martes, mayo 29, 2007

Giuseppe Verdi:"AÍDA"(ACTO III)


ACTO III

(Las orillas del Nilo)

(Fuera del templo de Isis;
noche de luna llena)

SACERDOTES
SACERDOTISAS
(desde el interior del templo)
Oh, tú que eres madre inmortal
y esposa de Osiris,
diosa que despierta castas pasiones
en los corazones humanos,
socórrenos piadosa,
madre de inmenso amor, etc.

(Amneris llega en barca
acompañada por Ramfis y su
séquito.)

RAMFIS
(a Amneris)
Ven al templo de Isis;
en la víspera de tu boda,
invoca el favor de la diosa.
Isis lee en el corazón
de los mortales,
todos los misterios de los humanos
le son conocidos.

AMNERIS
Sí,
rogaré que Radamés me entregue
todo su corazón,
del mismo modo que mi corazón
se ha consagrado
a él para siempre.

RAMFIS
Vamos.
Rezarás hasta el alba;
estaré contigo.

SACERDOTES
SACERDOTISAS
Socórrenos piadosa,
madre de inmenso amor.

Amneris y Ramfis entran en el
templo, mientras Aida se acerca
cautelosamente.)

AIDA
¡Radamés vendrá aquí!
¿Qué querrá decirme?
Tiemblo.
¡Ah! si vienes, cruel,
a darme el ultimo adiós,
los profundos remolinos del Nilo
me darán sepultura,
y quizás me concedan
la paz y el olvido.
¡Oh patria mía,
nunca más volveré a verte!
Oh cielos azules,
oh suaves brisas nativas,
donde brilló serena mi juventud.
Verdes colinas,
orillas perfumadas,
¡oh patria mía,
nunca más volveré a verte!
¡Oh frescos valles,
oh bendito y apacible refugio
que un día me prometió
el amor!
Ahora que mi sueño de amor
se ha desvanecido,
¡oh patria mía, nunca más
volveré a verte!, etc.
Oh patria mía,
jamás volveré a verte!

(viendo entrar a Amonasro)

¡Cielos, mi padre!

AMONASRO
Un grave motivo
me conduce hasta ti,Aida.
Nada escapa a mi mirada.
Te consumes de amor
por Radamés,
él te ama, lo esperas aquí.
La hija del Faraón es tu rival:
¡raza infame, aborrecida
y fatal para nosotros!

AIDA
¡Y yo estoy en su poder!
¡Yo, la hija de Amonasro!

AMONASRO
¿En su poder? ¡No!
Si lo deseas vencerás
a la poderosa rival,
y patria, trono y amor,
todo lo conseguirás.
Verás de nuevo
los bosques perfumados,
los frescos valles,
nuestros templos de oro.

AIDA
Veré de nuevo
los bosques perfumados,
los frescos valles,
nuestros templos de oro.

AMONASRO
Esposa feliz
de quien tanto has amado,
gozarás allí de una dicha inmensa.

AIDA
¡Gozar un sólo día
de tan dulce encanto,
una hora, una hora
de semejante alegría,
y después morir!

AMONASRO
Pero recuerda
que el bárbaro egipcio,
profanó nuestros hogares,
nuestros templos
y nuestros altares;
trajo encadenadas
a las vírgenes raptadas;
asesinó a madres, viejos y niños.

AIDA
¡Ah, recuerdo bien
aquellos días infaustos,
recuerdo el dolor que tuvo
que soportar mi corazón!
¡Oh! Dioses,
haced que para nosotros
vuelva el alba de los días serenos
que hemos invocado.

AMONASRO
Recuerda.
Antes de que sea tarde.
Nuestro pueblo
se apresta a las armas,
todo está dispuesto.
Venceremos.
Sólo me falta saber
qué camino seguirá el enemigo.

AIDA
¿Quién podría descubrirlo?
¿Quién?

AMONASRO
¡Tú misma!

AIDA
¿Yo?

AMONASRO
Sé que esperas aquí a Radamés...
Él te ama,
y conduces a los egipcios...
¿Entiendes?

AIDA
¡Horror! ¿Qué me aconsejas?
¡No, no, jamás!

AMONASRO
¡Entonces, arriba!
¡Levantaos soldados de Egipto!
¡Incendiad nuestras ciudades!
Sembrad el terror,
la destrucción y la muerte.
No hay ningún obstáculo
a vuestra furia.

AIDA
¡Ay, padre, padre!

AMONASRO
¿Y te consideras mi hija?

AIDA
¡Piedad, piedad, piedad!

AMONASRO
Olas de sangre corren
por las ciudades de los vencidos.
¿Ves? De los negros remolinos
surgen los muertos.
Te señalan y gritan:
"¡Por ti la patria muere!"

AIDA
¡Piedad!. ¡piedad, padre, piedad!

AMONASRO
Un horrible espectro surge
entre las sombras ante nosotros.
¡Tiembla! Los descarnados brazos
se levantan sobre tu cabeza.
Es tu madre, mírala,
te maldice.

AIDA
¡Ah! ¡Padre! ¡No! ¡Ah!
¡Ah no! ¡Ah no!
¡Padre, piedad! ¡Piedad!

AMONASRO
¡No eres mi hija!
¡Eres la esclava de los faraones!

AIDA
¡Ah! ¡Piedad, piedad, piedad!
Padre, no soy tu esclava.
No me maldigas, no me condenes.
Todavía podrás llamarme
hija tuya;
de mi patria seré digna.

AMONASRO
Piensa que un pueblo,
vencido, destruido, sólo
puede resurgir gracias a ti.

AIDA
Oh patria, oh patria,
cuánto me cuestas!

AMONASRO
¡Ten valor! Ahí viene.
Oculto allí lo oiré todo.

(Se esconde detrás de las palmeras
cuando Radamés entra.)

RADAMÉS
Al fin te vuelvo a ver,
mi dulce Aida.

AIDA
Detente. Vete.
¿Qué esperas todavía?

RADAMÉS
El amor me guía junto a ti.

AIDA
Te aguardan los ritos de otro amor.
Como esposo de Amneris...

RADAMÉS
¿Qué estas diciendo?
Sólo puedo amarte a ti, Aida.
Los dioses me escuchan,
tú serás mía.

AIDA
¡No te manches con un perjurio!
Te amé leal,
no te amaría si fueras perjuro.

RADAMÉS
¿Dudas de mi amor, Aida?

AIDA
¿Y cómo esperas sustraerte
a las caricias de Amneris,
a la voluntad del rey,
a los deseos de tu pueblo,
a la ira de los sacerdotes?

RADAMÉS
Escúchame, Aida.
La tierra de Etiopía
ha despertado de nuevo
en el feroz anhelo de otra guerra.
Los tuyos
ya invaden nuestra patria,
yo seré el caudillo de los egipcios.
Entre el fragor y los aplausos
de la victoria,
me postraré ante el rey,
le desvelaré mi corazón.
Tu serás la corona de mi gloria,
y viviremos felices
en un amor eterno.

AIDA
¿No temes el vengativo furor
de Amneris?
Su venganza,
tremenda como un rayo,
caerá sobre mí, sobre mi padre,
sobre todos.

RADAMÉS
Yo te defenderé.

AIDA
En vano. No podrías.
Aunque si me amas,
todavía existe para nosotros
una manera de evitarlo.

RADAMÉS
¿Cuál?

AIDA
¡Huir!

RADAMÉS
¡Huir!

AIDA
Huyamos de los ardores inhóspitos
de estas tierras desnudas;
una nueva patria se abre
ante nuestro amor.
Allí entre bosques vírgenes,
perfumados de flores,
en éxtasis feliz
olvidaremos el mundo.

RADAMÉS
¿Debería huir contigo
hacia una tierra extraña?
¡Abandonar la patria,
los altares de nuestros dioses!
¿Cómo podríamos olvidar la tierra
donde he recogido mis primeros
laureles de gloria,
el cielo de nuestro amor?

AIDA
Allí entre bosques vírgenes, etc.

RADAMÉS
El cielo de nuestro amor, etc.

AIDA
Bajo mi cielo
nuestro amor será más libre;
allí en el mismo templo
tendremos los mismos dioses, etc.
¡Huyamos, huyamos!

RADAMÉS
¡Abandonar la patria! etc.
¡Aida!

AIDA
Tú no me amas, ¡vete!

RADAMÉS
¿Crees que no te amo?

AIDA
¡Vete!

RADAMÉS
Jamás ni mortal ni dios alguno
ardió con un amor poderoso
semejante al mío.

AIDA
Vete, vete,
Amneris te espera ante el altar.

RADAMÉS
¡No! ¡Jamás!

AIDA
¿Jamás has dicho?
Entonces que caiga el hacha
sobre mí y sobre mi padre.

RADAMÉS
¡Ah, no! ¡Huyamos!
Sí, huyamos de estos muros,
huyamos juntos al desierto;
aquí sólo reina la desventura,
allí se abre un cielo de amor.
El inmenso desierto
será nuestro tálamo nupcial.
Los astros brillarán sobre nosotros
con su más nítido fulgor.

AIDA
En el país feliz de mis padres,
el cielo nos aguarda; allí el aire
está perfumado, allí la tierra
es todo gratos aromas
y hermosas flores.
Frescos valles y verdes prados
serán nuestro tálamo,
los astros brillarán sobre nosotros
con su más nítido fulgor.

AIDA, RADAMÉS
Ven conmigo, huyamos juntos
de esta tierra de dolor.
Ven conmigo, te amo, te amo.
El amor será nuestro guía.

AIDA
Pero dime:
¿por qué camino evitaremos
las legiones del ejército?

RADAMÉS
El camino escogido
por los nuestros
para arrojarnos sobre el enemigo
estará desierto hasta mañana.

AIDA
¿Y cuál es ese camino?

RADAMÉS
El desfiladero de Nápata.

(Amonasro sale de su escondite.)

AMONASRO
¡El desfiladero de Nápata!
¡Allí estarán los míos!

RADAMÉS
¡Oh! ¿Quién nos escucha?

AMONASRO
El padre de Aida
y el rey de los etíopes.

RADAMÉS
¡Tú, Amonasro! ¿Tú, el rey?
¡Dioses! ¿Qué he dicho?
¡No! No es cierto, no es cierto, ¡no
Es un sueño, un delirio.

AIDA
¡Ay, no! Cálmate, escúchame...

AMONASRO
El amor de Aida...

AIDA
... confía en mi amor.

AMONASRO
... te levantará un trono!

RADAMÉS
¡Estoy deshonrado!
¡Por ti he traicionado a mi patria!

AIDA
¡Cálmate! ¡Ah no! ¡Cálmate!, etc.

AMONASRO
No, tú no eres culpable,
era la voluntad del destino, etc.
Ven: al otro lado del Nilo nos
esperan los leales que nos siguen;
allí el amor coronará
los deseos de tu corazón.
¡Ven, ven, ven!

(Amneris sale del templo seguida
Ramfis y los guardianes.)

AMNERIS
¡Traidor!

AIDA
¡Mi rival!

AMONASRO
(Amenaza a Amneris con una
daga)
¡Vienes a destruir mis planes!
¡Muere!

(Radamés se interpone entre
Amneris y Amonastro)

RADAMÉS
¡Detente, loco!

AMONASRO
¡Oh, rabia!

RAMFIS
¡Aquí, guardias!

RADAMÉS
(a Aida y Amonasro)
¡Rápido, huid!

AMONASRO
(arrastrando a Aida)
Ven, hija mía.

RAMFIS
(a los guardias)
¡Seguidles!

RADAMÉS
(a Ramfis)
Sacerdote, estoy en tus manos.

ACTO IV

Escena 1

(Un salón en el palacio real)

(Una trampilla conduce a la
cámara subterránea de justicia)

AMNERIS
Mi odiada rival ha escapado.
Radamés espera que los sacerdotes
le condenen como traidor.
Él no es un traidor, aunque reveló
un gran secreto de guerra.
Quería huir, huir con ella.
¡Todos son traidores!
¡Que mueran! ¡Que mueran!
¡Oh! ¿Qué digo?
Lo amo, lo amaré siempre.
Desesperado, loco es este amor
que destroza mi vida.
¡Oh, si pudiera amarme!
Quisiera salvarlo. Pero ¿cómo?
¡Lo intentaré!

(Llamando a los guardias)

Guardias, que venga Radamés.

(Radamés es conducido por los
guardias.)

Ya están reunidos los sacerdotes,
árbitros de tu destino;
pero aún puedes disculparte
de esta terrible acusación.
Discúlpate,
y pediré tu gracia al trono,
y seré el mensajero
que te traerá la vida y el perdón.

RADAMÉS
Los jueces no oirán
nunca mis disculpas;
ante los dioses y ante los hombres
no me siento ni vil ni reo.
Es cierto que mis labios
profirieron el fatal secreto,
pero mi pensamiento
y mi honor permanecieron fieles.

AMNERIS
Entonces discúlpate
y sálvate.

RADAMÉS
¡No!

AMNERIS
Morirás.

RADAMÉS
Aborrezco la vida;
se ha secado la fuente de todas
las alegrías; desvanecida cualquier
esperanza, sólo deseo morir.

AMNERIS
¡Morir!
¡Ah, tú debes vivir!
Sí, vivirás por mi amor;
por ti he sufrido ya angustias
horribles de muerte;
te amaba, sufrí tanto,
pasé las noches en vela llorando,
y la patria, el trono, la vida,
todo lo daría, todo lo daría por ti.

RADAMÉS
Por ella también yo traicioné
mi patria y mi honor...

AMNERIS
¡De ella no me digas nada más!...

RADAMÉS
Me espera la infamia,
¿y quieres que viva?
Me has hecho desgraciado,
me has quitado a Aida.
Quizás la has matado,
¿y me ofreces la vida
como un don?

AMNERIS
¿Yo, causa de su muerte?
No, Aida vive.

RADAMÉS
¡Vive!

AMNERIS
Entre los afanes desesperados
de las hordas fugitivas
sólo cayó su padre.

RADAMÉS
¿Y ella?

AMNERIS
Desapareció,
y nada más se ha sabido.

RADAMÉS
¡Que los dioses la conduzcan
sana y salva
hasta las fronteras patrias,
y que ignore la desventura
del que morirá por ella!

AMNERIS
Pero, si te salvo,
júrame que nunca volverás a verla.

RADAMÉS
¡No puedo!

AMNERIS
¡Renuncia a ella
para siempre y vivirás!

RADAMÉS
¡No puedo!

AMNERIS
Por última vez:
renuncia a ella.

RADAMÉS
Es en vano.

AMNERIS
Entonces, ¿quieres morir, loco?

RADAMÉS
¡Ya estoy dispuesto a ello!

AMNERIS
¿Quién te salvará, desdichado,
de la suerte que te espera?
Has transformado en furor
un amor sin igual.
El cielo vengará
ahora mis lágrimas.

RADAMÉS
La muerte es un bien supremo
si por ella puedo morir.
Al sufrir el último destino
mi corazón será
inmensamente feliz;
ya no temo la ira humana,
sólo temo tu piedad, etc.

AMNERIS
¡Ah! ¿quién te salvará?
El cielo vengará ahora
mis lágrimas.

(Radamés es conducido fuera por
los guardias.)

¡Ay! ¡me siento morir!
¿Quién lo salvará?
¡Yo misma lo he puesto
en sus manos!
¡Ahora os maldigo, celos atroces,
que firmasteis su muerte y habéis
causado el luto eterno
de mi corazón!

(En este momento los sacerdotes
cruzan la sala y bajan a la cámara
subterránea.)

¡Aquí están los fatales
e inexorables ministros
de la muerte!
¡Oh, que yo no vea
a estos blancos espectros!
¡Yo misma lo he puesto
en sus manos!
¡Yo misma!

RAMFIS, SACERDOTES
(desde la cámara del juicio)
¡Espíritu celestial,
desciende sobre nosotros!
Aviva el rayo
de eterna luz;
pronuncia tu justicia
por nuestros labios.

AMNERIS
¡Dioses, apiadaos
de mi corazón destrozado!
¡Él es inocente, salvadlo,
oh dioses!
¡Desesperado y tremendo
es mi dolor!

(Radamés es llevado a la cámara
del juicio.)

RAMFIS, SACERDOTES
Espíritu celestial,
desciende sobre nosotros.

AMNERIS
¡Oh!, ¿quién lo salvará?
¡Me siento morir!
¡Ay de mí!, ¡ay de mí!

RAMFIS
¡Radamés, Radamés, Radamés!
¡Tú revelaste los secretos
de la patria al extranjero!
¡Justifícate!

SACERDOTES
¡Justifícate!

RAMFIS
No responde.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Traidor!

AMNERIS
¡Ah, piedad! ¡Es inocente!
¡Dioses, piedad!, ¡dioses, piedad!

RAMFIS
¡Radamés, Radamés, Radamés!
Desertaste del campo
el día anterior de la batalla.

SACERDOTES
¡Justifícate!

RAMFIS
No responde.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Traidor!

AMNERIS
¡Ah, piedad! ¡Ah!
¡Salvadlo, dioses, piedad!

RAMFIS
¡Radamés, Radamés, Radamés!
Violaste la confianza
que merecías,
renegaste de la patria, del rey,
del honor.

SACERDOTES
¡Justifícate!

RAMFIS
No responde.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Traidor!

AMNERIS
¡Ah, piedad! ¡Ah!
¡Salvadlo, dioses, piedad!

RAMFIS, SACERDOTES
Radamés, tu suerte está decidida:
tendrás la muerte de los infames;
bajo el altar del dios ofendido
será encerrado vivo en una tumba.

AMNERIS
¡Vivo en una tumba!
¡Oh!, ¡infames!
¡Nunca se sacian de sangre
y se llaman ministros del cielo!

RAMFIS, SACERDOTES
(volviendo de la cámara de
justicia)
¡Traidor, traidor, traidor!

AMNERIS
Sacerdotes:
¡habéis cometido un delito!
¡Tigres infames
sedientos de sangre,
ultrajáis la tierra y los dioses,
castigáis a quien no es culpable!

RAMFIS, SACERDOTES
¡Es un traidor! ¡Es un traidor!
¡Morirá!

AMNERIS
(a Ramfis)
Sacerdote:
¡ese hombre al que matas,
tú lo sabes,
un día fue amado por mí;
junto con su sangre, la maldición
de un corazón destrozado
caerá sobre ti.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Es un traidor! ¡Es un traidor!
¡Morirá

AMNERIS
Ultrajáis la tierra y los dioses.
Castigáis a quien no es culpable.
¡Ah, no, no es un traidor!, etc.
¡Piedad!, ¡piedad!, ¡piedad!

RAMFIS, SACERDOTES
¡Morirá!
¡Es un traidor! ¡Morirá!, etc.
¡Traidor! ¡Traidor! ¡Traidor!

(Ramfis y los sacerdotes se alejan.)

AMNERIS
¡Raza impía!
¡La maldición caiga
sobre vosotros!
¡La venganza del cielo descenderá!
¡La maldición caiga
sobre vosotros!

Escena 2

(Interior del templo de Vulcano)

(La escena está dividida en dos
planos: arriba, el templo; debajo,
la cripta. dos sacerdotes colocan la
losa que sella su entrada)

RADAMÉS
La losa fatal
se ha cerrado sobre mí.
He aquí mi tumba.
Ya nunca más veré la luz del día.
Ya nunca volveré a ver a Aida.
Aida, ¿dónde estás?
¡Que al menos tú
puedas vivir feliz
ignorando siempre
mi horrible destino!
¡Qué gemido!
¿Será un espectro o una visión?
¡No, es una forma humana!
¡Cielos, Aida!

AIDA
Soy yo.

RADAMÉS
¡Tú, en esta tumba!

AIDA
Mi corazón previó tu condena,
y penetré a hurtadillas
en esta tumba
que se abría para ti,
y aquí,
lejos de cualquier mirada humana,
¡deseé morir en tus brazos!

RADAMÉS
¡Morir!, ¡tan pura y bella!
Morir de amor por mí.
¡En la flor de tu juventud
huir de la vida!
El cielo te creó para el amor,
¡y yo te mato por haberte amado!
¡No, no morirás,
te amé demasiado!
¡Eres demasiado hermosa!

AIDA
¿Ves?
El ángel radiante de la muerte
se acerca a nosotros,
y sobre sus alas de oro
nos conduce a la felicidad eterna.
Ya veo abrirse el cielo,
allí acaban todas las ansiedades,
allí empieza el éxtasis
de un amor inmortal.

SACERDOTES
SACERDOTISAS
Inmenso, inmenso Fthà, ¡ah!
Espíritu animador del mundo,
te invocamos.

AIDA
¡Triste canto!
Nuestro himno de muerte.
Todo es en vano.
Todo ha terminado en la tierra
para nosotros.

RADAMÉS
(intentando mover la losa)
El triunfo de los sacerdotes.
¡Ni aún mis fuertes brazos
podrán moverte,
losa fatal!
Es cierto. Es cierto.

AIDA
¡Oh tierra, adiós!
Adiós valle de lágrimas,
sueño de alegría
condenado al fracaso.
El cielo se abre para nosotros,
y nuestras almas errantes
vuelan hacia la luz del día eterno.

AIDA, RADAMÉS
Oh tierra, adiós, etc.

SACERDOTES
SACERDOTISAS
Inmenso Fthà, te invocamos.

(Amneris aparece, vestida de luto,
y se arroja sobre la losa que sella
la cripta.)

AIDA, RADAMÉS
Oh tierra, adiós, etc.

AMNERIS
Imploro para ti la paz,
muerto adorado.
¡Que Isis aplacada te abra el cielo!

SACERDOTES
SACERDOTISAS
¡Nosotros te invocamos,
inmenso Fthà!

No hay comentarios.: