miércoles, noviembre 04, 2009

"SALOMÉ" Richard Strauss /Continuación











HERODES
Quiero quedarme aquí.
¡Manases, coloca aquí las alfombras!
¡Encended antorchas!
¡Quiero beber más vino
con mis invitados!
¡Ah! He resbalado.
He pisado sangre,
es un mal presagio.
¿Por qué hay sangre aquí?
¿Y este cadáver?
¿De quién es este cadáver?
¿De quién es el cadáver?
No quiero verlo.

PRIMER SOLDADO
Es nuestro capitán, señor.

HERODES
Yo no he mandado
matarle.

PRIMER SOLDADO
Él mismo se ha matado, señor.

HERODES
Eso me resulta extraño.
Ese joven sirio, tan hermoso.
Ya recuerdo,
ponía ojos lánguidos
cuando miraba a Salomé.
¡Lleváoslo!
Hace frío aquí. Sopla el viento.
¿Acaso no sopla el viento?

HERODÍAS
No, no sopla ningún viento.

HERODES
Yo digo que sí:
que sopla el viento,
y oigo en el aire algo,
como un batir de poderosas alas.
¿No las oís vosotros también?

HERODÍAS
Yo no oigo nada.

HERODES
Ahora ya no las oigo.
Pero las oía.
Era el viento.
Ya ha pasado.
¡Escucha!
¿No lo oyes ahora?
Como el batir de poderosas alas.


HERODÍAS
Estás enfermo.
Entremos.

HERODES
No estoy enfermo.
Pero tu hija
está enferma de muerte.
Nunca la había visto tan pálida.

HERODÍAS
Ya te he dicho
que no debes mirarla.

HERODES
¡Escanciadme vino!
Salomé, ven y bebe conmigo,
es un vino exquisito.
El propio César me lo ha enviado.
Moja en él tus pequeños labios,
tus pequeños labios rojos,
luego, yo vaciaré la copa.

SALOMÉ
No tengo sed, tetrarca.

HERODES
(a Herodías)
¿Oyes cómo me contesta
esta hija tuya?

HERODÍAS
Tiene razón.
¿Por qué no dejas de mirarla?

HERODES
¡Traed frutas maduras!
Salomé, ven y come conmigo
de estas frutas.
Es tan agradable la huella
de tus pequeños dientes blancos
en una fruta.
Muerde sólo un poco,
sólo un poco, de esta fruta,
luego, yo comeré lo que quede.

SALOMÉ
No tengo hambre, tetrarca.

HERODES
(a Herodías)
¿Ves cómo has educado
a esta hija tuya?




HERODÍAS
Mi hija y yo provenimos
de una estirpe de reyes.
Tu padre era camellero,
tu padre era un ladrón
y, además, bandido.

HERODES
Salomé, ven y siéntate a mi lado.
Yo quiero que te sientes
en el trono de tu madre.

SALOMÉ
No estoy cansada, tetrarca.

HERODÍAS
Ya ves cómo te aprecia.

HERODES
Traedme... ¿qué es lo que quería?
Lo he olvidado.
¡Ah! ¡Ah! Ya me acuerdo.

VOZ DE JOKANAÁN
Mirad, la hora ha llegado,
el día del que os hablé ya está aquí.

HERODÍAS
¡Hazle callar!
¡Ese hombre me injuria!

HERODES
No ha dicho nada contra ti.
Además,
es un gran profeta.

HERODÍAS
Yo no creo en los profetas.
Pero tú le tienes miedo.

HERODES
Yo no le tengo miedo a nadie.

HERODÍAS
Te digo que le tienes miedo.
¿Por qué no lo entregas
a los judíos
que te lo piden hace meses?

PRIMER JUDÍO
¡En verdad, sería mejor
que lo pusierais en nuestras manos!

HERODES
¡Basta ya!
No lo pondré
en vuestras manos.
Es un santo varón.
Un hombre
que ha visto a Dios.



PRIMER JUDÍO
Eso no puede ser.
Desde el tiempo del profeta Elías
nadie ha visto a Dios.
Él fue el último de este país
que vio cara a cara a Dios.
En nuestros días,
Dios no se manifiesta.
Dios se esconde.
Es la razón por la que han llovido
tantos males sobre el país.

SEGUNDO JUDÍO
Nadie sabe, en verdad,
si Elías vio realmente a Dios.
Tal vez lo único que vio
fue la sombra de Dios.

TERCER JUDÍO
Dios no se ha ocultado nunca.
Él se muestra en todo tiempo
y en todo lugar.
Dios está tanto en lo malo
como en lo bueno.

CUARTO JUDÍO
(dirigiéndose al tercer judío)
No deberías decir eso:
es una doctrina muy peligrosa
que procede de Alejandría.
Y los griegos son paganos.

QUINTO JUDÍO
Nadie puede decir cómo obra Dios.
Sus caminos son muy oscuros.
A nosotros sólo nos es dado
inclinar la cabeza ante su voluntad,
porque Dios es muy poderoso.

PRIMER JUDÍO
Tú dices la verdad.
Ciertamente, Dios es terrible.
Pero, por lo que toca a este hombre,
él nunca ha visto a Dios.
Desde el tiempo del profeta Elías
nadie ha visto a Dios.
Él fue el último, etc.

SEGUNDO JUDÍO
Nadie sabe, en verdad, etc.
Dios es terrible,
parte en pedazos al fuerte,
al fuerte tanto como al débil,
pues para él todos son iguales.
Tal vez, etc.

TERCER JUDÍO
Dios no se ha ocultado
en ningún tiempo, etc.


CUARTO JUDÍO
No deberías decir eso, etc.
Ni siquiera han sido circuncidados.
Nadie puede decir cómo obra Dios,
porque Dios es muy poderoso.
Destruye tanto al fuerte
como al débil.
Dios es poderoso.

QUINTO JUDÍO
Nadie puede decir
de qué modo
obra Dios, etc.
Es posible que las cosas
que nosotros llamamos buenas
sean muy malas,
y que las cosas que llamamos malas
sean muy buenas.
No sabemos nada de nada.

HERODÍAS
(a Herodes)
Haz que se callen,
me aburren.

HERODES
Pero yo he oído decir
que Jokanaán es,
en verdad, vuestro profeta Elías.

PRIMER JUDÍO
Eso no puede ser.
Desde los tiempos del profeta Elías
han transcurrido
más de trescientos años.

PRIMER NAZARENO
Yo estoy seguro
de que es el profeta Elías.

PRIMER JUDÍO
Eso no puede ser, etc.

LOS OTROS JUDÍOS
¡Él no es, en absoluto,
el profeta Elías!

HERODÍAS
¡Haz que se callen!

VOZ DE JOKANAÁN
Mirad, está cerca el día,
el día del Señor,
y sobre los montes oigo
las pisadas de Aquel
que será el Salvador del mundo.

HERODES
¿Qué quiere decir eso
de Salvador del mundo?

PRIMER NAZARENO
El Mesías ha llegado.



PRIMER JUDÍO
¡El Mesías no ha llegado!

PRIMER NAZARENO
Ha llegado
y por doquier hace prodigios.
En ocasión de una boda en Galilea,
transformó el agua en vino.
Y sanó a dos leprosos
en Cafarnaúm.

SEGUNDO NAZARENO
¡Con sólo tocarlos!

PRIMER NAZARENO
También ha sanado a ciegos.
¡Y le han visto sobre un monte
hablando con los ángeles!

HERODÍAS
¡Oh, no! Yo no creo en prodigios,
¡he visto ya demasiados!

PRIMER NAZARENO
A la hija de Jairo la despertó
del sueño de la muerte.

HERODES
¡Cómo! ¿Resucita a los muertos?

PRIMERO, SEGUNDO
NAZARENOS
Cierto. Resucita a los muertos.

HERODES
Le prohíbo hacer eso.
¡Sería terrible,
si los muertos resucitasen!
¿Dónde está ahora ese hombre?

PRIMER NAZARENO
Señor, él está en todas partes,
pero es difícil encontrarle.

HERODES
Hay que encontrar a ese hombre.

SEGUNDO NAZARENO
Se habla que ahora está en Samaría.

PRIMER NAZARENO
Hace unos días
que salió ya de Samaría,
creo que en estos momentos
anda cerca de Jerusalén.

HERODES
Escuchadme:
¡le prohíbo
resucitar a los muertos!
¡Sería terrible
que los muertos regresaran!



VOZ DE JOKANAÁN
¡Ah, contra esa mujer lujuriosa,
hija de Babilonia,
habla el Señor, nuestro Dios!

HERODÍAS
Ordénale que se calle.

VOZ DE JOKANAÁN
¡Que una muchedumbre
se agolpe a su alrededor,
que tomen piedras
y la lapiden!

HERODÍAS
¡Verdaderamente
esto es ignominioso!

VOZ DE JOKANAÁN
¡Los capitanes de los ejércitos
la atravesarán
con sus espadas
y la aplastarán
con sus escudos!

HERODÍAS
¡Que se calle! ¡Que se calle!

VOZ DE JOKANAÁN
¡Es así como yo extirparé
toda maldad
y como enseñaré a todas las mujeres
a no caminar por la senda
de sus abominaciones!

HERODÍAS
¿Oyes lo que dice contra mí,
y permites que me injurie,
a mí, a tu mujer?

HERODES
Él no ha mencionado tu nombre.

VOZ DE JOKANAÁN
Vendrá un día
en que el sol se oscurecerá,
como cegado por un negro paño.
Y la luna se volverá como sangre
y las estrellas del cielo
caerán sobre la tierra,
como los higos que,
aún no maduros,
caen de la higuera.
Vendrá un día en que
los reyes de la tierra
sentirán espanto.




HERODÍAS
¡Ja, ja! Este profeta
habla como un borracho.
No puedo soportar
el sonido de su voz,
odio su voz.
Ordénale que se calle.

HERODES
Baila para mí, Salomé.

HERODÍAS
No quiero que baile.

SALOMÉ
No tengo ningún deseo de bailar,
tetrarca.

HERODES
¡Salomé, hija de Herodías,
baila para mí!

SALOMÉ
No quiero bailar, tetrarca.

HERODÍAS
Ya ves cómo te obedece.

VOZ DE JOKANAÁN
Estará sentado
en su trono vestido
de escarlata y púrpura.
Y el ángel del Señor
le golpeará.
Y su cuerpo será devorado
por los gusanos.


HERODES
¡Salomé!
¡Salomé, baila para mí,
te lo ruego!
Me siento triste esta noche,
baila para mí.
¡Salomé, baila para mí!
Si bailas para mí,
podrás pedirme cuanto desees.
Y yo te lo daré.

SALOMÉ
¿De verdad me darás
todo lo que te pida, tetrarca?

HERODÍAS
No bailes, hija mía.

HERODES
Todo, todo,
todo lo que me pidas,
aunque sea la mitad
de mi reino.

SALOMÉ
¿Lo juras, tetrarca?





HERODES
Lo juro, Salomé.

SALOMÉ
¿Por qué lo juras,
tetrarca?

HERODES
Por mi vida,
por mi corona,
por mis dioses.

HERODÍAS
¡No bailes, hija mía!

HERODES
¡Oh, Salomé, baila, Salomé!

SALOMÉ
Has prestado un juramento,
tetrarca.

HERODES
Lo he jurado, es verdad.

HERODÍAS
Hija mía, no bailes.

HERODES
Aunque sea la mitad de mi reino.
Serás una reina bella,
inconmensurablemente bella.
¡Ah! Hace frío aquí.
Sopla el viento helado,
y oigo...
¿por qué oigo en el aire
ese batir de alas?
¡Ah! Es como
si un enorme pájaro negro
revolotease sobre la terraza.
¿Por qué no puedo ver ese pájaro?
Ese batir de alas
es terrible.
Es como un viento cortante.
Pero no, no es frío,
es ardiente.
Derramad agua
sobre mis manos,
dadme a beber hielo,
desabrochadme el manto.
¡Rápido!
¡Rápido!
¡Desabrochadme el manto!
¡No! ¡Dejadlo!
Es la corona que me oprime.
Estas rosas son como fuego.
¡Ah! Ahora puedo respirar.
Ahora me siento feliz.
¿Quieres bailar para mí, Salomé?

HERODÍAS
¡No quiero que baile!

SALOMÉ
Quiero bailar para él.

VOZ DE JOKANAÁN
¿Quién es el que viene de Edom?
¿Quién es el que viene de Bosra
y cuyas ropas
están teñidas de púrpura,
y aparece envuelto en el resplandor
de sus atuendos,
caminando poderoso en su grandeza?
¿Por qué tus ropas
se tiñen de escarlata?

HERODÍAS
Entremos.
La voz de ese hombre
me enloquece.
No quiero que mi hija
baile en tanto él
no cese de gritar.
No quiero que baile
en tanto tú
la mires de ese modo.
En una palabra:
no quiero que baile.
¡No quiero que baile!

HERODES
No te levantes, esposa mía,
reina mía.
No te ha de servir para nada,
pues no entraré
hasta que ella haya bailado.
¡Baila, Salomé, baila para mí!

HERODÍAS
¡No bailes, hija mía!

SALOMÉ
Estoy dispuesta, tetrarca.

(Danza de los siete velos)

HERODES
(a Herodías)
¡Ah! ¡Magnífico!
¡Maravilloso, maravilloso!
Ya ves,
tu hija ha bailado para mí.
¡Acércate, Salomé!
Acércate,
has de recibir tu recompensa.
Quiero recompensarte regiamente.
Todo cuanto tu corazón
pueda apetecer, te lo daré.
¿Qué es lo que deseas? ¡Habla!





SALOMÉ
Deseo que me traigan
en una bandeja de plata...

HERODES
En una bandeja de plata...
Por supuesto...
en una bandeja de plata.
¿Verdad que es encantadora?
¿Qué es lo que deseas que te traigan
en una bandeja de plata?
¡Oh dulce, oh hermosa Salomé,
tú que eres más bella
que todas las hijas de Judea!
¿Qué es lo que te han de traer
en una bandeja de plata?
¡Dímelo!
No importa lo que sea,
lo tendrás.
Mis reinos
te pertenecen.
¿Qué deseas, Salomé?
¡Dímelo!

SALOMÉ
La cabeza de Jokanaán.

HERODES
¡No, no!

HERODÍAS
¡Ah! ¡Bien dicho, hija mía!
¡Bien dicho!

HERODES
¡No, no, Salomé!
¡No es eso lo que tú deseas!
No escuches la voz de tu madre.
Ella siempre te dio
malos consejos.
No le prestes atención.

SALOMÉ
Yo no presto atención
a la voz de mi madre.
Es para mi propio placer,
para lo que quiero que me entregues
la cabeza de Jokanaán
en una bandeja de plata.
Has prestado un juramento, Herodes.
Has prestado un juramento.
¡No lo olvides!

HERODES
Ya sé
que he hecho un juramento.
Lo sé muy bien.
Lo he jurado por mis dioses.
Pero te lo suplico,
Salomé,
pídeme cualquier otra cosa.
Pídeme la mitad de mi reino.
Te lo entregaré.
Pero no me pidas
lo que tus labios
acaban de pedir.

SALOMÉ
Te pido la cabeza
de Jokanaán.

HERODES
No, no,
no te la quiero dar.

SALOMÉ
Has prestado un juramento,
Herodes.

HERODÍAS
Sí, has prestado un juramento.
Todos lo han oído.

HERODES
Silencio, mujer,
no estoy hablando contigo.

HERODÍAS
Mi hija ha hecho bien
en pedir
la cabeza de Jokanaán.
Él me ha cubierto
de insultos y de afrentas.
Se nota que ella ama a su madre.
¡No cedas, hija mía,
no cedas!
Él ha prestado un juramento.

HERODES
¡Cállate, no me hables!
¡Salomé,
te lo suplico;
no seas obstinada!
Escucha...
yo siempre te he tenido cariño.
Puede incluso que te quiera.
No me pidas eso.
La cabeza de un hombre,
separada del cuerpo,
no es un espectáculo agradable.
¡Escucha lo que te digo!
Tengo una esmeralda.
Es la esmeralda
más hermosa del mundo.
¿Verdad que te gustaría poseerla?
Pídemela y te daré
la esmeralda más hermosa.

SALOMÉ
¡Exijo la cabeza de Jokanaán!

HERODES
No me estás escuchando,
no me estás escuchando.
¡Deja que te explique, Salomé!





SALOMÉ
¡La cabeza de Jokanaán!

HERODES
Dices eso para atormentarme,
porque te he estado mirando tanto.
Tu belleza me ha turbado.
¡Oh! ¡Oh! ¡Traedme vino!
¡Tengo sed!
¡Salomé, Salomé seamos amigos!
¡Reflexiona!
¡Ah! ¿Qué quería yo decir?
¿Qué era? ¡Ah! ¡Ya lo tengo!
Salomé, tú has visto
mis hermosos y blancos
pavos reales,
que pasean en el jardín
entre los mirtos.
Te los daré todos,
absolutamente todos.
No hay en el mundo
otro rey que tenga
unos pavos reales como esos.
Sólo tengo cien.
Pero te los daré todos.

SALOMÉ
¡Dame la cabeza de Jokanaán!

HERODÍAS
¡Bien dicho, hija mía!

HERODES
¡Cállate, mujer!
Graznas como un ave de rapiña.

HERODÍAS
(a Herodes)
Y tú te pones en ridículo
con tus pavos reales.

HERODES
Tu voz me tortura.
¡Cállate de una vez!
Salomé, reflexiona.
¿qué pretendes hacer?
Quizás lo ha enviado Dios.
Es un hombre santo.
Lo ha tocado el dedo de Dios.
¿Te gustaría acaso que me sucediera
una desgracia, Salomé?
Entonces, ¡escúchame!

SALOMÉ
Quiero la cabeza de Jokanaán.

HERODES
¡Ah, no quieres escucharme!
Tranquilízate, Salomé.
Ya ves, estoy tranquilo.
Escucha:
tengo escondidas joyas,
joyas que ni siquiera tu madre
ha visto.
Tengo un collar con cuatro
hileras de perlas.
Topacios, amarillos
como ojos
de tigre.
Topacios, rosados
como los ojos
de palomas torcaces
y topacios verdes
como ojos
de gato.
Tengo ópalos que siempre brillan
como una llama fría en el hielo.
¡Te los daré todos, todos!
Tengo crisolitos y berilos,
crisopacios y rubíes.
Tengo sardónicos y jacintos,
y piedras de Calcedonia.
Te las daré todas,
todas y muchas cosas más.
Tengo un cristal
que a ninguna mujer
le ha sido permitido ver.
Escondidas en un cofrecillo de nácar
guardo tres turquesas maravillosas:
aquel que las luzca en su frente
podrá ver cosas que no existen.
Son tesoros de un valor incalculable.
¿Qué más puedes desear, Salomé?
Te daré todo lo que me pidas,
todo menos una cosa:
todo menos la vida de ese hombre.
Te daré el manto
del sumo sacerdote.
Te daré el velo
del Templo.

LOS JUDÍOS
¡Oh! ¡Oh!

SALOMÉ
¡Dame la cabeza de Jokanaán!





HERODES
¡Que le den lo que pide!
¡Es, en verdad,
digna hija de su madre!
¿Quién me ha quitado el anillo?
Tenía un anillo en mi mano derecha.
¿Quién se ha bebido el vino?
Había vino en mi copa.
Estaba llena de vino.
Alguien se lo ha bebido.
¡Oh, seguro
que a alguien le ocurrirá
una desgracia!

HERODÍAS
¡Mi hija ha obrado como debía!

HERODES
Estoy seguro de que
va a ocurrir una desgracia.

SALOMÉ
No se percibe ningún ruido.
No oigo nada.
¿Por qué no grita ese hombre?
¡Ah! ¡Si alguien viniese a matarme,
yo gritaría, me defendería,
no se lo permitiría!
¡Golpea!
¡Golpea! ¡Naamán!
¡Golpea, te digo!
No, no oigo nada.
¡Hay un silencio terrible!
¡Ah! Ha caído algo al suelo.
He oído caer algo.
Era la espada del verdugo.
Ese esclavo tiene miedo.
¡Ha dejado caer la espada!
No se ha atrevido a matarlo.
Ese esclavo es un cobarde.
¡Enviad allí soldados!


(al paje)

Ven aquí, tú eras amigo suyo,
¿verdad?
Pues bien, escucha lo que te digo:
todavía no ha habido
bastantes muertos.
Ve a los soldados y ordénales
que bajen y que me traigan
lo que he pedido,
lo que el tetrarca me prometió,
¡lo que me pertenece!

(a los soldados.)

¡Aquí, soldados,
bajad a la cisterna
y traedme la cabeza de ese hombre!
¡Tetrarca, tetrarca,
ordena a tus soldados
que me traigan
la cabeza de Jokanaán!

(a la cabeza de Jokanaán)

¡Ah!
¡No quisiste que yo besara
tu boca, Jokanaán!
Pues bien, ¡ahora voy a besarla!
Quiero morderla con mis dientes,
como se muerde una fruta madura.
Sí, ahora quiero besar
tu boca, Jokanaán.
Te lo dije,
¿No es verdad que te lo dije?
¡Ah, ah! Ahora quiero besarla.
Pero, ¿por qué no me miras,
Jokanaán?
Tus ojos tan terribles,
llenos de furia y desprecio,
están ahora cerrados.
¿Por qué están cerrados?
¡Abre los ojos!
¡Levanta los párpados,
Jokanaán!
¿Por qué no me miras?
¿Me temes, Jokanaán,
y por eso no quieres mirarme?
Y tu lengua,
Jokanaán,
ya no profiere ni una palabra,
esa víbora escarlata,
que contra mí escupía su veneno.
¿No resulta extraño?
¿Cómo es que ya no se mueve
esa roja víbora?
Hablaste contra mí,
en contra de Salomé,
hija de Herodías,
princesa de Judea.
¡Pues bien!
¡Yo vivo, pero tú estás muerto,
y tu cabeza, tu cabeza me pertenece!
Puedo hacer con ella
lo que me plazca.
Puedo arrojársela a los perros
y a las aves.
Lo que dejen los perros
se lo comerán las aves.
¡Ah! Jokanaán, Jokanaán,
eras tan hermoso.
Tu cuerpo era
una columna de marfil
edificada sobre pies de plata.
Era un jardín lleno de palomas,
sembrado de lirios de plata.
Nada en el mundo
era tan blanco como tu cuerpo.
Nada en el mundo
era tan negro como tus cabellos.
En el mundo entero
nada era tan rojo como tu boca.
Tu voz olía como un incensario
y, cuando te miraba,
oía una música misteriosa.





¡Ah!
¿Por qué no quisiste mirarme,
Jokanaán?
Sobre tus ojos pusiste la venda
que llevan los que sólo ven a Dios.
¡Pues bien!
Ya has visto a tu Dios, Jokanaán,
pero a mí, a mí, nunca me viste.
¡Si me hubieses visto,
me habrías amado!
Tengo sed de tu belleza.
Tengo hambre de tu cuerpo.
Ni el vino ni las manzanas
podrán apaciguar mi deseo.
Y ahora,
¿qué he de hacer, Jokanaán?
Ni los ríos ni los mares
son capaces de apagar
mi pasión abrasadora.
¡Oh! ¿Por qué no me miraste?
Si me hubieses mirado
me habrías amado.
Bien lo sé, me habrías amado.
Y el misterio del amor
es más grande
que el misterio de la muerte.

HERODES
(a Herodías)
Tu hija es un monstruo.
¡Te digo que es un monstruo!

HERODÍAS
Mi hija ha obrado bien.
Quiero quedarme aquí.

HERODES
¡Ah!
¡Ya habló la mujer de mi hermano!
Ven, no quiero permanecer
más tiempo aquí.
¡Ven conmigo!
Sin duda
va a ocurrir algo terrible.
Ocultémonos
en el palacio, Herodías,
empiezo a temblar.
¡Manases, Isacar, Ozías,
apagad las antorchas!
¡Ocultad la luna,
ocultad las estrellas!
Algo terrible va a ocurrir.

SALOMÉ
¡Ah!
He besado tu boca,
Jokanaán.
¡Ah!
He besado tu boca,
había un sabor amargo en tus labios.
¿Era el sabor de la sangre?
¡No!
Tal vez no era sino
el sabor del amor.
Dicen que el amor
tiene un sabor amargo.
Mas, ¿qué importa?, ¿qué importa?
He besado tu boca,
Jokanaán.
Yo he besado tu boca.

HERODES
(girándose y mirando a Salomé)
¡Matad a esa mujer!

(Los soldados se abalanzan sobre
Salomé y la aplastan bajo sus
escudos.)



-Final-









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