miércoles, abril 16, 2008

*Tirso de Molina* "Don Gil de las calzas verdes"(Acto I)







PERSONAJES


DOÑA JUANA.
DON DIEGO.
DON MARTÍN.
DON ANTONIO.
DOÑA INÉS.
CELIO.
DON PEDRO, [viejo].
FABIO.
DOÑA CLARA.
DECIO.
DON JUAN VALDIVIESO, escudero.
QUINTANA, [criado].
[AGUILAR], paje.
CARAMANCHEL, [lacayo].
UN ALGUACIL.
OSORIO.
Músicos.






Acto I




[Entrada al Puente de Segovia.]



Escena I





Sale DOÑA JUANA, de hombre, con calzas y vestido todo verde, y QUINTANA, criado.



QUINTANA Ya que a vista de Madrid
y en su puente segoviana,
olvidamos, doña Juana,
huertas de Valladolid,
Puerta del Campo, Espolón, 5
puentes, galeras, Esgueva,
con todo aquello que lleva,
por ser como inquisición
de la pinciana nobleza
(pues cual brazo de justicia, 10
desterrando su inmundicia,
califica su limpieza);
ya que nos traen tus pesares
a que desta insigne puente
veas la humilde corriente 15
del enano Manzanares,
que por arenales rojos
corre, y se debe correr,
que en tal puente venga a ser
lágrima de tantos ojos; 20
¿no sabremos qué ocasión
te ha traído desa traza?
¿Qué peligro te disfraza
de damisela en varón?


DOÑA JUANA Por agora no, Quintana. 25


QUINTANA Cinco días hace hoy
que mudo contigo voy.
Un lunes por la mañana
en Valladolid quisiste
fiarte de mi lealtad: 30
dejaste aquella ciudad;
a esta corte te partiste,
quedando sola la casa
de la vejez que te adora,
sin ser posible hasta agora 35
saber de ti lo que pasa,
por conjurarme primero
que no examine qué tienes,
por qué, cómo o dónde vienes;
y yo, humilde majadero, 40
callo y camino tras ti,
haciendo más conjeturas
que un matemático a escuras.
¿Dónde me llevas ansí?
Aclara mi confusión, 45
si a lástima te he movido;
que si contigo he venido,
fue tu determinación
de suerte que, temeroso
de que si sola salías 50
a riesgo tu honor ponías,
tuve por más provechoso
seguirte y ser de tu honor
guardajoyas, que quedar,
yéndote tú, a consolar 55
las congojas de señor.
Ten ya compasión de mí;
que suspensa el alma está
hasta saberlo.


DOÑA JUANA Será
para admirarte. Oye.


QUINTANA Dí. 60


DOÑA JUANA Dos meses ha que pasó
la Pascua, que por abril
viste bizarra los campos
de felpas y de tabís,
cuando a la puente (que a medias 65
hicieron, a lo que oí,
Pero Anzures y su esposa)
va todo Valladolid.
Iba yo con los demás;
pero no sé si volví, 70
a lo menos con el alma,
que no he vuelto a reducir;
porque junto a la Vitoria
un Adonis bello vi,
que a mil Venus daba amores, 75
y a mil Martes celos mil.
Diome un vuelco el corazón,
porque amor es alguacil
de las almas, y temblé
como a la justicia vi. 80
Tropecé, si con los pies,
con los ojos al salir,
la libertad en la cara,
en el umbral un chapín.
Llegó, descalzado el guante, 85
una mano de marfil
a tenerme de su mano...
¡Qué bien me tuvo! ¡ay de mí!
Y diciéndome: «Señora,
tened; que no es bien que así 90
imite al querub soberbio,
cayendo, tal serafín».
Un guante me llevó en prendas
del alma, y si he de decir
la verdad, dentro del guante 95
el alma que le ofrecí.
Toda aquella tarde corta
(digo, corta para mí;
que aunque las de abril son largas,
mi amor no las juzgó ansí), 100
bebió el alma por los ojos,
sin poderse resistir,
el veneno que brindaba
su talle airoso y gentil.
Acostóse el sol de envidia, 105
y llegóse a despedir
de mí al estribo de un coche
adonde supo fingir
amores, celos, firmezas,
suspirar, temer, sentir 110
ausencias, desdén, mudanzas,
y otros embelecos mil,
con que engañándome el alma,
Troya soy, si Scitia fui.
Entré en casa enajenada. 115
Si amaste, juzga por ti
en desvelos principiantes
qué tal llegué. No dormí,
no sosegué; parecióme
que, olvidado de salir 120
el sol, ya se desdeñaba
de dorar nuestro cenit.
Levantéme con ojeras,
desojada por abrir
un balcón, de donde luego 125
mi adorado ingrato vi.
Aprestó desde aquel día
asaltos para batir
mi libertad descuidada.
Dio en servirme desde allí. 130
Papeles leí de día,
músicas de noche oí,
joyas recibí, y ya sabes
qué se sigue al recibir.
¿Para qué te canso en esto? 135
En dos meses don Martín
de Guzmán (que así se llama
quién me obliga a andar ansí)
allanó dificultades,
tan arduas de resistir 140
en quien ama, cuanto amor
invencible, todo ardid.
Diome palabra de esposo;
pero fue palabra en fin,
tan pródiga en las promesas, 145
como avara en el cumplir.
Llegó a oídos de su padre
(debióselo de decir
mi desdicha) nuestro amor;
y aunque sabe que nací, 150
si no tan rica, tan noble,
el oro, que es sangre vil
que califica intereses,
un portillo supo abrir
en su codicia. ¡Qué mucho, 155
siendo él viejo, y yo infeliz!
Ofrecióse un casamiento
de una doña Inés, que aquí
con setenta mil ducados
se hace adorar y aplaudir. 160
Escribió su viejo padre
al padre de don Martín,
pidiéndole para yerno;
no se atrevió a dar el sí
claramente, por saber 165
que era forzoso salir
a la causa mi deshonra.
Oye una industria civil.
Previno postas el viejo,
y hizo a mi esposo partir 170
a esta corte, toda engaños.
Ya, Quintana, está en Madrid.
Díjole que se mudase
el nombre de don Martín,
atajando inconvenientes, 175
en el nombre de don Gil;
por que, si de parte mía
viniese en su busca aquí
la justicia, deslumbrase
su diligencia este ardid. 180
Escribió luego a don Pedro
Mendoza y Velasteguí,
padre de mi opositora,
dándole en él a sentir
el pesar de que impidiese 185
la liviandad juvenil
de su hijo el concluirse
casamiento tan feliz;
que por estar desposado
con doña Juana Solís, 190
si bien noble, no tan rica
como pudiera elegir,
enviaba en su lugar
y en vez de su hijo, a un don Gil
de no sé quién, de lo bueno 195
que ilustra a Valladolid.
Partióse con este embuste;
mas la sospecha, adalid
lince de los pensamientos,
y Argos cauteloso en mí, 200
adivinó mis desgracias,
sabiéndolas descubrir
el oro que en dos diamantes
bastante son para abrir
secretos de cal y canto. 205
Supe todo el caso, en fin,
y la distancia que hay
del prometer al cumplir.
Saqué fuerzas de flaqueza,
dejé el temor femenil, 210
dióme alientos el agravio
y de la industria adquirí
la determinación cuerda;
porque pocas veces vi
no vencer la diligencia 215
cualquier fortuna infeliz.
Disfracéme como ves;
y, fiándome de ti,
a la fortuna me arrojo
y al puerto pienso salir. 220
Dos días ha que mi amante,
cuando mucho, está en Madrid:
mi amor midió sus jornadas.
Y ¿quién duda, siendo así,
que no habrá visto a don Pedro 225
sin primero prevenir
galas con que enamorar,
y trazas con que mentir?
Yo, pues que he de ser estorbo
de su ciego frenesí, 230
a vista tengo de andar
de mi ingrato don Martín,
malogrando cuanto hiciere:
el cómo déjalo a mí.
Para que no me conozca 235
(que no hará, vestida ansí)
falta sólo que te ausentes,
no me descubran por ti.
Vallecas dista una legua:
disponte luego a partir 240
allá; que de cualquier cosa,
o próspera o infeliz,
con los que a vender pan vienen
de allá, te podré escribir.


QUINTANA Verdaderas has sacado 245
las fábulas de Merlín.
No te quiero aconsejar.
Dios te deje conseguir
el fin de tus esperanzas.


DOÑA JUANA Adiós.


QUINTANA ¿Escribirás?


DOÑA JUANA Sí. 250




(Vase QUINTANA.)





Escena II





Sale CARAMANCHEL, lacayo. [DOÑA JUANA.]



CARAMANCHEL Pues para fiador no valgo,
sal acá, bodegonero;
que en esta puente te espero.


DOÑA JUANA ¡Hola! ¿Qué es eso?


CARAMANCHEL Oye, hidalgo;
eso de hola, al que a la cola 255
como contera le siga;
y a las doce sólo diga:
«Olla, olla», y no «hola, hola».


DOÑA JUANA Yo que hola agora os llamo,
daros esotro podré. 260


CARAMANCHEL Perdóneme, pues, usté.


DOÑA JUANA ¿Buscais amo?


CARAMANCHEL Busco un amo;
que si el cielo los lloviera,
y las chinches se tornaran
amos; si amos pregonaran 265
por las calles; si estuviera
Madrid de amos empedrado,
y ciego yo los pisara,
nunca en uno tropezara,
según soy de desdichado. 270


DOÑA JUANA ¿Qué tantos habeis tenido?


CARAMANCHEL Muchos, pero más inormes,
que Lazarillo de Tormes.
Un mes serví, no cumplido,
a un médico muy barbado, 275
belfo, sin ser alemán;
guantes de ámbar, gorgorán,
mula de felpa, engomado,
muchos libros, poca ciencia;
pero no se me lograba 280
el salario que me daba,
porque con poca conciencia
lo ganaba su mercé;
y huyendo de tal azar,
me acogí con Cafíamar. 285


DOÑA JUANA ¿Mal lo ganaba? ¿Por qué?


CARAMANCHEL Por mil causas: la primera,
porque con cuatro aforismos,
dos textos, tres silogismos,
curaba una calle entera. 290
No hay facultad que más pida
estudios, libros, galenos,
ni gente que estudie menos,
con importarnos la vida.
Pero, ¿cómo han de estudiar, 295
no parando en todo el día?
Yo te diré lo que hacía
mi médico. Al madrugar,
almorzaba de ordinario
una lonja de lo añejo, 300
porque era cristiano viejo;
y con este letüario
aqua vitis, que es de vid,
visitaba sin trabajo,
calle arriba, calle abajo, 305
los egrotos de Madrid.
Volvíamos a las once:
considere el pío lector,
si podría el mi doctor,
puesto que fuese de bronce, 310
harto de ver orinales,
y fístulas, revolver
Hipócrates, y leer
las curas de tantos males.
Comía luego su olla, 315
con un asado manido,
y después de haber comido,
jugaba cientos o polla.
Daban las tres y tornaba
a la médica atahona, 320
yo la maza y él la mona;
y cuando a casa llegaba,
ya era de noche. Acudía
al estudio, deseoso
(aunque no era escrupuloso) 325
de ocupar algo del día
en ver los expositores
de sus Rasis y Avicenas;
asentábase, y apenas
ojeaba dos autores, 330
cuando doña Estefanía
gritaba: «Ola, Inés, Leonor,
id a llamar al doctor:
que la cazuela se enfría.
Respondía él: «En un hora 335
no hay que llamarme a cenar.
Déjenme un rato estudiar.
Decid a vuestra señora
que le ha dado garrotillo
al hijo de tal Condesa; 340
y que está la ginovesa,
su amiga, con tabardillo;
que es fuerza mirar si es bueno
sangrarla estando preñada;
que a Dioscórides le agrada; 345
mas no lo aprueba Galeno».
Enfadábase la dama,
y entrando a ver su doctor,
decía: «Acabad, señor;
cobrado habéis harta fama, 350
y demasiado sabéis
para lo que aquí ganáis:
advertid, si así os cansáis,
que presto os consumiréis.
Dad al diablo los Galenos, 355
si os han de hacer tanto daño:
¿Qué importa al cabo del año
veinte muertos más o menos?»
Con aquestos incentivos
el doctor se levantaba; 360
los textos muertos cerraba
por estudiar en los vivos.
Cenaba, yendo en ayunas
de la ciencia que vio a solas;
comenzaba en escarolas, 365
acababa en aceitunas,
y acostándose repleto,
al punto del madrugar,
se volvía a visitar,
sin mirar ni un quodlibeto. 370
Subía a ver al paciente;
decía cuatro chanzonetas;
escribía dos recetas
destas que ordinariamente
se alegan sin estudiar; 375
y luego los embaucaba
con unos modos que usaba
extraordinarios de hablar.
«La enfermedad que le ha dado,
señora, a Vueseñoría, 380
son flatos e hipocondría;
siento el pulmón opilado,
y para desarraigar
las flemas vítreas que tiene
con el quilo, le conviene 385
(por que mejor pueda obrar
Naturaleza) que tome
unos alquermes que den
al hépate y al esplén
la sustancia que el mal come». 390
Encajábanle un doblón,
y asombrados de escucharle,
no cesaban de adularle,
hasta hacerle un Salomón.
Y juro a Dios que, teniendo 395
cuatro enfermos que purgar,
le vi un día trasladar
(no pienses que estoy mintiendo)
de un antiguo cartapacio
cuatro purgas, que llevó 400
escritas (fuesen o no
a propósito) a palacio;
y recetada la cena
para el que purgarse había,
sacaba una y le decía: 405
«Dios te la depare buena»
¿Parécele a vuesasté
que tal modo de ganar
se me podía a mí lograr?
Pues por esto le dejé. 410


DOÑA JUANA ¡Escrupuloso criado!


CARAMANCHEL Acomodéme después
con un abogado, que es
de las bolsas abogado,
y enfadóme que aguardando 415
mil pleiteantes que viese
sus procesos, se estuviese
catorce horas enrizando
el bigotismo; que hay trazas
dignas de un jubón de azotes. 420
Unos empina-bigotes
hay a modo de tenazas,
con que se engoma el letrado
la barba que en punta está:
¡Miren qué bien que saldrá 425
un parecer engomado!
Dejéle, en fin; que estos tales,
por engordar alguaciles,
miran derechos civiles
y hacen tuertos criminales. 430
Serví luego a un clerigón
un mes (pienso que no entero)
de lacayo y despensero.
Era un hombre de opinión:
Su bonetazo calado, 435
lucio, grave, carilleno,
mula de veintidoseno,
el cuello torcido a un lado;
y hombre, en fin, que nos mandaba
a pan y agua ayunar 440
los viernes, por ahorrar
la pitanza que nos daba;
y él comiéndose un capón
(que tenía con ensanchas
la conciencia, por ser anchas 445
las que teólogas son),
quedándose con los dos
alones cabeceando,
decía, al cielo mirando:
¡Ay, ama, qué bueno es Dios! 450
Dejéle, en fin, por no ver
santo que tan gordo y lleno,
nunca a Dios llamaba bueno,
hasta después de comer.
Luego entré con un pelón 455
que sobre un rocín andaba,
y aunque dos reales me daba
de ración y quitación,
si la menor falta hacía,
por irremisible ley, 460
olvidando el Agnus Dei,
qui tollis ración, decía.
Quitábame de ordinario
la ración, pero el rocín
y su medio celemín 465
alentaban mi salario,
vendiendo sin redención
la cebada que le hurtaba:
con que yo ración llevaba,
y el rocín la quitación. 470
Serví a un moscatel, marido
de cierta doña Mayor,
a quien le daba el señor
por uno y otro partido
comisiones, que a mi ver 475
el proveyente cobraba,
pues con comisión quedaba
de acudir a su mujer.
Si te hubiera de contar
los amos que en varias veces 480
serví, y andan como peces
por los golfos deste mar,
fuera un trabajo excusado;
bástete el saber que estoy
sin cómodo el día de hoy, 485
por mal acondicionado.


DOÑA JUANA Pues si das en coronista
de los diversos señores
que se extreman en humores,
desde hoy me pon en tu lista, 490
porque desde hoy te recibo
en mi servicio.


CARAMANCHEL ¡Lenguaje
nuevo! ¿Quién ha visto paje
con lacayo?


DOÑA JUANA Yo no vivo
sino sólo de mi hacienda; 495
ni paje en mi vida fui:
vengo a pretender aquí
un hábito o encomienda;
y porque en Segovia dejo
malo a un mozo, he menester 500
quien me sirva.


CARAMANCHEL ¿A pretender
entráis mozo? Saldréis viejo.


DOÑA JUANA Cobrando voy afición
a tu humor.


CARAMANCHEL Ninguno ha habido,
de los amos que he tenido, 505
ni poeta, ni capón;
parecéisme lo postrero;
y así, señor, me tened
por criado, y sea a merced,
que medrar mejor espero 510
que sirviéndoos a destajo,
en fe de ser yo tan fiel.


DOÑA JUANA ¿Llámaste?


CARAMANCHEL Caramanchel,
porque nací en el de abajo.


DOÑA JUANA Aficionándome vas 515
por lo airoso y lo sutil.


CARAMANCHEL ¿Cómo os llamáis vos?


DOÑA JUANA Don Gil.


CARAMANCHEL ¿Y qué más?


DOÑA JUANA Don Gil no más.


CARAMANCHEL Capón sois hasta en el nombre;
pues si en ello se repara, 520
las barbas son en la cara
lo mismo que el sobrenombre.


DOÑA JUANA Agora importa encubrir
mi apellido. ¿Qué posada
conoces limpia y honrada? 525


CARAMANCHEL Una te haré prevenir
de las frescas y curiosas
de Madrid.


DOÑA JUANA ¿Hay ama?


CARAMANCHEL Y moza.


DOÑA JUANA ¿Cosquillosa?


CARAMANCHEL Y que retoza.


DOÑA JUANA ¿Qué calle?


CARAMANCHEL De las Urosas. 530


DOÑA JUANA Vamos
(Aparte.)

que noticia llevo
de la casa donde vive
don Pedro. Madrid, recibe
este forastero nuevo
en tu amparo.


CARAMANCHEL (Aparte.)

¡Qué bonito 535
que es el tiple moscatel!


DOÑA JUANA ¿No venís, Caramanchel?


CARAMANCHEL Vamos, señor don Gilito.




[Vanse.]





Escena III





[Sala en casa de DON PEDRO.]





(Salen DON PEDRO, viejo, leyendo una carta, DON MARTÍN y OSORIO.)



DON PEDRO.- (Lee.) «Digo, en conclusión, que don Martín, si fuera tan cuerdo como mozo, hiciera dichosa mi vejez, trocando nuestra amistad en parentesco. Ha dado palabra a una dama de esta ciudad, noble y hermosa, pero pobre; y ya vos veis en los tiempos presentes lo que pronostican hermosuras sin hacienda. Llegó este negocio a lo que suelen los de su especie; a arrepentirse él, y a ejecutarle ella por la justicia: ponderad vos lo que sentirá quien pierde vuestro deudo, vuestra nobleza y vuestro mayorazgo, con tal prenda como mi señora doña Inés; pero ya que mi suerte estorba tal ventura, tenelda a no pequeña, que el señor don Gil de Albornoz, que ésta lleva, esté en estado de casarse, y deseoso de que sea con las mejoras que en vuestra hija le he ofrecido. Su sangre, discreción, edad y mayorazgo (que heredará brevemente de diez mil ducados de renta) os pueden hacer olvidar el favor que os debo, y dejarme a mí envidioso. La merced que le hiciéredes recibiré en lugar de don Martín, que os besa las manos. Dadme muchas y buenas nuevas de vuestra salud y gusto, que el cielo aumente, etc. Valladolid y julio, etc. Don Andrés de Guzmán.»


DON PEDRO Seáis, señor, mil veces bien venido
para alegrar aquesta casa vuestra; 540
que para comprobar lo que he leído,
sobra el valor que vuestro talle muestra.
Dichosa doña Inés hubiera sido,
si para ennoblecer la sangre nuestra,
prendas de don Martín con prendas mías 545
regocijaran mis postreros días.
Ha muchos años que los dos tenemos
recíproca amistad, ya convertida
en natural amor, que en los extremos
de la primera edad, tarde se olvida; 550
no pocos ha también que no nos vemos,
a cuya causa, en descansada vida,
quisiera yo, comunicando prendas,
juntar como las almas las haciendas.
Pero pues don Martín inadvertido 555
hace imposible el dicho casamiento,
que vos en su lugar hayais venido,
señor don Gil, me tiene muy contento.
No digo que mejora de marido
mi Inés; que al fin será encarecimiento 560
de algún modo en agravio de mi amigo;
mas que lo juzgo creed, si no lo digo.


DON MARTÍN Comenzáis de manera a aventajaros
en hacerme merced, que temeroso,
señor don Pedro, de poder pagaros 565
aun en palabras (que en el generoso
son prendas de valor), para envidiaros,
en obras y en palabras vitorioso,
agradezco callando, y mudo muestro
que no soy mío ya porque soy vuestro. 570
Deudos tengo en la corte, y muchos dellos
títulos, que podrán daros noticia
de quién soy, si os importa conocellos,
que la suerte me fue en esto propicia;
aunque si os informais, de los cabellos 575
quedará mi esperanza, que codicia
lograr abrazos y cumplir deseos,
abreviando noticias y rodeos.
Fuera de que mi padre (que quisiera
darme en Valladolid esposa a gusto 580
más de su edad que a mi elección) me espera
por puntos; y si sabe que a disgusto
suyo me caso aquí, de tal manera
lo tiene de sentir, que si del susto
destas nuevas no muere, ha de estorbarme 585
la dicha que en secreto podéis darme.


DON PEDRO No tengo yo en tan poco de mi amigo
el crédito y estima, que no sobre
su firma sola, sin buscar testigo
por quien vuestro valor alientos cobre. 590
Negociado tenéis para conmigo;
y aunque un hidalgo fuérades tan pobre
como el que más, a doña Inés os diera,
si don Andrés por vos intercediera.


DON MARTÍN (Aparte a OSORIO.)

El embeleco, Osorio, va excelente. 595


OSORIO [Aparte a DON MARTÍN.]

Aprieta con la boda, antes que venga
doña Juana a estorbarlo.


DON MARTÍN [Aparte a OSORIO.]

Brevemente
mi diligencia hará que efeto tenga.


DON PEDRO No quiero que cojamos de repente, 600
don Gil, a doña Inés, sin que prevenga
la prudencia palabras para el susto
que suele dar un no esperado gusto.
Si verla pretendeis, irá esta tarde
a la huerta del Duque convidada, 605
y sin saber quién sois haréis alarde
de vuestra voluntad.


DON MARTÍN ¡Oh, prenda amada!
Camine el sol, por que otro sol aguarde,
y deteniendo el sol a su jornada,
haga inmóvil su luz para que sea 610
eterno el día que sus ojos vea.


DON PEDRO Si no tenéis posada prevenida,
y ésta merece huésped tan honrado,
recibiré merced.


DON MARTÍN Apercebida
está cerca de aquí, según me han dado 615
noticia, la de un primo; aunque la vida,
que en ésta sus venturas ha cifrado,
hiciera aquí de su contento alarde.


DON PEDRO En la huerta os espero.


DON MARTÍN El cielo os guarde.




(Vanse.)





Escena IV





Salen DOÑA INÉS y DON JUAN [al fin de la escena DON PEDRO.]



DOÑA INÉS En dando tú en recelar, 620
no acabaremos hogaño.


DON JUAN Mucho deseas acabar.


DOÑA INÉS Pesado estás hoy y extraño.


DON JUAN ¿No ha de pesar un pesar?
No vayas hoy, por mi vida 625
(si es que te importa), a la huerta.


DOÑA INÉS Si mi prima me convida...


DON JUAN Donde no hay voluntad cierta.
no falta excusa fingida.


DOÑA INÉS ¿Qué disgusto se te sigue 630
de que yo vaya?


DON JUAN Parece
que el temor que me persigue
triste suceso me ofrece,
sin que mi amor le mitigue.
Pero en fin, ¿te determinas 635
de ir allá?


DOÑA INÉS Ve tú también,
y verás cómo imaginas
de mi firmeza no bien.


DON JUAN Como en mi alma predominas,
obedecerte es forzoso. 640


DOÑA INÉS Celos y escrúpulos son
de una especie; y un curioso
duda de la salvación,
don Juan, del escrupuloso.


[Vuelve DON PEDRO, y se queda escuchando a la puerta.]


Tú solamente has de ser 645
mi esposo. Ve allá a la tarde.


DON PEDRO (Aparte.)

¡Su esposo! ¿Cómo?


DON JUAN A temer
voy. Adiós.


DOÑA INÉS Él te me guarde.




(Vase DON JUAN.)





Escena V





[DON PEDRO, DOÑA INÉS.]



DON PEDRO Inés.


DOÑA INÉS Señor, ¿es querer
decirme que tome el manto? 650
Aguardándome estará
mi prima.


DON PEDRO Mucho me espanto
de que des palabra ya
de casarte. ¿Tiempo tanto
ha que dilato el ponerte 655
en estado? ¿Tantas canas
peinas, que osas atreverte
a dar palabras livianas
con que apresures mi muerte?
¿Qué hacía don Juan aquí? 660


DOÑA INÉS No te alteres, que no es justo;
que yo palabra le di,
presuponiendo tu gusto;
y no pierdes, siendo ansí,
nada en que don Juan pretenda 665
ser tu yerno, si el valor
sabes que ilustra su hacienda.


DON PEDRO Esposo tienes mejor.
Detén al deseo la rienda.
No te pensaba dar cuenta 670
tan presto de lo que trazo;
pero con tal prisa intenta
cumplir tu apetito el plazo
(no sé si diga en tu afrenta),
que, aunque mude intento, quiero 675
atajarla. Aquí ha venido
un bizarro caballero,
muy rico y muy bien nacido,
de Valladolid. Primero
que le admitas, le verás. 680
Diez mil ducados de renta
hereda, y espera más,
y corre ya por mi cuenta
el sí que a don Juan le das.


DOÑA INÉS ¿Faltan hombres en Madrid 685
con cuya hacienda y apoyo
me cases sin ese ardid?
¿No es mar Madrid? ¿No es arroyo
deste mar Valladolid?
Pues por un arroyo, ¿olvidas 690
del mar los ricos despojos?
¿O es bien que mi gusto impidas,
y, entrando amor por los ojos,
dueño me ofrezcas de oídas?
Si la codicia civil 695
que a toda vejez infama,
te vence, mira que es vil
defeto. ¿Cómo se llama
ese hombre?


DON PEDRO Don Gil.


DOÑA INÉS ¿Don Gil?
¿Marido de villancico? 700
¡Gil! ¡Jesús, no me le nombres!
Ponle un cayado y pellico.


DON PEDRO No repares en los nombres
cuando el dueño es noble y rico.
Tú le verás, y yo sé 705
que has de volver esta noche
perdida por él.


DOÑA INÉS [Con ironía.]

Sí haré.


DON PEDRO Tu prima aguarda en el coche
a la puerta.


DOÑA INÉS [Aparte.]

Ya no iré
con el gusto que entendí). 710
Dénme un manto.


DON PEDRO Allá ha de estar,
que yo se lo dije ansí.


DOÑA INÉS [Aparte.]

¿Con Gil me quieren casar?
¿Soy yo Teresa? ¡Ay de mí!




(Vanse.)





Escena VI





[La huerta del Duque.]





(Sale DOÑA JUANA de hombre.)



A esta huerta he sabido que don Pedro 715
trae a su hija doña Inés, y en ella
mi don Martín ingrato piensa vella.
Dichosa he sido en descubrir tan presto
la casa, los amores y el enredo
que no han de conseguir, si de mi parte, 720
Fortuna, mi dolor puede obligarte.
En casa de mi opuesta he ya obligado
a quien me avise siempre; darle quiero
gracias destos milagros al dinero.




Escena VII





Sale CARAMANCHEL. [DOÑA JUANA.]



CARAMANCHEL [Sin ver a DOÑA JUANA.]

Aquí dijo mi amo hermafrodita 725
que me esperaba; y vive Dios, que pienso
que es algún familiar que, en traje de hombre,
ha venido a sacarme de jüicio,
y, en siéndolo, doy cuenta al Santo Oficio.


DOÑA JUANA Caramanchel.


CARAMANCHEL ¡Señor! Bene venuto. 730
¿Adónde bueno o malo por el Prado?


DOÑA JUANA Vengo a ver a una dama, por quien bebo
los vientos.


CARAMANCHEL ¿Vientos bebes? ¡Mal despacho!
¡Barato es el licor, mas no borracho!
¿Y tú la quieres bien?


DOÑA JUANA La adoro.


CARAMANCHEL ¡Bueno! 735
No os haréis, a lo menos, mucho daño;
que en el juego de amor, aunque os déis priesa,
si de la barba llego a colegillo,
nunca haréis chilindrón, mas capadillo.


[Suena música dentro.]


Mas ¿qué música es ésta?


DOÑA JUANA Los que vienen 740
con mi dama serán, que convidada
a este paraíso, es ángel suyo.
Retírate, y verás hoy maravillas.


CARAMANCHEL [Aparte.]

¿Hay cosa igual? ¡Capón y con cosquillas!




Escena VIII





MÚSICOS cantando; DON JUAN, DOÑA INÉS y DOÑA CLARA, como de campo. [DOÑA JUANA, CARAMANCHEL.]



MÚSICOS Alamicos del prado, 745
fuentes del Duque,
despertad a mi niña
por que me escuche;
y decid que compare
con sus arenas, 750
sus desdenes y gracias,
mi amor y penas;
y pues vuestros arroyos
saltan y bullen,
despertad a mi niña 755
por que me escuche.


DOÑA CLARA ¡Bello jardín!


DOÑA INÉS Estas parras,
destos álamos doseles,
que a los cuellos, cual joyeles,
entre sus hojas bizarras 760
traen colgando los racimos,
nos darán sombra mejor.


DON JUAN Si alimenta Baco a Amor,
entre sus frutos opimos,
no se hallará mal el mío. 765


DOÑA INÉS Siéntate aquí, doña Clara,
y en esta fuente repara,
cuyo cristal puro y frío
besos ofrece a la sed.


DON JUAN En fin, quisiste venir 770
a esta huerta.


DOÑA INÉS A desmentir,
señor, a vuestra merced,
y examinar mi firmeza.


DOÑA JUANA [Aparte a CARAMANCHEL.]

¿No es mujer bella?


CARAMANCHEL [Aparte a su ama.]

El dinero
no lo es tanto; aunque prefiero 775
a la suya su belleza.


DOÑA JUANA [Aparte a CARAMANCHEL.]

Pues por ella estoy perdido.
Hablarla quiero.


CARAMANCHEL [Aparte a su ama.]

Bien puedes.


DOÑA JUANA Besando a vuesas mercedes
las manos, licencia pido, 780
por forastero siquiera,
para gozar el recreo
que aquí tan colmado veo.


DOÑA CLARA Faltando vos, no lo fuera.


DOÑA INÉS ¿De dónde es vuesa merced? 785


DOÑA JUANA En Valladolid nací.


DOÑA INÉS ¿Cazolero?


DOÑA JUANA Tendré así
más sazón.


DOÑA INÉS Don Juan, haced
lugar a este caballero.


DON JUAN [Aparte.]

Pues que mi lado le doy, 790
con él cortesano estoy.
Ya de celos desespero.


DOÑA INÉS (Aparte.)

¡Qué airoso y gallardo talle!
¡Qué buena cara!


DON JUAN [Aparte.]

¡Ay de mí!
¿Mírale doña Inés? Sí. 795
¡Qué presto empiezo a envidialle!


DOÑA INÉS ¿Y que es de Valladolid
vuesarced? ¿Conocerá
un don Gil, también de allá,
que vino agora a Madrid? 800


DOÑA JUANA ¿Don Gil de qué?


DOÑA INÉS ¿Qué sé yo?
¿Puede haber más que un don Gil
en todo el mundo?


DOÑA JUANA ¿Tan vil
es el nombre?


DOÑA INÉS ¿Quién creyó
que un don fuera guarnición 805
de un Gil, que siendo zagal
anda rompiendo sayal
de villancico en canción?


CARAMANCHEL El nombre es digno de estima,
a pagar de mi dinero; 810
y si no...


DOÑA JUANA Calla, grosero.


CARAMANCHEL Gil es mi amo, y es la prima
y el bordón de todo nombre;
y en gil se rematan mil;
que hay pere gil, toron gil, 815
ceno gil, por que se asombre
el mundo de cuán sutil
es, cuando rompe cambray;
y hasta en Valladolid hay
Puerta de Teresa Gil. 820


DOÑA JUANA Y yo me llamo también
don Gil, al servicio vuestro.


DOÑA INÉS ¿Vos don Gil?


DOÑA JUANA Si en serlo muestro
cosa que no os esté bien,
o que no gustéis, desde hoy 825
me volveré a confirmar.
Ya no me pienso llamar
don Gil; sólo aquello soy
que vos gustéis.


DON JUAN Caballero,
no importa a las que aquí están 830
que os llaméis Gil o Beltrán.
Sed cortés, y no grosero.


DOÑA JUANA Perdonad si os ofendí;
que por gusto de una dama...


DOÑA INÉS Paso, don Juan.


DON JUAN Si se llama 835
don Gil, ¿qué se nos da aquí?


DOÑA INÉS (Aparte.)

Éste es sin duda el que viene
a ser mi dueño; y es tal,
que no me parece mal.
¡Extremada cara tiene! 840


DOÑA JUANA Pésame de haberos dado
disgusto.


DON JUAN También a mí,
si del límite salí;
ya yo estoy desenojado.


DOÑA CLARA La música en paz os ponga. 845
(Levántanse.)



DOÑA INÉS [A DON JUAN.]

Salid, señor, a danzar.


DON JUAN [Aparte.]

Este don Gil me ha de dar
en qué entender; mas disponga
el hado lo que quisiere;
que doña Inés será mía, 850
y si compite y porfía,
tendráse lo que viniere.


DOÑA INÉS ¿No salís?


DON JUAN No danzo yo.


DOÑA INÉS ¿Y el señor don Gil?


DOÑA JUANA No quiero
dar pena a este caballero. 855


DON JUAN Ya mi enojo se acabó.
Danzad.


DOÑA INÉS Salga, pues, conmigo.


DON JUAN [Aparte.]

¡Que a esto obligue el ser cortés!


DOÑA CLARA (Aparte.)

(Un ángel de cristal es
el rapaz; cual sombra sigo 860
su talle airoso y gentil.)
Con doña Inés danzar quiero.


DOÑA INÉS (Aparte.)

Ya por el don Gil me muero;
que es un brinquillo el don Gil.




(Danzan las dos damas y DON GIL.)



MÚSICOS (Cantan.)

Al molino del amor 865
alegre la niña va
a moler sus esperanzas:
quiera Dios que vuelva en paz.
En la rueda de los celos
el amor muele su pan, 870
que desmenuzan la harina,
y, la sacan candeal.
Río son sus pensamientos,
que unos vienen y otros van,
y apenas llegó a su orilla, 875
cuando ansí escuchó cantar:
Borbollicos hacen las aguas,
cuando ven a mi bien pasar;
cantan, brincan, bullen y corren
entre conchas de coral, 880
y los pájaros dejan sus nidos,
y en las ramas del arrayán
vuelan, cruzan, saltan y pican
torongil, murta y azahar.
Los bueyes de las sospechas 885
el río agotando van;
que donde ellas se confirman,
pocas esperanzas hay;
y viendo que a falta de agua,
parado el molino está, 890
desta suerte le pregunta
la niña que empieza a amar:
Molinico, ¿por qué no mueles?
Porque me beben el agua los bueyes.
Vio al amor lleno de harina, 895
moliendo la libertad
de las almas que atormenta,
y ansí le cantó al llegar:
Molinero sois, amor,
y sois moledor. 900
Si lo soy, apartesé,
que le enharinaré.
(Acaban el baile.)


DOÑA INÉS (Aparte a DOÑA JUANA.)

Don Gil de dos mil donaires,
a cada vuelta y mudanza 905
que habéis dado, dio mil vueltas
en vuestro favor el alma.
Ya sé que a ser dueño mío
venís. Perdonad si, ingrata,
antes de veros rehusé 910
el bien que mi amor aguarda.
¡Muy enamorada estoy!


DOÑA CLARA [Aparte.]

¡Perdida de enamorada
me tiene el don Gil de perlas!


DOÑA JUANA [Habla aparte con DOÑA INÉS.]

No quiero sólo en palabras 915
pagar lo mucho que os debo.
Aquel caballero os guarda,
y me mira receloso.
Voyme.


DOÑA INÉS ¿Son celos?


DOÑA JUANA No es nada.


DOÑA INÉS ¿Sabéis mi casa?


DOÑA JUANA Y muy bien. 920


DOÑA INÉS ¿Y no iréis a honrar mi casa,
pues por dueño os obedece?


DOÑA JUANA A lo menos a rondarla
esta noche.


DOÑA INÉS Velaréla,
Argos toda a sus ventanas. 925


DOÑA JUANA Adiós.


DOÑA CLARA (Aparte.)

¡Que se va! ¡ay de mí!


DOÑA INÉS No haya falta.


DOÑA JUANA No habrá falta.




(Vanse DOÑA JUANA y CARAMANCHEL.)





Escena IX





[DOÑA INÉS, DOÑA CLARA, DON JUAN, músicos.]



DOÑA INÉS Don Juan, ¿qué melancolía
es ésa?


DON JUAN Esto es dar al alma
desengaños que la curen, 930
y aborrezcan tus mudanzas.
¡Ah, Inés!, en fin, salí cierto.


DOÑA INÉS Mi padre viene; remata,
o para después olvida
pesares.


DON JUAN Voyme, tirana; 935
mas tú me lo pagarás.


(Vase.)




DOÑA INÉS ¡Ay, que me las jura, Clara!
Más quiero el pie de don Gil,
que la mano de un monarca.




Escena X





Salen DON MARTÍN y DON PEDRO.





[DOÑA CLARA. Músicos.]



DON PEDRO ¡Inés!


DOÑA INÉS Padre de mis ojos, 940
don Gil no es hombre, es la gracia,
la sal, el donaire, el gusto
que amor en sus cielos guarda.
Ya le he visto, ya le quiero,
ya le adoro, ya se agravia 945
el alma con dilaciones
que martirizan mis ansias.


DON PEDRO [Habla aparte con DON MARTÍN.]

Don Gil, ¿cuándo os vio mi Inés?


DON MARTÍN Si no es al salir de casa,
para venir a esta huerta, 950
no sé yo cuándo.


DON PEDRO Esto basta.
Milagros, don Gil, han sido
desa presencia bizarra.
Negociado habéis por vos;
llegad y dalda las gracias. 955


DON MARTÍN Señora, no sé a quién pida
méritos, obras, palabras
con que encarecer la suerte
que a tanto bien me levanta.
¿Posible es que sólo el verme 960
en la calle os diese causa
a tanto bien? ¿Es posible
que me admitís, prenda cara?
Dadme...


DOÑA INÉS ¿Qué es esto? ¿Estáis loco?
¡Yo por vos enamorada! 965
Yo a vos, ¿cuándo os vi en mi vida?
¿Hay más donosa maraña?


DON PEDRO Hija, Inés, ¿perdiste el seso?


DON MARTÍN (Aparte.)

¿Qué es esto, cielos?


DON PEDRO ¿No acabas
de decir que a don Gil viste? 970


DOÑA INÉS ¿Pues bien...?


DON PEDRO ¿Su talle no ensalzas?


DOÑA INÉS Digo que es un ángel, pues.


DON PEDRO ¿No le ofreces sí y palabra
de esposa?


DOÑA INÉS ¿Qué sacas deso?
Que de mis quicios me sacas. 975


DON PEDRO Que a don Gil tienes presente.


DOÑA INÉS ¿A quién?


DON PEDRO Al mismo que alabas.


DON MARTÍN Yo soy don Gil, Inés mía.


DOÑA INÉS ¿Vos don Gil?


DON MARTÍN Yo.


DOÑA INÉS ¡La bobada!


DON PEDRO Por mi vida, que es el mismo. 980


DOÑA INÉS ¿Don Gil tan lleno de barbas?
Es el don Gil que yo adoro
un Gilito de esmeraldas.


DON PEDRO Ella está loca, sin duda.


DON MARTÍN Valladolid es mi patria. 985


DONA INÉS De allá es mi don Gil también.


DON PEDRO Hija, mira que te engañas.


DON MARTÍN En toda Valladolid
no hay, doña Inés de mi alma,
otro don Gil, sino es yo. 990


DON PEDRO ¿Qué señas tiene ése? ¡Aguarda!


DOÑA INÉS Una cara como un oro,
de almíbar unas palabras,
y unas calzas todas verdes,
que cielos son, y no calzas. 995
Agora se va de aquí.


DON PEDRO ¿Don Gil de cómo se llama?


DOÑA INÉS Don Gil de las calzas verdes
le llamo yo, y esto basta.


DON PEDRO Ella ha perdido el jüicio. 1000
¿Qué será esto, doña Clara?


DOÑA CLARA Que a don Gil tengo por dueño.


DOÑA INÉS ¿Tú?


DOÑA CLARA Yo, pues; y, en yendo a casa,
procuraré que mi padre
me case con él.


DOÑA INÉS El alma 1005
te haré yo sacar primero.


DON MARTÍN ¡Hay tal don Gil!


DON PEDRO Tus mudanzas
han de obligarme...


DOÑA INÉS Don Gil
es mi esposo. ¿Qué te cansas?


DON MARTÍN Yo soy don Gil, Inés mía, 1010
cumpla yo tus esperanzas.


DOÑA INÉS Don Gil de las calzas verdes
he dicho yo.


DON PEDRO Amor de calzas...
¿Quién le ha visto?


DON MARTÍN Calzas verdes
me pongo desde mañana, 1015
si esta color apetece.


DON PEDRO ¡Ven, loca...!


DOÑA INÉS ¡Ay, don Gil del alma!

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