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domingo, abril 01, 2007

Michael Frayn:"Copenhague"(ACTO II)




SEGUNDO ACTO





HEISENBERG La primera vez que vine a Copenhagen fue muy al comienzo de la primavera en 1924. Marzo.

BOHR Vos tenías veintidós. Así que yo debía tener...

HEISENBERG Treinta y ocho.

BOHR Casi la misma edad que tenías cuando viniste en 1941.

HEISENBERG ¿Y qué hacemos?

BOHR Nos ponemos las botas y la mochila.

HEISENBERG Nos tomamos el tranvía hasta el final del recorrido...

BOHR ¡Y caminamos!

HEISENBERG Hacia el norte, a Elsinore.

BOHR Si uno camina habla.

HEISENBERG Caminamos y hablamos, durante casi doscientos kilómetros.

BOHR Y después no paramos de hablar en tres años.

HEISENBERG Compartíamos una botella de vino en tu departamento del instituto.

BOHR Pero tenemos que seguir los hilos hasta el comienzo del laberinto. ¿A vos no te importaba? Espero que no.

MARGARITA ¿Qué?

BOHR Que te dejáramos en casa.

MARGARITA ¿Mientras ustedes se iban a caminar? Por supuesto que no. ¿Por qué me iba a importar? Tenías que salir de casa. Dos hijos nuevos al mismo tiempo era mucho para que lo tolerara cualquier hombre.

BOHR ¿Dos hijos nuevos ?

MARGARITA Heisenberg.

BOHR Sí, sí.

MARGARITA Y nuestro propio hijo.

BOHR ¿Aage?

MARGARITA ¡Ernesto!

BOHR 1924, por supuesto, Ernesto.

MARGARITA El quinto. ¿Sí?

BOHR Sí. Y era marzo, tenés razón. No tenía más de...

MARGARITA Una semana.

BOHR ¿Una semana? Una semana, sí. ¿Y de verdad no te importaba?

MARGARITA Para nada. Me ponía contenta que tuvieras una excusa para irte. Siempre te ibas a caminar con tus asistentes nuevos.

HEISENBERG ¡Ah, aquellos años! ¡Esos años asombrosos! ¡Esos tres cortos años!

BOHR De 1924 a 1927.

HEISENBERG Desde que llegué a Copenhagen a trabajar con vos...

BOHR Hasta que te marchaste, a hacerse cargo de tu cátedra en Leipzig.

HEISENBERG Tres años de una primavera áspera, vigorizante típica del norte de Europa.

BOHR Al final de la cual teníamos la mecánica cuántica, teníamos el principio de incertidumbre...

HEISENBERG Teníamos la teoría de la complementariedad.

BOHR Teníamos la totalidad de las interpretaciones del grupo de Copenhagen.

HEISENBERG Nuevamente Europa en toda su gloria. Un nuevo renacimiento, con Alemania otra vez en su merecido lugar, en el centro de todo. ¿Y quiénes abrieron el camino para todos los demás?

MARGARITA Ustedes dos.

HEISENBERG Lo hicimos si.

BOHR Lo hicimos.

MARGARITA ¿Y a eso intentabas volver en 1941?

HEISENBERG A algo que hicimos en aquellos tres años... Algo que dijimos, algo que pensamos... Algo referido al modo en que trabajamos.

BOHR Juntos.

HEISENBERG Juntos. Sí, juntos.

MARGARITA No.

BOHR ¿No?. ¿Qué querés decir, no?

MARGARITA Juntos no. No hicieron ninguna de esas cosas juntos.

BOHR Si, las hicimos. Claro que las hicimos.

MARGARITA Cada uno hicieron su trabajo cuando estuvieron separados. Primero terminaste de resolver la mecánica cuántica en Heligoland.

HEISENBERG Bueno había llegado el verano y yo tenía mi alergia.

MARGARITA No. Te fuiste solo a esa isla diciendo que ahí no había nada que te distrajese.

HEISENBERG Si. Mi cabeza empezó a despejarse, y tuve una imagen muy definida de cómo debería ser la física atómica. De pronto me di cuenta que teníamos que limitarla a las mediciones que podíamos hacer, a lo que podíamos observar. No podemos ver los electrones dentro del átomo...

MARGARITA Como tampoco Niels puede ver los pensamientos en tu cabeza o vos los pensamientos en la de Niels.

HEISENBERG Lo único que podemos ver son los efectos que producen los electrones en la luz que ellos reflejan...

BOHR Pero las dificultades que vos intentabas resolver eran aquellas que habíamos explorado juntos, comiendo en el departamento del instituto o en la casa de la playa.

HEISENBERG Por supuesto. Pero recuerdo la noche cuando las matemáticas empezaron por primera vez a armonizar con el principio de incertidumbre.

MARGARITA En Heligoland.

HEISENBERG En Heligoland.

MARGARITA Solo.

HEISENBERG Si. Fue terriblemente agotador. Pero a eso de las tres de la mañana logro resolverlo. Parece como si mirara a través de la superficie del fenómeno atómico y veo un extraño y bello mundo interior. Un mundo de estructuras puramente matemáticas.Y si - estaba feliz-.

MARGARITA Más feliz de lo que estuviste con nosotros el invierno siguiente.

HEISENBERG Por supuesto ¿Con todas esas tonterías de Schrodinger?

BOHR ¿Tonterías? Vamos. ¿La formulación de la mecánica ondulatoria de Schrodinger?

MARGARITA ... ¡Dijo que era repulsiva!

HEISENBERG Dije que las consecuencias para la física eran repulsivas. Schrodinger dijo que mis matemáticas eran repulsivas.

BOHR A mí me parece recordar que usaste otra palabra.

HEISENBERG Vos lo invitaste aquí a Schrodinger...

BOHR Para mantener un debate apacible sobre nuestras diferencias.

HEISENBERG Y vos caíste sobre él como un loco. Lo vas a buscar a la estación y arremetes contra él antes de que pudiera bajar sus valijas del tren. Y luego la siguís contra él desde las primeras horas de la mañana hasta la medianoche.

BOHR ¿Yo la sigo? ¡Él la seguía!

HEISENBERG ¡Por que no querías hacer la menor concesión!

BOHR ¡Y él tampoco!

HEISENBERG ¡Lo hiciste enfermar! ¡Tuvo que meterse en la cama para poder alejarse de vos!

BOHR Tuvo un leve resfrío con algo de fiebre.

HEISENBERG ¡Margarita lo tuvo que cuidar!

MARGARITA Le di cantidades de té y torta para que no se debilitara.

HEISENBERG ¡Sí, mientras que vos no lo dejáste en paz ni en la cama! ¡Te sentáste ahí y lo martilláste a palabras!

BOHR Muy cortésmente.

HEISENBERG ¡Vos eras el Papa y el Santa Oficio y la Inquisición en una sola persona! Y entonces, después de que Schrödinger se fue huyendo de tu casa –y esto no me lo voy a olvidar, Bohr, no voy a dejar que lo olvides nunca – te pusiste de su lado. ¡Me atacaste a mí!

BOHR Porque a esa altura habías enloquecido. Te habías vuelto un fanático. De ninguna manera querías permitirle un lugar en la mecánica cuántica a la teoría ondulatoria.

HEISENBERG ¡Me traicionaste!

BOHR Dije que la mecánica ondulatoria de Schrödinger y tu mecánica de las matrices eran simplemente herramientas alternativas.

HEISENBERG Estabas aceptando algo de lo que siempre me acusa a mí: "Si funciona, funciona". No importa el significado.

BOHR Por supuesto que me importa el significado. Tenemos que explicárselo a Margarita.

MARGARITA ¿A mí? ¡Si no se lo podían explicar entre ustedes! ¡Seguían discutiendo hasta la madrugada todas las noches! ¡Los dos se enojaban tanto!

BOHR Quedábamos exhaustos.

MARGARITA El experimento de la cámara de niebla terminó con esas discusiones.

BOHR Sí, porque si se desprende un electrón de su átomo, y pasa a través de una cámara de niebla, se puede ver la huella que deja.

HEISENBERG Y es un escándalo. ¡Porque no debería haber una huella!

MARGARITA De acuerdo a tu manera de ver la mecánica cuántica.

HEISENBERG ¡No hay una huella! ¡No hay órbitas! ¡Ni huellas ni trayectorias! ¡Sólo efectos externos!

MARGARITA Pero ahí está la huella. La vi yo misma, tan clara como la estela que deja un barco al pasar.

BOHR Era una paradoja fascinante.

HEISENBERG Y a vos te encantaban las paradojas, ese es tu problema. Te regodeabas en las contradicciones.

BOHR Sí, y vos nunca pudiste entender el encanto que hay en la paradoja y la contradicción. Ese es tu problema. Vivís y respiras paradojas y contradicciones, pero no sos capaz de ver la belleza de ellas, como el pez no puede ver la belleza del agua.

HEISENBERG A veces me sentía atrapado en una especie de infierno sin ventanas. Vos no te das cuenta de lo agresivo que sos. Dando vueltas por la habitación como si estuvieras por comerte a alguien - y yo puedo adivinar quién va a ser.

BOHR Pero así hacíamos la física.

MARGARITA ¡No! ¡Al final lo hiciste por tu cuenta, solo! Te fuiste a esquiar a Noruega.

BOHR ¡Tenía que alejarme de todo eso!

MARGARITA ¡Y resolviste la complementariedad, en Noruega, por tu cuenta! Ustedes dos funcionan mucho mejor por separado.

HEISENBERG Tenerlo a él lejos, fue un gran alivio, como poder escaparle a mi alergia en Heligoland.

MARGARITA Si yo fuera el maestro no los dejaría sentarse juntos.

HEISENBERG Y ahí fue cuando desarrollé el principio de incertidumbre. Caminando solo en la oscuridad. Empiezo a pensar qué verías vos, si pudieses enfocar un telescopio sobre mí, desde las montañas de Noruega. Me verías junto a los faroles de la calle, luego nada mientras yo me desvanecía en la oscuridad, luego otro vistazo mientras paso por la luz de otro farol. Y eso es lo que vemos en la cámara de niebla. No una huella continua sino una serie de visiones breves - una serie de colisiones entre el electrón que pasa y varias moléculas de vapor de agua. O pienso en tu viaje a Leiden en 1925. ¿Qué veía Margarita de ese viaje, estando en su hogar, aquí en Copenhagen?. Una postal de Hamburgo, quizás. Luego una de Leiden. Una de Gottingen. Una de Berlín. Por que lo que vemos en la cámara de niebla ni siquiera son las colisiones en si mismas, sino las gotas de agua que se condensan alrededor de ellas. No hay huella, no hay direcciones precisas; solo una lista borrosa de las ciudades que visitaste. No sé por qué no se nos ocurrió antes, estábamos demasiado ocupados discutiendo para siquiera pensar.

BOHR En cambio parecía que vos habías abandonado todo tipo de discusión. ¡Cuándo regresé de Noruega me encontré con que habías hecho un borrador de tu trabajo sobre el principio de incertidumbre y que ya lo había mandado a publicar!

MARGARITA Y entonces empieza el combate.

BOHR ¡Mi muy querido Heisenberg, no es un comportamiento muy franco apurarse a imprimir un primer borrador antes de haberlo discutido juntos! ¡Esa no es nuestra manera de trabajar!

HEISENBERG ¡No! ¡La manera en que trabajamos es que me acosas desde la primera hora en la mañana hasta la última hora de la noche! ¡La manera en que trabajamos es que me volvés loco!

BOHR Sí, por que tu informe tiene un error fundamental.

MARGARITA Ahí estan en pleno combate.

HEISENBERG Yo le muestro la verdad más extraña acerca del universo con la que jamás nos hayamos topado desde la teoría de la relatividad: que nunca se puede saber todo sobre el paradero de una partícula, o de cualquier otra cosa – ni siquiera de Bohr ahora, mientras da vueltas de un lado al otro de la habitación de ese modo suyo tan irritante –.Yo hago añicos el universo objetivo que lo rodea, ¡y lo único que podés decirme es que tengo un error en la formulación!

BOHR ¡Y lo tenés!

MARGARITA ¿Quieren té? ¿Torta?

HEISENBERG Escúchame, en mi trabajo lo que intentamos localizar no es un electrón libre, de viaje a través de una cámara de niebla, sino a un electrón cuando está en su lugar, dando vueltas adentro de un átomo...

BOHR Y la incertidumbre no surge, como vos sostenés – a través de su impreciso retroceso cuando es golpeado por un fotón que avanza...

HEISENBERG ¡Lenguaje sencillo, lenguaje sencillo!

BOHR Estoy hablando en un lenguaje sencillo.

HEISENBERG Escuchame...

BOHR El lenguaje de la mecánica clásica.

HEISENBERG ¡Escuchame! Copenhagen es un átomo. Margarita es su núcleo. ¿Está bien la escala? ¿Diez mil a uno?

BOHR Sí, sí.

HEISENBERG Y Bohr es un electrón. Está paseando por alguna parte de la ciudad en la oscuridad, nadie sabe dónde. Está aquí, está allá, está en todas partes y en ninguna. Yo soy un fotón. Un quantum de luz. Soy enviado dentro de la oscuridad para encontrar a Bohr. Y tengo éxito, porque logro chocar con él... ¿Pero, qué sucedió? ¡Mirá, te desaceleraste! ¡Te desviaste! ¡Ya no estás haciendo exactamente lo mismo que tan irritantemente estabas haciendo cuando te choqué!

BOHR ¡Pero Heisenberg, Heisenberg! ¡También has sido desviado! ¡Si se puede ver qué ha sucedido con vos y con tu partícula de luz entonces pueden calcular qué me ha pasado a mí! ¡El problema es saber qué te ha sucedido a vos! Porque para comprender cómo se te ve, nosotros tenemos que tratarte no solo como a una partícula, sino como a una onda. Tengo que usar no sólo tu mecánica sobre las partículas, también tengo que usar la mecánica ondulatoria de Schrödinger.

HEISENBERG Ya lo sé, lo añadí en una posdata a mi artículo.

BOHR Todos recuerdan tu informe, pero nadie recuerda tu posdata. Pero el asunto es fundamental. Las partículas son cosas, completas en sí mismas. Las ondas son alteraciones que se producen en otras cosas.

HEISENBERG Ya lo sé. La complementariedad. Está en la posdata.

BOHR Vos nunca aceptaste absoluta y totalmente la teoría de la complementariedad, ¿verdad?

HEISENBERG ¡Sí! ¡Absoluta y totalmente! ¡La defendí en la Conferencia de Como de 1927! Soy un fiel partidario desde entonces. Me convenciste. Acepté tus críticas humildemente.

BOHR No antes de decirme algunas cosas profundamente hirientes.

HEISENBERG ¡En un momento literalmente me hiciste llorar!

BOHR Yo las diagnostiqué como lágrimas de frustración y de rabia.

HEISENBERG ¿Un berrinche infantil?

BOHR Yo crié mis hijos.

HEISENBERG ¿Y qué pasó con Margarita? ¿Ella también tuvo una rabieta? Me enteré que la hiciste llorar después que me fui, haciéndola tipear tus interminables correcciones de tu tesis sobre la complementariedad.

BOHR De eso no me acuerdo.

MARGARITA Yo sí.

HEISENBERG Tuvimos que arrancarlo de su cama a Pauli en Hamburgo para que viniera una vez más a Copenhagen a negociar la paz.

BOHR Lo logró. Terminamos con un tratado. La incertidumbre y la complementariedad se irguieron como los dos pilares centrales de las Interpretaciónes de la Mecánica Cuántica de Copenhagen.

HEISENBERG Un compromiso político, desde luego, como la mayoría de los tratados.

BOHR ¿Ves? En algún lugar dentro tuyo todavía hay reparos secretos.

HEISENBERG Para nada, funciona. Eso es lo que importa. ¡Funciona, funciont!

BOHR Sí, funciona. Pero es más importante que eso. Porque, ¿se das cuenta de qué hicimos en esos tres años, Heisenberg? ¡No quiero exagerar pero nosotros dimos vuelta el mundo como una media! Sí, escuchen, presten todos atención: Volvimos a poner al hombre en el centro del universo. A través de la historia somos desplazados continuamente. Primero nos convertimos en meros accesorios de los insondables propósitos de Dios, diminutas figuras arrodilladas en la gran catedral de la creación. ¡Y ni bien nos recuperamos en el Renacimiento, apenas el hombre se ha restablecido como la medida de todas las cosas – como proclamaba Protágoras – entonces somos desplazados otra vez por los productos de nuestro propio razonamiento! Somos empequeñecidos otra vez mientras los físicos construyen las nuevas catedrales grandiosas de la mecánica clásica para que nosotros las admiremos. Hasta que llegamos a principios del siglo veinte, y de repente nos vemos forzados a levantarnos nuevamente de nuestra postración.

HEISENBERG Empieza con Einstein.

BOHR Empieza con Einstein. El muestra que la medida –o sea la medida de la cual depende toda la posibilidad de la existencia de la ciencia– la medida, no es un evento impersonal que ocurre con la imparcialidad del universo. Es un acto humano, llevado a cabo desde un punto de vista específico en el tiempo y en el espacio, desde el punto de vista particular de un posible observador. Y aquí, en Copenhagen, en aquellos tres años a mediados de los años veinte, nosotros descubrimos que no hay un universo objetivo determinable con precisión. Que el universo existe sólo como una serie de aproximaciones. Sólo dentro de los límites determinados por nuestra relación con él. Sólo a través del entendimiento alojado en la cabeza del ser humano.

MARGARITA ¿Entonces este hombre que pusiste en el centro del universo es Bohr o es Heisenberg?

BOHR Bueno, mi amor, vamos.

MARGARITA Es que no es lo mismo.

BOHR Cualquiera de los dos. Cualquiera de nosotros.

MARGARITA Si Heisenberg es el que está en el centro del universo, entonces esa partícula del universo que él no puede ver es el mismo. Así que no tiene sentido preguntarle por qué vino a Copenhagen en 1941. ¡El no lo sabe! No consiste en eso la teoría de la complementariedad. He tipeado tanto sobre el tema. Si alguien está haciendo algo en lo cuál tiene que concentrarse no puede al mismo tiempo estar pensando en hacerlo, y si piensa en hacerlo entonces en realidad no puede estar haciéndolo. Ahora perdoname pero vos ni siquiera sabés por qué desarrollaste el principio de incertidumbre.

BOHR Mientras que si sos la que está en el centro del universo...

MARGARITA Entonces puedo decirle que fue porque quería destruirlo a Schrödinger.

HEISENBERG Yo quería demostrar que él estaba equivocado, por supuesto.

MARGARITA El estaba ganando. Cuando la cátedra de Leipzig quedó vacante, él era uno de los candidatos y no vos. Entonces ahí usted publica su maravilloso principio.

BOHR No es por criticar, Margarita, pero tenés una tendencia a reducir todo al plano personal.

MARGARITA ¡Por que todo es personal! ¡Acabas de darnos una conferencia al respecto! Cuando contas la historia todo está en orden, todo tiene un principio, un medio y un final. ¡Pero yo estaba ahí! ¡Y cuando recuerdo cómo era todo y miro a mi alrededor, lo que veo no es un cuento! Es confusión y rabia y celos y lágrimas y que nadie sabe lo que significan las cosas ni qué camino van a seguir.

HEISENBERG De todos modos, funciona, funciona.

MARGARITA Sí, funciona maravillosamente bien. Después de tres meses de haber publicado tu trabajo sobre el principio de incertidumbre te ofrecen la cátedra de Leipzig.

HEISENBERG No me refería a eso.

MARGARITA Sin mencionar las otras que te ofrecieron.

HEISENBERG Si muchas.

BOHR Y varias universidades norteamericanas.

HEISENBERG Pero no me refería a eso.

MARGARITA ¿Y qué edad tenés cuando te hacés cargo de la cátedra en Leipzig?

HEISENBERG Veintiséis.

BOHR El profesor titular más joven de Alemania.

HEISENBERG Cuando digo que funciona me refiero a la Interpretación de Copenhagen. La Interpretación de Copenhagen funciona. Y continúa funcionando.

MARGARITA Sí. ¿Y por qué al final los dos aceptaron la Interpretación? ¿Crees de verdad que fue porque querían restablecer el humanismo?

BOHR Por supuesto que no. Fue por que era el único modo de explicar los experimentos.

MARGARITA ¿O fue por que ahora que te habías convertido en profesor necesitabas crear una doctrina sólidamente establecida para enseñar? ¿O porque querías que tus nuevas ideas fueran públicamente respaldadas por el Papa de Copenhagen? Y tal vez Niels decidió apoyarlas a cambio de que aceptases las doctrinas que él había creado y lo reconocieras como cabeza de la iglesia. Y si quiere saber a qué viniste a Copenhagen en 1941, también te lo voy a decir. Tenés razón, no es tan misterioso: viniste a pavoniarte con nosotros.

BOHR ¡Margarita!

MARGARITA ¡No! Cuando llegó acá en 1924 era un humilde asistente de una nación humillada, agradecido por tener trabajo. Y ahora regresa triunfante, el científico más importante de la nación que ha conquistado la mayor parte de Europa. Vino a mostrarnos lo bien que le va en la vida.

BOHR ¡No podés seguir diciendo eso!

MARGARITA Lo siento, ¿pero no es por eso que está acá? Porque arde en deseos de que sepamos que él está a cargo de alguna pieza vital de alguna investigación secreta. Y que no obstante él ha conservado una elevada independencia moral. La preserva tan claramente que hasta debe ser vigilado por la Gestapo. La preserva con tanto éxito que ahora también sufre un importante y maravilloso dilema moral que debe afrontar.

BOHR Sí, bueno, ahora sólo te estás dando cuerda para seguir atacando.

MARGARITA Una reacción en cadena. Uno cuenta una verdad dolorosa y eso lleva a dos más. Y como francamente lo admitís, vas a regresar para continuar haciendo precisamente lo que hacía antes, diga lo que le diga Niels.

HEISENBERG Así es.

MARGARITA Por, ni soñando renunciarías a una oportunidad tan magnífica para investigar.

HEISENBERG No, si lo puedo evitar no.

MARGARITA También quierés demostrarle a los nazis lo útil que es la física teórica. Querés salvar el honor de la ciencia alemana. Querés estar ahí para restablecerla con toda su gloria en cuanto termine la guerra.

HEISENBERG De cualquier modo no le cuento a Speer que el reactor va a producir plutonio.

MARGARITA No, porque temés lo que pasaría si los nazis invierten grandes recursos, y fracasás en tu intento de darles la bomba. Por favor, no intentes decirnos que sos un héroe de la resistencia.

HEISENBERG Nunca pretendí ser un héroe.

MARGARITA Tu talento reside en esquiar tan rápido que nadie puede ver en dónde estás. Siempre en más de una posición a la vez, como una de sus partículas.

HEISENBERG Sólo puedo decir que funcionó. A diferencia de lo que le pasó a la mayoría de los héroes de la resistencia. ¡Funcionó! Sé lo que piensan. Piensan que tendría que haberme unido al complot contra Hitler, para que me ahorcasen como al resto.

BOHR Desde luego que no.

HEISENBERG No lo dicen, porque hay algunas cosas de las que mejor no hablar. Pero lo piensan.

BOHR No.

HEISENBERG ¿Qué habría logrado? ¿Qué habrías conseguido si te hubieras arrojado para salvar a Cristian y te hubieras ahogado también? Pero eso tampoco se puede decir.

BOHR Sólo pensarse.

HEISENBERG Sí. Lo siento.

BOHR Y volver a pensar y pensar. Cada día.

HEISENBERG A vos te tuvieron que sujetar para que no te tiraras, lo sé.

MARGARITA Mientras que vos te sujetaste a vos mismo.

HEISENBERG Sin embargo es mejor quedarse en el barco. Es mejor mantenerse vivo, y arrojar el salvavidas. ¡Sin ninguna duda!

BOHR Tal vez sí. Tal vez no.

HEISENBERG Es mejor. Es mejor.

MARGARITA Realmente es increíble. Los dos razonaron el camino hacia el minúsculo mundo del átomo con una precisión y una delicadeza asombrosa. Ahora resulta que todo depende de estos objetos inmensos que cargamos sobre los hombros. Y lo que está sucediendo ahí es...

HEISENBERG Elsinore. La oscuridad dentro del alma humana.

MARGARITA Elsinore, sí.

HEISENBERG Si, quizás tengas razón Margarita. Tenía miedo de las consecuencias. Yo era consciente de que estaba del lado de los ganadores... ¡Tantas explicaciones para todo lo que hice! No le conté a Speer simplemente por que no se me ocurrió. Y vine a Copenhagen simplemente por que sí se me ocurrió. Un millón de cosas que podríamos hacer o no todos los días. Un millón de decisiones que se toman solas. ¿Por qué no me mataste?

BOHR ¿Por qué no te que...?

HEISENBERG Matarme. Asesinarme. Aquella noche de 1941. Ahí estamos, caminando, regresando a la casa, y vos acabas de llegar a la conclusión de que le voy a proveer a Hitler armas nucleares. Seguramente vas a tomar los recaudos necesarios para que eso no suceda.

BOHR ¿Asesinándote?

HEISENBERG Estamos en medio de una guerra. Soy un enemigo. No hay nada extraño o inmoral en matar a un enemigo. Podés hacerlo sin ruido, sin sangre, sin sufrimiento. Tan limpiamente como un piloto que aprieta un botón a tres mil metros de altura dejando caer una bomba sobre la tierra. Simplemente esperás a que me haya ido. Te sentás tranquilamente en tu sillón favorito y le repite en voz alta a Margarita, frente a nuestro público invisible, lo que acabo de contarte, y yo estaré muerto en muy poco tiempo.

BOHR Mi querido Heisenberg, la idea es desde luego...

HEISENBERG De lo más interesante. Tan interesante que ni siquiera se te ocurrió. Una vez más, la complementariedad. Yo soy tu enemigo; también soy tu amigo. Soy un peligro para la humanidad; también soy tu invitado. Soy una partícula; también soy una onda. Tenemos un conjunto de obligaciones para con el mundo en general, y otro conjunto de obligaciones irreconciliables con nuestros compatriotas, con nuestros vecinos, nuestros amigos, familia, hijos. Todo lo que podemos hacer es actuar y luego mirar atrás y ver que pasó.

MARGARITA Te voy a contar otro motivo por el que hiciste el principio de incertidumbre; tenés una afinidad natural por el.

HEISENBERG Entonces, te debe resultar gratificante verme volver derrotado en 1947. Arrastrándome por el piso nuevamente. Con mi nación en ruinas otra vez.

MARGARITA En realidad no. Estás demostrando que en lo personal has salido victorioso una vez más.

HEISENBERG ¿Mendigando paquetes de comida?

MARGARITA No. Cuando te quedás en Göttingen bajo protección británica, a cargo de la ciencia alemana de posguerra.

HEISENBERG El primer año en Göttingen dormí sobre paja.

MARGARITA Isabel me contó que después tuvieron una casa encantadora.

HEISENBERG Me la dieron los británicos.

MARGARITA Tus nuevos padres adoptivos. Que se la habían confiscado a otro.

BOHR Suficiente, mi amor, basta.

MARGARITA No, me tragué mis pensamientos durante todos estos años. ¡Pero es enloquecedor que este hijo nuestro, tan inteligente, esté permanentemente rogando que le digamos cuáles son los límites de su libertad, para después ir y transgedirlos! ¿Arrastrándote por el piso? ¡El que está arrastrándose es mi querido y buen marido! Literalmente. Arrastrándose hacia la playa en la oscuridad, en 1943, huyendo de su patria como un ladrón en la noche, para que no lo asesinen. La protección de la embajada alemana de la que tanto te jactabas no duró mucho. Nos incorporaron a los enemigos del Reich.

HEISENBERG Yo se los advertí en 1941. No me escucharon. Por lo menos Bohr escapó a Suecia.

MARGARITA ¿Sí? ¿Y dónde estás mientras tanto? Encerrado en una cueva como un salvaje, tratando de conjurar a un espíritu diabólico. Al final, a eso se redujo toda esa primavera luminosa de los años 20, eso fue lo que produjo: una máquina más eficiente para matar gente.

BOHR Se me rompe el corazón cada vez que lo pienso.

HEISENBERG Nos rompió el corazón a todos.

MARGARITA Y esta máquina maravillosa todavía puede llegar a matar a cada hombre, a cada mujer y a cada niño del planeta. ¿Y si nosotros somos realmente el centro del universo, si nosotros somos realmente lo único que mantiene su existencia, qué va a quedar?

BOHR La oscuridad. Una oscuridad total y final.

MARGARITA Hasta las preguntas que nos atormentan al final se extinguirán. Hasta los fantasmas se morirán.

HEISENBERG Lo único que puedo decir es que yo no lo hice. Yo no fabriqué la bomba.

MARGARITA ¿No, y por qué? También te lo voy a decir. Es la razón más sencilla de todas. Por que no pudiste. No entendías nada de física.

HEISENBERG Eso dijo Goudsmit.

MARGARITA Y Goudsmit sabía lo que decía. Era uno de los miembros de tu círculo mágico.

HEISENBERG Si pero él no tenía ni idea de lo que yo comprendía o no respecto de la bomba.

MARGARITA Te buscó por toda Europa para la inteligencia de los aliados. Él te interrogó cuando fuiste capturado.

HEISENBERG Me culpó a mí, por supuesto. Sus padres habían muerto en Auschwitz. Pensaba que yo debería haber hecho algo para salvarlos. No sé qué.

MARGARITA Él dijo que no entendías la diferencia crucial entre un reactor y una bomba.

HEISENBERG Yo la entendía muy claramente. Simplemente no se lo dije a los demás.

MARGARITA Ah.

HEISENBERG Pero la entendía.

MARGARITA Secretamente.

HEISENBERG Pueden chequearlo si no me creen.

MARGARITA ¿Hay evidencia?

HEISENBERG Todo fue registrado con mucho cuidado.

MARGARITA ¿Hay testigos?

HEISENBERG Testigos intachables.

MARGARITA ¿Qué lo escribieron?

HEISENBERG Que lo grabaron y lo transcribieron.

MARGARITA ¿A pesar de que no se lo contaste a nadie?

HEISENBERG Se lo conté a una sola persona. Se lo conté a Otto Hahn. Esa noche terrible en Farm Hall, cuando quedamos solos después de que escuchamos el noticiero.. Le di una explicación más que razonable de cómo había funcionado la bomba.

MARGARITA ¿Después del hecho?

HEISENBERG Después del hecho. Sí. Cuando ya no importaba. Hablé de todas las cosas que Goudsmit decía que yo no entendía.

BOHR La masa crítica. Eso era lo más importante. La cantidad de material que se necesitaba para establecer la reacción en cadena. ¿Le dijiste a él cuál era la masa crítica?

HEISENBERG Le di una cifra, sí. ¡Averigualo si no me crees! Tenían micrófonos por todas partes... estaban grabando todo lo que dijimos. Todo lo que le conté a Hahn esa madrugada.

BOHR Pero la masa crítica. Le diste una cifra. ¿Cuánto era?

HEISENBERG Me olvidé.

BOHR Heisenberg...

HEISENBERG Está en los grabaciones. Podés escucharlo.

BOHR La cifra para la bomba de Hiroshima...

HEISENBERG Era de cincuenta kilos.

BOHR ¿Esa fue la cifra que le diste a Hahn? ¿Cincuenta kilos?

HEISENBERG Le dije una tonelada aproximadamente.

BOHR ¿Una tonelada? ¿Mil kilos? Heisenberg, creo que por fin estoy empezando a entender algo.

HEISENBERG Lo único en lo que estaba equivocado.

BOHR Estabas excedido veinte veces.

HEISENBERG Lo único.

BOHR Pero Heisenberg, ¡tus matemáticas, tus matemáticas! ¿Cómo podía estar tan alejadas?

HEISENBERG No lo estaban. En cuanto calculé la difusión obtuve el resultado correcto.

BOHR ¿Apenas la calculaste?

HEISENBERG Una semana después les di a todos una conferencia sobre eso. ¡Está grabado! ¡Búsquelo!

BOHR Qerés decir... ¿que no lo habías calculado antes? ¿No resolviste la ecuación de difusión?

HEISENBERG No había necesidad.

BOHR ¿No había necesidad?

HEISENBERG El cálculo ya entaba hecho.

BOHR ¿Hecho por quién?

HEISENBERG Por Perrin y Flugge en 1939.

BOHR ¿Por Perrin y Flugge? Pero mi querido Heisenberg, eso era para el uranio natural.Wheeler y yo demostramos que el único que se fisionaba era el 235.

HEISENBERG Tu gran tesis. La base de todo lo que hicimos.

BOHR Así que necesitabas calcular la cifra para el 235 puro.

HEISENBERG Obiamente

BOHR ¿Y no lo hiciste?

HEISENBERG No lo hice.

BOHR Y por eso estabas tan confiado en que no ibas a poder hacer la bomba hasta que no obtuvieras el plutonio. Porque te pasaste toda la guerra creyendo que se necesitaba una tonelada de 235 y no unos pocos kilos. Y para obtener una tonelada de 235 en un tiempo posible...

HEISENBERG Hubiera necesitado algo así como doscientos millones de separadores. Era claramente inimaginable.

BOHR Si te hubiera dado cuenta de que sólo tenía que producir unos pocos kilos...

HEISENBERG Hasta para hacer un kilo se hubieran necesitado aproximadamente doscientos mil separadores.

BOHR Pero doscientos millones es una cosa; doscientos mil es otra, y su construccion es posible de imaginar.

HEISENBERG Es posible.

BOHR Los americanos sí se lo imaginaron.

HEISENBERG Por que Otto Frisch y Rudolf Peierls resolvieron la ecuación de difusión. Tendrían que haber estado haciendo sus cálculos para nosotros, en Berlín. Pero en vez de eso, lo hicieron en Inglaterra.

MARGARITA Porque eran judíos.

BOHR Y descubrieron lo rápido que iba a ir la reacción en cadena.

HEISENBERG Y por lo tanto el poco material que se iba a necesitar. Pero también se equivocaron. Un poco mas de medio kilo.

BOHR Estaban equivocados por supuesto. Lo hacían parecer cien veces más imaginable de lo que en realidad era.

HEISENBERG En cambio, yo hice que pareciera veinte veces menos imaginable.

BOHR Así que podrías haber fabricado la bomba sin construir un reactor. Lo podrías haber hecho con el 235 desde el principio.

HEISENBERG Casi seguro que no.

BOHR Sin embargo, era posible.

HEISENBERG Podía ser posible.

BOHR Y ese problema lo tenías resuelto mucho antes de llegar a Copenhagen. Simplemente al no tratar de probar la ecuación de difusión.

HEISENBERG Qué falla más insignificante.

BOHR Pero las consecuencias fueron enormes.

HEISENBERG Tan grandes como para salvar a una ciudad. ¿Cuál ciudad? Cualquiera de las ciudades sobre las que nunca arrojamos nuestra bomba.

BOHR Londres, supongo, si la hubieran tenido a tiempo. Pero si los americanos ya habían ingresado a la guerra, y los aliados habían comenzado a liberar Europa, entonces...

HEISENBERG ¿Quién sabe? París también. Amsterdam. Tal vez, Copenhagen.

BOHR Entonces Heisenberg, contanos algo muy simple: ¿por qué no hiciste los cálculos?

HEISENBERG ¡No lo sé! ¡No sé por qué no lo hice! ¡Porque no se me ocurrió! ¡Porque no lo pensé! ¡Porque supuse que no valía la pena hacerlo!

BOHR ¿Supusiste? ¡Vos nunca suponías las cosas! ¡Así fue como llegaste al principio de incertidumbre, porque rechazaste nuestras suposiciones! ¡Vos calculabas, Heisenberg! ¡Calculabas todo! ¡Lo primero que hacías con un problema era usar las matemáticas!

HEISENBERG Deberías haber estado ahí para frenarme.

BOHR Sí, no te lo hubiera dejado pasar por alto si yo hubiera estado ahí supervisándote.

HEISENBERG ¡A pesar de que vos hiciste exactamente la misma suposición! ¡Vos creías que no había peligro por exactamente las mismas razones que yo! ¿Por qué no hiciste el cálculo?

BOHR ¿Por qué no hice el cálculo?

HEISENBERG ¡Contanos por qué no lo calculaste y sabremos por qué no lo hice yo!

BOHR ¡Es obvio por qué yo no lo hice!

HEISENBERG A ver... Continúa.

MARGARITA ¡Porque él no intentaba fabricar una bomba!

HEISENBERG Muchas gracias. Por que él no intentaba fabricar una bomba. Me imagino que a mí me pasaba lo mismo. Porque yo no estaba tratando de construir una bomba. Muchas gracias.

BOHR Entonces te engañaste a vos mismo, como me pasó a mí en el póker con la escalera real que nunca tuve. Pero en ese caso...

HEISENBERG ¿Por qué vine a Copenhagen? Sí, ¿por qué vine...?

BOHR Analicemos un borrador más, ¿sí? ¡Un borrador final!

HEISENBERG Y una vez más aplasto las piedritas tan familiares hasta la puerta de la casa de los Bohr y hago sonar la tan familiar campana. ¿Por qué he venido? Lo sé perfectamente bien. Lo sé tan bien que no tengo necesidad de preguntármelo. Hasta que una vez más la pesada puerta se abre.

BOHR Él está parado en el umbral de la puerta parpadeando por la repentina inundación de luz que viene del interior de la casa.

HEISENBERG Y, repentinamente, las razones que estaban claras dentro de mi cabeza pierden definición. La luz cae sobre ellas y se desparraman.

BOHR ¡Mi querido Heisenberg!

HEISENBERG ¡Mi querido Bohr!

BOHR Pasá, pasá...

HEISENBERG Qué difícil es ver aún aquello que está frente a nuestros ojos. Lo único que poseemos es el presente, y el presente se disuelve constantemente en el pasado. Bohr desaparece cuando me doy vuelta para mirarla a Margarita.

MARGARITA Niels tiene razón. Se te ve mayor.

BOHR Tengo entendido que tuviste algún problema personal.

HEISENBERG Margarita pasó a la historia mientras me doy vuelta hacia Bohr. Y sin embargo, cuánto mas difícil es vislumbrar lo que hay detrás de nuestros ojos. Aquí estoy, en el centro del universo, y sin embargo, lo único que puedo ver son las dos sonrisas que no me pertenecen.

MARGARITA ¿Cómo está Isabel? ¿Cómo están los chicos?

HEISENBERG Muy bien. Mandan cariños... Puedo presentir una tercera sonrisa en la habitación, muy cerca de mí. ¿Podría ser la que, de pronto, veo por un instante en aquel espejo?

MARGARITA Observo las dos sonrisas en el cuarto, una incómoda y que intenta congraciarse, la otra que se está transformando de cálida a meramente cortés. Sé que hay también una tercera sonrisa en la habitación, inalterable, amable – espero – y cautelosa.

HEISENBERG ¿Has podido practicar un poco de esquí?

BOHR Yo la miro de reojo a Margarita, y por un instante veo lo que ella puede ver y yo no – a mí mismo, y a la sonrisa que se va desvaneciendo de mi cara mientras el pobre Heisenberg sigue equivocándose.

HEISENBERG Yo los miro a los dos que me miran, y por un segundo veo a la tercera persona en la habitación tan claramente como los veo a ellos. Su huésped inoportuno, tropezando de una grosería a la otra.

BOHR Lo veo mirándome, ansioso, suplicante, intentando que volvamos a los viejos tiempos, y yo veo lo que él ve que falta alguien en la habitación. Me ve a mí. La ve a Margarita. No se ve a sí mismo.

HEISENBERG Dos mil millones de personas en el mundo, y el que tiene que decidir su destino es el único que siempre se esconde de mí.

BOHR Vos sugeriste un paseo.

HEISENBERG ¿Te acordás de Elsinore? ¿La oscuridad en el interior del alma humana...?

BOHR Y salimos. Hacia fuera, bajo los árboles otoñales. A través de las calles oscurecidas por los posibles bombardeos.

HEISENBERG Ahora no hay nadie más en el mundo excepto Bohr y ese otro ser invisible. ¿Quién es esta presencia que me envuelve en la oscuridad?

MARGARITA La partícula que vuela vagando por la oscuridad, y nadie sabe adónde va. Está aquí, está allá, está en todo lugar y en ningún parte.

BOHR Con aparente indiferencia él empieza a hacerme la pregunta que estuvo preparando.

HEISENBERG ¿Tiene uno como físico moralmente el derecho para trabajar en la explotación práctica de la energía atómica?

MARGARITA El gran choque.

BOHR Yo me detengo. El se detiene...

MARGARITA Así es como trabajan.

HEISENBERG Él me mira, horrorizado.

MARGARITA Ahora, por fin, sabe dónde está y qué está haciendo.

HEISENBERG El se da vuelta.

MARGARITA Y apenas comienza el momento del choque, ya se terminó.

BOHR Ya estamos regresando apurados a la casa.

MARGARITA Ya están los dos escapándose uno del otro en la oscuridad.

HEISENBERG Nuestra conversación se terminó.

BOHR Nuestra gran sociedad también.

HEISENBERG Toda nuestra amistad.

MARGARITA Y todo con respecto a él se vuelve tan incierto como antes.

BOHR A menos que... si... un experimento hipotético... Supongamos por un momento que no me voy volando en la noche. Veamos qué sucede si en cambio recuerdo la figura paternal que se supone que interpreto. Si me detengo, controlo mi enojo y me vuelvo hacia él. Y le pregunto por qué.

HEISENBERG ¿Por qué?

BOHR ¿Por qué estás tan seguro de que va a ser tan tranquilizadoramente difícil construir una bomba con el 235? ¿Es por que hiciste el cálculo?

HEISENBERG ¿El cálculo?

BOHR De la difusión en el 235. No. Es por que no lo calculaste. No te habías dado cuenta conscientemente de que había que hacer un cálculo.

HEISENBERG Y por supuesto ahora sí me doy cuenta. En realidad, no sería tan difícil. Veamos... La seccion eficaz de dispersion es de aproximadamente 6 x 10-24 cm2, así que el camino libre medio sería... Espere...

BOHR Y de pronto un nuevo mundo muy distinto y muy terrible empieza a tomar forma...

MARGARITA Ese fue el mayor y último pedido que Heisenberg te hizo. El que lo comprendieras cuando él no podía comprenderse a sí mismo. Y ese fue el mayor y último acto de amistad que tuviste con él: dejarlo en el error.

HEISENBERG Sí. Tal vez yo debería agradecértelo.

BOHR Quizás deberías.

MARGARITA Como sea, fue el fin de la historia.

BOHR Aunque tal vez también yo debería agradecerte algo. Esa noche de verano en 1943, cuando me escapé en el bote pesquero, y los barcos de carga llegaron desde Alemania...

MARGARITA ¿Y eso qué tiene que ver con Heisenberg?

BOHR Cuando los barcos llegaron ese miércoles había ocho mil judíos en Dinamarca que iban a ser arrestados y arrojados en sus bodegas. Al día siguiente, en vísperas del año nuevo judío, cuando la SS empezó a acorralarlos, apenas si se encontraba un judío.

MARGARITA Habían sido escondidos en las iglesias y los hospitales, y en las casas de los vecinos y en casas de campo.

BOHR ¿Y cómo fue posible eso? Porque alguien en la Embajada Alemana nos había dado el dato.

HEISENBERG Georg Duckwitz, su especialista en navegación.

BOHR ¿Uno de tus hombres?

HEISENBERG Uno de mis amigos.

BOHR Fue un informante increíble. Nos avisó el día anterior a que llegaran los cargueros –el mismo día que Hitler dio la orden –. Él nos dio la hora exacta en la que la SS iba a actuar.

MARGARITA Fue la resistencia la que los sacó de sus escondites y los pasó de contrabando a Suecia.

BOHR Que un puñado de nosotros lograra escapar a los barcos de patrulla alemanes en un barco pesquero ya era bastante increíble. Pero que una armada completa lograra pasar con la mayor parte de ocho mil personas a bordo, era como si se abriese el Mar Rojo.

MARGARITA Yo creía que aquella noche no había barcos patrulleros alemanes...

BOHR No. De pronto todo el escuadrón había sido declarado no apto para salir al mar por razones de seguridad.

HEISENBERG Cómo lo lograron, no me lo puedo imaginar.

BOHR Así que quizás debería agradecerte.

HEISENBERG ¿Por qué?

BOHR Por mi vida. Por todas nuestras vidas.

HEISENBERG A esa altura, no tenía nada que ver conmigo. Lamento decirlo.

BOHR Pero luego de que me fui, volviste a Copenhagen.

HEISENBERG Para asegurarme que nuestra gente no se apoderase del Instituto en tu ausencia.

BOHR Tampoco nunca te agradecí por eso.

HEISENBERG ¿Sabías que me ofrecieron tu ciclotrón?

BOHR Lo podrías haber usado para separar un poco del 235.

HEISENBERG Mientras tanto, te ibas desde Suecia a Los Alamos.

BOHR Para jugar mi pequeña parte en la muerte de cien mil personas.

MARGARITA ¡Niels, no hiciste nada malo!

BOHR ¿No?

HEISENBERG Claro que no. Fuiste un buen hombre, del principio al fin, y nadie podría decir lo contrario. Mientras que yo...

BOHR Mientras que vos, mi querido Heisenberg, nunca lograste contribuir a la muerte de una sola persona en toda tu vida.

MARGARITA Bueno, sí.

HEISENBERG ¿Sí?

MARGARITA Una. Esa historia que nos contaste. Ese pobre hombre que vigilaste toda la noche, cuando eras un chico en Munich, mientras él esperaba ser fusilado por la mañana.

HEISENBERG No, cuando llegó la mañana yo los convencí para que lo dejasen ir.

BOHR Heisenberg, tengo que decir que si a la gente se la va a medir estrictamente en términos de cantidades observables...

HEISENBERG Entonces nosotros necesitaríamos una nueva y extraña ética cuántica. Habría un lugar en el cielo para mí. Y otro para ese hombre de la SS que me encontré camino a casa desde Haigerloch. Ese fue el fin de mi guerra. Las tropas aliadas nos estaban cercando; no había nada más que pudiéramos hacer. Isabel y los chicos se habían refugiado en un pueblito de Bavaria, así que fui a verlos antes de que me capturasen. Tuve que ir en bicicleta –a esa altura ya no quedaban trenes ni otro transporte – y tenía que viajar de noche y dormir bajo los arbustos de día, porque de día el cielo estaba plagado de aviones aliados, barriendo los caminos buscando cualquier cosa que se moviera. ¿Esto era lo que había elegido para mi país? ¿Escombros interminables? ¿Este humo perpetuo en el cielo? ¿Estas caras hambrientas? ¿Era responsabilidad mía? Y toda esa gente desesperada en los caminos. Los mas desesperados de todos eran los SS. Bandas de fanáticos con nada que perder, vagando por ahí, fusilando a los desertores, colgándolos de los árboles de los costados del camino. A la segunda noche, de pronto, ¡allí estaba, esa casaca negra terrible y familiar que surgió de la penumbra frente a mí! En sus labios, mientras me detengo, esa palabra terrible y familiar. "Desertor", dice él. Se lo ve tan exhausto como yo. Le entrego la orden de viaje que yo mismo me escribí. Pero apenas hay luz para leer y está demasiado cansado para molestarse en mirarla. En cambio, empieza a abrir la funda de su pistola. Me va a pegar un tiro porque es menos trabajo. Y de repente estoy pensando con gran rapidez y con claridad, que es como esquiar o como aquella noche en Heligoland o la otra del parque detrás del Instituto. Viene a mi mente el atado de cigarrillos americanos que tengo en mi bolsillo. Y ya está en mi mano, se lo ofrezco. La solución más desesperada que haya intentado nunca. Yo espero. En el paquete hay solo dos palabras muy sencillas pero con grandes letras: Lucky Strike, Golpe de Suerte. Cierra la funda, y agarra los cigarrillos... ¡Funcionó, funcionó! Como todas las otras soluciones a todos los otros problemas. Me dejó vivir a cambio de veinte cigarrillos. Y seguí viaje. Tres días y tres noches. A través de los niños que lloraban, perdidos y famélicos, reclutados para pelear, y luego abandonados por sus comandantes. A través de los hambrientos trabajadores esclavos caminando a sus casas en Francia, en Polonia, en Estonia. A través de mi tierra querida. Mi arruinada, deshonrada y querida tierra.

BOHR ¡Mi querido Heisenberg, mi querido amigo!

MARGARITA Silencio. El silencio al que siempre regresamos.

HEISENBERG Y por supuesto sé en qué están pensando.

MARGARITA Todos aquellos chicos perdidos en los caminos.

BOHR Heisenberg vagando por el mundo, él mismo como un chico perdido.

MARGARITA Nuestros propios hijos perdidos.

HEISENBERG Y en el barco, el timón se traba una vez más.

BOHR ¡Tan cerca, tan cerca! ¡Por tan poco!...

MARGARITA Niels se para en la puerta, mirándome, entonces desvía su mirada...

HEISENBERG Y una vez más se hunde dentro de las profundidades del mar.

BOHR Antes de que podamos aferrarnos a algo, nuestra vida se ha terminado.

HEISENBERG Antes de que podamos vislumbrar quién o qué somos, nos hemos ido para siempre y nos hemos convertido en polvo.

BOHR Instalados en todo ese polvo que nosotros levantamos.

MARGARITA Y tarde o temprano llegará el tiempo en que todos nuestros hijos serán polvo, y luego los hijos de nuestros hijos.

BOHR Cuando las decisiones, grandes o pequeñas, no se vuelvan a tomar nunca más. Cuando no haya más incertidumbre, porque no habrá más conocimiento.

MARGARITA Y cuando todos nuestros ojos se hayan cerrado, cuando hasta los fantasmas se hayan ido... ¿qué quedará de nuestro adorado mundo? ¿De nuestro arruinado, deshonrado y adorado mundo?

HEISENBERG Pero mientras tanto, en éste muy preciado mientras tanto ahí está. Los árboles del parque. Los lugares amados. Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Preservados, posiblemente, por aquel momento tan breve en Copenhagen. Por algún acontecimiento que nunca va a ser localizado o definido del todo. Por ese último núcleo de incertidumbre que subyace en el corazón de todo lo que existe. (*)



(*) Fuente: La versión aquí presentada es la traducción de la obra de Michael Frayn que circuló de manera informal como acompañamiento de la representación de la obra en el Teatro General San Martín en la ciudad de Buenos Aires en el año 2002.

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