ARCHIVO

domingo, abril 01, 2007

Michael Frayn"COPENHAGUE"(Obra en 2 actos)


"COPENHAGUE"(Obra en 2 actos)
Pieza teatral de Michael Frayn, inspirada en el libro de Thomas Powers "La guerra de Heisenberg".
La obra versa sobre el encuentro que se produjo en Copenhague, en 1941, en plena segunda guerra mundial, entre el físico danés Niels Bohr y el alemán Werner Heisenberg. En 1913, Bohr había formulado los principios esenciales de la descripción cuántica de los átomos, proponiendo el llamado modelo de Bohr. Heisenberg, por su parte, publicó en 1925 un trabajo considerado fundacional sobre la mecánica cuántica.

Por muchos años, los historiadores y los científicos discutieron sobre las actividades de Heisenberg durante el nazismo, dado que, durante toda la guerra, permaneció en Alemania; y, en ese tiempo, frecuentó las cimas del poder y lideró investigaciones abocadas a estudiar problemas vinculados a estudiar el desarrollo de reactores nucleares, como el de armas "atómicas".

El gran misterio en torno al encuentro entre Heisenberg y Bohr es el siguiente: ¿Heisenberg buscaba un intercambio de ideas científicas con el genio danés o pretendía colaboración para el desarrollo de proyectos armamentísticos? Mediante el estudio de múltiples fuentes, Michael Frayn intentó reconstruir lo que tal vez acaeció en ese enigmático encuentro. Un encontrarse entre dos físicos de vanguardia que parece estar atravesado por el espíritu del fundamental descubrimiento de Heisenberg: el principio de incertidumbre que, desde su postulación en 1927, asegura la imposibilidad de medir, a un mismo tiempo, la posición y la velocidad de una partícula.

Como todo principio profundo de física avanzada, un halo de oscuridad y dificultad envuelve su correcta comprensión. Incertidumbre y oscuridad tiñen también la escena perdida del encuentro de los dos buceadores de la física cuántica. Intriga respecto a aquel diálogo entre el tronar de las bombas. Intriga que los dos protagonistas del misterio nunca condescendieron en aclarar públicamente.

Aquel enigmático diálogo, entonces, ahora se transforma en sustancia para la representación teatral.

Aclaración: La versión que presentamos aquí es la traducción de la obra de Michael Frayn que circuló de manera informal como acompañamiento de la representación de la obra en el Teatro General San Martín en la ciudad de Buenos Aires en el año 2002.



COPENHAGUE

PRIMER ACTO


MARGARITA ¿Pero, por qué vino a Copenhague?
BOHR Mi amor, ¿acaso importa?, ¿Cuántos años hace que hemos muerto los tres?
MARGARITA Algunas preguntas perduran mucho tiempo después de muertos sus dueños. Como fantasmas buscan las respuestas que nunca encontraron en vida.
BOHR Algunas preguntas no encuentran sus respuestas.
MARGARITA ¿Por qué vino? ¿Qué es lo que trataba de decirte?
BOHR En el fondo creo que era muy sencillo: quería charlar.
MARGARITA ¿Charlar? ¿Con el enemigo? ¿En medio de la guerra?
BOHR Margarita, mi amor, no éramos enemigos.
MARGARITA ¡Estamos hablando de 1941!
BOHR Heisenberg era nuestro amigo.
MARGARITA Heisenberg era alemán. Nosotros éramos daneses. Los alemanes habían ocupado nuestro país. Nunca te vi tan enojado con alguien como esa noche con Heisenberg.
BOHR No te quiero contradecir, pero creo que me mantuve increíblemente tranquilo. Para él era tan difícil como para nosotros.
MARGARITA Por eso mismo, ¿Por qué lo hizo? Ahora no le hacemos daño a nadie, no traicionamos a nadie.
HEISENBERG Ya estamos todos muertos, es cierto. Y el mundo se acuerda de mí sólo por dos cosas: por el principio de incertidumbre y por mi misteriosa visita a Niels Bohr en Copenhague en 1941. Todos entienden de qué se trata la incertidumbre. O eso creen. Nadie entiende por qué fui a Copenhague. Lo he explicado una y otra vez. A Bohr mismo, y a Margarita. A los interrogadores, a los oficiales de inteligencia, a periodistas, historiadores. Cuanto más lo explicaba más incierto resultaba. Bueno, con mucho gusto haré un nuevo intento. Ahora que ya estamos muertos y no le hacemos daño a nadie, y no traicionamos a nadie.
MARGARITA Ahora te lo puedo decir. Nunca me gustó.
BOHR No es cierto. Te caía muy bien cuando vino por primera vez en los años veinte. ¿Y cuando vino a la playa, con nosotros y los chicos? Era uno más de la familia.
MARGARITA Tenía algo "raro", ya desde esa época.
BOHR Pero era un físico excepcional. Y cuanto más lo pienso más me convenzo de que Heisenberg fue el mejor.
HEISENBERG ¿Quién fue Bohr? Fue el primero, el padre de todos nosotros. Todo lo que hicimos se fundó sobre su gran intuición.
BOHR Pensar que vino a trabajar conmigo en 1924...
HEISENBERG Acababa de terminar mi doctorado, y Bohr era el físico atómico más famoso del mundo.
BOHR ...y en menos de un año la mecánica cuántica le era deudora de unas cuantas cosas.
MARGARITA Surgió del trabajo que hicieron juntos.
BOHR Y un año después obtuvo el principio de incertidumbre.
MARGARITA Y fue tuya la complementariedad.
BOHR Las discutimos juntos.
HEISENBERG Juntos hicimos nuestros mejores trabajos.
BOHR Funcionábamos como una empresa.
HEISENBERG Presidente y gerente general.
MARGARITA Padre e hijo.
HEISENBERG Una empresa familiar.
MARGARITA Aunque teníamos nuestros propios hijos.
BOHR Y seguimos trabajando juntos mucho tiempo después cuando ya había dejado de ser mi asistente.
HEISENBERG Después de haber regresado a Alemania en 1927, para hacerme cargo de mi cátedra en Leipzig, y mucho después de tener mi propia familia.
MARGARITA Entonces llegaron los nazis al poder.
BOHR Y se volvió cada vez más difícil. Cuando estalló la guerra, imposible. Hasta ese día en 1941.
MARGARITA Cuando se terminó para siempre.
BOHR Si, ¿Por qué lo hizo?
HEISENBERG Septiembre de 1941. Durante años lo tuve registrado en la memoria como octubre.
MARGARITA Septiembre. Fines de septiembre.
HEISENBERG La memoria es tan curiosa, en la cabeza el pasado se vuelve presente. Septiembre de 1941, Copenhague. E inmediatamente acá estoy, bajándome del tren nocturno que viene de Berlín, con mi colega Weizsäcker. Dos trajes civiles entre todos los uniformes grises del ejercito alemán y los elegantes uniformes negros de la SS que llegaban con nosotros. En mi portafolio están los papeles de la conferencia que voy a dar. En mi cabeza hay otro mensaje que debo comunicar. La conferencia es de astrofísica. El asunto dentro de mi cabeza es más difícil. Mi colega Weizsäcker ha sido mi Juan Bautista, le ha escrito a Bohr para advertirle de mi llegada.
MARGARITA ¿Quiere verte?
BOHR Creo que ha venido para eso.
MARGARITA Debe ser muy importante lo que quiere decirte.
HEISENBERG El encuentro tiene que parecer natural. Tiene que ser en privado.
MARGARITA Espero que no estés pensando en invitarlo a nuestra casa.
BOHR Obviamente es lo que esta esperando.
MARGARITA ¡Niels! ¡Ellos han ocupado nuestro país!
BOHR El no es ellos.
MARGARITA Es uno de ellos.
HEISENBERG Lo primero que hacemos es visitar oficialmente el Instituto de Bohr de Física Teórica, y almorzamos en el viejo comedor familiar del instituto. Por supuesto que no tengo oportunidad de hablarle a Bohr. ¿Donde está? Es como en un sueño. No puedo poner en foco los detalles precisos de la escena que me rodea. A la cabecera de la mesa ¿Es Bohr? Es Rozental, es Moller, es quien decido que sea... Lo que sí me acuerdo es que fue una ocasión muy incomoda.
BOHR Fue un desastre. Causó una muy mala impresión. Dijo que era lamentable la ocupación de Dinamarca. Pero que sin embargo era perfectamente aceptable la ocupación de Polonia. Y que ahora era seguro que Alemania ganaría la guerra.
HEISENBERG Nuestros tanques están a las puertas de Moscú. ¿Qué nos puede detener? Hay una sola cosa quizás. Una sola.
BOHR Es cierto que él sabe que lo están vigilando. Se tiene que cuidar con lo que dice. Pero bueno se podría cuidar con lo que dice.
MARGARITA Se tiene que cuidar o no lo van a dejar salir del país de nuevo.
HEISENBERG Me pregunto si se imaginan lo doloroso que fue conseguir el permiso para venir. Los humillantes pedidos al partido, los esfuerzos degradantes para que nuestros amigos en la cancillería usaran sus influencias.
MARGARITA ¿Cómo lo viste? ¿Está muy cambiado?
BOHR Un poco más viejo.
MARGARITA Todavía lo recuerdo como un chico.
BOHR Tiene casi cuarenta. Un profesor maduro.
MARGARITA ¿Estás seguro de que querés invitarlo acá?
BOHR Pongamos los argumentos a favor y en contra, de una manera razonable y científica. Primero, Heisenberg es un amigo.
MARGARITA Primero, Heisenberg es alemán.
BOHR Un judío blanco. Así lo llamaban los nazis. Enseñaba relatividad, y decían que era física judía. No podía mencionar a Einstein, pero siguió con la relatividad a pesar de que lo atacaban terriblemente.
MARGARITA Todos los judíos de verdad perdieron sus trabajos. El todavía enseña.
BOHR Todavía enseña relatividad.
MARGARITA Todavía es profesor en Leipzig. No quería dejar Alemania.
BOHR Quiere estar ahí para reconstruir la ciencia alemana cuando Hitler no este más.
MARGARITA Y si lo estan custodiando van a informar todo. A quién ve. Qué les dice. Qué le dicen a él.
HEISENBERG Llevo mi vigilancia a cuestas como una enfermedad infecciosa. Sé que a Bohr también lo vigilan.
MARGARITA Y sabés que también te vigilan.
BOHR ¿Quién? ¿La Gestapo?
HEISENBERG ¿Se dará cuenta?
BOHR No tengo nada que esconder.
MARGARITA Nuestros compatriotas. Sería terrible para ellos si tan solo pensaran que estás colaborando.
BOHR Invitar a un viejo amigo a cenar no es colaborar.
MARGARITA Podría parecerlo. ¿No van a hablar de política?
BOHR Sólo de física. Supongo que quiere hablar de física.
MARGARITA Creo que también tenés que suponer que nosotros no somos los únicos que escuchamos lo que se dice en esta casa. Si quieren privacidad sería mejor que hablaran al aire libre.
HEISENBERG ¿Podré sugerirle que vayamos a caminar?
BOHR Me parece que nada de paseos. Lo que me quiera decir me lo puede decir donde lo escuchen todos.
MARGARITA Quizás quiera compartir una idea nueva.
HEISENBERG Así que ahora me encuentro, caminando en el crepúsculo otoñal hacia la casa de los Bohr. Seguido, supongo, por mi sombra invisible. ¿Qué siento? Miedo, seguro; el miedo que a uno siempre le produce, un maestro, el jefe, un padre. Mucho más miedo por lo que tengo que decir. Y más miedo aún por lo que puede pasar si fracaso.







MARGARITA ¿Tendrá algo que ver con la guerra?

BOHR Heisenberg es un físico teórico. No creo que nadie haya descubierto una manera de usar la física teórica para matar gente.

MARGARITA ¿Tendrá que ver con la fisión?

BOHR ¿Por qué querría hablarme a mí de fisión?

MARGARITA Porque estás trabajando en eso. Y sos la máxima autoridad en el tema.

BOHR No ha publicado nada sobre fisión.

MARGARITA Pero si los alemanes estuvieran desarrollando algún tipo de arma que se basara en la fisión nuclear.

BOHR Mi amor, nadie va a desarrollar un arma basada en la fisión nuclear.

MARGARITA Pero si los alemanes lo intentaran, Heisenberg estaría involucrado.

BOHR ¿Por qué? En Alemania siempre hubo muchos físicos buenos.

MARGARITA Ya no. Casi todos judíos. Y todos tuvieron que huir a Estados Unidos y a Inglaterra.

HEISENBERG Einstein, Pauli, Born...y tantos otros.

MARGARITA ¿Y si Heisenberg fuera el responsable del trabajo?

BOHR ¡Margarita, no existe tal trabajo! John Wheeler y yo lo hicimos todo en 1939. Una de las cosas que se desprende de nuestro trabajo es que no hay manera de poder usar la fisión para producir armas, por lo menos en un futuro cercano.

MARGARITA ¿Entonces por qué todos siguen trabajando en el tema?

BOHR Porque tiene algo de mágico. Se dispara un neutrón al núcleo de un átomo de uranio y se divide en dos elementos distintos. Era lo que trataban de hacer los alquimistas, que un elemento se convirtiera en otro.

MARGARITA ¿Entonces a qué viene?

HEISENBERG Aplasto las piedritas del camino tan familiar hacia la puerta de entrada de la casa de los Bohr, y hago sonar la campana. Siento miedo, sí. Es una mezcla disparatada de vanidad y de algo que me hace sentir totalmente indefenso -porque de los 2.000 mil millones de habitantes de esta tierra me ha tocado a mí esta responsabilidad imposible... Se abre la pesada puerta.

BOHR ¡Mi querido Heisenberg!

HEISENBERG ¡Mi querido Bohr!

BOHR Pasa, pasa...

MARGARITA Y por supuesto, apenas se ven, se avivan las viejas llamas.

HEISENBERG Me siento tan conmovido de que me hayas podido recibir.

BOHR Debemos intentar seguir comportándonos como seres humanos.

HEISENBERG Me doy cuenta de lo difícil que resulta.

BOHR Sólo pudimos darnos la mano el otro día en el almuerzo.

HEISENBERG Y a Margarita no la veo desde...

BOHR Desde hace cuatro años.

MARGARITA Niels tiene razón. Se te ve myor.

HEISENBERG Nos tendríamos que haber visto en Zurich...

BOHR En septiembre de 1939.

HEISENBERG Y lamentablemente...

BOHR Lamentablemente para nosotros también.

MARGARITA Y mucho más lamentablemente para tanta otra gente.

HEISENBERG Sí. Por supuesto.

BOHR Así están las cosas.

HEISENBERG ¿Qué puedo decirles?

MARGARITA ¿Es que se puede decir algo en estas circunstancias?

HEISENBERG No. ¿Y sus hijos?

MARGARITA Están bien, gracias. ¿Isabel? ¿Los chicos?

HEISENBERG Muy bien. Mandan cariños.

MARGARITA A pesar de todo ¡tenían tantas ganas de verse! Pero ahora que llegó el momento están tan ocupados en evitar mirarse a los ojos que apenas se ven.

HEISENBERG No sé si se dan cuenta cuanto significa para mí estar acá de vuelta, en esta casa. Estuve muy solo en estos últimos años.

BOHR Me lo puedo imaginar.

MARGARITA A mí casi no me ve. Lo observo discretamente detrás de mi cortesía mientras sigue intentando.

HEISENBERG ¿La situación acá ha sido difícil?

BOHR ¿Difícil?

MARGARITA Por supuesto. Tiene que preguntar. Tiene que liberarse de eso.

BOHR Difícil... ¿Qué puedo decir? Por el momento no se impusieron las leyes raciales.

MARGARITA Todavía.

BOHR Hace unos meses empezaron a deportar a los comunistas y a otros elementos anti-alemanes.

HEISENBERG ¿Pero a ustedes...?

BOHR No nos han molestado.

HEISENBERG Estuve muy preocupado.

BOHR Muy amable . Por ahora nada que deba quitarte el sueño.

MARGARITA Silencio. Cumplió con su deber. Ahora puede llevar la conversación a temas más placenteros.

HEISENBERG ¿Todavía navegas?

BOHR ¿Navegar?

MARGARITA Mal comienzo.

BOHR No, no navego.

HEISENBERG ¿El mar está...?

BOHR Minado.

HEISENBERG Por supuesto.

MARGARITA Supongo que no le preguntará si continúa esquiando.

HEISENBERG ¿Y esquiar?

BOHR ¿Esquiar? ¿En Dinamarca?

HEISENBERG En Noruega. Solía ir a Noruega.

BOHR Solía, sí.

HEISENBERG Digo como Noruega también está....

BOHR ¿Ocupada? Si. De hecho supongo que podríamos tomarnos vacaciones en casi cualquier lugar de Europa.

HEISENBERG Perdon no lo quise decir de esa manera.

BOHR Quizás estoy un poco susceptible.

HEISENBERG Alomejor podrías considerar la posibilidad de venir alguna vez a Alemania...

MARGARITA Este chico es un idiota.

BOHR Mi querido Heisenberg, sería fácil equivocarse y pensar que los ciudadanos de una pequeña nación, de una pequeña nación invadida, invadida caprichosa y cruelmente, por su vecino más poderoso, no tienen exactamente los mismos sentimientos de orgullo nacional ,y el mismo amor por su país que sus conquistadores.

MARGARITA Niels, qué dijimos.

BOHR Sólo hablar de física, sí.

MARGARITA Nada de política.

BOHR Lo siento.

HEISENBERG No, no, yo sólo quería decir que todavía tengo mi cabaña de esquiar. Así que si por casualidad... alguna vez... por cualquier motivo.

BOHR Quizás Margarita fuera tan gentil de coserme una estrella amarilla en mi chaqueta de esquiar.

HEISENBERG Sí. Sí. Qué estúpido.

MARGARITA Silencio nuevamente. Ahora me empieza a dar pena. Sentado acá, completamente solo, frente a nosotros dos, en un país donde se lo odia. Ahora lo veo mas joven, como el chico que vino acá por primera vez en 1924. Tímido y arrogante y con necesidad de que lo quieran. Y, sí, es triste porque Niels lo amaba. Fue un padre para él.

HEISENBERG ¿En qué estás trabajando?

BOHR En la fisión, casi exclusivamente ¿Y vos?

HEISENBERG Varias cosas.

MARGARITA ¿Fisión?

HEISENBERG A veces siento mucha envidia de tu ciclotrón.

MARGARITA ¿Por qué? ¿También estás trabajando sobre la fisión?

HEISENBERG Hay más de treinta en los Estados Unidos. Mientras que en Alemania... Bueno... ¿Por lo menos todavía pueden ir a su casa de la playa?

BOHR Todavía vamos, sí.

MARGARITA Perdón estabas por decir que en Alemania...

BOHR ...no hay ni un solo ciclotrón.

HEISENBERG Es tan linda la playa en esta época del año.

BOHR ¿No será que viniste a llevarte el ciclotrón? ¿No es por eso que viniste a Copenhague?

HEISENBERG No vine a Copenhague por eso.

BOHR Lo siento. No debo adelantar conclusiones

HEISENBERG No, ninguno de nosotros debería adelantar conclusiones de ningún tipo.

BOHR Pero la falta de ciclotrones en Alemania no es seguramente un secreto militar.

HEISENBERG No tengo idea de qué es secreto y que no lo es.

BOHR Tampoco es un secreto porque no los tienen. Vos no lo podes decir pero yo sí puedo. Es porque los alemanes sistemáticamente se opusieron a la física teórica. ¿Por qué? Porque la mayoría de los que trabajaban en ese campo eran judíos. ¿Y por qué tantos eran judíos? Porque la física teórica, la física que le interesaba a Einstein, a Schrödinger, a Pauli y a nosotros dos, siempre fue considerada en Alemania inferior a la física experimental, y las cátedras teóricas eran las únicas a las que podían acceder los judíos.

MARGARITA ¿Física, sí?

BOHR Esto es física.

MARGARITA También es política.

HEISENBERG A veces es muy difícil separarlas. ¿Estás en contacto con nuestros amigos en Inglaterra? ¿Con Born? ¿Con Chadwick?

BOHR Heisenberg, estamos bajo ocupación alemana. Alemania esta en guerra con Inglaterra.

HEISENBERG Pensé que quizás mantuvieras algún contacto. ¿Y con la gente en Estados Unidos? Con ellos no estamos en guerra

BOHR ¿Qué quieres saber?

HEISENBERG Curiosidad...

MARGARITA La única visita de afuera vino de Alemania. Tu amigo Weizsäcker nos visitó en marzo. No se por qué lo trajo al director del Instituto Aleman.

HEISENBERG Lo hizo con las mejores intenciones. Quizás no les explicó que el Instituto está bajo el control de la Cancillería. Tenemos buenos amigos en la embajada acá.

BOHR Es un departamento del gobierno nazi

HEISENBERG Seguramente estarán intentando que los ciudadanos distinguidos de este país puedan trabajar tranquilos.

BOHR ¿Me estás diciendo que tus amigos en la embajada me están protegiendo?

HEISENBERG Lo que digo, por si Weizsäcker no lo aclaró, es que se sentirían muy honrados si pudieras aceptar una invitación de vez en cuando.

BOHR ¿Ir a cocktails a la embajada alemana? ¿A tomar café con tortas con el embajador nazi?

HEISENBERG A alguna conferencia quizás. A grupos de discusión. Cualquier tipo de contacto social podría ser de ayuda.

BOHR Seguro que sí.

HEISENBERG En algunas circunstancias podría ser esencial.

BOHR ¿En qué circunstancias?

HEISENBERG Creo que los dos lo sabemos.

BOHR ¿Porque soy medio judío?

HEISENBERG Todos en algún momento podemos necesitar ayuda de nuestros amigos.

BOHR ¿Por esto vino a Copenhagen? ¿Para invitarme a mirar la deportación de mis compatriotas desde las ventanas de la embajada alemana?

HEISENBERG ¡Bohr, por favor! ¡Por favor! ¿Qué otra cosa puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudar? Yo se que es una situación increiblemente difícil para vos. Lo entiendo. Pero también es una situación increiblemente difícil para mí.

BOHR Sí. Disculpeme. Estoy seguro de que también tienes las mejores intenciones.

HEISENBERG De todas modos no vine por eso.

MARGARITA Quizás deberías decir simplemente lo que querés decir.

HEISENBERG ¿No tendrías ganas de salir a caminar como en los viejos tiempos?

BOHR Hace frío esta noche, me parece, para caminar.

HEISENBERG Esto es tan difícil. ¿Te acordás dónde nos conocimos?

BOHR Por supuesto, en Göttingen en 1922.

HEISENBERG En un congreso en tu honor.

BOHR Era un gran honor. Estaba consciente de eso.

HEISENBERG Se to honraba por dos razones. Primero, por ser un gran físico...

BOHR Sí, sí.

HEISENBERG ...y en segundo lugar porque eras una de las pocas personas de Europa que estaba dispuesta a tratar con Alemania. La primera guerra había terminado hacía cuatro años, y todavía se nos trataba como a leprosos. Pero nos diste la mano. Siempre inspiraste amor, sabes eso. Donde sea que hayas estado, que hayas trabajado. Acá, en Dinamarca. En Inglaterra, en Estados Unidos. Pero en Alemania te adorábamos. Porque nos diste la mano.

BOHR Alemania cambió.

HEISENBERG Sí. Entonces estábamos derrotados y podías ser generoso.

MARGARITA Y ahora ustedes dominan.

HEISENBERG Y es más difícil ser generoso. Pero nos diste la mano y la estrechamos.

BOHR Sí... ¡No! vos no. En realidad me la mordiste.

HEISENBERG ¿La mordí?

BOHR ¡Me mordiste la mano! ¡Sí! Yo te la di ceremoniosa y amistosamente y vos me la mordiste.

HEISENBERG ¿De qué estás hablando?

BOHR Te paraste y me atacaste.

HEISENBERG Ah... Hice algunos comentarios.

BOHR Era un hermoso día de verano. Hileras de físicos y matemáticos eminentes, todos dando su aprobación a mi sabiduría. De repente salta un cachorro atrevido y me dice que mis cálculos matemáticos están equivocados.

HEISENBERG Estaban equivocados.

BOHR ¿Qué edad tenías?

HEISENBERG Veinte.

BOHR Dos años menos que el siglo.

HEISENBERG No exactamente.

BOHR El cinco de diciembre, ¿sí?

HEISENBERG 1, 93 años menos que el siglo.

BOHR Para ser exactos.

HEISENBERG No, para ser exactos 1,928... 7 ...6 ...7 ...1...

MARGARITA Y Niels decide, de repente, amarlo nuevamente, a pesar de todo. ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Fue el recuerdo de ese día de verano en Göttingen? Como sea, para cuando nos sentamos a cenar, las cenizas se encendieron nuevamente.

BOHR ¡Siempre tan combativo! Hasta cuando jugábamos tenis de mesa. Parecía que me querías matar.

HEISENBERG Quería ganar. Vos también quería ganar.

BOHR Yo quería un agradable partido de ping-pong.

HEISENBERG Decís eso porque no podías ver la expresión de tu cara.

BOHR Podía ver la suya.

HEISENBERG ¿Y cuando jugábamos al póker en mi cabaña de esquiar? Una vez nos limpió a todos. ¿Te acordás de eso? ¡Con una escalera que no tenía! Todos matemáticos, todos contando las cartas, estamos 90 seguros de que no tiene nada. Pero él sigue haciéndonos subir y subir la apuesta. Esa confianza demente. Hasta que nuestra fe en la probabilidad matemática comienza a debilitarse y uno por uno nos vamos al mazo.

BOHR Es que estaba seguro de que tenía una escalera. No vi bien las cartas. Me engañé a mí mismo.

MARGARITA Pobre Niels.

HEISENBERG ¿Pobre Niels? ¡Ganó! Nos dejó en la bancarrota. ¡Era demencialmente competitivo!

BOHR Vos eras el competitivo. Una vez bajábamos esquiando desde la cabaña para buscar provisiones y hasta a eso lo convertía en una carrera. ¿Te acordás? Estábamos con Weizsäcker y alguien más. Sacó un cronómetro.

HEISENBERG El pobre Weizsäcker tardó dieciocho minutos.

BOHR Vos bajaste en diez.

HEISENBERG Ocho.

BOHR No me acuerdo cuánto tardé yo.

HEISENBERG Cuarenta y cinco minutos.

BOHR Gracias.

HEISENBERG Esquiabas como hacías ciencia. ¿Qué estabas esperando? Probablemente estabas realizando los cálculos de los diecisiete posibles recorridos diferentes.

MARGARITA Y sin que yo estuviera ahí para poderlas tipear.

BOHR Por lo menos yo sabía dónde estaba. A la velocidad que iban ustedes se estaban enfrentando a la relación de incertidumbre. Si sabían dónde estaban, no sabían a qué velocidad habían bajado. Si sabían a qué velocidad habían bajado, no sabían donde estaban.

HEISENBERG Yo no necesito detenerme para pensar.

BOHR Justamente eso es lo que podría ser criticable en parte de su trabajo.

HEISENBERG De todos modos, generalmente llegaba.

BOHR Sí, pero no te importaba qué se destruía en el camino. Mientras funcionaba la matemática estabas satisfecho.

HEISENBERG Si algo funciona, funciona.

BOHR Pero la pregunta siempre es: ¿Qué significa la matemática?, en un lenguaje sencillo. ¿Cuáles son las implicancias filosóficas?

HEISENBERG Cuando se baja a setenta kilómetros por hora las decisiones se toman solas. De repente, enfrente hay un abismo. ¿Doblo a la izquierda o la derecha? Si lo pienso me mato. En la cabeza uno dobla para los dos lados.

BOHR Porque vos insistís en que siempre es mas fácil actuar que reaccionar. Tomar una decisión de hacer algo que responder a la acción del otro.

HEISENBERG Si claro. Como la música, esa es otra cosa que nos hace decidir. Yo toco el piano y es como si el camino se abriera delante de mí, sólo tengo que seguir. Así tuve mi único éxito con las mujeres. Una velada musical en casa de unos amigos en Leipzig, un trío de piano. 1937. Estamos tocando Beethoven en Sol mayor. Terminamos el scherzo, y levanto la vista para ver si los otros dos están listos para comenzar el finale presto. Y en ese instante veo a una joven sentada a un costado de la sala. Sólo un instante, pero por supuesto ya me la había llevado a mi cabaña, nos habíamos comprometido, nos habíamos casado, etcétera -fantasías románticas inútiles-. Y arrancamos con el finale presto, que es extremadamente rápido y no tengo tiempo de asustarme. Y todo me resulta fácil. Terminamos y como si hubiera seguido esquiando. Hago que me presenten a la joven, la acompaño a su casa y, sí, una semana más tarde me la llevo a la cabaña, otra semana nos comprometemos, y tres meses más tarde nos casamos. ¡Y todo por la velocidad de ese finale presto!

BOHR Decías que te sentía solo. Pero tenés compañía.

HEISENBERG ¿La música?

BOHR ¡Isabel!

HEISENBERG Ah, sí. Aunque con los chicos y esas cosas... siempre envidié cómo ustedes dos hablan de todo. De su trabajo. Sus problemas. De mí, seguro.

BOHR La naturaleza me formó como una entidad matemática curiosa: no una unidad sino la mitad de dos.

HEISENBERG La matemática es muy extraña cuando se la aplica a la gente. Uno más uno puede ser tantas cosas...

MARGARITA Silencio. ¿En qué pensará? ¿En su vida? ¿En la nuestra?

HEISENBERG Silencio. Y por supuesto están pensando nuevamente en sus hijos.

MARGARITA Los mismos recuerdos luminosos. Las mismas oscuridades. Vuelven y vuelven.

HEISENBERG Sus cuatro hijos vivos y los dos muertos.

MARGARITA Harald. Solo en ese hospital.

BOHR Está pensando en Cristian y en Harald.

HEISENBERG Los dos chicos perdidos. Harald...

BOHR Todos esos años solo, en ese hospital espantoso.

HEISENBERG Y Cristian. El primogénito. El hijo mayor.

BOHR Una vez más esos segundos que veo todos los días.

HEISENBERG Esos breves segundos en el barco, cuando el timón se traba en el mar embravecido y Cristian se está cayendo.

BOHR Si no lo hubiera dejado estar al timón...

HEISENBERG Esos segundos tan largos en el mar.

BOHR Esos segundos interminables en el mar.

HEISENBERG Cuando intenta alcanzar el salvavidas.

BOHR Casi lo alcanza.

MARGARITA Yo estoy en nuestra casa de la playa. Levanto la vista de mi trabajo. Niels está en la puerta mirándome silenciosamente. De pronto desvía la mirada y sé que ha pasado.

BOHR Tan cerca, ¡Tan cerca! ¡Una distancia tan pequeña!

HEISENBERG El timón se traba una y otra vez... una y otra vez...

MARGARITA Niels desvía la mirada.

BOHR Cristian estira el brazo para alcanzar el salvavidas...

HEISENBERG Pero hay cosas de las que ni ellos hablan.

BOHR Algunas cosas sólo las pensamos.

MARGARITA Porque no hay nada que decir.

BOHR Bueno... quizás no tengamos tanto frío. Me propusiste una caminata.

HEISENBERG En realidad hace bastante calor.

BOHR No vamos a tardar.

HEISENBERG Una semana como máximo.

BOHR ¿Qué? ¿Cómo nuestra famosa primera caminata?

HEISENBERG Fuimos a Elsinore. Me acuerdo muchas veces de lo que me dijiste estando ahí.

BOHR ¿Te molesta mi amor? ¿Media hora?

HEISENBERG Quizás una hora. Dijiste que no podíamos tener una impresión virgen de Elsinore, que se veía afectada por saber que Hamlet había vivido ahí. Cada rincón oscuro nos recordaba la oscuridad dentro del alma humana...

MARGARITA Así que están caminando de nuevo. Lo logró. Y si están caminando están hablando. Hablando de otra manera, sin duda. Tantas veces he tipeado sobre lo diferente que es el comportamiento de las partículas cuando no son observadas... Ahora que empezaron, una hora se convertirá en dos o en tres... Lo primero que alguna vez hicieron juntos fue irse a caminar. Después de esa conferencia en Göttingen. Niels inmediatamente fue a buscar a ese joven atrevido que había cuestionado sus matemáticas, y se lo llevó a caminar por el campo. Caminar, hablar, conocerlo. Y cuando Heisenberg llegó aquí a trabajar para él, de nuevo salieron a dar su vuelta histórica por el campo. Mucha de la física del siglo veinte la hicieron al aire libre. Caminando por los bosques en nuestra casa de campo. Bajando a la playa con los chicos. Cristian de la mano de Heisenberg. Y cada noche, después de cenar en Copenhagen, caminaban por el parque detrás del Instituto, o hasta el puerto. Caminar y hablar. Mucho, mucho antes de que las paredes tuvieran oídos... Pero esta vez, en 1941, la caminata toma un curso distinto. Diez minutos después de salir... vuelven. Apenas he levantado la mesa, lo veo a Niels en la puerta. Me doy cuenta inmediatamente de lo enojado que está. No puede mirarme a los ojos.

BOHR Heisenberg se quiere despedir. Se va.

MARGARITA El tampoco me mira.

HEISENBERG Gracias. Una hermosa velada. Casi como en los viejos tiempos. Muy amable.

MARGARITA ¿Querés tomar algo? ¿Café?

HEISENBERG Tengo que preparar mi conferencia.

MARGARITA ¿Pero nos va a venir a ver antes de irte?

BOHR Tiene mucho que hacer.

HEISENBERG Perdoname si dije o hice algo que...

BOHR Sí, sí.

HEISENBERG Significó mucho para mí estar con los dos de nuevo. Más de lo que se imaginan.

MARGARITA Fue un placer para nosotros. Cariños a Isabel y a los chicos.

BOHR Claro.

HEISENBERG Tal vez cuando esta guerra haya terminado... si estamos vivos... adiós.

MARGARITA ¿Política?

BOHR Física. No tiene razón. ¿Cómo puede tener razón? Si John Wheeler y yo...

MARGARITA Un poco de aire fresco mientras hablamos, ¿no?

BOHR ¿Aire fresco?

MARGARITA Una vuelta por el jardín. Más saludable que quedarse adentro, creo.

BOHR Ah, sí.

MARGARITA Para todos.

BOHR Sí. Gracias... ¿Cómo podría tener razón? Wheeler y yo analizamos el asunto exhaustivamente en 1939.

MARGARITA ¿Qué te dijo?

BOHR Nada. No sé. Estaba demasiado enojado para entender.

MARGARITA ¿Tenía que ver con la fisión?

BOHR ¿Qué pasa durante la fisión? Se dispara un neutrón al núcleo de un átomo de uranio, se divide y libera energía.

MARGARITA Una gran cantidad de energía, ¿Sí?

BOHR Suficiente para mover una mota de polvo. Pero también libera dos o tres neutrones más cada uno de los cuales puede llegar a dividir otro núcleo.

MARGARITA ¿Y esos núcleos divididos liberan energía a su vez?

BOHR Y dos o tres neutrones más.

HEISENBERG Mientras uno esquía se desplaza un poco de nieve. Ese poco de nieve desplaza más nieve y se forma una bola de nieve...

BOHR Una cadena de núcleos divididos, que se multiplica, atraviesa el uranio, duplicándose y cuadriplicándose en una millonésima de segundo de una generación a la otra. Dos divisiones para empezar, luego dos al cuadrado, dos al cubo, a la cuarta, a la quinta, a la sexta...

HEISENBERG El tronar de la avalancha retumba en todas las montañas alrededor...

BOHR Hasta que mas tarde o mas temprano, digamos después de ocho generaciones, 280 motas de polvo han sido desplazadas. 280 es un número con 24 cifras. Suficientes motas de polvo para crear una ciudad, y todos los que viven en ella.

HEISENBERG Pero hay una dificultad.

BOHR Gracias a Dios, hay una dificultad. El uranio natural está constituido por dos isótopos diferentes, el U-238 y el U-235. Menos del uno por ciento es U-235 y ésta pequeña fracción es la única parte que es fisionada por neutrones rápidos.

HEISENBERG Esta fue la gran intuición de Bohr.. Le sucedió cuando estaba en Princeton en 1939, caminando por el campus universitario con Wheeler.

BOHR Aquí hay una doble dificultad. El 238 no sólo no puede ser dividido de ninguna manera por los neutrones rápidos, sino que los absorbe. Así que al poco tiempo que comienza la reacción en cadena, no quedan suficientes neutrones rápidos para fisionar al 235.

HEISENBERG Y la cadena se detiene.

BOHR También se puede fisionar al 235 con neutrones lentos. Pero entonces la reacción en cadena ocurre mucho más lentamente de lo que el uranio necesita para explotar.

HEISENBERG Y una vez más la cadena se detiene.

BOHR Lo que todo esto significa es que una reacción en cadena explosiva no ocurrirá jamás en el uranio natural. Para producir una explosión se tendrá que separar 235 puro. Y para que la cadena sea lo suficientemente larga para producir una explosión importante se necesitarían muchas toneladas. Y es extremadamente difícil poder separarlo.

HEISENBERG Tentadoramente difícil.

BOHR Afortunadamente difícil. Los cálculos mas optimistas cuando estuve en Estados Unidos en 1939, eran que para producir un gramos de U-235 se tardarían 26.000 años. Y creo que para entonces se habrá terminado la guerra. Así que se equivoca, ¡Se equivoca! ¿O yo me equivoco? ¿Habré calculado mal? A ver... ¿Cuál es el ritmo de absorción de neutrones rápidos del 238? ¿Cuál es el camino libre medio de los neutrones lentos en el 235...?

MARGARITA Pero, ¿Qué había dicho Heisenberg exactamente? Eso es lo que todos querían saber, entonces y después.

BOHR Es lo que quisieron saber los ingleses en cuanto Chadwick se pudo comunicar conmigo. ¿Qué dijo exactamente Heisenberg?

HEISENBERG ¿Y qué, exactamente, contestó Bohr? Eso fue lo primero que me preguntaron mis colegas cuando regresé a Alemania.

MARGARITA ¿Qué le contó Heisenberg a Neils? ¿Qué le respondió Neils? La persona que más lo quería saber era Heisenberg mismo.

BOHR Por eso volvió a Copenhagen dos años después de terminada la guerra en 1947.

MARGARITA Esta vez escoltado por un visible acompañante de la Inteligencia británica y no por agentes invisibles de la Gestapo.

BOHR Creo que quería varias cosas.

MARGARITA Dos cosas. Paquetes de comida...

BOHR Para su familia en Alemania. No tenían nada para comer.

MARGARITA Y para ponerse de acuerdo sobre qué se habían dicho en 1941.

BOHR La conversación se descompuso casi tan rápido como la vez anterior.

MARGARITA Ni siquiera pudieron ponerse de acuerdo sobre por dónde habían caminado esa noche.

HEISENBERG ¿Por dónde caminamos?

BOHR No caminamos.

HEISENBERG Yo veo las hojas otoñales amontonadas debajo de los faroles de la calle.

BOHR ¡Porque vos pensás que fue en octubre!

MARGARITA Y fue en septiembre.

BOHR No había hojas caídas.

MARGARITA Y era 1941. ¡ No se podían encender los faroles en la calle! Estábamos en guerra.

BOHR No nos habíamos alejado de mi estudio. Yo veo los papeles bajo la luz de mi escritorio.

HEISENBERG ¡Estábamos afuera! Lo que yo iba a decir era traición. Si me escuchaban me ejecutaban.

MARGARITA ¿Y qué fue esa cosa misteriosa que dijiste?

HEISENBERG No tiene misterio. Nunca hubo misterio. Lo recuerdo perfectamente porque mi vida estaba en juego, y elegí mis palabras con mucho cuidado. Simplemente te pregunté si, como físico, uno tenía el derecho moral de trabajar en la explotación de la energía atómica. ¿Sí?

BOHR No me acuerdo.

HEISENBERG No te acordás, no, porque casi inmediatamente te alarmaste. Te detuviste en seco.

BOHR Porque yo estaba horrorizado.

HEISENBERG Horrorizado. Bien, te acordás de eso. Te quedaste ahí parado, mirándome, horrorizado.

BOHR Porque la deducción era obvia. Vos estabas trabajando en eso.

HEISENBERG Y vos te apresuraste a concluir que yo estaba tratando de proveerle a Hitler armas nucleares.

BOHR ¡Y era lo que estabas haciendo!

HEISENBERG ¡No! ¡Un reactor! ¡Eso era lo que intentábamos construir! ¡Una máquina para producir energía! ¡Para generar electricidad, para impulsar barcos!

BOHR ¡No dijiste nada sobre un reactor!

HEISENBERG ¡No dije nada sobre nada! No con claridad. No podía. No sabía cuánto podían oírnos. Qué le repetirías a otros.

BOHR Pero te pregunté si realmente pensabas que la fisión de uranio se podría usar para construir armas.

HEISENBERG ¡Ah! ¡Ahora te acordás!

BOHR Si. Y claramente recuerdo lo que me contestaste.

HEISENBERG Te dije que ahora sabía que sí.

BOHR Y eso es lo que realmente me horrorizó.

HEISENBERG Porque vos confiabas que para producir armas se necesitaría 235 y que nunca íbamos a poder producir suficiente.

BOHR Un reactor. Sí, quizás porque ahí no ocurriría la explosión. Se puede mantener en funcionamiento la reacción en cadena con neutrones lentos en el uranio natural.

HEISENBERG De lo que nos habíamos dado cuenta, sin embargo, era que si alguna vez podíamos poner en funcionamiento el reactor, el 238 absorbería los neutrones rápidos. Como vos intuiste genialmente en 1939. Y a su vez sería transformado por ellos y se convertiría en un elemento totalmente nuevo.

BOHR Neptunio. Que a su vez se transformaría en otro elemento...

HEISENBERG Por lo menos tan posible de ser fisionado como el 235.

MARGARITA Plutonio.

HEISENBERG Plutonio.

BOHR Como no me di cuenta.

HEISENBERG Si lográbamos construir un reactor íbamos a poder construir bombas. Eso es lo que me llevó a Copenhagen. Pero no podía decirlo. Y en este punto dejaste de escucharme. La bomba ya había explotado dentro de tu cabeza. La conversación estaba terminada. Nuestra única oportunidad de hablar se había ido para siempre.

BOHR Porque ya había comprendido el punto central. Que por un camino u otro veías la posibilidad de proveerle a Hitler armas nucleares.

HEISENBERG Comprendiste por lo menos cuatro puntos centrales, todos equivocados. Le dijiste a Rozental que yo había intentado sonsacarte lo que sabías de la fisión. Le dijiste a Weisskopf que yo te había preguntado qué sabías del programa nuclear aliado. Chadwick entendió que yo intentaba persuadirte de que no existía un programa alemán. ¡Pero también parece que le contaste a alguna gente que yo quería reclutarte para trabajar para nosotros!

BOHR Muy bien. Empecemos todo desde el principio. No hay hombres de la Gestapo en las sombras. No hay un oficial de inteligencia británica. Nadie nos observa.

MARGARITA Sólo yo.

BOHR Sólo Margarita. Vamos a dejarle todo claro a Margarita. Vos sabés que yo creo fervientemente que no hacemos ciencia para nosotros, que la hacemos para poder explicársela a otros...

HEISENBERG En un lenguaje sencillo.

BOHR En un lenguaje sencillo. No es tu posición, lo sé; vos podría tranquilamente describir lo que estás investigando en ecuaciones diferenciales si es posible, pero por Margarita...

HEISENBERG Un lenguaje sencillo

BOHR Un lenguaje sencillo. Está bien, así que aquí estamos, caminando por la calle una vez más. Y esta vez estoy totalmente tranquilo. Te escucho con atención. ¿Qué querés decirme?

HEISENBERG ¡No es sólo lo que yo quiero decirte! ¡Es todo el equipo nuclear alemán en Berlín! No Diebner, por supuesto, no los nazis; Weizsäcker, Hahn, todos ellos querían que viniera y que lo discutiera con vos. Todos te vemos como una especie de padre espiritual.

MARGARITA El Papa. Así lo llamaban a sus espaldas. Y ahora quiere que les dé la absolución.

HEISENBERG ¿Absolución? ¡No!

MARGARITA Es lo que dicen tus colegas alemanes.

HEISENBERG La absolución es lo último que quiero.

MARGARITA Le dijiste a un historiador que lo habían expresado perfectamente.

HEISENBERG ¿Sí? Absolución... ¿Es por eso que vine? Es como tratar de acordarme de todas las distintas explicaciones que di de todo lo que hice... Pero si ahora la palabra absolución aparece entre ellas...

MARGARITA Yo pensaba que la absolución se otorgaba por los pecados ya cometidos y por su arrepentimiento, no por los pecados que se querían cometer y todavía no se habían realizado.

HEISENBERG ¡Exactamente! ¡Por eso yo quedé estupefacto!

BOHR ¿Vos quedaste estupefacto?

HEISENBERG ¡Porque me diste la absolución! ¡Eso es exactamente lo que hiciste! Mientras regresábamos rápidamente a la casa. Dijiste algo en voz baja acerca de que todos durante una guerra estaban obligados a hacer lo mejor posible por su país. ¿Sí?

BOHR Dios sabe qué dije. Pero ahora estoy acá, muy tranquilo y consciente, midiendo mis palabras. No querés absolución. Entiendo. ¿Querés que te diga que no lo hagas? Está bien. Pongo mi mano sobre tu brazo. Te miro a los ojos en mi modo más papal. Y te digo. Regresá a Alemania, Heisenberg. Reuní a tus colegas en el laboratorio. Súbite a una mesa y deciles: "Dice Niels Bohr que desde su estudiado punto de vista, proveerle a un homicida maníaco un instrumento sofisticado de asesinato masivo es..." ¿Qué puedo decir? "...una idea interesante." No, ni siquiera una idea interesante. "...en realidad, más bien, una idea seriamente poco interesante". ¿Qué sucede? ¿Todos abandonan instantáneamente sus contadores Geiger, cierran todo con llave y se van a la casa ?

HEISENBERG No, obviamente.

BOHR Porque los arrestarían.

HEISENBERG Si nos arrestan o no, no cambia nada. Al contrario, empeorarían las cosas. Yo dirijo el programa de investigación nuclear para el Instituto de Ciencias. Pero hay otro programa del ejercito, dirigido por Kurt Diebner y él es del partido nazi. Si yo no estoy, simplemente harán que Diebner se haga cargo del mio también. Mi única esperanza es seguir yo a cargo del programa.

BOHR Así que no querés que te diga que sí y no querés que te diga no.

HEISENBERG Lo que quiero es que escuches atentamente lo que voy a decirte ahora y que no salgas disparado como un loco por la calle.

BOHR Muy bien. Acá estoy caminando muy lenta y papalmente. Y escucho atentamente mientras me dicís que...

HEISENBERG Que las armas nucleares requerirán un enorme esfuerzo técnico.

BOHR Cierto.

HEISENBERG Que demandarán enormes recursos.

BOHR Recursos enormes. Cierto.

HEISENBERG Que antes o después, los gobiernos tendrán que preguntarles a los científicos si vale la pena comprometer esos recursos; si existe la esperanza de producir esas armas a tiempo para que ellos las usen.

BOHR Por supuesto, pero...

HEISENBERG Esperá. Tendrán que venir a vos y a mi. Nosotros somos los que tendremos que aconsejarles si vale la pena seguir adelante o no. Al final de cuentas la decisión estará en nuestras manos, nos guste o no.

BOHR ¿Y eso es lo que querés decirme?

HEISENBERG Eso es lo que quiero decirte.

BOHR ¿Es por eso que te ha costado tanto llegar hasta aquí? ¿Por eso tiraste por la borda casi veinte años de amistad? ¿Simplemente para decirme eso?

HEISENBERG Simplemente para decirte eso.

BOHR ¡Pero, Heisenberg, esto es más misterioso todavía! ¿Para qué me lo contás? ¿Qué querés que haga? ¡El gobierno de ocupación de Dinamarca va a venir a preguntarme a mi si deberíamos producir armas nucleares!

HEISENBERG ¡No, pero tarde o temprano, si logro permanecer a cargo del programa, el gobierno alemán me lo va a preguntar a mí! ¡Me preguntarán a mí si continuamos o no! ¡Y yo tendré que decidir qué responderles!

BOHR Entonces tenés una salida fácil a tus problemas. Sencillamente deciles la verdad que me acabas de contar a mí. Que es muy difícil. Y quizás se desanimen. Quizás pierdan interés.

HEISENBERG Pero, Bohr, ¿A dónde lleva eso? ¿Cuáles serán las consecuencias si logramos hacer fracasar el programa Aleman?

BOHR ¿Qué puedo decirte que no puedas decirte vos mismo?

HEISENBERG Leí en un diario de Estocolmo que los americanos están trabajando sobre una bomba atómica.

BOHR Ah, era eso. Era eso. Ahora entiendo todo. ¿Vos crees que estoy en contacto con los americanos?

HEISENBERG Puede ser. Es posible. Si hay alguien en la Europa ocupada que está en contacto, tenés que ser vos.

BOHR Así que, si querés saber sobre el programa nuclear de los aliados.

HEISENBERG Simplemente quiero saber si existe uno. Una pista. ¡Un indicio! Acabo de traicionar a mi país y arriesgar mi vida para advertirte de la existencia de un programa alemán.

BOHR ¿Y ahora yo tengo que devolverte el cumplido?

HEISENBERG ¡Bohr, tengo que saberlo! ¡Yo soy el que tiene que decidir! Si los aliados están fabricando una bomba, ¿qué estoy eligiendo para mi país? Sería fácil equivocarse y pensar que porque el país de uno es culpable, uno lo ama menos. Nací en Alemania. Es donde me convertí en quien soy. Alemania es todas las caras de mi infancia, todas las manos que me levantaron cuando me caí, todas las voces que me dieron aliento y me señalaron el camino, todos los corazones que le hablan a mi corazón. Alemania es mi madre viuda y mi hermano imposible. Es mi mujer. Alemania es nuestros hijos. ¡Tengo que saber qué estoy decidiendo para ellos! ¿Es otra derrota? ¿Otra pesadilla como la pesadilla en la que me crié? Bohr, mi infancia en Munich terminó en medio de la anarquía y la guerra civil. ¿Van a pasar hambre más niños como nosotros lo pasamos? ¿Van a tener que pasarse las noches de invierno, como yo cuando iba a la escuela, arrastrándose a través de las líneas enemigas, en la oscuridad, para buscar entre la nieve comida para mi familia? ¿Van a pasarse toda una noche, como lo hice yo a los diecisiete, con un fusil en la mano, hablando y hablando con un prisionero aterrorizado que iban a ejecutar en la mañana?

BOHR Pero, mi querido Heisenberg, no tengo nada para decirte. No tengo idea de si hay un programa nuclear aliado.

HEISENBERG Se está poniendo en marcha mientras vos y yo estamos hablando en esa noche de 1941. Y puede ser que esté eligiendo algo peor que la derrota. Porque la bomba que están construyendo es para ser usada contra nosotros. La noche de Hiroshima el 6-8-1945 Oppenheimer dijo que era lo único que lamentaba. Que no habían fabricado la bomba a tiempo para ser usada sobre Alemania.

BOHR Se atormento mucho después.

HEISENBERG Después, sí. Por lo menos nosotros nos atormentamos antes. ¿Acaso uno solo de ellos se detuvo a pensar por un instante qué estaban haciendo? ¿Lo hizo Oppenheimer o alguno de sus colegas? ¿Lo hizo Einstein cuando le escribió a Roosvelt en 1939 urgiéndolo a financiar una investigación sobre la bomba? ¿Lo hiciste vos cuando escapaste de Copenhagen dos años más tarde y te uniste al equipo de Los Alamos?

BOHR ¡Mi querido Heisenberg, no le estábamos suministrando la bomba a Hitler!

HEISENBERG Tampoco la estaban dejando caer sobre la cabeza de Hitler. La estaban arrojando sobre viejos en la calle, sobre madres con sus hijos. Y si la hubieran fabricado a tiempo hubiera sido sobre mis compatriotas. Mi mujer. Mis hijos. Esa era la intención, ¿sí?

BOHR Esa era la intención.

HEISENBERG No tenían la menor idea de qué es lo que pasa cuando se tira una bomba sobre una ciudad. Ni siquiera una bomba convencional. Ninguno de ustedes lo había padecido. Ni uno solo. Una noche me fui caminando desde el centro de Berlín a los suburbios, después de uno de los grandes bombardeos. Toda la ciudad en llamas. Hasta los charcos en las calles están ardiendo. Son charcos de fósforo derretido. Se pega a los zapatos como una caca de perro incandescente. Me lo tengo que sacar constantemente, como si las calles hubiesen sido ensuciadas por una jauría del infierno. Te hubieses reído, mis zapatos estallaban en llamas todo el tiempo. A mi alrededor, supongo, hay miles de personas muriendo quemada. Y lo único que puedo pensar es: "¿cómo voy a conseguir otro par de zapatos en tiempos como éstos?"

BOHR Vos sabés por qué los científicos aliados trabajaron en la bomba.

HEISENBERG Por supuesto. Por miedo.

BOHR El mismo miedo que los consumía a ustedes. Porque ellos tenían miedo de que ustedes estuvieran trabajando en ella.

HEISENBERG ¡Pero, Bohr, vos podrías haberles dicho!

BOHR ¿Decirles qué?

HEISENBERG ¡Lo que yo te dije en 1941! ¡Que la elección estaba en nuestras manos! ¡En las mías, en las de Oppenheimer! ¡Que si yo puedo decirles a las autoridades alemanas la desalentadora verdad, cuando me lo pregunten, él también puede!

BOHR ¿Esto es lo que querés de mí? ¿No que te cuente qué están haciendo los americanos sino que los detenga?

HEISENBERG Que les digas que podemos detenerlos juntos.

BOHR Yo no tenía ninguna comunicación con los americanos.

HEISENBERG Pero, sí con los británicos.

BOHR Sólo más tarde.

HEISENBERG La Gestapo interceptó el mensaje que les mandaste acerca de nuestro encuentro.

MARGARITA ¿Y lo pusieron en tus manos?

HEISENBERG ¿Y por que no? Habían empezado a confiar en mi. Es lo que me dio la posibilidad de mantener la situacion bajo control.

BOHR No es por criticar, Heisenberg, pero si este es el plan por el que viniste a Copenhagen, es... ¿cómo decirlo? ... sumamente interesante.

HEISENBERG No es un plan. Es una esperanza. Ni siquiera eso. Un delgado, microscópico hilo de posibilidad. Totalmente improbable. ¡Pero que vale la pena intentar, Bohr! ¡Vale la pena intentarlo! Pero ya estás muy enojado para entender lo que digo.

MARGARITA No. ¡Está enojado porque está empezando a entender! Los alemanes se deshacen de la mayoría de sus mejores físicos porque son judíos. Los Estados Unidos y Gran Bretaña les dan asilo. Y eso es para los aliados una esperanza de salvación. Y vos venís aullándole a Niels, rogándole que los convenza de que se detengan. Pero, ¡Como te atrevés! ¡Como te atrevés!

BOHR Margarita, mi amor, tratemos de expresarnos un poco más civilizadamente.

HEISENBERG Civilizadamente. Eso tendríamos que haber hecho, discutir civilizadamente. Cuando escuché lo de Hiroshima por primera vez me negué a creerlo. Desde los últimos meses de la guerra estábamos viviendo en una mansión en medio de la campiña inglesa. Nos secuestraron los ingleses, a todo el equipo alemán que trabajábamos en la investigación atómica. En Alemania, nuestras familias se están muriendo de hambre, sin saber nada de nosotros. Y ahí estamos, sentándonos a la mesa cada noche para participar de una excelente cena formal, con nuestro encantador anfitrión, el oficial inglés encargado de nosotros. Pero la guerra ya terminó y seguimos allí y todo es encantadoramente civilizado. Yo toco sonatas de piano de Beethoven. El mayor Rittner nos lee a Dickens. ¿Realmente me han pasado a mí estas cosas?... Esperamos a que nos revelen cuál es el sentido de todo eso. Y una noche sucede. Lo escuchamos por la radio: ustedes acaban de cometer el hecho por el que nos atormentábamos. Por eso estábamos ahí. Nos encerraron para que no habláramos con nadie del tema hasta que fuera demasiado tarde. Cuando el mayor Rittner nos lo contó, yo me rehusé a creerlo, hasta que lo escuché con mis propios oídos en el noticiero. No teníamos ni idea de lo avanzado que estaban. Nos quedamos despiertos esa noche, hablando, tratando de entender. Estamos todos literalmente estupefactos.

MARGARITA ¿Por qué lo hicieron ellos? ¿ O por qué no lo habían hecho ustedes?

HEISENBERG Las dos cosas. Las dos. Otto Hahn quiere quitarse la vida porque él descubrió la fisión, y ve sangre en sus manos. Gerlach, nuestro viejo coordinador nazi, también quiere morir, porque sus manos están tan vergonzosamente limpias. Pero ustedes lo hicieron. Construyeron la bomba.

BOHR Sí.

HEISENBERG Y la usaron sobre un blanco humano.

BOHR Sobre un blanco humano.

MARGARITA ¿No querrás sugerir que Niels hizo algo malo por haber trabajado en Los Alamos?

HEISENBERG Por supuesto que no. Bohr nunca hizo nada malo en su vida.

MARGARITA La decisión la habían tomado mucho antes de que llegara Niels. La bomba la iban a construir estuviera o no estuviera él.

BOHR De todos modos mi contribución fue muy pequeña.

HEISENBERG Oppenheimer contó que vos eras el padre confesor del equipo.

BOHR Parece ser mi rol en la vida.

HEISENBERG Dijo que la tuya fue una contribución importante.

BOHR En lo espiritual quizás, no en lo práctico.

HEISENBERG Fermi dice que fuiste vos quien resolvió como detonar la bomba de Nagasaki.

BOHR Propuse una idea.

MARGARITA ¿No querrás insinuar que hay algo que Niels deba explicar o defender?

HEISENBERG Nunca nadie le pidió que explicara o defendiera nada. Es un hombre profundamente bueno.

BOHR No se trata de mi bondad. Me ahorraron tener que tomar la decisión.

HEISENBERG Sí, y a mi no. Con lo cual me pasé los últimos treinta años de mi vida dando explicaciones y defendiéndome. Cuando fui a Estados Unidos, en 1949, muchos físicos ni siquiera me querían dar la mano. Las mismas manos que habían construido la bomba no querían tocar la mía.

MARGARITA Si crees que me estás aclarando la situación ahora, te equivocas.

BOHR Margarita, yo entiendo sus sentimientos...

MARGARITA Yo no. ¡Ahora la que esta enojada soy yo! Es muy fácil para él hacerte sentir culpable. ¿Qué hace él, después de consultarte? ¡Vuelve a Berlín y les dice a los nazis que él puede producir bombas atómicas!

HEISENBERG Si. Pero les recalco es la dificultad de separar 235.

MARGARITA Les cuentás lo del plutonio.

HEISENBERG Se los cuento a algunos oficiales de menor rango. ¡Tengo que mantenerles viva la esperanza!

MARGARITA Porque si no mandarán a buscar al otro.

HEISENBERG A Diebner. Muy posiblemente.

MARGARITA Siempre hay un Diebner dispuesto a hacerse cargo de nuestros crímenes.

HEISENBERG Es posible que Diebner logre avanzar más que yo.

BOHR ¿Diebner?

HEISENBERG Es posible. Sólo posible.

BOHR ¡No tiene ni un cuarto de tu habilidad!

HEISENBERG Ni un décimo. Pero tiene diez veces más ganas. Daría una versión muy distinta si fuera él y no yo el que se reúne con Albert Speer, el ministro de armamento de Hitler.

MARGARITA La famosa reunión con Speer.

HEISENBERG Este es el momento importante. El decisivo junio de 1942. Nueve meses después de mi viaje a Copenhagen. Hitler cancela todas las investigaciones que no produzcan resultados inmediatos, y Speer es el único arbitro que decide cuáles programas califican. Y justo acabamos de obtener la primera señal de que nuestro reactor va a funcionar. Nuestro primer incremento de neutrones. No mucho, 13, pero es un comienzo.

BOHR ¿Junio de 1942? Están un poco más adelantados que Fermi en Chicago.

HEISENBERG Pero no lo sabemos. Además la fuerza aérea inglesa comenzó con sus bombardeos a blancos civiles. Han arrasado con la mitad de Lübeck y todo el centro de Rostock y Colonia. Alemania necesita desesperadamente nuevas armas para contraatacar. Es el momento para presentar nuestro caso.

MARGARITA ¿No le piden los fondos para continuar?

HEISENBERG ¿Para continuar con el reactor? Por supuesto que sí. Pero le pido tan poco que no se toma el programa en serio.

MARGARITA ¿Le contás que el reactor va a producir plutonio?

HEISENBERG Por supuesto que no. No a Speer. No le cuento que el reactor va a producir plutonio.

BOHR Una omisión llamativa. Es cierto.

HEISENBERG ¿Y qué sucede? Nos da lo justo para que el programa sobreviva. Y ese es el fin de la bomba atómica alemana. Es el fin.

MARGARITA Sin embargo siguen con el reactor.

HEISENBERG Seguimos con el reactor. Porque ahora no corremos el riesgo de producir a tiempo el plutonio suficiente para hacer una bomba. Trabajamos como locos. Lo tenemos que arrastrar de una punta a la otra de Alemania para alejarlo del bombardeo y para que no caiga en manos rusas. Y lo instalamos en un pueblito del oeste.

BOHR ¿En Haigerloch?

HEISENBERG Si. La posada del pueblo tiene una bodega en el sótano. Le hacemos un pozo en el piso al reactor y me aseguro que ese programa siga funcionando, bajo mi control hasta el amargo final.

BOHR Pero Heisenberg, con respeto, con el mayor respeto, ustedes no podían controlar al reactor. El reactor lo iba a matar.

HEISENBERG Nunca llegó a una etapa crítica.

BOHR Gracias a Dios. Cuando los aliados se hicieron cargo descubrieron que no tenía barras de control de cadmio. No estaba previsto ningún mecanismo para absorber el exceso de neutrones, en caso de que la reacción se sobrecalentara.¡Si hubieran llegado a una etapa critica, se hubiera derretido y desaparecido al centro de la tierra!

HEISENBERG No, para nada. Teníamos un cascote de cadmio.

BOHR Un cascote de cadmio? ¿Qué pensaban hacer con un cascote de cadmio?

HEISENBERG Tirarlo al agua pesada. El moderador en el que estaba inmerso el uranio.

BOHR ¡Mi querido Heisenberg, no es por criticar, pero habían enloquecido!

HEISENBERG ¡Casi llegamos! ¡Teníamos un crecimiento de neutrones espectacular! Llegamos a un crecimiento del 670. Una semana más. Quince días más. ¡Es todo lo que necesitábamos!

BOHR ¡Sólo los salvó la llegada de los aliados!

HEISENBERG ¡Casi llegamos a la etapa critica! Un poquito más y la reacción en cadena se hubiera sostenido indefinidamente. Sólo necesitamos un poco más de uranio.

BOHR ¿Y tenían todo bajo control?

HEISENBERG ¡Bajo mi control! ¡Sí! ¡Eso es lo que importa! ¡Bajo mi control!

BOHR Vos ya no controlabas ese programa, Heisenberg, el programa te controlaba a vos.

HEISENBERG Dos semanas más, dos barras más de uranio y hubieran sido los físicos alemanes los que lograban la primera reacción en cadena auto sustentada.

BOHR Excepto que Fermi ya lo había logrado en Chicago dos años antes.

HEISENBERG No lo sabíamos.

BOHR No estaban enterados de nada en esa cueva. Los expertos aliados dijeron que ni siquiera tenían algo para protegerse de la radiación.

HEISENBERG No teníamos tiempo para pensar en eso. Sólo podíamos pensar en hacer que funcionara el reactor.

BOHR Yo tendría que haber estado ahi para cuidarte. Siempre me necesitaste a tu lado para sosegarte. Tu propio cascote de cadmio.

HEISENBERG Si hubiera muerto entonces por la radiación, ¿qué me hubiera perdido? Treinta años de explicaciones. Treinta años de reproches y hostilidad. Hasta vos me diste la espalda. A veces pienso que esas semanas en Haigerloch fueron la última época feliz de mi vida. Estábamos libres de la politiquería de Berlín. Fuera del alcance de las bombas. La guerra finalizaba. No teníamos nada en qué pensar, salvo el reactor.

MARGARITA Mírenlo. Está perdido como un chico. Estuvo jugando en el bosque todo el día, corriendo de un lado para el otro. Tuvo coraje tuvo miedo. Y ahora llegó la noche y lo único que quiere es irse a la casa.

HEISENBERG Silencio.

BOHR Silencio.

MARGARITA Silencio.

HEISENBERG Y una vez más el timón se trabó y Cristian se está cayendo.

BOHR Una vez más intenta alcanzar el salvavidas.

MARGARITA Una vez más levanto la vista de mi trabajo y Niels está en la puerta, mirándome silenciosamente...

BOHR Entonces, Heisenberg, ¿A qué viniste a Copenhagen en 1941? Estuvo bien que nos contaras todos los miedos que tenías. Pero no creíste realmente que yo te iba a contar si los americanos estaban trabajando en una bomba.

HEISENBERG No.

BOHR No esperabas en serio que yo los detuviera.

HEISENBERG No.

BOHR Ibas a volver a trabajar en el reactor más allá de lo que yo te dijera.

HEISENBERG Sí.

BOHR Entonces, ¿a qué viniste?

HEISENBERG ¿A qué vine?

BOHR Contanos nuevamente. Otro borrador. Y esta vez nos saldrá bien. Esta vez entenderemos.

MARGARITA Hasta puede ser que vos mismo entiendas.

BOHR Después de todo, el funcionamiento del átomo era difícil de explicar. Hicimos muchos intentos. Con cada intento se volvía más oscuro. Pero al final llegamos. Vamos, otro borrador, otro borrador.

HEISENBERG ¿A qué vine? Y una vez más recorreré esa noche de 1941. Aplasto las piedritas del camino tan familiar hacia la puerta de entrada de la casa de los Bohr, y hago sonar la campana. ¿Qué siento? Miedo, seguro, y la importancia absurda y horrible de alguien que trae malas noticias. Pero... sí... hay algo más. Aquí viene de nuevo. Casi puedo ver su cara. Algo bueno. Algo luminoso y esperanzador.

BOHR Abro la puerta...

HEISENBERG Y ahí está él. Veo sus ojos que se iluminan al verme.

BOHR Sonríe con su sonrisa cautelosa de estudiante.

HEISENBERG Y siento un momento de mucho consuelo.

BOHR Un segundo de alegría tan dulce.

HEISENBERG Como si regresara a casa después de un largo viaje.

BOHR Como si un hijo perdido hubiera aparecido en la puerta.

HEISENBERG Repentinamente me he liberado de todos los temores, de toda la oscuridad.

BHOHR Cristian está vivo. Harald todavía no nació.

HEISENBERG El mundo está en paz de nuevo.

MARGARITA Mírenlos. Todavía padre e hijo. Por un momento. Incluso ahora que estamos todos muertos.

BOHR Por un segundo volvemos a los años veinte.

HEISENBERG Y nos hablaremos y entenderemos como entonces.

MARGARITA Y de esas dos cabezas surgirá el futuro. Qué ciudades serán destruidas y cuáles sobrevivirán. Quién morirá y quién vivirá. Qué mundo desaparecerá y cuál triunfará.

BOHR ¡Mi querido Heisenberg!

HEISENBERG ¡Mi querido Bohr!

BOHR Pasá, pasá...

No hay comentarios.: