martes, mayo 29, 2007

Giuseppe Verdi:"AÍDA"


Intro: Giuseppe Verdi (Bussetto 1813 - Milán 1901) recibió del Jedive de Egipto, Ismail Pachá, el encargo de componer una ópera, de ambiente egipcio, para que su estreno coincidiera con los fastos de la inauguración del Canal de Suéz. Sin embargo, la apertura del Canal tuvo lugar el 17 de noviembre de 1869 y la ópera no estaba aún terminada por lo que tuvo que representarse "Rigoletto" (1851) del propio Verdi. "Aida" fue estrenada, sin la presencia de su autor, en el Teatro de la Ópera del Cairo, un año mas tarde, el 24 de diciembre de 1871. La representación fue grandiosa, como detalle citaremos que la corona que ceñía Amneris era de oro macizo y las armas de Radamés de plata. Fueron sus protagonistas Antonietta Pozzoni (Aida), Pietro Mongini (Radamés), Eleonora Grossi (Amneris), Francesco Steller (Amonastro), el foso estaba dirigido por Giovanni Bottesini. Dos meses mas tarde se estrenó, con la presencia de su autor, en el Teatro de la Scala de Milán, el 8 de febrero de 1872. El papel de Aida fue cantado por Teresa Stolz (1834 - 1902) que tanta influencia tendría a lo largo de la vida de Verdi. Constituyó un éxito clamoroso y el maestro tuvo que salir a saludar 32 veces. En esta versión de la Scala, que ha quedado como definitiva, Verdi le añadió la famosa aria para soprano "O patria mia". Los autores del libreto fueron Antonio Ghislanzoni y Camille du Locle, en estrecha colaboración con el propio Verdi. Se basa en el drama homónimo de Auguste Mariette Bey, insigne egiptólogo. El libreto, en italiano, está dividido en cuatro actos y tiene una duración de 2 horas y media.

La acción tiene lugar en Menfis y en Tebas en tiempo del poder de los faraones del Imperio Nuevo de la dinastía XIX o XX.

Personajes

AIDA
AMNERIS

RADAMÉS

AMONASTRO

RAMFIS

FARAÓN
Esclava Etíope
Hija del Faraón

General Egipcio

Rey de Etiopía y Padre de Aida

Sumo Sacerdote del Dios Amón

Rey de Egipto
Soprano Dramática
Mezzosoprano

Tenor Dramático

Barítono

Bajo

Tenor


ACTO I
Escena 1

(Sala en el palacio real de Menfis.
Radamés consulta a Ramfis.)

RAMFIS
Sí: corre la voz de que los etíopes
se arriesgan a desafiarnos de
nuevo y amenazar
el valle del Nilo y Tebas.
Dentro de poco un mensajero
nos dirá la verdad.

RADAMÉS
¿Has consultado a la sagrada Isis?

RAMFIS
Es ella quien ha nombrado al jefe
supremo de las falanges egipcias.

RADAMÉS
¡Oh, que afortunado!

RAMFIS
Es joven y valeroso.
Voy a llevar al rey ahora
los decretos de la diosa.

RADAMÉS
¡Si fuera yo ese guerrero!
¡Si mi sueño se cumpliera!
¡Un ejército de valientes,
guiados por mí, y la victoria,
y el aplauso de toda Menfis!
Y a ti, mi dulce Aida,
regresar ceñido de laureles,
y decirte: ¡he luchado por ti,
por ti he vencido!
Celeste Aida forma divina,
mística corona de luz y flor,
de mi pensamiento eres la reina,
de mi vida eres esplendor.
Tu hermoso cielo
quisiera devolverte,
las suaves brisas del suelo patrio,
poner sobre tu cabeza
una corona real,
erigirte un trono
cercano al sol, ¡ah!, etc.

AMNERIS
(entra durante el monólogo y se
detiene observando a Radamés)
¡Qué insólita alegría
en tu mirada!
¡Con qué noble altivez
resplandece tu rostro!
¡Cuán digna de envidia
sería la mujer
cuyo deseado semblante
formase en ti una luz tan gozosa!

RADAMÉS
En un sueño afortunado
mi corazón se complacía.
Hoy la diosa ha pronunciado
el nombre del guerrero
que conducirá las tropas egipcias
a la batalla.
¡Ah!¡si yo fuese el elegido
para tal honor!

AMNERIS
¿Ningún otro sueño,
más gentil, más suave,
le habló nunca a tu corazón?
¿No tienes en Menfis
deseos, esperanzas?

RADAMÉS
(para sí)
¿Yo?
¡Qué pregunta!
Quizás ha descubierto
el amor secreto
que arde en mi corazón.

AMNERIS
(para sí)
¡Ay si otro amor
ardiera en su corazón!

RADAMÉS
¡Quizá el nombre de su esclava
ha leído en mi pensamiento!

AMNERIS
¡Ay si mi mirada penetra
en este misterio fatal!, etc.

RADAMÉS
¡Quizá leyó en mi pensamiento!

(viendo entrar a Aida)

¡Ella!

AMNERIS
Se turba
!Ah, qué mirada le ha dirigido!
¡Aida!
¿Quizás sea ella mi rival?

(dirigiéndose a Aida)

Ven, querida, acércate;
no eres esclava ni sirvienta,
aquí, donde, con dulce agrado,
te he llamado hermana.
¿Lloras? Revélame el secreto
de tus lágrimas.

AIDA
¡Ay! Oigo rugir
el atroz grito de guerra,
temo por mi infeliz patria,
por mí, por vos.

AMNERIS
¿Dices la verdad?
¿No te atormenta algo más grave?

(para sí)

¡Ah, tiemblas, esclava culpable!

RADAMÉS
(para sí, mirando a Amneris)
En su rostro brillan
el enojo y la sospecha.

AMNERIS
¡Ah, tiembla, esclava culpable
tiembla si penetro en tu corazón!

RADAMÉS
¡Ay de nosotros si leyera en
nuestros corazones
nuestro amor secreto!

AMNERIS
(para sí)
¡Tiembla si adivino la razón
de ese llanto y ese rubor!
¡Tiembla, esclava culpable,
tiembla si penetro en tu corazón...

RADAMÉS
(para sí)
¡Ay si leyera
n nuestros corazones!;
en su rostro brillan
el enojo y la sospecha, etc.

AIDA
(para sí)
¡Ah!, no sólo por mi patria
llora mi corazón;
¡las lágrimas que derramo
son por un amor desdichado! etc.

REY
Un importante asunto os reúne,
oh fieles egipcios,
en torno a vuestro rey.
Un mensajero acaba de llegar
de la frontera de Etiopía;
trae graves noticias.
Os ruego que le escuchéis.
¡Que avance el mensajero!

MENSAJERO
(adelantándose)
¡El sagrado suelo egipcio
ha sido invadido
por los bárbaros etíopes;
nuestros campos
han sido devastados,
incendiadas las mieses;
y envalentonados
por la fácil victoria,
los saqueadores ya avanzan
contra Tebas!

RADAMÉS, REY,
RAMFIS, SACERDOTES,
MINISTROS, CAPITANES
¡Tanto osan!

MENSAJERO
¡Un guerrero indomable, feroz,
los capitanea: Amonasro!

RADAMÉS, REY,
RAMFIS, SACERDOTES,
MINISTROS, CAPITANES
¡El rey!

AIDA
(para sí)
¡Mi padre!

MENSAJERO
Ya Tebas ha tomado las armas
y por sus cien puertas
se volcará sobre
el bárbaro invasor,
guerreando y dándole muerte.

REY
¡Sí!,
¡guerra y muerte sea nuestro grito!

RAMFIS, SACERDOTES,
MINISTROS, CAPITANES
¡Guerra, guerra, guerra!
¡Tremenda, inexorable!

REY
La adorada Isis
ya ha designado
al jefe supremo de nuestras
tropas invencibles: ¡Radamés!

AIDA, AMNERIS,
MINISTROS, CAPITANES
¡Radamés!

RADAMÉS
¡Ah!
¡Sean dadas gracias a los dioses!
¡Mis ruegos han sido atendidos!

AMNERIS
¡Él jefe, él jefe!

AIDA
(para sí)
¡Tiemblo, tiemblo!

MINISTROS, CAPITANES
!Radamés,
Radamés!

REY
Dirígete, ¡oh, guerrero!,
al templo de Vulcano.
Cíñete las armas sagradas
y vuela hacia la victoria.
¡Vamos! Corred hasta las sagradas
orillas del Nilo, héroes egipcios;
que de todos los corazones
prorrumpa el grito:
¡guerra y muerte al extranjero!

RADAMÉS
¡Gloria a los dioses!
Que todos recuerden
que son ellos quienes deciden
los eventos,
que el destino del guerrero
sólo está en manos de los dioses.

MINISTROS, CAPITANES
¡Vamos!
En las sagradas orillas del Nilo
nuestros pechos formen barrera;
que resuene un único grito:
¡guerra y muerte al extranjero!

RAMFIS
Que todos recuerden. etc.

REY
¡Vamos, vamos!
En las sagradas orillas del Nilo...

AIDA
(para sí)
¿Por quién llorar?
¿Por quién rezo?
¡Qué poder me une a él!
¡Debo amarlo aunque sea
un enemigo, un extranjero!

RADAMÉS
Un sagrado estremecimiento
de gloria invade toda mi alma.
¡Vamos! ¡Corramos a la victoria!
¡Guerra y muerte al extranjero!

AMNERIS
De mi mano recibe, ¡oh jefe!,
el glorioso estandarte;
para que te guíe e ilumine
por el sendero de la gloria.

REY, MINISTROS,
CAPITANES
¡Vamos!
En las sagradas orillas del Nilo...

RAMFIS, SACERDOTES
¡Gloria a los dioses! etc.

AMNERIS
Para que te guíe, etc.

AIDA
¿Por quién llorar? etc.

RADAMÉS, MENSAJERO
¡Vamos! ¡Corramos a la victoria!.

TODOS
¡Guerra, guerra, guerra!

AIDA
¡Debo amarle, y veo en él
un enemigo, un extranjero!, etc.

TODOS
(menos Aida)
¡Guerra, guerra! ¡Exterminio!
¡Exterminio al invasor!, etc.

AMNERIS
(volviéndose hacia Radamés)
¡Vuelve vencedor!

TODOS
¡Vuelve vencedor!

(Todos salen excepto Aida.)

AIDA
¡Vuelve vencedor!
¡Y mis labios pronuncian
esa palabra impía!
Vencedor de mi padre,
de él que empuña las armas
por mí,
para devolverme una patria,
un reino y el ilustre nombre
que aquí me es forzoso ocultar.
¡Vencedor de mis hermanos...
Quizás lo vea,
teñido de sangre amada,
triunfar entre el aplauso
de las cohortes egipcias!
¡Y tras su carro, un rey,
mi padre, cargado de cadenas!
¡Oh, dioses, olvidad
esas palabras insensatas!
Devolved a la hija
al seno de su padre;
¡destruid los escuadrones
de nuestros opresores!
¡Ah! ¡Desgraciada!
¿Qué estoy diciendo?
¿Y mi amor?
¿Acaso puedo olvidar
este amor ferviente que aquí,
aunque esclava y oprimida,
como un rayo de sol
me ha hecho feliz?
¡Desearé la muerte a Radamés,
a él, al que tanto amo!
¡Ah!, nunca en la tierra
se vio un corazón desgarrado
por angustias más crueles.
Los sagrados nombres
de padre, de amante,
no puedo pronunciar ni recordar.
Por eso me hallo,
confusa y temblorosa,
quisiera rogar, por uno y por otro.
Pero mi plegaria
se transforma en blasfemia.
El llanto es delito para mí,
y culpa el suspiro.
Mi mente está perdida
en la noche oscura,
y en esta angustia cruel
quisiera morir.
¡Dioses,
apiadaos de mi sufrimiento!
Mi dolor no tiene esperanzas.
Amor fatal, tremendo amor,
despedázame el corazón,
hazme morir!, etc.

Escena 2

(Interior del templo de Vulcano)

(Ramfis y los sacerdotes están ante
el altar; la gran sacerdotisa y las
sacerdotisas permanecen fuera de
escena.)

GRAN SACERDOTISA,
SACERDOTISAS
Poderoso, poderoso Fthá,
espíritu animador
del mundo, ¡ah!
¡Nosotros te invocamos!

RAMFIS, SACERDOTES
Tú que de la nada has creado
las aguas, la tierra, el cielo,
¡nosotros te invocamos!

GRAN SACERDOTISA,
SACERDOTISAS
Inmenso, inmenso Fthá,
espíritu fecundador del mundo,
¡ah! ¡Nosotros te invocamos!

RAMFIS, SACERDOTES
Dios que eres hijo y progenitor
de tu espíritu,
¡nosotros te invocamos!

GRAN SACERDOTISA,
SACERDOTISAS
Fuego no creado, eterno,
que alumbró la luz del sol, ¡ah!
¡Nosotros te invocamos!

GRAN SACERDOTISA,
SACERDOTISAS
Vida del universo,
mito de eterno amor,
¡nosotros te invocamos!

(Danza sagrada
de las sacerdotisas)

(Radamés entra en el templo
y se dirige al altar.)

GRAN SACERDOTISA,
SACERDOTISAS
¡Inmenso Fthá!

RAMFIS, SACERDOTES
¡Nosotros te invocamos!

RAMFIS
(a Radamés)
Mortal, amado por los dioses,
el destino de Egipto
te ha sido confiado.

RAMFIS, SACERDOTES
Que la espada sagrada,
templada por los dioses,
en tu mano se convierta
para los enemigos
en terror, rayos y muerte.

RAMFIS
¡Oh dios!, protector y vengador
de esta sagrada tierra,
extiende tu mano
sobre el suelo egipcio.

RADAMÉS
¡Oh dios!, que eres jefe y juez
de todas las guerras humanas,
protege y defiende
el sagrado suelo egipcio.

RAMFIS
Extiende tu mano, etc.

SACERDOTES
¡Oh dios!, protector y vengador...

SACERDOTISAS
Poderoso, poderoso Fthá,
creador del mundo, ¡ah!, etc.

RADAMÉS, SACERDOTES
¡Poderoso Fthá!,
espíritu fecundador.
Tú que de la nada has creado
el mundo...

RADAMÉS, RAMFIS,
SACERDOTES
¡Inmenso Fthá!


ACTO II
Escena 1

(En las estancias de Amneris)

(Amneris está rodeada de esclavas
que la visten para la fiesta)

ESCLAVAS
¿Quién es el que
entre himnos y aplausos
hacia la gloria vuela,
cual un dios terrible,
resplandeciente como el sol?
Ven: que flores y laureles
lluevan sobre tu cabeza;
y que los cánticos de gloria
suenen junto a los del amor.

AMNERIS
(para sí)
¡Ah!
¡Ven, ven amor mío, embriágame,
llena de gozo mi corazón!

ESCLAVAS
¿Dónde están ahora las bárbaras
hordas extranjeras?
Se han desvanecido como la niebla
al soplo del guerrero.
Ven: recoge el premio
de la gloria, oh vencedor;
la victoria te ha sonreído,
te sonreirá el amor.

AMNERIS
(para sí)
¡Ah!
¡Ven, ven amor mío, reaviva,
llena de gozo mi corazón!, etc.

(Danza de los esclavos moros)

ESCLAVAS
Ven; que flores y laureles, etc.

AMNERIS
(para sí)
¡Ah!
¡Ven, ven amor mío, embriágame,

(a las esclavas)

¡Silencio!
Aida viene hacia nosotras.
Siendo hija de los vencidos,
su dolor es sagrado para mí.
Viéndola de nuevo,
la duda atroz despierta en mí.
¡Que el misterio fatal
se desvele al fin!
La suerte de las armas
te ha sido funesta, ¡pobre Aida!
Comparto contigo el dolor
que pesa sobre tu corazón.
Yo soy tu amiga;
todo de mí lo obtendrás,
¡vivirás feliz!

AIDA
¿Acaso puedo ser feliz
lejos de la tierra natal,
ignorando la suerte
de mi padre y mis hermanos?

AMNERIS
¡Cuánto te compadezco!
Pero en esta vida los males
tienen un fin.
El tiempo sanará
las angustias de tu corazón;
y aún más que el tiempo,
un dios poderoso, el amor.

AIDA
¡Amor, amor! ¡Alegría, tormento,
suave embriaguez, ansia cruel!
En tus dolores siento la vida;
una sonrisa tuya me abre el cielo.

AMNERIS
(para sí)
¡Ah!, esta palidez, esta turbación,
desvelan la secreta fiebre amorosa!
Casi temo interrogarla.
Comprendo la ansiedad
de su temor.

(a Aida)

Y bien, ¿qué nuevos temores
te asaltan ahora, gentil Aida?
Revélame tus secretos,
confío en mi afecto.
¿Acaso entre los valientes
que lucharon contra tu patria,
alguno ha despertado
en tu corazón
un dulce sentimiento?

AIDA
¿Qué dices?

AMNERIS
La suerte no ha sido
cruel para todos,
aunque el valiente jefe cayó
herido de muerte en la batalla.

AIDA
¿Qué has dicho?
¡Desgraciada de mí!

AMNERIS
Sí, Radamés ha sido muerto
por los tuyos.

AIDA
¡Desgraciada de mí!

AMNERIS
¿Lloras?

AIDA
¡Lloraré siempre!

AMNERIS
¡Los dioses te han vengado!

AIDA
Los dioses siempre
me fueron adversos.

AMNERIS
¡Tiembla! He leído en tu corazón:
le amas.

AIDA
¿Yo?

AMNERIS
¡No mientas!
Una palabra más
y sabré la verdad.
Mírame a la cara...
te he engañado...
¡Radamés vive!

AIDA
¡Ah, gracias sean dadas
a los dioses!

AMNERIS
¿Y todavía esperas mentirme?
Sí, tú le amas.
Pero yo también le amo,
¿comprendes? ¡Soy tu rival,
la hija de los faraones!

AIDA
¡Mi rival! Bien, así sea,
yo también lo soy...

(conteniéndose)

¡Ah! ¿qué he dicho?
Piedad, perdón ¡Ah!
Apiádate de mi dolor.
Es cierto, lo amo profundamente.
Tú eres feliz y poderosa,
¡yo vivo sólo para este amor!

AMNERIS
¡Tiembla vil esclava!
Destroza tu corazón;
este amor puede significar
tu muerte;
soy árbitro de tu destino,
mi corazón rebosa de odio
y venganza.

AIDA
Tú eres feliz y poderosa, etc.

AMNERIS
¡Tiembla vil esclava!, etc.

SOLDADOS, GENTE
(fuera)
¡Vamos!
En las sagradas orillas del Nilo
nuestros pechos formen barrera;
que resuene un único grito:
¡guerra y muerte al extranjero!

AMNERIS
A la fiesta que se prepara,
asistirás conmigo, oh esclava.
¡Tú postrada en el polvo,
yo en el trono, junto al rey!

AIDA
¡Ah! ¡Piedad!
¿Qué otra cosa me queda?
Mi vida es un desierto;
vive y reina,
en breve aplacaré tu furor.
Este amor que te irrita
en la tumba extinguiré.

AMNERIS
Ven, sígueme y aprenderás a ver
si puedes luchar conmigo, etc.

AIDA
¡Ah! ¡Piedad!
¡Este amor
en la tumba extinguiré!

SOLDADOS, GENTE
¡Guerra y muerte al extranjero!

AIDA
¡Piedad!

AMNERIS
¡Ven, sígueme y aprenderás a ver
si puedes luchar conmigo!

SOLDADOS, GENTE
¡Guerra y muerte al extranjero!

AIDA
¡Dioses,
apiadaos de mi sufrimiento,
no hay esperanza para mi dolor!
¡Dioses, apiadaos de mi


Escena 2

(Una avenida en Tebas Un trono
cubierto por un dosel. El rey,
seguido por la corte entera,
entra y se sienta en el trono)

PUEBLO
¡Gloria a Egipto y a Isis,
protectora del suelo sagrado!
¡Al rey que gobierna el Delta,
alcemos himnos festivos!
¡Gloria! ¡Gloria! ¡Gloria al rey!
¡Gloria! ¡Cantemos himnos!, etc.

MUJERES
¡Que el loto se entrelace
con el laurel
en la cabeza de los vencedores!
¡Que una amable lluvia de flores
extienda un velo sobre las armas.
Bailemos, doncellas egipcias,
las místicas danzas,
como las estrellas en el cielo
danzan en torno al sol!

SACERDOTES
Elevad vuestras miradas
hacia los supremos árbitros
de la victoria;
dad gracias a los dioses
en este día feliz.

MUJERES
¡Como las estrellas en el cielo
danzan en torno al sol!

HOMBRES
Himnos festivos elevemos al rey.

SACERDOTES
Dad gracias a los dioses
en este día feliz.

(Las tropas egipcias desfilan ante
el rey; luego aparece un grupo de
danzarinas que lucen los tesoros
expoliados al enemigo.)

PUEBLO
¡Ven, guerrero vengador,
ven a gozar con nosotros;
lanzaremos laureles y flores
al paso de los héroes!

SACERDOTES
Elevad vuestras miradas
hacia los árbitros supremos;
dad gracias a los dioses
en este día feliz.

PUEBLO
Ven, oh guerrero,
ven a gozar con nosotros, etc.
Gloria al guerrero, etc.

SACERDOTES
Dad gracias a los dioses, etc.

PUEBLOS
¡Gloria al Egipto, etc.

REY
Salvador de la patria, yo te saludo.
Ven, y que las manos
de mi hija te ofrezcan
la corona triunfal.

(Radamés se inclina ante Amneris,
que le ofrece la corona de laurel
colocándosela sobre la cabeza.)

Ahora pídeme lo que más desees.
Nada te será negado en este día:
te lo juro por mi corona,
por los dioses sagrados.

RADAMÉS
Primero permite
que los prisioneros
sean conducidos ante ti.

(Entran los prisioneros etíopes;
en último lugar viene Amonasro.)

CORO
Dad gracias a los dioses,
dad gracias en este día feliz.
¡Gracias, gracias a nuestro dioses!

AIDA
¡Qué veo! ¿Él? ¿Mi padre?

TODOS
¡Su padre!

AMNERIS
¡En poder nuestro!

AIDA
¡Tú! ¡Prisionero!

AMONASRO
¡No me traiciones!

REY
(a Amonasro)
¡Acércate! ¿Así tú eres?

AMONASRO
Su padre. Yo también luché,
fuimos vencidos;
en vano busqué la muerte.
El uniforme que visto
puede deciros
que a mi rey y a mi patria
he defendido;
la suerte fue contraria
a nuestras armas,
vano fue el valor de los valientes.
A mis pies, tendido en el polvo,
cayó el rey cubierto de heridas.
¡Si el amor a la patria es delito
todos somos culpables,
estamos dispuestos a morir!
Pero tú, rey, tú señor poderoso,
ten compasión de estos hombres;
hoy los hados nos han sido
¡ah!, pero mañana
podrían serlo para vosotros.

AIDA
Pero tú, rey, señor poderoso, etc.

ESCLAVAS, PRISIONEROS
Sí,
los dioses nos han sido adversos;
tu piedad y tu clemencia
imploramos.
¡Ah!,
¡que nunca tengas que sufrir lo
que hoy hemos tenido
que sufrir nosotros!

AIDA, AMONASRO
¡Ah! Pero mañana podrían serlo
para vosotros.

RAMFIS, SACERDOTES
Acaba, oh rey,
con esta chusma feroz,
cierra tu corazón a
las voces pérfidas;
fueron condenados a muerte
por los dioses.
¡Que se cumpla ahora
el deseo de los dioses!

AIDA, ESCLAVAS,
PRISIONEROS
¡Piedad, piedad, piedad!

AIDA
Pero tú, oh rey, tú, señor poderoso,
muéstrate clemente con ellos.

AMNERIS
¡Qué mirada ha puesto sobre ella!
¡Qué llamas arden en sus ojos

AMONASRO
Hoy los hados
nos han sido adversos.
Pero mañana
podrían serlo para vosotros.

REY
Ya que los acontecimientos
nos son favorables
mostrémonos clementes con ellos.

ESCLAVAS, PRISIONEROS
Tu piedad y tu clemencia
imploramos.
¡Ah, piedad!
Tu clemencia imploramos.

RADAMÉS
(mirando a Aida)
El dolor que expresa su mirada
la hace más bella a mis ojos;
cada lágrima del llanto adorado
reaviva el amor en mi pecho, etc.

AMNERIS
¡Qué mirada ha puesto sobre ella!
¡Qué llaman arden en sus ojos!
¿Y yo, sola, humillada,
despreciada?
La venganza ruge en mi corazón...

AMONASRO
Tu piedad y tu clemencia
imploramos, etc.

REY
Ya que los hados nos han sido
favorables, etc.
La piedad es agradable
a los dioses y refuerza
el poder de los príncipes.

AIDA
Tu piedad imploro...
Este día nos ha sido adverso, etc.
Pero tú, oh rey, tú,
señor poderoso, etc.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Que se cumpla
el deseo de los dioses!
¡Acaba, oh rey,
con esta chusma!,etc.

ESCLAVAS, PRISIONEROS
¡Piedad! ¡Piedad!, etc.
Sí, los hados nos han
sido adversos, etc.
¡Ah!, que nunca tengas que sufrir...

PUEBLO
Sacerdotes,
aplacad vuestro enojo, etc.
Y tú, oh rey, tú poderoso, etc.

RADAMÉS
(dirigiéndose al rey)
Oh rey, por los dioses sagrados,
por el esplendor de tu corona,
has jurado cumplir mi deseo.

REY
Lo he jurado.

RADAMÉS
Pues bien:
pido la libertad y la vida
de los prisioneros etíopes.

SACERDOTES
¡Muerte a los enemigos
de la patria!

PUEBLO
¡Gracia para los infelices!

RAMFIS
Escucha, rey.
Tú también, joven héroe,
escucha un sabio consejo:
son enemigos y valientes;
la venganza anida
en sus corazones,
y envalentonados por el perdón
¡volverán a empuñar las armas!

RADAMÉS
Muerto Amonasro, el rey guerrero,
no les queda esperanza alguna
a los vencidos.

RAMFIS
Al menos,
como garantía de paz y de
seguridad, que Aida y su padre
se queden con nosotros.

REY
Atiendo a tu consejo.
Pero quiero daros
una garantía mejor
de paz y de seguridad.
Radamés, la patria te lo debe todo.
Que la mano de Amneris
sea tu premio.
Un día reinarás con ella
sobre Egipto.

AMNERIS
(para sí)
¡Que venga la esclava,
que venga a robarme mi amor...
si osa!

REY, PUEBLO
¡Gloria a Egipto, a Isis,
que defiende el sagrado suelo!
¡Que el loto se trence con el laurel
en la cabeza del vencedor!

ESCLAVAS, PRISIONEROS
¡Gloria al clemente egipcio
que nuestras cadenas ha soltado;
que nos devuelve a los libres
surcos del suelo patrio!

RAMFIS, SACERDOTES
¡Alcemos himnos a Isis
que defiende el sagrado suelo!
Roguemos para que los hados sean
siempre propicios a la patria.

AIDA
¿Qué esperanza
me puede quedar ya?
Para él la gloria, el trono,
para mí el olvido, las lágrimas
de un amor desesperado.

RADAMÉS
El rayo de un dios adverso
desciende sobre mi cabeza.
¡Ah no! El trono de Egipto
no vale el corazón de Aida.

AMNERIS
Estoy embriagada
por el inesperado júbilo;
en un día se cumplen todos
los sueños de mi corazón.

REY, PUEBLO
¡Gloria a Isis!

RAMFIS
Roguemos para que los hados sean
siempre propicios a la patria.

AMONASRO
(a Aida)
Ten valor, espera los felices
acontecimientos de tu patria;
para nosotros se acerca
el amanecer de la venganza.

RADAMÉS
¡Qué inesperado rayo
cae sobre mi cabeza!

AMNERIS
En un día se cumplen todas
las alegrías de mi corazón.

REY, PUEBLO
¡Gloria a Egipto!

AMONASRO
¡Ten valor, ten valor!

RAMFIS, SACERDOTES
Alcemos himnos a Isis.

AIDA
Para mí el olvido, las lágrimas.
¡Ah!
¿Qué esperanza me puede
quedar ya?, etc.

AMNERIS
Por el inesperado júbilo, etc.

RADAMÉS
Qué inesperado rayo, etc.

AMONASRO
Ten valor, etc.

REY, PUEBLO
Gloria a Egipto, a Isis, etc.

RAMFIS, SACERDOTES
Alcemos himnos a Isis.

ESCLAVAS, PRISIONEROS
Gloria al clemente egipcio, etc.

Giuseppe Verdi:"AÍDA"(ACTO III)


ACTO III

(Las orillas del Nilo)

(Fuera del templo de Isis;
noche de luna llena)

SACERDOTES
SACERDOTISAS
(desde el interior del templo)
Oh, tú que eres madre inmortal
y esposa de Osiris,
diosa que despierta castas pasiones
en los corazones humanos,
socórrenos piadosa,
madre de inmenso amor, etc.

(Amneris llega en barca
acompañada por Ramfis y su
séquito.)

RAMFIS
(a Amneris)
Ven al templo de Isis;
en la víspera de tu boda,
invoca el favor de la diosa.
Isis lee en el corazón
de los mortales,
todos los misterios de los humanos
le son conocidos.

AMNERIS
Sí,
rogaré que Radamés me entregue
todo su corazón,
del mismo modo que mi corazón
se ha consagrado
a él para siempre.

RAMFIS
Vamos.
Rezarás hasta el alba;
estaré contigo.

SACERDOTES
SACERDOTISAS
Socórrenos piadosa,
madre de inmenso amor.

Amneris y Ramfis entran en el
templo, mientras Aida se acerca
cautelosamente.)

AIDA
¡Radamés vendrá aquí!
¿Qué querrá decirme?
Tiemblo.
¡Ah! si vienes, cruel,
a darme el ultimo adiós,
los profundos remolinos del Nilo
me darán sepultura,
y quizás me concedan
la paz y el olvido.
¡Oh patria mía,
nunca más volveré a verte!
Oh cielos azules,
oh suaves brisas nativas,
donde brilló serena mi juventud.
Verdes colinas,
orillas perfumadas,
¡oh patria mía,
nunca más volveré a verte!
¡Oh frescos valles,
oh bendito y apacible refugio
que un día me prometió
el amor!
Ahora que mi sueño de amor
se ha desvanecido,
¡oh patria mía, nunca más
volveré a verte!, etc.
Oh patria mía,
jamás volveré a verte!

(viendo entrar a Amonasro)

¡Cielos, mi padre!

AMONASRO
Un grave motivo
me conduce hasta ti,Aida.
Nada escapa a mi mirada.
Te consumes de amor
por Radamés,
él te ama, lo esperas aquí.
La hija del Faraón es tu rival:
¡raza infame, aborrecida
y fatal para nosotros!

AIDA
¡Y yo estoy en su poder!
¡Yo, la hija de Amonasro!

AMONASRO
¿En su poder? ¡No!
Si lo deseas vencerás
a la poderosa rival,
y patria, trono y amor,
todo lo conseguirás.
Verás de nuevo
los bosques perfumados,
los frescos valles,
nuestros templos de oro.

AIDA
Veré de nuevo
los bosques perfumados,
los frescos valles,
nuestros templos de oro.

AMONASRO
Esposa feliz
de quien tanto has amado,
gozarás allí de una dicha inmensa.

AIDA
¡Gozar un sólo día
de tan dulce encanto,
una hora, una hora
de semejante alegría,
y después morir!

AMONASRO
Pero recuerda
que el bárbaro egipcio,
profanó nuestros hogares,
nuestros templos
y nuestros altares;
trajo encadenadas
a las vírgenes raptadas;
asesinó a madres, viejos y niños.

AIDA
¡Ah, recuerdo bien
aquellos días infaustos,
recuerdo el dolor que tuvo
que soportar mi corazón!
¡Oh! Dioses,
haced que para nosotros
vuelva el alba de los días serenos
que hemos invocado.

AMONASRO
Recuerda.
Antes de que sea tarde.
Nuestro pueblo
se apresta a las armas,
todo está dispuesto.
Venceremos.
Sólo me falta saber
qué camino seguirá el enemigo.

AIDA
¿Quién podría descubrirlo?
¿Quién?

AMONASRO
¡Tú misma!

AIDA
¿Yo?

AMONASRO
Sé que esperas aquí a Radamés...
Él te ama,
y conduces a los egipcios...
¿Entiendes?

AIDA
¡Horror! ¿Qué me aconsejas?
¡No, no, jamás!

AMONASRO
¡Entonces, arriba!
¡Levantaos soldados de Egipto!
¡Incendiad nuestras ciudades!
Sembrad el terror,
la destrucción y la muerte.
No hay ningún obstáculo
a vuestra furia.

AIDA
¡Ay, padre, padre!

AMONASRO
¿Y te consideras mi hija?

AIDA
¡Piedad, piedad, piedad!

AMONASRO
Olas de sangre corren
por las ciudades de los vencidos.
¿Ves? De los negros remolinos
surgen los muertos.
Te señalan y gritan:
"¡Por ti la patria muere!"

AIDA
¡Piedad!. ¡piedad, padre, piedad!

AMONASRO
Un horrible espectro surge
entre las sombras ante nosotros.
¡Tiembla! Los descarnados brazos
se levantan sobre tu cabeza.
Es tu madre, mírala,
te maldice.

AIDA
¡Ah! ¡Padre! ¡No! ¡Ah!
¡Ah no! ¡Ah no!
¡Padre, piedad! ¡Piedad!

AMONASRO
¡No eres mi hija!
¡Eres la esclava de los faraones!

AIDA
¡Ah! ¡Piedad, piedad, piedad!
Padre, no soy tu esclava.
No me maldigas, no me condenes.
Todavía podrás llamarme
hija tuya;
de mi patria seré digna.

AMONASRO
Piensa que un pueblo,
vencido, destruido, sólo
puede resurgir gracias a ti.

AIDA
Oh patria, oh patria,
cuánto me cuestas!

AMONASRO
¡Ten valor! Ahí viene.
Oculto allí lo oiré todo.

(Se esconde detrás de las palmeras
cuando Radamés entra.)

RADAMÉS
Al fin te vuelvo a ver,
mi dulce Aida.

AIDA
Detente. Vete.
¿Qué esperas todavía?

RADAMÉS
El amor me guía junto a ti.

AIDA
Te aguardan los ritos de otro amor.
Como esposo de Amneris...

RADAMÉS
¿Qué estas diciendo?
Sólo puedo amarte a ti, Aida.
Los dioses me escuchan,
tú serás mía.

AIDA
¡No te manches con un perjurio!
Te amé leal,
no te amaría si fueras perjuro.

RADAMÉS
¿Dudas de mi amor, Aida?

AIDA
¿Y cómo esperas sustraerte
a las caricias de Amneris,
a la voluntad del rey,
a los deseos de tu pueblo,
a la ira de los sacerdotes?

RADAMÉS
Escúchame, Aida.
La tierra de Etiopía
ha despertado de nuevo
en el feroz anhelo de otra guerra.
Los tuyos
ya invaden nuestra patria,
yo seré el caudillo de los egipcios.
Entre el fragor y los aplausos
de la victoria,
me postraré ante el rey,
le desvelaré mi corazón.
Tu serás la corona de mi gloria,
y viviremos felices
en un amor eterno.

AIDA
¿No temes el vengativo furor
de Amneris?
Su venganza,
tremenda como un rayo,
caerá sobre mí, sobre mi padre,
sobre todos.

RADAMÉS
Yo te defenderé.

AIDA
En vano. No podrías.
Aunque si me amas,
todavía existe para nosotros
una manera de evitarlo.

RADAMÉS
¿Cuál?

AIDA
¡Huir!

RADAMÉS
¡Huir!

AIDA
Huyamos de los ardores inhóspitos
de estas tierras desnudas;
una nueva patria se abre
ante nuestro amor.
Allí entre bosques vírgenes,
perfumados de flores,
en éxtasis feliz
olvidaremos el mundo.

RADAMÉS
¿Debería huir contigo
hacia una tierra extraña?
¡Abandonar la patria,
los altares de nuestros dioses!
¿Cómo podríamos olvidar la tierra
donde he recogido mis primeros
laureles de gloria,
el cielo de nuestro amor?

AIDA
Allí entre bosques vírgenes, etc.

RADAMÉS
El cielo de nuestro amor, etc.

AIDA
Bajo mi cielo
nuestro amor será más libre;
allí en el mismo templo
tendremos los mismos dioses, etc.
¡Huyamos, huyamos!

RADAMÉS
¡Abandonar la patria! etc.
¡Aida!

AIDA
Tú no me amas, ¡vete!

RADAMÉS
¿Crees que no te amo?

AIDA
¡Vete!

RADAMÉS
Jamás ni mortal ni dios alguno
ardió con un amor poderoso
semejante al mío.

AIDA
Vete, vete,
Amneris te espera ante el altar.

RADAMÉS
¡No! ¡Jamás!

AIDA
¿Jamás has dicho?
Entonces que caiga el hacha
sobre mí y sobre mi padre.

RADAMÉS
¡Ah, no! ¡Huyamos!
Sí, huyamos de estos muros,
huyamos juntos al desierto;
aquí sólo reina la desventura,
allí se abre un cielo de amor.
El inmenso desierto
será nuestro tálamo nupcial.
Los astros brillarán sobre nosotros
con su más nítido fulgor.

AIDA
En el país feliz de mis padres,
el cielo nos aguarda; allí el aire
está perfumado, allí la tierra
es todo gratos aromas
y hermosas flores.
Frescos valles y verdes prados
serán nuestro tálamo,
los astros brillarán sobre nosotros
con su más nítido fulgor.

AIDA, RADAMÉS
Ven conmigo, huyamos juntos
de esta tierra de dolor.
Ven conmigo, te amo, te amo.
El amor será nuestro guía.

AIDA
Pero dime:
¿por qué camino evitaremos
las legiones del ejército?

RADAMÉS
El camino escogido
por los nuestros
para arrojarnos sobre el enemigo
estará desierto hasta mañana.

AIDA
¿Y cuál es ese camino?

RADAMÉS
El desfiladero de Nápata.

(Amonasro sale de su escondite.)

AMONASRO
¡El desfiladero de Nápata!
¡Allí estarán los míos!

RADAMÉS
¡Oh! ¿Quién nos escucha?

AMONASRO
El padre de Aida
y el rey de los etíopes.

RADAMÉS
¡Tú, Amonasro! ¿Tú, el rey?
¡Dioses! ¿Qué he dicho?
¡No! No es cierto, no es cierto, ¡no
Es un sueño, un delirio.

AIDA
¡Ay, no! Cálmate, escúchame...

AMONASRO
El amor de Aida...

AIDA
... confía en mi amor.

AMONASRO
... te levantará un trono!

RADAMÉS
¡Estoy deshonrado!
¡Por ti he traicionado a mi patria!

AIDA
¡Cálmate! ¡Ah no! ¡Cálmate!, etc.

AMONASRO
No, tú no eres culpable,
era la voluntad del destino, etc.
Ven: al otro lado del Nilo nos
esperan los leales que nos siguen;
allí el amor coronará
los deseos de tu corazón.
¡Ven, ven, ven!

(Amneris sale del templo seguida
Ramfis y los guardianes.)

AMNERIS
¡Traidor!

AIDA
¡Mi rival!

AMONASRO
(Amenaza a Amneris con una
daga)
¡Vienes a destruir mis planes!
¡Muere!

(Radamés se interpone entre
Amneris y Amonastro)

RADAMÉS
¡Detente, loco!

AMONASRO
¡Oh, rabia!

RAMFIS
¡Aquí, guardias!

RADAMÉS
(a Aida y Amonasro)
¡Rápido, huid!

AMONASRO
(arrastrando a Aida)
Ven, hija mía.

RAMFIS
(a los guardias)
¡Seguidles!

RADAMÉS
(a Ramfis)
Sacerdote, estoy en tus manos.

ACTO IV

Escena 1

(Un salón en el palacio real)

(Una trampilla conduce a la
cámara subterránea de justicia)

AMNERIS
Mi odiada rival ha escapado.
Radamés espera que los sacerdotes
le condenen como traidor.
Él no es un traidor, aunque reveló
un gran secreto de guerra.
Quería huir, huir con ella.
¡Todos son traidores!
¡Que mueran! ¡Que mueran!
¡Oh! ¿Qué digo?
Lo amo, lo amaré siempre.
Desesperado, loco es este amor
que destroza mi vida.
¡Oh, si pudiera amarme!
Quisiera salvarlo. Pero ¿cómo?
¡Lo intentaré!

(Llamando a los guardias)

Guardias, que venga Radamés.

(Radamés es conducido por los
guardias.)

Ya están reunidos los sacerdotes,
árbitros de tu destino;
pero aún puedes disculparte
de esta terrible acusación.
Discúlpate,
y pediré tu gracia al trono,
y seré el mensajero
que te traerá la vida y el perdón.

RADAMÉS
Los jueces no oirán
nunca mis disculpas;
ante los dioses y ante los hombres
no me siento ni vil ni reo.
Es cierto que mis labios
profirieron el fatal secreto,
pero mi pensamiento
y mi honor permanecieron fieles.

AMNERIS
Entonces discúlpate
y sálvate.

RADAMÉS
¡No!

AMNERIS
Morirás.

RADAMÉS
Aborrezco la vida;
se ha secado la fuente de todas
las alegrías; desvanecida cualquier
esperanza, sólo deseo morir.

AMNERIS
¡Morir!
¡Ah, tú debes vivir!
Sí, vivirás por mi amor;
por ti he sufrido ya angustias
horribles de muerte;
te amaba, sufrí tanto,
pasé las noches en vela llorando,
y la patria, el trono, la vida,
todo lo daría, todo lo daría por ti.

RADAMÉS
Por ella también yo traicioné
mi patria y mi honor...

AMNERIS
¡De ella no me digas nada más!...

RADAMÉS
Me espera la infamia,
¿y quieres que viva?
Me has hecho desgraciado,
me has quitado a Aida.
Quizás la has matado,
¿y me ofreces la vida
como un don?

AMNERIS
¿Yo, causa de su muerte?
No, Aida vive.

RADAMÉS
¡Vive!

AMNERIS
Entre los afanes desesperados
de las hordas fugitivas
sólo cayó su padre.

RADAMÉS
¿Y ella?

AMNERIS
Desapareció,
y nada más se ha sabido.

RADAMÉS
¡Que los dioses la conduzcan
sana y salva
hasta las fronteras patrias,
y que ignore la desventura
del que morirá por ella!

AMNERIS
Pero, si te salvo,
júrame que nunca volverás a verla.

RADAMÉS
¡No puedo!

AMNERIS
¡Renuncia a ella
para siempre y vivirás!

RADAMÉS
¡No puedo!

AMNERIS
Por última vez:
renuncia a ella.

RADAMÉS
Es en vano.

AMNERIS
Entonces, ¿quieres morir, loco?

RADAMÉS
¡Ya estoy dispuesto a ello!

AMNERIS
¿Quién te salvará, desdichado,
de la suerte que te espera?
Has transformado en furor
un amor sin igual.
El cielo vengará
ahora mis lágrimas.

RADAMÉS
La muerte es un bien supremo
si por ella puedo morir.
Al sufrir el último destino
mi corazón será
inmensamente feliz;
ya no temo la ira humana,
sólo temo tu piedad, etc.

AMNERIS
¡Ah! ¿quién te salvará?
El cielo vengará ahora
mis lágrimas.

(Radamés es conducido fuera por
los guardias.)

¡Ay! ¡me siento morir!
¿Quién lo salvará?
¡Yo misma lo he puesto
en sus manos!
¡Ahora os maldigo, celos atroces,
que firmasteis su muerte y habéis
causado el luto eterno
de mi corazón!

(En este momento los sacerdotes
cruzan la sala y bajan a la cámara
subterránea.)

¡Aquí están los fatales
e inexorables ministros
de la muerte!
¡Oh, que yo no vea
a estos blancos espectros!
¡Yo misma lo he puesto
en sus manos!
¡Yo misma!

RAMFIS, SACERDOTES
(desde la cámara del juicio)
¡Espíritu celestial,
desciende sobre nosotros!
Aviva el rayo
de eterna luz;
pronuncia tu justicia
por nuestros labios.

AMNERIS
¡Dioses, apiadaos
de mi corazón destrozado!
¡Él es inocente, salvadlo,
oh dioses!
¡Desesperado y tremendo
es mi dolor!

(Radamés es llevado a la cámara
del juicio.)

RAMFIS, SACERDOTES
Espíritu celestial,
desciende sobre nosotros.

AMNERIS
¡Oh!, ¿quién lo salvará?
¡Me siento morir!
¡Ay de mí!, ¡ay de mí!

RAMFIS
¡Radamés, Radamés, Radamés!
¡Tú revelaste los secretos
de la patria al extranjero!
¡Justifícate!

SACERDOTES
¡Justifícate!

RAMFIS
No responde.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Traidor!

AMNERIS
¡Ah, piedad! ¡Es inocente!
¡Dioses, piedad!, ¡dioses, piedad!

RAMFIS
¡Radamés, Radamés, Radamés!
Desertaste del campo
el día anterior de la batalla.

SACERDOTES
¡Justifícate!

RAMFIS
No responde.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Traidor!

AMNERIS
¡Ah, piedad! ¡Ah!
¡Salvadlo, dioses, piedad!

RAMFIS
¡Radamés, Radamés, Radamés!
Violaste la confianza
que merecías,
renegaste de la patria, del rey,
del honor.

SACERDOTES
¡Justifícate!

RAMFIS
No responde.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Traidor!

AMNERIS
¡Ah, piedad! ¡Ah!
¡Salvadlo, dioses, piedad!

RAMFIS, SACERDOTES
Radamés, tu suerte está decidida:
tendrás la muerte de los infames;
bajo el altar del dios ofendido
será encerrado vivo en una tumba.

AMNERIS
¡Vivo en una tumba!
¡Oh!, ¡infames!
¡Nunca se sacian de sangre
y se llaman ministros del cielo!

RAMFIS, SACERDOTES
(volviendo de la cámara de
justicia)
¡Traidor, traidor, traidor!

AMNERIS
Sacerdotes:
¡habéis cometido un delito!
¡Tigres infames
sedientos de sangre,
ultrajáis la tierra y los dioses,
castigáis a quien no es culpable!

RAMFIS, SACERDOTES
¡Es un traidor! ¡Es un traidor!
¡Morirá!

AMNERIS
(a Ramfis)
Sacerdote:
¡ese hombre al que matas,
tú lo sabes,
un día fue amado por mí;
junto con su sangre, la maldición
de un corazón destrozado
caerá sobre ti.

RAMFIS, SACERDOTES
¡Es un traidor! ¡Es un traidor!
¡Morirá

AMNERIS
Ultrajáis la tierra y los dioses.
Castigáis a quien no es culpable.
¡Ah, no, no es un traidor!, etc.
¡Piedad!, ¡piedad!, ¡piedad!

RAMFIS, SACERDOTES
¡Morirá!
¡Es un traidor! ¡Morirá!, etc.
¡Traidor! ¡Traidor! ¡Traidor!

(Ramfis y los sacerdotes se alejan.)

AMNERIS
¡Raza impía!
¡La maldición caiga
sobre vosotros!
¡La venganza del cielo descenderá!
¡La maldición caiga
sobre vosotros!

Escena 2

(Interior del templo de Vulcano)

(La escena está dividida en dos
planos: arriba, el templo; debajo,
la cripta. dos sacerdotes colocan la
losa que sella su entrada)

RADAMÉS
La losa fatal
se ha cerrado sobre mí.
He aquí mi tumba.
Ya nunca más veré la luz del día.
Ya nunca volveré a ver a Aida.
Aida, ¿dónde estás?
¡Que al menos tú
puedas vivir feliz
ignorando siempre
mi horrible destino!
¡Qué gemido!
¿Será un espectro o una visión?
¡No, es una forma humana!
¡Cielos, Aida!

AIDA
Soy yo.

RADAMÉS
¡Tú, en esta tumba!

AIDA
Mi corazón previó tu condena,
y penetré a hurtadillas
en esta tumba
que se abría para ti,
y aquí,
lejos de cualquier mirada humana,
¡deseé morir en tus brazos!

RADAMÉS
¡Morir!, ¡tan pura y bella!
Morir de amor por mí.
¡En la flor de tu juventud
huir de la vida!
El cielo te creó para el amor,
¡y yo te mato por haberte amado!
¡No, no morirás,
te amé demasiado!
¡Eres demasiado hermosa!

AIDA
¿Ves?
El ángel radiante de la muerte
se acerca a nosotros,
y sobre sus alas de oro
nos conduce a la felicidad eterna.
Ya veo abrirse el cielo,
allí acaban todas las ansiedades,
allí empieza el éxtasis
de un amor inmortal.

SACERDOTES
SACERDOTISAS
Inmenso, inmenso Fthà, ¡ah!
Espíritu animador del mundo,
te invocamos.

AIDA
¡Triste canto!
Nuestro himno de muerte.
Todo es en vano.
Todo ha terminado en la tierra
para nosotros.

RADAMÉS
(intentando mover la losa)
El triunfo de los sacerdotes.
¡Ni aún mis fuertes brazos
podrán moverte,
losa fatal!
Es cierto. Es cierto.

AIDA
¡Oh tierra, adiós!
Adiós valle de lágrimas,
sueño de alegría
condenado al fracaso.
El cielo se abre para nosotros,
y nuestras almas errantes
vuelan hacia la luz del día eterno.

AIDA, RADAMÉS
Oh tierra, adiós, etc.

SACERDOTES
SACERDOTISAS
Inmenso Fthà, te invocamos.

(Amneris aparece, vestida de luto,
y se arroja sobre la losa que sella
la cripta.)

AIDA, RADAMÉS
Oh tierra, adiós, etc.

AMNERIS
Imploro para ti la paz,
muerto adorado.
¡Que Isis aplacada te abra el cielo!

SACERDOTES
SACERDOTISAS
¡Nosotros te invocamos,
inmenso Fthà!