jueves, febrero 01, 2007

Donizetti - El Elixir de Amor(Opera)


Donizetti - El Elixir de Amor


Intro: El primer gran éxito de Gaetano Donizetti (Bérgamo 1797 - Bérgamo 1848) en el género bufo fue precisamente L'Elisir d'Amore. El ambiente de un pueblecito italiano y las melodías sencillas y folclóricas ganaron las simpatías del público desde el primer momento.

El estreno tuvo lugar el 12 de mayo de 1832 en Milán, Teatro de la Canobbiana, siendo una de las obras de Donizetti más representadas, sobre todo desde que el gran tenor Enrico Caruso la convirtió en una de sus predilectas. Hay que destacar que la partitura incluye una de las arias más conocidas del mundo de la ópera como es "Una furtiva lacrima".

La acción se desarrolla en la Italia rural, en una época indeterminada

Personajes

ADINA
NEMORINO

BELCORE

DULCAMARA

GIANNETTA
Rica Aldeana
Enamorado de Adina

Sargento

Médico Ambulante

Aldeana
Soprano
Tenor

Barítono

Bajo

Soprano


ACTO PRIMERO


Escena Primera

(Una granja. Un río en el que algunas
lavanderas preparan la colada. En el medio
de la escena un gran árbol, sobre el cual
reposan Giannetta, segadores y segadoras.
Adina, separada del resto, se encuentra
leyendo. Nemorino la observa de lejos)

GIANNETTA Y CORO
¡Buen consuelo para el segador,
cuando el sol está más ardiente,
poder reposar y respirar en el valle,
al pie de un árbol!
El vivo ardor del mediodía
templan el río y la umbría;
pero del amor la llama ardiente
ni sombra ni río pueden apagar.
¡Afortunado el segador
que resguardarse de eso es capaz!

NEMORINO
(observando a Adina que lee)
¡Qué belleza y qué adorable!
Más la veo, y más me gusta,
pero en aquel corazón soy incapaz
de inspirar el más leve afecto.
Ella lee, estudia, aprende...
No he visto cosa que ella ignore...
Yo soy un idiota
y sólo sé suspirar.
¿Quién la mente me iluminará?
¿Quién me enseñará a hacerme amar?

ADINA
(riendo)
¡Bendito sea este libro!
¡Es una bizarra aventura!

GIANNETTA
¿De qué te ríes?
Déjanos participar de tu agradable lectura.

ADINA
Es la historia de Tristán.
Es una historia de amor...

CORO
¡Léela, léela!

NEMORINO
(para sí)
A ella despacio me acercaré,
para mezclarme con ellos.

ADINA
(leyendo)
"Por la cruel Isolda
el bello Tristán ardía,
y en su alma enamorada
pensaba en poseerla un día.
Cuando se puso a los pies
de un sabio hechicero,
que le dio un vaso
con cierto elixir de amor.
Por lo que la bella Isolda
de él no, no pudo huir jamás."

CORO
Qué elixir tan perfecto
y de rara calidad,
¡Quién conociera su receta,
o fuera capaz de hacerlo!

ADINA
(continúa leyendo)
"Apenas él bebió un sorbo
del mágico brebaje
y el rebelde corazón de Isolda
se estremeció.
Cambiada en un instante
aquella cruel belleza,
fue de él la amante,
y vivió fiel a Tristán;
y aquel primer sorbo
por siempre veneró."

CORO
Qué elixir tan perfecto
y de rara calidad,
¡Quién conociera su receta,
o fuera capaz de hacerlo!

Escena Segunda

(Suena el tambor y entra en escena Belcore,
encabezando una tropilla de soldados que
permanecen alineados al fondo. Se acerca a
Adina, la saluda y le ofrece flores)

BELCORE
Así como el galante Paris,
dio la manzana a la más bella,
mi adorada campesina,
yo te entrego estas flores.
Pero que él más glorioso,
más feliz yo soy,
porque en premio de mi regalo
me darás tu bello corazón.

ADINA
(a las mujeres)
¡Es modesto el señor!

GIANNETTA Y CORO
Sí, es verdad.

NEMORINO
(para sí)
¡Oh! ¡Tormento mío!

BELCORE
Veo claro en tu rostro
que te he abierto una brecha en el pecho.
No es cosa sorprendente;
soy sargento y soy galante;
no hay belleza que se resista
ante la vista de un soldado;
a Marte, Dios de la guerra,
hasta la madre de Cupido se rinde.

ADINA
(a las muchachas)
¡Es modesto!

GIANNETTA Y CORO
Sí, es verdad.

NEMORINO
(para sí)
¡Ella le sonríe! ¡Oh, dolor!

BELCORE
Así pues, si me amas, como yo te amo
¿qué tanto tardas en rendirte a mis brazos?
Ídolo mío, capitulemos:
¿Qué día te desposaras conmigo?

ADINA
Señor, no tengo prisa:
lleva su tiempo pensarlo.

NEMORINO
(para sí)
¡Ah, infeliz seré si ella acepta!
Desesperado moriré.

BELCORE
No pierdas tanto tiempo, por Dios:
los días vuelan, y las horas también:
en la guerra y en el amor
es un error esperar.
¡Al vencedor ríndete;
de mí no podrás escapar!

ADINA
¡Mirad estos hombres,
lo presumidos y vanidosos que son!
Ya cantan victoria
sin antes haber luchado.
No es, no es tan fácil
conquistar a Adina.

NEMORINO
(para sí)
¡Si el amor me diera al menos
un poco de coraje!
Le diría cuanto sufro
y quizás encontrara piedad.
Pero soy muy tímido
y no me es posible hablar.

GIANNETTA Y CORO
(para sí)
Sería cosa de risa
si Adina cayera en sus brazos,
si a todos nos vengase
este militar.
Sí, sí, pero es zorra vieja
y a él victoria, no le dejará cantar.

BELCORE
Mientras tanto, chiquilla mía,
la plaza ocuparé.
Concede a mis compañeros
unos instantes
a la sombra descansar.

ADINA
Desde luego.
Sería aún más afortunada
si puedo ofrecerles una botella.

BELCORE
Obligado.

(para sí)

¡Ya soy de la familia!

ADINA
(a los campesinos)
Y apodéis retomar
la labor interrumpida.
El sol está cayendo.

TODOS
¡Vamos, vamos!

(salen Belcore, Giannetta y el coro)

Escena Tercera

NEMORINO
¡Una palabra, oh Adina!

ADINA
¡El mismo fastidio!
¡Los mismos suspiros!
Harías mejor en irte a la ciudad,
a ver a tu tío, dicen que está muy enfermo.

NEMORINO
Lo de él no es nada, comparado con lo mío.
Partir no puedo...
Miles de veces lo he intentado...

ADINA
¿Pero si muere
y deja como heredero a otro?

NEMORINO
¿Qué me importa?

ADINA
De hambre morirás, y sin apoyo alguno...

NEMORINO
¡De hambre o de amor!...
para mí es lo mismo.

ADINA
Óyeme. Tu eres bueno y modesto,
no como aquel sargento
que cree inspirarme afecto;
por eso te hablo claro
y te digo que en vano esperas amor.
Soy caprichosa y no hay ningún deseo
que en mí no muera apenas haya nacido.

NEMORINO
¡Oh!... ¡Adina!... Y eso ¿por qué?...

ADINA
¡Vaya pregunta!
Pregúntale al brisa luminosa
por qué vuela sin descanso
sobre la azucena, la rosa
el prado o el arroyo;
te dirá que es su naturaleza
la de ser voluble e infiel.

NEMORINO
¿Entonces debo?...

ADINA
¡A mi amor renunciar, y huir de mí!

NEMORINO
¡Querida Adina!... No puedo.

ADINA
¿No puedes? ¿Por qué?

NEMORINO
¡Por qué!
Pregúntale al río por qué
desde la gruta en donde nace
se dirige raudo hasta el mar
y en el seno del mar muere;
te dirá que está hechizado
por un poder que no sabrá decirte.

ADINA
¿Entonces quieres?...

NEMORINO
¡Morir como él, morir siguiéndote!

ADINA
Ama a otra: nadie te lo impide.

NEMORINO
¡Ah! No es posible...

ADINA
Para sanar de esa locura,
pues locura es el amor constante,
debes seguir mi ejemplo
y cambiar cada día de amante.
Como un clavo saca otro clavo,
así el amor aleja al amor.
De esta manera yo disfruto,
de esta manera tengo libre el corazón.

NEMORINO
¡Ah! En cada objeto
que esta a mi vista,
te veo, te siento solo a ti:
en vano intento olvidarte,
tu rostro grabado está en mi pecho...
Cambiando como tú haces,
puede cambiarse cualquier otro amor,
pero jamás podré borrarte de mi corazón.

(salen)

Escena Cuarta

(Plaza de la ciudad. Gente que va y viene.
Se oye una trompeta. Salen mujeres del
interior de las casas, por curiosidad)

MUJERES
¿Qué significará esa trompeta?

HOMBRES
¡La gran novedad, venid a ver!

MUJERES
¿Qué sucede?

HOMBRES
En una carroza dorada
ha llegado un señor forastero.
¡Ved qué noble semblante!
¡Qué vestiduras! ¡Qué brillante equipaje!

TODOS
Cierto, cierto, debe ser un gran personaje...
Un barón o un marqués de viaje...
Alguien muy importante...
Quizás un duque... o algo más.
Observad... avanza, se acerca:
¡Quitaos las gorras, vamos, vamos!

Escena Quinta

(El Doctor Dulcamara, de pie en la dorada carroza,
teniendo en la mano papeles y botellas. Detrás de
él, un servidor toca la trompeta. Todos los
campesinos lo rodean)

DULCAMARA
Oid, oid, rústicos campesinos;
atentos y no digáis ni una palabra.
Ya supongo e imagino
que lo mismo que yo sabéis
que soy aquel gran medico,
doctor enciclopédico,
llamado Dulcamara,
cuya virtud distinguida
y su infinito portento
son conocidos en el universo... y otros lados.
Soy benefactor de los hombres,
curador de males,
en pocos días evacuo
y limpio los hospitales,
y voy vendiendo la salud
por todo el mundo.
Compradla, compradla,
que os la doy barato.
Y es este odontológico
y admirable licor,
de insectos y ratones
poderoso destructor,
cuyo certificado
auténtico, embotellado,
tocarlo, mirarlo y leerlo
a cualquiera dejo yo.
Gracias a este específico
y simpático milagroso,
un hombre sexagenario
valetudinario
aún se convirtió
en abuelo de diez niños.
Por este "toca y sana"
en breves semanas
más de una afligida viuda
de llorar cesó.
Vosotras, severas matronas
¿queréis rejuvenecer?
Vuestras arrugas incomodas
con esto se quitarán.
¿Queréis, doncellas,
tener suave la piel?
¿Queréis, jóvenes galantes
tener siempre amantes?
¡Compradme mi específico
que por poco lo doy!
Mueve al paralítico,
sana al apopléjico,
al asmático, al asfixiado,
al histérico, al diabético,
restablece el tímpano,
robustece al raquítico,
y hasta cura el dolor de hígado
que últimamente está muy de moda.
¡Compradme mi específico
que por poco lo doy!
Lo he traído por correo
desde miles de millas lejanas.
Me diréis: ¿cuánto cuesta?
¿Cuánto vale la botella?
¿Cien escudos?... ¿Treinta?... ¿Veinte?
No... que nadie se desanime.
Para probar mi agradecimiento
por tan cálido recibimiento
os lo dejaré, oh buena gente,
por un escudo nada mas.

CORO
¡Un escudo! ¿Es verdad?
Hombre más generoso nunca habrá.

DULCAMARA
¡Aquí esta: el estupendo,
el balsámico elixir!
A toda Europa lo he vendido
a no menos de nueve liras:
pero como es cierto
que he nacido en este país,
por tres liras os lo dejo;
solo tres liras a vosotros pido:
Esta claro como el sol
que cualquiera que lo quiera
un escudo contante y sonante
en su bolsillo hago entrar.
¡Ah, cálido afecto de la patria!
¡Grandes milagros puedes hacer!

CORO
¡Es verdad: traed acá!
¡Que gran doctor sois!
Tendremos de vuestra llegada
un largo y prolongado recuerdo.

Escena Sexta

NEMORINO
(para sí)
¡Coraje! Quizás el cielo mando,
expresamente por mi bien,
a este hombre milagroso al pueblo.
Su ciencia pondré a prueba...

(en voz alta al doctor)

¡Doctor!... perdone...
¿Es verdad que poseéis
portentosos secretos?...

DULCAMARA
¡Sorprendentes!
Mis bolsillos son como la Caja de Pandora.

NEMORINO
¿Entonces tendréis... por ejemplo...
el brebaje amoroso
de la reina Isolda?

DULCAMARA
¡Ah!... ¿qué?... ¿qué cosa?

NEMORINO
Quiero decir... el estupendo
elixir que el amor despierta.


DULCAMARA
¡Ah! Sí, sí, ahora entiendo.
Yo mismo lo destilo.

NEMORINO
¿Es cierto entonces?

DULCAMARA
Sí. Es de gran consumo
en esta época.

NEMORINO
¡Oh! ¡Fortuna!... y ¿lo vende?

DULCAMARA
Cada día, a todo el mundo.

NEMORINO
¿Y el precio?

DULCAMARA
Poco... bastante... es... de acuerdo...

NEMORINO
Un ducado... nada más tengo...

DULCAMARA
Es el precio exacto.

NEMORINO
¡Ah! ¡Démelo, doctor!

DULCAMARA
Aquí está el mágico licor.

NEMORINO
¡Gracias, ah! ¡Sí, muchas gracias!
Soy feliz, estoy contento.
Elixir de tal bondad,
¡Bendito el que te creó!

DULCAMARA
(para sí)
Por los países que he recorrido,
más de un tonto encontré,
pero uno igual a este,
en verdad que no se encuentra, no.

NEMORINO
¡Eh!... Doctor... un momentito...
¿De qué modo debe usarse?

DULCAMARA
Con cuidado, muy despacio.
La botella se agita un poco...
Luego se destapa... pero ten cuidado
que el vapor no se esparza.
Luego a los labios la acercas
y lo bebes a sorbitos,
y el sorprendente efecto
no tardarás en sentir.

NEMORINO
¿Al momento?

DULCAMARA
A decir verdad,
es necesario un día entero.

(para sí)

Tiempo suficiente
para irme de aquí y huir.

NEMORINO
¿Y el sabor?...

DULCAMARA
¡Excelente!

(para sí)

¡Es vino de Burdeos, no elixir!

NEMORINO
¡Gracias, ah! ¡Sí, muchas gracias!
Soy feliz, estoy contento.
Elixir de tal bondad,
¡Bendito el que te creó!

DULCAMARA
(para sí)
Por los países que he recorrido,
más de un tonto encontré,
pero uno igual a este,
en verdad que no se encuentra, no.

(en voz alta)

¡Jovencito, hey, hey!

NEMORINO
¡Señor!

DULCAMARA
Sobre todo, ni una palabra... silencio...
En estos tiempos despertar el amor
es un negocio muy envidiado,
las autoridades
podrían enojarse un poco.

NEMORINO
Le doy mi palabra:
ni un alma siquiera lo sabrá.

DULCAMARA
Ve, mortal afortunado
un tesoro te he entregado:
todo el sexo femenino
bajo tu dominio suspirará.

(para sí)

Pero mañana al alba
estaré bien lejos de acá.

NEMORINO
¡Ah! Doctor, le doy mi palabra
que lo beberé por una sola:
por otra cualquiera aunque sea más bella,
ni una gota cataré.

(para sí)

Verdaderamente una estrella benéfica
lo ha guiado hasta acá.

(Dulcamara entra en la posada)

Escena Séptima

NEMORINO
Querido elixir ¡Eres mío!
Sí, todo mío...
¡Qué potente debe ser tu virtud que,
aún antes de haberlo bebido,
de tanta alegría ya me colmas el corazón!
¿Pero por qué razón el efecto
no se podrá ver
sin que transcurra un día?
Bebamos.
¡Oh, qué bueno! ¡Oh, excelente!
Otro sorbo más.
¡Oh, de una vena a otra
me recorre un dulce calor!...
¡Ah! Quizás también...
Quizás ella... pueda sentir la misma llama
Me lo anuncia el apetito y el júbilo
que en mí se ha revelado
en apenas un instante.

(se sienta en una mesa de la posada
comenzando a cantar)

Trallaralara, la, la, la, la.

Escena Octava

ADINA
(para sí)
¿Quién es aquel loco?
¿Estoy soñando, o es Nemorino?
¡Tan alegre! ¿Y por qué?

NEMORINO
(para sí)
¡Demonios! Es ella...

(se levanta para correr hacia ella,
pero se detiene y se sienta de nuevo)

Pero no... no debo tener prisa.
Mis suspiros no la deben cansar por ahora.
Da lo mismo... mañana me adorará
ese corazón ingrato.

ADINA
(para sí)
¡Ni siquiera me mira!
¡Cómo ha cambiado

NEMORINO
Trallaralala, la, la, la, la.
Trallaralala, la, la, la, la.

ADINA
(para sí)
No se si su alegría
es fingida o de verdad

NEMORINO
(para sí)
Por ahora aún no siente amor.

ADINA
(para sí)
Quiere hacerse el indiferente.

NEMORINO
(para sí)
¡Ríete cruel,
por poco tiempo de mis penas!
Mañana todo habrá terminado,
mañana me amarás.

ADINA
(para sí)
El muy desgraciado,
en vano quiere romper sus cadenas;
pero más pesadas
ahora las sufrirá.

NEMORINO
Trallaralala, la, la, la, la.

ADINA
(acercándose le da una bofetada)
¡Muy bien!
¡Aprende esta lección!

NEMORINO
Es verdad:
la estoy poniendo a prueba.

ADINA
¿Y tus penas?

NEMORINO
Olvidarlas, eso espero.

ADINA
¿Y el antiguo ardor?

NEMORINO
Se extinguirá poco a poco.
Sólo hay que esperar un día
y el corazón sanará.

ADINA
Me alegro...
pero eso ya lo veremos.

Escena Novena

BELCORE
(Entra cantando)
Tran, tran, tran, tran, tran, tran.
En la guerra y en el amor
el asedio aburre y cansa.

ADINA
(para sí)
A tiempo llega Belcore.

NEMORINO
(para sí)
Aquí llega ese pesado.

BELCORE
(cantando)
Uso arma blanca
en la guerra y en el amor...

ADINA
Y bien, gentil sargento,
¿la plaza ha sido de su agrado?

BELCORE
Se defiende con valentía,
y es vano el ataque.

ADINA
¿Y el corazón no le dice
que pronto cederá?

BELCORE
¡Ah! ¡Ojalá fuera ese el deseo de Cupido!

ADINA
Quizás si lo desea.

BELCORE
¿Cuándo? ¿Será posible?

NEMORINO
(para sí)
¡Demonios, tiemblo!

BELCORE
Habla entonces, oh ángel bello;
¿Cuándo nos casaremos?

ADINA
Muy pronto.

NEMORINO
(para sí)
¿Qué escucho?

BELCORE
¿Pero cuando?

ADINA
(mirando a Nemorino)
Dentro de seis días.

BELCORE
¡Oh! ¡Alegría! ¡Dichoso soy!

NEMORINO
(riendo)
¡Ah, ah! Todo marcha bien.

BELCORE
(para sí)
¿De qué se reirá
ese estúpido?
Terminare golpeándolo,
si de aquí no se va.

ADINA
(para sí)
¡Y se queda tan alegre y feliz
cuando oye que me caso!
No pudo esconder más
la rabia que me da.

NEMORINO
(para sí)
¡Fanfarrón! Ya se imagina
tocando el cielo con las manos.
Pero al borde de la trampa
mañana se encontrará.

Escena Décima

(Suena el tambor. Entran Giannetta con
las muchachas y los soldados de Belcore)

GIANNETTA
Señor sargento, señor sargento,
le requieren sus compañeros.

BELCORE
Estoy aquí. ¿Qué sucede?
¿Por qué tanta prisa?

SOLDADO
Hace dos minutos que en una carreta
ha llegado un correo para vos.

BELCORE
(leyendo)
¡El Capitán... ah! ¡Todo va bien!
¡Vamos, camaradas: debemos partir!

CORO
¡Partir!... ¿Y cuando?

BELCORE
Mañana al alba.

CORO
¡Oh, cielos! ¡Tan pronto!

NEMORINO
(para sí)
Adina está afligida.

BELCORE
Expresa es la orden. No sé qué hacer.

CORO
¡Maldito oficio!
¡Cambiar a menudo de guarnición!
¡El deber nos hace a los amantes abandonar!

BELCORE
Expresa es la orden. No sé que haré.

(a Adina)

¡Querida! ¿Oíste? ¡Mañana, adiós!
Al menos recuerda mi amor.

NEMORINO
(para sí)
Sí, sí, mañana oirás algo nuevo.

ADINA
De mi constancia una prueba te daré:
recordaré mi promesa.

NEMORINO
(para sí)
Sí, sí, mañana te la repetiré.

BELCORE
Si a mantenerla estas dispuesta,
¿Por qué no anticiparla? ¿Qué te cuesta?
¿Por qué no casarnos hoy mismo?

NEMORINO
(para sí)
¿Hoy mismo?

ADINA
(para sí, mirando a Nemorino)
Parece perturbado.

(a Belcore)

Está bien: ¡hoy mismo!...

NEMORINO
¡Hoy mismo! ¡Oh, Adina!
¿Hoy mismo, dices?...

ADINA
¿Y por qué no?

NEMORINO
Espera al menos hasta mañana.

BELCORE
¿Y tu por qué te metes? ¿Qué te importa?

NEMORINO
Adina, créeme, te lo ruego...
No puedes casarte... te lo aseguro...
Espera tan solo... un día.
Un breve día... yo sé por qué.
Mañana, querida, te arrepentirías
y lo sentirás igual que yo.

BELCORE
¡Da gracias al cielo, babuino,
que, o estás loco, o preso del alcohol!
Te estrangularía, te haría mil pedazos
si estuvieras en tus cabales.
Pero aprovecha que hoy estoy de buenas...
¡Vete! ¡Desaparece de mi vista!

ADINA
Compadécelo, tan sólo es un muchacho:
imprudente y medio loco.
Se ha empeñado que debo amarlo,
porque por mí delira de amor.

(para sí)

Voy a vengarme, voy a atormentarlo,
hasta que arrepentido caiga a mis pies.

GIANNETTA
¡Mirad a ese ingenuo!

CORO
Tiene la osada presunción
de buscárselas con un sargento.
a un hombre de mundo, sin par.
¡Oh, sí, por Baco, la bella Adina
es un bocado demasiado bueno para ti!

ADINA
(con resolución)
¡Vamos Belcore,
vayamos a buscar al notario!

NEMORINO
(inquieto)
¡Doctor, doctor!
¡Socorro! ¡Ayuda!

GIANNETTA, CORO
Está loco de verdad.

NEMORINO
¡Doctor, doctor!

ADINA
(para sí)
Me las pagarás.

(a los demás)

¡A un banquete festivo,
amigos, os invito!

BELCORE
¡Giannetta, muchachas,
espero que hoy bailen!

GIANNETTA, CORO
¡Un baile! ¡Un banquete!
¿Cómo podríamos rechazarlo?

ADINA, GIANNETTA, BELCORE, CORO
Entre alegría y armonía, queridos amigos,
vayamos contentos a pasar la jornada.
Presente en la fiesta el Amor estará.

(para sí, mirando a Nemorino)

Él pierde la cabeza: me hace reír.

NEMORINO
El sargento me desprecia,
se burla de mí la muy ingrata,
soy el hazmerreír de toda la aldea.
Mi corazón oprimido no tiene ya esperanzas.
¡Doctor, socorro! ¡Piedad!

(Adina da la mano a Belcore y salen.
Nemorino se enfurece aún más y sale
corriendo entre risas y burlas del coro.)




ACTO SEGUNDO


(Interior de la casa de Adina. En una mesa
se encuentran sentados Adina, Belcore,
el Doctor Dulcamara y Giannetta. Los
lugareños van llegando y cantando. Los
músicos del Regimiento han montado una
especie de orquesta. Suena la trompeta)

Escena Primera

CORO
Cantemos, brindemos
por los amables novios.
Para que sean largos y constantes
los días de placer.

BELCORE
Para mí, amor y vino,
siempre serán dos divinidades.
Todas las preocupaciones
compensan la mujer y el botellón.

ADINA
(para sí)
¡Si estuviera aquí Nemorino!
Podría burlarme de él.

CORO
Cantemos, brindemos
por los amables novios.
Para que sean largos y constantes
los días de placer.

DULCAMARA
Puesto que os gusta cantar,
oídme, señores, un momento.
Tengo aquí una cancioncilla
que he compuesto hace poco,
vivaz, graciosa,
que puede ser de vuestro gusto
si es que la bella esposa
me hace el honor de acompañarme.

TODOS
¡Sí, sí seguro nos gustará!
Debe ser cosa rara
si el gran Dulcamara
la ha compuesto.

DULCAMARA
(extrae de su casaca algunas
partituras y da una a Adina.)
"La gondolera Nina,
y el Senador Tredenti"
Barcarola a dos voces: ¡Atentos!

TODOS
¡Atención!

DULCAMARA
Yo soy rico y tú eres bella,
yo tengo ducados y tú belleza.
¿Por qué a mis deseos te resistes,
Nina mía, qué más deseas de mí?

ADINA
¡Cuánto honor!
¡Un senador viene mi amor a suplicar!
Pero, yo modesta gondolera,
quiero casarme con uno como yo.

DULCAMARA
Ídolo mío, cesa el rigor
y haz feliz a un senador.

ADINA
¡Excelencia! Es mucho honor.
Yo no merezco un senador.

DULCAMARA
¡Adorada barquera,
toma el oro y abandónate al amor!
Este es pasajero y ligero vuela;
aquel es pesado y siempre queda.

ADINA
¡Cuánto honor!
¡Un senador viene mi amor a suplicar!
Pero Zanetto es joven y me gusta,
con él me quiero casar.

DULCAMARA
Ídolo mío, cesa el rigor
y haz feliz a un senador.

ADINA
¡Excelencia! Es mucho honor.
Yo no merezco un senador.

TODOS
¡Bravo! ¡Bravo! ¡Dulcamara!
La canción es cosa rara.
La elección ha sido del gusto
de un experto cantor.

DULCAMARA
El doctor Dulcamara
en toda arte es profesor.

(entra un notario)

BELCORE
¡Silencio!

(todos callan)

Está aquí el notario,
que viene a certificar el acta
de mi felicidad.

TODOS
¡Sea bienvenido!

DULCAMARA
(al notario)
Te abrazo y te saludo
primer oficial, reclutador del amor.

ADINA
(para sí)
¡Llegó el notario y Nemorino no viene!

BELCORE
Vamos, mi bella Venus...
Pero en tu tierna mirada
¿hay una sombra?

ADINA
No es nada.

(para sí)

Si él no se presenta
mi venganza no estará completa.

BELCORE
Vamos a firmar el acta, el tiempo apremia.

CORO
Cantemos, brindemos
por los amables novios.
Para que sean largos y constantes
los días de placer.

(salen todos, Dulcamara regresa
y se sienta a la mesa)

Escena Segunda

DULCAMARA
La fiestas nupciales,
son muy placenteras;
pero lo que más me gusta de ellas
es la agradable visión del banquete.

NEMORINO
(muy pensativo)
He visto al notario:
Sí, lo he visto... No hay esperanza
para ti, Nemorino; tengo el corazón roto.

DULCAMARA
(cantando entre dientes)
Ídolo mío, cesa el rigor
y haz feliz a un senador.

NEMORINO
¡Usted aquí, doctor!

DULCAMARA
Sí, me han invitado a una cena,
estos amables esposos;
y me entretengo con estas sobras.

NEMORINO
Yo estoy desesperado,
estoy fuera de mi, Doctor,
tengo necesidad de ser amado...
antes de mañana... ahora mismo...

DULCAMARA
(se levanta de la silla, para sí)
¡Cielos, esta loco!

(a Nemorino)

Bebe el elixir y todo se solucionará.

NEMORINO
¿Y verdaderamente seré amado por ella?...

DULCAMARA
Por todas: te lo prometo.
Si quieres anticipar el efecto del elixir
bebe ahora mismo otra dosis.

(para sí)

Yo partiré en media hora.

NEMORINO
Querido doctor, deme otra botella.

DULCAMARA
Con mucho gusto
me agrada poder ayudarte.
¿Tienes monedas?

NEMORINO
¡Ah, ni una sola!

DULCAMARA
Querido mío,
La cosa cambia de aspecto.
Ven en el momento en que las tengas.
Estaré aquí cerca, en la hostería de la Perdiz.
Un cuarto de hora tienes de plazo.

(sale)

Escena Tercera

NEMORINO
(se sienta en un banco)
¡Oh, qué infeliz soy!

BELCORE
La mujer es un animal extravagante.
Adina me ama,
de casarse conmigo esta contenta,
pero difiere el compromiso hasta esta noche.

NEMORINO
(para sí, mesándose los cabellos)
¡Aquí viene mi rival! Le rompería la cabeza
con mis propias manos.

BELCORE
(para sí)
¡Y bien! ¿Qué hace aquí este baqueano?

(a Nemorino)

¡Hey, hey, tú, jovencito!
¡Qué te perturba!

NEMORINO
Estoy desesperado...
Porque dinero no tengo...
Y tampoco sé dónde encontrarlo.

BELCORE
¡Eh, estúpido!
Si dinero no tienes,
alístate como soldado...
y veinte escudos tendrás.

NEMORINO
¡Veinte escudos!

BELCORE
¡Bien sonantes!

NEMORINO
¿Cuándo? ¿Ahora mismo?...

BELCORE
¡Al instante!

NEMORINO
(para sí)
¿Qué debo hacer?

BELCORE
Y con el dinero,
gloria y honor hallarás en el regimiento.

NEMORINO
¡Ah! No es ambición
lo que seduce a mi corazón.

BELCORE
Si es amor, en la guarnición
no te puede faltar el amor.

NEMORINO
(para sí)
Al peligro de la guerra
sé bien que estoy expuesto.
Que mañana a la madre patria,
tío, amigos, ¡ay! abandonaré.
Pero sé que este es
el único camino que me queda
para poder triunfar en un sólo día
en el corazón de Adina.
¡Ah, si consigo el corazón de Adina,
bien podría morir después!

BELCORE
Al son vivaz del tambor,
entre las filas y banderas,
le gusta al amor vagar,
con las alegres cantineras.
Siempre alegre, siempre contento,
tendrás mujeres por centenares,
de constancia no te aburrirás,
no tendrás tiempo de suspirar.
Créeme, la verdadera alegría,
acompaña al militar,

NEMORINO
¡Veinte escudos!

BELCORE
Al instante.

NEMORINO
Entonces, me alistaré. Preparadlos.

BELCORE
Pero el contrato
primero debes firmar.
Haz una cruz aquí.

(Nemorino firma y toma los veinte escudos)

NEMORINO
(para sí)
A Dulcamara voy corriendo a buscar.

BELCORE
Dame la mano, jovencito,
Me alegro de la adquisición:
me parece que, mejor o peor,
tu eres un buen muchacho.
Pronto serás cabo
si sigues mi ejemplo

(para sí)

He alistado a mi rival.
¡Otra cosa que narrar!

NEMORINO
¡Ah! No sabes por qué me he decidido
a dar este paso.
¡Tú no sabes cómo palpita el corazón
bajo estas simples vestiduras!
¡Ah, no puedes imaginar
lo que vale tanto para mí.

(para sí)

¡Ah, no habrá tesoro igual,
si consigo hacerme amar!

(Salen ambos.)

Escena Cuarta

(plaza del pueblo como en el acto primero).

CORO
¿Sería posible?

GIANNETTA
Muy posible.

CORO
Pero no probable.

GIANNETTA
Muy probable.

CORO
¿Pero cómo entonces? ¿Cómo lo sabes?
¿Quién te lo dijo? ¿Quién? ¿Dónde?

GIANNETTA
No hagáis escándalo: hablad bajo,
nadie debe esparcir el secreto.
Sólo lo sabe el mercader ambulante,
que en confianza me lo ha dicho.

CORO
El mercader ambulante ¡te lo ha dicho!
¡Será verdad entonces!... ¡Oh, qué suerte!

GIANNETTA
Sabed entonces que el otro día
el viejo tío de Nemorino murió,
que al jovencito le ha dejado
una magnifica e inmensa herencia...
Pero, silencio... despacio... por favor.
No debe divulgarse.

CORO
No se dirá.

GIANNETTA
Ahora que Nemorino es millonario...
es el magnate del vecindario...
Un hombre de valía, un buen partido...
¡Feliz de aquella que lo tenga por marido!
Pero, silencio... despacio... por favor.
No debe divulgarse.

(ven a Nemorino que se acerca y se retiran
a un lado, observándolo curiosamente.)

Escena Quinta

NEMORINO
De este elixir admirable
he bebido abundantemente,
y me ha prometido el médico
que tendré a todas las doncellas.
En mí hay un sólo deseo
y es que renazca la esperanza;
el efecto de este fármaco
ya, ya se empieza a sentir.

CORO
(en voz baja)
Aún tiene un aire negligente y humilde;
seguro que todavía no lo sabe.

NEMORINO
(disponiéndose a salir)
¡Vamos!

GIANNETTA
(deteniendo a Nemorino e inclinándose)
Su sierva humildísima.

NEMORINO
¡Giannetta!

CORO
(acercándose una por una)
Mis respetos.

NEMORINO
(para sí, maravillado)
¿Qué les pasa a estas jóvenes?

GIANNETTA, CORO
¡Querido Nemorino!
En verdad que eres amable,
tienes aires de caballero.

NEMORINO
(para sí)
Ahora lo entiendo:
es la labor del mágico licor.

Escena Sexta

(Adina y el Doctor Dulcamara entran por
diferentes lados. Se detienen maravillados,
al ver a Nemorino con las campesinas.)

ADINA, DULCAMARA
¿Qué veo?

NEMORINO
(viendo a Dulcamara, dice:)
¡Ah! ¡Ah! ¡Es magnífico!
Doctor, usted estaba en lo cierto.
Gracias a la virtud del elixir
he tocado el corazón de todas.

ADINA
¿Qué escucho?

DULCAMARA
¡Estoy forzado a creerlo!

(a las campesinas)

¿Os gusta?

CORO
Oh sí, en verdad.
Es un joven que merece
nuestro afecto y honor.

ADINA
(para sí)
Creía encontrarle llorando,
y lo encuentro festejando y divirtiéndose.
Eso sólo significa una cosa:
¡Ya no piensa en mí!

GIANNETTA, CORO
(en voz baja)
¡Oh qué gentil es el querido joven!
De él no puedo alejarme.
Haré lo imposible
por inspirarle amor.

NEMORINO
(para sí)
No tengo palabras
que puedan expresar
el inmenso júbilo que siento.
Si todas, todas ellas me aman,
entonces ella también me querrá.

DULCAMARA
(para sí)
Estoy totalmente pasmado,
este sí es un caso verdaderamente extraño.
¿Seré verdaderamente poseedor
de un filtro mágico?

GIANNETTA
(a Nemorino)
Aquí cerca, en la sombra,
se va a dar un baile,
¿irás?

NEMORINO
Sí, sin falta

CORO
¿Y bailarás?

GIANNETTA
¡Conmigo!

NEMORINO
Sí.

CORO
¡Conmigo!

NEMORINO


GIANNETTA
¡Yo soy la primera!

CORO
¡Soy yo, soy yo!

GIANNETTA
¡Yo he sido quien lo ha invitado!

CORO
¡Yo también! ¡Yo también!

GIANNETTA y CORO
(quitándoselo una a la otra)
¡Ven!

NEMORINO
Despacio.

CORO
Elige.

NEMORINO
(a Giannetta)
Está bien...
... tú serás la primera;
luego tú... y después tú...

DULCAMARA
¡Misericordia!
¡Con todas!
Licor igual al mío no hay.

ADINA
(avanzando)
Hey, Nemorino.

NEMORINO
(para sí)
¡Oh, cielos! ¡También ella!

DULCAMARA
¡Con todas, con todas!

ADINA
Acércate.
Belcore me ha dicho,
que, deslumbrado
por unas pocas monedas,
te has hecho soldado.

CORO
¡Soldado! ¡Oh, diablos!

ADINA
Has hecho muy mal.
Quiero hablar contigo.

NEMORINO
Habla entonces.

GIANNETTA y CORO
¡Al baile! ¡Al baile!

NEMORINO
Es verdad, es verdad.

(a Adina)

Después te escucharé

(para sí)

Ya me imagino
que cosa me va a decir.
Ya siente el efecto del fármaco,
ya su corazón me ama.
Los anhelos y los pálpitos
de un corazón amante,
en un solo instante
vas a probar.

ADINA
(para sí)
¡Oh! Tan rápido
ha cambiado;
que siento en el corazón.
un despecho insólito.
¡Oh!, amor, te vengas
de mi indiferencia,
su desprecio
me obliga a amarlo.

DULCAMARA
(para sí)
Sí, todas lo aman.
¡Oh, maravilloso!
¡Querida y admirable
botella mía!
Ya veo llover sobre mí,
miles de monedas,
Me convertiré
en un Creso

GIANNETTA, CORO
(para ellos)
De todos los muchachos
del pueblo,
ella imagina
que debe ser cortejada,
Pero este joven será,
lo juro,
un hueso
duro de roer.

(Nemorino sale con Giannetta
y las campesinas.)

Escena Séptima

ADINA
¡Que contento se va!

DULCAMARA
El mérito es todo mío.

ADINA
¿Vuestro, doctor?

DULCAMARA
Sí, todo.
La alegría esta bajo mi mando,
yo destilo el placer y el amor
como agua de rosas; y ahora es eso
lo hace maravillas en aquel jovencito,
él es todo un portento de mi gran invención.

ADINA
¡Locuras!

DULCAMARA
¿Locuras, dices?
¡Incrédula! ¡Locuras!
¿Conoces el poder de la alquimia?
¿El gran valor del elixir de amor
de la Reina Isolda?

ADINA
¿Isolda?

DULCAMARA
Isolda.
Lo tengo en todas las mezclas y sabores.

ADINA
(para sï)
¿Qué oigo?

(a Dulcamara)

¿Y le has vendido el elixir a Nemorino?

DULCAMARA
Él me lo pidió
para obtener el afecto
de una cruel mujer...

ADINA
¿Y aún la ama?

DULCAMARA
Languidecía y suspiraba
sin una luz de esperanza;
y por beber una gota del fármaco encantado,
vendió la libertad alistándose como soldado.

ADINA
(para sí)
¡Cuánto amor! ¡Y yo, cruel, atormento
a tan noble corazón!

DULCAMARA
(para sí)
Ella también se ha enamorado:
necesita urgentemente el licor

ADINA
¡Entonces... así pues... Nemorino
¡es afortunado en el amor!

DULCAMARA
Todo el sexo femenino
por el jovencito está enloquecido.

ADINA
¿Y a qué muchacha ama él?
¿Cuál de entre todas es la preferida?

DULCAMARA
Es como el gallo del corral,
a todas sigue, a todas galantea.

ADINA
(para sí)
¡Y yo sola, insensata,
rechacé tan noble corazón!

DULCAMARA
(para sí)
Ella también se ha enamorado,
necesita urgentemente el licor.

(a Adina)

¡Bella Adina! Espera un momento...
ven más cerca... levanta la cabeza.
Estás confundida...
lo sé por ese aire afligido y abatido.
¿Si tú lo deseas?...

ADINA
¿Si deseo qué... qué cosa?

DULCAMARA
¡Levanta la cabeza, caprichosa!
Si lo deseas, tengo la receta,
que podrá curar tu mal.

ADINA
¡Ah, doctor! Sería estupend,
pero para mí no hay virtud que valga.

DULCAMARA
¿Quieres ver miles de amantes
afligidos y lánguidos a tus pies?

ADINA
No sabría qué hacer con tantos,
mi corazón sólo a uno quiere.

DULCAMARA
¿Deseas poner locas de celos a doncellas,
esposas e incluso viudas?

ADINA
No me tienta, no me place,
de turbar a otras la paz.

DULCAMARA
¿Conquistar quieres a un rico?

ADINA
Las riquezas no me preocupan.

DULCAMARA
¿Un conde? ¿Un marqués?

ADINA
Yo sólo quiero a Nemorino.

DULCAMARA
Toma, pues, mi receta,
que te hará el efecto deseado.

ADINA
¡Ah, doctor! Sería estupenda:
pero para mí no hay virtud que valga.

DULCAMARA
¡Desconfiada!
¿Crees que no tiene valor alguno?

ADINA
Yo respeto el elixir,
pero para mí hay otro mejor:
Nemorino, a todas las otras dejará,
y todo mío, solo mío será.

DULCAMARA
(aparte)
¡Ah! ¡Doctor! Es muy astuta;
ésta sabe más que tú.

ADINA
Una tierna miradita,
una sonrisa, una caricia,
es capaz de vencer hasta al más obstinado
y ablandar incluso al más duro.
He visto tantos y tantos suspirando
y aferrados como locos a mis pies,
que Nemorino seguro
no podrá huir de mí. No.
La receta es mi mirada,
en estos ojos está el elixir.

DULCAMARA
Si, ya lo veo, bribonzuela,
sabes más, mucho más que yo de mi arte.
Esta boca tan hermosa,
es la botica del amor:
eres como un alambique
pues filtras el amor que deseas;
como un el horno más cálido que un volcán
para convertir en cenizas lo que deseas.
¡Ah! Quisiera cambiar por las tuyas
mis redomas de elixir.

(Ambos salen de escena. Entra Nemorino.)

Escena Octava

NEMORINO
Una furtiva lágrima,
en sus ojos despuntó…
A aquellas jóvenes alegres
parecía envidiarlas…
¿Qué más puedo desear?
Me ama, sí, me ama, lo veo, lo veo.
¡Un solo instante el pálpito de su corazón
deseo sentir!…
¡Mis suspiros confundir
con los suyos!
Cielos, así podré morir,
no quiero más que eso.
Aquí está.
¡Oh, cómo acrecienta su belleza
el naciente amor!
Seguiré haciéndome el indiferente
hasta que venga ella misma a declararse.

Escena Novena

ADINA
(entrando)
¡Nemorino! ¿Qué te sucede?

NEMORINO
No sé dónde estoy...
Todas, jóvenes y viejas,
bellas y feas, me quieren por esposo.

ADINA
¿Y tú?

NEMORINO
No puedo decidirme
por ninguna,
Pues espero todavía mi felcidad...

(para sí)

¡Que confío que venga pronto!

ADINA
Escúchame

NEMORINO
(alegre, para sí)
¡Ya se declara!

(a Adina)

Te escucho, Adina.

ADINA
Dime: ¿por qué partes?
¿por qué has resuelto hacerte soldado?

NEMORINO
¿Por qué?…
Porque quise intentar cambiar mi destino,
y pensé que podría mejorar.

ADINA
Tu persona,… tu vida
es apreciada aquí... vengo de comprar
el fatal contrato de Belcore.

NEMORINO
¡Lo has hecho!…

(para sí)

Es natural: es obra del amor.

ADINA
Toma: gracias a mí eres libre,
quédate en el suelo patrio,
no hay destino por malo que sea
que no pueda cambiar en un solo día.

(le da el contrato de alistamiento)

Aquí, donde todas te aman,
discreto, amoroso, honesto;
pero siempre triste e infeliz.
No, ya no será más así.

NEMORINO
(para sí)
Ahora, ahora se declarará.

ADINA
¡Adiós!

NEMORINO
¡Qué! ¿Me dejas?

ADINA
Yo... sí.

NEMORINO
¿Nada más tienes que decirme?

ADINA
Nada más.

NEMORINO
¡Entonces, toma!

(le devuelve el contrato)

Puesto que no soy amado
voy a morir como soldado;
para mí ya no hay más paz,
si me ha engañado el doctor.

ADINA
¡Ah! Él fue sincero contigo,
escucha a tu corazón.
Tienes que saberlo al fin, sí:
¡Te amo!
Quiero hacerte tan feliz
como antes desgraciado;
olvida mi desdén
pues te juro amor eterno.

NEMORINO
¡Oh, alegría indescriptible!
No me engañó el doctor.

(Nemorino se arrodilla ante ella)

Escena Décima

(Entran Dulcamara y todo el pueblo,
seguidos por Belcore y los soldados.)

BELCORE
¡Alto!… ¡De frente!… ¿Qué veo?
¡Le presento armas a mi rival!

ADINA
Así es, Belcore:
y conviene dejar las cosas como están.
Él es mi esposo y lo hecho…

BELCORE
… hecho está.
Quédatelo, pues, bribona; peor para ti.
El mundo está lleno de mujeres
y miles y miles Belcore tendrá.

DULCAMARA
Te las proporcionará este elixir de amor.

NEMORINO
Querido doctor:
soy feliz gracias a vos.

TODOS
¿Gracias a él?

DULCAMARA
Sí, gracias a mí.
Sabed que Nemorino se ha transformado
en el hombre más rico del pueblo…
puesto que ha muerto su tío…

ADINA, NEMORINO
¡Muerto mi / su tío!

GIANNETTA, CORO
Ya lo sabíamos…

DULCAMARA
Yo también lo sabía.
Pero lo que no sabíais,
ni podríais saber, es que este
sobrehumano elixir puede en un momento,
no sólo remediar el mal de amores,
sino que también enriquecer a los pobres.

CORO
¡Oh, qué gran licor!

DULCAMARA
Él corrige todo defecto,
todo vicio de la naturaleza.
y vuelve bella
a la más fea criatura;
hace caminar al tullido,
aplasta jorobas, alisa bocios,
y cura todo tipo de incómodos tumores
sí, los deja… como si no hubieran existido...

CORO
¡Acá, doctor; a mí ,doctor!…
¡Un frasco… dos… tres!...

DULCAMARA
Él es un seductor soborno
para los guardianes escrupulosos;
es un somnífero excelente
para viejas y celosos;
da coraje a las jovencitas
que tiene miedo de dormir solas;
un excitante para el amor
aún más potente que el café.

CORO
¡Acá, doctor… a mí ,doctor!…
¡Un frasco… dos… tres!...

(Entra el carromato de Dulcamara, que
sube a él y mientras todos lo rodean.)

DULCAMARA
Favorecidos por las estrellas,
yo os dejo un gran tesoro,
todo reside en él: salud y belleza,
alegría, fortuna y oro.
Reverdeced, floreced,
engordad y enriqueceos:
que al amigo Dulcamara
esto os haga por siempre recordar.

CORO
¡Viva el gran Dulcamara,
el Fénix de los doctores!

NEMORINO
A él le debo mi esposa.

ADINA
¡Él me hizo feliz!
El efecto de su fármaco
nunca podré olvidar.

BELCORE
Maldito charlatán,
¡ojalá te despeñes!

(El sirviente de Dulcamara toca la
trompeta. La carroza se mueve. Todos lo
despiden, tirando al aire las gorras)

CORO
¡Viva el gran Dulcamara,
el Fénix de los doctores!
Con salud y con tesoros
muy pronto a nosotros volverá.

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