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lunes, marzo 26, 2007

Patricia Suarez:"Monstruos griegos"


Monstruos griegos


Polifemo


Personajes.
Polifemo, un cíclope del tamaño de una montaña; cuyo bastón es un pino.
Galatea, una ninfa pequeñita, regordeta, casquivana y coqueta. Usa un sombrero capelina.

1.
Galatea frente a Polifemo. Vemos que ella siempre mira hacia arriba y es cubierta por una gran sombra.

Galatea.
Ayer, señor, cuando veníamos hacia aquí, Toosa, su mamá no hacía sino hablarme de usted.

Polifemo.
Ah, ¿si? ¿Es que le gustaron tanto los jacintos? Cuando yo era más chico ella los hacía como croquetas de verduras. Uno o dos quintales de acelga y una plantación entera de jacintos. Le daba muy buen sabor.

Galatea.
No me hablaba de las flores.

Polifemo.
¿No le gustó el monte de jacintos adonde las llevé a cortar flores?

Galatea.
Sí.

Polifemo.
¿En qué quedamos? Les gustó, no les gustó.Ustedes las ninfas son todas unas indecisas. Me lo advirtió un tío mío. Hoy quieren una cosa y mañana otra y cambian de querer a cada rato como una pluma en el viento.

Galatea.
Eso no es cierto.

Polifemo.
Me dijo mi tío: “Yo nunca me fío de una ninfa porque son indecisas
y glotonas y les gustan más que todo las moscas fritas”

Galatea.
¡Yo no soy ninguna indecisa!

Polifemo.
¿Y las moscas fritas te gustan?

Galatea.
¡Yo no soy ninguna indecisa! ¡Yo no como moscas! ¿O tengo cara de sapor?

Polifemo.
Mi tío decía...

Galatea.
¡Pero basta con su tío! ¡Qué pesado con el asunto de su tío!

Polifemo.
Yo lo quería mucho a mi tío porque él...

Galatea.
¡A mí qué me importa eso! Era su mamá la que me hablaba de usted,
me decía qué buen marido sería usted.

Polifemo.
¿Yo? Te lo estaba diciendo en broma.

Galatea.
¡No! ¡Lo elogiaba!

Polifemo.
Era una broma, Galatea. No te diste cuenta.

Galatea.
Me decía. “Vieras, Galatea, qué hermoso es mi hijo.”

Polifemo.
Eso no es cierto. Es que mi mamá es muy bromista. ¡En el Olimpo armaba cada zafarrancho!

Galatea.
“Y con cuánta dedicación cuida las ovejas.”

Polifemo.
Eso es cierto.

Galatea.
“Cómo cuidará él de su esposa cuando la tenga...”

Polifemo.
¿Yo, esposa? ¿Yo, casarme? ¿Acaso balan las esposas?

Galatea.
“Él ya tiene edad para casarse”; no lo digo yo, señor, lo dijo ella, su mamá, la señora Toosa, mientras cortábamos unos jacintos ayer en el monte.

Polifemo.
Ah, vamos. Otra broma. Me acuerdo en la época en que yo iba a la escuela de gigantes; ¡ah, qué insoportable que era mi mamá! Ella se creía que yo era el mejor alumno de todos; cada vez que tenía una mala nota, iba y se peleaba con la maestra. ¡Me hacía pasar una de vergüenzas!

Galatea.
Ella dijo que usted sería un marido excelente.

Polifemo.
Te lo habrá dicho por decir. Mamá habla porque tiene lengua.

Galatea.
Parecía muy segura de lo que decía.

Polifemo.
Ah, sí. Y tan tranquila. Lo que ella quiere es no prepararme más la sopa de rabanitos.

Galatea (soñadora)
¡Oh! A usted le gustan los rabanitos lo mismo que a mí.

Polifemo.
Un cuenco de mi sopa lleva dos toneladas de rabanitos.Y así y todo casi siempre me quedo con hambre.

Galatea.
¡Yo soy capaz de cortar con un cuchillito un campo entero de rabanitos!

Polifemo.
Y por si no lo notaste respecto de mi hermosura. Tengo un solo ojo.

Galatea.
Pero luminoso como el sol.

Polifemo.
En el medio de la frente.

Galatea.
Como el sol. En el centro del cielo.

Polifemo.
Yo, que soy del tamaño de una montaña, ¿qué haré con una mujercita? ¿Me la guardaré en la palma de la mano? ¿O la llevaré enroscada en la oreja?

Galatea.
Con qué gusto, señor, una pobre ninfa como yo pasaría sus días con un gigante.

Polifemo.
Soy pastor.

Galatea.
Próspero.

Polifemo.
Próspero era otro tío mío. Yo solamente soy pastor de la mañana a la noche y de la noche a la mañana tras las ovejas. No tengo mucho tiempo de acicalarme ni ponerme dulces perfumes de flores y estos pelos que se me paran en el medio
de la cabeza y parezco todo un puercoespín. No me mientas, bella Galatea, no me digas que soy un gigante como un jardín de flores.

Galatea.
El amor mira con los ojos del alma.

Polifemo.
¡Pero yo tengo un solo ojo, y en el medio de la frente! ¿Cómo podría yo...? Cuando voy por la isla de Sicilia, mi isla, a veces escucho a los marineros de los barcos que se gritan entre ellos. “Ojo, allá que vive un monstruo, el gigante Polifemo.” Ni qué contar acá lo mal parado que me dejó Ulises contando todas mentiras. que yo me quise comer a los marinos, ¡yo! ¡Yo, Galatea, que vivo a queso de cabra y sopa de rabanitos! La única vez que me llevé a la boca un pajarito fue para escarbarme los dientes y después lo devolví a su árbol sano y salvo. Pero me han hecho muy mala fama; los hombres son unos seres terribles. Hermosos, sí, pero terribles.

Galatea.
Usted es hermoso, señor.

Polifemo.
Vamos, Galatea, que las aguas del mar son mi espejo y tu amor es un espejismo.

Galatea.
Piénselo, señor. Sólo usted sabe si yo como esposa le convengo. Yo siempre soñé con un gigante que me protegiera de los males del bosque. Los cactus, los sátiros, los centauros, las hormigas coloradas, los bichos bolitas. ¡todos andan queriendo siempre secuestrarme!

Polifemo.
¿Las hormigas coloradas, también?

Galatea.
Todos, señor. Y yo no sé cómo defenderme, tan chiquita, tan minúscula soy, que el día que yo llore no podrá ver usted ni una de mis lágrimas desde allá arriba.

Polifemo.
No veo por qué dices eso, Galatea. Soy cíclope, no miope.

Galatea.
Mañana vendré a esta misma hora a visitarlo en la roca a ver si decidió que sea yo su esposa o que no lo sea. Adiós.

Polifemo.
Adiós, Galatea.


2.
Polifemo solo en la roca; ahora lo vemos. Es un gigante enorme, de cabello claro y medio parado. Es pastor, usa un pino de cayado y observa a lo lejos su rebaño de ovejas.

Polifemo.
¿Es posible que la bella ninfa Galatea esté enamorada de mí? No, no y no. Debe ser lo que decía mi tío. Un capricho para el momento y luego todo el olvido. ¿Pero si fuera cierto? Ah, Galatea, ¡ah, Galatea!. Redondita como una lenteja, y blanca como un poroto pallar, con esos rulitos tan graciosos que parecen virutas de repollo colorado. ¡Ah, Galatea, me está dando tanta hambre! ¿Pero si le doy un beso, no me la trago entera? ¿Cómo voy a hacer para besar a Galatea? Tendrán que ser besos suspirados; aunque a lo mejor la hago volar por el aire. ¡Oh, Galatea! ¿cómo haré para besarte? Bostezar tampoco nunca podré y si un día estoy aburrido mucho cuidado tendré que tener de no sorberme a Galatea en pleno aburrimiento. ¿Cómo viviremos? ¿Cómo? ¡Pero ella dice que me ama! Ah, el amor ¡el amor! Es un sentimiento mucho más picoso que la urticaria y el guiso de morrón. Mirando el lado bueno de las cosas, la bella Galatea podrá servir para rascarme. Al fin dejaré de usar de escarbadientes al pajarraco aquel, la cigüeña esa que siempre se quejaba de mi mal aliento. También podrá Galatear sacarme las espinas de las ortigas, los abrojos, ¡yo a cambio saciaré todos sus antojos! Sí, sí y sí. ¿O no, no y no? Sí. voy a pedirle casamiento. Le fabricaré una casita tan chiquita que yo pueda llevar colgada siempre de mi cuello, y le compraré un cornetín para que por ahí me hable sin tener que andar a los gritos. Una esposa gritona es algo muy feo; en cambio mi Galatea tiene voz de mosquito, y con el cornetín será un mosquito completo. ¿Era esta la hora a la que dijo que volvería? Ya está cayendo el sol detrás de los pinos. esta es la hora. Qué impaciencia; me pican los dedos de los pies. ¿Me lavé hoy los pies? Ya no lo recuerdo. Ah, sí. los metí en el lago y casi ahogo todo un pueblo cuando el agua desbordó. En fin, ¿qué esperaban? ¿Qué yo anduviera con los pies todos olorosos delante de mi amada? Ay, ¡le dije amada! ¿Será que ya la amo o es que se me escapó la palabrita por pura casualidad? Ahora todos los gigantes van a gritarme. “¡Polifemo tiene novia!”; me ponen de mal humor esos tipejos cuando se hacen los graciosos. Oh, Zeus, oh. Ayúdame a declararme a Galatea. ¿Adónde está que no la veo? ¡Galatea! ¡Galatea! ¿Qué es eso? ¿Está pintándose las uñas? ¡Y yo que la hacía temblando por mi amor! Ey, Galatea, hola, hola. te habla Polifemo, acá arriba. Hola, ninfa preciosa.

Galatea (indiferente; vemos un bultito minúsculo a los pies de Polifemo; una especie de chinche).
Ah. Hola.

Polifemo.
Estuve pensando.

Galatea.
Qué bien. La filosofía es una buena manera de entretenerse cuando una no tiene nada que hacer.

Polifemo.
Decidí que tienes razón.

Galatea.
Ah, ¿sí? Yo siempre lo dije. La filosofía...

Polifemo (Avergonzado).
No, no. Sobre eso no. Sobre lo otro...

Galatea.
¡Ah! Sí. El esmalte rojo queda mucho mejor en las uñas de las ninfas, ¿no es verdad?

Polifemo.
No, no y no. Me refiero a nuestro casamiento.

Galatea.
¿Nuestro qué?

Polifemo.
Nuestra boda.

Galatea.
¿Nuestra boda con quién?

Polifemo.
Conmigo. ¿Recuerdas ayer tus palabras, tus deseos de ser mi esposa?

Galatea.
¿Yo, ayer? ¿Ayer cuándo?

Polifemo (perdiendo la paciencia).
¡Ayer a esta misma hora!

Galatea.
Pero ayer era otro día...

Polifemo.
¿Y?

Galatea.
Y hoy conocí al bello Acis.

Polifemo.
¿Acis?

Galatea.
Un pastorcito de la costa, cuida cabritas, toca el flautín...

Polifemo.
¡Y yo toco la flauta!

Galatea.
Ya lo sé. Si nunca podemos dormir... Pero cuando Acis toca, hace bailar a las flores y a los árboles mecerse al compás...

Polifemo (celoso).
¿Acis? ¿Acis? ¿Cuál es Acis?

Galatea.
Un muchacho delgadito que...

Polifemo.
¡El alfeñique!

Galatea.
Yo lo veo con los ojos del alma. Para los ojos del alma no hay alfeñiques.

Polifemo.
¡Eso mismo! Ayer me dijiste que para los ojos del alma no había gigantes.

Galatea.
¿Yo dije eso?

Polifemo.
Sí.

Galatea.
¿Cuándo?

Polifemo.
Ayer.

Galatea.
¿Ayer en qué momento?

Polifemo.
Cuando caía la tarde...

Galatea.
¡Pero ayer era otro día! Además yo soy una ninfa, ¿cómo haría para volverme giganta? ¿Cómo podríamos hacer juntos un bailecito? En cambio, Acis, Acis...

Polifemo.
Por el amor en que ardías por mí, pensé que...

Galatea.
Usted es un cíclope.

Polifemo.
Sí, bueno...

Galatea.
Con ese horrible ojo en medio de la frente. De sólo mirarlo produce espanto.

Polifemo.
Ayer dijiste que mi ojo era como un sol y...

Galatea.
¡Ayer era otro día!

Polifemo (furioso).
¡Ninfa inconstante!

Galatea.
Ah, sí. Ahora también reproches. ¿Qué culpa tengo yo de que el tiempo pasa y pasa? Mi corazón también pasa y pasa. Es un órgano muy paseandero. Además, me voy. Ya me tengo que ir. Me espera Acis para comprarme unas coronita de lirios, ¿usted qué opina señor Polifemo? ¿Me quedará bien la coronita sobre mi cabello rojo?

Polifemo.
¡Ninfa interesada!

Galatea.
Ah, sí. Ahora resulta que no puedo ni aceptar un regalito para mi linda cabecita.

Polifemo.
¡Ninfa con cabeza de chorlito!

Galatea.
Una ninfa como yo debe preocuparse por su belleza.

Polifemo.
¡Ninfa coqueta!

Galatea.
Ah, sí. También insultos.

Polifemo.
¡Pero si era al final como mi tío advertía...!

Galatea.
Ya empezamos con su tío otra vez. Basta, me voy. Adiós, señor Polifemo.


3.
Polifemo solo en la roca. Tiene siete cañas y va uniéndolas con hilos para hacerse una flauta. Mientras tanto canta.

Polifemo.
“Me dijo a mí una mujer
que por feo no me quería
pero al punto la hice ver
que no era la culpa mía.
Me hubiese mandado a hacer
que a su gusto me tendría.”

Toca la flauta.
Apagón.


Hefesto



1.
Hefesto de 9 años, solo. Lleva delantal de herrero y a su lado hay un yunque, una pequeña fragua y algunas herramientas. Es orfebre.

Hefesto: Permítanme que me presente. Yo soy Hefesto, algunos me conocen por el nombre de Vulcano. Todavía tengo 9 años; pero ya me sucedieron un montón de cosas. Por ejemplo esto (camina y muestra su renguera). Vivo en esta isla, al cuidado de dos Nereidas. Sí, Nereidas dije, aunque yo las llamo tías: la tía Tetis y la tía Eurínome. Las Nereidas son como sardinas pero con cara de mujeres; las tías, en cambio son unas mujeres pesadas que siempre están besuqueándolo a uno y preguntando: “¿A quién querés más? ¿A tu mamá o a tu papá?”. Sí, son un poco fastidiosas. ¡Uf! No me hagan hablar, no me hagan hablar. Pasa que yo soy aprendiz de orfebrería: fabrico pulseras, aros, collares; y ellas están todo el día cargoseándome con: “Hefestito, tengo un baile esta noche; a ver si me hacés unos pendientes con piedritas rojas...” o “Hefestito, necesito un brazalete de esmeraldas para ir de compras al agua marina...” Todo el santo día. Tengo ya una mochila repleta de artesanías y en cuanto pueda me voy un domingo a la feria y las vendo. Quiero ahorrar para irme de vacaciones bien lejos y además tengo que comprarme una fragua completa, porque cuando sea grande quiero ser herrero. (Pausa). ¿Qué? (Pausa) Ah, sí. Tengo un pasito como bailado, ¿no les parece? ¡Esto tiene una historia!
Tetis (en off): Hefestito: ¿para cuándo con los zarcillos? Mirá que tengo un cumpleaños y necesito llevar un regalo. (Pausa.) Hefestito, ¿me estás oyendo?
Hefesto: Sí, tía, sí. Esa era mi tía Tetis. Es Reina del Mar. Nada lindísimo, sabe un montón de estilos. Se zambulle como un delfín, se zarandea como una mojarrita... Es tan lindo verla nadar que hasta le han propuesto filmar una película. Mi tía dijo que no, pero nada más que por hacerse rogar, ¡porque tiene unas ganas de convertirse en estrella de cine! (Pausa.) ¿Qué les estaba contando? (Pausa.) Ah, sí. Lo del accidente en el pie. Ah, fue algo de lo más gracioso...
Eurínome (en off): ¡Hefestito! ¡El cinturón que me hiciste me queda chico!
Hefesto: Lo hice de la medida que usted me dijo, tía Eurínome.
Eurínome: ¡No! ¡No puede ser! Esto no me entra.
Hefesto: Habrá engordado, tía.
Eurínome: ¿Yo? ¡Si yo soy un junco!
Hefesto: Un junco un poco gordito...
Eurínome: ¿Qué decís, Hefestito? Mirá que te dejo sin ambrosía de postre, ¿eh? Hacéme el favor, agrandá un poco este cinturón...
Hefesto: Sí, tía. ¿Para cuándo lo necesita?
Eurínome: Ya.
Hefesto: ¿Ya?
Eurínome (avergonzada): Sí, ya.
Hefesto: ¿Acaso va a una fiesta?
Eurínome: No puedo decirte, Hefestito, por qué lo necesito ya. Pero lo necesito ya.
Hefesto: ¿Puede ser para dentro de una hora, tía?
Eurínome: ¡Es que se me cae la falda sin el cinto!
Hefesto: ¿La...?
Eurínome: ¿No querrás que tu tía se pasee por la isla en calzones?
Hefesto: No, tía, no.
Eurínome: Ah, bueno.
Hefesto: Pasa que justo estaba conversando acá con los amigos...
Eurínome: Conversás después, Hefestito.
Hefesto: Pero tía, yo no quiero ser descortés.
Eurínome: ¡Primero lo primero!
Hefesto: Uf.
Eurínome: No rezongues, Hefestito.
Hefesto: No rezongo, tía.
Eurínome: Te escuché resoplar uf.
Hefesto: Le habrá parecido.
Eurínome: No mientas, Hefestito.
Hefesto: Es que justo estaba por contarle a los amigos cómo fue que me pasó el accidente del pie...
Eurínome: Ay, Hefestito. ¿Para qué querés contar eso?
Hefesto: Es que los amigos me preguntaron...
Eurínome: Te doy dos minutos para que lo cuentes. Dos solitos, ni uno más. Qué lindo sería que viniera un centauro de visita y me viera a mí en calzones andando por el palacio...
Hefesto: Gracias, tía, gracias. (Pausa). Les contaba: resulta que yo estaba en el Olimpo, que es donde viven mi mamá y mi papá. Mi mamá se llama Hera y mi papá Zeus. Seguro que los escucharon nombrar; mi papá es muy famoso. Es el dueño del rayo. Estaban los dos muy tranquilos, comiendo unos bollitos de sabor a limón. Mi papá le decía a mi mamá (hace la voz de Zeus):
-“Qué hermosa es la primavera”
y mi mamá le contestó: (voz de Hera):
-“¿Hermosa? Si está llena del polvillo de los plátanos, eso me da de estornudar”.
-“Creí que alergia te daba el pelo de gato”, dice mi papá.
“También el pelo de gato, Zeus”, dice mi mamá que es muy quisquillosa. Mi papá comenta:
-“El verano es precioso”; y mi mamá replica:
-“¿Precioso? ¿Estás loco? ¡Si está lleno de mosquitos!”
-“¡Al final a vos no te gusta nada!”, dice mi papá.
-“Calláte”, lo reta mi mamá, “¿qué decís?”
Y justo ahí aparece mi hermanito Hércules, que venía del gimnasio y estaba haciendo una bolita con una pesa de 210 kilos.
-“Ojo, Herculito, con eso”, le advierte mi mamá.
Y mi papá dice:
-“Dejálo al chico que se entretenga con algo”.
Y mi mamá:
-“Si se golpea es responsabilidad tuya. Si después hay que correr a la guardia médica con Herculito hecho un bollo...”
Dice mi papá:
-“Si eso con lo que está jugando no pesa nada, Hera”.
-“Qué no”.
-“Te digo que no”, le porfía mi papá.
-“¿No es cierto que es pesado eso, Herculito, mi amor?”
Mi hermanito Hércules mira para el otro lado y se hace el desentendido porque él tiene bien claro que un niño nunca debe meterse en las peleas de los padres y menos todavía si los padres de uno son los dioses mayores del Olimpo.
-“Herculito”, dice mi mamá, “tu mami te está hablando”.
-“Ufa. ¿Qué, ahora?”
-“Herculito, no le contestes así a mami. Señora madre, decíme.”
Mi hermanito Hércules hace un globo enorme con su chicle de sabor a tutti fruti y se le revienta en la cara.
-“¡Te ensuciaste todo!”, le chilla mi mamá.
-“Limpiálo con un pañuelito y listo, Hera. No hagas tanto escándalo.”
-“¿Quién hace escándalo?”, salta mi mamá. “¿Quién a ver? Hefestito, vení y sostenele la pesa a tu hermano que voy a limpiarle la cara.”
Entonces tomo la pesa de mi hermanito Hércules que pesaba 210 kilos con treinta y tres gramos. La verdad es que los treinta y tres gramos me eran indiferentes, ¡pero los 210 kilos! Y va que se me da por hacerme el vivo, la tomo con una sola mano y se me resbala sobre mi piecito. Sí, justo arriba y me dolió que ni les cuento. Pero en eso, para que no se me siga resbalando la atajo con la otra mano y resulta que se cae del Olimpo. Nos caemos los dos del Olimpo. La pesa y yo pegado a ella. Lo último que oigo es a mis padres discutir:
-“Te dije que era pesada, Zeus, pero nunca me hacés caso”.
-“Si no es tan pesada... Mirá que sos escandalosa...”
-“Qué no. ¿No ves cómo lo arrastró a Hefestito fuera del Olimpo?”
-“Pero no, mujer. Se está divirtiendo; salió a dar una vuelta con la pesita.”
-“Qué vuelta, Zeus, ¿qué vuelta? ¡Se cayó del Olimpo!”
-“Hefestito es un exagerado, igual que vos, eso es lo que pasa...”
Durante un día entero, ni más ni menos estuve cayendo por el espacio, y al final vine a dar a esta isla, adonde me atienden mis tías. Son muy buenas mis tías. Y soy aprendiz de orfebre que es un oficio de lo más lindo...

Eurínome: ¿Y, Hefestito, para cuándo ese cinturón?
Hefesto: Ya voy, tía, ya voy...
Eurínome: ¡Que lo necesito para hoy! No seas tan charlatán...
Tetis: Hefestito, ¿y los zarcillos que te pedí?
Hefesto: Ya voy tía Tetis.
Tetis: Que voy a quedar como una tacaña si no llevo nada...
Hefesto: Voy, voy, voy. Esto es tener tías, que es lo mismo que tener paciencia. Bueno, ya vieron, me tengo que ir. Fue un placer. Hasta lueguito.

Hefesto se vuelve de espaldas, se sienta en el piso, y con un alicate comienza a retorcer un alambre de cobre. A su lado hay una caja llena de piedras de colores y elige una para los zarcillos de su tía.

Hefesto: ...sí, colorados quedan muy lindos... es como mejor quedan.

Fin

¡Una historia petrificante!


Personajes:
Hermes
Perseo
Graya 1
Graya 2
Graya 3
Medusa


1
En el escenario se ilumina un sector. Se ve un camino bordeado por unas piedras. Sobre una de ellas está sentado Perseo, tomándose la cabeza con las manos.

Perseo: ¡Ay de mí! ¿Qué voy a hacer! ¡Atenea, diosa de la sabiduría, por favor, ayúdame! (baja la cabeza y sigue revolviéndose y quejándose)

Aparece Hermes de un salto. Trastabilla y rueda por el piso.

Hermes (al público mostrando sus sandalias aladas): ¡No hay nada más práctico que las sandalias con alas! Especialmente para recorrer grandes distancias... ¡Pero nunca aprenderé a aterrizar con ellas! (Mira hacia Perseo) Veo que Perseo llegó antes que yo. ¡Pobre! ¡Está desesperado! ¡Tiene una misión difícil y no sabe cómo cumplirla! Prometió cortarle la cabeza a Medusa, la monstruosa Gorgona de cabellos de serpientes, la que petrifica a quienes se le acercan con horrible mirada. ¡Por suerte aquí estoy para ayudarlo! (Desparrama las cosas de su zurrón en el piso y encuentra dos yelmos; uno negro y uno blanco. Duda... pero elige el blanco y lo muestra al público) Le traje algunas cosas que le serán útiles, como este yelmo del dios Hades que vuelve invisible a quién se lo coloque. ¿Quieren verlo en funcionamiento?... Me lo pondré y jugaré un poco con Perseo, sin que él logre verme. Creerá que soy una brisa molesta... (Hermes viste el yelmo y se acerca al héroe que, durante las primeras acciones permanece cabizbajo. El dios baila a su alrededor y lo despeina. Le sopla en la oreja, en la cara. Toma hojitas del piso y se divierte moviéndolas con la mano, como si volaran haciendo ondas.)

Perseo (Se levanta de golpe y mira a Hermes amenazante): ¿Qué estás haciendo?

Hermes: ¿Cómo? ¿Me puedes ver?

Perseo: ¡Es imposible no ver a semejante bobalicón!

Hermes: ¡Perdóname Perseo! (al público) ¡Me equivoqué de yelmo! ¡El de la invisibilidad era el negro! (dirigiéndose a Perseo) Soy el dios Hermes y vengo a ayudarte.

Perseo: ¡Te estaba esperando! ¡La diosa Atenea me anunció que vendrías!

Hermes: En este zurrón mágico te traigo varias cosas que te serán de utilidad para que te acerques a la Medusa sin que ella te vea. Tienes el yelmo negro de Hades que te tornará invisible...

Perseo: (interrumpiendo con voz temblorosa): ¿No será el que tienes puesto ahora?

Hermes: No, no Está aquí adentro (Le entrega el bolso. Luego se sienta en una roca para quitarse el calzado y se lo ofrece a Perseo): Te prestaré también mis sandalias con alas. Te harán llegar velozmente a la remota casa de las Grayas.

Perseo: (poniéndose las sandalias): ¿Las qué?

Hermes: Las Grayas. ¿Nunca escuchaste hablar sobre las tres hermanas que comparten un solo ojo y un solo diente? Ellas son las únicas que saben donde vive la Medusa, por eso deberás ir primero a su hogar... Pero no cuentes con que accedan a orientarte...

Perseo: Yo me las arreglaré... ¡Gracias por todo! (Con el zurrón al hombro, da saltitos, como si las sandalias quisieran despegar y volar por su cuenta. Así desparece de escena y se escucha su voz en off) ¡Estas sandalias son geniales! Pero... , ayyyy ¿cómo hago para aterrizar con ellas?

Hermes: Si lo supiera... (Comienza a caminar en sentido contrario al que se fue Perseo. El sendero es pedregoso y le lastima los pies) Ay, ay... tampoco sé cómo volveré al Olimpo caminando descalzo...

2
Se ilumina otra parte del escenario donde se ve el interior de un hogar rústico. Las tres Grayas están sentadas, bordando. Podemos ver como se pasan alternativamente su único ojo y su único diente. A veces, el ojo va para un lado y el diente para otro. Otras, coincide en una misma Graya. Los pases son rítmicos, de una coreografía exacta, realizada en silencio o siguiendo una música de fondo. Si las hermanas discuten, los movimientos se aceleran y entorpecen. Si pacifican sus ánimos, regresan lentamente al ritmo original o a una nueva coreografía. Al estar sin el diente, pueden hablar siseando, silbando las “s” o pronunciándolas como “sh”. Cuando la Graya3 tiene el ojo y el diente, o cuando la coreografía marca un pase, come furtivamente golosinas que saca de su bolsillo.

Graya1 (Luego de unos pases silenciosos, recibe el ojo y comienza a estornudar) - ¿Quién puso rimel en nuestro ojo? ¿No saben que soy alérgica al maquillaje?

Graya2 (amorosa): Fui yo, ¡perdón! ¡Me olvidé de tus accesos de estornudos! ¡Suerte que se te pasan prontamente! ... ¡ Es que hoy es un día tan soleado que me desperté feliz y quise que nos viéramos más lindas!

Graya3 (angurrienta): (recibe el ojo y el diente y se atraca con sus golosinas mientras se mira al espejo e intenta tener una conversación) - Mmmm (saborea y traga) ¡Lindo color de pestañas, mmmm... me gusta! Nuestro ojo se ve más grande... (dice tomando una golosina enorme) y ... (se relame)¡mmmm... me parece que nos hace la mmmm... mirada mmmm... más dulce!

Graya 2: Pero si este maquillaje te hace mal, no lo usaremos más...

Graya1 (sin el ojo) Sería lo correcto... (Nuevamente bordan en silencio con los pases coordinados, tipo baile, pero con cierta tensión) Me estoy sintiendo extraña... ¿Quién tiene el ojo? ¿No me estarán ojeando de nuevo?

Graya3: ¡Otra vez con la tontería del mal de ojo! El ojo lo tenía yo y ni siquiera te miré...

Graya 2: Ay hermanita, ¿hasta cuando seguirás con esas supersticiones?

Graya1: Estoy convencida de que una de ustedes tiene la mirada fuerte, aunque no pueda comprobarlo... (bordan en silencio, pero hay errores en los pases. El diente vuelve a Graya1, que lo paladea con asombro. Chasquea sobre él la lengua, intenta averiguar de donde proviene su gusto dulce. De pronto, con expresión de dolor grita: ¡Aughhhhh!

Grayas 2: (cuchicheando con Graya 3) ¿Qué le pasará a ésta ahora?

Graya 3: ...Hoy tiene un día insoportable... .

Graya 1: ¡Las estoy escuchando perfectamente! ¡Mis orejas están en su lugar! ¡Son inamovibles!

Graya 3 (susurrando hacia Graya 2): ¡Y siempre están en guardia!

Graya 1: ...Las sigo escuchando...¡Uuuaaggg!

Graya 2: Bueno, bueno... ¿qué te pasa?

Graya1: ¡Una caries! ¡Dolorosísima! ¡No se puede creer tanta mala suerte! ¡Qué desastre, Olimpo mío! ¡Tener un solo diente y que tenga una caries!

Graya 2: No te preocupes, hermana. Lo arreglaremos. Se me ocurre... ¿qué les parece si limpiamos el agujerito con una astilla y...?

Graya1: (interrumpiendo)... por el tamaño de este orificio, habrá que limpiarlo con una rama ¡O con un tronco de árbol! Auuuuuughhh

Graya 2 (continúa)... Después de limpiar el huequito lo taponamos con un trocito de carozo de aceituna y...

Graya1: (otra vez interrumpiendo) Si quieres cerrar este boquete ¡piensa mejor en una frasco de carozos!

Graya3: ¿No sería preferible tapar el hoyo con un mmmm... (come) material parecido en color y textura al del diente. Se me ocurre que tal vez serviría un fragmentito de un mmm... mármol muy pequeño...

Graya1: (otra vez interrumpe) Piensa mejor en un bloque de mármol de Carrara.¡O una cantera entera! Ay, Zeus mío, ¡qué día!... Primero el enmascarador de pestañas, luego la caries... ¡Lo único que nos falta es contagiarnos una conjuntivitis!

Graya2: Si tienes temor por nuestro ojo, le pongo ahora mismo colirio... Nunca está de más prevenir...
(Busca un frasquito y se saca el ojo. Lo apoya sobre una mesa cercana y le echa las gotitas, con bastante puntería hasta que los quejidos de Graya1 -que sigue palpando el diente con la lengua- la sobresaltan y la hacen desparramar el contenido del frasco salpicando para todas partes)

Graya1: Con el orden que yo propuse, esto no habría pasado. ¡Estábamos mejor cuando teníamos el diente y el ojo en horarios fijos!

Graya2: No lo creo... Tu distribución de horarios era bastante caprichosa... A mí sólo me tocaba el ojo a la hora de dormir...

Graya3: ...y a mí, el diente, a la hora de lavarlo...

(Cuando se habla sobre la caries, Graya3 pone cara de culpable. Pero, con el diente, y el ojo sobre la mesa, continúa engullendo. Su rostro cambia constantemente; del placer de saborear, al dolor de masticar. Graya1 está atenta a cada sonido y se acerca a su hermana sigilosamente. Al rato vuelve a su asiento y cuando el ojo retorna a su poder, estudia a Graya3, primero poniéndose un monóculo y luego, con una lupa. Entonces dice:

Graya1: (escondiendo el ojo) ¡Qué torpe soy! ¡Se me cayó el ojo al piso! ¿Me ayudarían a buscarlo? (Las Grayas 2 y 3 lo buscan agachadas, tanteando. Ella, mientras tanto, cambia diestramente las golosinas por unas uvas de piedra que adornan la mesa. Pero cuando ve que Graya 3 está por meterse el racimo entero en la boca, se arrepiente y las vuelve a cambiar, esta vez por un puñado de hilos de colores. Graya 3 los muerde y tose)

Graya 2: -(Aún buscando por el piso el piso y dirigiéndose a Graya 3) ¿Qué pasa? ¿Con qué te atragantaste? (recibe el ojo de Graya 1 y le dice) ¡Encontraste el ojo! ¡Qué suerte! (Se levanta, se acerca a Graya 3 que todavía tose y la palmea en la espalda) ¿Qué te sucedió? ¿Porqué te salen hilos de colores de la boca?

Graya 3: -Son de nuestro bordado... ¡Pero no sé como llegaron aquí! (le pasa el diente)

Graya 1: (con ironía) Se ve que no querías perder el hilo de la conversación.

Graya 3: ¡No entiendo qué pasó!

Graya2 : ¡Los puse yo! Los cambié por las golosinas que tenías escondidas! ¡Así aprenderás a no arruinarnos la dentadura!

Graya 3: ¡Qué mala eres! Sabes que me encantan los dulces y antes me daba el gusto de comer uno de postre, de tanto en tanto. Pero desde que decidiste que eran perjudiciales para la salud dental y los prohibiste, ¡no puedo evitar consumirlos sin parar!

Graya 2: ¿Por qué no dejas que coma lo que quiera? ... Si lo que te preocupa es por el cuidado del diente, me comprometo a ocuparme de su higiene...

Graya1: ¡Ustedes son tal para cual!

(Por un rato, las tres se pasan el ojo y el diente en silencio. Al principio desorganizadamente, sin ritmo, manoteando. Pero luego sus rostros se relajan y vuelven a hacer movimientos coreografiados. Perseo entra en escena cuando aún están enojadas y las observa. Para que no lo descubran, cambia de escondite poniéndose siempre detrás de la que tiene el ojo. Así, ninguna llega a verlo.
El héroe imita la coreografía de las Grayas, intentando desentrañar el mecanismo de los pases. Cuando lo logra, intercepta el ojo y el diente que antes se le escapaban).

Graya 1: -¿Quién tiene el ojo? ¿No me corresponde a mí?

Graya 3: -¡Otra vez lo mismo, no! ¡Yo no comí ninguna golosina más!

Perseo: -El ojo y el diente los tengo yo. Mi nombre es Perseo, soy un héroe y necesito pedirles un favor.

Graya 1: -¡Esta no es manera de pedir un favor! ¡Devuélvanos nuestro ojo!

Graya2: -Se lo rogamos, señor héroe. Queremos ver el rostro de quién nos está hablando...

Perseo: Les permitiré apreciar mis músculos. Pero el ojo lo retendré yo.

Perseo, sin soltar el ojo, se lo pone a Graya 2.

Graya 2 (para sí) -Es algo feo... Los rasgos de su cara son exagerados, tal vez por ese segundo ojo, ese que tiene de más... ¡y esa doble hilera de dientes!... Pero me gusta... Nunca discriminé a nadie por su apariencia física y no voy a empezar a hacerlo ahora...

Perseo le sostiene el ojo a Graya 3
Graya 3 (para sí) -Si no conté mal, este Perseo ¡tiene treinta y dos dientes! ¡Qué barbaridad! ¡Todo lo que podría masticar con ellos!

Perseo le pasa el ojo a Graya 1:
Graya 1: (para sí) En lugar de visitarnos algún cíclope, o un dios, ¡llega a nuestra casa un mortal! ¿Qué querrá?

Perseo -Necesito saber dónde viven las Gorgonas. Busco a Medusa.

Graya 1: No se lo diremos. No sabemos si sus intenciones son honorables...

(Perseo le pasa el ojo y el diente a Graya 2 y esta va y busca un papel y escribe en él. Luego se lo entrega a Perseo. Entonces el héroe le pone el ojo y el diente a Graya 3 que también busca un papel, escribe algo y se lo entrega)

Perseo (pasando el ojo y el diente a Graya 1) Tome. Se los devuelvo. Ya encontré la respuesta a mi interrogante. (se va)

Graya 1: ¿Qué quiso decir ese héroe bifocal? ¿Por qué se fue de pronto? (Ninguna de las hermanas contesta pero bajan la cabeza) ¡Ustedes ocultan algo! ¡Además, este ojo está distinto! Parece que lo hubieran guiñado... ¿Qué hicieron ahora? ...

4
Se apaga la luz sobre esa escena y se ilumina otro sector del escenario donde se ve una cueva. La Medusa se está poniendo moñitos en su cabeza de serpientes.

Medusa: Me gusta este peinado nuevo, con serpientes. ¡Es tan ecológico! Reconozco que desde que lo uso, mi vida cambió por completo. Antes, me sentía un poco vacía, pero ahora, ¡tengo la cabeza llena de cosas! También entiendo que esta nueva imagen tiene sus inconvenientes... Siempre fui demasiado bella, debo decirlo, aunque peque de inmodesta. En el pasado, los hombres dudaban si acercarse a mí. Temían mi rechazo porque se sentían inferiores. Ahora es peor: me ven, ¡y ni siquiera se aproximan! ¡Mi belleza los deja petrificados! (bosteza) Pensar en todo esto me da mucho sueño. Bullen demasiadas cosas cerca de mi cerebro. Creo que voy a echar una siestita. (se acuesta detrás de un promontorio que la oculta, en el fondo del escenario y al instante se escuchan sus ronquidos)

Hermes (aparece por un lateral, adelante, y se queda cuchicheando con alguien a quien no vemos) Es aquí, Perseo. ¿Cómo conseguiste tan fácilmente la dirección?

Perseo (voz en off) Me la dio en secreto una de las Grayas, la más gordita, que desde hace tiempo alimenta contra la Medusa un gran rencor. ...Desde que la Gorgona le convirtió un novio en estatua... ¿Sabes, Hermes? ¡una de las Grayas me resultó tremendamente atractiva! ¡Es tan bella! ¡Como un cisne! Y creo que el flechazo fue mutuo, porque me escribió una nota diciendo que esperaba volver a verme. El problema es que sus hermanas no me gustan y son muy apegadas entre sí, ¡ lo comparten todo! ¿Crees que querrá independizarse de su familia?

Hermes: No creo que pueda... (gira la cabeza hacia atrás porque escucha un resonante ronquido) Este es el momento, Perseo! Tienes que aprovechar que la Gorgona se quedó dormida...

Perseo (voz en off) ¡No me atrevo a acercarme, Hermes! ¡Medusa me da miedo! Me recuerda un maestro que tuve de pequeño. Tenía una expresión severa y me paralizaba con la mirada... ¡Nunca me animé a pedirle permiso ni para ir al baño!

Hermes (zamarreando al invisible Perseo que se queja por los sacudones) Pero, ¡vamos! ¡Eso fue hace mucho! ¡Ya no eres un niño! ¡Eres un héroe hecho y derecho! ¡Seguramente has tenido otros educadores que te alentaron y te dieron confianza! De otro modo, no te encontrarías hoy aquí.

Perseo: (voz en off) Ay, ay, tienes razón, ¡no me sacudas más! Iré a cumplir con mi misión.

Se escuchan ruidos en off: los ronquidos que continúan, Perseo que tropieza, un grito ahogado de Medusa, el cese de los ronquidos, el silencio. Luego; el relinchar de un caballo, cascos, un aleteo intenso, un “Oh” de asombro pronunciado por Perseo. Hermes sigue cada sonido con diferentes expresiones, primero de temor y curiosidad, y luego, cuando contempla el cielo, de admiración. Aparece Perseo con el zurrón lleno, lo levanta y lo muestra triunfal. En la otra mano lleva el yelmo negro. Hermes lo recibe con un abrazo.

Perseo: ¡No sabes lo que sucedió cuando acabé con la vida de la Medusa! ¡De su cuerpo surgió un caballo blanco, de un blanco purísimo, con alas enormes que batió al instante para emprender vuelo!

Hermes: Lo vi surcar el cielo. Era Pegaso.

Perseo: Pero, ¿cómo puede ser que algo tan lindo brote de alguien tan horrible?

Hermes: Es muy típico de la mitología griega. A los dioses nos gustan estas transformaciones. Por eso convertimos en pájaros a personas atrapadas en dramas personales. Y metamorfoseamos en árboles o plantas, a los que se escapan de sus problemas... Así nos divertimos... (Se sienta en la roca y le señala a Perseo las sandalias aladas. Perseo se las quita y Hermes vuelve a calzarse con ellas. Mientras tanto, continúa hablando) En el Olimpo nos gusta transformar lo feo en bello. De todos modos, sería hora de que nos preguntáramos, qué determina quién es lindo o quién es feo

Perseo: ¿La apariencia física?

Hermes: No lo creo, hay gustos para todo, y tú, más que nadie, sabes sobre el tema... (Perseo lo mira con cara de no comprender) La belleza o la fealdad no siempre aparecenn en la superficie, a la vista, ¿no? Tiene que ver con la mirada de cada uno, ¿no? ¡Pero no puedo seguir haciendo filosofía barata, me esperan en el Olimpo! ¡Hasta pronto, héroe Perseo! (Hace el gesto de carretear y desaparece de escena)

Perseo: Adiós, gran dios Hermes, ¡gracias! Me has enseñado mucho... Aunque nunca me dijiste... (comienza a caminar y las asperezas del piso lo molestan)... cómo haré para regresar con los pies descalzos... ay, ay... ni cómo aterrizas con tus sandalias... (se escucha un choque estruendoso en off y un grito de Hermes) Pero no sé porque, a esta altura sospecho, que nadie, ni los dioses, saben todo... (desaparece de escena)

Telón


La esfinge que no finge

Personajes:
La Esfinge
Zenón de Atenas
Asclepio de Tebas
Muso de Tebas
Edipo de Tebas

Escenario donde se vé un paso rocoso al costado de una montaña. Sobre una gran piedra justo en el medio está posada la esfinge ( puede estar jugando con su larga cola de serpiente, que cae sobre la piedra) Hacia la derecha, un cartelito con una flecha indica “A Atenas”. Del otro lado de la esfinge, otro cartel indica “A Tebas”. Por encima, otro cartel dice: “Cuidado. Salida de esfinges”

Esfinge: Tengo que practicar mis versos, del derecho y del reve...rso. Practicar muy bien mis rimas, como decía mi prima. Cabeza... sorpresa... simpleza. Soldado... hado... alado... ¡pescado! Pasión... corazón... ¡flemón...!

(levanta la cabeza y escucha)

Oigo los pasos de un hombre
que viene por el camino.
¿Contestará mis preguntas,
o se irá por donde vino?
¿Y cuando vea mi aspecto,
no correrá dando voces?
Cara de bella mujer,
garras de león atroces,
alas de águila, cola de ofidio...

Zenón: (la ve y grita) ...¡Por todos los dioses...!

La esfinge también grita, pero enseguida se repone y le dice:

Esfinge: -¿Adónde vas, caminante,
con el rostro colorado?
¿Por qué tanta prisa llevas?
¿Vas a ver a un ser amado?

(El hombre se acomoda la túnica y contesta)

Zenón: - Unos parientes de Tebas
me invitaron a un asado,
me desperté un poco tarde
y estoy bastante atrasado.

La esfinge comienza a recitar, impostando la voz:

Esfinge:
-Nadie sigue este sendero
de rocas, viento y arena,
sin caer bajo el hechizo
de mi canto de sirena...

Zenón: -¡Cómo sirena! ¿No eras la esfinge?

Esfinge: -Ssssiiiii, pero.... le estoy componiendo versos a una amiga con cola de pescado. ¿Verdad que suena bien como canción, o te parece un poco complicado?

Zenón: -¡Irresistible! ¡Muy pegadiza! Bueno... Permisito, que tengo prisa.

Zenón intenta dar unos pasos pero la zarpa de la esfinge lo detiene.

Esfinge: -Moooomentito. Primero lo primero. (aclarándose la voz, entona)

-Soy la esfinge poderosa, la tebana,
y de este angosto paso soy guardiana.
Sólo pasarás, mortal, si me contestas
una pregunta, rimando la respuesta.

Contesta pronto, viajero
con rima que me estremezca:
¿cuál es el colmo de un carpintero
que un día se va de pesca?

Zenón: (pensando en voz alta y dándole la espalda al monstruo) -¡Caramba! Esto se complica. Yo nunca fui bueno para la poesía, y mucho menos para las adivinanzas rimadas. Veré si la puedo convencer con halagos...

(Y mirando a la esfinge, le dice, moviendo las manos ampulosamente):

Zenón: -¡Oh, poderosa...!
tu belleza esfíngida...

Esfinge: (interrumpiéndolo y tirándole un zarpazo) -¡Cómo! ¿Así que mi belleza es fingida?

Zenón: -¡Noooo...! "Esfíngida", todo junto y con acento en la "i" Trataba de elogiarte a ti.

Esfinge: -Ah, bueno. Siendo así, sigue nomás.

Zenón: () -Es que... no puedo. Tu presencia me inhibe.

Esfinge: -Ja. Cómo estamos hoy ¿eh? ¿Así que lo inhibo? Entonces, vuelve por donde viniste, hasta que se te pasen las inhibiciones.

Zenón: (suplicando) -Pero, esfingita, déjame pasar. Me están esperando en Tebas para almorzar. ¿Por qué no me cobras un peaje o algo así? ¿Con cuanto arreglamos? (metiendo la mano en el zurrón) Tenía unas monedas por aquí...

Mientras la Esfinge y Zenón dicen el último diálogo, aparece del otro lado un segundo caminante, que al ver al primero lo saluda, sin acercarse.

Asclepio: -Dale, Zenón. ¿Y...? Te estamos esperando... Las achuras se están pasando...

Zenón: (Ocultando la boca con una mano mientras señala a la esfinge con la otra) -Es que esta no me deja... Me está frenando...

La esfinge se incorpora un poco y sacude las alas (ver esquema). Mirando enojada a Zenón recita:

Esfinge: -¡Silencio!
Aún espero la respuesta
a mi pregunta rimada.
¿O prefieres que te empuje
al abismo y a la nada?

Zenón: (Alzando los brazos, después de mirar para abajo)
-¡No, esfingita, piedad! ¡Asclepio, ayúdame, por caridad!

Asclepio: -¿A qué?

Zenón: -¿Cómo a qué? ¡A contestarle a la esfinge su pregunta!

Asclepio: -Y ¿cual era la pregunta?

Zenón: (recitando) -"Contesta pronto, viajero
con rima que me estremezca:
¿cuál es el colmo de un carpintero
que un día se va de pesca?"

Asclepio: (después de pensar un rato) -Esteeee... ¿Por qué no vuelves a Tebas y nos vemos otro día? Si seguís perdiendo el tiempo, la comida estará fría...

Zenón: (haciendo una rabieta) -¡No! ¡Ayúdame ahora! ¡No conozco a nadie mejor para hacer poesías! ¡Es tu fuerte! Acuérdate de cuando éramos chicos.... ¿ todas las rimas chanchas, a quién se le ocurrían? ¿Quién escribía versitos románticos a las chicas? ¿Quién tenía la mejor nota en lengua? ¿eh?

Asclepio: -Ese no era yo, Zenón. Te confundes con Muso, mi hermano gemelo. Yo era el que me destacaba en los deportes y él era el que le hacía el verso...

Zenón: (Agarrándose la cabeza) -¡Estoy perdido! ¡Qué más da...!

Asclepio: -¡No estás perdido! El camino a Atenas es para allá.
(señala la dirección por donde vino Zenón)

Zenón: -¡Pero yo quiero ir al asado! ¡Ya sé! (golpea con el dorso de una mano sobre la palma de la otra) Busca a Muso. Y si fuiste tú el que se destacaba en Maratón... ¡de tus piernas haz buen uso!

Asclepio: -Pero... Esta bien, voy. De paso les pido que te guarden algo rico. O al menos, que te guarden algo...
(Sale de escena)

Zenón mira a la esfinge, que golpea con impaciencia una pata contra la roca mientras lo observa enojada. Pone cara de miedo y retrocede un paso, diciendo:

Zenón: -¿Y si me dejas pasar y a la vuelta te traigo la respuesta anotada? (la esfinge niega con la cabeza) ¿Y un churrasquito? ¿No quieres un chu...? (la esfinge hace el gesto de levantarse para atacarlo)

Zenón: (desalentado) - Entonces, contestaré a tu pregunta. Pero espérame un ratito...
(se aleja y se sienta a un costado, agarrándose la cabeza con las dos manos)

La esfinge se queda sola. Mirando al frente, sigue buscando rimas.

Esfinge: -Viajero... ligero... agujero. Flechadora... retadora... computadora... ¿computadora? No, inventar palabras no vale... (se ríe sola)

Se escucha alguien que viene silbando por el camino. (Puede ser "Pobre mi madre querida") Es otro viajero que se dirige a Tebas. Ve a la esfinge y la saluda sonriente.

Edipo: -Hola.

Esfinge: (recordando las rimas que acaba de hacer)
-Salud, amable viajero
que mi camino transitas,
¿Sabrás contestar mis dichos,
o eres medio papa frita?
Que tienes que hablar en verso
has de saber, lo primero,
o te arriesgas a caer
más rápido que ligero.

Edipo mira al abismo sin dejar de sonreír.

Edipo:Poderosísima esfinge,
yo me arriesgo, mucho o poco,
a contestar tus preguntas
y evitar que me hagas moco.
Sabré poner en la rima
la más alta poesía,
para que quedes conforme
y dejes libre la vía.

Esfinge: (sonriendo) -¡Al fin un hombre que sabe rimar! Ahora voy a verlo transpirar...

Aclarándose la garganta, recita:

Esfinge: -¿Cual es el animal...

Edipo: (interrumpiendo) -¡La vaca!

Esfinge: -No, no. ¡Todavía no terminé! Empiezo de nuevo:
¿Cual es el animal
que en la mañana clara
sobre cuatro patas
se desplaza y para;
al mediodía
sólo dos le ves,
y a la tarde
vuelve a tener tres?


Edipo: (para sí).-Eso no es un animal. Es un Transformer. Aunque... pensándolo bien...

(Llega Muso, corriendo. Es el mismo actor que Asclepio, con otro color de túnica. Al verlo, Zenón se para de un salto y se acerca)

Zenón: -¡Muso querido! ¡Al fin! ¿Me traes la respuesta? ¿Te ha costado mucho?

Muso: (desfalleciendo de cansancio) -La respuesta que te pide ¡debe ser el pez... serrucho!

Edipo: -¿El pez serrucho camina en la mañana en cuatro patas? ¡Si los peces no tienen patas, ni pueden andar a gatas!

Muso: No... no... le digo a Zenón.


Zenón: (baila de alegría y canta la respuesta) -Un pez serrucho... un pez serrucho...

(Cuando quiere pasar, la esfinge lo detiene)

Esfinge: -Todavía espero tu respuesta, viajero.

Zenón: -¡Pero si ya le dijimos!

Esfinge: (con gesto despectivo) -Yo no escuché una respuesta rimada y elegante... tengo poca paciencia, así que... ¡adelante!

Zenón se desespera, pero igual hace el intento de contestar rimando como quiere la esfinge.

Zenón: -No creas, divina esfinge...
que tus deseos... no escucho.
Contestarte en buena rima
trataré... porque soy ducho.
El colmo de un carpintero
que va a pescar... bien y mucho,
es sacar un pez enorme...
¡para que vean que no es trucho!

Esfinge: (fuera de sí) -¡No! Para que te deje pasar de una vez, tienes que decir el nombre del pez...

Zenón: (pasando subrepticiamente al otro lado del monstruo) -El nombre del pez es... es... ¡qué se yo! A mí se me enfría el asado, ¿no lo ves?

Zenón y Muso salen corriendo de escena, rumbo a Tebas.
La esfinge queda contrariada.

Esfinge: (haciendo pucheros) -Otro que se me escapa... Ya nadie toma en serio a los monstruos de la mitología...

Edipo: (en verso)) -¡Yo sí! Te contestaré
con una rima elegante
la pregunta tan difícil
que me hiciste hace un instante...

Aquel que por la mañana
anda en cuatro, y no derecho,
es un hombre que está buscando
sus zapatos bajo el lecho.

De pie, en la calle o su casa
utiliza siempre a pares
las piernas que lo sostienen,
sus largas extremidades.

Cuando llega al fin del día
y ha tenido mucha acción.
tal vez se tome un descanso
sentado sobre un tocón.

Así tiene cuatro, y dos,
y tres piernas este hombre,
todas en un mismo día,
aunque esto ya no te asombre.

La esfinge se queda silenciosa un momento. Después recita:

Esfinge: -Aunque no sea exactamente,
has respondido lo mismo.
¡Tendré que hacerme papilla
en el fondo del abismo!

Edipo: -Nadie tiene que enterarse
si en vez de romperte el alma
te vas lejos, a otro sitio
a vivir un tiempo en calma.

Esfinge: -¡Tienes razón, caminante!
¡Basta de mitología!
Hoy mismo me iré a mi casa
a componer poesía.

Edipo: (entusiasmado)
-Y yo seguiré el camino
que me conduzca hasta Tebas.
Dicen que allí están sin rey,
y yo traigo ideas nuevas.

Esfinge: -Edipo, no te conviene,
seguir tu marcha hacia Tebas,
pues las Parcas han escrito.
que una tragedia te espera...

Edipo: - Si el destino ya está escrito
todos los caminos a él, te llevan.

Esfinge: Yo creo que igual podemos
hacer borrón y hoja nueva...

Edipo: Viajar a Tebas me tienta
¡no me importa lo augurado! (se va)

Esfinge: ¡Que tengas la mejor suerte!
Yo seguiré por mi lado... (comienza a preparar un bolso de viaje)


Narciso el Modesto


Personajes.
Tiresias (como Narrador)
Narciso
La Ninfa Eco

1.
Tiresias.
Una vez la madre de Narciso me salió al encuentro en un cruce de caminos y empezó a tironearme de la toga. “Dígame, dígame, don Tiresias. ¿es lindo el futuro de Narcisito? ¿Qué cosa va a hacer cuando sea grande? ¿Soldado, tañedor de lira, flautista, rey o príncipe? ¿Se va a casar con una buena chica o me salió un cabeza fresca? ¿Va a vivir hasta muy viejito?” Qué sé yo, señora, le dije. Porque estaba apurado, y ella dele interrumpirme el paso. “No, no, don Tiresias, dígame. Para eso usted es adivino”. Siguió así casi hasta que perdí la paciencia. “Está bien, está bien”, le contesté, “a ver... a ver...” Me concentré pensando en Narciso hasta que me vino el dato. “Narciso va a vivir muchísimo tiempo, siempre que no se conozca a sí mismo”. La madre del chico me miró, se encogió de hombros. “¿Qué es conocerse a sí mismo?”, preguntó. Después dio media vuelta y se fue.

2.
Entra la Ninfa Eco, es muda. Hace señas con los dedos a Tiresias; Tiresias que es ciego no la ve. Al final ella lo sacude de la toga.

Tiresias.
¿Qué? ¿Qué? ¿Quién se hace el gracioso?

Eco.
¿Quién se hace el gracioso?

Tiresias.
¿Encima me hace burla?

Eco.
¿Me hace burla?

Tiresias.
¿Quién es?

Eco.
¿Es...?

Tiresias.
¿Acaso eres la Ninfa Eco?

Eco.
Ninfa Eco...

Tiresias.
Ah... ¿Quieres que te devuelva la voz?

Eco.
...la voz.

Tiresias.
¿Para eso vienes?

Eco.
Vienes...

Tiresias.
Pero no puedo. No, no.

Eco (muy triste).
No, no...

Tiresias.
Porque la diosa Hera te castigó por chismosa a repetir lo que otros dicen, por correveídile...

Eco.
Dile...

Tiresias.
¿Qué pasa ahora?

Eco.
Ahora...

Tiresias.
¿Acaso estás enamorada?

Eco.
Enamorada...

Tiresias.
¿De quién?

Eco.
Quién.

Tiresias.
¿Apolo? ¿Hércules? ¿No? ¿Aquiles? ¿Ganímedes?

Largo silencio de Eco.

Tiresias.
¿Estás ahí?

Eco.
Ahí...

Tiresias.
¿Juntas flores?

Eco.
Flores, flores.

Tiresias.
¿Es acaso una flor de la que te enamoraste?

Eco.
¡Una flor...!

Tiresias.
A ver. (Pensativo.) ¿Clavel? ¿Tulipán? ¿No? ¿Tulipán, no? ¿Jazmín? Tampoco. ¿Narciso?

Eco.
¡Narciso!

Tiresias.
¿Narciso?

Eco.
¡Narciso, Narciso!

Tiresias.
¿Viniste aquí porque de él me oíste hablar?

Eco.
de él, hablar...

Tiresias.
No puedo ayudarte.

Eco.
Ayudar...

Tiresias.
No puedo. No. Además no te conviene. Ahora no me crees, porque como te gusta tanto no calculas, pero... ¡Es egoísta y cruel! Nada más tiene amor por sí mismo... Vive a pastelitos de girasol y pétalos de rosa con azúcar, porque se niega a comer otra cosa que dulces y confituras, y la madre se lo cocina y hace de él un consentido... Ahí. Ese es él. Conozco sus pasos...

Eco.
Conozco sus pasos...

Tiresias.
Tienes que cuidarte. No dejes que Narciso te rompa el corazón. ¡Una ninfa tan buena! Te deseo suerte.

Eco.
Suerte...

Tiresias sale.


3.
Entra Narciso con una red de cazar mariposas. Eco está escondida detrás de un árbol. Lo sigue en puntas de pie, imita sus movimientos embelesada, se finge una mariposa.

Narciso.
¿Hay alguien aquí?

Eco.
¡Aquí!

Narciso.
¡Ven!

Eco.
¡Ven!
Narciso.
¿Por qué huyes de mí?

Eco.
¿Por qué huyes de mí?

Narciso.
¡Reunámonos aquí!

Eco.
¡Aquí, aquí!

Eco sale de su escondite y corre a abrazar a Narciso, que la desprecia.

Narciso.
¡Arjjj! Creí que eras la Ninfa Dafne. ¡Prefiero morirme antes que darte un beso!

Eco (suplicante).
¡Un beso!

Narciso se marcha.

4.
Narciso en el bosque.

Narciso.
Ah, qué sed. Estas mariposas me dan un trabajo bárbaro. Primero, cazarlas. Después pincharlas. Agitan sus alitas y yo las pincho con un alfiler largo y puntudo... Entonces se estremecen. Me dan pena un poco, pobrecitas. ¡Pero yo quiero tener mi colección de mariposas y mi colección de mariposas y mi colección de mariposas! (Pausa, se pega levemente en los labios) Ay, ya estoy hablando como la estúpida esa de Eco... Yo no quiero una ninfa tonta atrás a mío saltando como un grillo... ¡Yo quiero un amigo! ¡Un amigo lindo, como yo! Nadie hay más lindo que yo, lo dice mi mamá todo el día. Además no lo dice porque sea mi mamá, lo dice porque soy lindo de verdad. Por eso necesito un amigo lindo, porque si tengo un amigo feo, al lado mío desentona. Ay, pero qué sed. La gente fea no me gusta. La ninfa Eco no me gusta porque tiene el pelo muy ruliento... y en una época me persiguió la ninfa Iris. Ay, que ni me quiero acordar. Vete, gorda; así le dije. Y ella me preguntó, airada: ¿A quién llamas gorda, vil Narciso, no ves cómo vuelo? En eso tenía razón, porque yo sin querer la había atrapado en la red cazamariposas. Pero no parecía una mariposa ni una libélula, ¡sino un moscardón! ¡Moscardón, moscardón!, le grité. Y ella se fue llorando. Bueno, yo no tengo la culpa de que los demás sean feos y yo tan bonito... ¿Aquello es una fuente? Ah, sí.

Narciso se acerca a la fuente.

Narciso (contemplándose en el estanque. Va a beber y se detiene de repente.)
Ah, disculpe. No lo vi, qué torpe soy. Discúlpeme por favor. ¿Tiene sed usted también? En este bosque está caluroso... Se le pegan a uno las hojitas de los árboles, los bichos, las ninfas... (ríe) ¡perdón, era un chiste! Yo me entiendo. ¿Usted es de por acá? Qué sed que tiene. Yo vivo allá atrás del pinar. Ahora justo estoy cazando mariposas para mi colección... Tengo una gran colección. Debería venir a verla. ¿Quiere? Venga, lo invito. Usted me cae muy bien. Sí, apenas lo ví me dije: Qué bien me cae ese muchacho. Qué hermosos ojos tiene usted: son verdosos como los míos, ¿no? Sí, casi el mismo verde. A ver: déjeme ver bien. (Extasiado.) ¡Ah, pero qué hermosura! Su nariz también es muy linda. Recta, fina. Póngase de perfil, así la contemplo bien. ¿No entiende qué es “de perfil”? (Narciso se pone de perfil). Así. Ah... (Extasiado.) Excepto la mía, y lo digo con modestia, nunca ví una nariz tan perfecta. (Ríe.) ¡Qué dientes! Sonría. Así, así. (Hace la mueca de la sonrisa.) Esto es una sonrisa. Se nota que usted se cepilla todos los días... Usted no habla griego, ¿verdad? Es de otro país. Su voz debe ser preciosa... Es tímido. Yo también. ¡Ah, yo tengo muchos defectos! Sí, sí. No me mire sorprendido. ¡Yo soy defectuosísimo! Para empezar, soy muy modesto, tímido, silencioso, soy tan tierno que nunca he herido a otro ser, ¡hasta me creo feo, fíjese usted qué error! Porque todo el mundo alaba mi hermosura aunque no se compare con la suya. (Feliz) ¡¡Usted tiene una hermosura exagerada!! (Pausa.) La verdad es que justo ahora estaba ocupado... Pero bueno, por un momentito puede ser... ¿Esta es la puerta?... Me dá un poco de frío..., pero no se preocupe, porque yo soy muy valiente y no le temo al frío ni a nada... (Narciso mete el brazo en el agua.) Brr... Claro, claro, ya paso. ¿Sabe? Carezco de muchas sentimientos también, ¿le había contado? No soy cobarde, ni haragán, ni vanidoso... Vanidoso no soy para nada. Nada, nada, ni una pizca... Bueno, permiso.

Narciso se tira al agua.
Apagón.

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