miércoles, noviembre 04, 2009

"SALOMÉ" Richard Strauss




SALOMÉ

Personajes

HERODES
HERODÍAS
SALOMÉ
JOKANAÁN
NARRABOTH
Tetrarca de Judea
Esposa de Herodes
Hija del Primer Matrimonio de Herodías
Profeta (Juan el Bautista)
Jefe de la Guardia
Tenor
Mezzosoprano
Soprano
Barítono
Tenor

La acción se desarrolla en el palacio de Herodes Antipas de Jerusalén hacia el año 30 d.c.

ACTO ÚNICO

(Una amplia terraza en el palacio de Herodes. Narraboth y dos
soldados están montando guardia en la cisterna en donde se encuentra
preso Jokanaán; un paje de Herodías se encuentra también en la
terraza. En el interior del palacio de Herodes se está celebrando un
Banquete)





Escena 1

NARRABOTH
¡Qué bella está la princesa Salomé
esta noche!

PAJE
Mira la luna,
¡qué aspecto tan extraño tiene!
Parece una mujer
surgiendo de una tumba.

NARRABOTH
Es muy extraña.
Como una princesa cuyos pies
fueran blancas palomas.
Se diría que están bailando.

PAJE
Como una mujer muerta.
Se desliza tan lentamente.

PRIMER SOLDADO
¡Qué alboroto!
¿Qué clase de fieras
aúllan ahí dentro?

SEGUNDO SOLDADO
Son los judíos. Siempre están igual.
Discutiendo sobre su religión.

PRIMER SOLDADO
Encuentro ridículo
discutir sobre esas cosas.

NARRABOTH
¡Qué bella está la princesa Salomé
esta noche!

PAJE
Siempre estás mirándola.
La miras demasiado.
Es peligroso
mirar a las personas de ese modo.
Puede ocurrir algo terrible.

NARRABOTH
Está tan bella esta noche.

PRIMER SOLDADO
El tetrarca tiene un aspecto sombrío.



SEGUNDO SOLDADO
Sí, tiene un aspecto sombrío.

PRIMER SOLDADO
¿A quién está mirando?

SEGUNDO SOLDADO
No lo sé.

NARRABOTH
Qué pálida está la princesa.
Nunca la había visto tan pálida.
Parece la sombra
de una rosa blanca
sobre un espejo de plata.

PAJE
No deberías mirarla.
La miras demasiado.
Puede ocurrir algo terrible.

VOZ DE JOKANAÁN
Después de mí vendrá otro,
mucho más fuerte que yo.
Yo no soy digno siquiera
de desatar las correas
de sus sandalias.
Cuando Él venga,
se regocijarán los desiertos.
Cuando Él venga,
los ojos de los ciegos
verán la luz.
Cuando Él venga,
se abrirán los oídos de los sordos.

SEGUNDO SOLDADO
¡Ordénale que se calle!

PRIMER SOLDADO
Es un santo varón.

SEGUNDO SOLDADO
Siempre está diciendo tonterías.

PRIMER SOLDADO
Es muy pacífico.
Cada día,
cuando le llevo la comida,
me da las gracias.

UN CAPADOCIO
¿Quién es?

PRIMER SOLDADO
Un profeta.

UN CAPADOCIO
¿Cuál es su nombre?



PRIMER SOLDADO
Jokanaán.

UN CAPADOCIO
¿De dónde viene?

PRIMER SOLDADO
Del desierto.
Siempre le seguía
multitud de discípulos.

UN CAPADOCIO
¿De qué habla?

PRIMER SOLDADO
Es imposible entender
lo que dice.

UN CAPADOCIO
¿Se le puede ver?

PRIMER SOLDADO
No, el tetrarca lo ha prohibido.

NARRABOTH
¡La princesa se levanta!
Abandona la mesa.
Está muy excitada.
Viene hacia aquí.

PAJE
¡No la mires!

NARRABOTH
Sí, viene hacia nosotros.

PAJE
Te lo ruego, ¡no la mires!

NARRABOTH
Parece una paloma extraviada.

SALOMÉ
¡No quiero quedarme!
¡No puedo quedarme!
¿Por qué el tetrarca me mira así,
con esos ojos de topo
bajo sus párpados trémulos?
Es extraño
que el marido de mi madre
me mire de ese modo.
¡Qué fresco es aquí el aire!
Aquí puedo respirar.
Allá dentro están unos judíos
de Jerusalén,
que ha faltado poco
para que se despedazasen
entre sí por sus imbéciles ritos.
Silenciosos y astutos egipcios;
brutales y groseros romanos,
con su tosca jerga.
¡Oh, cómo odio a esos romanos!





PAJE
(a Narraboth)
Va a ocurrir algo terrible.
¿Por qué la miras de ese modo?

SALOMÉ
¡Qué bonito es contemplar la luna!
Es como una flor de plata,
fría y casta.
Sí, como la belleza de una doncella
que aún conserva su virginidad.

VOZ DE JOKANAÁN
Mirad, he aquí al Señor,
el Hijo del Hombre está ya cerca.

SALOMÉ
¿Quién es ése que grita?

SEGUNDO SOLDADO
El profeta, princesa.

SALOMÉ
¡Ah, el profeta! ¿Es ése
a quien tiene tanto miedo el tetrarca?

SEGUNDO SOLDADO
Nada sabemos de eso, Princesa.
El que ha gritado ha sido
el profeta Jokanaán.

NARRABOTH
(a Salomé)
¿Queréis, princesa,
que mande a buscar
vuestra litera?
La noche en el jardín es bella.

SALOMÉ
Él dice cosas terribles
acerca de mi madre, ¿verdad?

SEGUNDO SOLDADO
Nunca entendemos lo que dice,
princesa.

SALOMÉ
Sí,
él dice cosas terribles sobre ella.

UN ESCLAVO
Princesa,
el tetrarca os ruega
que volváis a la fiesta.



SALOMÉ
¡No quiero volver!

(a Narraboth)

¿Es viejo, ese profeta?

NARRABOTH
Princesa,
sería mejor que volvierais adentro.
Permitidme que os acompañe.

SALOMÉ
¿Es viejo, ese profeta?

PRIMER SOLDADO
No, princesa, es muy joven.

VOZ DE JOKANAÁN
No te regocijes,
tierra de Palestina,
porque se haya quebrado la vara
de aquel que golpeaba.
Pues del semen de la serpiente
nacerá un basilisco,
y sus crías devorarán
a los pájaros.

SALOMÉ
¡Qué voz tan extraña!
Me gustaría hablar con él.

SEGUNDO SOLDADO
Princesa,
el tetrarca no permite
que nadie hable con él.
Incluso al sumo sacerdote
le ha prohibido
hablar con él.

SALOMÉ
Desearía hablar con él.

SEGUNDO SOLDADO
Es imposible, princesa.

SALOMÉ
Quiero hablar con él.
¡Sacad de ahí a ese profeta!

SEGUNDO SOLDADO
No nos está permitido, princesa.

SALOMÉ
¡Qué oscuridad
reina ahí dentro!
Debe ser terrible vivir
en una cueva tan oscura!
Es como una tumba.




(a los soldados)

¿No me habéis oído?
¡Sacad de ahí al profeta!
¡Me gustaría verlo!

PRIMER SOLDADO
Princesa, no nos está permitido
hacer lo que nos pedís.

SALOMÉ
¡Ah!

EL PAJE
¿Qué va a ocurrir?
Lo sé,
sé que algo terrible va a ocurrir.

SALOMÉ
(a Narraboth)
¿Vas a hacerlo por mí,
verdad, Narraboth?
Yo siempre fui benévola contigo.
Vas a hacerlo por mí.
Sólo quiero ver
a ese extraño profeta.
Es tanto lo que la gente
ha hablado de él.
Creo que el tetrarca
le tiene miedo.

NARRABOTH
El tetrarca
ha prohibido terminantemente
que nadie levante la
tapa de esta cisterna.

SALOMÉ
Pero tú lo harás por mí,
Narraboth, y mañana,
cuando en mi litera pase
ante la gran puerta
donde se agolpan
los vendedores de ídolos,
dejaré caer para ti
una pequeña flor,
una pequeña florecilla verde.

NARRABOTH
No puedo,
princesa, no puedo.

SALOMÉ
(sonriendo)
Lo harás por mí,
Narraboth.
Tú sabes que lo harás por mí.
Y mañana temprano,
bajo mis velos de muselina,
posaré sobre ti mi mirada,
Narraboth,
te miraré y puede que
hasta te sonría.
Mírame, Narraboth,
mírame.
¡Ah! ¡Sabes perfectamente
que harás lo que te pido!
¡Lo sabes!
Yo sé que lo harás.
¡De sobra lo sabes!



NARRABOTH
¡Dejad salir al profeta!
La princesa Salomé
desea verle.

SALOMÉ
¡Ah!

JOKANAÁN
¿Dónde está aquel
cuya copa rebosa pecado?
¿Dónde está aquel que un día,
ante todo su pueblo,
envuelto en un manto de plata,
morirá?
Decidle que venga,
para que escuche la voz
de Aquel que clama en el desierto
y en las moradas de los reyes.

SALOMÉ
¿De quién está hablando?

NARRABOTH
Nadie puede decirlo, princesa.

JOKANAÁN
¿Dónde está aquella
que se entregó
a la lujuria de sus ojos,
que gozó contemplando
imágenes pintadas de hombre
y que envió ministros
al país de los caldeos?

SALOMÉ
Está hablando de mi madre.

NARRABOTH
No, no, princesa.

SALOMÉ
Sí, está hablando de mi madre.




JOKANAÁN
¿Dónde está aquella
que se entregó
a los capitanes de Asiria?
¿Dónde está la que se ha entregado
a los jóvenes egipcios,
los que lucen finos vestidos de lino
y piedras de jacinto,
que llevan escudos de oro,
y tienen cuerpos de gigante?
Id y decidle que abandone
el lecho de sus abominaciones,
el lecho de su incesto;
que escuche la palabra
de aquel que prepara
los caminos del Señor,
y que se arrepienta
de sus pecados.
Y si no se arrepiente en seguida,
decidle que venga,
pues el brazo del Señor
ya empuña su flagelo.

SALOMÉ
Es terrible.
Realmente, es terrible.

NARRABOTH
¡No permanezcáis más tiempo aquí,
princesa, os lo ruego!

SALOMÉ
Lo más terrible de todo
son sus ojos.
¡Son como los negros abismos
donde habitan los dragones!
Son como negros lagos
sobre los que vacila errante
la luz de la luna.
¿Creéis que volverá a hablar?

NARRABOTH
No permanezcáis más tiempo aquí,
princesa, os lo ruego,
no permanezcáis más tiempo aquí.

SALOMÉ
¡Qué demacrado está!
Parece una imagen de marfil.
Seguro que es casto como la luna.
Sus carnes serán frías como el marfil.
Me gustaría contemplarlo
más de cerca.

NARRABOTH
No, no, princesa.

SALOMÉ
Debo contemplarlo más de cerca.

NARRABOTH
¡Princesa! ¡Princesa!

JOKANAÁN
¿Quién es esta mujer que me mira?
No quiero tener sobre mí
sus ojos.
¿Por qué me mira de ese modo,
con esos ojos de oro,
bajo sus párpados resplandecientes?
No sé quién es.
No quiero saber quién es.
Decidle que se vaya.
No quiero hablar con ella.





SALOMÉ
Soy Salomé,
hija de Herodías,
princesa de Judea.

JOKANAÁN
¡Atrás, hija de Babilonia!
¡No te acerques al elegido del Señor!
Tu madre ha colmado la tierra
con el vino de su lujuria,
y la desmesura de sus pecados
clama a Dios.

SALOMÉ
Habla de nuevo, Jokanaán,
tu voz suena a música
en mis oídos.

NARRABOTH
¡Princesa! ¡Princesa! ¡Princesa!

SALOMÉ
¡Habla de nuevo, Jokanaán!
¡Habla de nuevo!
¡Dime qué he de hacer!

JOKANAÁN
¡Hija de Sodoma, no te acerques!
¡Mejor será que cubras
tu rostro con un velo,
que derrames ceniza sobre tu cabeza
y que te pongas en camino
hacia el desierto,
en busca del Hijo del Hombre!

SALOMÉ
¿Quién es el Hijo del Hombre?
¿Es acaso tan bello como tú,
Jokanaán?

JOKANAÁN
¡Aléjate de mí!
Oigo batir sobre el palacio
las alas del ángel de la muerte.

SALOMÉ
¡Jokanaán!

NARRABOTH
¡Princesa, os lo suplico, entrad!




SALOMÉ
¡Jokanaán!
¡Estoy enamorada de tu cuerpo,
Jokanaán!
Tu cuerpo es blanco, como los lirios
de un campo
jamás segado por el segador.
Tu cuerpo es blanco,
como la nieve
de los montes de Judea.
Ni las rosas
del jardín de la reina de Arabia
son tan blancas como tu cuerpo,
ni las rosas
del jardín de la reina
ni las pisadas del alba
sobre las hojas,
ni los senos
de la luna sobre la mar.
Nada en el mundo es tan blanco
como tu cuerpo.
Déjame tocar tu cuerpo.

JOKANAÁN
¡Atrás, hija de Babilonia!
A través de la mujer
vino la desgracia
al mundo.
No me hables.
¡No quiero escucharte!
Yo solamente oigo la voz del Señor,
mi Dios.

SALOMÉ
Tu cuerpo es espantoso.
Es como el cuerpo de un leproso.
Es como un muro blanqueado
por el que se deslizasen culebras;
como un muro blanqueado
donde anidasen escorpiones.
Es como un sepulcro blanqueado
lleno de restos nauseabundos.
Tu cuerpo es asqueroso.
Estoy enamorada de tus cabellos,
Jokanaán.
Tus cabellos son
como racimos de uva,
como racimos de uvas negras,
de las viñas de Edom.
Tus cabellos son
como los cedros,
los cedros gigantes del Líbano,
los que cobijan bajo su sombra
a los leones y bandidos.
Las largas y oscuras noches
en que la luna se esconde
y sienten miedo las estrellas,
no son tan negras como tus cabellos.
Ni el silencio del bosque...
Nada en el mundo
es tan negro como tus cabellos.
¡Déjame tocar tus cabellos!

JOKANAÁN
¡Atrás, hija de Sodoma!
¡No me toques!
¡No profanes
el templo del Señor,
mi Dios!



SALOMÉ
¡Tus cabellos son asquerosos!
Están cubiertos
de polvo e inmundicias.
Son como una corona de espinas
que ciñese tu frente.
Son como un nudo de serpientes
aferradas a tu cuello.
Ya no amo tus cabellos.
Es tu boca lo que codicio, Jokanaán.
Tu boca es una cinta escarlata
en una torre de marfil.
Es como una granada partida
por un cuchillo de plata.
Las flores del granado
de los jardines de Tiro
no son tan rojas como tu boca.
Las rojas fanfarrias de trompetas,
mensajeras de la presencia real,
ante las que se estremecen
los enemigos,
no son tan rojas
como el rojo de tu boca.
Tu boca es más roja que los pies
que en el lagar pisan las uvas.
Es más roja
que las patas de las palomas
que en el templo moran.
Tu boca es como
una rama de coral
arrancada del fondo del mar,
como la púrpura que se oculta
en las minas de Moab,
como la púrpura de los reyes.
Nada en el mundo
es tan rojo como tu boca.
¡Déjame besar tu boca!

JOKANAÁN
¡Nunca, hija de Babilonia,
hija de Sodoma! ¡Nunca!

SALOMÉ
¡Quiero besar tu boca,
Jokanaán!
¡Quiero besarte en la boca!

NARRABOTH
Princesa, princesa,
vos, sois como un jardín de mirra,
sois como una paloma,
no miréis a ese hombre.
No le dirijáis tales palabras.
No puedo soportarlo.

SALOMÉ
¡Quiero besar tu boca,
Jokanaán!.
¡Quiero besarte en la boca!

(Narraboth se apuñala y muere)

¡Déjame besar tu boca,
Jokanaán!

JOKANAÁN
¿No hay nada que te asuste,
hija de Herodías?




SALOMÉ
¡Déjame besar tu boca,
Jokanaán!

JOKANAÁN
Hija de la fornicación,
existe sólo Uno que puede salvarte.
¡Ve y búscalo! ¡Búscalo!
Está sobre una barca
en el mar de Galilea,
predicando a sus discípulos.
Póstrate a la orilla del mar
e invócale, invócale por su nombre.
Cuando Él vaya hacia ti,
pues siempre va hacia aquellos
que lo llaman,
entonces humíllate a sus plantas,
para que Él perdone tus pecados.

SALOMÉ
¡Déjame besar tu boca,
Jokanaán!

JOKANAÁN
¡Yo te maldigo,
hija de la madre incestuosa!
¡Yo te maldigo!

SALOMÉ
¡Déjame besar tu boca,
Jokanaán!

JOKANAÁN
No quiero mirarte.
Estás maldita, Salomé.
Estás maldita. ¡Estás maldita!

(Herodes y Herodías entran)

HERODES
¿Dónde está Salomé?
¿Dónde está la princesa?
¿Por qué no ha regresado
al banquete,
como yo le ordené?
¡Ah! ¡Aquí está!

HERODÍAS
No debes mirarla.
¡No dejas de mirarla!

HERODES
¡Qué aspecto
tiene esta noche la luna!
¿No tiene acaso
un aspecto extraño?
Parece como una mujer demente,
que por doquier buscase amantes.
Como una mujer ebria,
tambaleándose entre las nubes.

HERODÍAS
No,
la luna sólo se parece a la luna.
Entremos de nuevo.

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