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lunes, marzo 26, 2007

PATRICIA SUAREZ:"Obras para nenes muy chiquitos"




.MIS AGRADECIMIENTOS A PATRICIA SUAREZ POR ENVIARNOS ESTAS OBRAS.

PATRICIA SUAREZ
Nació en Rosario(Argentina)en 1969. Es dramaturga y narradora.
Como dramaturga escribió Valhala realizada en el Teatro del Angel en el 2003; la trilogía Las polacas, compuesta por Historias tártaras, Casamentera (Premio Fondo Nacional de las Artes 2001) y La Varsovia (Premio Instituto Nacional de Teatro 2001), estrenadas en 2002 en Buenos Aires Fue nominada al Premio Trinidad Guevara por la autoría de Las Polacas. Es autora de Rudolf (Teatro Cervantes, 2005), El Tapadito (2do Premio de Obras del Instituto Nacional de Teatro 2004), dirigida por Hugo Urquijo en el Teatro del Pueblo (Nominación Premio ACE Mejor Obra Argentina), El sueño de Cecilia (Patio de Actores, 2005) y Las 20 y 25 dirigida por Helena Tritek en el Teatro Payró en 2005 (dos nominaciones Premios Florencio Sánchez: mejor directora y mejor actriz de reparto). Recibió el Premio Argentores a la Producción 2005 por la obra Roter Himmel, escrita junto a Ma. Rosa Pfeiffer y el Primer Premio del IV Concurso de Teatro de humor de la Biblioteca Teatral Hueney de Neuquén por la obra Miracolosa.

Publicó entre otros las novelas Perdida en el momento (Premio Clarín de Novela 2003, Alfaguara 2004) y Un fragmento de la vida de Irene S. (Premio Secretaria de Cultura de la Nación 2001, Colihue, 2004) y el libro de cuentos Esta no es mi noche (Alfaguara, 2005).

Publicó los libros de teatro: Las Polacas (Teatro Vivo, 2002), y en co-autoría con Leonel Giacometto Trilogía Peronista (Teatro Vivo, 2005), Herr Klement (Artezblai, Bilbao, 2005) y La Germania (Losada, 2006). Mantiene el blog www.discretoencanto.blogspot.com
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"Obras para nenes muy chiquitos"

PATRICIA SUAREZ

1.
Un Lobo Feroz vegetariano

Caperucita: ¡Ah, por fin lo encuentro!
Lobo Feroz: Sí, sí. Buen día.
Caperucita: ¿Qué hace? ¿Está temblando? No hace frío. ¿Por qué tiembla?
Lobo Feroz: Tengo miedo.
Caperucita: Por acá no hay cazadores que puedan hacerle daño. Quédese tranquilo.
Lobo Feroz: No puedo. Tengo miedo de ti, Caperucita.
Caperucita: ¿De mí? ¿De una pobre niñita indefensa?
Lobo Feroz: Los otros lobos feroces me hablaron muy mal de ti.
Caperucita: ¿Y darás fé a las malas lenguas de unos lobos desgraciados?
Lobo Feroz: No, no. Claro que no. Si a uno por chismoso, lo corriste con un hacha para cortarle la lengua...
Caperucita: Qué exagerado.
Lobo Feroz: Y a otro para que no te huyera de ti, le sembraste de tachuelas el camino y se clavó los pies...
Caperucita: Eso no es cierto.
Lobo Feroz: Mis amigos me dijeron que tenga cuidado con Caperucita. Que eres terrible.
Caperucita: ¿Quién? ¿Yo?
Lobo Feroz: Sí.
Caperucita: Bueno. Basta. Me cansé. ¡A trabajar! ¡Vamos a asustar a mi abuelita!
Lobo Feroz: ¿Qué?
Caperucita: Yo me hago la desentendida y voy por el camino largo. Mientras tanto, tú vas por el camino corto, golpeas la puerta, te haces pasar por mí, y ¡zápate!, te la comes de un bocadito.
Lobo Feroz: ¿A tu abuelita? ¿Qué yo me coma a tu abuelita? ¿Estás loca, Caperucita? Yo soy vegetariano. Sólo como milanesas de alpiste y brotes de soja. También tengo una casa de comida vegetariana. Hago patelitos de semillas, sésamo, girasol; tortitas de manteca y miel, tartas de acelga...
Caperucita: ¡¡Pavadas!! Yo tengo que heredar la casita del bosque, ¿eh? Para eso debo deshacerme de la vieja. Vas y te la engulles. Lo hacemos aparecer como un accidente...
Lobo Feroz: ¿Cómo, Caperucita? ¿Qué clase de accidente podría hacer que yo...?
Caperucita: Un ataque de hambre.
Lobo Feroz: ¡No, no, no! Yo, cuando tengo un ataque de hambre, chupo un caramelo de limón. No lo haré. Me niego a comerme a una vieja.
Caperucita: Si lo haces te presento a Lobizona.
Lobo: ¿Quién?
Caperucita: No me vas a decir que nunca oíste hablar de Lobizona, la estrella de la telenovela de los viernes. Una noche de luna llena de estas, te la puedo presentar.
Lobo: No.
Caperucita: Una loba hermosa, llena de pelo negro, con unos dientes del tamaño de cuchillos tramontina...
Lobo: Preferiría que me presentaras una oveja.
Caperucita: Ah, ah. Con que esas teníamos, ¿eh? Así que te alimentas de ovejas también.
Lobo: ¡No! ¿Cómo se te ocurre? Me gustaría ponerme de novio con una oveja. Estoy muy enamorado de una de ellas: la Oveja Negra.
Caperucita: ¿Estás loco? Los lobos no se enamoran de las ovejas.
Lobo: ¡Y las niñitas no asesinan a sus abuelas!
Caperucita: Ah, ah. Te arrepentirás de no hacerme caso.
Lobo: ¿Yo?
Caperucita: Sí, claro que sí. Ahí viene el Guardabosques. Voy a denunciarte. Le diré que quisiste comerme.
Lobo: ¿A quién?
Caperucita: Al Guardabosques que viene ahí. ¡Señor, señor! ¡Ayuda!
Lobo: ¿Por qué gritas así, Caperucita? Si ese es Panchito. ¡Panchito me compra los pastelitos de sésamo que hago! ¡Eh, Panchito! Mira, Caperucita. Viene para aquí. No oigo lo que dice. ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué dice?
Caperucita (observando de lejos a Panchito): Dice que quiere pastelitos.

Fin.

2.
El Chanchito y el Lobo

El Lobo golpea a la puerta de una casita de ladrillo. Se abre la mirilla, y al otro lado aparece el Chanchito Albañil.

Lobo: ¿Así que usted es el Chanchito Albañil?
Chanchito: Sí, ¿por?
Lobo: Por, por... Tengo una gotera en el techo de la madriguera y necesito que venga a repararla. Cof, cof.
Chanchito: Yo no reparo goteras. Para eso llame a un plomero.
Lobo: Ah, ¿no? ¿No repara goteras...? También tengo rota la puerta, que no cierra bien y hace un chiflete cuando corre viento y... Cof, cof, cof...
Chanchito: Eso se lo pide a un carpintero. ¿Por qué tose así?
Lobo: ¿Quién? ¿Yo toso? Cof, cof.
Chanchito: Claro. Usted tose. Cómprese un jarabe en la farmacia.
Lobo: ¡Nooo! Si yo cofo cof no tengo tos.
Chanchito: ¿cómo que no? ¿Le duele el pecho?
Lobo: Noooo. Nada, nada. Cofi cofi cof. Bueno, un poquito, en realidad.
Chanchito: Póngase pañitos calientes.
Lobo: Cofo cof, pero si no es nada.
Chanchito: ¿Cómo se enfermó?
Lobo: ¡Pero si no estoy enfermo! ¿Me podría arreglar la cañería del dseagüe?
Chanchito: Eso lo hace un plomero. Yo no soy plomero. Además no voy a entrar a su casa. A ver si me contagio.
Lobo: Cof cof cof. ¿de qué se va a contagiar? Hace una semana atrás hice el tratamiento anti-pulgas así que no creo que...
Chanchito: De esa enfermedad del pecho que tiene.
Lobo: ¿Qué fer fer cof cof medad, me dice?
Chanchito: Ésa. ¿cómo le vino?
Lobo: Ah, fof fiú, por soplar.
Chanchito: ¿Toca la flauta?
Lobo: Efff, sí, algo así...
Chanchito: Nunca supe de un flautista que se enfermara del pecho... Y yo sé lo que le digo, porque mi hermano el menor toca la flauta también y no se enfermó nunca.
Lobo: Su hermano el menor, qué rico. Quiero decir: qué talentoso. La cofo tos me viene porque yo soy un flautista muy trabajador. Toco la flauta día y noche, día y noche... Cof murmur cof
Chanchito: ¿Qué canciones conoce?
Lobo: Bueno... El Arroz con leche, el Puente de Aviñón...
Chanchito: Sílbeme una.
Lobo: Cofo cofo cof. Así como tengo la garganta no puedo... Desafino.
Chanchito: ¿sabe que le veo cara conocida?
Lobo: Alguna fiesta, cof cof, algún casamiento donde yo haya estado tocando la flauta... ¿Por qué no me hace pasar a su casita que acá afuera me canto de frío? ¿Está solo, usted? Cof, cof. ¿O está su hermanito el que toca la flauta? Así hacemos un dúo ¿qué le parece? ¿O trío con su hermanito el del medio, el más sabroso, el que toca la mandolina? Cooooofo cof.
Chanchito: ¿Cómo sabe que tengo un hermano que toca la mandolina?
Lobo: ¿Quién? ¿Yo? Esteeeee... es que está afiliado al sindicato de músicos.
Chanchito: Mentira.
Lobo: Lo escuché tocar en un concierto. De ahí cofo cof lo conozco...
Chanchito: Mentiroso. Mi hermano el del medio nunca tocó en un concierto.
Lobo: Su hermano del medio... con papitas, con salsa a la portuguesa...
Chanchito: ¿Qué dice?
Lobo: Y el más chiquito al horno... con manzana...
Chanchito: Me parece que no le oigo bien, ¿qué dice? Hable más fuerte.
Lobo: Y usted... a las brasas... doradito, quemadito, crocantito... ¡qué hambre que tengo!! Cof cof...
Chanchito: ¡Pero si usted es el Lobo que sopló nuestras casitas!
Lobo: ¿Quién? ¿Yo? ¡No!
Chanchito: Vino persiguiendo a mi hermanito el que fabricó su casita sobre la arena y después a mi hermano del medio que hizo su casita con palitos... Los corría diciendo: “Soplaré y soplaré y soplaré y derrumbaré sus casitas, y me los comeré...”
Lobo: ¿Yo dije eso? ¿Cuándo?
Chanchito: No sea haga el idiota. Entonces mis hermanitos se refugiaron en mi casa, que es de cemento y por más que usted decía “soplaré y soplaré”...
Lobo: Yo nunca dije “soplaré y soplaré”. Cof cof cof.
Chanchito: ¡Mentiroso! ¡Fuera de acá! ¡Fuera de acá! Nos quiere comer. ¡Chicos, chicos, vengan! ¡Vamos a dar una paliza a este lobo mentiroso!
Lobo: Acá en la revista del barrio, dice que en la otra cuadra hay un maestro plomero. Bueno, adiós. Mejor me voy. Eh? Porque ya es tarde y capaz que el señor plomero duerme la siesta. Cof, cof. Adiós, adiós.

El Lobo sale corriendo.

Chanchito: ¡Mentiroso!

Fin


3.
El lobo y la cabra

La Cabra está a la orilla de un precipicio. El Lobo trata de trepar las rocas para alcanzarla, pero no puede.

Lobo: ¡Señora Cabra! ¡Señora Cabra! Mejor baje de ahí, amiga mía, que se puede caer...
Cabra: ¿Quién me habla?
Lobo: Eh... su amigo el Lobo.
Cabra: ¿Mi amigo el quién?
Lobo: Lobo.
Cabra: Oh. ¿Qué quiere? Hable fuerte que de aquí tan alto no se le oye.
Lobo: Por eso mismo, baje. Venga, venga. Mire si se cae. ¡Por favor, no vaya a caerse! Mire si se dá un porrazo y después hay que llevarla al hospital veterinario. Venga, venga.
Cabra: ¿Qué urinario? No, no tengo ganas de hacer.
Lobo: ¡Veterinario, veterinario! Si se cae y se rompe la cabeza habría que llevarla a un veterinario. Y vio que a los animales salvajes, sin turno no nos atienden. Además me contó su marido el chivo que los de su gremio están con problemas en la obra social.
Cabra: ¿Mi marido, un genio? Puede ser, nunca lo había notado. Es que él es muy modesto. Yo siempre le digo: Evaristo, vos arrancás el yuyo que es una preciosura, una obra de arte. Pero él no me cree. Me alegra que usted piense como yo que mi marido es un artista. Además es filósofo mi marido. Dá clases en todas las escuelas para cabras y ganado lanar.
Lobo: ¡No! ¡Sí! ¡Será un genio, su marido el señor Chivo! Bueno, pero baje usted, señora Cabra. Mire acá qué lindo este prado donde estoy yo, está bien verde y crecido. Esta hierba sí que está buena, hummmm cómo me gusta esta hierba. (Aparte, la escupe) Puaj, puaj.
Cabra: ¿Qué come?
Lobo: Yuyito verde rico. Mmm.
Cabra: ¿No me dijo que es un lobo usted, señor Lobo?
Lobo: Sí, ¿y?
Cabra: ¿Desde cuándo come hierba? ¿Los lobos no comen cabras y otros seres inocentes?
Lobo: ¡No! Yo no. Otros lobos no sé, pero yo hablo por mí. No, no. Para nada. Yo como verduritas hervidas, guiso de zapallos...
Cabra: Sin embargo, se lo ve a usted muy flaco. (grita) ¡Está muy flaco usted!
Lobo: No, no. Si acá mismo en el bolsillo tengo un sandwiche de pasta de poroto. Eso me llena no se imagina cuánto. Como un sadwiche de poroto por día, un ramito de alfalfa y estoy como nuevo... ¿Quiere probarlo?
Cabra: No.
Lobo: ¡Vamos, señora Cabra, baje, pruebe! ¡No desprecie así mi amistad! ¡No desprecie mi sandwiche de poroto!
Cabra: Bien sé que usted no me invita a comer a mí, sino a usted mismo, convirtiéndome a mí en su plato.
Lobo: Ah, qué cosa tan fea que dice. ¿Yo, comerme una Cabra? Antes muerto. No, no. Baje y hablemos sobre este insulto que me hace.
Cabra: ¿Yo, insultarlo? Prefiero que se ofenda a que me muerda.
Lobo: Ah, prefiere insultarme a bajar y dialogar. Sólo usaré mi boca para dialogar.
Cabra: No bajo.
Lobo: ¡Terca! ¡Desconfiada! ¡Loca como una cabra está usted, Señora Cabra! ¿Cómo me la voy a comer? ¿Cómo, eh?
Cabra: Con los dientes.
Lobo: Pero si ni siquiera traje la lata de salsa pomarola, el abrelatas, la olla a presión, las batatas...
Cabra: Mi marido el señor Chivo siempre dice: “Conoce a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños”. Así que gran novedad sería que necesitara usted todos esos trastos para poder comerme. Bien sé que se come usted crudas a las cabras. Adiós, señor Lobo. Me voy allá bien arriba a la peña. No se desconsuele. ¿Vé allá lejos, aquello de ahí? Son plantas de hinojo silvestre, ¡no sabe qué rico es el hinojo silvestre! Vaya y dése una panzada con él. ¡Vaya, vaya! ¡Ya que ahora tanto le gusta la hierba!

La Cabra trepa más arriba, muy oronda.
El Lobo arranca unos manojos de hierba, furioso. Y se echa al piso y da patadas.
Fin

1 comentario:

slim dijo...


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