ARCHIVO

lunes, marzo 26, 2007

Patricia Suarez:"A la sombra del bello laurel"


A la sombra del bello laurel

Patricia Suarez


Escenario
Un bosque tupido de Tesalia, Grecia.

Personajes
Eros
Apolito
Dafne

1.
Entra Apolito feliz. Lleva la enorme serpiente Pitón enroscada alrededor del cuello como si fuera una boa de plumas y festeja triunfante el haberla matado.

Apolito: ¡Eo, eoé, salchicha con puré, eh, eh! Miren cómo la dejé, eh. Cómo.
Eros: ¿Esa es la gran serpiente Pitón?
Apolito: ¿Quién?
Eros: Eso, eso.
Apolito: Era. Era la gran serpiente Pitón. Ahora es una lombriz.
Eros: ¿La has convertido en una lombriz? Apolo, hay que parar con esa costumbre de transformar todos los seres en...
Apolito: No, tarado. La maté. Yo solo la maté, eh, ¡ojo! No vayan a creer que tuve ayuda de otros, de mi padre Zeus por ejemplo. Yo solo. Mirá cómo quedó, pobrecita, si parece una lombriz... Y bueno, paciencia.
Eros: Pobrecita.
Apolito: Qué pobrecita ni pobrecita: era malísima. Tenía un malhumor espantoso. Andaba siempre ahorcando gente en los caminos. Yo creo que sufría del hígado. Sí, el hígado trae malhumor.
Eros: Oh, pobre animal.
Apolito: Y dale con lo de pobre. No tiene nada de pobre. Yo ya le había avisado: Pitón, o comienzas a portarte decentemente o te estrangulo. Y ella como si nada, siguió ahorcando a las personas, aterrorizando a los caminantes, comiéndose las luciérnagas ¡y eso que le dije clarito que me revienta que se coma a las luciérnagas que son mis bichitos preferidos! Pero bueno, ella se hizo la sorda y ahí tiene.
Eros: pobre Pitón.
Apolito: ¡Basta! ¡Me cansaste con el asunto de ‘pobre, pobre’! Le tienes tanta piedad porque eres un cobarde incapaz de matar una mosca. ¡Gallinita! ¡Eros es, eh oh éh, Eros es un gallinita!
Eros: Yo no soy un gallinita.
Apolito: ¡Eros, sí, sí, sí, señor: es un gallinita!
Eros: Soy piadoso con los monstruos.
Apolito: ¡Ga-llinita! ¡Ga-llinita!
Eros: No tienes corazón, Apolito.
Apolito: ¡Ga-ga-ga ga-llinita!
Eros (lo amenaza, saca una flecha del morral): ¡Voy a flecharte! ¡Ya mismo! ¡Por ofenderme! ¡Si no te retractas, te flecho!
Apolito: ¡Gallinita!
Eros: Te flecharé con la flecha de oro, la que produce amor incurable...
Apolito: Uyyyy, qué miedo.

Eros lo flecha. Apolo se queda alelado.

Apolito (pálido, enfermo): Gggggga-lliiii-niiii-ttttaaa...
Eros: ¡Hasta cuándo vas a seguir!
Apolito (reponiéndose, seco): Gallinita.
Eros: ¿Será posible que seas tan agrandado, tan ofensivo? Voy a flechar a una ninfa con una flecha de plomo. Te enamorarás de ella y ella sentirá por ti solo rechazo. Te va a despreciar, ya vas a ver.
Apolito: uhhhhh..., qué susto, qué susto. Creí que ibas a matar una serpiente. ¡¡Pero cierto que las GALLINAS no matan serpientes!!!
Eros (atisba haciendo sombra con la mano, apunta y dispara): Ahí está. Listo. Disparé una flecha a Dafne. Tú te enamorarás de ella y ella no te dará ni la hora.
Apolito: ¿Y a mí qué me importa? ¿Dafne? ¿Y esa quién es?

Eros sale. Lo deja a Apolito sufriendo una trasnformación.

Apolito (repite cada vez más enamorado): Dafne, Dafne... La bella Dafne, la... (llama) ¡Dafne! ¡Hola, Dafne! ¡Espérame un momento, por favor! Ey, Dafnecita. No corras... (Apolito se despoja de la Serpiente Pitón y corre tras Dafne.)

2.
Apolito va tras Dafne. Andan y andan hasta cerca de un río, el río Peneo.

Apolito: Ey, Dafne. Hola, Dafne.
Dafne (con desprecio): ¿Qué pasa?
Apolito: Eh, qué antipática. ¿Cómo ‘qué pasa’? Un poco más de...
Dafne: Salve, Dios Apolo. ¿Qué osa buscar de mí, su tan humilde sierva Dafne...?
Apolito: Tampoco es para tanto. Con ‘Hola, Apolito, ¿cómo estás?’ me confomo.
Dafne: Bueno, ¿¿¿qué???
Apolito: Nada. Justo pasaba por acá y te ví y me dije: Voy a saludar a Dafne. A ver en qué anda, cómo le fue el otro día en la caza del ciervo con mi hermana Artemisa...
Dafne: Bien, me fue.
Apolito: Ah, ¿si? Mataron muchos ciervos?
Dafne: Le perdonamos la vida a todos.
Apolito: Lástima. Podríamos haberlos hecho asados, condimentados con... Qué hermosos ojos tienes, Dafne.
Dafne: Psé, gracias. Bueno, me tengo que ir. Adiós.
Apolito: No! Espera un momento más. También tienes hermosos labios.
Dafne: ¿Mmsí? Qué lindo, ¿no? Adiós, entonces.
Apolito (la retiene de un brazo): Espera. (Seductor) Tu boca es hermosa, tu boca de fresa, tu aliento a frambuesa, tus dientes de perlas...
Dafne: Uso una buen pasta dentífrica. Trae flúor y...
Apolito: Bésame, Dafne.
Dafne: ¿Qué?
Apolito: Bésame, Dafne. Quiero un beso tuyo.
Dafne: No! ¿Para qué?
Apolito: Bésame, bésame mucho.
Dafne: Pero por qué? Qué necesidad hay de tanto beso?
Apolito: Ardo de amor por ti.
Dafne: No, no y no.
Apolito: ¡Te amo!
Dafne: Pero justo estaba apurada. Me esperan allí las ninfas, ¿las ves? Vamos a cortar margaritas y nardos para...
Apolito: ¡Ámame!
Dafne: ¡Ay, pero qué idea fija! Te dije que no, que estoy apurada. Después vemor.
Apolito: Después no. Ahora. Ámame.
Dafne: No puedo amarte, Apolito.
Apolito: Ah, ¿no? ¿Y por qué no si se puede saber?
Dafne: Me gusta otro.
Apolito: No me digas. ¿Y quién es el encantador?
Dafne: Leucipo.
Apolito: Ni sé quién es Leucipo. ¿Es un dios? No con ese nombre horrible no puede ser un dios. ¡A ver, ustedes las ninfas, si me alcanzan la guía de teléfono que quiero ver si figura Leucirro!? No, Leucico. No, Leucipo. Arjj. Ya me confundí.
Dafne: Leucipo es hijo de Enómano.
Apolito: No me dice nada el nombre Enómano. ¿Quién Enómano? Un donnadie. ¿Quién es Leucipo? El hijo de un donnadie. ¿Leucipo te quiere? Ah, qué lindo, qué romántico. ¿¿¿Y qué??? Acaso una ninfa con dos dedos de frente preferiría al desconocido muerto de hambre de Leucipo a Apolito, el dios, el super super del Olimpo, el bomboncito del Monte?
Dafne: Bueno, Leucipo tiene sus virtudes. Es honesto y modesto...
Apolito: Ah... ¡Pero eso cualquiera! ¡Si uno es un donnadie que no tiene dónde caerse muerto, una rata de puerto, no le queda otra cosa que ser modesto! Además, no hablas bien, Dafne. Honesto y modesto riman y ya pasó de moda hablar en rima. Listo, entonces, ¿cuándo nos casamos?
Dafne: ¿¿Quiénes??
Apolito: Tú y yo.
Dafne: ¡Yo no me caso contigo! ¡Ni loca!
Apolito: Ah, no. No te pongas terca, Dafne. No te lo recomiendo. ¿Recuerdas a la Sibila de Cumas? Una vieja decrépita, eh. Una vieja que se cae a pedazos, eh. ¿Y cómo crees que llegó a vieja decrépita? No lo sabes. No? Y eso que yo no soy un dios vengativo, no, no. Pero no me gusta que me rechacen. Sibila, pobrecita, era linda. Muy linda. Y yo le dije: Qué linda eres, Sibila. Me gustas tanto, dame un beso. Si me das un beso de amor, te ofrezco en premio la vida eterna. Vivirás por siempre. Ay, qué lindo, dijo ella. Pero un beso chiquito, así, en la punta de la nariz. Y me dio un beso en la punta de la nariz. Me tomaba por tonto. Sibila, le dije ya un poco más serio, dame un beso de amor, no una porquería. Un beso de amor tiene dentro amor. No, contestó ella, un beso de amor es mucho pedir y no te doy nada. Igual que tú, Dafne, airada. Así, toda enfurruñada. Sibila..., le advertí, mira que soy el dios Apolo y con Apolo no se juega. No te doy un beso nada, nene, basta de estufarme la paciencia con lo de los besos. Sí, así como lo oyes. Me dijo nene. Eso me sacó de quicio. Muy bien, muy bien. No me des un beso, guárdate tus besos. Igual te premiaré con la vida eterna. Vivirás todos los años que dure aun el mundo, (atronador) ¡pero irás envejeciendo a medida que pasen y te volverás un pellejo arrugado que ni los perros querrán lamer!
Dafne: Oh, qué terrible.
Apolito: Vivimos en un mundo cruel, lamentablemente.
Dafne: ¿Y qué hizo ella?
Apolito: ¿Sibila? Ah, sí. Cierto, hablábamos de Sibila. ¡Qué hermosas son tus mejillas, Dafne! ¡Qué hermosas! ¡Casi más hermosas que las mías! Sibila, ¿qué fue lo que hizo? Medio que se me olvidó... pasaron tantos años. Ah, sí! Se metió en un tarro. Vive escondida en un tarro, en Cumas... para que no la vean, ¿no? No está muy presentable.
Dafne: Eres un dios cruel.
Apolito: No.
Dafne: Sí.
Apolito: No. Bueno, basta de discusiones. ¿Me das un beso sí o no?
Dafne: ¡No! ¡No te lo doy nada!
Apolito: Sí me lo vas a dar.

Apolo corre a Dafne por el bosque. Ella se acerca al río, suplica:

Dafne: Por favor, Dios, no me dejes caer en manos del dios Apolo que es cruel y fatuo. Sabes que siempre fui bondadosa, piadosa con todos los seres de la naturaleza, hasta con los más pequeños. Que hasta para cortar flores pedía perdón a las plantas antes de hacerlo. Concédeme por favor este último deseo: déjame vivir en una forma en que sea feliz.

Poco a poco, Dafne va transformándose en laurel. Cuando Apolo llega a ella para besarla ya es un árbol. La transformación ha sucedido.

Apolo (apenado): Ay, no. Ay, no, Dafne. Qué lástima.

Apagón

No hay comentarios.: