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martes, abril 10, 2007

Florencio Sánchez:Moneda falsa

Moneda falsa
Florencio Sánchez





Personajes


CARMEN MUJER
CIRIACA COMISARIO
MONEDA FALSA REPÓRTER
GAMBERONI CABO
BATIFONDO COMPADRE 1º
LUNGO COMPADRE 2º
PEDRÍN LUNFARDO 1º
VASQUITO LUNFARDO 2º
OBRERO 1º OFICIAL
OBRERO 2º LUNFARDO 3º
REYES AGENCIERO
JUGADOR 1º CHICO 1º(5 ó 6 AÑOS)
JUGADOR 2º CHICO 2º(3 AÑOS)



Cuadro primero
El despacho de bebidas en un almacén del suburbio. Decorado a indicarse.




Escena I

Al alzarse el telón, BATIFONDO y EL LUNGO, conversan en una mesa con GAMBERONI. De pie junto al mostrador los OBREROS 1º y 2º beben suissé. MONEDA FALSA, sentado en un cajón, observa la escena con aspecto aburrido. CARMEN despacha. En otra mesa, dos individuos juegan a las cartas.

OBRERO 1º.- ¿Cuánto se le debe, doña Carmen?

CARMEN.- Veinte.

OBRERO 2º.- No, compañero, dejemé pagar. Me toca a mí.

OBRERO 1º.- Guarde su plata, amigo. (Pagando.) ¡Ya está! No le cobre.

OBRERO 2º.- Entonces tomamos otra.

OBRERO 1º.- No; gracias. Es tarde.

OBRERO 2º.- ¡Quién dijo miedo! Sirva dos suisés (A Moneda.) ¿Usted compañero, no se sirve nada?

MONEDA.- No escabio hoy. Muchas gracias.

GAMBERONI.- (Con estrépito.) ¡Eh! Padrona. N'altra vuerta.

BATIFONDO.- ¡Se va a mamar, ché!...

GAMBERONI.- Que imborta. Cuando si encontra dei veri amici.

LUNGO.- Claro que sí. Un día de vida es vida, qué diablos.

GAMBERONI.- ¡Quisto é nu bello parlare! Bebiam. ¡Uh! Padroncita, Carmené.

CARMEN.- ¡Ya voy, hombre, ya voy!... (Acercándose.) ¿Lo mismo?

GAMBERONI.- ¡Naturalmente!

BATIFONDO.- ¡A mí no, ché!... ¡Mucho suisé!. Tráigame un Pineral.

LUNGO.- Yo también. Ché Moneda; ¿qué estás haciendo? Arrímate que te vamos a presentar un amigo.

GAMBERONI.- Un altro amico. Chiamátelo.

BATIFONDO.- Es un buen criollo. Muy honrao. Trabaja en Campana.

GAMBERONI. ¿A Gambana? Sono estato a Gambana, ce tengo un mío parente, un certo Bufalini. Facite u comodo vostro.

MONEDA.- (Acercándose con fastidio.) ¡Pucha digo, que son!...

BATIFONDO.- ¿Ustedes no se conocen? Napoleone Gamberoni...

GAMBERONI.- Escusate. Cicilio Gamberoni, chacarero a Maggiolo.

BATIFONDO.- Mi amigo Moneda Falsa.




GAMBERONI.- Cosí?...

BATIFONDO.- Antonio Almada.

GAMBERONI.- Salute a voi e a questa nobile compañía. Tome asiento. ¿Cosa pigliate? ¿Un vasito de vino?

MONEDA.- Pucha que son. No tomo nada.

GAMBERONI.- Non facite complimende. Oggi siamo tutti in armonía.

LUNGO.- Andamos de farra, ché.

GAMBERONI.- Ecco. ¡Precisamente di fara! Gamberoni paga tutto. Tingue dal danere (Saca un fajo de billetes.) Quista é a vera alegría (Se pone a contar.)

BATIFONDO.- Traiga ché. Yo cuento.

GAMBERONI.- ¡Ah, no! Escusati (Sigue contando.)

LUNGO.- ¡Que estás apurao vos!... No te pasés que la vamos a echar a perder.

BATIFONDO.- ¡Este merlo ya no vuela! (A Moneda) ¿Qué tenés vos? Se te apareció la viuda.

MONEDA.- Pucha, digo, que son...

GAMBERONI.- ¿E cosí? ¡Que facimme... padrona!...

CARMEN.- (Sirviendo.) ¡Ahí está, hombre! ¡Una no puede atender a todos!...

GAMBERONI.- Finalmente. ¡E viva la padrona!...

BATIFONDO.- Ché, gringo. Embrocame a la patrona.

GAMBERONI.- ¿Ca i ritte?

BATIFONDO.- ¡Qué! (Señalando a Carmen con un ademán picaresco.) Qué tal; ¿eh?... No le juega niente.

GAMBERONI.- ¡Bella gualiona! ¡Nu bello tuquetto é muliera! ¡Bebiam!...

LUNGO.- ¡Salute!

GAMBERONI.- (Cantando.) ¡Bebiam, bebiam. Nel vino cherchiam! (Interrumpiendo.) ¡Questa é la Gavallería Rusticana! La fata un paisano mío, un italiano. Il maistro Mascagni. (Continúan conversando.)

OBRERO 1º.- ¡Pobre gringo! ¡En qué manos ha caído!

OBRERO 2º.- No le dejan ni medio. Dan ganas de avisarle que no sea otario.

OBRERO lº.- ¡A nosotros qué se nos importa últimamente! Y no hay que meterse, porque son malos bichos. (Entran dos obreros, saludan, piden suissé que beben de un sorbo, haciendo sonar la lengua, y se van previo un ¡Salute!)




Escena II

CHICO 1º.- (De 5 a 6 años, con una criatura de 2 a 3 años de la mano, al Obrero 1º) ¡Pap!...

OBRERO 1º.- ¿Qué andan haciendo ustedes?...

CHICO 1º.- Dice mi mamá que vayas que la cena está pronta.

OBRERO 1º.- ¿Tu mamá? Me parece que estás mintiendo.

CHICO 1º.- De veras, le digo.

OBRERO 1º.- Están cebaos a venirse a la hora del suisé, porque siempre ligan algo.

OBRERO 2º.- Los míos son iguales. Hacen lo mismo.

OBRERO 1º.- (Al más chico.) Vení acá vos. (Lo alza.) ¿Qué te gusta más? ¿Qué?... ¿Chocolate?... (A Carmen) Tráigale un chocolate de a dos.

CHICO.- ¿Y a mí nada?... Yo quiero un pescadito.

OBRERO 1º.- Y un pescadito. ¿No querés suisé también (Al obrero 2º) ¿Qué cree? Ahí donde lo vé, le gusta empinar el codo.

CARMEN.- Tome, mijito. Le doy dos, una de yapa.

OBRERO 1º.- ¿No sabés decir gracias vos? Bien, a volar.

CHICO.- No; vos también vení. Dice mi mamá que si no vas te va a venir a buscar.

OBRERO lº.- Está bien. Donde manda capitán... ¿Cuánto es, patrona?

CARMEN.- Treinta.

OBRERO 2º.- ¿No tomamos el otro?

OBRERO 1º.-No, basta.

OBRERO 2º.- Bueno. Salú. (Vanse con los chicos.)

JUGADOR 1º.- (Alterado) ¡Macanas! ¡Qué vas a salir! Tenías once tantos. ¿Qué has hecho ahora?

JUGADOR 2º.- Cartas, setenta, y siete de mazo. Tres tantos.

JUGADOR 1º.- Bueno; once y tres, ¿cuántos son? ¿No son catorce?

JUGADOR 2º.- Es que tenía doce, te digo.

JUGADOR 1º.- Qué has de tener. Lo que tenés es la costumbre de robar tantos.

JUGADOR 2º.- Hacé el favor de no pasarte, sabés.

JUGADOR lº.- (Arrojando violentamente el mazo de cartas sobre la mesa.) Es que te viá quitar el vicio, ¿me entendés?...

JUGADOR 2º.- De ande, si no sos quién.

CARMEN.- A ver si se sosiegan. No quiero bochinche en mi casa, saben que más. ¡Faltaba otra cosa! Pelandrunes. Se pasan el día con las cartas, no gastan ni medio y todavía se permiten alzar la voz.




Escena III

Mujer.- (Apareciendo con un queso, pan y un paquete de fideos, a Jugador 1º) Cuando no habías de ser vos. No tenés vergüenza... ¡Pelandrún, atorrante! En lugar de estar jugando en el boliche, podías ir a buscar trabajo, ¡Caminá pa casa!...

Jugador lº.- Salí de ahí. No seas otaria.

Mujer.- Andá pa casa, pelandrún (Llevándole por delante.) No tiene vergüenza. Las pobres mujeres se desloman trabajando, y ellos como unos príncipes, de barriga al sol todo el día. ¡Parece mentira! ¡Mangines!... (Mutis rezongando.)




Escena IV

GAMBERONI.- ¿Parlo bene o parlo male? Dicitemí un poco. E Marconí. ¿Sapéte quí é Marconí?...

BATIFONDO.- ¿El de los cigarrillos?

GAMBERONI.- Mo vu u dique. Cuelo ca inventato el telegrafo senza fili, ú piú grande invento de l'humanitá; italiano. Credete a me. I francesi, i tedeschi, l'inglesi han fato anguna cosa. Ma l'Italia ocupa il primo puesto. ¿Ma chi fu ca trovato lo polo Norte? Nu mio paisano, italiano, Sualdesa Reale el duca degli Abruzzi.

LUNGO.- ¿Y qué nos dejás pa nosotros, che gringo?

BATIFONDO.- Qué nos va a dejar si somos unos porotos. Tiene razón, amigo. La Italia, ahí, ande la ven, es el primer país del mundo. Hay cada candidato italiano. ¡Viva Italia! ¡Viva Garibaldi!

GAMBERONI.- ¡Evviva! ¡Evviva la República Argentina! ¡Padrona! ¡N'altra voerta! ¡Evviva l'armonía!... ¡Cosí va bene! (Carmen sirve.)




Escena V

PEDRÍN.- (Aparece un tanto boleado como si no conociera la casa deja la linyera en un rincón, mira a todos y saluda tímidamente.) ¡Buena sera!

BATIFONDO.- Fijate quien cae.

CARMEN.- Salute.

LUNGO.- De tebu (Cambian una mirada de inteligencia con Pedrín.)

PEDRÍN.- Un biquier de barbera. De cuel bon. (Pedrín acentuará un dialecto a elección del actor, manteniéndose siempre en su deliberado papel de imbécil.)

CARMEN.- Servido.

PEDRÍN.- (Saboreando el vino.) Non che male. Me dica, siñora. Donde podría tomare le létrico per la estazione del Retiro...

CARMEN.- ¡Para el Retiro! Espérese que no me acuerdo. (Al grupo.) ¿Por dónde pasa el tramway que va al Retiro?

LUNGO.- ¿A la estación del Retiro?

PEDRÍN.- (Acercándose.) ¡Scusí! Sí siñore.

LUNGO.- Tiene que tomar combinación. ¿Va para afuera usted?

PEDRÍN.- Scusí. Sí siñore. A Gálvez.

GAMBERONI.- Riverito signor mío. ¿Siete da Gálvez?

PEDRÍN.- Sí, siñore.

GAMBERONI.- Io son estato tre volte a Gálvez. Conoci un certo... un certo, ¿cómo si chiama? ¿D'Andrea?

PEDRÍN.- ¿Il calzolaio?

GAMBERONI.- Ma no, un figlio de la madona qui fa il procuradore.

PEDRÍN.- ¡Per dío! Lo conozco. Cuelo que arrangia il afari nel cuez de paz. Siamo tanto amici.

GAMBERONI.- ¡Bravo! Si sieda paisan. Che tengo per prendere lo tren. ¿Come va la cusecha a Gálvez?

PEDRÍN.- Mica tanto buona. La langosta, e la helatas.

GAMBERONI.- E un anno cativo... Ma sientase paisan. Aquí siamo in armonía. Cosa pillate... ¡Padrona!

PEDRÍN.- Ma grazia, grazia. Oli il mio bichiere.

GAMBERONI.- Non faccia complimenda. Padrona sempaticas; il porte il suo bichiero.

PEDRÍN.- (Sentándose.) ¡Scusí!

GAMBERONI.- Cuesti son amici, compañi cregollos, buenos mochachos. Si parlaba de la nostra patria.

PEDRÍN.- ¡La nostra Italia!...

GAMBERONI.- ¡Evviva Italia, paisan!

PEDRÍN.- Ya lo creo. ¡Evviva!...

GAMBERONI.- ¡Salute!

MONEDA.- (Levantándose encaminándose al mostrador.) Con permiso. ¡Pucha que son!...

GAMBERONI.- ¡E bravo paisan!... (Palmeándole.)

CARMEN.- ¿Qué tenés, vos?

MONEDA.- Estoy aburrido. ¡Pucha que son!...

CARMEN.- ¿Andás con miedo?

MONEDA.- ¡Qué miedo, ni qué miedo!... Estoy hasta aquí ¿sabés?...

CARMEN.- ¿Qué querés que le haga, hijo?

MONEDA.- Nada. ¿A vos qué se te importa?

CARMEN.- No seas sonzo.




Escena VI

VASQUITO.- Buenas tardes.

CARMEN.- Buenas.

VASQUITO.- ¡No compra nada, hoy!

CARMEN.- ¡Andá! ¡Tenés una yeta!

VASQUITO.- También usted quiere sacar en todas. Vea que decena tengo en esta jugada (Saca unos billetes de lotería y se los enseña, diciéndole en voz baja.) Pibe está en cana.

CARMEN.- (Con sorpresa.) ¡Qué! ¿Cómo sabés?

MONEDA.- (Id.) ¿Ande lo encanaron?

VASQUITO.- En la casa.

MONEDA.- ¡Pucha digo, que son!...

LUNGO.- (Que ha observado la escena, acercándose.) Novedad.

VASQUITO.- ¡Yo pianto! Pibe en cana.

LUNGO.- ¡Y bueno, ese no bate!...

VASQUITO.- ¡No sabés!... Y hay mayorengo en la puerta. Yo pianto te digo.

LUNGO.- ¡Y lo vamos a dejar al gil así no más! Vos no piantas, ¿sabés?

VASQUITO.- Mirá que tengo pase, y si me lo quitan.

MONEDA.- ¡Que son! ¡Dejalo que se vaya! ¡Piantamos todos, hombre! ¡Pucha!

BATIFONDO.- ¡Ché Vasquito!... Atendé un momento. ¿Tenés el extracto de la pasada? Sos muy yetudo. Si no saqué no te compro más.

LUNGO.- (Obligándolo.) Andá, sacá el cartel, ¡Seas otano!...

VASQUITO.- ¡Ahí lo tiene; revise don Tranquilidad!

BATIFONDO.- Avisá si estás escabiao. (Saca un billete de lotería y revisa prolijamente el extracto.)

GAMBERONI.- (A Pedrín.) ¡Ebé! ¡Questo de la lotería mi pare una inmoralitá; una vera inmoralitá! ¿Parlo bene o parlo male?

PEDRÍN.- Parlate bene. Ma di cuando en cuanto si pué gioccare cinque pesi. Ma ahora mi recordo que tengo in tasca un biglieto da cinquenta mile e no lo son visto ancora. Non ho avuto il tempo.

GAMBERONI.- ¡Oh! Che tempo... ¡Atre mesi!...

BATIFONDO.- No, dije; ni medio, (al Vasquito.) ¿Usted quiere ver el extracto dice?... ¿Tiene número? Diga qué número. Traiga.

PEDRÍN.- Scusí. Ma...

BATIFONDO.- ¡Cha, que sos desconfiao! ¡Velo vos si querés!

PEDRÍN.- Io non poso. No so leggere. Ma scusi il mio paisan.

BATIFONDO.- ¡Salí de ahí desconfiao! Ché, Gamberoni... Mirale el billete a ese.

GAMBERONI.- ¡Como nó! Vediam (Revisando) Cinquemile tresento trentuno... Cinque mile. Cinque mile cento. Cinque mile trecento... ¡Guarda! guarda... E Paisan. ¡Evviva Italia! ¡Padrona! Un altro volta qui paga el mío paisan.

PEDRÍN.- ¡Cosa avete! ¡Cosa avete!

GAMBERONI.- ¡Siete un cane!... ¡Cinque cento pezi... Madona! ¡Pezzo d'un asino. Cinque cento!...

LUNGO.- ¿Y qué vas a hacer con tanta plata, gringo? Te vas a Italia.

PEDRÍN.- ¿Ma cosa dite?

BATIFONDO.- Que te has sacao quinientos pesos, cinque cento pesos en la lotería.

PEDRÍN.- ¡Oh, Christo! ¡Davvero!

GAMBERONI.- ¡Ma sí! ¡Ma sí!... Madona que siete un asino... Vedi... (Mostrándole el extracto.)

PEDRÍN.- Ma io non so leggere...

GAMBERONI.- ¡Vi lo dico io, Gamberoni, e basta!

PEDRÍN.- ¿Ma cosa faccio io con cuesto numero?

BATIFONDO.- Lo cobrás. En cualquier agencia. ¿Vos tenés con qué pagarle, Vasquito?

VASQUITO.- ¡Avisá!

PEDRÍN.- Ma io non conosco la cittá e debo andare via adeso.

LUNGO.- Pucha, italiano otario, ¡Si yo tuviera! ¡A ver, a ver!... A mí no me alcanza; no tengo más que catorce pesos. Ché, Napoleón.

GAMBERONI.- Cicilio.

LUNGO.- Es lo mismo. ¿Tenés plata, vos?

GAMBERONI.- ¿Per pagare cuesto?

LUNGO.- Permitime una parola.

GAMBERONI.- Un momento (Apartándose.) ¿Cosa volete?

LUNGO.- Mirá cuánto tenés.

GAMBERONI.- Eh, cento cinquanta pesi.

LUNGO.- Bueno, ¿sabés lo que hacés?... Ese gringo es muy sonso. Se conformará con lo que le den. ¿Me comprendés?...

GAMBERONI.- ¡Guarda, guarda!... ¡Come son furbi i creolli! Madona.

LUNGO.- Vos le mandás el resto después a Gálvez.

GAMBERONI.- E una bella idea.

LUNGO.- Claro que sí. Es un servicio que le hacés a tu paisano.

GAMBERONI.- (Resuelto.) ¡E bén! (A Pedrín.) O paisán. Voi siete da Gálvez, amigo del mío íntimo amico D'Andrea.

PEDRÍN.- Certo.

GAMBERONI.- Io ti faré lo servizio. Tú mi dai lo numero, e porque tú no pierdas tiempo, io ti daró, tí daró... centi venti pesi.

PEDRÍN.- Bene. Grazie. Ma il resto.

GAMBERONI.- Io le manderó al amigo D'Andrea.

PEDRÍN.- Bravo. E fatto... Vi sono tanto riconocente, paisán.

BATIFONDO.- Mirá, Gamberoni, ¿por qué no le das el reló en garantía?

GAMBERONI.- ¿Il mio orologio?...

LUNGO.- (A Batifondo.) ¡Los angurrientos!...

GAMBERONI.- E bén. Prende anque il mío relogio.

PEDRÍN.- E bravo. Tú mi mandi il denaro e io ti mando l'orologio.

GAMBERONI.- Evviva l'armonía.

PEDRÍN.- ¡Evviva! ¡Padrona! Yo pago tutto. Ho fatto il mío negozio.

GAMBERONI.- ¡Un altra voerta!

PEDRÍN.- ¡Ah, no! Bisogna que io prenda lo treno. ¿Cuánto si debe?

CARMEN.- Cinco pesos.

PEDRÍN.- (Con gran generosidad.) Eccoli (Bajo.) Me debes tres y medio, ¿eh?

CARMEN.- ¡Andá, pelandrún!...

GAMBERONI.- E ni andiamo tutti al Retiro col paisano.

BATIFONDO.- Eso es. Todos juntos.

GAMBERONI.- Evviva l'armonía. (Cantando.) A casa, a casa, amici... Anque cuesto é de Cavallería... L'ha fatto uno italiano. (Mutis. Se oyen cantos y voces que se alejan.)




Escena VII

MONEDA.- (Viéndolos salir.) ¡Pucha digo, cómo son!... (Se sienta junto a una mesa. Pausa. Carmen lava las copas.)

CARMEN.- ¿Tomás algo?

MONEDA.- Dame un amaro.

CARMEN.- (Sirviéndolo.) ¿Se puede saber qué tenés?

MONEDA.- Te he dicho que estoy muy aburrido.

CARMEN.- Andate al teatro.

MONEDA.- Y muy estrilao.

CARMEN.- Eso es otra cosa. ¿Qué te han hecho?

MONEDA.- Nada.

CARMEN.- ¿Y entonces?

MONEDA.- Muy rabioso con esta vida. No puedo más

CARMEN.- Dejala. Nadie te obliga.

MONEDA.- Dejala dejala. Eso se dice. Ya la dejo. ¿Qué hago ahora? ¿Pa qué sirvo?

CARMEN.- Trabajá en otra cosa.

MONEDA.- No sirvo más que pa cochero. Voy a sacar la libreta y me muestran el escracho: L. C. ¡Piantá de aquí! Siquiera hubiese servido pa ladrón. Pero vos sabés que no tengo genio. ¿Qué papel estoy haciendo, entonces? De otario, de imbécil. Retratao por falsificador y ladrón, viviendo entre ladrones, perseguido por ladrón, batido y preso a cada rato por ladrón y nunca he metido la mano en un bolsillo ajeno. Me muero de hambre, y si no fuera por vos, habría matado de hambre a la pobre vieja. ¡Pucha digo, que es triste! ¡No tener genio pa nada!... Ni pa abrirles las tripas a todos esos que me dan asco, que me dan asco. ¡Asco, asco, asco!... Ni siquiera pa irme de aquí tengo genio. Mirá: yo sé que si me fuera a otro país y nadie me persiguiera y no me topara con los de la patota, ¡pucha digo, sería más decente!... Y no me aburriría tanto. Pero aquí, ¡qué querés que haga, si pa mí se ha hecho el refrán de que cuando no estoy preso me andan buscando! Que tengo buena conducta, que me dan pase libre y empiezo a vivir tranquilo, pues ya ha de venir uno que me pida un servicio. «Ché: campaneame esto, guardame esto o haceme tal cosa». ¡Y zás! complicao y en cana.

CARMEN.- Vos tenés la culpa por no haber hecho un escarmiento con los batilana.

MONEDA.- Pero no te digo que no tengo genio. Mirá, Carmen, ¿querés hacer un favor a la patria? Yo sé que vos sos buena y que me tenés ley.

CARMEN.- Hablá, hombre.

MONEDA.- Vamos a escaparnos, ¿querés? Vos también estás aburrida...

CARMEN.- ¿Y dónde vamos a ir?

MONEDA.- Verás, tengo un plan. Tu marido tiene plata. Una noche de éstas le pegamos el golpe grande y piantamos. Agarramos un vapor y nos vamos al Brasil; allí hay mucha libertad, nos vamos y ponemos una fonda, ¿sabés?, y trabajando con juicio verás cómo en poco tiempo nos volvemos personas decentes.

CARMEN.- Bien dicen que sos sonzo, hijo. Si nos agarran, nos chupamos unos años de cana y yo te voy a preguntar entonces...

MONEDA.- Entonces piantamos sin robarle nada al otro.

CARMEN.- Y después nos comemos las uñas. Mirá, muchacho, las cosas son como son y hay que dejarlas así no más. ¿Vos estás aburrido? Bien. Hacete a un lado de esta vida, andá con juicio, arrimate a alguna buena sombra y ya verás cómo con el tiempo la policía te olvida y empezás a ser hombre decente.

MONEDA.- ¿Y vos?

CARMEN.- ¿Yo? (Con melancolía.) ¿Qué he de hacer?

MONEDA.- Es que lo que yo quiero pa mí, lo quiero pa vos, mi vida.

CARMEN.- Pobre mi vicio. Qué tristeza, ¿verdad?

MONEDA.- ¡Pucha digo, cómo somos!

CARMEN.- No te aflijás, negro. Hacé lo que te digo y después veremos cómo se procede.

MONEDA.- ¡Ahora sí! ¡Van a ver lo que queda de Moneda falsa. ¡Ah! Tomá estos billetes. Ya no circulo más. Falta uno. Fui esta tarde a encajarlo a un agenciero de Palermo, pero el hombre empezó a mirarlo y agarró pa la calle. Este va a llamar al botón, dije yo, y pianté por los portones. ¡Con tal que no tenga consecuencias! ¡Pucha digo!... Y me voy tambíén. Ya no estoy tan aburrido. Chao. (Mutis.)




Escena VIII

CIRIACA.- (Asomando por la puerta que da al interior.) ¡Ché, Carmen!

CARMEN.- ¿Qué hay?

CIRIACA.- ¿No ha estao m'hijo por acá?

CARMEN.- Acaba de salir.

CIRIACA.- Decime una cosa. ¿Vos sabés en qué anda ese muchacho?

CARMEN.- No sé. En nada, supongo.

CIRIACA.- ¡Hum! ¡Hum! Lo dudo, ché... Lo veo alzao desde hace días y pa mí que nada bueno lo lleva. ¿Has leído en «La Prensa» la noticia de la circulación de billetes de Banco?

CARMEN.- Sí, señora.

CIRIACA.- Mirá, a vos te lo digo, porque sos de confianza. Pa mí que ese mala cabeza tiene algo que ver en el asunto. Yo no sé qué le costaría ser honrado. ¿No hay tanta gente que es honrada y sin embargo vive bien? Pero a éste no. Es de balde que lo aconseje y lo reprienda. ¡No señor! El mozo ha de ser ladrón no más. Y ladrón mísho que es lo peor. ¡Si siquiera le fuera bien!... Podría decirle: «Bueno, m'hijo, basta. Ya tenés un pasar. Sosegate...» Debe ser un destino, ¿verdad, ché?... Desde chiquito le dio por la uña. El padre le acomodaba una paliza hasta sacarle sangre, y él nada!... Y zonzo pa robar, que daba asco... ¿No te ha contao nunca por qué le pusieron el nombre de «Moneda falsa»? ¡Fíjate qué chola! Yo tenía en la cómoda una moneda de oro, de esas de Plomo, ¿sabés?, cuando un día me la roba y se va con ella a hacer el cuento a una casa de cambio. La cosa era muy zonza, una verdadera muchachada: pero el animal del cambista, sin comprender eso, me lo entrega a la policía. De esa vez me lo tuvieron como seis meses. El padre no trabajó para sacarlo, creyendo que el castigo lo corregiría. ¡Y miralo cómo salió! Con un apodo y con más mañas que el vizconde de la guadiana. Eso fue lo que ganamos. ¡Pobre muchacho! En el fondo es bueno como una malva, pero no sabe trabajar y está enviciado. Decime, ¿no sabés si volverá?

CARMEN.- No dijo nada.

CIRIACA.- Es que no me dejó nada pal morfo. Cortame, ¿querés?, un poquito de matambre o salame...

CARMEN.- (Sacando dinero del cajón.) Tome un peso, vieja.

CIRIACA.- Bueno, hija. Gracias. ¡Pobre mi Antonio!... ¿Por qué no me le das algunos consejos vos que tenés tanta... tanta... vamos que te aprecia tanto.

CARMEN.- Cállese.




Escena IX

REYES.- ¿Por qué no has encendido la luz?

CARMEN.- Creí que era temprano.

REYES.- Está oscuro ya.

CARMEN.- (Encendiendo el pico de gas.) Bueno. Ya está.

CIRIACA.- Buenas tardes, Reyes.

REYES.- Buenas. De tertulia, ¿no? ¿No tiene otra parte donde ir a dar la lata?

CIRIACA.- (Yéndose.) ¡Te parta un rayo, bruto!




Escena X

REYES.- Ahí lo han tomado al otario ese.

CARMEN.- ¿A quién?

REYES.- A Moneda Falsa. ¿Llevaba algo?

CARMEN.- No. Me dejó todo. Parece que un agenciero le desconfió ayer y no quiere meterse más.

REYES.- ¡Tu protegido! Es muy capaz de batir, pero yo lo arreglo.

CARMEN.- Pibe también.

REYES.- Pero ese no abre la boca. Andá abajo y traé el paquete de billetes falsos.

CARMEN.- ¿Qué vas a hacer?

REYES.- No sé. Rápido he dicho. (Abre la trampa del sótano y desciende.)




Escena XI

CABO.- Buenas noches.

REYES.- (Dulcificado.) ¿Qué anda haciendo, cabo?

CABO.- Ya lo ve. Recorriendo.

REYES.- (Al sótano.) ¡Ché Carmen! Mirá, no subás de ese vino. Traé barbera más bien.

CABO.- Diga, Reyes, ¿no ha andado Pedrín por aquí?

REYES.- No sé. Llego del centro recién... (Al sótano.) Ché, Carmen. ¿estuvo Pedrín?... ¿Qué? (Al cabo.) Dice que salió hace un momento. ¿Qué hay? ¿Ha hecho algo?

CABO.- No, nada. Tengo que verle no más. Hasta luego.

REYES.- ¿No toma el bitter, cabo?

CABO.- Gracias. (Mutis.)

REYES.- (Va hasta la puerta y vuelve.) ¡Rápido! Subí todo.

CARMEN.- ¿Pero qué hay? (Sube con un paquete de regulares dimensiones.)

REYES.- Ya has visto las moscas. Bueno. Ahora mismo te vas al cuarto de ése y le ponés todo en el baúl.

CARMEN.- ¿Eh?

REYES.- Volá te digo.

CARMEN.- ¡Oh! ¡Yo, yo no!

REYES.- Te duele, ¿eh? ¡En el acto!...

CARMEN.- No, nunca lo harás.

REYES.- (Exasperándose.) ¡Carmen!... ¡Carmen!... ¡Mirá que un minuto!... ¡No me conocés ya! Vamos, rápido...

CARMEN.- ¿Qué? ¿Qué querés decir?

REYES.- ¿Creés que no sé que te has entregao a esa inmundicia? Haga lo que le mando.

CARMEN.- ¡Querés vengarte!

REYES.- No; quiero defenderme... Y vos sabés muy bien que me defiendo. (Poniéndole el paquete en las manos.) ¡Ya!... Lleva eso. Y cuidado con venderme, porque, oíme bien, te parto el corazón a puñaladas. ¡Ya!... (Carmen sale por la puerta del foro, agobiada por el gesto y la amenaza.)




Cuadro segundo
Telón corto. La esquina de una calle del suburbio. Fachada del boliche con un letrero «Almacén del mundo». Puerta de entrada al almacén en la esquina y otra a un lado. Es de noche.




Escena I

Pasa una patota de compadres.

COMPADRE.- ¡Ché! Vamos a meternos en el Mundo.

COMPADRE 2º.- No, ché. Ando sucio.

COMPADRE 1º.- ¿Con quién?

COMPADRE 2º.- Con Reyes. Es un otario.

COMPADRE 1º.- Vení, no seas pavo. Ha de estar la mujer, el queso de la casa.

VOCES.- Sí, vamos. Tomemos un chop.

COMPADRE 2º.- Vayan ustedes. Yo sigo.

COMPADRE 1º.- ¿Y ande escabiamos, entonces?

COMPADRE.- A lo de Gigi.

VOCES.- Eso es. A lo de Gigi. ¡Vamos! (Mutis.)




Escena II

Se oye un tumulto en el interior del boliche y a poco aparece Reyes arrastrando a un lunfardo.

LUNFARDO 1º.- (Muy descompuesto, con una daga en la mano.) ¡Mirá, Reyes! ¡Mirá, Reyes! ¡No me toqués porque te ensartás!

REYES.- ¡Qué has de ensartar, inmundicia! ¡Venís a comprometer mi casa! ¡Rateros de porquería!...

LUNFARDO 1º.- ¡Mirá, Reyes!... ¡Mirá, Reyes!...

REYES.- (Violento, tomándole del brazo.) ¿Amenazar vos? Largá, largá, largá esa daga, maula. ¡Así! ¡Así!... (Aparece Lunfardo 2º también con una daga, seguido de dos o tres sujetos de su calaña que tratan de calmarlo.)

LUNFARDO 2º.- Diga, Reyes. Ahora estamos en la calle. Su casa está respetada. Déjenos no más arreglar nuestro asunto.

REYES.- Parece mentira que se mamen como chivos. No sirven pa nada.

LUNFARDO 2º.- Vea, Reyes. Yo lo respeto, ¿sabe?, pero como hombre soy tan hombre como el que sea más hombre, ¿sabe?

REYES.- Bueno, guardá esa arma. Si quieren pelearse váyanse lejos. Aquí no me vengan con paradas. (Al Lunfardo 1º) Vos recogé esa daga. Y marchá muy derecho conmigo, porque ya sabés cómo procedo con roñosos... (Mutis.)

LUNFARDO 3º.- ¡Bueno, andiamo, muchachos! Guarden esas armas. Parece mentira que no pueden divertirse y correrla en paz. (Al Lunfardo 2º, tomándolo del brazo.) Andiamo, ché.

LUNFARDO 2º.- Vamos a ver. ¿Si yo lo quiero marcar por qué no lo voy a marcar? ¿Porque ustedes no quieran? ¿Y si yo quiero, qué me importa que ustedes no quieran? (Mutis.)




Escena III

(Aparecen por la derecha el Comisario, Oficial, un Cabo y dos agentes y se detienen en la puerta contigua al almacén.)

COMISARIO.- Cabo, reconózcame a aquellos sujetos: usted, agente, al almacén, que nadie salga. (Al Oficial.) ¿Aquí es, no?

OFICIAL.- Sí, señor.

COMISARIO.- (Al otro agente.) Usted quede aquí. (Penetrando con el oficial.)




Escena IV

GAMBERONI.- (Muy borracho. Entonando con dificultad algún aire napolitano, avanza unos pasos y se detiene.) ¡A oh! ¡Non e cosí! ¡Vediam! (Reanuda el canto, marcándose el compás con el dedo.) E cosí tampoco. ¡Ma é l'eguale! (Quiere cantar de nuevo, pero se interrumpe.) ¡Evviva l'armonía! ¡Bene! ¡L'armonía!... E l'Italia é il piú grande paese de l'humanitá... ¡Parlate bene Gamberoni! (Se recuesta en la pared.) Ma dove son i compani... ¡Bravi ragazzi!... ¡Simbatichísimi!... (Se queda monologando cosas incomprensibles. Se oye un silbido, y a poco aparece Pedrín muy cauteloso a examinar el terreno. Se detiene un momento frente a Gamberoni sin notarlo. Gamberoni empieza a observarlo y lo reconoce deteniéndolo con un abrazo en momentos que intenta volverse.)

GAMBERONI.- ¡Oh! Per la Madona. Finalemente. ¿Cóme va, faisán?

PEDRÍN.- ¡Ché! ¡Ché! ¡Ché! Qué paisano ni qué paisano. Largame, gringo mamao.

GAMBERONI.- (Sin soltarlo.) ¿Siete ritornato da Gálvez, del amigo D'Andrea? ¡E bene! ¡Bravo!

PEDRÍN.- Largame, te digo. ¡Qué Gálvez ni qué Gálvez!

GAMBERONI.- ¿Cosa dite faisán?

PEDRÍN.- (Al ver al cabo que se acerca, cambia de actitud, volviéndole la espalda.) Dico que mi sono extraviato. E cuando arribo a la estazione lo treno para Gálvez non c'era piú.

GAMBERONI.- E bene. ¡Que viva l'armonía!

CABO.- (Que ha estado observando a Pedrín, lo toma por un brazo.) ¿Qué hacés, Gálvez?

PEDRÍN.- Scusí, sargenti!...

CABO.- Te viá dar sargento. A vos te andaba buscando.

PEDRÍN.- A mí. Io sono un colono di Gálvez. Il mío faisán me conosce. GAMBERONI.- ¡Ah! E un bravuomo. E l'arnaco de D'Andrea, lo procuradore.

CABO.- Salí de ahí, otario. Es un cuentero del tío. Marchá no más, Pedrín.

PEDRÍN.- Bueno, de ahí qué. ¡Cana más o menos! Llevame no más. Cosa bárbara. No se puede ser honrao. Ahora que estaba tan bien de colono. ¡Zás, a la leonera! Mirá, prefiero seguir de ladrón. ¡Por Dios, ché!

GAMBERONI.- Ma dove estó io. Equé me emborta. ¿Ma, é lo compaño creollo? ¡Bravi ragazzi! Simpaticísimi. (Reanuda el canto y se va haciendo eses.)




Cuadro tercero
El despacho del Comisario

Escena I

COMISARIO.- (Interrogando a Moneda Falsa.) Muy bien. ¿Y dónde estuviste ayer?

MONEDA.- ¿Ayer? De aburrido me fui al Jardín Zoológico.

COMISARIO.- ¿A ver a la elefantita?

MONEDA.- No. Estuve en la casa de los leones.

COMISARIO.- ¿Y después?

MONEDA.- En el almacén del Mundo.

COMISARIO.- ¿Y si yo te dijera que has estado en otra parte?

MONEDA.- Por la calle.

COMISARIO.- No.

MONEDA.- Entonces no diría la verdad.

COMISARIO.- Esperá un poco. (Toca el timbre. Aparece un cabo.) Haga pasar a ese señor. (El cabo saluda y mutis.) De manera que andás retobao.

MONEDA.- Retobao no, señor comisario. Ando aburrido.

COMISARIO.- No será por la falta de trabajo.

MONEDA.- Es por eso, por eso, crealó.




Escena II

AGENCIERO.- Con permiso.

COMISARIO.- Adelante. Diga: ¿usted conoce al señor?

MONEDA.- (Interviniendo.) ¡Pucha digo que son! No hable más, no hable más!... Dígale que se vaya. Yo me peno solo. Ayer estuve en la agencia del señor a cambiarle un billete falso... A la tarde... ayer a la tarde. Puede irse no más el señor.

COMISARIO.- Puede retirarse.

AGENCIERO.- Está bien, señor comisario. Muchas gracias. (Mutis.)




Escena III

COMISARIO.- Bueno. De modo que te has vuelto razonable. Así me gusta. Decí no más. Pero no me mientas, porque ya sabes que yo...

MONEDA.- Bueno. (Pausa.) Ayer... la vieja, mi madre no tenía qué comer.

COMISARIO.- Eso le sucede por tu culpa.

MONEDA.- Sí, ya lo sé. No tenía qué comer y entonces yo, estrilao, me acordé que tenía un diez falso y dije...

COMISARIO.- Te he dicho que no me mientas.

MONEDA.- Digo la pura verdad, señor comisario, digo la verdad.

COMISARIO.- ¡Estás mintiendo!...

MONEDA.- ¡Pucha digo, que son! Vea, estoy llorando. ¿sabe? ¡Esto es la verdad, la verdad, la verdad!... (Pausa.)

COMISARIO.- ¡Ajá, já!... ¿Con que la verdad? Decime, ¿y este paquete de moneda falsa que se encontró en tu baúl?

MONEDA.- ¿Eh?

COMISARIO.- Esto, sí, esto. Lo encontré yo en tu baúl. ¿Qué decís?...

MONEDA.- Que es mentira. ¡Que es una gran mentira!...

COMISARIO.- Hay testigos.

MONEDA.- Mienten. Ahora sí que no lloro. Y le digo la pura verdad... Lo que yo le decía es mentira. Pero esto también.

COMISARIO.- ¿De manera que no confesás?

MONEDA.- ¡No, no, no!... Nunca. Vea, señor comisario. Ya no se puede vivir. ¡Pucha digo, que son!...

COMISARIO.- Está bien. No te alterés. Andá. Dormí un rato, pensalo bien, y ya hablaremos. (Timbre. El cabo.) Páselo incomunicado.

MONEDA.- (Al salir.) ¡Pucha digo, que son!




Escena IV

REPÓRTER.- (Por la lateral.) ¿Y, mi comisario?

COMISARIO.- Todo descubierto. No ha acabado de confesar pero ya cantará.

REPÓRTER.- ¿Moneda Falsa?

COMISARIO.- Claro que sí. Investigaciones está empeñada en que hay «pesci grosi». No saben nada. Y ustedes tienen la culpa. Puro bombo a investigaciones, sin pensar que casi todas las pesquisas son nuestras. Y claro está. Nosotros somos los más habilitados para conocer a las gentes y costumbres de nuestros vecindarios; los tenemos en la palma de las manos.

REPÓRTER.- Espero que nosotros tendremos la exclusividad de la noticia. Nuestro diario ha hecho méritos ya y...

COMISARIO.- ¡Oh! Pierda cuidado. ¿Quieren publicar el retrato del sujeto? Ahí tienen la ficha antropométrica. Vea qué lista (leyendo.) Antonio Almada (alias) Moneda Falsa, o Antonio o Almada. Entradas (vea qué cosa). Ficha tal, 9 años, primera entrada, circular moneda falsa; 2ª y 3ª... Vea, ahí tiene la chorrera. ¡Ah! Debo decirle como antecedente curioso, que nunca se le ha podido probar nada... Unos meses en 24 y a la calle para volver en seguida. Tiene una cara de idiota y unas exterioridades que engañan, pero es habilísimo.

REPÓRTER.- Perfectamente. Me llevo la ficha. Y me voy porque es tarde.

COMISARIO.- Espero que no nos olvidará... No por mí, sino por los muchachos. Es un estímulo.

REPÓRTER.- ¡Oh! A ese respecto... Hasta luego. Espero que habrá noticias decisivas.

COMISARIO.- ¡Con toda seguridad!...

REPÓRTER.- Chao... (Mutis.)




Escena V

CABO.- Un señor italiano que quiere hablar personalmente con V. S.

COMISARIO.- Que pase. (Mutis del cabo.)

GAMBERONI.- Buon giorno, signor comisario. Yo porto una cartulina del suo amico.

COMISARIO.- A ver. (Toma la tarjeta y lee.) ¡Usted dirá!

GAMBERONI.- Signor comisario. Io sono chacarero da Magliolo.

COMISARIO.- Muy bien.

GAMBERONI.- Estaba a Buonozarie i mi son incontrato con una ganaglia de creollo que me hano fatto bebere un tanto. Giocamo a boccia e poi andiamo a prender el vermut. Entonce un golono da Gálvez con un biglieto de lotería; mi hano mostrato lo estrato é risultó con un premio de cinque cento pesi.

COMISARIO.- Y usted, por servirle, le dió 100 ó 200. Eso se llama el toco mocho.

GAMBERONI.- ¿Cosa dice?

COMISARIO.- Toco mocho.

GAMBERONI.- Non capisco. ¡Ma io sono arrubinato!...

COMISARIO.- Porque quería estafarlo al otro. (Timbre. El cabo.) Acompañe al señor a la oficina de guardia a que haga la denuncia.

GAMBERONI.- ¿Cosa dice?

COMISARIO.- Que usted es tan pillo como el otro. Siga no más.

GAMBERONI.- Parlate bene. Ma il siñor comisario.

COMISARIO.- Siga nomás.

GAMBERONI. -(Saliendo.) ¡Madona cuelo cregollo ladri!




Escena VI

CABO.- (Volviendo.) Ahí está la madre de ése y otra mujer.

COMISARIO.- Que pasen.

CIRIACA.- ¡Ah! ¡Señor Comisario!

COMISARIO.- No me hagas escenas. ¿Qué querés?




CIRIACA.- Vengo a ver a mi hijo. Si se puede. Yo soy una madre.

COMISARIO.- ¡Sí, ya lo sé! ¿Qué querés?

CIRIACA.- Yo quiero verlo. Podría ser una ayuda para la misma autoridad.

COMISARIO.- Bueno. El Moneda está reventado, pero podría mejorar su causa si confesara de plano. ¡Se ha empacado!

CIRIACA.- ¡Ah! Bueno. Yo no vengo a nada malo, pueden registrarme si quieren. Pero si yo hablara con él, tal vez, tal vez... Es en el interés de m'hijo... El muchacho es un bandido, una mala cabeza, pero con esta lección tal vez aprenda...

COMISARIO.- Lo voy a llamar. (Timbre. El cabo.) Que traigan a Moneda. Siéntense. (A Carmen.) ¿Usted también quiere hablarlo? ¡Hum!... ¡Ya sabemos por acá!... Le gustan los papanatas a usted, ¿eh? Bueno. Para que vea. Tampoco le privo que hable con él con tal de que me lo aconseje bien. ¡Allí está el hombre!




Escena VII

MONEDA.- Buen día.

CIRIACA.- ¡Hijo mío! ¿Por qué has hecho eso?

MONEDA.- Yo no he hecho nada, mamá. (A Carmen.) Buen día, Carmen.

CARMEN.- (Responde con la cabeza.)

CIRIACA.- ¿Por qué no me dijiste que estabas metido en ese asunto? Yo te hubiera dado un consejo de madre, un consejo verdadero.

MONEDA.- Yo no estoy metido en nada.

CIRIACA.- ¿Pa qué sos terco, si te han encontrado en el baúl, la mar de billetes falsos?

MONEDA.- ¡Ah! De modo que usted también cree que yo tenía los falsos en el baúl.

CIRIACA.- Claro que sí, hijo.

MONEDA.- Entonces, ¿es cierto? ¿Es verdad, es verdad eso?

CIRIACA.- ¿Y por qué has de negarlo? Si yo te los hubiera visto, los saco y los quemo. Pero los encontró la autoridad. Confesá y no seas pavo. Sí, así la sacás con tres o cuatro añitos, diciendo la verdad tal vez sea menos.

MONEDA.- Es claro. Bueno. Viá a contarlo todo, todo, comisario. Moneda falsa va a decir la verdad.

COMISARIO.- Así me gusta. Yo te prometo que...

MONEDA.- No prometa nada. ¿Puedo hablar dos palabras con esta mujer? ¿Aparte?

COMISARIO.- Hablá nomás.

MONEDA.- Vení, Carmen.

CARMEN.- ¿Qué querés?

MONEDA.- ¿Fuiste vos?

CARMEN.- ¿Qué?

MONEDA.- ¿Fuiste vos, vos?

CARMEN.- ¡Sí, me obligó!... ¡Quería matarme! ¡Yo no tuve la culpa! ¡Quería matarme!

MONEDA.- ¡Vos!... ¡Tan luego vos!...

CARMEN.- No pude. Mi negro, no pude!

MONEDA. -Tu negro, ¿no? ¡Tomá, perra! Pa que te acordés de Moneda Falsa. (Le da un golpe en la cara.)

CARMEN.- (Cayendo.) ¡Ay!...

MONEDA.- Este no es falso. ¡Es oro!

COMISARIO.- ¡Moneda! ¿Qué es eso? ¿Por qué has hecho eso?...

MONEDA.- Es el genio que me ha vuelto. No haga caso. Asuntos privados. No te aflijás, vieja. Ella te va a cuidar... Cuando quiera, señor comisario.

COMISARIO.- Bueno, largá.

MONEDA.- Tenía usted razón. Esos diez fallutos todos eran míos. Se los compré a Bellini en la anterior falsificación.

Telón

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