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jueves, abril 19, 2007

María Rosa de Gálvez:"Safo"


Safo


Gálvez, María Rosa (1768-1806).Poeta y dramaturga malagueña.


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Drama trágico en un acto


PERSONAJES


SAFO, poetisa griega.
CRICIAS, sacerdote del Apolo.
FAÓN, su hijo.
NICANDRO, amante de Safo.
ARISTIPO, segundo sacerdote.

MINISTROS DEL TEMPLO.
COMPARSAS DE MARINEROS GRIEGOS.
PUEBLO DE LEUCADIA.


La escena es en la isla de Leucadia. A la derecha se ve la roca del mismo nombre, desde donde se precipita SAFO. Al lado opuesto vista del templo de Apolo con puertas practicables. En el foro mar tempestuoso. La acción empieza de noche. Se oyen algunos truenos. Las nubes se disipan, y el teatro se aclara, según dicen los versos, hasta quedar iluminado enteramente por la salida del sol. [24]


Escena I

SAFO sentada m una piedra inmediata al templo.

SAFO Noche desoladora, fiel imagen
de mis continuos bárbaros tormentos;
no cese tu rigor, no tus furores:
el hórrido silbido de los vientos,
el rayo desprendido de la esfera, 5
el ronco son del pavoroso trueno
halaga un corazón, desesperado.
¡Ah! perezca en tu horror el universo.
(Se levanta.)
Perezca la morada que mantiene
al hombre entre los hombres más perverso: 10
anégale en tus aguas, mar undoso;
y entre tus ondas su cadáver yerto
suba al Olimpo, y del Olimpo baje
a sepultarse en el profundo averno.

(Empieza a serenar.)

Mas tú te calmas; ¿eres insensible 15
a mi fatal plegaria, a mis lamentos?
Eres como Faón... ¡Ay! ni su nombre
piadoso vuelve a repetir el eco.
¡Espantosa quietud! Todo enmudece,
y al tormentoso horror sigue el silencio. 20
Las negras furias que mi amor persiguen,
me privan hasta el bárbaro consuelo
de ver el orbe vacilar al choque
de los embravecidos elementos.

(Se empiezan a disipar los elementos.)

Vecina el alba volverá a la tierra 25
el marchito verdor; plácido el cielo
ofrece al fin serenidad y vida.
Hoy, por la última vez, el firmamento
verán mis ojos de llorar cansados.
Sol, apresura tu brillante vuelo; 30
verás a Safo en su postrera angustia
perecer, u olvidar su ingrato dueño.
(Queda apoyada en el bastidor.)


Escena II

SAFO. CRICIAS. ARISTIPO. COMPARSAS por la puerta del templo.

CRICIAS Corre, Aristipo; la extendida costa
de Leucadia registra: que tu celo
logre salvar las miserables vidas 35
de algunos naufragantes extranjeros:
víctima puede ser un hijo mío
de las iras del mar.
ARISTIPO Ya te obedezco;
calma tus inquietudes entre tanto,
vamos por la ribera, compañeros; 40
y que iluminen las ardientes teas
mientras el sol nos niega sus reflejos.
(Se va con parte de los COMPARSAS.)
CRICIAS Venid vosotros por la orilla opuesta.
SAFO ¡Ay Faón!
CRICIAS Escuchad. ¿Ese lamento
el nombre de Faón no ha pronunciado? 45
Entre estas rocas alumbrad. ¡Qué veo!
SAFO Apartad esa luz.
(A los COMPARSAS que se retiran.)
CRICIAS Infeliz Safo,
No rendida al dolor con tal extremo
aumentes tu desdicha. Poco falta
para que libre de ese amor funesto 50
recobres la quietud. ¿Puedes acaso
por insultar la cólera del cielo,
vagando entre las sombras espantosas
de esta noche de horror, de tu fiel pecho
a Faón arrancar?
SAFO Por piedad, Cricias, 55
déjame: y no repitas del perverso
el nombre odioso.
CRICIAS ¿Tú no le nombrabas?
SAFO Sí, porque se aumentase mi tormento.
CRICIAS De olvidar o morir, Safo, en tu mano
la elección tienes: todo está dispuesto 60
para cumplir tu voto; el sacrificio
que has de ofrecer en el sagrado templo,
las barcas velocísimas que formen
del alto promontorio el ancho cerco;
los nadadores que al socorro tuyo 65
lanzarse deben; y el ansioso pueblo
que ser testigo de tu gloria espera:
todo a cumplir te obliga el juramento
de renovar la fama de Leucadia
en el orbe y siglos venideros. 70
Pero si dudas, si el peligro temes...
SAFO Sacerdote de Apolo, nada temo
sino el quedar con vida. Los socorros
que la costumbre estableció, y el tiempo
para los desgraciados que llegaron 75
al extremo fatal en que me veo,
mi desesperación los abomina;
no los puedo estorbar, y los tolero.
¡Ojalá que este abismo cristalino,
que baña de la roca el fondo inmenso, 80
me sepulte, y a ver la luz no vuelva,
si está el olvido en su profundo seno!
CRICIAS Pues ¿no pretendes, Safo, que se apague
ese insensato y amoroso fuego?
SAFO ¡Ay! no Cricias; detesto mi existencia, 85
si pudiese vivir sin un recuerdo
de mi amado Faón.
CRICIAS Esos delirios
en breve olvidarás.

(El teatro se ha ido aclarando.)

Ya los reflejos
del sol en el oriente se descubren;
Cálmate, Safo, que el feliz momento
de tu dicha se acerca...

(SAFO se quiere ir.)

¿Por qué huyes? 90
SAFO Su resplandor, me oprime: al bosque vuelvo
a contar impaciente los instantes
que faltan para hacer mi amor eterno.

(Se va.)

CRICIAS ¡Plegue a los dioses que tu muerte sea
la que a mis tristes años el sosiego 95
pueda volver! Por ti perdió la patria
el brazo de Faón; por ti, su esfuerzo
envilecido en el deleite infame,
ni el peligro de Atenas, ni el lamento
de este padre infeliz pudo moverle: 100
él era mi esperanza y mi recreo;
y si de otra beldad el atractivo
no borrase tu imagen de su pecho,
en placer vergonzoso todavía
viviera sumergido; mis recelos, 105
mientras tú vives, acabar no pueden;
pues si viese Faón el loco exceso
de tu pasión, tal vez compadecido...
Pero Aristipo vuelve conduciendo
un joven a este sitio.


Escena III

CRICIAS. ARISTIPO. FAÓN. COMPARSAS.

FAÓN ¡Oh padre mío! 110
CRICIAS Faón, hijo querido, ¡dioses! ¿sueño?
Estréchate en mis brazos: ¡tú en Leucadia!
FAÓN Yo en Leucadia, señor; a ser objeto
de todos los furores de los hados.
Yo, que en mi triste corazón albergo 115
las implacables furias del abismo:
ellas me acosan; el remordimiento
grabaron en mi alma; y ni la muerte
me quiso conceder piadoso el cielo.
CRICIAS Hijo ingrato, ¿y es esta la ternura 120
que te debe tu padre? ¿Éste el contento
que muestras a mi vista?
FAÓN ¡Ah padre mío!
No pueden mis delirios ofenderos.
He perdido a mi esposa: sepultada
queda en el mar: los fieles compañeros 125
que la seguían yacen sumergidos:
yo intentaba con ella en el ligero,
esquife libertarme del peligro.
Las ondas la arrancaron de mi seno
al tiempo de arrojarme, y anegaron 130
el mísero bajel en un momento.
¡Oh nunca las piedades de Aristipo
me socorrieran! ¡Ojalá el soberbio
piélago undoso fuera mi sepulcro!
Pues Júpiter sin duda: de su excelso 135
trono lanzaba el rayo en mi ruina:
Safo, elevando el dolorido acento
clamó por mi castigo abandonada,
y se han cumplido sus fatales ruegos.
ARISTIPO Pues qué, ¿Safo...
CRICIAS No más; calla, Aristipo. 140
Hijo mío, modera tu despecho:
antes de amar a tu infeliz esposa,
en lazo criminal tus devaneos
pensaban que no hubiera quien borrase
de Safo los amores: otro objeto 145
en Teagenes hallaste, y otros muchos
feliz pueden hacerte.
FAÓN No lo espero.
De mi joven esposa la belleza
alucinarme pudo: los consejos,
y los mandatos vuestros repetidos, 150
hicieron que en el lazo de himeneo
buscase los placeres; pero en vano:
la lisonjera novedad huyendo
desterró la ilusión; Safo llorosa,
desesperada, y a mis pies gimiendo, 155
mi horrible ingratitud me recordaba
hasta en los brazos de mi nuevo dueño.
Presentes siempre su fatal constancia,
su ternura, sus gracias, sus talentos,
su lira, que a los dioses encantaba... 160
con ninguna beldad logró mi pecho
llenar aquel vacío que nos deja
el delicioso goce del deseo.
¡Oh cuantas veces en la oscura noche,
entre las sombras de un pesado sueño, 165
la vi furiosa, arrebatada, ciega,
clamar por mi castigo, y del averno
invocar las deidades vengadoras
contra un bárbaro amante! El universo
resonó con sus gritos; y sus votos 170
los dioses irritados concedieron.
CRICIAS No con tales ideas, hijo amado,
aumentes tu aflicción; piadosos ellos,
pues te vuelven al seno de tu padre,
ni sus furores ni su rabia oyeron. 175
Entra en mi habitación; descansa en ella
mientras a Apolo un sacrificio ofrezco
que aleje de tu alma los terrores.
FAÓN ¡Con cuánto más placer desde este horrendo
precipicio buscara entre las ondas 180
a mi afligido espíritu consuelo!
CRICIAS No más delirios. Conducidle, amigos. (A los COMPARSAS.)
FAÓN Deidades ¿para qué la vida quiero
Si he abandonado a Safo por amarme,
y por mi amor Teágenes ha muerto. 185

(Se va con los COMPARSAS.)


Escena IV

CRICIAS. ARISTIPO.

ARISTIPO Permite Cricias a un leal amigo
que preguntarte pueda ¿cuál intento
te hace ocultar de la infelice Safo
a Faón la existencia? Sus tormentos
a vista de esta amante, que aún adora, 190
se pudieran calmar; y tu secreto
hace dos desdichados. ¿Es posible
que teniendo a tu arbitrio el solo medio
de salvar una vida, que merece
suerte más venturosa, estés resuelto 195
a verla perecer?
CRICIAS Nunca Aristipo
con mayor causa desearlo puedo.
¿Quieres que vuelva a publicar la Grecia, 200
de mi glorioso nombre en vilipendio,
que aprisionado un hijo mío vive
en los brazos de Safo? ¿y que de nuevo,
olvidando su patria y sus deberes,
como cuando de Esparta el odio fiero 205
amenazaba a Atenas, busque asilo
en los placeres, evitando el riesgo?
No Aristipo; que muera una y mil veces
antes esa mujer.
ARISTIPO ¿Y el himeneo
no pudiera ligar los dos amantes, 210
sin que en su amor, hubiera los excesos
de un trato vergonzoso? Faón libre
lo conduce el destino al mejor tiempo
para estorbar la desgraciada muerte
de la mísera Safo.
CRICIAS Te comprendo; 215
pero sabe, Aristipo, que ella nunca
quiso unirse con él por otros medios
que los de un torpe amor; y pues conoces
cuantas razones de evitarlo tengo,
si eres mi amigo, ayuda por tu parte 220
a que Faón ignore estos momentos
la existencia de Safo; y si no basta
de la amistad el poderoso ruego
a obligarte; que baste la obediencia:
yo por mi dignidad soy el supremo 225
sacerdote de Apolo, y en su nombre
que calles y obedezcas hoy te ordeno.

(Se va.)

ARISTIPO ¡Cruel superstición! ¿Será forzoso
que esté obligado mi sensible pecho
por tu fatal poder a ser testigo 230
de sacrificio tan atroz y horrendo?
Cricias da a su rencor nombre de gloria;
la religión me manda obedecerlo;
Safo y Faón, los dos desesperados,
tal vez perecerán: ¡oh si a lo menos 235
mi persuasión pudiese libertarlos!


Escena V

NICANDRO. ARISTIPO.

NICANDRO Escucha, sacerdote, a un extranjero
que llega al promontorio de Leucadia,
para hacer la experiencia que ya hicieron
los que olvidar o perecer buscaron. 240
ARISTIPO Joven ¿sabes si acaso alguno de ellos
quedó con vida?
NICANDRO No; todo lo ignoro.
ARISTIPO Pues antes de prestar el juramento
que te obligue a lanzarte de su cima,
la voz de la verdad, escucha atento. 245
El mancebo Leucates, perseguido
de las iras de Apolo, llegó huyendo
a esa roca; y desde ella despeñado
se hundió en el mar precipitado y ciego.
Su nombre le ha quedado desde entonces; 250
y para eternizar tan triste ejemplo,
todos los infelices que a la muerte
arrastraban del crimen los excesos,
eran precipitados de esa altura,
ligando muchas aves a sus cuerpos, 255
que hiciesen menos fuerte el duro golpe
con el esfuerzo natural del vuelo.
Uno, entre tantos, que logró salvarse,
olvido de su vida los sucesos;
y todos los amantes desgraciados 260
hacer la misma prueba resolvieron;
pues desde entonces, sin socorro alguno,
creyendo que el olvido está en el seno
de ese profundo abismo, en él se arrojan:
los sacerdotes de ese antiguo templo 265
previenen nadadores, que a la orilla
saquen al miserable. En tanto tiempo
como dura esta bárbara costumbre
ninguno se salvó: si estás resuelto
con este desengaño al precipicio, 270
compadecerte, no evitarlo puedo.
NICANDRO Vana es tu compasión; al templo vamos
que hoy la terrible prueba hacer pretendo.
ARISTIPO Tan presto no podrás.
NICANDRO ¿Por qué motivo?
ARISTIPO Porque para morir llego primero 275
que tú la triste Safo.
NICANDRO ¡Qué he escuchado?
¿La poetisa Safo a tal extremo
reducida se ve? ¿La que de Atenas
mereció los aplausos y los premios?
¿Por la que suspiraron vanamente 280
millares de rendidos, y yo entre ellos?
ARISTIPO ¿Tú la amabas también?
NICANDRO Yo la idolatro;
y el terrible tesón de su desprecio
me conduce a buscar aquí mi muerte.
¡Ah! sin duda Faón será el perverso 285
que ingrato corresponde a sus favores.
Amigo, dime, no podré un momento
hablarla... persuadirla...
ARISTIPO Sí, bien dices;
quizá conseguirá tu rendimiento
piedad de ella y de ti.
(Mira adentro; SAFO aparece al foro.)
Pero se acerca; 290
Mírala que abatida vuelve al cielo.
los ojos, y después al precipicio.
Sin duda considera el monumento

de su amor infeliz; yo me retiro:
los dioses favorezcan tus deseos. 295

(Se va.)


Escena VI

SAFO. NICANDRO.

NICANDRO (Aparte.) Al fin la vuelvo a ver: sus negros ojos
del llanto enrojecidos son aquellos;
y el gracioso semblante, donde ahora
se pinta la aflicción... pero habla.
SAFO ¡Oh Venus! 300
Desciende del Olimpo, cual solías
complacida a escuchar los dulces ecos
de mi suave lira; ven ahora
que te invoca mi voz con el acento
de la mortal angustia; fortalece 305
mi corazón con tu divino fuego.
Estos breves instantes que me restan
de una odiosa existencia.
NICANDRO Yo me acerco.
Si un amante infeliz merece, Safo,
que algún favor concedas a su ruego; 310
otorgarme la triste preferencia
de que pueda arrojarme al mar primero
que tú desde esa roca.
SAFO Por ventura
¿habrás hallado joven extranjero
Alguna mujer pérfida y mudable? 315
¡Ah! no lo extrañaré; que el universo
sólo ingratos encierra; pero sabe
que Faón es el más ingrato de ellos.
Cuéntame tus desgracias, y no pienses
tendrá mayor motivo tu despecho 320
que mi justo dolor.
NICANDRO Escucha, Safo
ni de perfidia ni traición me quejo:
me quejo de un amor tan desgraciado,
que nunca de la cárcel del silencio
pudo salir; me quejo de haber visto 325
víctima de un ingrato el dulce objeto
digno de mi cariño, y de que todos [40]
de merecer se honrasen sus afectos.
Por no verlo penar mi muerte busco.
SAFO ¡Ah! No es igual el tuyo a mi tormento. 330
Tú no has perdido más que una insensible;
pues oye por Faón lo que yo pierdo.
Por él abandoné mi patria y nombre;
por él sufrí de mi envidioso sexo;
la más atroz calumnia; por su causa 335
de los hijos de Apolo el rendimiento
altiva desprecié; y en fin, llevando
mi constante fineza hasta el extremo,
Preferí ser su amante, a ser su esposa,
que amor de libres corazones dueño 340
huye un lazo que impone obligaciones.
¿Qué no me debe? yo elevé su genio
a la luz de las ciencias, y en el trono
del amor, desplegando su talento,
célebre fue..su nombre a par del mío. 345
¡Ay! que en aquellos deliciosos tiempos,
Sólo en él existía; él era sólo
de mi ternura y mis placeres centro.
¡Cuán dulcemente en sus amantes brazos
los elogios que Grecia a mis talentos 350
dedicaba olvide, sacrificando
hasta mi vanidad a sus deseos!
NICANDRO ¡Oh qué feliz otro mortal sería
Safo con tu cariño!
SAFO Yo desprecio
de todos el amor. Faón ingrato, 355
para mí es más amable que el excelso
Júpiter en su solio.
NICANDRO ¡Ah! que tus voces
aumentan mi dolor; pero a lo menos,
pues que los dos a perecer estamos
por diversos motivos ya resueltos, 360
Sabe que te idolatro, y que tú eres
la que siempre adoré.
SAFO ¡Qué escucho, cielos!
NICANDRO Sí, Safo, tú pudieras todavía,
premiando la constancia de mi afecto,
hacer de un desdichado un venturoso; 365
ten piedad de ti misma: a tus pies puesto
te pido que te duelas de mis ansias;
en tu favor consiste mi remedio.
SAFO ¿Yo he de dartelo?
NICANDRO Sí.
SAFO Pues de esa roca
arrójate después que yo haya muerto. 370
NICANDRO ¿Ese, ingrata, me das?
SAFO ¿De qué te quejas,
si el mismo que yo elijo, ese te dejo?
NICANDRO ¡Qué bárbara constancia! ¿No te mueven
ni compasión ni amor?
SAFO Yo lo detesto:
retírate de aquí, si a ser testigo 375
no aspiras de mi muerte.
NICANDRO No: primero
iré a implorar de los supremos dioses
la piedad para ti, que en ti no encuentro.

(Se va.)

SAFO Sólo faltaba a mi tirana suerte
escuchar el osado atrevimiento 380
de un insensato amante. ¡Oh cuanto tarda
el suspirado fin de mi tormento!
Procuremos que llegue.

(Va a entrar en el templo.)


Escena VII

SAFO. ARISTIPO.

ARISTIPO Espera, Safo.
Tú no puedes entrar al sacro templo
en tanto que las víctimas entregan 385
a la dura cuchilla el dócil cuello:
y antes que con tu muerte a cumplir llegues
tu bárbaro y horrible juramento,
oye a un anciano que estorbar procura
con su prudencia tu feroz despecho. 390
Nada hay estable; ni el amor ni el odio;
que todo cede a la impresión del tiempo.
Quizá Faón arrepentido o libre,
a tu constancia y tu dolor cediendo,
volverá a tu cariño; y con la muerte, 400
aún la esperanza, que es el bien postrero
de los amantes, pierdes.
SAFO Ya he perdido
la esperanza, el honor y el sufrimiento.
ARISTIPO Todo, Safo, pudieras recobrarlo:
vive, espera y confía.
SAFO Nada espero. 405
Tú ignoras Aristipo cuánto hice
por ablandar el corazón de hierro
del pérfido Faón, y todo en vano.
Yo lo he seguido por extraños reinos,
después que huyo de Gonno acompañado 410
de mi odiosa rival; pero mis celos
en Sicilia lograron alcanzarlo.
Desesperada su mansión penetro:
corro por todas partes, busco ansiosa
a mi traidor amante; él a mi acento 415
sale y queda mortal, como a la vista
del soberano Juez se queda el reo.
Suplico entonces, amenazo, lloro;
y todo en vano: mi dolor acerbo
me hizo humillar hasta sus pies mi frente, 420
me hizo besar las huellas del soberbio;
y todo en vano: ni mi amargo llanto,
ni mis continuos clamorosos ruegos
pudieron ablandarlo; su fiereza
llegó hasta referirme su himeneo, 425
para borrar del todo mi esperanza
con otra obligación. ¡Hombre perverso!
¿Qué lazo más sagrado que el que unía
mi corazón al tuyo? Pero el cielo
castigará tu abominable crimen: 430
porque si del amor del débil sexo
impunemente se burlase el hombre.
¿Qué mujer no se viera cual me veo?
ARISTIPO Ninguna como tú pudieras, Safo,
de una pasión funesta los excesos 435
precaver sabiamente.
SAFO ¡Ah! que ninguna
hubiera resistido al dulce fuego
que inspiraba Faón, cuando mis ojos
la vez primera por su mal lo vieron.
él volvía de mirtos coronado, 440
a ofrecer sacrificios en el templo
de Júpiter Olimpo, porque Atenas
lo declaró triunfante de los juegos.
Su rostro coloraba la victoria,
embellecido con el bozo tierno 445
de amable juventud; casi desnudo
aún de la lucha, los hermosos miembros
descubría, que envidia el mismo Apolo,
y que amor pueden inspirar a Venus.
También me vio él entonces, y previno 450
con su declaración mi amante fuego.
Si tú Aristipo en juveniles años
has llegado a gozar los embelesos
de amar correspondido; si has logrado
las delicias que logra quien viviendo 455
sólo en su amante, en él se vivifica,
lleno de amor, y de deleites lleno;
no extrañarás que yo que así me he visto,
piense morir cuando gozar no espero.
ARISTIPO Y ¿qué no habrá otras causas que te obliguen 460
a conservar la vida? ¿Qué tu genio
Imitador olvidara la gloria
de la futura edad, y el lisonjero
acento de la fama?
SAFO Son quimeras:
la fama ya no emplea sus acentos, 465
sino en elogio vil del poderoso;
pues ha prostituido el universo
su aplauso al crimen, su favor al vicio,
y oprime las virtudes y el talento.
ARISTIPO Ya que sólo te obliga la memoria 470
del ingrato Faón, quizá viviendo
cediera su desvío a tu constancia;
y volviéndote a ver...
SAFO ¡Volver a verlo!
¿Dónde Aristipo?


Escena VIII

SAFO. ARISTIPO. CRICIAS. COMPARSA DE MINISTROS DEL TEMPLO.

CRICIAS Todo anuncia, Safo,
el fin de tus desgracias. Grato el cielo 475
declara en las entrañas palpitantes
de las víctimas sacras que el consuelo
llega de tus pesares.
SAFO Sacerdote,
sígueme; que ofrecer cuanto poseo
en las aras de Apolo sólo resta, 480
para cumplir la ley que establecieron
la religión y el uso; y que mi muerte
termine de una vez mis sentimientos.

(Se va.)

CRICIAS (Aparte.) Vamos; que tu fin sólo es el que falta
para acabar del todo mis recelos. 485

(Se va con los COMPARSAS.)

ARISTIPO Dioses, pues no es posible disuadirla,
benignos permitid sea el postrero
sacrificio su vida, y que le sirva
a los demás amantes de escarmiento.


Escena IX

NICANDRO. ARISTIPO.

NICANDRO ¡Ay, Aristipo! Todo ha sido en vano: 490
ni tu prudencia, ni mi amante ruego,
la desgracia de Safo estorbar pueden:
en las manos de Cricias deponiendo:
sus brillantes adornos queda ahora.
Estoy fuera de mí: yo me estremezco: 495
¿Qué puedo hacer? Mi corazón palpita
de asombro y de terror: morir resuelvo.
ARISTIPO ¿Y qué conseguirás? Aumentar sólo
de esta superstición el duro imperio.
Bastantes infelices por su influjo 500
víctimas desgraciadas perecieron.
¡Mísero aquel que sin recurso gime
bajo el yugo cruel de sus preceptos!
Esta es mi situación; nací sensible,
y aunque educado en este ministerio, 505
al ver sacrificar mis semejantes,
sin poderlo impedir, lloro en secreto.
NICANDRO Si fuera Cricias como tú piadoso,
jamás recibiría el juramento
de tantos desdichados... ¡Pero dioses! 510

(Dentro música.)

Ya anuncian estos tristes instrumentos
el instante fatal... A socorrerla,
o a perecer con ella, voy resuelto.

(Se va.)

ARISTIPO Las barcas se aproximan;

(Aparecen las barcas con los nadadores.)

y se acercan
hacia este sitio en tropas los isleños; 515
pues ya no puedo libertar a Safo,
cumpla con mis deberes a lo menos.


Escena X

CRICIAS. SAFO. ARISTIPO. COMPARSA DE SACERDOTES y pueblo.

SAFO Laurel glorioso, (Deponiendo el laurel.) que la sabia Atenas
concedió a las tareas de mi genio,
deja mi frente, y queda donde sirvas 520
a mi nombre y mi amor de monumento.
CRICIAS Tú le recobrarás más venturosa:
Vamos.
ARISTIPO ¡Oh Safo, cuánto compadezco
¡Tu ceguedad!
CRICIAS ¿Ahora te detienes?
¿Por qué estás indecisa?
SAFO Considero 525
cuánta es la diferencia de mi suerte
por un traidor amante. En otro tiempo
sólo al nombre de Safo resonaba
con vivas repetidos el liceo
de la célebre Atenas; y a mi vista 530
aplausos tributaba todo un pueblo:
hoy a verme morir otro se junta,
lleno de compasión, de dolor lleno.
¿Y por qué enternecidos al mirarme
lágrimas derramáis? Yo nada siento. 535
¿Qué pudiera sentir cuando el sepulcro
a mis desgracias se presenta abierto?
Aquel es. (Señalando el mar) ¡Oh mujeres de Leucadia!
Vosotras que miráis el ejemplo
de la negra perfidia de los hombres, 540
abominad su amor, aborrecedlos;
pagad sus rendimientos con engaños,
pagad su infame orgullo con desprecios;
giman a vuestros pies; vengadme todas;
humillad para siempre esos soberbios. 545
Y tú, ingrato Faón, hombre nacido
por mi fatalidad, plegue a los cielos
que mi sombra interrumpa tu reposo,
que la tierra te niegue el alimento,
que el sol te oprima, y que la muerte arranque 550
de tus aleves brazos el objeto
que causa tu perfidia; y que a tus ojos
muera, del mismo modo que yo muero.
ARISTIPO Si volvieses a verlo...
SAFO ¡Ay Aristipo!
CRICIAS Si lo vieras en brazos de otro dueño. 555
SAFO Calla, bárbaro: no, no es necesario
me recuerdes la imagen de mis celos,
para que yo al sepulcro vuele ansiosa.
(Sube a la roca.)
CRICIAS (Aparte.) Mi astucia se logró.
ARISTIPO ¡Qué sentimiento!
SAFO (En la roca.) Vosotros, moradores de Leucadia, 560
a Faón le diréis, que Safo ha muerto
víctima de su engaño, y que esta roca
su delito y mi amor harán eternos.

(Se arroja.)

ARISTIPO ¡Favorecedla dioses! ¡Desgraciada!
CRICIAS Logros mi venganza: ya en el centro 565
del mar se han sepultado mis afrentas.


Escena XI

CRICIAS. FAÓN. ARISTIPO COMPARSA DE SACERDOTES y pueblo.

FAÓN ¿Por qué me detenéis. (A los sacerdotes.) ¿Ese lamento
no prenunció mi nombre? ¡Oh padre mío!
¿Cuál es el sacrificio que habéis hecho
en mi favor? El templo resonaba 570
con himnos clamorosos; y aunque quiero
indagar el motivo, me detienen,
hasta que los ministros atropello
que me estorban el paso; respondedme:
¿Por que esta confusión? Decid ¿qué es esto? 575
CRICIAS Esto ha sido impedir que vieses, hijo
de una triste mujer el fin funesto,
que se ha precipitado de esa roca;
en tu estado pudiera ser su ejemplo
causa de renovar tus aflicciones. 580
FAÓN ¿Y quién es?
NICANDRO (Sale.) ¡Ay de mí! ¡ya no hay remedio!
Sin duda ha perecido: ¡oh desdichada!
ARISTIPO Pues ¿qué di, socorrerla no pudieron?
NICANDRO Aún no lo se, Aristipo: al duro golpe
de su caída el mar abrió rugiendo 585
la espalda cristalina, y arrastrando
en doble giro el delicado cuerpo,
por dos veces luchando con las ondas,
los remolinos de este golfo inmenso
la vuelven a la luz: los nadadores 590
se arrojan por salvarla: yo pretendo
antes que ellos lanzarme; pero todos
se oponen, y sujetan mis esfuerzos.
¡Desventurada Safo!
FAÓN ¿Qué pronuncias?
¿Safo es la que perece?... que lo menos 595
muera Faón con ella.
CRICIAS ¿Qué haces, hijo?
NICANDRO ¿Tú eres Faón? ¡Ah bárbaro! mi acero (Empuña la espada.)
tomará en ti venganza de su muerte.
ARISTIPO Detente, (Deteniéndole.) joven.
FAÓN Ven: no me defiendo.
Padre, no os opongáis: yo soy un monstruo. 600
NICANDRO Déjame, sacerdote.
FAÓN He aquí mi seno.
ARISTIPO Insensatos, ¿qué hacéis? Volved los ojos
a ese infelice miserable objeto.


Escena XII

DICHOS, SAFO moribunda, conducida en un lecho de yerbas por los nadadores.

ARISTIPO Ved a qué extremo deplorable arrastran
de un criminal amor los devaneos. 605
NICANDRO ¡Oh dioses! (Observándola.) Aún respira...
FAÓN Qué postrado
pueda yo recibir su último aliento.
CRICIAS Hijo, repara... (Deteniéndole.)
FAÓN Vos no sois mi padre;
Sois un hombre cruel, cuyo secreto
a su rencor sacrifico esta vida. 610
Por vos, manchado de un engaño horrendo,
he sido infiel, traidor, abominable:
ve aquí el fruto atal de los consejos,
de los mandatos vuestros, que me obligan
a ser testigo de mi oprobio eterno. 615
¡Oh Safo sin ventura!
(Arrodillándose inmediato a ella.)
Tú que hiciste
mi corazón feliz en mejor tiempo,
recibe de Faón antes que mueras
el llanto que a tus pies derrama.
SAFO ¡Cielos!...
NICANDRO Habla, oigamos.
SAFO ¡Oh tú... sea, quien fueres... 620
que has visto de mi muerte el triste ejemplo,
publica que es... supersticioso engaño...
buscar aquí el olvido... pues yo muero...
adorando a Faón... y hasta el sepulcro...
su imagen y mi amor conmigo llevo! 625

(Concluye con una actitud propia de la situación.)

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