viernes, febrero 23, 2007

Pedro Calderón de la Barca:El monstruo de los jardines




Jornada II


Vuelve a abrirse el peñasco y vese en él a AQUILES y TETIS luchando, y con los primeros versos salen al tablado y el peñasco se cierra.


AQUILES ¿Esta es piedad?
TETIS Sí.
AQUILES Pues no
quiero admitirla.
TETIS ¿Qué intentas?
AQUILES Arrojarme despechado,
desde esa más alta peña
al mar, a donde mi vida, 5
desesperada y resuelta,
de un sepulcro a otro sepulcro
pase de una vez, y tengan
fin tantas ansias.
TETIS Advierte.
AQUILES Es en vano.
TETIS Considera. 10
AQUILES No es posible.
TETIS Mira.
AQUILES ¿Qué
hay que mire?, ¿qué hay que advierta?,
¿qué hay que considere, cuando
sujeto a tirana fuerza,
segunda vez solicitas 15
reducirme a más estrecha
prisión que la que echó a mal
los años de mi edad tierna?
Cuando pensé que el abrirse
en duras bocas la tierra, 20
amparándome de tantos
como me sitiaron, fuera
para mi seguridad,
¿vuelve a ser para mi afrenta?
Pues no, no ha de ser, que ya 25
es tarde para obediencias.
Antes que viera del sol
las luces, antes que viera
de los cielos la armonía,
de los montes la soberbia, 30
de las flores la hermosura,
de las aves la belleza,
y la inquietud de los mares,
ya toleraba mi estrella
en la fe de la ignorancia 35
el voto de la apaciencia.
Pero después que los vi,
y vi que juraba reina
de la hermosura a Deidamia
toda la naturaleza: 40
¿cómo quieres que otra vez
sin ellos viva, y sin ella,
y me consuele de hallarla,
tan solo para perderla?
Y así, pïadosa, cruel, 45
que me amparas y me fuerzas,
que me crías y me afliges,
me halagas y me atormentas,
perdóneme tu respeto, [54v] (10)
que aunque obedecerte quiera, 50
mi voluntad, mi pasión,
no quiere que te obedezca.
Yo he de seguir de Deidamia
la luz, aunque la defiendan
los hados, o ha de quitarme 55
la vida, porque no tenga
a pesar de mi valor
aqueste triunfo su ausencia.
TETIS ¡Ay, Aquiles, si supieses
cuán piadosamente atenta 60
esta que llamas crueldad,
tu vida ampara, y reserva
de opuesto influjo!
AQUILES ¿Qué influjo
habrá tan crüel, que pueda
más que quitarme la vida? 65
Pues si tú me quitas esta,
¿qué me das? Y así, perdona,
digo otra vez, y pues fiera
constelación una vida
destina a dos muertes, deja 70
que la pierda a gusto mío,
si es preciso el que la pierda.
Vuelve, pues, bella Deidamia,
y cuantos te siguen vuelvan
a lograr en mí las iras, 75
con que mi muerte desean.
¡Aquiles os (11) llama!, ¡Aquiles!
TETIS Suspende la voz y piensa.
AQUILES Ya te he dicho que es en vano,
si ya no es que me convenza 80
superior razón; y así,
mientras la causa no sepa
que te obliga a que me ocultes
quién eres, y soy, y mientras
no volviere a ver el cielo 85
de aquella deidad, aquella
sin quien ya será imposible,
que alivio mis ansias tengan,
no ha de volver a domarme
el yugo de tu obediencia. 90
TETIS ¿Tanto una beldad te arrastra?
AQUILES Tanto que seguirla es fuerza.
TETIS ¿No hay olvido?
AQUILES No sé dél.
TETIS ¿No hay cordura?
AQUILES No sé della.
TETIS ¿No hay albedrío?
AQUILES No es mío. 95
TETIS ¿No hay libertad?
AQUILES Es ajena.
TETIS ¿No hay remedio?
AQUILES No hay remedio.
TETIS ¿No hay prudencia?
AQUILES No hay prudencia;
morir o ver a Deidamia.
TETIS Pues ya que a su extremo llega 100
tu pasión, llegue a su extremo
la mía también, y sea
un asombro de otro asombro.
AQUILES ¡Reparo infeliz!
TETIS ¿Qué intentas?,
¿que sepas tú tu peligro, 105
y yo poner medio sepa
con que tú a Deidamia asistas,
y yo seguro te tenga?
AQUILES Pues, ¿qué aguardas?
TETIS Temo que
no verisímil parezca. 110
AQUILES Al amor todo le es fácil.
TETIS ¿Si es terrible?
AQUILES No le temas.
TETIS ¿Si es temerario?
AQUILES ¿Qué obsta?
TETIS ¿Si es extraño?
AQUILES Que lo sea
TETIS ¿Y si acaso...
AQUILES Di.
TETIS ...peligra 115
en términos de dolencia?
AQUILES ¿Qué importara, si es mi vida
fábula, que lo parezca?
¿De qué manera si, pues,
ha de ser?
TETIS Desta manera. 120
Yo soy, prodigioso Aquiles,
ya que declararme es fuerza,
Tetis (12), hija de Neptuno,
primer deidad de su esfera.
Algunas tardes, que el mayo 125
en su hermosa primavera
conchas me ferió y corales [55]
a claveles y azucenas,
con otras ninfas del mar
discurría la ribera 130
deste monte, coronada
de aljófares y de perlas.
Peleo, príncipe altivo
de la isla, tras las fieras
la campaña discurría, 135
cuando viendo mi belleza
(para desdichas, no es
vanidad que la encarezca)
solicitó mis favores,
y advirtiendo cuánto era 140
imposible a su deseo
ingrata mi resistencia,
dispuso... Pero permite
que aquí, turbada la lengua,
la retórica dispense 145
con el semblante, pues ella
menos dirá con la voz
que él dice con la vergüenza.
Basta pues, ¡ay infelice!,
que embrión de una violencia 150
fuiste, porque no te quejes
de mí, sino de tu estrella,
pues eres tan desdichado,
que cuando todos se precian
que nacieron de un amor, 155
naciste tú de una fuerza.
Yo ofendida, yo quejosa,
porque nunca se supiera
que tuvo logro su injuria,
ni que dio fruto mi afrenta, 160
a él le di muerte y la isla
quemé, no dejando en ella
racional testigo en quien
no sepultase mi ofensa
sin reservar, no mi ira, 165
sino superior clemencia,
más que ese templo, que Marte
sobre sus cumbres conserva.
Entre este horror, este asombro,
este pasmo, esta inclemencia, 170
lidiando mi pecho al verte
el rencor con la terneza
y que culpas de malicia
iba a pagar la inocencia,
te crïe con el secreto 175
que, encomendado a las peñas,
creciste a merced de solas
silvestres frutas y yerbas.
Viendo, pues, tu prodigioso
nacimiento, quise atenta 180
al discurso de tu vida
leerle en las doradas letras
de ese volumen, usando
de la no adquirida ciencia,
sino heredada, bien como 185
deidad de mares y selvas.
Y hallé que al tercero lustro
te amenaza la más fiera
lid, la más dura batalla,
la campaña más sangrienta 190
de cuantos en sus teatros
la fortuna representa.
Conque al ver por una parte
que a mi decoro es decencia
tenerte oculto, y por otra 195
que a tu vida es conveniencia,
quise, añadiendo razón
a razón y fuerza a fuerza,
que no salieses al mundo
hasta que mi diligencia, 200
haciendo que el fatal crisis
de la amenaza trascienda,
quebrase al hado los ojos.
Mas, ¡ay de mí!, ¡cuánto yerra
quien al poder de los dioses 205
previene hacer resistencia!
Marte lo diga, pues viendo
que al ceño de sus violencias
contigo el horror anima,
contigo el estrago alienta, 210
en su oráculo ha mandado [55v]
que en los centros de estas quiebras
te busquen, porque tú solo
importas en esta guerra,
tanto que sin ti no puede 215
acabarla toda Grecia.
Y dígalo Venus, pues
siendo en el robo de Elena
cómplice, como soborno
que fue de la competencia 220
de Paris, con los estruendos
de agua, fuego, viento y tierra,
el oráculo impidió,
dejando en su nombre y señas
declarada la noticia 225
y dudosa la certeza.
Y siendo así que tu hado
y su oráculo convengan
a tiempo que tú vencido
te ves de pasión tan ciega 230
que el retirarte a que vivas
es retirarte a que mueras,
¿qué mucho que yo al delirio
de una imaginada idea
procure hacer tiempo que hado, 235
amor y oráculo venzas?
Astrea, de Deydamia prima,
a quien en su infancia tierna
llevó al gobierno de Acaya
su padre, muriendo en ella, 240
llamada fue de Deydamia,
a que en sus palacios tenga
las dignidades de dama
con los honores de deuda.
Embarcose pues, y al fiero 245
temporal de una tormenta
dio al través, siendo la nave
su tumba, la quilla vuelta.
Con que yo agora, valida
de la blanda primavera 250
de tu edad, apadrinada
de tu divina belleza,
en fe de que nadie puede
en Egnido conocerla,
puesto que de infante a joven 255
dan las facciones mil vueltas,
solicito, como dije,
que el mundo en tu historia vea
la más extraña que el tiempo
repite en plumas y lenguas; 260
pues como tú, Aquiles, tomes
el traje y nombre de Astrea,
y yo bajel y familia
y demás faustos prevenga,
no dudo que, como el reo 265
que delincuente se alberga
a la sombra del cadahalso
donde nadie le sospecha,
te ampares tú en tu peligro
de ti, maginando señas 270
de que allí puedan buscarte
ni el amor que te atormenta,
ni el hado que te amenaza,
ni oráculo que te arriesga,
en cuyo disfraz tú agora 275
discurre, imagina y piensa
cuál viene a estarte mejor:
que de ti tu influjo sepan
o estar sirviendo a tu dama.
Y cuando no te convenzan 280
tres razones tan precisas,
pensar será la más cuerda,
que esto no ha de durar más
que solo hasta que trascienda
el punto que te amenaza, 285
que ya se (13) divisa cerca:
y una vez pasado, yo
seré, Aquiles, la primera
que de la rascada brida
el tiento te dé en la rienda, 290
la noticia en el estribo,
y en él borren la firmeza;
que el blando acero te ciña,
el limpio arnés te prevenga,
el duro yelmo te enlace, 295 [56]
el fuerte escudo te ofrezca,
para que glorioso vivas.
Mas deja hasta entonces, deja,
que averigüemos al cielo
si tiene el ingenio fuerzas, 300
contra el poder de sus hados
y influjo de sus estrellas.
AQUILES Si a cada razón de cuantas
me ha dicho tu voz, hubiera
de responderte, confuso 305
me hallara entre las respuestas.
Y así por no confundirlas,
o no embarazarme en ellas,
todas las dejo, pues todas
en una sola se abrevian. 310
Si a vivir voy con Deydamia,
si a adorar voy su belleza,
nombre, ser, honor y fama,
¿qué se pierde en que se pierda?
No me dilates la dicha 315
que me ofreces; considera
que persuadido un deseo
a siglos las horas cuenta.
TETIS Pues ya que lo estás, escucha:
¡ha del mar!

(Salen cuatro NINFAS.)


MÚSICA (Dentro.) ¡Ha de la tierra! 320
TETIS Hermosas ninfas de Tetis.
UNO ¿Qué mandas?
DOS ¿Qué quieres?
TRES ¿Qué dices?
CUATRO ¿Qué ordenas?
TODAS Pues sabes que estamos
siempre a tu obediencia. 325
TETIS Que con los más sumptüosos
adornos, joyas y telas,
que en los archivos del mar
la hidrópica sed encierra,
a aqueste bruto diamante 330
pulir tratéis de manera,
que el que fue asombro de horror,
pase a serlo de belleza,
cuando mujeriles pompas,
tanto su forma desmientan, 335
que sea monstruo en los jardines
el que fue monstruo en las selvas.
LAS CUATRO Norabuena sea,
sea norabuena,
[trocando su forma] (14) 340
de horror en belleza,
monstruo en los jardines,
quien lo fue en las selvas: (15)
sea norabuena.
UNO Ven donde tus ninfas... 345
DOS ...a tu gusto atentas...
TRES ...su hermosura labren...
CUATRO ...pulan su belleza.
UNO De suerte que como...
DOS ...has dicho tú mesma... 350
TRES ...tanto su semblante...
CUATRO ...disfrace que sea...
TODAS (Cantan.) Trocando su forma
de horror en belleza,
monstruo en los jardines 355
quien lo fue en las selvas.
TETIS Ven a la orilla del mar,
donde ya, Aquiles, te espera
el fantástico bajel,
en que de todas sus señas 360
informado te acompaña.
AQUILES Cielo, sol, luna y estrellas;
montes, mares, troncos, flores;
brutos, aves, peces, fieras:
ya que es fuerza que mi vida 365
fábula al mundo parezca,
dadme ingenio con que supla
mi ignorancia, cuando sea
monstrüo en los jardines
quïen lo füe en las selvas. 370
TODAS Norabuena sea,
sea norabuena.
Veamos si sus hados
vence, cuando sea
monstruo en los jardines 375
[quien lo fue en las selvas.]

(Vanse cantando y representando, y sale ULISES como oyendo las voces.)


ULISES «Veamos si sus hados
vence, cuando sea
monstruo en los jardines, [56v]
quien lo fue en las selvas». 380
¿Qué nuevo oráculo, cielos,
es este que al aire suena,
en que parece que Marte
se obliga de la fineza
con que me quede en el monte, 385
cuando dél todos se ausentan?
Por si averiguar pudiese
el alma de su respuesta
intentando declararla,
pues para su inteligencia 390
que allí impidió el terremoto,
dice aquí en voces diversas.
ÉL y MÚSICOS (Dentro.) A ver si sus hados
vence, cuando sea
monstruo en los jardines, 395
quien lo fue en las selvas.
ULISES Tropa de marinas ninfas
es la que hacia la ribera
alegremente festiva
llevando el monstruo se acerca. 400
Tras ellas iré, aunque en vano
será, pues en hombros dellas
ya al mar se introduce, donde
hermoso bajel le espera,
a cuyo borde llegando, 405
vuelven a decir contentas,
como que a Marte en baldón
dicen de su competencia.
ÉL y MÚSICOS Veamos si sus hados
vence, cuando sea 410
monstruo en los jardines,
quien lo fue en las selvas.
ULISES Ya dentro del buque al mar,
en las náuticas faenas
del marinaje, las voces 415
dicen en música envueltas.
MÚSICOS ¡A leva, a leva!
El ancla desmarra,
despliega las velas,
y gozando el viento, 420
que sopla de tierra,
¡a leva, a leva!
Veamos si sus hados
[vence, cuando sea
monstruo en los jardines 425
quien lo fue en las selvas.]
¡A leva, a leva!
El ancla desmarra,
y descoge la vela.
ULISES (16) Ya engolfado en alta mar, 430
tan favorable navega,
que siendo delfín que nada,
parece neblí que vuela;
pero no me desconfïe
a pensar, que las cautelas 435
de Ulises... Pero, ¿qué digo,
si es (17) tan imposible haberlas,
cuanto lo es el contrastar
alguna deidad suprema,
que al resguardo de sus riesgos 440
de aquí diciendo le ausenta?
ÉL y MÚSICOS ¡A leva, a leva!
Veamos si sus hados
vence, cuando sea
monstruo en los jardines, 445
quien lo fue en las selvas.

(Sale LIDORO leyendo una carta y DANTEO descubierto y LIBIO.)


DANTEO ¿Qué escribe el Rey mi señor?
LIDORO Que habiendo la voz corrido
de haberse el bajel perdido,
ya de mi muerte el rigor 450
tuvo por cierto; mas luego
que a la voz siguió (18) el aviso,
ponerse en camino quiso
para Egnido: tanto llego
a deber a su fineza. 455
Y al fin, que presto vendrán
prevenciones que podrán
desempeñar la tristeza
con que hoy vivo disfrazado
a vista de tanto bien. 460
DANTEO Aunque disculpas me den
tus razones, lo has errado
en callar desde aquel día;
pues, ¿que importaría llegar [57]
derrotado tú del mar? 465
LIBIO Muchísimo importaría;
lleno a su novia envió
de joyas y de cadenas
su retrato uno, y apenas
la dicha novia le vio, 470
cuando con dos mil placeres
dio el sí. Él, muy amante y fino,
se puso luego en camino.
Ciertos hombres y mujeres,
de los que alzando figura, 475
dicen, sin saber de estrellas,
la buena ventura ellas,
y ellos la mala ventura,
dieron con él, y tomaron,
a la vista del lugar 480
a donde se iba a casar,
cuanto en su poder hallaron.
Él, bien o mal, como pudo,
hasta su novia llegó;
ella así como le vio 485
descadenado y desnudo,
dijo: «Este no se parece
al retrato que yo amé,
ni he de casarme, porque
quien no parece, perece». 490
DANTEO Extraña frialdad.
LIDORO Espera,
que bajando a los jardines,
donde rosas y jazmines
aguardan su primavera,
Deydamia, hermosa, ha salido 495
de su cuarto.
DANTEO Llegaré
a hablarla al paso, porque
puedas, señor, divertido
en su hermosura, lograr
la breve ocasión que ofrece 500
el sitio.
LIDORO Y [si] (19) te parece,
en mí la puedes hablar
para ver si su semblante,
iris del cielo de amor,
corre algún rasgo en favor 505
de mi fortuna inconstante.
DANTEO Ya llega cerca; y así
es bien, el papel trocado,
hagas el de mi crïado.

(Salen DEYDAMIA y SIRENE, cúbrase DANTEO y descúbrese LIDORO.)


DEYDAMIA ¿Quién, Sirene, estaba aquí? 510
SIRENE Al embajador vi agora
de tu esposo.
DEYDAMIA ¡Qué rigor!
¿Qué hay de nuevo, embajador?
DANTEO Mucho que temer, señora,
y que dudar.
DEYDAMIA ¿De qué modo? 515
DANTEO Carta del Rey he tenido,
en que me avisa que ha sido
tan amante y fino enredo
cuanto a su afecto ha tocado
Lidoro, el príncipe mío, 520
que obediente a su albedrío,
así como efectüado
vio el concierto, se embarcó,
porque no quiso que fuera
otro quien por vós viniera. 525
LIDORO ¿Alégrase de oíllo?
LIBIO No.
DANTEO Y haber llegado sin él
el aviso, me he tenido
triste, y más habiendo oído
la pérdida de un bajel, 530
según me contaba aquí
este extranjero, que igual
corrió el mismo temporal.
LIDORO ¿Y agora alégrase?
LIBIO Sí.
LIDORO Mientes, que primero fue 535
cuando el semblante alegró,
y agora le entristece.
LIBIO Yo
poco de semblantes sé,
pero ni uno ni otro vi.
DEYDAMIA Mucho siento, embajador, 540
que tenga vuestro temor
tanta razón contra sí.
LIDORO ¿Ves si lo siente?
LIBIO Muy bien.
DEYDAMIA Decid a ese forastero
que llegue a hablarme, que quiero 545
informarme yo también [57v]
de las noticias que tiene.
DANTEO Mirad, que llama Su Alteza.
LIDORO Si esa divina belleza
tantos favores previene 550
al que llega perseguido
de la fortuna y del hado,
ya fuera más desdichado,
si menos lo hubiera sido.
DEYDAMIA ¿No fuisteis vós el primero 555
que a socorrerme llegó
cuando mi temor creyó
ser Aquiles monstruo fiero?
LIDORO Yo fui el primero, señora,
que presumió que pudiera 560
ser tan felice que diera
por vós la vida que agora
rinde humilde a vuestros pies.
DEYDAMIA Confieso que agradecida
os quedé, y compadecida 565
de vuestras penas, después
que supe que derrotado
habías salido del mar;
y para desempeñar
la deuda en que os he quedado 570
en algún cargo, poned
los ojos, que desde agora
ser ofrezco intercesora (Yéndose.)
en que se os haga merced.
LIDORO La tierra que pisáis beso; 575
si la tierra que pisáis
besar merezco, y pues dais
con tal liberal exceso
ocasión a mis enojos
de alentarse, yo os diré 580
una pretensión en que
tengo ya puestos los ojos.
DEYDAMIA (Vuelve.) Decid.
LIDORO No ha de ser agora
DEYDAMIA ¿Por qué?
LIDORO Porque no me atrevo.
DEYDAMIA ¿Cómo?
LIDORO Como agora debo 585
pensarlo mejor, señora.
DEYDAMIA ¿Pues no me decís, que ya
pensada la tenéis?
LIDORO Sí;
pero habiendo vós por mí
de empeñaros, claro está 590
que el atreverme es forzoso
a más, que muy otro ha sido,
pensar como desvalido,
que pedir como dichoso.
DEYDAMIA Pues volvedme a verme aquí, 595
en habiéndolo mirado.
LIDORO ¿Cómo habiéndome llamado,
para informaros de mí,
cuando mi naufragio fue,
tan poco cuidado os da, 600
saber si cierto será
el de Lidoro?
DEYDAMIA No sé; (Al paño.)
porque, o es verdad, o no;
si no es verdad, necedad
es sentirlo, y si es verdad, 605
¿qué culpa le tengo yo?
Y pasando a otro temor,
que más que aquesto lo ha sido
sepa si el bajel perdido
de Acaya era, que el rigor 610
que más me aflige, es pensar
si en él Astrea venía.
LIDORO No, señora, que él traía
contrario rumbo de mar,
y el bajel era de Egnido (20), 615
y Lidoro venía en él.
DEYDAMIA Como quiera que el bajel
el de Astrea no haya sido,
por esa segunda nueva,
en segunda obligación 620
valdré vuestra pretensión.
LIDORO Con tal favor, que me atreva
a más que pensé, será
dicha, no jactancia.
DEYDAMIA Pues
dadme el memorial después. (Vase.) 625
LIDORO ¿Quién darme a un tiempo creerá
muerte y vida? Poco gusto
muestra de mi casamiento [58]
Deydamia.
DANTEO Ese sentimiento,
recelo es de amor injusto, 630
que claro es que su recato
no había de hacer exceso
alguno.
LIBIO Tampoco es eso.
LIDORO ¿Pues qué?
LIBIO Vuélvome al retrato.
Venimos descadenados; 635
y así somos recibidos,
como hombres mal parecidos;
deja que lleguen crïados,
vestidos, joyas, dineros,
caballos, coches, libreas, 640
y que cercado te veas
de pajes y de escuderos;
deja que haya hoy un festín,
que haya mañana un torneo,
esotro justa y paseo, 645
máscara esotro; y en fin
verás entonces, señor,
cómo con grandeza igual,
si ahora has parecido mal,
pareces mucho peor. 650
DANTEO Y en fin, ¿qué piensas hacer?
LIDORO Escribir, Danteo, con tal
atención el memorial,
que sin llegar a saber
quién soy, la ponga en cuidado 655
de querer saber quién soy,
para cuyo intento hoy...
DANTEO Calla, que el Rey ha llegado.

(Sale EL REY y gente.)


EL REY Ya que quedaste en el monte,
dime si algún rastro o seña 660
volviste a hallar.
ULISES Peña a peña
corrí todo su horizonte;
ni indicio, ni rastro hallé.
(Aparte.) El oráculo que oí
reservaré para mí, 665
y en tanto que más no sé,
mira qué quieres que diga
a los príncipes de Grecia.
EL REY Cuánto mi amistad aprecia
entrar en la heroica liga 670
que contra Troya se trata;
pero que en aquesta parte,
el oráculo de Marte
mis prevenciones dilata.
Porque mientras yo no veo, 675
que Aquiles a Troya va,
a quien todos vimos ya,
sin que sepamos cuál sea
la deidad que nos oculta,
yo no me atreveré a hacer 680
lid, en que se va a perder;
pues Marte lo dificulta.
ULISES De esta suerte lo diré:
de tu parte y de la mía,
protesto desde este día 685
a Grecia mi patria, en fe
del hijo de más valor,
y según dicen más sabio,
en venganza de su agravio,
y en demanda de su honor, 690
no perdonar diligencia
que mis engaños sutiles
no hagan en busca de Aquiles,
a traerle a tu presencia,
si sé en varios horizontes 695
abrí, sufriendo pesares,
las entrañas de los mares,
y los senos de los montes.
Deidad que le guardas, si
para otros (21) ocultos fines, 700
ya es monstro de los jardines,
¿dónde está Aquiles?

(Sale un CRIADO.)


CRIADO Aquí,
esperad
EL REY ¿Qué es eso?
CRIADO Astrea,
que ahora acaba de llegar,
licencia pide de entrar. 705
ULISES ¿Otro proverbio? Aunque sea
acaso, pues dijo «aquí», [58v]
aquí le empiece a buscar.
EL REY ¿Qué espera para llegar
mi sobrina? Celio, di 710
tú a Deidamia, que a la bella
Astrea salga a recibir,
que aunque la viene a servir,
hay tanta nobleza en ella,
que es justo honralla.
LIBIO Esta esfera 715
hoy nuevo cielo será.
LIDORO Calla, porque llegan ya.
LIBIO Yo callara si pudiera.

(Tocan chirimías; sale AQUILES de dama y TETIS con acompañamiento por una parte, y por otra DEIDAMIA y las damas.)


AQUILES Apenas vi del palacio
la inmensa fábrica augusta, 720
cuando todos mis sentidos
se desvanecen y turban.
TETIS Pues vuelve en ti, y con prudencia
te cobra y te disimula. (22)
AQUILES Vuestra Majestad, señor... 725
yo... si... cuando... los pies nunca
merecí.
EL REY Esta turbación,
más os abona y disculpa,
que pidiera la más docta
retórica, y más aguda; 730
besad la mano a Deidamia.
AQUILES Hermosa Deidamia, en cuya
competencia de los cielos
es sombra la luz más pura,
dadme a besar vuestra mano, 735
y perdonadme, que muda
tanta dicha no encarezca,
que aunque mi rudeza estudia
muchas cosas que deciros,
no se me acordó ninguna, 740
desde que os vi, y esta sola
siempre en mi memoria dura,
porque tocar vuestra mano
mal puede olvidarse nunca.
DEIDAMIA En toda mi vida vi 745
más peregrina hermosura,
alzad Astrea del suelo,
y creed que tengo a ventura
que a ser vengáis, no mi dama,
sino mi amiga; que hay muchas 750
razones para estimar
(mis brazos os lo aseguran)
las prendas de vuestra sangre.
AQUILES ¡Oh, qué bien dicen, fortuna,
que no se consigue mucho, 755
si mucho no se aventura!
A los brazos de Deidamia
llegué; si es que alguno culpa
el disfraz, ame y verá
cuántos él discurre y busca. 760
Hoy de su mina arrancada
llega, tosca piedra inculta,
un alma a que los crisoles
del ingenio y la cordura,
con ejemplares la labren 765
y sin castigos la pulan.
SIRENE Todas de vós, bella Astrea,
aprenderemos sin duda,
en vuestra beldad liciones
del ingenio que os ilustra. 770
EL REY Ya, Ulises, que la ocasión
de que esta obligación cumpla,
cortó la plática nuestra,
a ella volvamos: no una
vez sola, pero mil veces 775
doy a las deidades sumas,
palabra de que en el día
que el cielo a Aquiles descubra
daré contra Troya a Grecia
todo mi favor y ayuda. 780
AQUILES ¡Válgame Dios! ¿Tanto importa
que el cielo mis hados cumpla?
ULISES Y yo vuelvo una y mil veces
a dar palabra a las sumas
deidades también, de andar 785
el orbe todo en su busca, [59]
hasta que el valor le encuentre
o el ingenio le descubra.

(Sale DANTEO.)


DANTEO Cerca está de aquí, señor.
ULISES ¿Adónde...
AQUILES ¡Qué desventura! 790
ULISES ...Aquiles está?
DANTEO Yo digo
un bajel, que haciendo puntas,
veloz neblí (23) de las ondas,
el nido del puerto busca.
ULISES ¿Otro proverbio? No acaso 795
el cielo mi intento ayuda.
DANTEO Y vengo a pedir albricias,
porque en él viene sin duda
Lidoro, según sus cartas
me dicen, y lo aseguran 800
el rumbo y seña que trae,
si bien las hace confusas
la distancia.
EL REY Si es Lidoro
el que nuestros mares surca,
seguras albricias tienes. 805
DEIDAMIA Las mías son más seguras,
que como lágrimas son,
están más promptas.
LIDORO Fortuna,
cuando el Rey se alegra, ¿ella
se entristece y se disgusta? 810
DANTEO Si ese bajel es de Epiro,
verás cuán presto se muda
la tristeza en alegría.
LIDORO Ya tarde la espero, o nunca,
pero porque no se queje 815
de mí mi omisión, la industria
de hablarla en mi pretensión,
su afecto haré que descubra.

(Vanse LIDORO, DANTEO y LIBIO.)


EL REY Vamos al muelle, que quiero
desde su elevada punta, 820
ver ese nevado cisne
nadar sobre las espumas.
Adiós Deidamia.

(Vase EL REY y CRIADOS.)


DEIDAMIA Los cielos
te guarden: decid que acuda
la música a los jardines. 825
Ven Astrea.
TETIS Antes escucha.

(Vase DEIDAMIA y damas.)


¿Ya has oído los desvelos
con que tu persona buscan?
AQUILES Sí.
TETIS Pues no te digo más
de que en conservarla oculta 830
está tu seguridad;
y pues queda tu fortuna
en tu mano, adiós Aquiles;
y ten silencio y cordura,
pues ya falta poco para 835
que el término su hado cumpla.
AQUILES Eso díselo a mi amor;
que no es posible que sufra
silencio el fuego sin que
ahúme, ya que no luzga. 840
ULISES Cielos, si a vuestras estrellas
persuadisteis a que influyan
en mi favor los afectos
que caudillo me intitulan
de toda Grecia, ¿por qué 845
después que el nombre me ilustra,
me andáis regateando el medio
y escaseando la ventura?
Sin Aquiles esta guerra
no tendrá, según pronuncia 850
el oráculo de Marte
favorable la fortuna.
Pues, ¿cómo a dar la noticia (24)
basta su deidad augusta,
y a descubrirle no basta? 855
Mas, ¡ay de mí!, que sin duda,
opuesto poder le ampara;
bien lo muestra y asegura
hacer cuando deja verse
que por los vientos nos huya. 860
Pues yo no me he de rendir
a dificultad ninguna,
que si hay un dios que le guarda
otros hay que le descubran.
Y si por humanos medios 865 [59v]
esto puede ser, mi industria
dará trazas con que a efecto
llegue, y esta ha de ser una.
Muchos días ha que noto
que en la milicia no supla 870
la humana voz otra voz
superior a todas, cuya
orden gobierne las tropas,
ya divididas, ya juntas;
un horroroso sonido, 875
que ánimo y valor infunda
en los pechos de los hombres,
de suerte que su confusa
armonía, con variarle
de las cláusulas algunas, 880
todo un ejército entero,
si una vez el son escucha,
entienda lo que le manda
porque lo ejecute y cumpla.
Con esta imaginación 885
han trazado mis astucias
dos instrumentos: el uno
de curadas pieles rudas,
y el otro de retorcidos
metales; ambos retumban 890
de suerte que, armoniosos,
en una y otra voz juntan
los apartados extremos
del horror y la dulzura.
Destos instrumentos dos, 895
que erizan y que espeluzan
al que los oye, he de usar
hoy de Aquiles en la busca.
Y siendo así que de monstruo
de las montañas le muda 900
a monstruo de los jardines,
¿quién nos le guarda?, ¿quién duda
(pues la voz sola entrar puede
en la estancia más oculta)
que con este horror su oído 905
hiera, la prisión no sufra?
Porque joven a quien Marte
para sus triunfos anuncia,
gran corazón le guarnece,
gran espíritu le ilustra; 910
y no es posible que quien (25)
ya en los vaticinios triunfa
y en los oráculos vence,
oyendo este idioma, cumpla
con su mismo natural, 915
si arrebatado no busca
la horrible voz de la guerra,
que sus aplausos pronuncia.
Y cuando no se consiga
por tal medio tal ventura, 920
otros habrá, sin que dé
por vencidas mis industrias.
Pues antes... Mas, ¿qué instrumento
la voz de mis labios hurtan?
Músicos son de Deidamia, 925
y por detrás destas murtas
ella viene; embarazarla
no quiero. ¿Dónde, fortuna,
hallaré a Aquiles?
DEIDAMIA Conmigo
no venga ahora ninguna. 930
ULISES ¿Otro a caso? Pues no quiero
creer que misterio no incluya

(Vanse y sale DEIDAMIA sola.)


DEIDAMIA Quedaos y decid que no
canten, porque me disgusta
aplicar injustos medios 935
contra tristezas tan justas.
¡Oh tú, soberbio bajel,
que hollando cristales vienes,
si de mi pena crüel,
el dueño en tu esfera tienes, 940
no tomes puerto crüel!
Mira que son contra mí
(pues para no amar nací)
todos cuantos bordos das.

(Sale AQUILES.)


AQUILES ¿Dónde, pensamientos, vas? 945
Mas si está Deidamia aquí, [60]
¿qué mucho que aquí vinieras
sin que la eleción hicieras,
pues siempre va el corazón
al riesgo sin elección? 950
DEIDAMIA Vuelve, vuelve al mar, no quieras
ser de un tirano tercero,
que al viento dos veces sigue.
AQUILES Sola está: volverme quiero,
no haya ocasión que me obligue 955
a decir del mal que muero.
DEIDAMIA No de la libertad mía
quieras... Mas, ¿quién, ¡ay de mí!,
mis sentimientos oía?
AQUILES Yo; llegué aquí, y como vi 960
que estás sola, me volvía
por no escuchar lo que hablabas.
DEIDAMIA Poco importara, ¡ay Astrea!,
ser tú la que me escucharas;
y para que tu amor crea 965
que tú no me embarazabas,
lo que me hubiera pesado
que alguien me hubiera escuchado,
te diré a ti, porque así
veas que fío de ti 970
la causa de mi cuidado;
tanto, si verdad confieso,
aunque parezca temprano,
te estimo.
AQUILES Tu mano beso,
aunque no tanto por eso, 975
como por besar tu mano.
DEIDAMIA Mi padre sin mi albedrío
con Lidoro me casó,
príncipe de Epiro.
AQUILES Impío
rigor, ¿casada estás?
DEIDAMIA No. 980
AQUILES Vivamos corazón mío.
DEIDAMIA Hechos los conciertos sí.
AQUILES Pues si aún no lo estás, ¿de qué
es tu pena?
DEIDAMIA Escucha.
AQUILES Di.
DEIDAMIA Tanto el sentimiento fue 985
de dar a quien nunca vi
mi padre mi voluntad,
que ofendida la crueldad
de mi altivo pensamiento,
se ha hecho aborrecimiento 990
lo que aún no fue voluntad.
Si mi padre me casara
con un hombre que yo viera,
y este con fineza rara
mis desaires padeciera, 995
y padeciendo, ganara
hoy el agrado, el afecto
mañana, esotro el favor
pudiera ser que discreto,
galante y fino su amor, 1000
hiciera en mi amor efecto.
Pero querer que yo quiera
a quien no sé si sabrá
estimar mi mano, es fiera
esclavitud; ¿quién podrá 1005
no sentirla?
AQUILES De manera,
que si supiera, señora,
que un amante que te adora,
padeciendo te servía:
¿menos te disgustaría 1010
su deseo?
DEIDAMIA ¿Quién lo ignora?
Porque el quererme a mí bien,
no es ofensa para mí.
AQUILES Vida los cielos te den.
DEIDAMIA Pues, ¿qué te va en eso a ti? 1015
AQUILES Mucho mal y mucho bien.
DEIDAMIA ¿Cómo?
AQUILES No sé.
DEIDAMIA Mi castigo
teme: declara, [t]ú por qué
lo has dicho.
AQUILES A esto me obligo,
que si digo lo que sé, 1020
no sabré lo que me digo.
DEIDAMIA Pues yo lo quiero saber.
AQUILES Y aun decirlo quiero yo.
DEIDAMIA Di, pues.
AQUILES (Aparte.) Presto (¡oh, fácil ser!); [60v]
hábito de hablar me dio 1025
el hábito de mujer.
Hermosísima Deidamia,
cuya perfección feliz,
premáticas pone al mayo,
y leyes le da al abril. 1030
En la gran isla de Marte
te vio un joven preferir
en lo rojo del clavel
a lo blanco del jazmín.
Allí te vio, mas no pudo 1035
declarar su amor allí,
porque entonces no sabía
más que sentir sin sentir.
Tu ausencia y su sentimiento
le han obligado a venir 1040
a tu corte disfrazado,
que como es guerra civil,
amor nunca se desdeña
de valerse del ardid.
Su sangre es ilustre, tanto, 1045
que bien puede competir
con la más sagrada prole
de esa curia de zafir.
Su nombre, por no saberle,
no te lo puedo decir. 1050
(Aparte.) Solo esto he de reservar
del secreto para mí,
porque no la escandalice
de Aquiles el nombre oír.
Pero ya que no le diga, 1055
podré, fiándome de ti
en que no te has de enojar,
enseñarte, ¡ay infeliz!,
su persona alguna vez;
aunque en vano es prevenir 1060
enseñarle yo, pues tú
le conoces como a mí.
DEIDAMIA Mucho el aviso te estimo,
y porque podrá servir
el conocerle, de que 1065
no me haga acaso incurrir
la ignorancia en los descuidos,
ya de hablar, o ya de oír,
mira que te ruego, Astrea,
y aun te mando desde aquí, 1070
que en la primera ocasión
que me lo puedas decir,
me digas quién es este hombre
o me quejaré de ti.
AQUILES Porque veas si deseo 1075
obedecer y servir...
(Aparte.) Amor a mucho te atreves.
DEIDAMIA ¿En qué te suspendes, di?
AQUILES Desde aquí le puedes ver.
DEIDAMIA No veo a nadie desde aquí. 1080
AQUILES Míralo bien, que sí ves.
DEIDAMIA Digo, que en todo el jardín
no estamos más que las dos
solas.
AQUILES ¿Solas las dos?
DEIDAMIA Sí.
AQUILES Pues si tú dices que estamos 1085
solas, y yo que está aquí
tu amante, bien fácil es
la enigma de descubrir.
DEIDAMIA ¿Cómo?
AQUILES Como en las dos
está.

(Sale LIDORO.)


LIDORO Pues que permitís... 1090

(Llega por entre las dos a dar el memorial.)


DEIDAMIA ¿Qué es lo que miro?
AQUILES ¡Ay de mí!
LIDORO Este memorial, señora,
os dirá quién soy.
DEIDAMIA Así (Rómpele.)
despacho yo memoriales
de quien con trato tan vil 1095
en mi corte, en mi palacio,
se atreve...
LIDORO ¿Qué oigo?
DEIDAMIA ...a asistir,
disfrazado y encubierto.
AQUILES Ella llegó a presumir,
que yo lo decía por él. 1100
LIDORO De alguien conocido fui,
sin duda, y quién soy le han dicho. [61]
DEIDAMIA Ni he menester.
LIDORO ¡Ay de mí!
DEIDAMIA Saber quién sois, ya lo sé.
LIDORO Pues si lo sabéis, oíd. (Cúbrese.) 1105
AQUILES Miren qué grave se ha puesto.
DEIDAMIA Corazón, ¿esto sufrís?
LIDORO Derrotado de los mares
de Marte, a la isla salí,
donde vi vuestra hermosura. 1110
DEIDAMIA ¿Lo que tú me dices...?
AQUILES Sí,
basta que he venido a ser
tercero yo contra mí
pues me declaré por otro.
LIDORO Viéndome tan infeliz, 1115
por no veros desairado,
persona y nombre encubrí;
y pues, ni el venir por vós
en persona, ni el fingir
mi nombre, es ofensa vuestra... 1120
DEIDAMIA ¿Cómo es esto de venir
por mí en persona?
LIDORO ¿Vós misma
saber quién soy no decís?
DEIDAMIA Pues ya no quiero saberlo
después que lo sé, y así, 1125
si habéis de decir quién sois,
a mi padre lo decid;
que mujeres como yo,
nunca acostumbran a oír
finezas tan desmandadas, 1130
que hayan de llegar a mí,
sin que sepan el camino
por a dónde han de venir.
LIDORO Si yo...
DEIDAMIA No más.
LIDORO Pude...
DEIDAMIA Basta.
LIDORO Pensad...
DEIDAMIA Nada os he de oír; 1135
idos pues.
LIDORO Si haré por daros
tiempo.
DEIDAMIA ¿De qué?
LIDORO De advertir,
que es tan noble mi delito,
que solo erró contra sí,
no atreverse a parecer, 1140
por no atreverse a lucir.
DEIDAMIA Tampoco Astrea me sigas
tú.
AQUILES Pues, ¿yo te ofendí?
DEIDAMIA Sí.
AQUILES En decir quién fuese.
DEIDAMIA No.
AQUILES Pues en qué.
DEIDAMIA En no lo decir. 1145
¿Puede haber más traidor trato,
puede haber acción más vil,
que, tercera de su amor,
hablarme en que está por mí,
un amante disfrazado, 1150
y recatar y encubrir
quién era?
AQUILES Eso no sabía.
DEIDAMIA Pues, ¿cómo pudiste, di,
saber que me vio en el monte,
que vino encubierto aquí, 1155
y no quién era?
AQUILES No sé.
DEIDAMIA Eso es volverme a mentir
segunda vez.
AQUILES No me injuries;
que si enojada te vi
sin culpa, quizá con ella 1160
la costa hecha a lo infeliz,
me atreveré a verte.
DEIDAMIA ¿Cómo?
AQUILES Obligándome a decir
que no lo dije por él.
DEIDAMIA Pues, ¿por quién, fiera?
AQUILES Por mí. 1165
Vuelva mi honor por quien es
tan cifra deste pensil,
tan enigma deste Alcázar,
quedando siempre tras ti,
le ves y no ves, le hablas 1170
y no le hablas, le oyes y
no le oyes, porque delirio
de los hados, frenesí
de la fortuna y prodigio
del amor culto, en fin, 1175
es deste jardín el monstruo. (Vase.)
DEIDAMIA Tente, oye, espera, no así [61v]
me dejes viva, que yo
la he de matar, o inquirir
quién por mí puede ser, ¡cielos!, 1180
el monstruo deste jardín.

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