CAPITÁN, sin chaqueta y sin corbata, sudoroso y despeinado.

CAPITÁN
Ah, lo trajeron antes de tiempo. (Toca el cuerpo con un pie.) Pedro. (El cuerpo no da señales de vida.) Vamos, Pedro, tenemos que trabajar. (Va hacia el lavabo, moja la toalla, la exprime un poco, se acerca al cuerpo tendido, se inclina sobre él, le quita la capucha, y queda evidentemente impresionado ante el calamitoso estado del rostro de PEDRO. Se sobrepone, sin embargo, y empieza a limpiarle las heridas de la cara con la toalla un poco húmeda. Lentamente, PEDRO empieza a moverse.) Pedro.

PEDRO
¿Ah? (Abre un ojo, pero parece no reconocer al CAPITÁN.)

CAPITÁN
¿Qué pasa? ¿Se siente mejor?

PEDRO
¿Ah?

CAPITÁN
Pedro, ¿me reconoce?

PEDRO (balbuceando) Desgracia... damente... sí.

El CAPITÁN ayuda a PEDRO a instalarse en la silla, pero el preso no puede sostenerse. Esta vez sí lo han destruido. El CAPITÁN se quita su cinturón y con él sujeta a PEDRO al respaldo de la silla, a fin de que no se derrumbe.
De a poco PEDRO se va reanimando, pero visiblemente está acabado. De todos modos, siempre habrá una contradicción entre la relativa vitalidad que aún muestra su rostro y el derrengado aspecto de su físico.

PEDRO
¿Así que el CAPITÁN?

CAPITÁN
Claro. ¡Cómo le dieron esta vez! ¡Lo reventaron, Pedro, qué barbaridad!

PEDRO
Menos mal... que... ya estaba muerto.

CAPITÁN
¿No le parece que ha llegado el momento de aflojar? Ya se portó como un héroe. ¿Quién va a ser tan inhumano para reprocharle que ahora hable?

PEDRO (no contesta. Luego de un silencio) CAPITÁN, CAPITÁN.

CAPITÁN
¿Qué?

PEDRO
¿Vos nunca hablás a solas?

CAPITÁN
Puede ser. Alguna vez.

PEDRO
Yo sí hablo a solas.

CAPITÁN
¿Y eso qué?

PEDRO
Hablo a solas porque hace tres meses que estoy incomunicado.

CAPITÁN
¿Cómo? Habla conmigo.

PEDRO
Esto no es hablar.

CAPITÁN
¿Y qué es?

PEDRO
Mierda, eso es. (Pausa.) Hablo a solas porque tengo miedo de olvidarme de cómo se habla.

CAPITÁN
Pero habla conmigo.

PEDRO
No me refiero a hablar con el enemigo. Me refiero a hablar con un compañero, con un hermano.

CAPITÁN
Ah.

PEDRO
CAPITÁN, CAPITÁN.

CAPITÁN
¿Qué pasa ahora?


PEDRO
¿No sentís que a veces flotás en el aire?

CAPITÁN
Francamente, no.

PEDRO
Claro, no estás muerto.

CAPITÁN
Y usted tampoco, aunque esté haciendo notables méritos para estarlo.

PEDRO
Pues yo a veces floto. Y es lindo flotar. Entonces voy hasta la costa.

CAPITÁN
No va nada. Ni a la costa ni a ninguna parte. Está enterrado aquí.

PEDRO
Eso es. Eso es. Enterrado, claro, porque estoy muerto. Pero cuando floto, voy a la costa. Es claro que no voy todos los días. Hay veces que no tengo ganas de ir. Ayer tuve ganas, y fui. Hace años, cuando iba a la costa, no flotando, sino caminando, siempre veía parejitas de enamorados, pero ahora ya no están. Ahora están peleando contra ustedes. Ahora están presos, o escondidos, o en el exilio. (Pausa larga.) ¿Cómo se llama tu esposa, CAPITÁN?

CAPITÁN (entre dientes)
¿Qué le importa?

PEDRO
¿Ves? Te di la oportunidad de que me lo dijeras buenamente. Pero yo sé que se llama Inés.

CAPITÁN (sorprendido)
¿Y eso de dónde lo sacó?

PEDRO
Ya te dije que yo sé más de vos que vos de mí. Inés. Pero no te preocupes. También sé que no tiene alias. Salvo que vos la llamás Beba. Pero no es un nombre clandestino. Qué suerte, ¿verdad? Hoy en día no es bueno tener nombre clandestino.

CAPITÁN
¿A dónde quiere llegar?

PEDRO
A mi muerte, CAPITÁN, a mi muerte.

CAPITÁN
¿Qué gana con no hablar? ¿Que lo revienten?

PEDRO
O que me dejen de reventar.

CAPITÁN
No se haga ilusiones. No lo van a dejar.

PEDRO
Si me muero, me dejan. Y me muero.

CAPITÁN
Pero es largo morirse así.

PEDRO
No tanto, si uno ayuda, si uno colabora.

CAPITÁN (de pronto ilusionado)
¿Está dispuesto a colaborar?

PEDRO (pronunciando lentamente)
Estoy dispuesto a ayudar a morirme. (Pausa.) También estoy dispuesto ayudar a que Inés te quiera.

CAPITÁN
No se preocupe de eso. Ella me quiere.

PEDRO
Sí, hasta hoy. Porque no sabe exactamente en qué consiste tu trabajo.

CAPITÁN
Quizá se lo imagine.

PEDRO
No. No se lo imagina. Si lo imaginara, ya te habría dejado. Ella no es mala.

CAPITÁN (como un autómata)
No es mala.

PEDRO
Y también quiero ayudarte a que tus hijos (el casalito) no te odien.

CAPITÁN
Mis hijos no me odian.

PEDRO
Todavía no, claro. Pero ya te odiarán. ¿Acaso no van a la escuela?

CAPITÁN
Sólo el varón.

PEDRO
Pero la niña irá más adelante. Y los compañeritos y compañeritas informarán a uno y a otra sobre quién sos. En la primera gresca que se arme, ya lo sabrán. Es lógico. Y a partir de esa revelación, empezarán a odiarte. Y nunca te perdonarán. Nunca los recuperarás. Nunca sabrás si... (No puede seguir hablando. Se desmaya.)

Al comienzo el CAPITÁN no se le acerca. Lo mira sin mirarlo, ensimismado. Luego se va hacia el lavabo, llena un vaso con agua, se enfrenta a PEDRO y le arroja el agua a la cara. De a poco PEDRO recupera el sentido.

CAPITÁN
No se haga ilusiones. No se murió todavía. Seguimos aquí, frente a frente.

PEDRO (recuperándose)
Ah, sí, hablando de Inés y el casalito.

CAPITÁN
¡Basta de eso!

PEDRO
CAPITÁN, ¿por qué no me matás?

CAPITÁN
¡Usted está loco! No quiere enloquecerme!

PEDRO
¿Por qué no me matás, CAPITÁN? Será en defensa propia, te lo prometo. Además, quise huir. La ley de la fuga, ¿te acordás? Coraje, CAPITÁN, tenés la oportunidad de hacer la buena acción de cada día.

CAPITÁN
Qué locuaz estás hoy.

PEDRO
Me desquito un poco después de tanta mudez Además, vos sos el interlocutor ideal.

CAPITÁN
¿YO?

PEDRO
Sí, porque tenés mala conciencia. Es muy estimulante saber que el enemigo tiene mala conciencia. Porque todo eso que dijiste de que vos no naciste verdugo, todo eso es cuento chino. Vos trabajaste de "malo" y bastante tiempo, en un pasado no tan lejano. Te conocemos, CAPITÁN. O sea, que tienen que hacer más espesas las capuchas. Siempre hay alguien que ve a alguien. Y yo, por ejemplo, no me limito a conocer el nombre de tu mujer. También sé el tuyo. Y hasta tu alias.

CAPITÁN
Está loco. ¡Yo no tengo alias!

PEDRO
Sí que tenés. Sólo que tu alias no es un nombre, sino un grado. Tu alias es el grado de CAPITÁN. Y vos sos coronel. Sos coronel, CAPITÁN. Así que una de dos: o nos tratamos de Rómulo a CAPITÁN, o nos tratamos de Coronel a Pedro. ¿Qué te parece, CAPITÁN? ¿Eh, Coronel?

CAPITÁN (que acusa el golpe)
¿Sabe una cosa? Usted es más cruel que yo.

PEDRO
¿Por qué? ¿Porque te aplico el mismo tratamiento? No es para tanto. Además, vos tenés todavía el poder, la picana, la pileta con mierda, el plantón. Yo no tengo nada. Salvo mi negativa.

CAPITÁN
¿Le parece poco?

PEDRO
No, no me parece poco. Pero con mi negativa...

CAPITÁN
...fanática...

PEDRO
Eso es, con mi negativa fanática, desaparezco, te dejo el campo libre. Mejor dicho, el camposanto libre.

El CAPITÁN está como vencido. También PEDRO está terriblemente fatigado. Por fin el CAPITÁN levanta la mirada. Habla como transfigurado.

CAPITÁN
No, Pedro, usted no es cruel. Le pido excusas. Y ya que no es cruel, va a comprender. Usted dice que quiere que yo salve el amor de mi mujer y de mis hijos...

Sin atender a lo que dice el CAPITÁN, PEDRO Comienza a hablar, y lo hace sin mayor conciencia del contorno.

PEDRO
¿De veras nunca hablaste a solas, CAPITÁN? Ahora estoy aquí, contigo. Pero igual voy a hablar a solas. De paso aprendés cómo se habla en tales condiciones. Tomá nota, CAPITÁN. Éste es un ensayo de cómo se habla a solas. (Pausa.) Mirá, Aurora...

CAPITÁN
... alias Beatriz...

PEDRO (como si no escuchara la acotación del CAPITÁN)
Mirá, Aurora, estoy jodido. Y sé que vos, estés donde estés, también estás jodida. Pero yo estoy muerto y vos, en cambio, estás viva. Aguanto todo, todo, todo menos una cosa: no tener tu mano. Es lo que más extraño: tu mano suave, larga, tus dedos finos y sensibles. Creo que es lo único que todavía me vincula a la vida. Si antes de irme del todo, me concedieran una sola merced, pediría eso: tener tu mano durante tres, cinco, ocho minutos. Lo pasamos bien, Aurora...

CAPITÁN (con la garganta apretada)
... alias Beatriz...

PEDRO
... vos y yo. Vos y yo sabemos lo que significa confiar en el otro. Por eso habría querido tener tu mano: porque sería la única forma de decirte que confío en vos, sería la única forma de saber que confiás en mí. Y también de demorarme un rato en confianzas pasadas. ¿Te acordás de aquella noche de marzo, hace cuatro años, en la playita cercana a lo de tus viejos? ¿Te acordás que nos quedamos como dos horas, tendidos en la arena, sin hablar, mirando la vía láctea, como quien mira un techo interior? Recuerdo que de pronto empecé a mover mi mano sobre la arena hacia vos, sin mirarte, y de pronto me encontré con que tu mano venía hacia mí. Y a mitad de camino se encontraron. Fijate que éste es el recuerdo que rememoro más. También tu cuerpo, tu piel, también tu boca. ¿Cómo no recordar todo eso? Pero aquella noche en la playa es la imagen que rememoro más. Aurora...

CAPITÁN (sollozando)
... alias Beatriz...

PEDRO
... a Andrés decíselo de a poco. No lo hieras brutalmente con la noticia. Eso marca cualquier infancia. Explicáselo de a poco y desde el principio. Sólo cuando estés segura de que entendió un capítulo, sólo entonces empezale a contar el otro. Tal como hacés cuando le contás cuentos. Paulatinamente, sin herirlo, hacele comprender que esto no fue un estallido emocional, ni una corazonada, ni una bronca repentina, sino una decisión madurada, un proceso. Explicáselo bien, con las palabras tiernas y exactas que constituyen tu mejor estilo. Decile que no tiene por qué aceptarlo todo, pero que tiene la obligación de comprenderlo. Sé que dejarlo ahora sin padre es como una agresión que cometo contra él, o por lo menos así puede llegar a sentirlo, no sé si hoy, pero acaso algún día o en algún insomnio. Confío en tu notable poder de persuasión para que lo convenzas de que con mi muerte no lo agredo, sino que, a mi modo, trato de salvarlo. Pude haber salvado mi vida si delataba, y no delaté, pero si delataba entonces sí que iba a destruirlo. Hoy a lo mejor se habría puesto contento de que papi volviera a casa, pero nueve o diez años después se estaría dando la cabeza contra las paredes. Decile, cuando pueda entenderlo, que lo quiero enormemente, y que mi único mensaje es que no traicione. ¿Se lo vas a decir? Pero, eso sí, ensayalo antes varias veces, así no llorás cuando se lo digas. Si llorás, pierde fuerza lo que decís. ¿Estás de acuerdo, verdad? Alguna vez vos y yo hablamos de estas cosas, cuando la victoria parecía verosímil y cercana. Ahora sigue pareciendo verosímil, pero se ha alejado. Yo no la veré y es una lástima. Pero vos y Andrés sí la verán y es una suerte. Ahora dame la mano. Chau, Aurora...

CAPITÁN (llorando, histérico) ¡Alias Beatriz!

Se hace un largo silencio.
PEDRO, después del esfuerzo, ha quedado anonadado. Tal vez ha perdido nuevamente el sentido. Su cuerpo se inclina hacia un costado; no cae, sólo porque el cinturón lo sujeta a la silla.
El CAPITÁN, por su parte, también está deshecho, pero su deterioro tiene, por supuesto, otro signo y eso debe notarse. Tiene la cabeza entre las manos y por un rato se le oye gemir. Luego, de a poco se va recomponiendo, y aunque PEDRO está aparentemente inconsciente, comienza a hablarle.

CAPITÁN
Pedro, usted está muerto y yo también. De distintas muertes, claro. La mía es una muerte por trampa, por emboscada. Caí en la emboscada y ya no hay posible retroceso. Estoy entrampado. Si yo le dijera que no puedo abandonar esto, usted me diría que es natural porque sería abandonar el confort, los dos autos, etcétera. Y no es así. Todo eso lo dejaría sin remordimientos. Si no lo dejo es porque tengo miedo. Pueden hacer conmigo lo mismo que hacen, que hacemos con usted. Y usted seguramente me diría: "Bueno, ya ves, puede aguantarse." Usted sí puede aguantarlo, porque tiene en qué creer, tiene a qué asirse. Yo no. Pero dentro de mi imposibilidad de rescatarme, me queda una solución intermedia. Ya sé que Inés y los chicos pueden un día llegar a odiarme, si se enteran con lujo de detalles de lo que hice y de lo que hago. Pero si todo esto lo hago, además, sin conseguir nada, como ha sido en su caso hasta ahora, no tengo justificación posible. Si usted muere sin nombrar un solo dato, para mí es la derrota total, la vergüenza total. Si en cambio dice algo, habrá también algo que me justifique. Ya mi crueldad no será gratuita, puesto que cumple su objetivo. Es sólo eso lo que le pido, lo que le suplico. Ya no cuatro nombres y apellidos, sino tan sólo uno. Y puede elegir: Gabriel o Rosario o Magdalena o Fermín. Uno solito, el que menos represente para usted; aquel al que usted le tenga menos afecto; incluso el que sea menos importante. No sé si me entiende: aquí no le estoy pidiendo una información para salvar al régimen, sino un dato para salvarme yo, o mejor dicho para salvar un poco de mí. Le estoy pidiendo la mediocre justificación de la eficacia, para no quedar ante Inés y los chicos como un sádico inútil, sino por lo menos como un sabueso eficaz, como un profesional redituable. De lo contrario, lo pierdo todo. (El CAPITÁN da unos pasos hacia PEDRO y cae de rodillas ante él.) Pedro, nos queda poco tiempo, muy poco tiempo. A usted y a mí. Pero usted se va y yo me quedo. Pedro, éste es un ruego de un hombre deshecho. Usted no es inhumano. Usted es un hombre sensible. Usted es capaz de querer a la gente, de sufrir por la gente, de morir por la gente. Pedro, se lo ruego: diga un nombre y un apellido, nada más que un nombre y un apellido. A esto se ha reducido toda mi exigencia. Igual el triunfo será suyo.

PEDRO se mueve un poco. Trata de enderezarse, pero no puede. Hace otro esfuerzo y al fin se yergue.
El CAPITÁN apela a un recurso desesperado.

CAPITÁN
Se lo pido a Rómulo. Se lo ruego a Rómulo. ¡Me arrodillo ante Rómulo! Rómulo, ¿va a decirme un nombre y un apellido? ¿Va a decirme solamente eso?

PEDRO (a duras penas)
No..., CAPITÁN.

CAPITÁN
Entonces se lo pido a Pedro, se lo ruego a Pedro. ¡Me arrodillo ante Pedro! Apelo no al nombre clandestino, sino al hombre. De rodillas se lo suplico al verdadero Pedro.

PEDRO (abre bien los ojos, casi agonizante) ¡No..., coronel!

Las luces iluminan el rostro de PEDRO. El CAPITÁN, de rodillas, queda en la sombra.