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viernes, febrero 23, 2007

Pedro Calderón de la Barca:Las Carnestolendas [Entremés]


Las Carnestolendas [Entremés]
Pedro Calderón de la Barca; edición, introducción y notas de Evangelina Rodríguez y Antonio Tordera


Las Carnestolendas
Entremés



Pedro Calderón de la Barca



-139- PERSONAJES


UN VEJETE.
RUFINA.
MARÍA.
LUISA.
EL GRACIOSO.
UN HOMBRE AL REVÉS.
EL REY QUE RABIÓ.
MARTA CON SUS POLLOS.
LA DAMA QUINTAÑONA.
MARICASTAÑA.
PERICO EL DE LOS PALOTES.
Músicos.






Dentro el VEJETE, RUFINA, MARÍA y LUISA.1


VEJETE ¡Rufinica, Rufina, Rufinilla!


RUFINA ¿Hay tal rufincar? ¿Hay tal tarabilla?2
¿Llamas, padre?


VEJETE En tu cuerpo, relamida.


RUFINA ¿Qué menos digo yo?


VEJETE Así, raída.
¿a dónde estás, exenta?


-140-
RUFINA En esta sala.3 5


VEJETE Venid, dame la capa noramala.


RUFINA Tómela vuesarced que ahí está puesta.


VEJETE Descarada respuesta.
¿Pullas me echáis, pedrada?4




(Salen las tres tras del VIEJO.)


RUFINA ¡Ay, Señor, no hay que decir nada! 10


MARÍA Padrecito del alma, lindo, hermoso...


LUISA Amo, galán de cuerpo y talle airoso...


RUFINA Padrecito, almacén de Navidades...5


LUISA Inventor del mantenga y el sepades.


MARÍA Ansí tus años que son cuatro veintes... 15


RUFINA En Tetuán los cuentes.


MARÍA Pues el cosquilloso tiempo nos convida
de las Carnestolendas, por tu vida,
que nos dejes hacer una Comedia.


VEJETE ¡Miren pues que Riquelme ni que Heredia6 20
para representar! Mejor sería
gastar la noche y día
en hacer su labor.


LUISA Lindo regalo.


RUFINA Escupa, padre, que ha mentado el malo:
vaya arredro, patillas,7 25

-141-
La labor deste tiempo es casadillas.8


VEJETE ¿Yo gastar en Comedias mi dinero?
¡Para compraros de comer lo quiero!


MARÍA Si licencia nos das que la estudiemos,
a comedia y a agua ayunaremos. 30


VEJETE ¡Oh, loco tiempo de Carnestolendas
diluvio universal de las meriendas
feria de casadillas y roscones,
vida breve de pavos y capones
y hojaldres, que al Doctor le dan ganancia 35
con masa cruda y con manteca rancia!
Pues ¿qué es ver derretidos los mancebos
gastar su dinerillo en tirar huevos?9


LUISA En esto su locura manifiestan,

-142-
que mejor es tirarnos lo que cuestan. 40


RUFINA ¡Y cómo! Veinte huevos azareños
le cuestan veinte reales a sus dueños.
Tíranmelos y mánchanme un vestido,
quedo yo pesarosa y él corrido
sin alzar más cabeza en todo el día. 45


MARÍA Pues ¿cuál querré yo más, por vida mía,
estas galanterías criminales,
o en dinero civiles veinte reales?10


RUFINA [Aparte.]

(Luisa, agora es tiempo de lograr mi traza.


LUISA Yo voy y a tu galán clavo esta maza.11 50
(Vase.)



RUFINA Mucho hay que temer estas contiendas,


VEJETE No hay quien no tema en las Carnestolendas:
el capón tome muerte supitaña,
el gallo ser corrido en la campaña,12
el perro, de la maza el desconcierto, 55
las damas, de que el perro sea muerto,
las estopas de verse chamuscadas,
las vejigas de verse aporreadas,13

-143-
la sartén si su tizne alguno pringa,
el agua que la sorba la jeringa, 60
el salvado de andar siempre pisado,
siendo a un tiempo salvado y condenado,
Cercadas nuestras ganas estos días
de ejércitos de mil pastelerías,
y tal hambre en el cerco padecemos 65
que hasta las herraduras nos comemos.


MARÍA Mas todo, padrecito, se remedia.


VEJETE ¿Con qué, hijitas rollonas?


LAS DOS Con comedia.14


RUFINA De otro entretenimiento no gustamos.


LAS DOS Comedia, como Iglesia, nos llamamos.15 70




(Sale el GRACIOSO, con maza, tras LUISA, que se esconde detrás de RUFINA.)


GRACIOSO ¿A mi maza?


LUISA ¡Socorro!


GRACIOSO Picarona,16
¡a mí, convaleciente de fregona,17

-144-
que sin valer dos habas,
hoy te enmoñas y ayer fregonicabas!
¡Vive Dios! Si no fuera (no te espante) 75
porque no tengo cólera bastante,
que un disparate hiciera,
y con saber las calles, me perdiera.
¿Yo con maza? ¿Soy mona? ¿A mi mamola?18
¿Tan despegado soy que me echáis cola? 80
¡A mí cola! ¿he perdido alguna Cátedra?19
¿Soy escabeche que, vendido a solas,
por un cuartillo más es todo colas?


LUISA Pues ¿qué le han hecho? Diga...


GRACIOSO Estregadera
de cuanto barro hay en Talavera, 85
¡hacer pulpo a un cristiano!


MARÍA A los cristianos
de cuando en cuando los querría paganos.


GRACIOSO ¿Paganos? ¿Qué decís?


RUFINA Tonto sois vos
que no paganos, sino paganós.


GRACIOSO Beso tus pies, que rabio por besallos, 90
por ver si las deidades crían callos.20


-145-
VEJETE Señor, perdone usté aquesta moza,
que este tiempo en el cuerpo las retoza.
y váyase con Dios. Cerrad aquí, ¡hola!,
que no quiero pendencias por la cola. 95
Que yo voy, pues con esto se remedia,
a buscar quien os haga una Comedia.


GRACIOSO ¿Comedia ha dicho? ¡Pues no hablara antes!
Comedia le daré y representantes,
toda gente muy diestra. 100


VEJETE ¿Búrlase vuesarced?


GRACIOSO Oiga la muestra...


VEJETE Tráiganle de almorzar, que darle quiero
con que corte la cólera primero.21




(Vase LUISA.)


GRACIOSO Pues primero, aunque esté representando,
comeré y beberé de cuando en cuando, 105
que soy hombre, por Dios, de digo y hago,
tan presto represento como trago.




(Sale LUISA con un plato con algo y un jarro de vino.)


LUISA Aquí tiene usasted un desayuno.


GRACIOSO Poca cosa, mas basta para uno.


MARÍA ¡Ay cual zampa! ¡Jesús! ¿qué hambre es ésta? 110


LUISA Parece que lo come por apuesta.


VEJETE Hombre, ¿comes o engulles?


GRACIOSO Lindo chasco,
pocas cosas, señor, nunca las masco.
(Come aprisa y bebe.)



-146-
MARÍA ¿Niño se le hace el jarro?


VEJETE Darle un poco.


RUFINA ¡Qué bien que ensarta aljófares el mozo! 115


LUISA ¡Los tragazos que echa, Jesucristo!


GRACIOSO Pues lleve el diablo el que en la boca he visto
ansí. Se me olvidaba de decillo,
¿ustedes no querrán un bocadillo?


VEJETE ¿Falta más que comer?


GRACIOSO Nada me sobra. 120
Salga Prado Y empiece aquesta obra.

(Agora ha de remedar a PRADO22 con una décima o soneto.)


Seca está la boca: quiero
echar una rociada,
que entre col y col, lechuga,
dice un adagio en España. 125
(Bebe.)



VEJETE Lindamente le remeda.


GRACIOSO23 ¡Muy bien!


RUFINA ¡Muy bien! En mi alma
que le ha hurtado voz y acciones!


MARÍA A Prado le harán gran falta.




(Pónese una barbilla y gorra chata.24)


-147-
GRACIOSO Sale un vejete arrugado, 130
con barbilla, y gorra chata,
tan temblona la cabeza
como papanduja el habla,
y dice a dos hijas suyas:
«Por San Lesmes, por la lanza25 135
de Longinos, que esta fiesta26

-148-
las retoza a las muchachas
en el cuerpo, y de cosquillas
se concome la criada».


VEJETE Esta habla es muy escura. 140


GRACIOSO ¿Tiénela vusté más clara?
La garganta tengo enjuta:
rociemos la garganta.
(Bebe.)



RUFINA No sé yo de qué está seca,
estando tan bien regada. 145




(Pónese mascarilla y bonete colorado.)


GRACIOSO Agora sale el negrillo
requebrando aquestas damas,
con su cara de morcilla
y su bonete de grana.
¿Quelemole vuesancé, 150
Luisa, María y Rufiana,
que le demo colacione
que aquí la traemo gualdada,
mucha de la casamueza,
mucha de la cagancaña, 155
cagalón e cochelate,27
calamerdos, merdaelada,
turo para vuesancé?


RUFINA ¿A quién digo, camarada?
Yo le perdona mi parte, 160
que tan espesas viandas
entre once y doce serán
mejores para vaciadas,




(Toma una espada por el hombro, y el jarro en la mano, bebiendo a menudo.)


-149-
GRACIOSO Ahora sale un finflón,
o tudesco de la guarda, 165
hablando mucho, y aprisa,
y sin pronunciar palabra,
con su tizona en la cinta,28
y en el jarro la colada,
dice echando treinta votos, 170
como quien no dice nada.

(Habla lo que quisiere a lo tudesco, y bebe, y luego hace que está borracho.)


¡Jesús, qué bochorno! Quiten
dese brasero las ascuas:
¿dónde van tantas linternas?
No mirarás corno pasas, 175
Judiguelo, hijo de puta,
¡Por Cristo! Si no mirara
que eres clérigo...


VEJETE ¿Yo clérigo?


GRACIOSO Sí, clérigo tú y tu alma.
¿A mí zancadilla? ¡Oh, perro! 180
¡Qué donosa zangamanga,29
que paguen los tristes pies
lo que la testa es culpada!
Allá va, cómante lobos,
vaya un sueñecillo, vaya, 185
pero téngole ligero,
no hagan ruido, camaradas.
(Échase a dormir.)



RUFINA Padre, cayó el pecador.


VEJETE Pues mientras que se levanta,

-150-
voy por un esportillero 190
que a su casa guíe la danza,
que en esto viene a parar
el que de beber no para.




(Vase, y levántase el GRACIOSO y habla en juicio.)


GRACIOSO ¿Fuese el viejo?


RUFINA Ya se fue.


GRACIOSO ¡Lo que me cuestas, ingrata! 195


RUFINA Más me cuestas tú, pues pierdo
por ti, mi hacienda y mi casa.


LUISA ¿No miran que vendrá el viejo?
Váyanse ya, ¿qué se tardan?


RUFINA ¿Y el dinero?


MARÍA Va en la bolsa. 200


GRACIOSO ¿Y las joyas?


LUISA En la manga.




(Vanse [todos] y sale el VEJETE.)


VEJETE No se halla un esportillero
por un ojo de la cara.
¡Mariquita, tararira!
¡Rufinica, zarabanda! 205
¿A Luisica? ¡a esotra puerta!
Aún peor está que estaba:
Y mis joyas volavérunt.
¡Oh, comedor de mis arcas!
Que me robéis a mis hijas, 210
vaya con el diablo, vaya,
que eran prendas que comían.
Mas mis joyas... Arre, parda,30
que estas cosas son del tiempo
del Rey que rabió en España. 215


-151-


(Sale uno con una corona, y una mano de mortero por cetro.)


REY Yo soy el Rey que rabió.31
(Cantando como mojiganga.)

Si su hija te dejó,
su trabajo le costó,
y sus tragos al pobrete.
¿Qué los quieres? Anda, vete, 220
déjalos, avariento vejete.




(Repiten estos dos versos y bailan los dos.)


VEJETE ¡Vive Dios, que el sonecillo
hará bailar una tabla!
Pero no se lo ha de haber
allá con sus pollos Marta. 225




(Sale RUFINA con sombrerete y mantellina y una mantellina y toca arrebozada.)


RUFINA Yo soy Marta con sus pollos,32
líbrame destos escollos,

-152-
que yo te daré pimpollos,
que te vuelvan mozalbete.
¿Qué nos quieres? Anda, vete 230
déjanos, avariento vejete.




(Repiten.)


VEJETE Después que nací, no he visto
hija tan desvergonzada,
Perico el de los Palotes
no viniera más de chanza. 235




(Sale el GRACIOSO con una sotanilla, sembrada de palillos, de randas y palos de tambor.)


GRACIOSO Perico el de los Palotes33
soy yo, no te me alborotes,
porque de dos capirotes,
serás de mis pies tapete.
¿Qué nos quieres? Anda, vete, 240
déjanos, avariento vejete.


VEJETE ¿Qué antiguallas son aquestas?
¿Qué es esto que por mí pasa?
Parece que estoy en el
tiempo de Maricastaña. 245




(Sale LUISA con toca de viuda, y sombrerete, y, sayas enfaldadas, y con rueca hilando.)


LUISA Veis aquí a Maricastaña34
y sí metes más cizaña

-153-
como tuerzo esta maraña
el pasapán torcerete.
¿Qué los quieres? Anda, vete, 250
déjalos, avariento vejete.


VEJETE Al revés anda ya el mundo.
¡Por San Dimas! Que no falta
sino andar de hombres las hembras
y los hombres con enaguas. 255




(Sale un HOMBRE, la mitad mujer, y la otra mitad de hombre, puesto al revés, y andando hacia atrás35.)


HOMBRE Ves aquí un hombre al revés,
que sirvo en este entremés
de la cabeza a los pies
a los novios de sainete.
¿Qué los quieres? Anda, vete, 260
déjalos, avariento vejete.


VEJETE Todas las sombras me siguen,
sólo falta la fantasma
de la dama Quintañona:
mas hela aquí, no hace falta. 265


-154-


(Sale MARÍA, con gorra chata, cuellecito y ropa antigua, basquiña vieja, y escurrida.)


MARÍA Esta dama Quintañona36
ni se afeite ni se entona,
pero sirve de ponzoña
a quien este ruido mete,
¿Qué los quieres? Anda, vete, 270
déjalos, avariento vejete.


VEJETE ¡Por Jesucristo, que temo
que todos salgan con cañas
y me tiren como a gallo:
dicho y hecho, ¡Santa Eufrasia! 275




(Cantan TODOS.)


TODOS Al vejete, que de Cupido
ya no le ofenden y abrasan las llamas
¡hucho-ho! que le curen las damas,37
¡hucho-ho! que va corrido.


-155-
VEJETE Ya yo pasé mi carrera, 280
¿a dónde quieren que corra
si se ha metido de gorra
el novio en la madriguera?


TODOS ¿Luego amor nunca te ha herido?


VEJETE Eso es andar por las ramas. 285


TODOS Uchoó que le corren las damas,
uchoó que va corrido.




(Salen TODOS esta postrera vez con cañas, y banderillas de papel, coronas y capotillos pintados, como muchachos que van a los gallos y con varios instrumentos de la pandorga38.)

Pedro Calderón de la Barca"El monstruo de los jardines"



Comedia famosa

El monstruo de los jardines
Pedro Calderón de la Barca



PERSONAS


AQUILES.
DEIDAMIA.
TETIS.
CINTIA.
SIRENE.
LIDORO.
DANTEO.
ULISES.
EL REY.
LIBIO.
CRIADOS.
MÚSICOS.
ARMINDO.
ACOMPAÑAMIENTO.


Jornada I


Dentro voces.


TODOS Vira al mar.
UNO Es inútil la porfía,
porque el viento que corre es travesía.
DOS Amaina la mayor.
TRES Iza el trinquete.
UNO A la driza.
DOS A la Escoca.
TRES Al chafaldete.
UNO Dé el Esquife en la Playa, 5
y el Príncipe no más a tierra vaya,
ya que abismos de yelo nos encubren.
UNOS Piedad dioses.
OTROS Piedad cielos.
LIDORO Piedad cielos, piedad dioses sagrados,
y si del voto que ofrecí obligados, 10
en este esquife este fragmento poco,
que ha sido mi delfín, la orilla toco
de esta desierta playa,
que del mar la soberbia tiene a raya,
veréis que fiel en clima tan remoto 15
la arena beso y revalido el voto,
pues desdicha no hay, no hay desconsuelo
que no enmiende el vivir.

(Sale LIBIO.)


LIBIO ¡Válgame el cielo!
LIDORO ¿Cúya esta voz ha sido?
LIBIO De un cofadre de Baco, que ha salido 20
por no hacerle traición del mar a nado,
pues el no beber agua le ha escapado.
LIDORO ¿Libio?
LIBIO ¿Señor?
LIDORO Notable es mi alegría,
viéndote vivo.
LIBIO Cuál será la mía. [47]
LIDORO En fin, solos los dos hemos salido 25
a tierra.
LIBIO En que se ve cuán bueno ha sido,
pues vencimos los dos las amenazas
del mar, el ser los hombres calabazas.
LIDORO Mira si en lo fragoso de esas peñas
sendas hallas, o señas, 30
que de sus moradores den indicio.
LIBIO Ni cabaña descubro, ni edificio,
ni cosa que no advierta,
ser esta isla bárbara y desierta.
LIDORO Dices bien, pues sus troncos, 35
que de quejarse al abrigo están roncos,
mal pulidos los veo;
sus plantas sin cultura, sin aseo
sus flores, solo oyendo en ecos graves
bramar las fieras y gemir las aves, 40
todo dice terror, puesto que dice.
AQUILES (Dentro.) ¡Ay mísero de mí!, ¡ay infelice!
LIDORO ¿Oíste una voz?
LIBIO Y lleno
de asombro, juzgaría que en el seno
de aquesta peña bruta 45
se formó su lamento
LIDORO Ni aquí hay gruta,
ni quiebra alguna que su dueño oculte,
si ya no es que en su centro le sepulte;
pero escuchemos otra vez, y vamos
lo intrincado rompiendo de estos ramos, 50
hasta saber qué voz, qué tierra es esta.

(Dentro instrumentos.)


MÚSICOS Venid, venid zagales,
al templo divino de Venus y Marte.
LIDORO Bien que este no es desierto juzgo agora;
República es entera, pues con tanta 55
variedad, ya se canta y ya se llora.
LIBIO ¿A dónde no se llora y no se canta?
Bien que a mí más me espanta
aquesta voz que dice...
AQUILES ¡Ay mísero de mí!, ¡ay infelice! 60
LIBIO ...que me consuela aquella,
por más que a oposición de su querella
en conceptos repita desiguales...
MÚSICOS Venid, venid zagales, [47v]
[al templo divino de Venus y Marte.] (1) 65
LIDORO Un escuadrón festivo
pisando el seno de ese escollo altivo,
ni bien mar, ni bien tierra, de su cumbre
vencer piensa la inmensa pesadumbre.
LIBIO Salgámosles al paso, 70
y informados del náufrago fracaso
que nos ha sucedido,
el susto reparemos y el vestido.
LIDORO Necio será quien en asombro tanto
antes crea a la música que al llanto; 75
y así, Libio, es mejor que, recatados,
destas peñas y troncos amparados,
un instante esperemos;
sepamos de qué gente nos valemos,
que puede ser que sea 80
isla que el mar en círculos rodea
de bárbaros, y más cuando advertidos
estamos de otros míseros gemidos.
LIBIO Pues ya llegan, escóndete y veamos,
señor, qué gente es.
LIDORO Incultos ramos; 85
mientras cobro el aliento,
sedme un rato prestado monumento.
Sepa por qué un lamento triste dice...
AQUILES ¡Ay mísero de mí!, ¡ay infelice!
LIDORO Cuando festivos otros dicen graves... 90
MÚSICOS Venid, venid zagales,
[al templo divino de Venus y Marte.]

(Sale EL REY, ULISES, DEYDAMIA y ACOMPAÑAMIENTO.)


EL REY Esa eminencia que tan alta sube,
que empieza en monte y se remata en nube,
asiento es peregrino 95
del templo que buscamos.
ULISES Ya el camino
entre aspereza tanta,
la senda, nos enseña
¡aquella, ¡oh tarde!, ¡oh nunca!, vallada peña
de bruta huella, ni de humana planta! 100
DEYDAMIA Aunque su inmensa elevación espanta
por áspera que sea,
llegar al templo mi piedad desea.
ULISES Ven, pues, porque propicio
por ti Marte responda al sacrificio. 105
DEYDAMIA Ya te sigo, mostrando [48]
mi obediencia.
ULISES Venid todos cantando,
porque admita veloces
el dios de las batallas nuestras voces;
que si su culto aprecia, 110
presto de Troya ha de vengarse Grecia.
MÚSICOS Venid, venid zagales,
[al templo divino de Venus y Marte.]

(Vanse y salen los dos.)


LIDORO Cielos, ¿qué es lo que veo?,
¿cuánto fue la verdad más que el deseo? 115
¿Viste, Libio, en tu vida
tropa más bella, escuadra más lucida,
así por la dulzura
de su canto süave,
como por la hermosura, 120
que honestamente grave,
reina de todas coronarle sabe?
LIBIO Digo que yo he quedado
atónito y pasmado,
viendo que tan extraña 125
gente habite esta bárbara montaña.
LIDORO Sigámoslos, que ya no hay que temamos
rigores, ni crueldades,
pues entre ellos deidades admiramos,
y es fuerza ser piadosas las deidades: 130
dónde estamos sabremos,
y cúya fue la voz cuyos extremos
nos asombró diciendo antes.
DANTEO (Dentro.) ¿Adónde,
bella Deydamia, tu beldad se esconde,
cuando en tanta aspereza, 135
sigo tu voz y pierdo tu belleza?
LIDORO Si la lástima, si el llanto,
para los humanos pechos
siempre cartas de favor
han sido: a esas plantas puesto. 140
Un peregrino del mar,
que derrotado y deshecho
aborto fue de la espuma,
os pide... Pero, ¡qué veo!
DANTEO ¡Válgame el cielo!, ¡qué miro! 145
¡Señor invicto!
LIDORO ¿Danteo?
DANTEO Dame tus pies.
LIDORO En tus brazos
he de asegurar el puesto.
DANTEO ¿Libio?
LIBIO Por más que te admires,
te admiras poco.
DANTEO ¿Qué es esto? 150
LIDORO ¿Qué ha de ser? ¡Desdichas mías!
Y porque absorto y suspenso
no te embareces conmigo,
cuando yo de ti pretendo
informarme de qué tierra 155
es esta, cómo el desierto
destos peñascos habitas
y quién es quien vive en ellos,
con mis pesadas fortunas
te he de salir al encuentro, 160 [48v]
por desocuparles todo
el campo a mis sentimientos.
Ya sabes que el Rey, mi padre,
prudente, advertido y cuerdo,
trató casarme en Egnido 165
con el divino sujeto
de Deydamia, infanta suya;
mas, ¿para qué lo refiero,
y más a ti, siendo tú
quien vino a traer los (2) medios? 170
Escribiste pues, que estaban
ajustados, añadiendo
de la beldad de Deydamia,
sumos encarecimientos.
Yo atento, no sé si diga 175
a tu fama mi deseo,
que es gran príncipe de amor,
estar uno a amar dispuesto.
Pedí licencia a mi padre,
para venir a su reino, 180
por ella, en persona; él
liberal me la dio, haciendo
estimación del agrado,
y de la fineza, aprecio.
En un bajel pues, que pudo 185
ser mejor que el de Argos mesmo,
dibujado por imagen
de estrellas y de luceros,
salí una tarde de Epiro,
ufano, alegre y contento, 190
tanto como agora estoy
triste, confuso y suspenso;
pero no me quejo, no,
de la fortuna, aunque veo
ejecutados en mí 195
sus sañas; de mí me quejo,
que es merecido castigo
de quien imprudente y necio,
sin mandar al viento, fía
sus esperanzas del viento. 200
Dichosamente apacible
me favoreció algún tiempo,
mas, ¿qué bien fundado en aire,
no se desvanece presto?
Al lobreguecer la noche 205
de ayer, algo más violento,
empezó a inquietar las ondas,
y todo ese vago imperio
a amotinarse, no solo
contra mí, mas contra el cielo, 210
pues en odio de sus luces,
gigante de agua soberbio,
se rozó con las estrellas,
montes sobre montes puestos.
Tal vez puede mis desdichas 215
escribirlas con el dedo
en ese papel azul,
y tal en el mismo centro
escribirlas en la arena,
las dos distancias midiendo 220
de la sombra del abismo,
y la luz del firmamento.
Ya el rumbo pierde el piloto,
y el timonel pierde el tiento,
y en no entendidas faenas, 225
por mandar más obran menos.
Babilonia de las ondas
era el bajel, cuyo estruendo
de voces nos confundía,
más que aliviaba, ¡oh qué cierto 230
es, que donde todos mandan,
nadie obedece, y que el riesgo
mayor es cuando provee
la necesidad los puestos!
Cruje el pino atormentado 235
de uno y otro embate; el lienzo,
de una ráfraga y de otra,
azotado cruje, haciendo
rumor como hacía gemido;
que hasta un cáñamo y un leño 240
parece que sienten, cuando
mal confundido el consejo, [49]
con el acuerdo de todos,
no es de ninguno el acuerdo.
En este horror, esta grima, 245
pasamos la noche, siendo
del marinaje el estudio,
de la náutica el precepto,
albedrío de las ondas,
hasta que el primer reflejo 250
nos divisó los celajes
deste monte, sucediendo
a los peligros del mar
los de la tierra; supuesto,
que a penas la lealtad quiso 255
que a mí el esquife pequeño
salve, cuando desbocado
bruto el bajel en aquellos
peñascos, vuelta la quilla,
fue lóbrego monumento 260
tan de todos, que no más
que Libio gozó del puerto.
De mi venida, la causa
es esta, este mi suceso.
Dime, pues, ¿dónde he llegado?, 265
¿quién es el prodigio bello
que aquí habita y cómo aquí
estás tú, porque con eso
se (3) consuelen mis desdichas,
se alivien mis sentimientos, 270
se cobren mis esperanzas,
y se restauren mis riesgos?
DANTEO Bien antes que te informara
de todo, quisiera, atento
al reparo de tu vida, 275
llevarte a un barco que tengo
en el mar, pero mirando
cuánto está sañudo y fiero
por una parte, y por otra,
que las dudas de mi pecho 280
no es posible que te den
espera, escúchame atento,
y lo tardo del abrigo
salve el informe de presto.
Llegué a Enido, efectué 285
los ya tratados conciertos,
di aviso al Rey mi señor,
escribite a ti lo menos
que pude y lo que más supe
de Deydamia; pero esto 290
no es ahora del caso, vamos
tus dudas satisfaciendo.
Ya sabes cuánto ofendida
Grecia del atrevimiento
de Paris, tratando vive 295
de su venganza los medios;
y que todos cuantos reyes
contiene el poblado cerco,
que el archipiélago baña,
conjurados a este efecto 300
se han aliado, de cuyos
grandes apercibimientos
es el movedor Ulises,
a quien por valor, y ingenio,
para la guerra de Troya 305
da Grecia el marcial gobierno.
Este, pues, a Egnido vino,
donde prevenido y cuerdo
su rey, dijo, que en la liga
no había de entrar si primero 310
el oráculo de Marte
no le daba avisos ciertos
de que auxiliar prometía
los militares aprestos
de aquesta guerra. Aquí, ahora 315
importa que más atento
me oigas, porque empieza aquí
el más extraño suceso
de cuantos guarda la fama
en los archivos del viento. 320
Este monte, que por todas
partes el mar ciñe, siendo
a su fortificación
foso inexpugnable, un tiempo
isla fue habitada donde 325
sus moradores vivieron [49v]
con política, aunque hoy
no es más que escollo desierto.
La causa de despoblarse
dicen que fue, que su ameno 330
pensil la deidad de Tetis
tuvo por divertimiento,
a que del mar con sus ninfas
salía, y aquí Peleo,
príncipe joven, llevado 335
de sus amantes afectos,
forzó su hermosa beldad,
dando el robo a sus deseos
la ocasión. Ella, ofendida
del injusto atrevimiento, 340
el tálamo destruyó,
inundando a nieve y fuego
los edificios, los troncos,
y los vecinos, que fueron,
sin cuidar de su defensa, 345
cómplices de su desprecio.
Desde entonces en sus grutas
diz que se oyen por momentos
tristes gemidos, de quien
la mitad responde el eco. 350
Nadie examinar se atreve
el ignorado portento
de una cueva que sellada
de un peñasco está, aunque dentro
en humana voz se escuchan 355
quejas, ansias y lamentos. (4)
De la ruina solamente
perdonó el sagrado incendio
en la cúpula del monte
el edificio de un templo 360
consagrado a Marte; en él,
atropellando los miedos
de la inhabitada isla,
el rey de Egnido, Polemio,
con Deydamia y con Ulises, 365
nobleza y plebe del reino,
hacer quiso el sacrificio
de Marte, porque con eso
más obligado responda
al ver que a su culto atento 370
viene a renovar las aras
que cubrió de olvido el tiempo.
Esta es la causa de hallarnos
todos aquí.
LIDORO Según eso,
Deydamia es aquel hermoso 375
prodigio, aquel pasmo bello,
que arrebató mis sentidos,
al verla agora encubierto
de estas peñas.
DANTEO Es sin duda.
LIDORO ¡Cuánto a mis fortunas debo! 380
DANTEO Pues que ya informado estás,
ven conmigo, porque luego
que te repares, señor,
vuelvas al bajar del templo
a hablar al Rey y a tu esposa. 385
LIDORO Eso no, que fuera necio
quien a vista de su dama,
y más al lance primero,
llegara con el desaire
de llegar pobre.
LIBIO Y qué cierto; 390
porque el ser pobre da un asco
tan grande que aun parecerlo
de prestado causará
en ella aborrecimiento.
DANTEO Pues, ¿qué has de hacer?
LIDORO Encubrir 395
mi nombre hasta que, escribiendo
a mi padre su asistencia,
me adorne de lucimientos
dignos de decir quién soy;
y así...

(Dentro terremoto.)


UNO (Dentro.) ¡Qué horror!
OTROS ¡Qué portento! 400
OTRO ¡Qué asombro!
OTRO ¡Qué confusión!

(Terremoto.)


LOS TRES Divinos dioses, ¡qué es esto!
DANTEO Dentro del templo de Marte
se oyen marciales estruendos
de trabada lid.
LIDORO Ya el duro 405
terror, el monte soberbio [50]
estremecido parece

(Terremoto.)


que se arranca de su centro.
ULISES ¡Qué admiración tan notable!
DANTEO Valiente Ulises, ¿qué es eso? 410

(Sale ULISES asombrado.)


ULISES Apenas al templo entramos
cuando Marte respondiendo
al piadoso sacrificio,
prorrumpió en horrible acento:
«Troya será destrüida 415
y abrasada por los griegos,
si va a su conquista Aquiles
a ser homicida de Héctor.
Aquiles, humano monstruo
de aquestos montes, en ellos 420
un risco...». Y aquí trocada
la voz quedó, confundiendo
las señas que iba a decir,
turbados los elementos,
la tierra hablando en temblores, 425
en relámpagos el fuego,
el mar en roncos bramidos,
y el aire en tristes concentos;
porque otra deidad, sin duda,
(¿quién ignora que sea Venus?) 430
que es afecta a los troyanos,
ofendida que el agüero
el oráculo descifre,
quise con este portento
desvanecerle, pensando 435
que el susto (5), el pasmo o el miedo
nos embarece buscar
al monstruo Aquiles, queriendo
que nos le oculte el asombro
o nos le ignore el estruendo. 440
DANTEO ¿Y el Rey y Deydamia?
ULISES Todos
admirados del suceso,
decienden ya.
LIDORO Nadie entienda
quién soy.
DANTEO Seguiré tu intento.

(Salen todos.)


EL REY Pues de Marte la sagrada 445
voz nos avisa, diciendo
que en este monte está Aquiles
y que en él el vencimiento
de Troya consiste, en tanto
que él no parezca, no debo 450
firmar la liga; y así,
lo más que ofrecerte puedo
es la diligencia: todos
las entrañas penetremos
deste monte en busca suya. 455
ULISES Tronco a tronco y centro a acentro,
en escuadras divididos,
sus grutas examinemos.
DANTEO No quede sitio, que no
le averigüe el valor nuestro. 460
LIDORO Si un extranjero, señor,
que hoy del mar, pobre, deshecho,
tomó puerto en estas rocas,
merece a tus plantas puesto,
licencia de hablar, diré 465
en qué parte escuché, dentro
de una roca, humanas voces.
EL REY El aviso te agradezco.
Llévame allá, que sin duda
es la gruta que ha descubierto 470
este asombro.
DEIDAMIA Yo he de ser
la primera que corriendo
sin ente vaya.
EL REY Esto no,
que es fragoso su desierto
para tus plantas; y así, 475
que tú te quedes te digo
con Cintia y Sirene (6).
DEIDAMIA ¡Cuánto
a mi pesar te obedezco!
EL REY Por si la cueva otra boca
tiene, no se escape huyendo, 480
tú, Ulises, por esa parte
corre el monte; tú, Danteo,
por esotra; tú conmigo
ven, generoso mancebo.
ULISES Tú verás mi diligencia. 485 [50v]
DANTEO Tú conocerás mi afecto.
EL REY Pues, con cualquier novedad,
volveremos ese puesto,
y para no errarle, es bien
que las voces e instrumentos 490
sirvan a los tres de aviso
y a ti de divertimiento;
y así, Deidamia, haz que siempre
sonando estén sus acentos.
ULISES Al monte.
DANTEO A la cumbre.
TODOS Al llano. 495
EL REY Ven, joven.
LIDORO Ya te obedezco.
Sígueme, Libio.
LIBIO Sí haré;
aunque para un forastero
convidarle a cazar monstruos
por mal agasajo tengo. 500
LIDORO Ven Libio. ¡Ay bella Deidamia!,
mintió tu encarecimiento.
TODOS (Dentro.) Al llano, a la cumbre, al monte.
DEIDAMIA ¡Oh, qué injustamente, cielos,
con más penas que las mías, 505
ocupáis mis sentimientos!
CINTIA ¿De qué suspiras?
SIRENE ¿Qué llora?
DEIDAMIA ¿Las dos me preguntáis eso,
cuando a las dos el decirlo
no importa para saberlo? 510
¿Ignoráis que el Rey, mi padre,
tirano de mis deseos,
casarme trata en Epiro,
sabiendo de mí que tengo
por natural condición 515
tan grande aborrecimiento
a los hombres que no ha habido
quien me merezca un desprecio?
Y cuando no fuera tanta
esta altivez, ¿cómo puedo 520
dejar de sentir que un hombre,
sin vencerme los despegos,
sin sufrirme los desvíos,
haya de llamarse dueño,
introduciéndose antes 525
al dominio que al afecto?
CINTIA Las soberanas deidades
antes de nacer tuvieron
sabido para quién nacen.
DEIDAMIA Aun eso, esto que yo siento, 530
y dejando este cuidado
que aflige como primero,
¿cómo pudo no tener
otro segundo que hoy tengo?
SIRENE ¿Qué cuidado?
DEIDAMIA Astrea, mi prima, 535
con quien en mis años tiernos
pasé la primera infancia,
sin que haya podido el tiempo
apartar los corazones;
pues aunque es verdad que puedo 540
asentar que de sus señas,
o poco o nada me acuerdo,
con todo, ni la han sacado
de los cariños del pecho
la ausencia ni la distancia 545
mantenidas del acuerdo
en el gobierno de Acaya,
donde su padre había muerto,
llamada viene de mí
a vivir conmigo, y temo 550
que esa pasada tormenta,
que echó a pique en estos puertos
un bajel, sea el que a ella
la traía.
LIBIO Los sucesos
no gustosos, mejor es 555
desecharlos que temerlos.
SIRENE Siéntate y descansa un rato,
que nosotros cantaremos,
sirviendo el canto a dos luces
de aviso y de pasatiempo. 560
DEIDAMIA Cantad, pues, mientras yo doy
treguas a mis sentimientos.

(Duérmese DEIDAMIA; mientras cantan, abre una roca AQUILES y sale a la boca.)


LAS DOS (Cantan.) Desdichado [51]
del que no vive engañado.
UNO (Canta.) ¿Qué importa, si oyendo estoy, 565
Nise, tu agrado amoroso,
que tú no me hagas dichoso,
si yo pienso que lo soy?
DOS (Canta.) Crédito al semblante doy,
aunque me mienta el semblante, 570
pues ya vivo aquel instante
en que me miente tu agrado.
LAS DOS Desdichado
[del que no vive engañado.]

(Sale AQUILES de pieles.)


AQUILES Cielos, ¿qué voz tan sonora 575
es la que hiere mi oído?,
¿qué nuevo pájaro ha sido
este que hoy llama a la aurora?
Todo mi vida lo ignora,
pero, ¿qué mucho, si he estado 580
desde que nací encerrado
en esta bóveda obscura,
sin ver del sol la luz pura,
ni qué es cielo, ni qué es prado?
La deidad que aquí me cría 585
y a verme de noche viene,
puesto precepto me tiene
que no salga a ver el día;
y aunque la obediencia mía
las leyes pudo guardar, 590
este canto singular
a romperla me resuelve:
la gruta abro por si vuelve
segunda vez a cantar.
CINTIA (Canta.) Si disimula el engaño 595
el amor que no hay en ti,
¿qué importa haber daño en mí,
si yo no conozco el daño?
SIRENE (Canta.) Nunca llegue el desengaño
pues mejor me está vivir 600
engañado que morir
celoso y desesperado.
LAS DOS Desdichado
[del que no vive engañado.]
AQUILES ¡Qué dulce voz!, ¡qué süave! 605
Ya que he podido romper
la prisión, tengo de ver
qué plumas te viste ave
que robar el alma sabe.
CINTIA Parece que se ha dormido 610
Deidamia.
SIRENE No hagamos ruido,
que no importa el avisar,
más que el verla descansar.

(Vanse.)


AQUILES Ya de la cueva he salido,
y al ver del sol la luz pura, 615
se ciega la vista mía;
salgo a ver el claro día,
y doy con la noche obscura.
¡Qué variedad!, ¡qué hermosura
tan admirable! Y si creo 620
a mis noticias, no veo
cosa que como ellas sea.
¡Oh cuánto finge la idea!
¡Oh cuánto vuela el deseo!
Aquel azul resplandor, 625
el cielo debe de ser;
la tierra, a mi parecer,
será este hermoso verdor;
este árbol, esta flor,
ave esta; esta transparente 630
fuente, aquel mar... Mas, detente,
discurso, que tu voz yerra;
que esto solo es cielo, es tierra,
mar, árbol, flor, ave y fuente.
Cielo, pues está adornado 635
del sol y de las estrellas;
tierra, pues colores bellas
su vestido han matizado;
árbol, pues de su tocado
el viento las ramas mueve; 640
flor, pues aljófares bebe;
mar, pues riza albas espumas;
ave, pues tremola plumas,
y fuente, pues toda es nieve.
De todo cuanto llegué 645
a ver, esto es en rigor
lo mejor de lo mejor: [51v]
como esta su mano fue,
¡ay Dios!, ¿me atreveré
a tocarla? Osado llego; 650
¡ay, que me abraso! ¡ay, que ciego
me yelo!, ¡oh áspid aleve!,
a la vista eres de nieve
y eres al tacto de fuego.
Mas con tu yelo o tu ardor 655
tan poca daño me has hecho
que antes siento acá en el pecho
bien hallado mi dolor;
¿no tuve pena mayor
jamás, pues de gozo llena 660
la alma, otra vez se condena
a sentirla, discurriendo
cuál sera su gloria siendo
tan apacible su pena?
Mas, ¡hay esperanzas vanas!, 665
que entre las cosas que oí
a quien me ha crïado aquí,
una es, ¡desdichas tiranas!,
que hay deidades soberanas,
y si aquestas son verdades, 670
ya con dos contrariadades
argüí en mis pareceres:
si hay deidades, tú lo eres;
si no lo eres, no hay deidades.
Y supuesto que ya aquí 675
tal te conoce y te adora
mi vida, tengo...

(Sale SIRENE.)


SIRENE Señora,
ya todos..., mas, ¡ay de mí!,
¿qué miro?
AQUILES No huyas así...
SIRENE ¡Fiero monstruo!
AQUILES Y dime, puesto 680
que has hablado...
SIRENE Suelta presto.
AQUILES ¿Tan grande asombro te doy?
Oye, aguarda.
SIRENE ¡Muerta soy!
¡Valedme, dioses!

(Cáese desmayada SIRENE y despierta DEIDAMIA, y él se halla entre las dos.)


DEIDAMIA ¿Qué es esto?
¿Quién da voces? Mas, ¡ay cielos!, 685
¡quién vio asombro semejante!
AQUILES Óyeme tú, y no te espante
mi vista ni dé recelo.
DEIDAMIA Viva estatua soy de yelo.
AQUILES Que solo saber quisiera, 690
en la confusión primera
de tantas dudas esquivas,
si importó, por que tú vivas,
que esotra deidad se muera.
Cuando tú sin vida estabas, 695
ella con vida venía;
cuando ella estatua fría,
¿tú de respirar acabas?
Dime si el alma la dabas
prestada por el instante 700
que no te era a ti importante;
porque siendo así, que a dos
una alma sirve, ¡por Dios!,
que mi rudeza ignorante
a tu ser ha de pedir, 705
que a cobrarla se resuelva,
y porque ella a sentir vuelva,
que vuelvas tú a no sentir:
no porque he de consentir,
no porque he de conseguir 710
más gusto en que viva aquella
que tú, siendo tú más bella,
sino porque yo al pasar,
me pueda al alma abrazar
para quedarme con ella. 715
DEIDAMIA De tu semblante feroz
el susto en horror se muda,
que no es racional tu duda,
aunque es racional tu voz;
y mi discurso veloz 720
se atreve a juzgar no en vano,
que hombre humano eres.
AQUILES Tirano [52]
tu ser el alma imagina:
¿téngote yo por divina,
y tiénesme por humano? 725
Hijo soy de una deidad,
que esto solo sé de mí,
porque desde que nací
no la debo otra piedad.

(Vuelve SIRENE.)


DEIDAMIA Pues, ¿cómo así?
AQUILES La crueldad 730
suspende.
DEIDAMIA Ya en sí volvió
Sirene.
AQUILES ¿Cómo cobró
su ser, sin faltarte a ti?
¿Tienes alma y vida?
SIRENE Sí.
AQUILES Luego, ¿no eran tuyas?
DEIDAMIA No. 735
AQUILES Gran autor debe de ser
el que con eterna palma
a cada cuerpo da un alma,
y una vida a cada ser;
¿quién eres tú?
SIRENE Una mujer. 740
AQUILES Dulce nombre: ¿tú quién eres?
DEIDAMIA Una mujer.
AQUILES ¡Qué placeres
tan tiernos, tan amorosos!
¡Vive Dios que sois hermosos
animales las mujeres! 745
Mas, ¿cómo si viendo estoy
en las dos una excelencia,
hay tan grande diferencia
en las dos, que al veros hoy,
con igual afecto os doy 750
una alma que tengo bella,
y tan al contrario della
usáis, que al irla a cobrar,
tú me la vuelves a dar
y tú te quedas con ella? 755
¿Qué poder en ti más fuerte
puso el cielo, pues a ti
el verte me basta a mí,
y a ti no me basta el verte?
Tu hermosura me divierte, 760
la tuya me da pasión,
y en igual admiración,
con desiguales enojos,
tú te quedas en los ojos,
tú te entras al corazón. 765
SIRENE Señor monstruo, que hay, confieso,
en lo que va a discurrir,
muchísimo que decir,
mas yo no estoy para eso.
DEIDAMIA ¡Muerta estoy! Estoy sin seso 770
al ver tanta rustiqueza,
en tan inculta belleza
SIRENE Huye, señora. (Vase.)
DEIDAMIA No puedo,
que grillos me ha puesto el miedo.
AQUILES ¿Por qué con tal ligereza 775
huyó de la vista mía?
Aunque si digo verdad,
no me hace ella soledad
si tú me haces compañía.
DEIDAMIA No, no te acerques, desvía. 780
AQUILES (Detiénela.) No huyas tú, detente, espera.
DEIDAMIA Suelta.
AQUILES No haré hasta que infiera
quién vida y muerte me da.
SIRENE (Dentro.) Corred, que Deidamia está
en los brazos de una fiera. 785
TODOS (Dentro.) Acudid todos al llano.
AQUILES ¿Qué voces aquestas son?
DEIDAMIA De mis gentes, cuya acción
muerte te dará.
AQUILES Es en vano
que tema el ser soberano 790
de Aquiles.
DEIDAMIA ¿Qué es lo que oí?
¿Tú eres Aquiles?
AQUILES De mí
eso es todo cuanto sé.

(Detiénela y sale LIDORO.)


DEIDAMIA Pues ahora yo seré
la que te detenga a ti. 795
AQUILES ¡Qué poco habrás menester!
DEIDAMIA ¡Ha de toda la montaña!

(Abrázase con él.) [52v]


¿No hay quien venga a mi voz?
LIDORO Sí,
que perdida la esperanza
de hallar la gruta, no pierda 800
la de darte vida en tanta
confusión. Bárbaro monstruo,
muere a mis manos.
DEIDAMIA Aguarda.
Extranjero que esos mares
arrojaron a estas playas, 805
no lo mates, que es Aquiles.
LIDORO ¿Qué es lo que escucho?
AQUILES ¿Qué rabia
ha introducido en mi pecho
el ver que con él se abraza,
que es un casi aborrecerla 810
lo que pensé que era amarla?
LIDORO Tu advertencia me suspende,
no su vista me acobarda
para no darle la muerte.
AQUILES Pues no le tengas, aparta; 815
veamos si mata lidiando,
quien antes de lidiar mata.
LIDORO ¿Tú eres Aquiles?
AQUILES Yo soy.
LIDORO Pues de esa loca arrogancia
quiero remitir el duelo 820
por ti y por quien me lo manda;
porque siendo como eres,
a quien destinan las sacras
deidades en ti de Grecia,
en lugar de otra venganza, 825
quiero ser tu amigo.
AQUILES Yo
no quiero; que será infamia
ser amigo con la voz
y enemigo con el alma.
LIDORO ¿Por qué enemigo?
AQUILES No sé. 830
LIDORO ¿Qué causa he dado?
AQUILES La causa,
aunque sé bien cómo es,
no sé bien cómo se llama.
DEIDAMIA Pues fue mía la ventura
de hallarte, y el duelo basta, 835
conmigo has de venir.
AQUILES Eso
no es posible, aunque me arrastra
tu hermosura y mi dolor.
DEIDAMIA Pues, ¿por qué?
AQUILES Porque hace falta
a una deidad por quien vivo; 840
y si viene y no me halla
en la prisión que rompí,
no dudo que sus venganzas
harán mi vida infelice;
y así a pesar de las ansias 845
que a un tiempo siento e ignoro,
adiós deidad soberana,
y agradecedme el dolor
que llevo dentro del alma. (Vase.)
DEIDAMIA Oye.
LIBIO Aguarda.
AQUILES No es posible. 850
LIDORO No; lo será si le alcanza
mi velocidad. Espera,
que yo le traeré a tus plantas. (Vase.)
DEIDAMIA Mal podrás, que el viento mismo
debió de darle las alas, 855
según penetra veloz
el monte.

(Salen todos.)


EL REY Hermosa Deidamia,
¿qué ha sido esto?
DEIDAMIA Examinar
que las dichas no las halla
quien las busca, sino quien 860
más empereza el buscarlas,
pues yo, que a buscar no fui
a Aquiles en esta playa,
le hallé.
ULISES ¿De qué sabes que él
fuese?
DEIDAMIA De que él lo declara. 865
DANTEO ¿Y dónde está?
DEIDAMIA Se ha ido huyendo;
mas seguidme, que aunque vaya
tras él el gallardo joven
que del mar la horrible saña
a tierra arrojó, no pienso 870
que le alcance, si no ataja
vuestros pasos por aquí. (Vase.) [53]
TODOS Guía, que tus soberanas
luces seguiremos todos. (Vanse.)
DANTEO Libio, pues ves que quien anda 875
en alcance deste monstruo,
que un Dios revela, otro guarda,
es Lidoro, ven tras él,
no suceda una desgracia.
LIBIO Vaya el gran Sofí, que yo 880
nunca fui amigo de caza
de monstruos; aun de perdices
y de conejos me cansan,
porque después de molerse
un hombre tarde y mañana, 885
no tray más de cuatro reales,
que es lo que cuesta en la plaza.
UNOS A la marina.
OTROS A la selva.
OTROS Al monte.

(Sale cayendo AQUILES.)


AQUILES El cielo me valga.
LIBIO A mí también, que no menos 890
lo he menester.
AQUILES De esas altas
peñas me dejé caer,
porque nadie me alcanzara
de cuantos me siguen: ¡cielos!,
¿en qué mi vida les cansa? 895
LIBIO ¡Ay, qué tamañito monstruo!,
pero para mí este basta,
y así entre aquestas dos peñas
me esconderé mientras pasa.
AQUILES No soy bruto de su especie; 900
¿por qué me persiguen? ¿Tanta
fue la culpa de salir
tras una voz que arrebata
los sentidos? Mas, ¡ay cielos!,
que entre confusiones tantas, 905
el tino perdí a la gruta,
¿por dónde iré hasta encontrarla?
LIBIO Por donde no dé conmigo.
DEIDAMIA (Dentro.) Desde aquellas peñas altas
fue por donde se arrojó. 910
LIBIO Sitiad el monte.
DANTEO A la playa.
ULISES A la marina.
EL REY A la selva.
AQUILES Pues tan en mi alcance andan,
aquesta quiebra me esconda.
LIBIO ¿No había otra desocupada 915
sino esta?
AQUILES ¿Quién está aquí?
LIBIO Un lobo que dio en la trampa.
AQUILES ¿Quién eres?
LIBIO Iré a saberlo;
ya vuelvo.
AQUILES ¿De qué te espantas?
LIBIO De poco, pues es de ti. 920
AQUILES ¿Por qué?
LIBIO Porque tengo gana
de espantarme.
AQUILES Ahora conozco
que hay en las sangres distancia,
pues hay hombres que me temen,
donde hay hombres que me agravian. 925
Ven acá.
LIBIO Aquí estoy muy bien.
AQUILES ¿Has visto en esta montaña
una boca de quien es
todo un peñasco mordaza?
LIBIO Pues no. Vaya usted, que a aquella 930
parte está. (7)
AQUILES Ven tú a enseñarla.
LIBIO Desde aquí daré las señas.
AQUILES Tu temor me ha dado causa
a obligarte que conmigo
vengas, y ya con dos causas: 935
que por dónde voy no puedas
decir, y de paso me hagas
capaz de un dolor que ignoro.
Ven acá, ¿cómo se llama
una dulce pesadumbre, 940
que a un tiempo yela y abrasa
todo el corazón, corriendo
desde los ojos al alma?
LIBIO ¿Qué habías visto?
AQUILES Una mujer.
LIBIO O todas mis ciencias faltan, 945
o esa pasión es amor.
AQUILES Luego, después de mirarla,
¿otra más fuerte pasión, [53v]
hija de aquella, hay contraria?
¿Cómo se llama?
LIBIO ¿Qué habías 950
visto? (8)
AQUILES Que a un hombre se abraza.
LIBIO Aquesos se llaman celos.
AQUILES ¿Celos? Mientes, tú me engañas;
que no pueden celos ser
a quien una letra falta 955
para 'cielos' y le sobra
para ser 'infierno' tantas;
y cuando lo sean, ¿qué cura
tener pueden?
LIBIO Olvidarla.
AQUILES Dame tú un poco de olvido. 960
LIBIO Hémelo dejado en casa,
mas, si un tantico me espera
iré por él, y en volandas
de tantísimo de olvido
vendré cargado.
AQUILES ¿Qué aguardas? 965
Corre veloz.
LIBIO Al instante
verás que vuelvo; la espalda,
mamola el seor mostrecillo.
DEIDAMIA Allí se mueven las ramas;
cercad el sitio.
AQUILES ¡Ay de mí! 970
¿El despeñarme aun no basta
para que el centro me esconda?
Pero la fuga me valga
por esta parte.

(Sale LIDORO al paso.)


LIDORO Detente,
prodigiosa fiera humana, 975
que mía ha de ser la dicha
de que a los pies de Deidamia
vuelvas.
AQUILES Porque tú no logres
esa ocasión de agradarla,
no por temor, otra vez 980
el monte crucé.

(Sale ULISES.)


ULISES Aguarda,
racional humano monstruo,
ya que para mi esperanza
quiere el cielo que yo sea
quien te dedique a las aras 985
de Marte, para blasón
de Grecia.
AQUILES Pretensión vana
es parar mi curso.

(Sale DANTEO.)


DANTEO Espera,
prodigio destas montañas,
que mío ha de ser el triunfo. 990
AQUILES ¿Dónde pueden ir mis ansias,
cercado de tantos?

(Sale EL REY.)


EL REY Donde
sea mía la alabanza
de tu rendimiento.

(Sale DEIDAMIA.)


DEIDAMIA No huyas,
sabiendo que no te agravia 995
quien para tu honor te busca.
AQUILES Eso no sé, y sé que airada
una deidad que ofendí
quedará, si no me halla
donde me dejó, y así 1000
entre todos, las espaldas
fïadas deste peñasco
he de lidiar en demanda
de mi libertad.
TODOS Pues, ¿cómo
de tantos librarte aguardas? 1005

(Toma un bastón, como arrancado de un árbol.)


AQUILES Muriendo y matando.
EL REY Date
a prisión, pues que no tratas
darte a partido.
AQUILES Divina

(Riñen todos con él.)


deidad, ¿cómo en pena tanta
por un pequeño delito 1010
me falta tu amor?

(Ábrese el peñasco y vese TETIS en él, y vuelve a cerrarse con AQUILES.)


TETIS No falta; [54] (9)
que este peñasco abrirá
sus pavorosas entrañas
para librarte de que
cumpla el hado su amenaza. 1015
AQUILES ¡Ay de quien, vivo, sepulcro
esconde sin esperanzas
de que nunca ha de volver
a ver el sol de Deidamia!
EL REY ¡Qué prodigio!
LIDORO ¡Qué portento! 1020
DANTEO ¡Qué maravilla!
ULISES ¡Qué ansia!
DEIDAMIA Pues el centro de la tierra,
para escondérnosle, rasga
sus duros senos, ¿quién duda
que oculta deidad le ampara? 1025
EL REY Si contra oculta deidad
humano poder no basta,
desamparemos el monte.
DANTEO Al mar.
LIDORO Al golfo.
TODOS A la playa.
ULISES Aunque todos huyan, yo 1030
quedaré donde dé trazas
opuestas, deidad, de hallarle
donde quiera que le guardas.

Pedro Calderón de la Barca:El monstruo de los jardines




Jornada II


Vuelve a abrirse el peñasco y vese en él a AQUILES y TETIS luchando, y con los primeros versos salen al tablado y el peñasco se cierra.


AQUILES ¿Esta es piedad?
TETIS Sí.
AQUILES Pues no
quiero admitirla.
TETIS ¿Qué intentas?
AQUILES Arrojarme despechado,
desde esa más alta peña
al mar, a donde mi vida, 5
desesperada y resuelta,
de un sepulcro a otro sepulcro
pase de una vez, y tengan
fin tantas ansias.
TETIS Advierte.
AQUILES Es en vano.
TETIS Considera. 10
AQUILES No es posible.
TETIS Mira.
AQUILES ¿Qué
hay que mire?, ¿qué hay que advierta?,
¿qué hay que considere, cuando
sujeto a tirana fuerza,
segunda vez solicitas 15
reducirme a más estrecha
prisión que la que echó a mal
los años de mi edad tierna?
Cuando pensé que el abrirse
en duras bocas la tierra, 20
amparándome de tantos
como me sitiaron, fuera
para mi seguridad,
¿vuelve a ser para mi afrenta?
Pues no, no ha de ser, que ya 25
es tarde para obediencias.
Antes que viera del sol
las luces, antes que viera
de los cielos la armonía,
de los montes la soberbia, 30
de las flores la hermosura,
de las aves la belleza,
y la inquietud de los mares,
ya toleraba mi estrella
en la fe de la ignorancia 35
el voto de la apaciencia.
Pero después que los vi,
y vi que juraba reina
de la hermosura a Deidamia
toda la naturaleza: 40
¿cómo quieres que otra vez
sin ellos viva, y sin ella,
y me consuele de hallarla,
tan solo para perderla?
Y así, pïadosa, cruel, 45
que me amparas y me fuerzas,
que me crías y me afliges,
me halagas y me atormentas,
perdóneme tu respeto, [54v] (10)
que aunque obedecerte quiera, 50
mi voluntad, mi pasión,
no quiere que te obedezca.
Yo he de seguir de Deidamia
la luz, aunque la defiendan
los hados, o ha de quitarme 55
la vida, porque no tenga
a pesar de mi valor
aqueste triunfo su ausencia.
TETIS ¡Ay, Aquiles, si supieses
cuán piadosamente atenta 60
esta que llamas crueldad,
tu vida ampara, y reserva
de opuesto influjo!
AQUILES ¿Qué influjo
habrá tan crüel, que pueda
más que quitarme la vida? 65
Pues si tú me quitas esta,
¿qué me das? Y así, perdona,
digo otra vez, y pues fiera
constelación una vida
destina a dos muertes, deja 70
que la pierda a gusto mío,
si es preciso el que la pierda.
Vuelve, pues, bella Deidamia,
y cuantos te siguen vuelvan
a lograr en mí las iras, 75
con que mi muerte desean.
¡Aquiles os (11) llama!, ¡Aquiles!
TETIS Suspende la voz y piensa.
AQUILES Ya te he dicho que es en vano,
si ya no es que me convenza 80
superior razón; y así,
mientras la causa no sepa
que te obliga a que me ocultes
quién eres, y soy, y mientras
no volviere a ver el cielo 85
de aquella deidad, aquella
sin quien ya será imposible,
que alivio mis ansias tengan,
no ha de volver a domarme
el yugo de tu obediencia. 90
TETIS ¿Tanto una beldad te arrastra?
AQUILES Tanto que seguirla es fuerza.
TETIS ¿No hay olvido?
AQUILES No sé dél.
TETIS ¿No hay cordura?
AQUILES No sé della.
TETIS ¿No hay albedrío?
AQUILES No es mío. 95
TETIS ¿No hay libertad?
AQUILES Es ajena.
TETIS ¿No hay remedio?
AQUILES No hay remedio.
TETIS ¿No hay prudencia?
AQUILES No hay prudencia;
morir o ver a Deidamia.
TETIS Pues ya que a su extremo llega 100
tu pasión, llegue a su extremo
la mía también, y sea
un asombro de otro asombro.
AQUILES ¡Reparo infeliz!
TETIS ¿Qué intentas?,
¿que sepas tú tu peligro, 105
y yo poner medio sepa
con que tú a Deidamia asistas,
y yo seguro te tenga?
AQUILES Pues, ¿qué aguardas?
TETIS Temo que
no verisímil parezca. 110
AQUILES Al amor todo le es fácil.
TETIS ¿Si es terrible?
AQUILES No le temas.
TETIS ¿Si es temerario?
AQUILES ¿Qué obsta?
TETIS ¿Si es extraño?
AQUILES Que lo sea
TETIS ¿Y si acaso...
AQUILES Di.
TETIS ...peligra 115
en términos de dolencia?
AQUILES ¿Qué importara, si es mi vida
fábula, que lo parezca?
¿De qué manera si, pues,
ha de ser?
TETIS Desta manera. 120
Yo soy, prodigioso Aquiles,
ya que declararme es fuerza,
Tetis (12), hija de Neptuno,
primer deidad de su esfera.
Algunas tardes, que el mayo 125
en su hermosa primavera
conchas me ferió y corales [55]
a claveles y azucenas,
con otras ninfas del mar
discurría la ribera 130
deste monte, coronada
de aljófares y de perlas.
Peleo, príncipe altivo
de la isla, tras las fieras
la campaña discurría, 135
cuando viendo mi belleza
(para desdichas, no es
vanidad que la encarezca)
solicitó mis favores,
y advirtiendo cuánto era 140
imposible a su deseo
ingrata mi resistencia,
dispuso... Pero permite
que aquí, turbada la lengua,
la retórica dispense 145
con el semblante, pues ella
menos dirá con la voz
que él dice con la vergüenza.
Basta pues, ¡ay infelice!,
que embrión de una violencia 150
fuiste, porque no te quejes
de mí, sino de tu estrella,
pues eres tan desdichado,
que cuando todos se precian
que nacieron de un amor, 155
naciste tú de una fuerza.
Yo ofendida, yo quejosa,
porque nunca se supiera
que tuvo logro su injuria,
ni que dio fruto mi afrenta, 160
a él le di muerte y la isla
quemé, no dejando en ella
racional testigo en quien
no sepultase mi ofensa
sin reservar, no mi ira, 165
sino superior clemencia,
más que ese templo, que Marte
sobre sus cumbres conserva.
Entre este horror, este asombro,
este pasmo, esta inclemencia, 170
lidiando mi pecho al verte
el rencor con la terneza
y que culpas de malicia
iba a pagar la inocencia,
te crïe con el secreto 175
que, encomendado a las peñas,
creciste a merced de solas
silvestres frutas y yerbas.
Viendo, pues, tu prodigioso
nacimiento, quise atenta 180
al discurso de tu vida
leerle en las doradas letras
de ese volumen, usando
de la no adquirida ciencia,
sino heredada, bien como 185
deidad de mares y selvas.
Y hallé que al tercero lustro
te amenaza la más fiera
lid, la más dura batalla,
la campaña más sangrienta 190
de cuantos en sus teatros
la fortuna representa.
Conque al ver por una parte
que a mi decoro es decencia
tenerte oculto, y por otra 195
que a tu vida es conveniencia,
quise, añadiendo razón
a razón y fuerza a fuerza,
que no salieses al mundo
hasta que mi diligencia, 200
haciendo que el fatal crisis
de la amenaza trascienda,
quebrase al hado los ojos.
Mas, ¡ay de mí!, ¡cuánto yerra
quien al poder de los dioses 205
previene hacer resistencia!
Marte lo diga, pues viendo
que al ceño de sus violencias
contigo el horror anima,
contigo el estrago alienta, 210
en su oráculo ha mandado [55v]
que en los centros de estas quiebras
te busquen, porque tú solo
importas en esta guerra,
tanto que sin ti no puede 215
acabarla toda Grecia.
Y dígalo Venus, pues
siendo en el robo de Elena
cómplice, como soborno
que fue de la competencia 220
de Paris, con los estruendos
de agua, fuego, viento y tierra,
el oráculo impidió,
dejando en su nombre y señas
declarada la noticia 225
y dudosa la certeza.
Y siendo así que tu hado
y su oráculo convengan
a tiempo que tú vencido
te ves de pasión tan ciega 230
que el retirarte a que vivas
es retirarte a que mueras,
¿qué mucho que yo al delirio
de una imaginada idea
procure hacer tiempo que hado, 235
amor y oráculo venzas?
Astrea, de Deydamia prima,
a quien en su infancia tierna
llevó al gobierno de Acaya
su padre, muriendo en ella, 240
llamada fue de Deydamia,
a que en sus palacios tenga
las dignidades de dama
con los honores de deuda.
Embarcose pues, y al fiero 245
temporal de una tormenta
dio al través, siendo la nave
su tumba, la quilla vuelta.
Con que yo agora, valida
de la blanda primavera 250
de tu edad, apadrinada
de tu divina belleza,
en fe de que nadie puede
en Egnido conocerla,
puesto que de infante a joven 255
dan las facciones mil vueltas,
solicito, como dije,
que el mundo en tu historia vea
la más extraña que el tiempo
repite en plumas y lenguas; 260
pues como tú, Aquiles, tomes
el traje y nombre de Astrea,
y yo bajel y familia
y demás faustos prevenga,
no dudo que, como el reo 265
que delincuente se alberga
a la sombra del cadahalso
donde nadie le sospecha,
te ampares tú en tu peligro
de ti, maginando señas 270
de que allí puedan buscarte
ni el amor que te atormenta,
ni el hado que te amenaza,
ni oráculo que te arriesga,
en cuyo disfraz tú agora 275
discurre, imagina y piensa
cuál viene a estarte mejor:
que de ti tu influjo sepan
o estar sirviendo a tu dama.
Y cuando no te convenzan 280
tres razones tan precisas,
pensar será la más cuerda,
que esto no ha de durar más
que solo hasta que trascienda
el punto que te amenaza, 285
que ya se (13) divisa cerca:
y una vez pasado, yo
seré, Aquiles, la primera
que de la rascada brida
el tiento te dé en la rienda, 290
la noticia en el estribo,
y en él borren la firmeza;
que el blando acero te ciña,
el limpio arnés te prevenga,
el duro yelmo te enlace, 295 [56]
el fuerte escudo te ofrezca,
para que glorioso vivas.
Mas deja hasta entonces, deja,
que averigüemos al cielo
si tiene el ingenio fuerzas, 300
contra el poder de sus hados
y influjo de sus estrellas.
AQUILES Si a cada razón de cuantas
me ha dicho tu voz, hubiera
de responderte, confuso 305
me hallara entre las respuestas.
Y así por no confundirlas,
o no embarazarme en ellas,
todas las dejo, pues todas
en una sola se abrevian. 310
Si a vivir voy con Deydamia,
si a adorar voy su belleza,
nombre, ser, honor y fama,
¿qué se pierde en que se pierda?
No me dilates la dicha 315
que me ofreces; considera
que persuadido un deseo
a siglos las horas cuenta.
TETIS Pues ya que lo estás, escucha:
¡ha del mar!

(Salen cuatro NINFAS.)


MÚSICA (Dentro.) ¡Ha de la tierra! 320
TETIS Hermosas ninfas de Tetis.
UNO ¿Qué mandas?
DOS ¿Qué quieres?
TRES ¿Qué dices?
CUATRO ¿Qué ordenas?
TODAS Pues sabes que estamos
siempre a tu obediencia. 325
TETIS Que con los más sumptüosos
adornos, joyas y telas,
que en los archivos del mar
la hidrópica sed encierra,
a aqueste bruto diamante 330
pulir tratéis de manera,
que el que fue asombro de horror,
pase a serlo de belleza,
cuando mujeriles pompas,
tanto su forma desmientan, 335
que sea monstruo en los jardines
el que fue monstruo en las selvas.
LAS CUATRO Norabuena sea,
sea norabuena,
[trocando su forma] (14) 340
de horror en belleza,
monstruo en los jardines,
quien lo fue en las selvas: (15)
sea norabuena.
UNO Ven donde tus ninfas... 345
DOS ...a tu gusto atentas...
TRES ...su hermosura labren...
CUATRO ...pulan su belleza.
UNO De suerte que como...
DOS ...has dicho tú mesma... 350
TRES ...tanto su semblante...
CUATRO ...disfrace que sea...
TODAS (Cantan.) Trocando su forma
de horror en belleza,
monstruo en los jardines 355
quien lo fue en las selvas.
TETIS Ven a la orilla del mar,
donde ya, Aquiles, te espera
el fantástico bajel,
en que de todas sus señas 360
informado te acompaña.
AQUILES Cielo, sol, luna y estrellas;
montes, mares, troncos, flores;
brutos, aves, peces, fieras:
ya que es fuerza que mi vida 365
fábula al mundo parezca,
dadme ingenio con que supla
mi ignorancia, cuando sea
monstrüo en los jardines
quïen lo füe en las selvas. 370
TODAS Norabuena sea,
sea norabuena.
Veamos si sus hados
vence, cuando sea
monstruo en los jardines 375
[quien lo fue en las selvas.]

(Vanse cantando y representando, y sale ULISES como oyendo las voces.)


ULISES «Veamos si sus hados
vence, cuando sea
monstruo en los jardines, [56v]
quien lo fue en las selvas». 380
¿Qué nuevo oráculo, cielos,
es este que al aire suena,
en que parece que Marte
se obliga de la fineza
con que me quede en el monte, 385
cuando dél todos se ausentan?
Por si averiguar pudiese
el alma de su respuesta
intentando declararla,
pues para su inteligencia 390
que allí impidió el terremoto,
dice aquí en voces diversas.
ÉL y MÚSICOS (Dentro.) A ver si sus hados
vence, cuando sea
monstruo en los jardines, 395
quien lo fue en las selvas.
ULISES Tropa de marinas ninfas
es la que hacia la ribera
alegremente festiva
llevando el monstruo se acerca. 400
Tras ellas iré, aunque en vano
será, pues en hombros dellas
ya al mar se introduce, donde
hermoso bajel le espera,
a cuyo borde llegando, 405
vuelven a decir contentas,
como que a Marte en baldón
dicen de su competencia.
ÉL y MÚSICOS Veamos si sus hados
vence, cuando sea 410
monstruo en los jardines,
quien lo fue en las selvas.
ULISES Ya dentro del buque al mar,
en las náuticas faenas
del marinaje, las voces 415
dicen en música envueltas.
MÚSICOS ¡A leva, a leva!
El ancla desmarra,
despliega las velas,
y gozando el viento, 420
que sopla de tierra,
¡a leva, a leva!
Veamos si sus hados
[vence, cuando sea
monstruo en los jardines 425
quien lo fue en las selvas.]
¡A leva, a leva!
El ancla desmarra,
y descoge la vela.
ULISES (16) Ya engolfado en alta mar, 430
tan favorable navega,
que siendo delfín que nada,
parece neblí que vuela;
pero no me desconfïe
a pensar, que las cautelas 435
de Ulises... Pero, ¿qué digo,
si es (17) tan imposible haberlas,
cuanto lo es el contrastar
alguna deidad suprema,
que al resguardo de sus riesgos 440
de aquí diciendo le ausenta?
ÉL y MÚSICOS ¡A leva, a leva!
Veamos si sus hados
vence, cuando sea
monstruo en los jardines, 445
quien lo fue en las selvas.

(Sale LIDORO leyendo una carta y DANTEO descubierto y LIBIO.)


DANTEO ¿Qué escribe el Rey mi señor?
LIDORO Que habiendo la voz corrido
de haberse el bajel perdido,
ya de mi muerte el rigor 450
tuvo por cierto; mas luego
que a la voz siguió (18) el aviso,
ponerse en camino quiso
para Egnido: tanto llego
a deber a su fineza. 455
Y al fin, que presto vendrán
prevenciones que podrán
desempeñar la tristeza
con que hoy vivo disfrazado
a vista de tanto bien. 460
DANTEO Aunque disculpas me den
tus razones, lo has errado
en callar desde aquel día;
pues, ¿que importaría llegar [57]
derrotado tú del mar? 465
LIBIO Muchísimo importaría;
lleno a su novia envió
de joyas y de cadenas
su retrato uno, y apenas
la dicha novia le vio, 470
cuando con dos mil placeres
dio el sí. Él, muy amante y fino,
se puso luego en camino.
Ciertos hombres y mujeres,
de los que alzando figura, 475
dicen, sin saber de estrellas,
la buena ventura ellas,
y ellos la mala ventura,
dieron con él, y tomaron,
a la vista del lugar 480
a donde se iba a casar,
cuanto en su poder hallaron.
Él, bien o mal, como pudo,
hasta su novia llegó;
ella así como le vio 485
descadenado y desnudo,
dijo: «Este no se parece
al retrato que yo amé,
ni he de casarme, porque
quien no parece, perece». 490
DANTEO Extraña frialdad.
LIDORO Espera,
que bajando a los jardines,
donde rosas y jazmines
aguardan su primavera,
Deydamia, hermosa, ha salido 495
de su cuarto.
DANTEO Llegaré
a hablarla al paso, porque
puedas, señor, divertido
en su hermosura, lograr
la breve ocasión que ofrece 500
el sitio.
LIDORO Y [si] (19) te parece,
en mí la puedes hablar
para ver si su semblante,
iris del cielo de amor,
corre algún rasgo en favor 505
de mi fortuna inconstante.
DANTEO Ya llega cerca; y así
es bien, el papel trocado,
hagas el de mi crïado.

(Salen DEYDAMIA y SIRENE, cúbrase DANTEO y descúbrese LIDORO.)


DEYDAMIA ¿Quién, Sirene, estaba aquí? 510
SIRENE Al embajador vi agora
de tu esposo.
DEYDAMIA ¡Qué rigor!
¿Qué hay de nuevo, embajador?
DANTEO Mucho que temer, señora,
y que dudar.
DEYDAMIA ¿De qué modo? 515
DANTEO Carta del Rey he tenido,
en que me avisa que ha sido
tan amante y fino enredo
cuanto a su afecto ha tocado
Lidoro, el príncipe mío, 520
que obediente a su albedrío,
así como efectüado
vio el concierto, se embarcó,
porque no quiso que fuera
otro quien por vós viniera. 525
LIDORO ¿Alégrase de oíllo?
LIBIO No.
DANTEO Y haber llegado sin él
el aviso, me he tenido
triste, y más habiendo oído
la pérdida de un bajel, 530
según me contaba aquí
este extranjero, que igual
corrió el mismo temporal.
LIDORO ¿Y agora alégrase?
LIBIO Sí.
LIDORO Mientes, que primero fue 535
cuando el semblante alegró,
y agora le entristece.
LIBIO Yo
poco de semblantes sé,
pero ni uno ni otro vi.
DEYDAMIA Mucho siento, embajador, 540
que tenga vuestro temor
tanta razón contra sí.
LIDORO ¿Ves si lo siente?
LIBIO Muy bien.
DEYDAMIA Decid a ese forastero
que llegue a hablarme, que quiero 545
informarme yo también [57v]
de las noticias que tiene.
DANTEO Mirad, que llama Su Alteza.
LIDORO Si esa divina belleza
tantos favores previene 550
al que llega perseguido
de la fortuna y del hado,
ya fuera más desdichado,
si menos lo hubiera sido.
DEYDAMIA ¿No fuisteis vós el primero 555
que a socorrerme llegó
cuando mi temor creyó
ser Aquiles monstruo fiero?
LIDORO Yo fui el primero, señora,
que presumió que pudiera 560
ser tan felice que diera
por vós la vida que agora
rinde humilde a vuestros pies.
DEYDAMIA Confieso que agradecida
os quedé, y compadecida 565
de vuestras penas, después
que supe que derrotado
habías salido del mar;
y para desempeñar
la deuda en que os he quedado 570
en algún cargo, poned
los ojos, que desde agora
ser ofrezco intercesora (Yéndose.)
en que se os haga merced.
LIDORO La tierra que pisáis beso; 575
si la tierra que pisáis
besar merezco, y pues dais
con tal liberal exceso
ocasión a mis enojos
de alentarse, yo os diré 580
una pretensión en que
tengo ya puestos los ojos.
DEYDAMIA (Vuelve.) Decid.
LIDORO No ha de ser agora
DEYDAMIA ¿Por qué?
LIDORO Porque no me atrevo.
DEYDAMIA ¿Cómo?
LIDORO Como agora debo 585
pensarlo mejor, señora.
DEYDAMIA ¿Pues no me decís, que ya
pensada la tenéis?
LIDORO Sí;
pero habiendo vós por mí
de empeñaros, claro está 590
que el atreverme es forzoso
a más, que muy otro ha sido,
pensar como desvalido,
que pedir como dichoso.
DEYDAMIA Pues volvedme a verme aquí, 595
en habiéndolo mirado.
LIDORO ¿Cómo habiéndome llamado,
para informaros de mí,
cuando mi naufragio fue,
tan poco cuidado os da, 600
saber si cierto será
el de Lidoro?
DEYDAMIA No sé; (Al paño.)
porque, o es verdad, o no;
si no es verdad, necedad
es sentirlo, y si es verdad, 605
¿qué culpa le tengo yo?
Y pasando a otro temor,
que más que aquesto lo ha sido
sepa si el bajel perdido
de Acaya era, que el rigor 610
que más me aflige, es pensar
si en él Astrea venía.
LIDORO No, señora, que él traía
contrario rumbo de mar,
y el bajel era de Egnido (20), 615
y Lidoro venía en él.
DEYDAMIA Como quiera que el bajel
el de Astrea no haya sido,
por esa segunda nueva,
en segunda obligación 620
valdré vuestra pretensión.
LIDORO Con tal favor, que me atreva
a más que pensé, será
dicha, no jactancia.
DEYDAMIA Pues
dadme el memorial después. (Vase.) 625
LIDORO ¿Quién darme a un tiempo creerá
muerte y vida? Poco gusto
muestra de mi casamiento [58]
Deydamia.
DANTEO Ese sentimiento,
recelo es de amor injusto, 630
que claro es que su recato
no había de hacer exceso
alguno.
LIBIO Tampoco es eso.
LIDORO ¿Pues qué?
LIBIO Vuélvome al retrato.
Venimos descadenados; 635
y así somos recibidos,
como hombres mal parecidos;
deja que lleguen crïados,
vestidos, joyas, dineros,
caballos, coches, libreas, 640
y que cercado te veas
de pajes y de escuderos;
deja que haya hoy un festín,
que haya mañana un torneo,
esotro justa y paseo, 645
máscara esotro; y en fin
verás entonces, señor,
cómo con grandeza igual,
si ahora has parecido mal,
pareces mucho peor. 650
DANTEO Y en fin, ¿qué piensas hacer?
LIDORO Escribir, Danteo, con tal
atención el memorial,
que sin llegar a saber
quién soy, la ponga en cuidado 655
de querer saber quién soy,
para cuyo intento hoy...
DANTEO Calla, que el Rey ha llegado.

(Sale EL REY y gente.)


EL REY Ya que quedaste en el monte,
dime si algún rastro o seña 660
volviste a hallar.
ULISES Peña a peña
corrí todo su horizonte;
ni indicio, ni rastro hallé.
(Aparte.) El oráculo que oí
reservaré para mí, 665
y en tanto que más no sé,
mira qué quieres que diga
a los príncipes de Grecia.
EL REY Cuánto mi amistad aprecia
entrar en la heroica liga 670
que contra Troya se trata;
pero que en aquesta parte,
el oráculo de Marte
mis prevenciones dilata.
Porque mientras yo no veo, 675
que Aquiles a Troya va,
a quien todos vimos ya,
sin que sepamos cuál sea
la deidad que nos oculta,
yo no me atreveré a hacer 680
lid, en que se va a perder;
pues Marte lo dificulta.
ULISES De esta suerte lo diré:
de tu parte y de la mía,
protesto desde este día 685
a Grecia mi patria, en fe
del hijo de más valor,
y según dicen más sabio,
en venganza de su agravio,
y en demanda de su honor, 690
no perdonar diligencia
que mis engaños sutiles
no hagan en busca de Aquiles,
a traerle a tu presencia,
si sé en varios horizontes 695
abrí, sufriendo pesares,
las entrañas de los mares,
y los senos de los montes.
Deidad que le guardas, si
para otros (21) ocultos fines, 700
ya es monstro de los jardines,
¿dónde está Aquiles?

(Sale un CRIADO.)


CRIADO Aquí,
esperad
EL REY ¿Qué es eso?
CRIADO Astrea,
que ahora acaba de llegar,
licencia pide de entrar. 705
ULISES ¿Otro proverbio? Aunque sea
acaso, pues dijo «aquí», [58v]
aquí le empiece a buscar.
EL REY ¿Qué espera para llegar
mi sobrina? Celio, di 710
tú a Deidamia, que a la bella
Astrea salga a recibir,
que aunque la viene a servir,
hay tanta nobleza en ella,
que es justo honralla.
LIBIO Esta esfera 715
hoy nuevo cielo será.
LIDORO Calla, porque llegan ya.
LIBIO Yo callara si pudiera.

(Tocan chirimías; sale AQUILES de dama y TETIS con acompañamiento por una parte, y por otra DEIDAMIA y las damas.)


AQUILES Apenas vi del palacio
la inmensa fábrica augusta, 720
cuando todos mis sentidos
se desvanecen y turban.
TETIS Pues vuelve en ti, y con prudencia
te cobra y te disimula. (22)
AQUILES Vuestra Majestad, señor... 725
yo... si... cuando... los pies nunca
merecí.
EL REY Esta turbación,
más os abona y disculpa,
que pidiera la más docta
retórica, y más aguda; 730
besad la mano a Deidamia.
AQUILES Hermosa Deidamia, en cuya
competencia de los cielos
es sombra la luz más pura,
dadme a besar vuestra mano, 735
y perdonadme, que muda
tanta dicha no encarezca,
que aunque mi rudeza estudia
muchas cosas que deciros,
no se me acordó ninguna, 740
desde que os vi, y esta sola
siempre en mi memoria dura,
porque tocar vuestra mano
mal puede olvidarse nunca.
DEIDAMIA En toda mi vida vi 745
más peregrina hermosura,
alzad Astrea del suelo,
y creed que tengo a ventura
que a ser vengáis, no mi dama,
sino mi amiga; que hay muchas 750
razones para estimar
(mis brazos os lo aseguran)
las prendas de vuestra sangre.
AQUILES ¡Oh, qué bien dicen, fortuna,
que no se consigue mucho, 755
si mucho no se aventura!
A los brazos de Deidamia
llegué; si es que alguno culpa
el disfraz, ame y verá
cuántos él discurre y busca. 760
Hoy de su mina arrancada
llega, tosca piedra inculta,
un alma a que los crisoles
del ingenio y la cordura,
con ejemplares la labren 765
y sin castigos la pulan.
SIRENE Todas de vós, bella Astrea,
aprenderemos sin duda,
en vuestra beldad liciones
del ingenio que os ilustra. 770
EL REY Ya, Ulises, que la ocasión
de que esta obligación cumpla,
cortó la plática nuestra,
a ella volvamos: no una
vez sola, pero mil veces 775
doy a las deidades sumas,
palabra de que en el día
que el cielo a Aquiles descubra
daré contra Troya a Grecia
todo mi favor y ayuda. 780
AQUILES ¡Válgame Dios! ¿Tanto importa
que el cielo mis hados cumpla?
ULISES Y yo vuelvo una y mil veces
a dar palabra a las sumas
deidades también, de andar 785
el orbe todo en su busca, [59]
hasta que el valor le encuentre
o el ingenio le descubra.

(Sale DANTEO.)


DANTEO Cerca está de aquí, señor.
ULISES ¿Adónde...
AQUILES ¡Qué desventura! 790
ULISES ...Aquiles está?
DANTEO Yo digo
un bajel, que haciendo puntas,
veloz neblí (23) de las ondas,
el nido del puerto busca.
ULISES ¿Otro proverbio? No acaso 795
el cielo mi intento ayuda.
DANTEO Y vengo a pedir albricias,
porque en él viene sin duda
Lidoro, según sus cartas
me dicen, y lo aseguran 800
el rumbo y seña que trae,
si bien las hace confusas
la distancia.
EL REY Si es Lidoro
el que nuestros mares surca,
seguras albricias tienes. 805
DEIDAMIA Las mías son más seguras,
que como lágrimas son,
están más promptas.
LIDORO Fortuna,
cuando el Rey se alegra, ¿ella
se entristece y se disgusta? 810
DANTEO Si ese bajel es de Epiro,
verás cuán presto se muda
la tristeza en alegría.
LIDORO Ya tarde la espero, o nunca,
pero porque no se queje 815
de mí mi omisión, la industria
de hablarla en mi pretensión,
su afecto haré que descubra.

(Vanse LIDORO, DANTEO y LIBIO.)


EL REY Vamos al muelle, que quiero
desde su elevada punta, 820
ver ese nevado cisne
nadar sobre las espumas.
Adiós Deidamia.

(Vase EL REY y CRIADOS.)


DEIDAMIA Los cielos
te guarden: decid que acuda
la música a los jardines. 825
Ven Astrea.
TETIS Antes escucha.

(Vase DEIDAMIA y damas.)


¿Ya has oído los desvelos
con que tu persona buscan?
AQUILES Sí.
TETIS Pues no te digo más
de que en conservarla oculta 830
está tu seguridad;
y pues queda tu fortuna
en tu mano, adiós Aquiles;
y ten silencio y cordura,
pues ya falta poco para 835
que el término su hado cumpla.
AQUILES Eso díselo a mi amor;
que no es posible que sufra
silencio el fuego sin que
ahúme, ya que no luzga. 840
ULISES Cielos, si a vuestras estrellas
persuadisteis a que influyan
en mi favor los afectos
que caudillo me intitulan
de toda Grecia, ¿por qué 845
después que el nombre me ilustra,
me andáis regateando el medio
y escaseando la ventura?
Sin Aquiles esta guerra
no tendrá, según pronuncia 850
el oráculo de Marte
favorable la fortuna.
Pues, ¿cómo a dar la noticia (24)
basta su deidad augusta,
y a descubrirle no basta? 855
Mas, ¡ay de mí!, que sin duda,
opuesto poder le ampara;
bien lo muestra y asegura
hacer cuando deja verse
que por los vientos nos huya. 860
Pues yo no me he de rendir
a dificultad ninguna,
que si hay un dios que le guarda
otros hay que le descubran.
Y si por humanos medios 865 [59v]
esto puede ser, mi industria
dará trazas con que a efecto
llegue, y esta ha de ser una.
Muchos días ha que noto
que en la milicia no supla 870
la humana voz otra voz
superior a todas, cuya
orden gobierne las tropas,
ya divididas, ya juntas;
un horroroso sonido, 875
que ánimo y valor infunda
en los pechos de los hombres,
de suerte que su confusa
armonía, con variarle
de las cláusulas algunas, 880
todo un ejército entero,
si una vez el son escucha,
entienda lo que le manda
porque lo ejecute y cumpla.
Con esta imaginación 885
han trazado mis astucias
dos instrumentos: el uno
de curadas pieles rudas,
y el otro de retorcidos
metales; ambos retumban 890
de suerte que, armoniosos,
en una y otra voz juntan
los apartados extremos
del horror y la dulzura.
Destos instrumentos dos, 895
que erizan y que espeluzan
al que los oye, he de usar
hoy de Aquiles en la busca.
Y siendo así que de monstruo
de las montañas le muda 900
a monstruo de los jardines,
¿quién nos le guarda?, ¿quién duda
(pues la voz sola entrar puede
en la estancia más oculta)
que con este horror su oído 905
hiera, la prisión no sufra?
Porque joven a quien Marte
para sus triunfos anuncia,
gran corazón le guarnece,
gran espíritu le ilustra; 910
y no es posible que quien (25)
ya en los vaticinios triunfa
y en los oráculos vence,
oyendo este idioma, cumpla
con su mismo natural, 915
si arrebatado no busca
la horrible voz de la guerra,
que sus aplausos pronuncia.
Y cuando no se consiga
por tal medio tal ventura, 920
otros habrá, sin que dé
por vencidas mis industrias.
Pues antes... Mas, ¿qué instrumento
la voz de mis labios hurtan?
Músicos son de Deidamia, 925
y por detrás destas murtas
ella viene; embarazarla
no quiero. ¿Dónde, fortuna,
hallaré a Aquiles?
DEIDAMIA Conmigo
no venga ahora ninguna. 930
ULISES ¿Otro a caso? Pues no quiero
creer que misterio no incluya

(Vanse y sale DEIDAMIA sola.)


DEIDAMIA Quedaos y decid que no
canten, porque me disgusta
aplicar injustos medios 935
contra tristezas tan justas.
¡Oh tú, soberbio bajel,
que hollando cristales vienes,
si de mi pena crüel,
el dueño en tu esfera tienes, 940
no tomes puerto crüel!
Mira que son contra mí
(pues para no amar nací)
todos cuantos bordos das.

(Sale AQUILES.)


AQUILES ¿Dónde, pensamientos, vas? 945
Mas si está Deidamia aquí, [60]
¿qué mucho que aquí vinieras
sin que la eleción hicieras,
pues siempre va el corazón
al riesgo sin elección? 950
DEIDAMIA Vuelve, vuelve al mar, no quieras
ser de un tirano tercero,
que al viento dos veces sigue.
AQUILES Sola está: volverme quiero,
no haya ocasión que me obligue 955
a decir del mal que muero.
DEIDAMIA No de la libertad mía
quieras... Mas, ¿quién, ¡ay de mí!,
mis sentimientos oía?
AQUILES Yo; llegué aquí, y como vi 960
que estás sola, me volvía
por no escuchar lo que hablabas.
DEIDAMIA Poco importara, ¡ay Astrea!,
ser tú la que me escucharas;
y para que tu amor crea 965
que tú no me embarazabas,
lo que me hubiera pesado
que alguien me hubiera escuchado,
te diré a ti, porque así
veas que fío de ti 970
la causa de mi cuidado;
tanto, si verdad confieso,
aunque parezca temprano,
te estimo.
AQUILES Tu mano beso,
aunque no tanto por eso, 975
como por besar tu mano.
DEIDAMIA Mi padre sin mi albedrío
con Lidoro me casó,
príncipe de Epiro.
AQUILES Impío
rigor, ¿casada estás?
DEIDAMIA No. 980
AQUILES Vivamos corazón mío.
DEIDAMIA Hechos los conciertos sí.
AQUILES Pues si aún no lo estás, ¿de qué
es tu pena?
DEIDAMIA Escucha.
AQUILES Di.
DEIDAMIA Tanto el sentimiento fue 985
de dar a quien nunca vi
mi padre mi voluntad,
que ofendida la crueldad
de mi altivo pensamiento,
se ha hecho aborrecimiento 990
lo que aún no fue voluntad.
Si mi padre me casara
con un hombre que yo viera,
y este con fineza rara
mis desaires padeciera, 995
y padeciendo, ganara
hoy el agrado, el afecto
mañana, esotro el favor
pudiera ser que discreto,
galante y fino su amor, 1000
hiciera en mi amor efecto.
Pero querer que yo quiera
a quien no sé si sabrá
estimar mi mano, es fiera
esclavitud; ¿quién podrá 1005
no sentirla?
AQUILES De manera,
que si supiera, señora,
que un amante que te adora,
padeciendo te servía:
¿menos te disgustaría 1010
su deseo?
DEIDAMIA ¿Quién lo ignora?
Porque el quererme a mí bien,
no es ofensa para mí.
AQUILES Vida los cielos te den.
DEIDAMIA Pues, ¿qué te va en eso a ti? 1015
AQUILES Mucho mal y mucho bien.
DEIDAMIA ¿Cómo?
AQUILES No sé.
DEIDAMIA Mi castigo
teme: declara, [t]ú por qué
lo has dicho.
AQUILES A esto me obligo,
que si digo lo que sé, 1020
no sabré lo que me digo.
DEIDAMIA Pues yo lo quiero saber.
AQUILES Y aun decirlo quiero yo.
DEIDAMIA Di, pues.
AQUILES (Aparte.) Presto (¡oh, fácil ser!); [60v]
hábito de hablar me dio 1025
el hábito de mujer.
Hermosísima Deidamia,
cuya perfección feliz,
premáticas pone al mayo,
y leyes le da al abril. 1030
En la gran isla de Marte
te vio un joven preferir
en lo rojo del clavel
a lo blanco del jazmín.
Allí te vio, mas no pudo 1035
declarar su amor allí,
porque entonces no sabía
más que sentir sin sentir.
Tu ausencia y su sentimiento
le han obligado a venir 1040
a tu corte disfrazado,
que como es guerra civil,
amor nunca se desdeña
de valerse del ardid.
Su sangre es ilustre, tanto, 1045
que bien puede competir
con la más sagrada prole
de esa curia de zafir.
Su nombre, por no saberle,
no te lo puedo decir. 1050
(Aparte.) Solo esto he de reservar
del secreto para mí,
porque no la escandalice
de Aquiles el nombre oír.
Pero ya que no le diga, 1055
podré, fiándome de ti
en que no te has de enojar,
enseñarte, ¡ay infeliz!,
su persona alguna vez;
aunque en vano es prevenir 1060
enseñarle yo, pues tú
le conoces como a mí.
DEIDAMIA Mucho el aviso te estimo,
y porque podrá servir
el conocerle, de que 1065
no me haga acaso incurrir
la ignorancia en los descuidos,
ya de hablar, o ya de oír,
mira que te ruego, Astrea,
y aun te mando desde aquí, 1070
que en la primera ocasión
que me lo puedas decir,
me digas quién es este hombre
o me quejaré de ti.
AQUILES Porque veas si deseo 1075
obedecer y servir...
(Aparte.) Amor a mucho te atreves.
DEIDAMIA ¿En qué te suspendes, di?
AQUILES Desde aquí le puedes ver.
DEIDAMIA No veo a nadie desde aquí. 1080
AQUILES Míralo bien, que sí ves.
DEIDAMIA Digo, que en todo el jardín
no estamos más que las dos
solas.
AQUILES ¿Solas las dos?
DEIDAMIA Sí.
AQUILES Pues si tú dices que estamos 1085
solas, y yo que está aquí
tu amante, bien fácil es
la enigma de descubrir.
DEIDAMIA ¿Cómo?
AQUILES Como en las dos
está.

(Sale LIDORO.)


LIDORO Pues que permitís... 1090

(Llega por entre las dos a dar el memorial.)


DEIDAMIA ¿Qué es lo que miro?
AQUILES ¡Ay de mí!
LIDORO Este memorial, señora,
os dirá quién soy.
DEIDAMIA Así (Rómpele.)
despacho yo memoriales
de quien con trato tan vil 1095
en mi corte, en mi palacio,
se atreve...
LIDORO ¿Qué oigo?
DEIDAMIA ...a asistir,
disfrazado y encubierto.
AQUILES Ella llegó a presumir,
que yo lo decía por él. 1100
LIDORO De alguien conocido fui,
sin duda, y quién soy le han dicho. [61]
DEIDAMIA Ni he menester.
LIDORO ¡Ay de mí!
DEIDAMIA Saber quién sois, ya lo sé.
LIDORO Pues si lo sabéis, oíd. (Cúbrese.) 1105
AQUILES Miren qué grave se ha puesto.
DEIDAMIA Corazón, ¿esto sufrís?
LIDORO Derrotado de los mares
de Marte, a la isla salí,
donde vi vuestra hermosura. 1110
DEIDAMIA ¿Lo que tú me dices...?
AQUILES Sí,
basta que he venido a ser
tercero yo contra mí
pues me declaré por otro.
LIDORO Viéndome tan infeliz, 1115
por no veros desairado,
persona y nombre encubrí;
y pues, ni el venir por vós
en persona, ni el fingir
mi nombre, es ofensa vuestra... 1120
DEIDAMIA ¿Cómo es esto de venir
por mí en persona?
LIDORO ¿Vós misma
saber quién soy no decís?
DEIDAMIA Pues ya no quiero saberlo
después que lo sé, y así, 1125
si habéis de decir quién sois,
a mi padre lo decid;
que mujeres como yo,
nunca acostumbran a oír
finezas tan desmandadas, 1130
que hayan de llegar a mí,
sin que sepan el camino
por a dónde han de venir.
LIDORO Si yo...
DEIDAMIA No más.
LIDORO Pude...
DEIDAMIA Basta.
LIDORO Pensad...
DEIDAMIA Nada os he de oír; 1135
idos pues.
LIDORO Si haré por daros
tiempo.
DEIDAMIA ¿De qué?
LIDORO De advertir,
que es tan noble mi delito,
que solo erró contra sí,
no atreverse a parecer, 1140
por no atreverse a lucir.
DEIDAMIA Tampoco Astrea me sigas
tú.
AQUILES Pues, ¿yo te ofendí?
DEIDAMIA Sí.
AQUILES En decir quién fuese.
DEIDAMIA No.
AQUILES Pues en qué.
DEIDAMIA En no lo decir. 1145
¿Puede haber más traidor trato,
puede haber acción más vil,
que, tercera de su amor,
hablarme en que está por mí,
un amante disfrazado, 1150
y recatar y encubrir
quién era?
AQUILES Eso no sabía.
DEIDAMIA Pues, ¿cómo pudiste, di,
saber que me vio en el monte,
que vino encubierto aquí, 1155
y no quién era?
AQUILES No sé.
DEIDAMIA Eso es volverme a mentir
segunda vez.
AQUILES No me injuries;
que si enojada te vi
sin culpa, quizá con ella 1160
la costa hecha a lo infeliz,
me atreveré a verte.
DEIDAMIA ¿Cómo?
AQUILES Obligándome a decir
que no lo dije por él.
DEIDAMIA Pues, ¿por quién, fiera?
AQUILES Por mí. 1165
Vuelva mi honor por quien es
tan cifra deste pensil,
tan enigma deste Alcázar,
quedando siempre tras ti,
le ves y no ves, le hablas 1170
y no le hablas, le oyes y
no le oyes, porque delirio
de los hados, frenesí
de la fortuna y prodigio
del amor culto, en fin, 1175
es deste jardín el monstruo. (Vase.)
DEIDAMIA Tente, oye, espera, no así [61v]
me dejes viva, que yo
la he de matar, o inquirir
quién por mí puede ser, ¡cielos!, 1180
el monstruo deste jardín.