martes, enero 23, 2007

Tennessee Williams"EL CUADERNO DE TRIGORIN"


EL CUADERNO DE TRIGORIN
Una adaptación libre de La gaviota de Antón Chejov
Tennessee Williams



Nota del intérprete
Chéjov era un escritor silencioso y delicado, cuyo enor¬me poder siempre se mantenía dominado. Sé que, en un sen¬tido, esto puede descalificarme como "intérprete" de la presente obra, que se cuenta entre las primeras y mayores piezas teatrales modernas. Si le he fallado, fue a pesar de un intenso anhelo por utilizar de alguna forma mis cuali¬dades como dramaturgo, bastante diferentes de las suyas, a fin de traerlo más cerca, hacerlo más audible para uste¬des de lo que he visto que se lo presentaba en cualquier pro¬ducción estadounidense.

Nuestro teatro tiene que gritar para que por lo menos lo oigan...

TENNESSEE WILLIAMS

Personajes de la pieza
(por orden de aparición)

Semión Semiónovich MEDVEDENKO, un maestro
MASHA, hija de Shamráiev
KONSTANTÍN Gavrílovich Tréplev, hijo de Arkádina
IÁKOV, un peón
Piotr Nikoláievich SORIN, hermano de Arkádina
Boris Alexéievich TRIGORIN, un escritor
NINA Mijáilovna Zaréchnaia
POLINA Andréievna, mujer de Shamráiev
Evgeni DORN, médico
Iliá Afanásievich SHAMRÁIEV, administrador de la propie¬dad de Sorin
Irina Nicoláievna ARKÁDINA, actriz
COCINERO
ANCIANA
MUCAMA
PEONES


PRIMER ACTO
La pieza se abre junto al lago que hay en una sección del parque de la propiedad de Sorin. En la parte delantera del escenario, un tablado improvisado bloquea la vista. Hay arbustos a izquierda y a derecha de aquél. Se ven unas pocas sillas y una mesita. El sol acaba de ponerse.
Iákov y otros peones están sobre el tablado, detrás del telón; se oyen ruidos de toses y martillazos. Entran Masha y Medvedenko, que vuelven de un paseo.

MEDVEDENKO: Masha, dígame, ¿por qué siempre se viste de negro?
(Ella evidentemente no le está prestando atención.) No tiene motivos para estar deprimida. Goza de bue¬na salud. Su padre tiene dinero. (Le toma la mano.)
MASHA: No, por favor no. Me conmueven sus sentimien¬tos por mí, pero simplemente no los puedo correspon¬der, eso es todo.
MEDVEDENKO: Si no fuera tan miserablemente pobre, ¡vein¬titrés rublos por mes!
MASHA: No es cuestión de dinero. Podría amar a un men¬digo si...
MEDVEDENKO: El mendigo fuera Konstantín. ¿No es cierto? MASHA: Su madre lo trata como a un... ¿lo ama?... Oh sí, pero el amor puede ser tan cruel como el odio. Esta noche va a despreciar su pieza y no hará ningún secreto de ello, además será fríamente cortés, cortés como el hielo con Nina, ya verá. Quedará claro que ella es lo que cree ser: la estrella más grande de Rusia. Probablemente piensa que es la estrella más grande del mundo.
MEDVEDENKO: Veintitrés rublos por mes es lo que gano.
MASHA: Creo que ya dijo eso.
MEDVEDENKO: De esos veintitrés rublos, algo se deduce para el fondo de pensión.
MASHA: Cómo insiste con el dinero, el dinero y en voz tan alta.
MEDVEDENKO: Sostengo a mi madre, que es una bruja.
MASHA: Sáquesela de encima montada en una escoba.
MEDVEDENKO: Dos hermanas, para siempre a mi cargo porque son caseras como novillas.
MASHA: Entonces póngalas a pastar.
MEDVEDENKO: Mi hermanito... imposible de controlar.
MASHA: Semión, creo que ese chico le escupiría el ojo al niño Jesús.
MEDVEDENKO: Claro que lo haría. (Suspira profundamente.) Sin embargo, la gente tiene que comer y beber.
MASHA: Comer, no, beber, sí. Mire, pobre estúpido, ¿tiene esta abrumadora familia a su cargo y encima me quie¬re a mí junto con ellos? No sería sensato aceptar esta propuesta suya, tan curiosa, lo lamento, pero... no, Semión.
MEDVEDENKO: ¡Cuatro millas hasta aquí, cuatro millas de vuelta!... Y siempre nada más que rechazo de su parte. Oh, yo...

(Konstantín aparece delante del telón: Masha invo¬luntariamente se levanta del banco.)

KONSTANTÍN: Quédense callados, por favor, tengo que dar-les instrucciones a los utileros. No han armado... (Se vuelve hacia ellos, detrás del telón.) Nina no puede saltar sobre la plataforma como una langosta.
IAKOV (fuera de escena): Pensamos que esta escalera podría...
KONSTANTÍN: ¡Entonces que alguien se la sostenga y la ayude a subir! Va a llegar tarde y estará muy nerviosa porque la celebridad literaria de mi madre ha condes¬cendido a asistir.
SASHA: No se preocupe. Es sólo para una representación.
MASHA (gritando): ¡Tendrá muchas representaciones! No sólo esta noche aquí, sino...
KONSTANTÍN: ¡No debe caerse! ¡Claven la escalera! ¡A la parte trasera de la plataforma! No al costado, no deben verla antes de que se levante el telón.

(Aparece Sorin en la parte trasera del escenario, incli¬nado sobre un bastón.)

SORIN: Kostia...
KONSTANTÍN: Tío Petrusha, no te muevas, hay una pen¬diente.
SORIN: Sí, una larga pendiente... cuyo nombre es edad.
KONSTANTÍN: Quédate allí, iré a buscarte, tío... ¿Qué era lo que me estaba gritando, Masha?
MASHA: Que yo... que yo sé que... (No puede continuar.) Discúlpeme... mi idea... ¡es que se representará por toda Rusia, no sólo una noche junto a este lago! (Su voz tiembla de sentimiento.)
KONSTANTÍN: ¿Masha, estuvo bebiendo?
SORIN: ¡Kostia!
(Konstantín se apresura a ayudar a Sorin. Éste desciende la pendiente con la ayuda de Konstantín.)
No puedo ser yo mismo en el campo, nunca me acostumbraré a la vida aquí, que no es lo que llamo vida.
Quiero dormir todo el tiempo, sí, todo el tiempo me quedo dormido. ¿Despertar?... ¿Por qué? ¿Para qué?... Sueño con la vida en la ciudad... es todo lo que sueño, Kostia. ¡Por favor! Cuando te vayas de aquí... sé que lo harás... por favor no me dejes solo aquí.
KONSTANTÍN: Sé paciente. Encontraremos una forma. Espera un momento. (Ayuda a Sorin a sentarse.)
MASHA: Han parado con ese martilleo infernal en el esce¬nario, es decir que la representación va a empezar pron¬to. Oh, espero que la madre de Kostia y su... ¿cómo se refiere uno a su compañero escritor?
MEDVEDENKO: Su nombre es Boris Alexéievich Tri...
MASHA: Sé su nombre. Quiero decir su relación. ¿Es realmente amante de ella o sólo un compañero de viaje?
MEDVEDENKO: ¿No duermen acaso en el mismo cuarto?
MASHA: Mamá dice que no siempre: en rigor, menos que más. Él realmente está más cerca de la edad de su hijo que de la de ella.
MEDVEDENKO: ¿Qué edad tiene ella?
MASHA: Considerablemente más de lo que se le daría por su aspecto, pero su álbum de recortes la muestra representado a Ofelia antes de que Kostia naciera.
MEDVEDENKO: ¿Ofelia es...?
MASHA: ¡Era!... una chica enamorada de Hamlet. (Toma rapé.) ¿Sabe quién era Hamlet?
(Medvedenko parece desconcertado.)
¿Y bien? ¿Lo sabe o no lo sabe?
MEDVEDENKO: Naturalmente, un actor inglés, pero, Masha, Masha, van a venir aquí pronto y... usted sabe que durante largo tiempo he intentado encontrar la ocasión adecuada, la privacidad, el momento, para...
MASHA: Lo sé y lo he evitado.
MEDVEDENKO: ¿Quiere decir?
MASHA: Podría tomarme un coñac. Semión, tráigame un coñac en una taza de té.

(Él camina hacia la izquierda, tristemente.)

SORIN: No me siento yo mismo en el campo y nunca lo haré.
KONSTANTÍN: Tío Petrusha, iremos a la ciudad, a... SORIN: ¿Quién va a llevarme? Por cierto que Irina no.
¿Presentarme como su hermano, a mi edad y en mi estado de... con mi dolencia?
KONSTANTÍN: Yo lo haré... en cuanto gane un poco de dinero por mi obra. (Ve a Masha.) Masha, cuando la pieza comience la llamaremos. Perdón, pero por algún motivo...
MASHA: Naturalmente, comprendo, pero será hermoso, Kostia, estoy de lo más ansiosa. (Ha comenzado a caminar hacia la casa.)
SORIN: María Ilínichna, pídele a tu papá que le saque la cadena al perro para que no aúlle la noche entera y mantenga despierto a todo el mundo.
MASHA: Por supuesto, ¿pero acaso escuchará? (Sigue salien¬do por la izquierda.)
SORIN: Te digo que ese hombre ha empezado a comportarse como si fuera el dueño de la propiedad. ¿Y sabes por qué? Está pendiente de mi mala salud. De manera que el perro aullará y yo no dormiré... nunca he vivido en el campo como quería. En una época solía tomar-me una licencia de un mes y venía aquí a descansar. Pero apenas llegaba, .empezaban a molestarme con todo tipo de tonterías, de manera que al día siguiente estaba listo para irme. Kostia, no era bienvenido ni en mi propia casa. Quería irme al día siguiente.
IÁKOV: Vamos a nadar. ¡Sasha!
IVÁN: ¡Sasha!
KONSTANTÍN: ¿Está listo el tablado?
IAKOV e IVÁN: ¡¡Sí!!!

(Salen corriendo.)

KONSTANTÍN: Tío, déjame arreglarte un poco el cabello. (Peina el cabello de su tío. Debe ser evidente la ternu¬ra que hay entre ellos.) Tu barba necesita un recorte. Me ocuparé de eso mañana.
SORIN: Hasta cuando era joven solía tener aspecto de haber estado bebiendo días enteros.
KONSTANTÍN: ¿Y noches?
SORIN: No tenía suerte con las damas. Siento que hasta mi hermana... sé que le avergüenza mi aspecto: ¡una vez me presentó como su abuelo!
KONSTANTÍN: Esta noche verá una nueva forma teatral y dudo de que le guste. Celosa. ¿Y tacaña? Por casualidad me enteré de que tiene setenta mil rublos depositados en un banco de Odesa. Pídele dinero para comprarte un traje decente: "Mi querido muchacho, ¿no sabes que tengo que comprarme mi propio vestuario, incluso en el Teatro Imperial, porque el vestuarista me da vesti¬dos que ni un perro usaría?"
SORIN: A pesar de todo eso sabes que tu madre te quie¬re...
KONSTANTÍN (deshojando una flor): Me quiere, no me quie¬re, me... Mi madre desea una vida brillante sólo para ella, amor sólo para ella y yo existo para ella sólo como un constante recuerdo de que tiene un hijo de veinticinco años. Cuando no ando cerca, ella sólo tie¬ne treinta y dos. Cuando estoy presente, cuarenta y tres. Además, nada le importa fuera del teatro.
SORIN: No podemos prescindir del teatro. Nuestra cultura no puede prescindir de él, Kostia.
KONSTANTÍN: Está bien, pero necesitamos nuevas formas... hacen falta nuevas formas.
SORIN: D'accord, d'accord... de paso, ¿entiendes a este escritor Boris Trigorin? ¿Que nunca abre la boca?

(Trigorin ha entrado por la parte trasera del escena¬rio.)

TRIGORIN: Bueno, bueno, no es así, sólo ocurre que soy un conversador tan aburrido que no me escuchan... Oigo ruido de agua, alguien está nadando. Saben que a mí también me han dado ganas de darme un baño. ¿Viene conmigo, Kostia?
KONSTANTÍN: No, gracias, señor. Estoy esperando a Nina Mijáilovna que va a actuar en una especie de pieza teatral que he escrito.
TRIGORIN: Por supuesto, lo sé, estoy... ansioso de que comience. Entiendo que está en una forma nueva... bien... bien, muy bien.

(Oye que Arkádina lo llama por su nombre, "¡Boris!" y se vuelve tristemente hacia la casa.)

KONSTANTÍN: Si eso es lo que realmente espera, no se que-dará desilusionado. Necesitamos nuevas formas. Y si no podemos tenerlas, entonces mejor no tener nada. (Mira su reloj.)
SORIN: Trata de quererla, Kostia... a pesar de...
KONSTANTÍN: Quiero a mi madre, eso lo sabes. Simplemente no comprendo su apego a este...
SORIN: Kostia, antes de que el agua me arrastre de la ori¬lla de este viejo lago como a un pez agonizante, debes saber que hubo dos cosas que quise lograr en la vida, es decir, las deseaba apasionadamente. (Deja caer su cabeza en sus manos.) Quería casarme, ésa era una. La otra era ser escritor. Oh, no un escritor importan-te, simplemente me hubiera bastado ser un escritor menor, un escritor al que publicaban de vez en cuan-do... no tuve éxito en ninguna de las dos. No tuve éxi¬to en nada.
KONSTANTÍN: Tío.
NINA (desde la parte trasera a la izquierda): ¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy!
KONSTANTÍN (parándose de un salto): Sí, aquí está... es Nina.
Veo su vestido blanco. Tío, no puedo vivir sin ella.
NINA: No llego tarde. No llego tarde, ¿no es cierto?
KONSTANTÍN: No, no.
NINA: Intenté desesperadamente estar a tiempo. Incluso... este hombre, un extraño total, pasó a mi lado en un carruaje. Me ofreció traerme... fue aterrador. Me mira¬ba tan raro... por suerte estábamos casi aquí... salté del camino y me caí... ¿se me arruinó el vestido?
KONSTANTÍN: No, no, no, pero...
NINA: Estoy sin aliento.
KONSTANTÍN: Soyez tranquille, maintenant, pero...
SORIN: Kostia puede ser demasiado tímido para decirle esto, pero yo no. Él la ama, tiembla cuando usted está con él.
KONSTANTÍN: Tío Petrusha...
NINA: Tonterías, tío, está preocupado por cómo recibirán su pieza. (Le da un abrazo a Sorin.)
KONSTANTÍN (avergonzado): Es hora de reunir a nuestro pequeño público. Yo...
SORIN (levantándose reumáticamente): No, tú te quedas aquí con tu hermosa actriz. Yo los reuniré aquí tout de sui¬te. (Se va cantando desentonadamente "Los dos grana¬deros". Se detiene para recuperar el aliento.) Una vez me puse a cantar así ante el Fiscal Asistente, un hom¬bre poderoso que podía ayudarme en mi carrera. Bien.
Me interrumpió con este comentario: "Tiene una voz fuerte, su excelencia. Sí. Fuerte pero repugnante". (Sale.)
NINA: Imagínese esto. La esposa de mi padre lo ha con-vencido de que no debo venir aquí. Dice que la atmós¬fera es demasiado bohemia para mí. Tan luego ella lo llama demasiado bohemio para mí. (Hace una pausa tímidamente.)
KONSTANTÍN: Nina, estamos solos.

(Pausa. Tras aspirar con fuerza, él la besa. Ella sonríe tristemente.)

NINA: ¿Qué árbol es ése?
KONSTANTÍN: Es un olmo.
NINA: ¿Por qué es tan oscuro?
KONSTANTÍN: Después de la caída del sol llega la noche. La noche es más oscura que el día... Nina, no se vaya apenas termine la representación... por favor no, Nina.
NINA: No sé cómo llegaré a casa. Pero tengo que hacerlo y temprano, antes de que ellos vuelvan. Mi padre y su horrible esposa.
KONSTANTÍN: Bien, entonces iré yo a su casa.
NINA: Sabe que es imposible, Kostia.
KONSTANTÍN: Me quedaré toda la noche en el jardín, miran-do su ventana.
NINA: Es una idea ridícula. El guardián lo verá.
KONSTANTÍN: Me introduciré en el jardín descalzo.
NINA: Tesor ladraría.
KONSTANTÍN: ¿Nina?
NINA: Sí.
KONSTANTÍN: Sabe que la amo y sabe cuánto.
NINA: Shhh. Alguien viene.
KONSTANTÍN: Iákov.
IÁKOV: ¿Eh?
KONSTANTÍN: Es hora de empezar. ¿Está subiendo la luna?
IÁKOV: Todavía no.
KONSTANTÍN: ¿Tienes el alcohol? ¿Está el azufre ahí? Sabes que cuando aparecen los ojos rojos tiene que haber olor a azufre. Las dos cosas deben ocurrir exactamente en el mismo momento.
NINA: Oh, Dios, ¿qué pasa si estornudo? Porque si estornudo una vez, estornudo una docena de veces.
KONSTANTÍN: No va a estornudar. Ni una ni una docena de veces. ¿Sigue nerviosa?
NINA: Sí, muy.
KONSTANTÍN: ¿Por mamá?
NINA: No es por ella. Estoy acostumbrada a ella. ¡Es Trigorin! Y teniendo que representar una pieza tan difícil.
KONSTANTÍN: ¿Qué tiene de difícil mi pieza?
NINA: Ningún personaje viviente y prácticamente nada de acción.
KONSTANTÍN: Oh, ¿quiere correr alrededor de la platafor¬ma, arrancándose el cabello, tirando cosas por todas partes?
NINA: Cualquier cosa sería mejor que sólo quedarme allí sentada, recitando.
KONSTANTÍN: ¿Tengo que explicarle lo que pensé que había comprendido? ¡Esta! es una pieza sobre los sueños. La realidad más profunda, la más significativa, si no la única, está en nuestros sueños.
NINA: No comprendo para nada mis sueños.
KONSTANTÍN: El misterio de un sueño es su belleza, Nina
NINA: Seguro, seguro. Pero desearía que hubiera una esce¬na de amor en esta pieza sobre los sueños.
KONSTANTÍN: ¿Una escena de amor? Con un ordinario escri¬tor exitoso, supongo. ¿Con Trigorin?
NINA: Ahora me está insultando. Y también al escritor al que más admiro. Creo que me volveré a casa.
KONSTANTÍN: Usted no hará nada de eso. Siéntese en el esce¬nario. La luna está casi por salir.

(Cuando avanzan hacia el tablado, él la abraza.)

NINA: ¡No, por favor! Lo quiero, Kostia, pero no en este sentido.

(Desaparecen detrás del tablado. Entran Polina y Dorn.)

POLINA: Se está poniendo húmedo. ¿Se siente cómodo?
DORN: No, está húmedo, pegajoso.
POLINA: Usted es médico, pero no se cuida.
(Silencio. Él tararea.)
Se lo veía tan transportado hablando con trina Niko¬láievna. Admita que la encuentra atractiva.
DORN: Parece preferir a los hombres más jóvenes. Hombres considerablemente más jóvenes que ella.
POLINA: Usted todavía es buen mozo, Evgeni, y atrae a las mujeres. Es evidente.
DORN: ¿Entonces qué quiere que haga?
POLINA: Los hombres siempre están dispuestos a arrojarse a los pies de una actriz.
(Dorn tararea irritado.)
Las mujeres tienen tal debilidad por los médicos.
DORN: Gracias. El público se está reuniendo.

(Entran Arkádina del brazo de Sorin, Trigorin, Sham¬ráiev, Medvedenko y Masha.)

SHAMRÁIEV: En 1873, en la feria de Poltava, actuó asom¬brosamente. Una delicia absoluta. ARKÁDINA: ¿A quién demonios se refiere?
SHAMRÁIEV: ¿Acaso sabe dónde está ahora Chadin...
ARKÁDINA: ¿Quién?
SHAMRÁIEV:...el comediante, Pavel Semiónovich Chadin? Su Rasplúiev era inimitable, mejor que el de Sadovski, se lo aseguro, mi estimada dama. ¿Dónde está ahora?

ARKÁDINA: Todo el tiempo me pregunta por esos actores antediluvianos. ¿Cómo voy a saber dónde está? (Se sienta.)
SHAMRÁIEV: ¡El teatro ha declinado, Irina Nikoláievna! En los viejos tiempos había robles poderosos, pero en la actualidad no vemos nada más que tocones.
ARKÁDINA: Encuentro esa observación en cierta forma ofen¬siva...
DORN: Hay menos talentos brillantes en la actualidad, eso es cierto...
ARKÁDINA: Estoy en desacuerdo con eso. No sé cómo uste¬des, personas que viven en el campo, pueden preten¬der ser autoridades de teatro.
SHAMRÁIEV: Es una cuestión de gusto, Madame. De gusti¬bus aut bene, aut nihil.
(Aparece Konstantín.)
ARKÁDINA: Mi hijo querido, ¿cuándo va a empezar? Estos hombres están insultándome deliberadamente. Por favor, comienza con eso, Kostia.
KONSTANTÍN: En un momento. Tengan un poco de pacien¬cia, por favor.
ARKÁDINA: ¡Mi hijo! (recitando de Hamlet):

"Hamlet, ¡no hables más!
Mis ojos a mi propia alma has dirigido
y tan negras y profundas manchas veo allí
que su color no podrá borrarse".
KONSTANTÍN (parafraseando a Hamlet):
Pues no viviendo
en la perversidad, ni amor buscando
en el abismo del pecado...

(Se oye un toque de cuerno detrás del tablado.) Damas y caballeros, estamos a punto de comenzar. ¡Atención por favor!
(Pausa.) Comenzaré. (Recita mientras golpea con una vara.) Oh, vosotras, antiguas sombras venerables que flotan sobre el lago por la noche, haced que nuestros ojos duerman y hacednos soñar con lo que ocurrirá de aquí a doscientos mil años.
SORIN (dolorosamente): Dentro de doscientos mil años no habrá nada o algo peor que nada. Por supuesto, para cada uno de los que estamos aquí reunidos... Kostia, déjame hablarte un momento.
KONSTANTÍN: ¡Un momento!... ¿Qué pasa, tío? (Lleva a Sorin aparte.)
SORIN (susurrando): Interrumpí para advertirte. A menos que invites a tu madre al escenario no le va a gustar la representación.
KONSTANTÍN: ¿Qué va a hacer sobre el escenario?
SORIN: Déjala improvisar algo o, o... actuar como coro, así será completamente diferente su respuesta, lo sabes. Si no... Eres un chico tan sensible que si ella no lo valora, o lo compara desfavorablemente con la obra de ese escritor con el que anda, te vas a deprimir tanto que...
ARKÁDINA (parándose y subiendo los escalones hacia la pla¬taforma): Ya que parece haber cierta demora...
KONSTANTÍN: Mamá, ¡por favor no subas al escenario! (Arkádina sigue subiendo como una reina.)

ARKÁDINA: ¿Esta plataforma improvisada un escenario? Cruje debajo de los pies. Caramba, esa pobre chica podría lastimarse seriamente si sube aquí con tan poca luz, y a mí me harían un juicio tremendo.
KONSTANTÍN: Nina es joven y liviana como un pájaro, cosa que tú no eres, si me perdonas, mamá.

(Trigorin se pone de pie y sube al escenario hasta don-de está Arkádina.)

TRIGORIN (susurrándole, con urgencia): Sé buena esta noche, es la noche de ellos, has tenido tantos escenarios, permíteles que tengan este tablado, Irina.
ARKÁDINA: Sólo quería...

(Trigorin prácticamente la arrastra abajo desde la pla¬taforma.)

TRIGORIN: Lo sé, lo sé, pero...
ARKÁDINA: Ocurre que soy dueña de esto, ésta es mi pro-piedad.
SORIN: Todavía no, hermana, todavía no. La propiedad sigue siendo mía por un tiempo.
ARKÁDINA: ¿Quién paga los impuestos?

(El telón se levanta sobre una visión del lago, la luz de luna y Nina toda vestida de blanco.)

NINA (con voz trémula): ¿Empiezo ahora o se ha suspen¬dido?
KONSTANTÍN: ¡Comience!
NINA (en un susurro): Hombres y leones...
KONSTANTÍN: Hable un poco más alto, no tenga miedo... ¡Comience!
NINA: Hombres y leones, águilas y perdices, ciervos, gan¬sos, arañas, los silenciosos peces que moran en las profundidades, las estrellas de mar y las diminutas cria¬turas invisibles a los ojos, éstas y todas las formas de vida, todas las formas de vida; todas las formas de vida han terminado su ronda de dolor y se han extin¬guido.
ARKÁDINA (en su susurro fuerte): ¡Eso! ¡Un recitativo!

(Nina hace una pausa.)

KONSTANTÍN: Continúe.
NINA: ¿Por dónde iba?
KONSTANTÍN (dándole el pie): Por miles de...
NINA: ¿Miles de...?
KONSTANTÍN: Por miles de siglos...
NINA (siguiendo rápidamente, con la voz temblorosa pero con algo que sugiere su pasión por el teatro): Por miles de siglos la tierra no ha dado a luz ninguna criatura viviente. En vano esta pobre luna enciende su lámpa¬ra. Ya las grullas no se despiertan y gritan en el méda¬no y en los bosquecillos de tilos no se oye más el zumbido de los escarabajos. Todo está frío.
ARKÁDINA: ¡Decadencia!
TRIGORIN: Shhh.
SHAMRÁIEV: Ella tiene razón en eso.
NINA: Y vacío, terrible. (Estornuda tres veces.)
(Pausa.)
Los cuerpos de todos los seres vivientes se han disuel¬to en el polvo. La materia eterna los ha transformado en piedra, agua y nube, y sus espíritus está fundidos en uno.
SHAMRÁIEV: Qué incómodo.
NINA: Yo, yo soy el alma del mundo. En mí está el espíri¬tu de Alejando Magno, de César, de Shakespeare, de Napoleón y de la forma más baja de gusano.
DORN: Bueno, ése es un abrupto descenso para nosotros.
NINA: En mí, la conciencia del hombre y los instintos de los animales son uno. Recuerdo todo, todo. En mí, vive cada vida...

(Arkádina pega un salto y se acerca a su hijo.)

ARKÁDINA: Kostia, déjame hablar con ella, ¡la chica está en pleno ataque de pánico!
KONSTANTÍN (con un susurro implorante): Vuelve y qué-date en tu asiento.
ARKÁDINA (con un dramático encogimiento de hombros, volviendo): El muchacho es un descarado y, lo lamen¬to, pero el trabajo no vale nada.
NINA: Estoy sola.
KONSTANTÍN: Te saltaste una página.
DORN: Por suerte.
NINA: Una vez cada cien años abro la boca para hablar. Mi voz tiene un eco triste en este vacío y nadie la oye. Hasta entonces horror, horror. Mirad, mi poderoso enemigo Satán se acerca. Veo sus terribles ojos rojo san¬gre. (Un peón levanta dos linternas rojas, mientras que otro mezcla botellas para el "humo".)
ARKÁDINA: Azufre, olor a azufre, me ahogo, no puedo soportarlo, mi garganta...
KONSTANTÍN (enfurecido): ¡Basta, basta! Nina, mi madre ha...
ARKÁDINA: Mi garganta es indispensable para mi profe¬sión... es un órgano delicado.
(Konstantín sube al tablado: se baja el telón de un golpe.)

TRIGORIN: Irina, la garganta no es un órgano.
ARKÁDINA: ¡La mía ha sido comparada con un órgano!... ¡por su riqueza y alcance! Sabes eso.

(Konstantín salta del tablado para enfrentar a su madre.)

KONSTANTÍN: Por favor, perdónenme los dos por mi pre¬sunción de esta noche. Desestimé el hecho de que el arte es un monopolio exclusivo de los pocos a los que Dios ordenó actuar o escribir... y yo no soy uno de ellos, ¡nunca podré ser uno de ellos! ¡Perdonen mi audacia! (Avanza a tropezones como si estuviera borracho hacia la parte trasera del escenario, hasta el banco.)
ARKÁDINA (inocentemente): ¿Pero qué provocó este esta¬llido?
SORIN: Irina, mi querida, no deberías herir de esa forma el orgullo de un joven.
ARKÁDINA: No lo llames orgullo, es vanidad, ¡vanitas vani¬tatum! Boris, Boris, ¿adónde vas?

(Boris se dirige hacia Konstantín.)

TRIGORIN: Kostia, Kostia, ¿puedo hablar con usted?
KONSTANTÍN: No, no, quédese con mi madre, ¡consuélela! Está desesperada.

(Konstantín mira ferozmente a Trigorin por un momen¬to y luego sale corriendo solo.)

ARKÁDINA (acercándose): ¡Y mi hijo es tan delirante!
TRIGORIN: ¿Quieres destruirlo?
ARKÁDINA: Él nos dijo que era un chiste.
SORIN: Por modestia, exactamente por temor a esa actitud despectiva que tú...
ARKADINA: ¡Tonterías! ¿Quieres que le haga falsas alabanzas a esta tontería? No, siempre la verdad. La verdad es la única ayuda posible para aquellos que aspiran a lo que está fuera de su alcance y...
TRIGORIN: ¿Desde cuándo adoptaste la verdad?
ARKADINA (estupefacta): Desde... ¿qué?

(Nina entra tímidamente.)

SORIN: ¡Bravo, bravo!
ARKADINA: Sí, bravo. Hizo lo mejor que pudo sin ninguna formación, mi querida, no debe sentirse humillada. Después de todo, un recitativo es la cosa más exigente que puede asumir una actriz formada. Mire, hasta yo, después de toda mi experiencia profesional en escena, me acerco al recitativo con inquietud. Tengo que apelar a todos mis recursos para...
TRIGORIN: ¿Puedes presentarme a la joven estrella de la noche, Irina?
ARKADINA: ¡Por favor, discúlpame! Nina Mijáilovna, le pre¬sento a Boris Alexéievich Trigorin.
NINA (abrumada de vergüenza): Oh, me siento tan feliz de... siempre leo sus... (Se detiene, confusa.)
ARKÁDINA: Termine sus oraciones, querida.
NINA: Yo debería pensar que una persona, un hombre, con dones creativos... con talentos como los suyos se sentiría terriblemente aburrido con...
ARKADINA: Vamos, mi querida, no lo avergüence, Boris no soporta semejantes efusiones.
SORIN: ¿Podrían subir ese telón?... Ahora se lo ve siniestro.
NINA: Me temo que ha de haber parecido una pieza muy extraña.
TRIGORIN: Sí, hecha en una forma nueva pero fascinante, y bellamente... recitado.
ARKÁDINA: Nina, vino aquí en carruaje, ¿supongo?
NINA: No, vine caminando, me encanta caminar y de todos modos nuestro carruaje...
ARKÁDINA: Comprendo. La nueva esposa de su padre sin duda salió de paseo. Bien, debe volver a su casa en el nuestro, tiene que estar exhausta. No la demorare¬mos.
NINA: Le debo decir algo a Kostia, algo, sí, pero, no sé qué.
ARKADINA: Resérvelo para una noche en que esté menos his¬térico y usted no esté a tal punto sin aliento. Cuando la vuelva a ver, recuérdeme que le enseñe algunos ejer¬cicios de respiración.
NINA:... Buenas noches, señor.
TRIGORIN: ¿Vive cerca de aquí?
NINA: Puede ver la casa de mi padre, justo detrás del bos¬quecillo de abedules que llamamos Punto Plateado.
SORIN: ¿Hermana? ¿Le dirás unas pocas palabras a tu hijo?
ARKÁDINA: Sí, pero serán honestas. No hay nada más trá¬gico que seguir una profesión para la cual evidente-mente no se tiene talento.
SORIN: Eso no es cierto de...
ARKÁDINA: Petrusha, ¿cómo lo sabrías tú? He conocido a hombres y mujeres jóvenes que consagraron sus vidas a la esperanza de convenirse en artistas. Descubrieron que carecían de talento demasiado tarde para encontrar ocupaciones a las que se adecuaran naturalmente. ¿No es así, Boris?... ¡Boris! ¡Te estoy hablando!
TRIGORIN: Nina me estaba mostrando su casa. Es una gran casa, blanca como el hueso a la luz de la luna. ARKÁDINA: Un mausoleo es lo que... nunca, nunca la mires, ¡ça porte malheur! Discúlpeme, Nina. No puedo dejar de recordar el sufrimiento de su madre.
NINA: Me temo que quería irse mucho antes de que se la lle¬varan.
ARKÁDINA: Lo sé, lo sé, no me lo recuerde. Niña, si no va inmediatamente a nuestro carruaje, ese tirano de Shamráiev volverá a mandarlo a los establos. NINA (a Trigorin): Buenas noches. (Se va.)
SHAMRÁIEV: Recuerdo una noche en la ópera de Moscú, cuando el famoso Silva dio un do de pecho. Resulta que el bajo del coro de nuestra iglesia estaba sentado en la galería y de pronto —pueden imaginarse nuestro abso¬luto asombro— oímos: "Bravo, Silva", desde la gale¬ría... ¡pero una octava entera más bajo! Así (en bajo profundo): "Bravo, Silva"... El público se quedó pas¬mado. (Pausa.)
DORN: El ángel del silencio ha volado sobre nosotros.
ARKÁDINA: Esa chica está condenada. Alguna gente está tan completamente condenada que es contagioso, es peligroso quedarse cerca de ella. Su madre le dejó su enorme fortuna entera, sí, hasta el último kópek, a su padre, un hombre que traía a sus amantes a la casa antes de que su mujer muriese; él se casó con una chica que tiene la mitad de su edad, poco más que una prostituta, y en su testamento le ha dejado todo a ella y nada a su hija.
TRIGORIN: Discúlpame, la acompañaré al carruaje y luego le diré algunas palabras a Kostia.
SORIN (frotándose las manos para calentárselas): Vamos, vamos. Está tan húmedo. Me duelen las piernas.
ARKÁDINA: Bien, ven conmigo, pobre viejo. (Lo toma del brazo.) Debes recordar que estoy cansada. Y que soy temperamental hasta con mi hijo. Sabes cuánto lo quiero.
SHAMRÁIEV (ofreciéndole el brazo a su mujer): ¿Señora?
SORIN: Oigo a ese perro aullando de nuevo. (A Shamráiev:) Iliá Afanásievich, sea bueno y sáquele la cadena.
SHAMRÁIEV: No puedo hacerlo, Piotr Nikoláievich, tengo miedo de que entren ladrones en el granero. Tengo mijo allí. (A Medvedenko, que camina junto a él:) Sí, toda una octava más bajo: "¡Bravo, Silva!" Y ni siquiera era un cantante, imagínese, sólo un miembro común del coro.
MEDVEDENKO: ¿Miembro del coro de la iglesia? ¿Cuánto les pagan?

(Todos se van excepto Dorn. Entra Konstantín.)

KONSTANTÍN: ¡¡Nina!!
DORN: Caramba, ¡qué muchacho nervioso eres, tienes lágri¬mas en los ojos!
KONSTANTÍN: ¿Alguna vez fue herido por las burlas de?...
DORN (interrumpiéndolo):...Madame Arkádina?
KONSTANTÍN: Mi madre.
DORN: ¡Pero lágrimas, lágrimas! Son para las mujeres.
KONSTANTÍN: Todos los seres humanos pueden ser injuria-dos y ultrajados al punto de las lágrimas, doctor Dorn. Por supuesto que eso puede no aplicarse a usted.
DORN: No se puede hacer teatro interesante con ideas abs¬tractas. Y los efectos escénicos que incluyen azufre. Es risible, discúlpeme, pero...
KONSTANTÍN: ¿Dónde está Nina?
DORN: Se fue, supongo. Tampoco ha sido una noche de glo¬ria para su actriz. (Se va, riéndose entre dientes, hacia la casa.)
KONSTANTÍN (llamando roncamente): ¿Nina? ¿Nina?

(Trigorin aparece en el fondo del escenario y se acerca a Konstantín.)
TRIGORIN: Ah, aquí está, Konstantín.
(Konstantín empieza a alejarse.)
Todos felicitamos a la jovencita.
KONSTANTÍN: ¿Dónde está?
TRIGORIN: La acompañé a un carruaje.
KONSTANTÍN: No esperó para verme.
TRIGORIN: Quería, pero me temo que su madre estaba decidida a enviarla a su casa rápido.
KONSTANTÍN: Tal vez da lo mismo. No había mucho que decir.
TRIGORIN: Acerca de su escritura, y de la escritura en gene¬ral, ¿podemos hablar un poco?
KONSTANTÍN: ¿Por qué?
TRIGORIN: Comprendo su estado de ánimo actual pero... quiero que sepa que me conmovió la intensidad de sentimientos de la pieza. ¿Se da cuenta de lo joven que es usted? Tiene un montón de tiempo para aprender el oficio de escribir. El talento ya lo tiene, simplemen¬te debe seguir, seguir, al margen de las reacciones frí¬volas.

(Masha aparece en el fondo del escenario.)

MASHA: Konstantín, su madre quiere hablarle, tiene mie¬do de que la haya malinterpretado.
KONSTANTÍN: Dígale que me fui y, por favor, todos uste¬des, déjenme solo, no sigan viniendo tras de mí con estos pedacitos de consuelo, esas migajas que se le arro¬jan a un perro apaleado. (Se va. Masha empieza a seguirlo, llamándolo.)
MASHA: Konstantín, Kostia... (Masha estalla en lágrimas.)
TRIGORIN: Y usted también se preocupa por él.
(Pausa. Música.)

MASHA: ¿Preocuparme por él? Amo a Konstantín mucho más que a mi propia vida...
TRIGORIN: ¡Juventud, juventud!
MASHA: Cuando no hay nada más que decir, la gente siem¬pre dice "juventud, juventud".
TRIGORIN: A ella se debe la tortura a que están sometidos ustedes dos. Y al amor. No correspondido... de acuer¬do. La juventud, el amor, valen ese precio, lo valen, no importa cuál sea... ¡Qué embrujo tiene este lago! Le dice algo a uno. Lo que el lago nos dice es lo que Dios nos dice... sólo que no conocemos su lenguaje.

LAS LUCES SE APAGAN
SEGUNDO ACTO
La escena se desarrolla en el jardín, donde hay mue¬bles de verano. Es mediodía. Se sugieren los restos de un picnic: una canasta de picnic, un mantel. Dorn está leyén¬doles a Arkádina y a Masha.

DORN (leyendo): "...mimar a los novelistas y atraerlos a su propio círculo es tan peligroso para la gente de socie¬dad como para los mercaderes de maíz criar ratas en sus propios graneros."
ARKÁDINA (a Masha): Vamos, pongámonos de pie. Lado a lado. Tú tienes veintiún años y yo tengo casi el doble. Doctor Dorn, ¿cuál de las dos parece mayor?
DORN (guiñándole el ojo a Masha): ¿Qué edad dijo que tiene, Madame Arkádina?
ARKÁDINA (enojada): ¡No voy a servir vino en el almuerzo nunca más! Los vuelve a todos aburridos y zonzos. No mencioné mi edad.
DORN: No tendría que ser tan sensible a eso.
ARKÁDINA: ¿Está negándose deliberadamente a entender lo que yo...?
DORN: Para nada, mi querida señora... Se ha sonrojado, sién¬tese... En este momento, sólo aquí, en el campo, se sabe que tiene un hijo de veinticinco años. Ni siquiera lo saben en la ciudad. Mire, ayer la mujer del farmacéutico me dijo: "¡No puedo creer que Madame Arkádina tenga más de cincuenta años!"... ¿De qué se ríe, Masha?
MASHA: Usted tiene tendencia a ser cruel a veces.
ARKÁDINA: Basta de vino al almuerzo. Pondré la llave del gabinete de bebidas alcohólicas en mi caja fuerte.
(Masha se ríe detrás de su mano.)
Parece que está divertida. Yo no... no soy vanidosa en relación con mi aspecto juvenil. ¡Se debe al trabajo! Mantenerse andando, ¡el qui vive! Hacer una regla de no contemplar el futuro, no, ignorar el futuro como si no existiera. ¿Cosas como la vejez y la muerte? ¡Oh, quién es inmortal!
DORN: Posiblemente usted, querida señora. Al haber enga¬ñado a los años con tanto éxito hasta ahora, ¿por qué no sería posible que su suerte continuara con lo que se considera el destino final?
MASHA (en un suspiro a medias): No tengo el mínimo deseo de seguir adelante.
DORN (que está flirteando con Masha): Usted se está per¬mitiendo la melancolía. Tengo una receta para eso. (Se inclina hacia ella.) ... Pase por mi consultorio mañana antes de que abra o después de que cierre.
MASHA: ¿Desea que yo reemplace a mi madre en su supues¬to afecto?... ¡Ja, no! Usted no es el deslumbrante Casanova joven por el que se toma.
ARKÁDINA: ¿Qué está pasando aquí?
DORN: Nada con consecuencias, Madame.

(Arkádina se ha levantado y está caminando de arriba abajo como un pavo real.)

ARKÁDINA: Me mantengo bajo control. Siempre correcta-mente vestida para la ocasión. Mi cabello sigue abundante, ni un solo pelo descolorido.
DORN: La esposa del farmacéutico es más joven que usted, mi querida señora, pero casi lo tiene gris.
ARKÁDINA:... ¿Qué?
DORN: Nada... ¿Masha?
ARKÁDINA: ¿Acaso siquiera aquí saldría de la casa al jar¬dín, en bata, sin acomodarme el cabello? ¡Nunca!... Cuando una mujer se pone desaliñada, ha perdido su vida. ¡Miren cómo camino! (Prosigue pavoneándose, los bazos en jarras.)... Ligera como un pájaro, podría representar a una chica de quince.
DORN (aparte a Masha): El problema de ella es el autoen¬gaño, el suyo la melancolía. El suyo puede ser exitosa-mente tratado si...
ARKÁDINA: ¿Qué están susurrando ustedes dos?
DORN: Sólo me preguntaba dónde está el libro.
MASHA (fríamente): En su mano.
DORN: Ah, bien, bueno, ¿dónde habíamos dejado? Ohh, síííí... ¡Mercaderes de maíz y ratas!... ¡Qué tema inte¬resante!
ARKÁDINA: Deme el libro, yo leeré, usted arrastra la voz. Y las ratas... aquí está... (Lee.) "Y va de suyo que mimar a los novelistas y atraerlos a su propio círculo es tan peligroso para la gente de sociedad como para los mercaderes de maíz criar ratas en sus propios graneros. Y sin embargo la gente los ama. Así, cuando una mujer ha decidido capturar a un escritor, lo sitia por medio de cumplidos, cortesías y favores..." Bien, eso puede ser cierto en el caso de los franceses, pero noso¬tros no somos tan calculadores. Aquí, una mujer gene¬ralmente está enamorada de un escritor antes de disponerse a capturarlo. Para no ir más lejos, tomen a Trigorin y a mí...

(Entra Sorin, inclinado sobre un bastón, con Nina a su lado. Medvedenko empuja una silla de ruedas vacía tras ellos.)
SORIN (en el tono acariciante que uno usa para dirigirse a un niño): ¿Sí? Estamos encantados, ¿no es cierto? ¡Y hoy estamos alegres y todo eso! (A su hermana.) ¡Estamos encantados! El padre de Nina y su madras¬tra se fueron a Tver y ahora somos libres por tres días enteros. ¿No es así, Nina?

(Nina se sienta junto a Arkádina y la abraza.)

NINA: Sí. ¡Y soy tan feliz! Ahora pertenezco a ustedes, pertenezco a esta casa.
DORN: A Nina se la ve muy linda hoy, ¿no es así, Madame?
ARKÁDINA: Y muy inteligentemente vestida, interesante... Aquí tenemos a una chica brillante. (La besa.) Pero no debemos alabarla demasiado... trae mala suerte, saben. ¿Dónde está Boris Alexéievich?
NINA: Está en el lago, pescando.
ARKÁDINA: ¿No les parece que se tendría que aburrir con los peces? Díganme, ¿qué pasa con mi hijo? ¿Por qué está de tan mal humor? Se pasa días enteros junto al lago. Casi nunca lo veo.
MASHA: Es un hombre emotivo. (A Nina, tímidamente.) Nina, por favor, vuelva a leer algo de su pieza.
NINA (encogiéndose de hombros): ¿Realmente quiere que lo haga? ¿Después de la otra vez?
MASHA (dominando su entusiasmo): Cuando él mismo lee algo, sus ojos resplandecen de sentimiento. Tiene una hermosa y triste voz y las actitudes de un poeta. Es un poeta.

(Se puede oír a Sorin roncando.)

DORN: El pronunciamiento está hecho. Buenas noches.
ARKÁDINA: ¡Petrusha!
SORIN: ¿Eh?
ARKÁDINA: ¿Estás dormido? SORIN: Para nada.

(Pausa.)

ARKÁDINA: Tal vez pueda ayudar a Petrusha. No está reci¬biendo ningún tipo de tratamiento médico y cada vez que vuelvo aquí advierto que se encuentra más depri¬mido y menos activo. ¡Me rompe el corazón!
SORIN: Alegremente probaría cualquier tratamiento pero tu devoto amigo, Evgeni, me aconseja que me reconci¬lie con mis enfermedades, sean las que fueren.
DORN: Lo lamento, pero su estado no es algo que pueda mejorar la medicina. Oh, los charlatanes le darán píl¬doras de azúcar, pero un médico reputado no practica el engaño en un hombre de su edad.
SORIN: Mi edad es sólo sesenta años y deseo seguir vivien¬do.
ARKÁDINA: ¿Qué le parecen los baños termales? Hay una fuente termal no lejos de aquí. ¿No le harían bien? DORN: Puede que sí y puede que no.
MEDVEDENKO: Por lo menos debería dejar de fumar.
DORN: Le diré que no hace ninguna diferencia que lo haga o no lo haga. Lamento decir que no puedo recomendar nada para ayudarlo.
SORIN: Todo lo que prescribe para mí es... resignación. ¡Prescripción rechazada! Usted no se ha resignado a nada. Vivió una vida disoluta .de... autoindulgencia. Oh, alguna vez va a tener que pagarlas. Pero seguirá aprovechándose, mire que darle consignas filosóficas como... ¡resignación! ¡ríndase!... a un hombre que no tuvo una sola cosa en su vida, ¡ni siquiera en su juventud!... que le diera cierta sensación de haber logrado algo de lo que deseaba.
ARKÁDINA: Petrusha, no te quejes tan amargamente, en voz tan alta.
SORIN: ¿Por qué no? ¿A quién le importa fuera de mí? ¿Les gustaría a todos que fuese caminando como un pato hasta el lago y simplemente... me alejara flotando? A... a veces tengo esa impresión.
ARKÁDINA: Petrusha, ven, siéntate a mi lado. Sabes cuánto te queremos todos nosotros.
SORIN: Oh, sí, lo sé, lo sé... Todos ustedes tan sanos, con logros que recordar y otros nuevos en el futuro, pero yo... ni siquiera el recuerdo de un gran placer cuando era joven. No, ni siquiera entonces...
ARKÁDINA: Petrusha, has tenido una hermana devota que es famosa aquí y en el exterior. Sin embargo es más feliz que nunca junto a ti. Queridos amigos, es tan bueno estar un tiempo junto a ustedes... tan cálidos, tan silen¬ciosos, pasando noches nada más que de lotería y filo¬sofía, redondeadas por un sueño totalmente tranquilo. Maravilloso por un tiempo, pero sólo por un tiem¬po... Luego de nuevo las ciudades y el teatro, ¡debo confesar que es maravillosamente revitalizante tener eso a lo cual volver!... ¡Mi carrera!... ¡Mi vida!
NINA: ¡Sí, sí!... ¡La comprendo tan bien! Si sólo...

(Entra Shamráiev, seguido por su esposa, Polina.)

SHAMRÁIEV: ¡Hola, hola! (Se vuelve hacia Arkádina.) Mi esposa me dice que usted quiere ir a la ciudad, pero lamento decirle que hoy cargamos centeno: todos los
hombres y todos los caballos me resultan indispensables.
ARKÁDINA: Pero, como le dije, tengo una cita con la mujer que se ocupa de mi cabello. Y me propongo mantenerla.
SHAMRÁIÉV: Mi querida señora, usted se niega a entender lo que significan los trabajos de granja.
ARKÁDINA: Esto es claramente demasiado, esto es insul¬tante. Yo, yo... ¡yo me voy de inmediato a Moscú! ¿Ordenará que me traigan caballos de la aldea o ten¬go que ir a pie hasta la estación?
SHAMRÁIEV: ¡Imposible!... ¡Renuncio! Usted y su hermano tienen que buscarse otro administrador. (Vuelve cami¬nando enérgicamente hacia la casa.)
SORIN: Les diré que la insolencia de este hombre supera todo.

(Arkádina corre hacia la casa.)

ARKÁDINA: ¡Boris! Boris, nos vamos.
SORIN: ¡Que traigan todos los caballos aquí de inmedia¬to! (Pega un golpe con su bastón. Polina estalla en lágrimas.)
POLINA: ¡No puedo hacer nada, nada! ¡Póngase en mi posi¬ción! ¿Qué puedo hacer con ese hombre?
NINA: ¿Cómo se atreve a dirigirse a Irina Nikoláievna de semejante manera?
(Sorin intenta ponerse de pie.)
¡Tío, está temblando! ¡Llevaremos su silla de nuevo a la casa! Le diré que es casi tan horrible, tan chocante como la situación que vivo en casa...
SORIN: Oh, sí, es horrible... pero él no puede irse más de lo que yo puedo escapar.

(Se van. Dorn y Polina quedan solos.)

POLINA: ¿Evgeni? Nuestro tiempo está pasando. En una época querías que yo viniera a vivir contigo, pero Masha era tan pequeña entonces. Ahora podría... por el resto de nuestras vidas.
DORN: Oh, Señor, lágrimas. No las muestres aquí para que se den cuenta y hablen de ellas.
POLINA: ¿Cómo es posible que una mujer encuentre a un hombre despreciable como yo te encuentro a ti, sepa que lo es y sin embargo... siga deseando estar con él? Para los dos el tiempo está pasando, sí, para ti tam¬bién, a pesar de tu agua de colonia y tu talco, tus sua¬ves modales sociales. Caramba, he oído que vas al barbero todos los días para que te ayude a mantener esta ilusión de juventud. Sin embargo... la ilusión no es la verdad.
DORN: Tengo cincuenta años.
POLINA: Cincuenta y cinco. ¿Estás planeando una carrera escénica? Por eso tratas de hacerte pasar por más joven de...
DORN: Si como máximo parezco cincuenta, entonces ten¬go cincuenta como máximo y si tú representas tu edad, es tu castigo por tomar en serio el chiste de la existen¬cia humana. ¡Pues aquí viene la verdadera juventud!

(Nina aparece en la parte trasera del escenario con un ramo de flores silvestres.)

POLINA: Te aconsejo que no pruebes tus encantos con ella.
DORN: Las jóvenes pacientes a menudo son tan susceptibles como las más viejas... y más atractivas. (Se levanta y se dirige hacia Nina.) Bien, cómo andan las cosas aquí, espero que se haya restaurado la calma, no me gustan los estallidos emocionales.
NINA: Irina Nikoláievna está llorando y Piotr Nikoláievich tiene un ataque de asma.
DORN: Mientras, usted tiene el buen sentido de recoger un ramo de flores.
NINA: Para usted si...DORN: Merci bien.

(Polina se ha dirigido a él.)

DORN: Ahora, si me disculpan por sólo uno o dos momen¬tos, voy a administrarles algunas gotas de valeriana a la gran actriz y a su hermano.
POLINA: Deme las flores a mí, encontraré un jarrón para ellas. (Se las arrebata a Dorn y se aleja con rapidez, rompiéndolas salvajemente en pedazos y arrojándolas al suelo. Nina se queda absorta mirando al lago. Dorn se acomoda el cabello, la corbata y desciende los esca¬lones hacia ella.)
NINA: ¿Tan rápido volvió? Doctor, no comprendo cómo una actriz famosa puede llorar por un motivo tan tri¬vial.
DORN: Oh, las lágrimas de mujer... no significan nada.
NINA: ¿Y que un autor tan aclamado como Boris Trigorin pase todo el día pescando y se muestre encantado por haber atrapado dos peces? Pensé que la gente como él e Irina pertenecían a un mundo totalmente diferente.
DORN (con impaciencia): Oh, pertenecen, pertenecen. Mi querida, se la ve un poco pálida...
NINA (ignorándolo): Pero ahí están, llorando, pescando, jugando a las cartas, riéndose y saliéndose de quicio.
DORN: Necesita un tónico, mi querida. Tengo muchos pacientes hoy, pero si pudiera pasar por mi oficina, digamos, a las seis y media... Oh, Señor, aquí viene el desesperado poeta joven... ¿la espero?
(Konstantín se detiene bruscamente, clavándole los ojos a Dorn.)
Ah, mi querido Konstantín. ¿Cuándo nos gratificará con un nuevo entretenimiento?
KONSTANTÍN: ¿Me haría el gran favor de volver a la casa o a... sea donde fuere que vaya?
DORN: ¡El temperamento!... Señal invariable de genio. (Sale malhumorado.)
KONSTANTÍN: ¡Cristo!... Tratando de atraer su atención, ¿no es así? ¡Famoso viejo libidinoso! Si me quedara otro tiro en esta escopeta... (Pausa. Abruptamente deja caer el pájaro muerto a los pies de ella. Nina pega un grito de sobresalto.)
NINA: ¿Qué es esto? ¿Qué quiere decir?

(Él recoge el pájaro y se lo tiende a ella. Nina lo mira, muda.)

KONSTANTÍN: ¿Bien? ¿Ve lo que he hecho? ¡Le disparé a esta gaviota!
NINA: ¿Accidentalmente?
KONSTANTÍN: No.
NINA: Entonces no comprendo. Oh, no la tenga extendida hacia mí, ¿qué le pasa? Se lo ve tan trastornado que... apenas lo reconozco.
KONSTANTÍN: Yo la encuentro igualmente cambiada: me tra¬ta con absoluta indiferencia, mi presencia parece aver¬gonzarla.
NINA: Sabe que no están actuando normalmente, Kostia. Usted, usted... ¿acaso está hablando en símbolos y me regala este pájaro muerto como uno de ellos? Bien, me temo que soy una persona demasiado simple como para interpretar el símbolo.
KONSTANTÍN: Todo esto empezó, este, este... distanciamiento entre nosotros... la noche en que se rieron de mi pieza. Usted se fue sin decirme una palabra y me ha esquivado desde entonces... Las mujeres nunca perdo¬nan un fracaso.
NINA: No soy una mujer, soy... sólo una chica confundi¬da, Kostia.
KONSTANTÍN: Hice pedazos la pieza.
NINA: No creo que pueda escuchar más de esto, Kostia. (Comienza a alejarse y él la retiene.)
KONSTANTÍN: ¿No le importa lo que me ha hecho, no lo sabe ni le importa? ¡No puedo creerlo!... es como si hubie¬ra caído bajo el embrujo de alguien. (Aparta la mira-da de ella.) Y creo que veo a su hechicero acercándose. No voy a interponerme en su camino. (Sale. Trigorin entra con su cuaderno.)
TRIGORIN: Buenas tardes, señorita Nina. Espero no haber espantado a su joven amigo.
NINA. Buenas tardes, señor. No. Él... últimamente no pue¬do sacar nada en claro de su conversación o su con¬ducta.
TRIGORIN: ¿Todavía molesto por la pieza?
NINA: Honestamente no lo sé. No lo discutamos ahora.

(Se la oye a Arkádina gritando: "¿Dónde está Boris?")

TRIGORIN: De pronto Irina quiere irse del lago y acabo de imaginar una historia, con personajes que son a medias sustanciales y a medias sombras, pero... perdón, usted no es escritora.
NINA: Desgraciadamente, no cuento con ningún logro... creativo, oh, un gran anhelo de ser actriz, pero... ¿tie¬ne que irse hoy de aquí?
TRIGORIN: Sí, de nuevo estamos en el largo y tedioso cami¬no hacia su próximo compromiso.
NINA: Tal vez... tal vez puede usar el trayecto en tren para completar su cuento.
TRIGORIN (después de una desesperada pausa): ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Usar el tiempo? ¿En el tren? ¿En el compartimiento de nuestra dama mientras ella estudia su papel? ¿El papel de Medea? ¿Aullidos? ¿Lamentos? "Por favor, querida, no tan alto"... "¿Puedo tratar de buscar un compartimien¬to diferente?" "Boris, Boris, ¡simplemente escucha esto! ¡Luego vete!"... Quedo sometido a un parlamento. "No, no sobreactué, ¿o sí?"... "Sí, querida, sólo un poquito."... "¿Qué te parece si comienzo en un tono más bajo?"... "Sí, en un tono mucho más bajo, y sigue en ese tono y trata de terminar en él."... El tren se ha detenido, estoy bajan-do para buscar café. "Boris, no seas tan grosero, no des a tal punto la familiaridad por sentada. Cuando estás viajando con una dama, no es correcto preguntar: `¿Puedo traerte un poco de café?"... Disculpe este... estallido, no tengo ganas de irme.
NINA:...Entonces... quédese. ¿No puede seguir ella ade¬lante?
TRIGORIN: ¿Joven dama? ¿Del lago?... Me temo que la situación es mucho más complicada de lo que usted puede imaginar o yo explicar si... me atreviera a...
NINA: Lo que me, eh, rodea, sí, este lago y la casa de mi padre... nuestras pocas pequeñas... distracciones: jue¬gos de cartas, improvisaciones dramáticas, a veces una escena escrita. Pero...
TRIGORIN: -¿Sí?
NINA: Está el... mundo... interior...
TRIGORIN:...Tenga cuidado de él. Puede ser invadido y aco¬sado...
NINA: Está claro para mí que usted no tiene... en absoluto ganas de... irse...
TRIGORIN: Si fuera posible que volviéramos a encontrarnos, y más tiempo la próxima vez... Oh, siento..., cuando usted dijo "mundo interior" súbitamente sentí que podrí¬amos... hablar de... más de lo que había imaginado...
NINA: -¿No volverá?
TRIGORIN: Sólo si hay un intervalo adecuado en su crono¬grama profesional... pero es una estrella popular y, en la medida en que está envejeciendo un poco y piensa más en cómo mantenerse joven... bueno... el teatro es cada vez más su obsesión.
NINA: Como la de usted es escribir.
TRIGORIN: Exactamente.
NINA: Dos obsesiones correlativas... dos personas consa¬gradas al arte...
TRIGORIN: Y en su corazón y en mi corazón, una secreta desconfianza de...
NINA:... ¿Qué?
TRIGORIN: Del verdadero valor de lo que estamos haciendo. Oh, hágame callar. A veces me excito demasiado.
NINA: ¿Por qué no se toma vacaciones solo?
TRIGORIN: Debería hacer eso... y lo he intentando, entonces me llega un telegrama... "Por favor, por favor, por favor, vuelve... estoy viniéndome abajo"... Me he libra-do de la correa una semana. Hasta dos. Pero siempre vuelvo, temiendo que ella haya sufrido alguna desgra¬cia dolorosa... algo de ese tipo, pero nada. Siempre está estallando de satisfacción, ha sido un triunfo sin pre¬cedentes en toda su carrera... según ella.
NINA: ¿Me está diciendo que no es totalmente feliz con este... arreglo?
TRIGORIN:...Se expresa con madurez para ser una chica tan joven... no me encuentro a menudo con jóvenes que tengan intuiciones de adultas. He olvidado cómo es tener dieciocho o diecinueve años. No puedo repre¬sentármelo con mucha claridad, por eso las jóvenes de mis novelas y cuentos generalmente son falsas. He olvidado mi juventud a los treinta y siete años.
NINA: Parece tanto más joven. Casi tan joven como... Kostia...
TRIGORIN: Cuídense uno al otro. Él es vulnerable como usted... posiblemente todavía más...
NINA: Siente por mí algo que no puedo corresponder.
TRIGORIN: Qué es...
NINA: Algo más que...
TRIGORIN: ¿Cariño?
NINA: Sí, siento un profundo cariño, a veces siento temor por él pero... amor, no...
TRIGORIN:...Tal vez después de este encuentro pueda escri¬bir con más sabiduría sobre las jovencitas, tal vez pue¬da traerlas a la vida.
NINA: Oh, no, yo... está tan equivocado. Permítame decirle que es el único escritor que conozco que comprende el carácter femenino.
TRIGORIN: Usted es una joven hermosa y muy buena. Tomé parte de una discusión bastante, en rigor muy... inte¬resante en un café de Moscú que es popular entre los escritores y otros artistas. Alguien dijo que hay algu¬nos escritores que no pueden crear personajes femeni¬nos convincentes, y agregó: "Boris, tú eres uno de los pocos que pueden". (Se ríe con tristeza.) Sentí que me sonrojaba... avergonzado. En realidad, sabía que yo no le gustaba a esa persona y que siempre había menos-preciado mi trabajo. Siguió diciendo que yo tenía cier¬ta suavidad en mí, en mis ojos y... Bien. Estaba dando a entender que yo era deficiente en... virilidad para... la práctica de una profesión totalmente masculina como es la escritura. Me di cuenta de eso. Dejé de son¬rojarme. Lo miré directamente a los ojos y dudo de que mis ojos fueran suaves en ese momento. Le dije: "Por una vez, es excesivamente delicado en su ataqué a mí. Pero ¿a qué se debe? ¿Qué quiere decir realmen¬te? Dudo de que yo no lo sepa o de que cualquiera que está en esta mesa no lo sepa, así que ¿por qué duda en decirlo directamente, como el escritor merce¬nario y desvergonzado que es?"
No dijo nada. Seguí mirándolo a los ojos. Final-mente habló... Una sola palabra obscena, se tomó su vino y me lo escupió en la cara...
¿Si le digo que creo que un escritor necesita un poco de ambos sexos?... No... Usted no es escritora... Acerca de la escritura, no es una obsesión... envidia¬ble, porque es sólo eso, una obsesión... Entre una obra y la siguiente uno vive siempre obsesionado por la idea... ¿estoy terminado? ¿Haré otro?
Además, uno está en manos de otros que se hacen la misma pregunta que uno, pero de una manera muy diferente. Uno se hace la pregunta porque, sin un nue¬vo trabajo al cual dirigirse, la vida estaría totalmente vacía. Pero ellos se hacen la pregunta porque, si uno no produce la nueva obra, dejará de tener valor finan¬ciero o cualquier otro interés para ellos.
Un escritor es un loco en libertad condicional... Y sin embargo, cuando estoy escribiendo, lo disfruto. Incluso al leer las pruebas, pero... cuando veo el texto impreso, me siento... devastado. Siempre se queda tan corto respecto de la meta que me había establecido, entonces... entonces me deprimo tan profundamente que debo correr hacia, hacia... Sicilia o Venecia o una isla griega y... convertirme por un tiempo simplemen¬te en una... bestia... sin cerebro...
...Sabe, cuando me muera la gente que pase por mi tumba dirá: "Aquí yace Trigorin, un buen escritor a su manera pero a mucha distancia de Tolstoi o Turgénev"... Y yo estaré de acuerdo.
NINA:...No es posible que esté simplemente malcriado por el éxito, un escritor traducido a lenguas extranje¬ras, admirado por miles, por... miles...
TRIGORIN: Preferiría, preferiría mucho más, ser amado por...
NINA:... ¿Por?
TRIGORIN (tocándole el rostro): Una...
NINA: Quiere decir como...
TRIGORIN: Conocido y completamente comprendido sólo por una.
NINA: ¿No se da cuenta de que lo es?

(Pausa.)

TRIGORIN: ¿Qué es esto?
NINA: Una gaviota muerta.
TRIGORIN: Está manchada de sangre. ¿Fue...?
NINA: No sé por qué, pero Konstantín le disparó y me... la regaló a mí...

(Trigorin se inclina para recoger el pájaro muerto con suavidad.)

TRIGORIN: No sé por quién sentirme más apenado, por Kostia o... por este hermoso pájaro muerto... ¿Por qué se lo regaló a usted? Comprendo cosas que ocu¬rren en cafés de Moscú, pero esto es un... misterio para mí. Un misterio que me intriga. No quiero irme de aquí.
NINA: ¡Entonces no se vaya!

(Se oye a Arkádina llamándolo a gritos.)

TRIGORIN: ¿Quién podría desafiar una convocatoria como ésta? (Saca su cuaderno y garabatea algo en él.)
NINA: ¿Qué está escribiendo?
TRIGORIN: Sólo anotando una idea para una historia que se me ocurrió. Una adorable jovencita... vive toda su vida junto a un lago... que es encantador. Lo ama como una gaviota y como una gaviota, es feliz y libre. Pero... viene un hombre por casualidad y, al no tener nada mejor que hacer...
ARKÁDINA (fuera de escena, gritando desde la casa): Boris, Boris, ¿dónde estás?
TRIGORIN: ¡Ya voy! (Se dirige hacia la parte trasera del escenario.) ¿Qué pasa?
ARKÁDINA (fuera de escena): Nos quedamos... ¿Me oíste?

(Trigorin vuelve hacia Nina.)

TRIGORIN: ¿Alguna vez alguien no alcanzó a oír a la dama? Pueden captar cada sílaba de esa voz hasta en la segunda galería.

(Hay una ligera pausa.)

NINA:...Decía que un hombre viene por causalidad y...
TRIGORIN: La destruye... Cuidado, podría ocurrir.
ARKÁDINA (fuera de escena): ¡Boris!
TRIGORIN: ¡Ya voy! (Se oye el ruido de un somorgujo.) Qué encantador es. Qué hechizante. (Empieza una música de piano.) Especialmente con la niebla que sube... Un somorgujo grita, hay un movimiento en las hojas y alguien está tocando un valse triste en el pia¬no, ¿quién es?
NINA: Kostia.
TRIGORIN: Su compañero del lago...
NINA: El lago debe dejarme ir y también Kostia. Por cier¬to, son como usted los describe, están románticamen¬te cubiertos de niebla...
TRIGORIN: Misteriosos como sueños...
NINA: Pero tengo que huir de ellos si alguna vez quiero realizarme en la vida... Seguramente usted compren-de. ¿Qué no comprende usted?
TRIGORIN: Comprendo que usted quiera irse algún día. Pero espero que cuando se hunda en la excitación que ello implica, en las luces de lo que se llama el mundo –ciu¬dades, teatros, cafés–, espero con toda sinceridad que no experimente amargura y no se sienta obsesionada como yo... por los remordimientos y... la culpa de abandonar a alguien o algo... que la retuvo en un sueño. Perdóneme estos sentimientos, Nina... es sólo la música, la niebla...
ARKÁDINA (fuera de escena, llamando imperiosamente): ¡Boris!
TRIGORIN: Sí, ¡pon la mesa para la lotería!
ARKÁDINA (fuera de escena): Nos quedamos un poco más. ¡Acaban de informarme que el teatro no será redeco¬rado como insistí y que ni siquiera han comenzado a trabajar en mis vestidos! Es absolutamente...

(Durante este parlamento, Trigorin, riéndose entre dientes, avanza hacia la casa, haciendo una pausa para mirar a Nina y sale.)

NINA: Un sueño.

LAS LUCES SE APAGAN
TERCER ACTO
El comedor de la casa de Sorin: hay puertas indicadas a la derecha y la izquierda. Se ve un aparador y hay una mesa en medio de la habitación. En el piso hay un baúl y cajas de sombreros, señales de preparativos de partida. Trigorin está almorzando; Masha se encuentra de pie junto a la mesa. Los sirvientes están llevando el equipaje al carruaje.

MASHA: Le estoy diciendo todo esto.
TRIGORIN: Estamos solos usted y yo.
MASHA: ...Bien. Usted es escritor y tal vez pueda usarlo. Si Kostia se hubiera herido fatalmente, yo no hubiera seguido viviendo un minuto más.
TRIGORIN: Usted tiene más coraje que eso.
MASHA: Pero él no está tan gravemente herido como lo he estado yo por largo tiempo. Y ahora he decidido arrancar de raíz este amor imposible de mi corazón.
TRIGORIN: ¿Cómo va a hacerlo?
Masha (sirviéndose otro vodka): Voy a casarme.
TRIGORIN: ¿Oh? ¿Con quién?
MASHA: El maestro... Medvedenko.
TRIGORIN: ¿Está decidida a una acción tan drástica como ésa?
MASHA: ¿Nunca amó sin esperanza?
TRIGORIN: Nunca con demasiada.
MASHA: Pasé años enteros esperando que me dieran algo más que atención accidental. El matrimonio, por lo menos, me dará nuevas preocupaciones que parcial-mente me distraerán de las viejas. Un cambio, por lo menos un cambio... ¿Tendremos otros?
TRIGORIN: ¿No ha tenido suficiente Masha?
MASHA: ¿Para soportar esta súbita decisión? ¿El matrimo¬nio con un maestro que piensa que Hamlet es un actor inglés y habla constantemente de lo mal pago que está?
TRIGORIN: Siéntese. Deme esa jarra.
MASHA (alejándose de él): ¿No sabe que las mujeres beben más de lo que se sospecha? No tan abiertamente como yo lo hago... la mayoría en secreto. Siempre vodka o coñac. ¿Por qué? ¿Por qué? Una transacción como entregarme a Medvedenko, compartir su casa, ¡su cama! ¡Y deséeme suerte! ¡Escucharlo, escucharlo a él! ¡Una sentencia de por vida!
TRIGORIN: Hay una forma de fingir que lo hace. Sólo diga. "¿Sí? ¿Sí? ¿Sí?"... sin realmente oír una palabra. Lo sé, lo he hecho. Vuélvase experta en eso.
MASHA: ¡Buena suerte!... Es maravilloso hablar con usted. Usted escucha. ¿Boris Alexéievich?... ¿Cuál es su impresión sobre mí, cómo... me ve?
TRIGORIN: Muy superior al... negocio que dice que ha hecho. Pero... espero que sea soportable para usted. Una cosa soportable no es tan fácil de encontrar...
MASHA: ¿No puede convencer a su...?
TRIGORIN:...No. Ahora no se quiere quedar. Su hijo se está comportando muy raro. Primero se dispara a sí mismo y ahora dicen que me quiere retar a duelo. ¿Y por qué? ¿Porque soy escritor? Pero si hay espacio para todos, los viejos y los nuevos.
MASHA: Bueno, están los celos. Sin embargo, no es cuestión mía.
(Pausa. Iákov cruza de derecha a izquierda llevan-do una valija.)
Mi maestro no es para nada inteligente, pero es bueno y una pobre alma, además me quiere mucho. Lo lamen¬to por él y lo lamento por su anciana madre. Bueno, le deseo todo lo mejor. No piense mal de mí.
(Entra Nina.)
Estoy muy agradecida con usted por haberme concedi¬do este tiempo. ¿Sería mucho pedirle que me enviara uno de sus libros... y escribiera en él: "Para María, que no sabe de dónde viene ni por qué está viviendo en este mundo". (Ve a Nina acercándose.) Adiós. (Se va.)
NINA (extendiendo el puño de una mano): Par o impar.
TRIGORIN: Par.
NINA (riendo): Estaba tratando de decidir si me dedicaba a las tablas o no.
TRIGORIN: Eso es algo que no puede decidir por el número de garbanzos que tiene en la mano.
NINA: ¿No puede aconsejarme sobre eso? Después de todo lo que ha visto del teatro... ¿de la vida?
TRIGORIN:...No me atrevo a aconsejarla sobre un tema tan serio. Es demasiado trascendente. Trae consecuen¬cias y pasiones demasiado peligrosas. Realmente es cuestión de cuán intensamente lo quiera. Dígame. ¿Por qué cree que Konstantín se pegó un tiro? Masha dice que fue cuestión de celos. ¿Pero celos de qué?
NINA: Creo que algún día podrá imaginarse. Entre tanto –y dado que de nuevo deja el lago y yo me quedo, y uno nunca sabe si usted volverá– guarde este pequeño medallón como un recuerdo mío. Tiene el título de un libro suyo en el otro lado, Noches y días.
TRIGORIN: Un regalo encantador. (Besa el medallón.) Así que Konstantín está celoso, ¿pero por qué de mí? ¿Por qué no se siente atraída por un joven tan romántica-mente buen mozo y que se ha visto impulsado a pegar-se un tiro por usted?
NINA: Crecimos juntos. Estoy demasiado acostumbrada a verlo como un simple amigo.
TRIGORIN: Y me mira a mí, un hombre que se acerca a la mediana edad...
NINA: Sin señales de ello. Tenía la esperanza de que usted... ¡viene alguien! Justo a tiempo para impedirme hacer una confesión indiscreta.
TRIGORIN: ¿Más tarde?
NINA: Permítame tener sólo uno o dos minutos a solas con usted antes de irse, si puede.

(Entran Arkádina, Sorin y Iákov ocupado con el equi¬paje.)

ARKÁDINA: Petrusha, quédate en casa, estás rengueando por el reumatismo. (A Trigorin.) ¿Quién era ésa que acaba de irse? ¿Era Nina?
TRIGORIN (con tono casual): Sí, estaba despidiéndose.
ARKÁDINA: Perdón por la intrusión. Empaqué todo. (Los sirvientes intercambian miradas.) Estoy agotada...
IÁKOV (levantando la mesa): ¿También tengo que empacar sus cañas de pescar?
TRIGORIN: Sí, supongo que las querré de nuevo.
IÁKOV: Sí, señor.
TRIGORIN: ¿Hay algún ejemplar de mis libros en esta casa?
ARKÁDINA: Sí, en el gabinete de trabajo de mi hermano, en la biblioteca del rincón ¿Por qué?
TRIGORIN: Sólo me preguntaba. (Para sí mismo, leyendo la inscripción del medallón.) Página veintiuno... (Sale.)
SORIN: No a Moscú, sólo al pueblo.
ARKÁDINA: ¿Qué pasa en el pueblo?
SORIN: Ponen la piedra fundamental de la alcaldía.
ARKÁDINA: Sólo cemento húmedo.
SORIN: He estado tirado como una boquilla vieja demasiado tiempo. En cuanto a Kostia, sabes que podrías lle¬varlo a Moscú contigo.
ARKÁDINA: Imposible, está medio loco. Quédate aquí, mi viejito querido, ocúpate de ti y de mi hijo... No me voy para siempre. Vigila a Kostia hasta que se encuen¬tre en un estado más calmo. Nunca sabré por qué tra¬tó de... hacer el gesto juvenil tonto y romántico de...
SORIN: Tratar de matarse.
ARKÁDINA. Sospecho que los celos fueron el primer moti¬vo, esa chica tonta por la que está loco y –¡puedes imaginarte!– ella anda atrás de Boris Alexéievich. Cuanto más rápido saque a Boris de aquí, mejor.
SORIN: Hermana, sé un poco más comprensiva. Un hom¬bre joven de semejante inteligencia, incrustado aquí, en este remoto lugar del campo. Con talento pero sin ocasión de... sin dinero para... se siente un parásito, un satélite. Y tiene orgullo.
ARKÁDINA: ...¿Por qué no entra en el ejército, como la mayo-ría de los jóvenes con... talento? ...No, no lo veo...
SORIN: Al menos sé buena y dale un poco de dinero, sufi¬ciente para vestirse como el joven caballero que es, no como un siervo, ¡cosa que no es!... Y podrías incluso enviarlo al exterior, para que conociera un poco el mun¬do que hay más allá de este lago... sé generosa, her¬mana, antes de que... podría ser demasiado tarde...
ARKÁDINA: Un traje, tal vez pueda hacerme cargo de eso, pero respecto de ir al extranjero, sólo se metería en pro¬blemas. Aquí está seguro. Además... sabes cómo se me va el dinero, los gastos que implica mantener el aspecto que se espera de mí. (Está frente a un espejo reluciente, poniéndose pinchos en un complicado som¬brero.) No estoy segura de que siquiera me las pueda arreglar para comprarle ropa nueva ahora mismo. Tan apretada estoy.
(Sorin se ríe tristemente.)
¿Qué es lo divertido?
SORIN: ¿Cuánto pagaste por ese gran sombrero con plu¬mas de avestruz?
ARKÁDINA: ¿No sabes que una actriz en mi posición debe usar sombreros hechos en París?
SORIN: Por supuesto... por supuesto... discúlpame por olvi¬dar momentáneamente hasta qué punto eres una madre generosa y noble de corazón. Me las arreglaré de algu¬na forma para conseguirle a Kostia algo que ponerse. Shamráiev se lleva toda mi pensión, lo sabes, y la gasta en agricultura, cría de ganado. Después las cosechas fracasan, el ganado se muere... Sin embargo, de alguna forma haré que tu hijo esté presentable.
ARKÁDINA: Bien, hazlo, mi hijo es lo suficientemente buen mozo como para ser atractivo hasta en harapos.

(Sorin tropieza.)

SORIN: Qué me... ¡mareado!... me siento... mareado...
ARKÁDINA: ¡Petrusha! (Lo abraza.) Cuidado, no te caigas. ¡Socorro, socorro, venga alguien!
(Entran Konstantín y Medvedenko.)
Se ha descompuesto, de pronto.
SORIN: Nada, nada... fuera de lo común...
KONSTANTÍN: Ahora esto le ocurre a menudo al tío. Recuéstate un rato, tío.
SORIN: Sí, sólo un poco... igual voy a la estación, no se vayan sin mí.
MEDVEDENKO (ayudando a Sorin): He aquí un enigma para usted. ¿Qué anda en cuatro patas por la mañana, en dos al mediodía y en tres por la tarde?
SORIN: Sí, sí, y de espaldas a la noche... Gracias pero pue¬do arreglármelas solo.
MEDVEDENKO: Descanse un poco primero. (Sale.)
ARKÁDINA (volviendo al espejo): Qué susto me dio. Y sabes... ¿te gusta mi sombrero? ¡Importado de París! Siempre me sacan fotos en la estación de Moscú y es importante para mi imagen pública que esté lo mejor posible. ¿Puedo darme el lujo del sombrero? ¡No! ¿Puedo darme el lujo del vestido? ¡No!
KONSTANTÍN: ¿Entonces por qué los compraste? ¿Los robas-te de las tiendas?
ARKÁDINA: ¡Kostia!
KONSTANTÍN: Mamá, no dejes a tu pobre hermano para siempre en las manos de ese déspota de Shamráiev.
ARKÁDINA: Kostia, Shamráiev se ocupa de manera excelente de mi hermano y su esposa es devota de él.
KONSTANTÍN: Sí, todos quieren al tío Petrusha o dicen que lo quieren, sí, ¡y más les vale! Quién sino el tío estaría tan preocupado por mí y por mi...
ARKÁDINA: Tu ambición totalmente irreal de destacarte como escritor. ¡Escribir!... Para divertirte si te aburres aquí sí. Pero... Kostia, por qué no te cambias el nom¬bre y haces pequeños papeles en teatro. Tienes la apos¬tura. Puedo conseguir que los administradores te contraten, no para grandes papeles antes de que estés listo para ellos, pero...
KONSTANTÍN: ¡No! ¡No! Seguiré mi camino como escritor, creando nuevas formas. Haré eso o... yo tengo tiem¬po, pero el tío Petrusha no. No se queja pero está deses¬perado por disfrutar un tiempo de la vida de ciudad. ¡Si dejaras de hacerte la pobre a pesar de que sabemos que tienes una fortuna! Mamá, préstale al tío un par de miles de rublos para que sea feliz en la ciudad. Sabemos que es una persona excepcional y merece generosidad de tu parte el poco tiempo que todavía le queda.
ARKÁDINA: Por favor, por amor a Dios. ¡Soy la actriz más prominente de Rusia, no un banquero! ¿No estás orgu¬lloso de tener una madre a quien celebran como a mí?
KONSTANTÍN: Estoy orgulloso de ti cuando te olvidas de tu vanidad y eres... buena... ¿Me cambiarías la venda? Quiero recordar tu ternura de la época anterior a que dejaras de ser humana y te convirtieras en una actriz famosa.
ARKÁDINA: ¿Es eso una observación bondadosa? Kostia, no he cambiado contigo. (Saca una solución estéril y una caja de vendas.) El médico se ha retrasado. No importa. Siéntate. La herida está casi curada. Mientras yo no esté aquí, sino trabajando como una esclava en el escenario para que puedas subsistir... prométeme que no harás más clic-clic con eso... ¡Dame esa pisto-la a mí! ¡No está segura en este lugar! (Un perro aúlla.) ¡Que se calle!... Libéranos de ese perro aullante y entré¬game la pistola antes de que me vaya.
KONSTANTÍN: No, mamá, no te preocupes. Creo que he aprendido la lección de control, así que... no volverá a ocurrir. (Ella le limpia la herida con desinfectante.) Tienes dedos mágicos... ¿Recuerdas cuando actuabas en el teatro estatal? Yo era un chico. En el patio se produjo un disturbio entre inquilinos, una lavandera fue duramente golpeada y la recogieron inconsciente. ¿Reacuerdas con qué ternura los cuidaste a ella y a sus hijos?
ARKÁDINA: ¡Sí, de eso me acuerdo!
KONSTANTÍN: Sabes, en estos últimos días me he sentido tu hijo nuevamente, tu chiquito. No me queda nadie más que tú... ¿Por qué te has entregado a ese... hombre inmoral que no te ama ni te respeta?
ARKÁDINA: ¡No es verdad!... No comprendes a Boris por-que estás celoso de él. Es... tiene... un carácter muy noble. A pesar de tu actitud hacia él, te considera con verdadera preocupación, valoración... ¡interés!
KONSTANTIN: No es el tipo de interés que deseo atraer... En cuanto a su nobleza... Va a nadar con Iákov... des¬pués de la caída del sol...
ARKÁDINA: Lo que no quiere decir nada... qué podría que¬rer decir. Kostia, el mundo exterior no es un mundo inocente. Sea como fuere, se va. Me lo llevo. (Trigorin se acerca.) La venda no está apretada.
KONSTANTÍN: Yo puedo apretar la venda. (Se apresura a salir para evitar a Trigorin.)
ARKÁDINA: Por supuesto, no estás empacando nada. Y sin embargo, tus cosas están empacadas.
TRIGORIN (leyendo de su libro): "Si alguna vez mi vida puede serle útil, venga y tómela".
ARKÁDINA: ¿Tome qué?
TRIGORIN: Una frase que me había olvidado de haber escrito.

(Ella le arranca el libro.)

ARKÁDINA: ¡Marcado! ¿Por quién?
TRIGORIN: Una nativa muy inocente de las orillas de tu lago.
ARKÁDINA: ¿Te crees que soy tan estúpida como para no saber a quién te refieres?
TRIGORIN: Pórtate como una amiga conmigo, Irina... Quedémonos un tiempo.
ARKÁDINA: Ningún amigo tuyo te permitiría actuar como un tonto de semejante calaña.
TRIGORIN: ¡Por favor, por favor, quedémonos!
ARKÁDINA: ¿Estás tan locamente enamorado de esta, esta... criatura... ambiciosa y pretenciosa?
TRIGORIN: Un escritor tiene necesidades: la mía es quedarme.
ARKÁDINA: La mía mantener un compromiso con un tea¬tro de Moscú y nunca he dejado de cumplir un com¬promiso en mi vida.
TRIGORIN: Por supuesto que yo no soy un compromiso teatral... pero me estás fallando... Podría ser el roman¬ce más importante que jamás haya escrito.
ARKÁDINA: Es patético ver qué poco te conoces... ¡Penoso! ¡Patético! ¡Es casi trágico!
TRIGORIN:...Déjame ir... Irina.
ARKÁDINA: ...¿Te oí bien? ¿Dijiste: "Déjame ir"?... ¡No puedes hablarme así!
TRIGORIN: Es sólo eso... en mi juventud no tuve tiempo de ser joven: eso lo sabes... Acechando en las oficinas de los editores, aceptando los insultos, las migajas, los centavos, los...
ARKÁDINA: Oh, sí. Pero aparecí yo, ¿no es cierto? ¿Acaso no entré en tu vida famélica, Boris, y le di sustento? Dime: ¿sí o no? ¿No te llevé al editor más importante de San Petersburgo con tu pequeña colección de cuentos en tu carpeta? ¿No me arrojé sobre él, no le grité: "Le traigo a un GENIO. ¡El Tolstoi de mañana!"... ¿No gri¬té eso mientras te arrebataba la carpeta, a ti, joven y tembloroso Don Nadie, y ACASO NO ESCUCHÓ ÉL, ACASO NO SE SENTÓ Y ME OYÓ?
TRIGORIN: Sí. Fuiste un poco... ¡gritona!
ARKÁDINA: ¡Eficazmente gritona!... Se lanzó tu carrera.
TRIGORIN: ¿Sólo por el volumen de tu voz? ¿Por nada de lo que había en mi carpeta?
ARKÁDINA: ¡CÓMO TE ATREVES A GRITARME!
TRIGORIN: Estábamos hablando de la eficacia del volumen vocal, según me pareció. ¿Es posible que lo haya adqui¬rido por contagio, por la constante familiaridad con Júpiter tonante?
(Pausa. Ella suspira larga y sonoramente: luego se arro¬ja a los pies de él.)

ARKÁDINA: ¿Realmente me he vuelto tan vieja y fea a tus ojos que no te da ninguna vergüenza hablarme de este enamoramiento loco por esta niñita de los gansos pro¬vinciana?
TRIGORIN: ¡Basta!... Estás hablando de alguien en... com¬pañía humana de... ángeles...

(De pronto ella cambia de táctica.)

ARKÁDINA: Me he lastimado el... me temo que me dislo¬cado el... ¡por favor! ¿Serías tan bueno de ayudarme a ponerme nuevamente de pie?
TRIGORIN: ¿No sería más conveniente que descansaras un rato en el piso, con una almohada bajo la cabeza?
ARKÁDINA: No... no... ¡no lo sería!... ¡Mira, me he para-do sin ayuda!... ¿Boris? ¿Boris?... Eres el último capí¬tulo de mi vida...
TRIGORIN: Tengo la sensación de que, con un poco de esfuerzo, de alguna forma podrías arreglártelas y com¬poner un epílogo desgarrador para él...

(Esta respuesta vuelve, silenciosamente, a enfurecerla.)

ARKÁDINA: Boris... me encontré con algo muy curioso cuando estaba empacando tus cosas... Una fotografía envuelta en una carta de... ¡un lugar extranjero! ¡Sí, de Sicilia!... Ahora, ¿por qué este joven corresponsal, un muchacho de cabellos largos, sí, un chico con gran-des ojos oscuros y largas pestañas y... ¡en traje de baño!... se dirige a ti como "Mio Cuore" y escribe en la foto incluida "Con Amore"?
(Pausa, Trigorin realiza alguna acción violenta: hace trizas una botella o tira una silla al suelo.)

TRIGORIN: Irina, ha llegado el momento de la verdad entre tú y yo: hubo otros. Nápoles... Venecia... Atenas. Oh, no muchos otros, pero otros sí, y hubo, cuando me conociste en el café de Moscú, un estudiante que... sufrió un accidente... fatal, se inclinó demasiado por la ventana de la habitación que compartíamos en...
ARKÁDINA: Boris, soy una mujer de teatro y de mundo. ¿Te imaginabas que yo no era consciente de tu atracción perversa hacia eso que se considera... ¡innombrable!... ¡Abominación! ¿Pero yo?... Tengo compasión, yo...
TRIGORIN: ¡Tú, tú, tú, siempre tú!
ARKÁDINA (gritando): ¡BAJA LA VOZ, BORIS!... Son asuntos que no me parece que quieras que se sepan... Estos son tanto mis secretos como los tuyos. ¡Y segui¬rán siendo tanto mis secretos como los tuyos hasta el día en que me traiciones, el día en que me descartes por una chica o un muchacho que sólo quiera usarte!
TRIGORIN: ...Por supuesto esto no tiene ni el más mínimo parecido con el chantaje... (Sigue dando vueltas, res-pirando pesadamente.)... No recibía prostitutos como tu amigo, el señor Wilde.
ARKÁDINA: Boris, creo que tú hubieras tomado ese barco por el canal hasta Calais, no hubieras esperado a la policía en el Hotel Cadogan, oh, yo...
TRIGORIN: No. No estoy hecho de esa materia, concreta-mente soy un cobarde... moralmente fofo... suave... sometido. ¿Son estas características las que encuentras atractivas en mí, Irina?
ARKÁDINA: Boris, te conozco y te acepto y -esto lo juro- te amo con todo mi corazón.
TRIGORIN:...Entonces sácame de este lago... ¡Llévame con¬tigo nuevamente para ser testigo de tus triunfos! Sí, haz-lo, pero ten cuidado de no dejar que me aleje un paso de ti, nunca.
ARKÁDINA: Tonterías. Ve adonde gustes y cuando gustes, Boris. Sé que volverás, de la misma manera en que tú sabes que estaré esperándote con idéntica devoción inalterable... ¿Realmente quieres quedarte aquí un tiempo más? ¿Por qué no? ¡Quédate! El general Prokoboski se sentirá muy feliz de escoltarme por todo Moscú.

(Trigorin se ríe en silencio: la mira abruptamente con plena comprensión del coraje y las pretensiones de ella.)

TRIGORIN: ...LOS celos me consumirán cada noche. Pero, ¡el General no puede tener un día más de setenta años! Ja, ja, ja...
(Arkádina ríe con él, lo aferra en un abrazo apasio¬nado.)
... Desvergonzada... libertina... (Él se suelta suave-mente y abre su cuaderno.)
ARKÁDINA: Escribe en tu cuaderno, que es mi único rival serio, estas palabras: "Soy adorado para toda la vida por...
TRIGORIN: ¡La divina Sarah Bernhardt rusa!"... Sí, haremos eso después... concretamente estaba escribiendo una frase que saltó en mi mente, Dios sabe de dónde... "Un bosquecillo de abedules se vuelve plateado a medi¬da que baja el atardecer." ¡Ya está! (Cierra su cuader¬no.) ¡Vuelta a partir, amada mía, madre di cuor mio!... Vagones de ferrocarril, estaciones, bares donde tomar refrescos, guisos recalentados y... oiré tu Medea y suge¬riré... algunas lecturas moduladas...
(Entra Shamráiev.)

SHAMRÁIEV (con sus modales más corteses y burlonamente obsequiosos): Si puedo interrumpir... ¿era un ensayo para su Medea?
TRIGORIN: Sí, lo era.
ARKÁDINA: ¿Qué pasa ahora? ¿Ha venido aquí para decir-me que todos los animales de cuatro patas del lugar están ocupados en trabajos de granja?
SHAMRÁIEV: Con la debida pena he venido a informarle que los caballos del carruaje están a su inmediata dis¬posición, querida señora.

(Una mucama trae la capa y las otras cosas de Arká¬dina. Entran Sorin y Medvedenko.)

SORIN: Bueno. Una vez más partes rumbo a nuevas glorias.
POLINA: Madame, aquí tiene unas ciruelas para el viaje. Sé que detesta la comida de los restaurantes de estación.
ARKÁDINA: Y así son las cosas, vueltas, partidas, los saludos de recibimiento empiezan a convertirse en adioses. La vida es la acuarela de un niño, con todos los colores mezclados. Sentémonos para la plegaria...

(Es una costumbre rusa que todos se sienten para rezar por un viaje seguro.)

TRIGORIN (aparte): Perdón, deseo un choque de trenes, pero dado que implicaría a otros...

(Nina se hace visible en la creciente oscuridad y niebla de la orilla del lago, en la parte delantera del escenario. Trigorin sale de la zona interior de representación.)
ARKÁDINA: Boris, ¿adónde vas?
TRIGORIN: Olvidé mi cuaderno.
ARKÁDINA: Recién tenías ese cuaderno infernal aquí, en este cuarto.
TRIGORIN: Me he permitido la compra de uno nuevo por si acaso encuentro tiempo para trabajar en... un nue¬vo cuento. Sé exactamente dónde está, en el banco junto al lago.
ARKÁDINA (mientras él se va): Los cuadernos se multipli¬can...
SHAMRÁIEV: Más tarde o más temprano el primer cuader¬no de un escritor se agota. Entonces compra uno nue¬vo o deja de escribir.
ARKÁDINA: Si eso tiene una double-entendre... (Empieza a seguir a Trigorin.)
POLINA: ¡Por favor, la plegaria!
ARKÁDINA: ...Sí,... por supuesto... la plegaria... (Se sien-tan de nuevo con la cabeza baja.) ...La plegaria corta es la más dulce para los ocupados oídos de Dios, queri¬dos amigos. ¡Qué constante tormenta de súplicas humanas se le pide que oiga a todas horas!
SHAMRÁIEV: Si por casualidad encuentra al actor Suzdaltsev, Madame, le daría...
ARKÁDINA: Hace dos años que murió ¿usted no lo sabía?

(Shamráiev se hace la señal de la cruz.)

POLINA: Sólo recibimos las noticias que nos manda usted, Madame... Iliá, ¿está el equipaje en el carruaje?... ¡Iliá!
SHAMRÁIEV: Estaba... recordando algo. El trágico Izmáilov –trabajaban en el mismo melodrama- tenía que decir: "Estamos presos en una trampa", pero como estaba borracho salió con un: ¡"Estamos trampos en una presa"!
POLINA: ¡Iliá! ¡El equipaje en el carruaje! (Shamráiev sale.)
ARKÁDINA: Oh, la plegaria... ¿tenemos tiempo? POLINA: Sí, sí, el tren no se irá sin usted.

(Rezan en silencio. La luz disminuye sobre ellas y aumenta sobre Trigorin y Nina, cerca del lago.)

TRIGORIN: La vi afuera y dije que era... un cuaderno...
NINA: Ansiaba tanto que encontrara un momento para verme a solas una vez más. ¡Boris Alexéievich, dejo el lago, me voy!

(En la parte trasera del escenario, Konstantín es ape¬nas visible mientras observa esta escena.)

TRIGORIN: ¿A Moscú?

(Ella asiente con un ligero jadeo.)

NINA: Sí, ¿hay alguna posibilidad de que pueda verlo allá? (Konstantín cierra los ojos.)

TRIGORIN: ¿Cuándo se va?
NINA: Mañana.
TRIGORIN: ¿Tiene... está segura de que tiene... suficiente dinero para el viaje?
NINA: Oh, no... es tan caro, nada sería demasiado caro para...
TRIGORIN: ¿Tercera clase? No. Vaya con estilo, cómoda... haré esta pequeña inversión para su carrera en las tablas... niñita...
NINA: ¡No, no lo haga!
TRIGORIN: Permítame.
(Trigorin introduce una serie de billetes en el corpi¬ño de su vestido blanco. Los ojos de Konstantín se abren en este momento: pega un ligero grito que no se oye.)
Aquí está... (Garabatea en el cuaderno.)... el nombre de un hotel de Moscú.
NINA: ¿Usted estará allí?
TRIGORIN: Éste es dónde estaré yo. (Sigue escribiendo.) Casa Molchanovka Grojolsky. (Arranca la página y se la da a ella.) Hágame saber apenas llegue y de alguna manera lograré estar con usted de inmediato. ¿Comprende de qué forma el mundo gira sobre la duplicidad exito¬samente practicada? ¿Sobre las mentiras astutas?
(Ella jadea y asiente, incapaz de hablar. Él prosigue, con el rostro contorsionado.)
¡Entonces quédese aquí!
(Nina grita y se pone en cuclillas sobre el banco.) Querida niña, quise decir... ¿cómo puedo esperar hasta que estés conmigo? (Se pone en cuclillas junto a ella y la besa repetidamente con abandono.)
NINA: ¡Ahhhhhhhh, ahhhhhhh! Yo...
TRIGORIN: Shhhhh.

(La luz disminuye sobre ellos, aumenta sobre Arká¬dina.)

ARKÁDINA (levantándose): En mi plegaria pedí que todos nos volvamos a encontrar el próximo verano, vivos y bien, especialmente mi hijo, oh estoy... abrumada con... aquí tienen un rublo para ustedes tres.
IÁKOV (aparte al Cocinero): Un rublo para...
COCINERO: Shhh.
IÁKOV: Madame Arkádina, ¿le recordaría a Boris Alexéie¬vich que me prometió un...
ARKÁDINA: ¿De qué estás hablando? ¡Konstantín! ¿Dónde está?
POLINA: Se encerró en su gabinete de trabajo, no puede soportar verla irse.
ARKÁDINA: Qué típico de Boris, extenderse por ese eterno, infernal... ¿Boris? ¡Boris! Adelante, pongan todo en el carruaje.

(Se queda sola mientras los demás salen. Hay digni¬dad y tragedia en su estoico aislamiento. Trigorin vuelve.)

TRIGORIN: ¿Se ha pospuesto nuevamente la partida?
ARKÁDINA: Llévame al carruaje... (Ella se toma del brazo de él y cruzan el escenario lentamente juntos.) Tenemos mucho que discutir en privado en el tren... (Salen.)

LAS LUCES SE APAGAN

CUARTO ACTO
Han transcurrido dos años. La sala se ha transforma-do en el gabinete de trabajo de Konstantín. Hay puertas a la derecha y la izquierda que llevan a otros sectores de la casa y hay puertas francesas, en el centro, que conducen a la galería. Además de los habituales muebles de sala, hay un escritorio adelante a la izquierda y un sofá adelante a la derecha. Es de noche. El cuarto está en la semioscuridad. Sólo una lámpara con pantalla está encendida. Se oyen ruidos propios de un clima violento, los árboles susurran y el viento aúlla. Entran Masha y Medvedenko.

MASHA: ¿Konstantín? (Mira alrededor.) No está aquí. El pobre anciano se la pasa preguntando: "¿Dónde está Kostia, dónde está Kostia?" No puede vivir sin él.
MEDVEDENKO: Le da miedo estar solo. Comprendo eso.
MASHA: Tú no eres viejo y enfermo. Creo que lo que teme Piotr Nikolaiévich es estar solo cuando muera.
MEDVEDENKO: Qué tiempo terrible... nunca se han visto olas así en el lago...
MASHA (con impaciencia): ¿Era ése el tema?
MEDVEDENKO (con desolada dignidad): Parece imposible que diga una sola cosa que no te moleste.

(Ella está improvisando una cama para Sorin en el gabi¬nete de trabajo.)
MASHA: Ya cuando hablaste por primera vez de la pers¬pectiva de ser transferido me molestó. Pero seguimos aquí.
MEDVEDENKO: Me presenté para que me transfirieran y todo lo que puedo hacer ahora es esperar.
MASHA: Interminablemente.
MEDVEDENKO: El chal le da un toque de color a tu negro habitual. Hay una señorita joven, que ayuda en la escuela, que me dijo: "¿No lo deprime que su esposa esté siempre vestida de negro, de negro como el hábi¬to de una monja, todo el tiempo?"
Masha (burlonamente): Ajá, ¡está tratando de disminuir-me a tus ojos!
MEDVEDENKO: No, no, fue sólo una observación.
MASHA: Que a menudo has hecho tú mismo.
MEDVEDENKO: A la noche es un alivio cuando te sacas el vestido negro y... tu ropa interior se ve tan blanca como tu piel.
MASHA: Siempre apago la luz cuando me desvisto.
MEDVEDENKO (involuntariamente aferrándole los hombros): Aún así... (Él puede ver la repulsión en el rostro de ella, pero ella jadea como si sintiera dolor.)
MASHA: Semión, no creas que no comprendo lo poco que satisfago tus necesidades racionales. Tal vez otra mujer... no en hábito de monja.
MEDVEDENKO: Malentendiste las cosas.
MASHA: Oh, Dios, ¿las malentendí? Konstantín no me deja cerrar las cortinas que dan al jardín. Y está tan oscuro.
MEDVEDENKO: Ese tablado que está ahí afuera, junto al lago, deberían derribarlo, ahora se lo ve tan desnudo y feo.
MASHA: Un esqueleto, sí, pero él lo mira como si fuera un retrato de Nina...
MEDVEDENKO: Los telones golpean en el viento. La otra noche cuando pasé junto a él me pareció oír a alguien llorando arriba.
MASHA: Probablemente lo oíste... me enteré de que ella ha vuelto.
MEDVEDENKO: ¿Llorando en el tablado donde representó la pieza de Konstantín? Masha...
MASHA: Por favor, estoy ocupada.
MEDVEDENKO: ¿Alguna vez te entregaste a Konstantín Gavrílovich?
MASHA: No. ¡Pero lo hubiera hecho! Si hubiera habido una posibilidad de que me tomara.
MEDVEDENKO: Si aparecieras en el jardín y te sacaras el vestido negro y viera la nieve de...
MASHA: Basta, basta, es desagradable. Llámame negra como el ala del cuervo, pero nunca me acuses de que no me queda orgullo.
MEDVEDENKO (aferrándole el vestido): Nieve, nieve, pero tan cálida. Masha, vamos a casa.
MASHA: Esta noche me quedo aquí.
MEDVEDENKO: Te has quedado aquí tres noches. No importa que yo no te interese, pero está el bebé. Tiene hambre.
MASHA: Matriona le dará de comer. Semión, a lo mejor tienes que actuar como ambos padres para el niño y, ¿por qué no? Cometió el error, pobre criatura, de ser exactamente igual a ti y estoy segura de que el pareci¬do sólo aumentará con el tiempo. Has desgarrado mi vestido. Me has acusado de ofrecerme a un joven que no me quiere, de ofrecerme desvergonzadamente como una puta. Suficiente. Vete a casa.
MEDVEDENKO: No creo que hayas pasado tres noches aquí a menos que él finalmente te haya aceptado, Masha.
MASHA: ¡Vete a casa!
MEDVEDENKO: Tampoco tu padre tiene respeto por mí, ni siquiera me presta un caballo.
MASHA: Camina, entonces.
MEDVEDENKO: ¿No quieres decir arrástrate?
MASHA: ¡Camina, arrástrate, salta! ¡Cualquier forma que elijas para llegar allí... no aquí!

(Entran Polina y Konstantín.)

POLINA: El pobre y querido Petrusha quiere que se haga su cama aquí.
MASHA: ¡Lo Sé! Se la he hecho...
POLINA: Los viejos se ponen como chicos.
MEDVEDENKO: Masha se ha negado por tres noches segui¬das a ir a casa con nuestro hijo. Me dice que debo actuar como ambos padres para él.
POLINA: Cuando el lago se perturba, parece afectarnos a todos.
MEDVEDENKO: Konstantín Gavrílovich, ¿puedo hablar con usted un momento en el jardín?
MASHA: Déjalo en paz, deja a todos en paz y simplemente vete.

(Medvedenko sale silenciosamente, como un ladrón.)

KONSTANTÍN: ¿Por qué quería hablarme en el jardín?
MASHA: Quería advertirle que yo...
KONSTANTÍN: Masha, su vestido está roto.
MASHA: Me lo enganché con algo... .

(Polina le da un rápido beso y se acerca a Konstantín en su escritorio.)

POLINA: Ninguno de nosotros pensó o soñó que resultaría ser un autor reconocido. Y aquí está usted, alabado sea Dios, recibiendo dinero de revistas. Y se ha puesto tan buen mozo, ¿no es así, Masha? (Se pone a hojear los libros de su escritorio.)
MASHA: Konstantín conoce mi...
KONSTANTÍN (a Polina): Por favor, deje mis libros en paz.

(Algo en su voz impulsa a Masha a salir al jardín.)

POLINA: Mi querido, mi buen Kostia, por favor, podría...
KONSTANTÍN: ¿Qué?

(Masha ha empezado a dirigirse al gabinete de trabajo.)

POLINA: Ser un poco más bueno con mi Mashenka.
KONSTANTÍN: Discúlpeme. (Mira a Masha.)
MASHA: Kostia, póngase un saco, está... (Él sale.) ¡Ves lo que has hecho ahora con ese... ese lamentable pedido! Lo avergonzaste casi tanto como a mí. Hiciste que se fuera del gabinete.
POLINA: Oh, sabes cómo vuela, anda con la cabeza en las nubes, no me oyó...
MASHA: Kostia se da cuenta... todo el mundo se da cuen¬ta... ¡no puedo ocultarlo! Durante años, antes de que se obsesionara por...
POLINA: Nina...
MASHA: ... a quien sólo le importa actuar, esperé que algún día me quisiera. Ahora, nunca.
POLINA: ¡Oh, Mashenka, Mashenka! No puedo soportar...
MASHA: Mamá, te sorprendería saber cuánta gente en este mundo tiene que soportar lo insoportable.
POLINA: Eres joven, demasiado joven para...
MASHA: ¿Observas lo que yo observo, sabes lo que yo sé?
POLINA: ¡Ese tipo de amargura es propia de los viejos y los desahuciados! Masha, ahora que sabe que ha perdido a Nina para siempre a causa de la locura de ella, de pronto puede apreciar tu devoción.
MASHA: Olvidas que estoy casada, soy madre... es dema¬siado tarde. Mi única esperanza es que finalmente, de una vez, Semión sea transferido a otra parte para que, al no ver nunca más a Kostia, gradualmente... (Se escucha débilmente un vals melancólico.) ¡Él pasa jun¬to a mí! ¡Quiero extenderme y tocarlo! No, no puede continuar. Si Semión no consigue que lo transfieran, yo me transferiré a mí misma, de alguna forma, a algu¬na parte... (Se sirve un vodka. Polina se lo arranca de la mano.) Gracias... no debo dejarme ir. Terminaré sien-do una prostituta borracha de la calle.
POLINA (tomándola en sus brazos): Calladita, calladita.
MASHA: Perdón.
POLINA: Comprendo, Mashenka, una vez fui a la clínica de Evgeni y le... le dije: "¡Tómame, tómame!"
MASHA: Cosa que hizo y luego, bien pronto, te descartó por otra. Kostia está tocando el piano.
POLINA: Un vals melancólico. Quiere decir que está deprimido.

(Medvedenko entra empujando la silla de ruedas de Sorin. Los sigue Dorn)

MEDVEDENKO: Seis para alimentar en mi casa ahora y la harina a dos kópeks la libra. (Dorn se ríe.) Usted se ríe porque tiene más dinero del que puede utilizar.
DORN: Vivo con extravagancia, la mayor parte de mi dinero se va en viajes y otras diversiones y ¿por qué no? Cuando un hombre muere debería saber que ha vivido.
MASHA: Pensé que a esta altura seguramente te habrías-ido, Semión.
MEDVEDENKO: No puedo convencer a tu padre de que me dé un caballo de cualquier tipo... tomaré una cabra.
Masha (en voz baja a Polina): Cómo desearía no haber puesto nunca los ojos en ese hombre.
DORN: ¡Así que este salón ha sido convertido en un gabi¬nete de trabajo para el nuevo y joven maestro litera¬rio!
MASHA: ¿Y por qué no? Konstantín necesita reclusión y le gusta salir al jardín a veces.
DORN: Para meditar sobre cómo será el mundo en dos-cientos mil años, ¿no es así?
SORIN: ¿Dónde está mi hermana?
MASHA: Shamráiev fue a la estación a buscarlos a ella y a Trigorin.

(Sorin suspira.)

KONSTANTÍN (entrando): Doctor Dorn, quiero que deje de posar como médico, especialmente como el de mi tío, ¡simplemente lo deprime!
DORN: Su tío tiene una cierta incurable y crónica...
SORIN: "Crónica, incurable" ¿qué? Maldición, tengo dere¬cho a saber.
DORN: Mis pacientes siempre dicen eso pero nunca es ver-dad. Dios mío, si les dijera "qué" pegarían semejante aullido y harían tales demandas irracionales, que mi consultorio sería un manicomio constante.
SORIN: Pero, maldición, señor, cómo puedo luchar contra estos... estos problemas, a menos que sepa qué son. Dígame con qué luchar y lo haré porque, irracional como pueda ser, ¡quiero vivir!
DORN: Indefinidamente, ¿en su estado? Olvídelo, anciano. Toda vida tiene un comienzo y un fin.
SORIN: ¿Estoy yo en...?
DORN: No al comienzo. (Se encoge de hombros.) Cuando un hombre ya no es capaz de disfrutar del sexo, digerir la comida y dormir profundamente, es un tonto si pretende quedarse.
KONSTANTÍN: Usted es un hombre brutal, inadecuado para su profesión.
DORN: ¿Como usted para la suya?

(Con una maldición en ruso, Konstantín se aparta de Dorn y se sienta en un banco a los pies de su tío.)

KONSTANTÍN: No le prestes atención a ese viejo libidinoso lleno de pretensiones y vicios.

(Hay un molesto silencio en la habitación; a través de las puertas que dan al jardín se ve el débil resplandor de un rayo.)

MEDVEDENKO: En sus viajes, doctor, ¿qué ciudad extranje¬ra le gustó más?
DORN: Cualquier ciudad italiana grande me gusta. Están repletas de mujeres bien rellenas que me sonríen por la calle y...
KONSTANTÍN: Quiere decir putas.
DORN: No necesariamente, sólo mujeres que están libe-radas de cualquier exceso de decoro, lo que me recuer¬da a esa joven que recitó aquella obrita suya. Ella se tomó en serio como actriz, sebe, se arrojó a los bra¬zos del famoso amigo literato de su madre, Trigorin, y tuvo un bastardo con él antes de que él la abando¬nara. Un hombre sensato se libera de las mujeres que se convierten en una molestia insoportable. Bien, parece que ella está de vuelta aquí, alojándose en la posa-da porque su padre, que es íntimo amigo mío, se niega a recibirla en su casa.
(Konstantín se ha levantado lentamente para enfren¬tarse con Dorn.)

KONSTANTÍN: Un hombre que habla despectivamente de la tragedia de la vida... de una chica encantadora... no es un hombre, no es un ser humano, es un auténtico monstruo.
DORN (encendiendo impasiblemente una pipa o un cigarro): ¿Sí?
KONSTANTÍN: Sí, un monstruo. ¿Me oye? ¿Acepta esta definición de su naturaleza sin protesta o preferiría reunirse conmigo en el jardín con un par de pisto-las?
DORN: Jovencito, usted está loco, mi práctica médica no tie¬ne nada que ver con lunáticos.
MASHA: Kostia, por favor, por favor, todos sabemos lo que es, todos nosotros lo despreciamos.
POLINA: Sí, no merece su atención.
ARKÁDINA (fuera de escena): ¡Ah, mi casa!
MASHA: Llegó su madre, está en el salón.
DORN: La dama todavía tiene una voz bastante podero¬sa. Qué pena que los críticos se hayan Vuelto contra ella.
ARKÁDINA (fuera de escena): Todavía mareada por el triun¬fo de Odesa.
DORN: La pobre dama cree que no recibimos diarios en las provincias y que no sabemos que su compromiso en Odesa se levantó casi tan pronto como comenzó.
KONSTANTÍN: ¿No puede alguien sacarlo de aquí? De otra forma, voy a... voy a...

(Arkádina entra, los saludos son efusivos y todos en ruso.)
DORN (después de los saludos): Por favor, cuéntenos, que¬rida señora, sobre su último triunfo en la Emperatriz... ¿fue en... Odesa?
ARKÁDINA: ¡Oh, eso! El público simplemente se negaba a salir del teatro, se quedaba gritando bravos hasta una hora después de... ¿Boris? ¿Boris Alexéievich?
KONSTANTÍN: Mamá, se te ve cansada.
ARKÁDINA: Es... cansador, por cierto, una... carrera como la... mía...
(De pronto resulta conmovedora: un pájaro aterro-rizado parece cruzar momentáneamente sus ojos. Trigorin entra, seguido por Shamráiev. Hay más saludos en ruso. Konstantín ha vuelto a sentarse a los pies de su tío. Sorin sostiene la cabeza de Konstantín entre sus manos temblorosas.)
¿Pasa algo aquí? Se los ve a todos tan...
POLINA: Absolutamente nada. Estamos todos tan conten¬tos de tenerla de nuevo entre nosotros.
ARKÁDINA: Necesito un buen descanso. El campo, la orilla del lago, siguen siendo tan fielmente los mismos.
TRIGORIN: Y usted, Masha, ¿es cierto que se casó?
MASHA: Sí, hace bastante.
TRIGORIN: ¿Felizmente, confío?
MEDVEDENKO: Tenemos un lindo chiquito.
Masha (involuntariamente): Es asombroso el parecido del niño con su padre.

(Trigorin tose; sus ojos están sobre Konstantín; se acer¬ca a él.)

TRIGORIN: Konstantín, sus muchos, muchos admiradores le envían sus saludos y sus Felicitaciones, junto con las mías, por su venturoso apartamiento de las viejas formas a favor de formas nuevas que podrían producir movimientos renovadores en el mundo literario. Todos los que han leído su trabajo se muestran tan entusiasmados al saber que lo conozco, que infalible-mente quieren saber cómo es usted, su edad, qué aspec¬to tiene, cómo vive, si es moreno o rubio. En cuanto a mí, lo que me intriga es que escriba bajo un seudónimo. ¿Por qué hace eso?
KONSTANTÍN: Supuse que usted entendería.
TRIGORIN: Que quiera privacidad, sí, pero más tarde o más temprano descubrirán al joven buen mozo que vive bajo la máscara de hierro.
ARKÁDINA: Incluso con este horrible tiempo, oh, qué conten¬ta estoy de tener un lugar donde descansar y recuperar el aliento entre queridos amigos. ¡Oh, Kostia! Boris ha tra¬ído una revista donde se publicó tu último trabajo.
TRIGORIN: Eso es, eso es, aquí está, tiene su cuento y un cuento mío.
KONSTANTÍN: ¿Cuál prefiere?
ARKÁDINA: ¡Kostia!
TRIGORIN: Naturalmente el suyo.
KONSTANTÍN: Sí, el editor me comentó el interés que mos¬tró usted en mi trabajo.
TRIGORIN: Un escritor se cansa de su propio trabajo, de las viejas formas que ha tenido miedo de descartar.
KONSTANTÍN: Ya tengo un ejemplar de la revista, gracias. Espero que no piense que soy grosero, pero esta noche no estoy de humor para... charlas literarias...
TRIGORIN: Yo, eh, comprendo. En otra ocasión..., y usted, Piotr Nikoláievich, ¿no me diga que sigue mal de salud? Lo que me parece es... que usted está tan aburrido con la vida en el campo como yo la anhelo nuevamente.
ARKÁDINA: ¿Qué estás haciendo, Polina? Ah, la lotería. Qué consuelo ver estas viejas cosas familiares. ¿Tenemos tiempo de jugar un partido antes de cenar?
POLINA. Oh, uno rápido.

(Shamráiev y Polina disponen una mesa de juego y sillas. Todos comienzan a jugar, excepto Medvedenko y Konstantín, que se queda en su escritorio. Bajo el diálogo se siguen oyendo los sonidos del juego.)

ARKÁDINA: La apuesta es cinco kópeks. Doctor, ponga la mía por mí. Masha mezclará. ¡Boris!
MASHA: ¿Pusieron todos sus apuestas? Empiezo con el vein¬tidós.
ARKÁDINA: YO lo tengo.
MASHA: Tres.
DORN: Bien.
MASHA: ¿Se anotó tres? ¡Ochenta, ochenta y uno! ¡Diez!
SHAMRÁIEV: No tan rápido.
ARKÁDINA: ¿Alguien mencionó la Emperatriz? La verdad del asunto es... (Hay un silencio nervioso.) La admi¬nistración y yo hemos tenido relaciones tensas duran-te un tiempo. Pedí ver mis vestidos. ¡No había ninguno! Schewtzoff tuvo la audacia de fingir que yo había pro-metido proveer mi propio guardarropas.
POLINA: Espero que lo haya puesto en su lugar.
ARKÁDINA: Le había escrito que, a menos que estuviera satisfecha con mis vestidos... aparecería totalmente desnuda.
DORN: Le tomo la palabra en eso, ¿no es cierto? ¿En serio?
ARKÁDINA: Me tomó en serio cuando, después de tres repre¬sentaciones con mis propias ropas, le notifiqué por telegrama que el compromiso estaba terminado y que ponía el asunto en manos de mi abogado... ¡ruptura de contrato! Osó amenazarme con un juicio pero... (Observa con vergüenza que nadie la está escuchado. Se retoca los ojos llenos de lágrimas en el espejo.)
MASHA: ¡Treinta y cuatro! ¡Sesenta! Papá, a mi marido hay que darle un caballo ahora mismo para volver a casa.
SHAMRÁIEV: Los caballos acaban de volver de la estación y no los molestaré de nuevo ni por el propio Zar, menos aún por tu...
MASHA: ¡Tienes otros caballos!
SHAMRÁIEV: No hay animal en la propiedad al que hiciera salir con este tiempo.
POLINA: ¿Salvo al marido de tu hija?
MEDVEDENKO: Cuánto lío por nada. Sólo son cuatro millas, la caminata y el clima me van a revigorizar... espero. (Se oye un trueno seguido de un relámpago.) Buenas noches, buenas noches a todos. (Sale apolo¬géticamente.)
POLINA: ¿Seguimos?
MASHA: Cincuenta.
DORN: ¿Cincuenta redondo?
ARKÁDINA (a Trigorin): ¿Has estado aquí en otoño alguna vez? Las noches son largas y... la lotería es un juego tonto, pero me recuerda mi infancia de una manera que me conmueve tan profundamente...
TRIGORIN: Cuando el tiempo es tan violento termina ago¬tándose y el buen clima vuelve al día siguiente.
MASHA: Setenta y siete. Once.
TRIGORIN: Probablemente pesque mañana, hasta puede que nade un poco porque me gusta el agua fría.
KONSTANTÍN: Iákov sólo nada en verano.
TRIGORIN: ¿Eh?... Bien... sabes, quiero caminar por el lago, echarle una mirada al tabladito donde se representó tu pieza ese verano. He comenzado un cuento basado en esa ocasión, sólo quería refrescar mi recuerdo del escenario.
MASHA: ¡Veintiocho!
(Se canta el último número.)

TRIGORIN: ¡Damas y caballeros, el partido es mío! (El Cocinero llama a Polina en ruso.)

POLINA: El cocinero dice que la comida está lista, ha pre¬parado una sorpresa para usted, Madame, en honor a su vuelta al hogar.
ARKÁDINA: Espero que sea kulebiaka Vamos ya mismo a comer. Me siento famélica en el campo y esta vez me propongo satisfacer mi apetito... podemos jugar otro partido después. (Toma del brazo a Trigorin y condu¬ce a los comensales hacia el comedor.) Kostia, deja de escribir, por lo menos durante la cena.
KONSTANTÍN: Si me disculpas, mamá, debo revisar algunas notas. No tengo hambre esta noche.
ARKÁDINA: ¡Petrusha!
SORIN (despertándose de su sueño): Me lo perdí, ¿no es cier¬to? No me digas que me lo perdí...
ARKÁDINA: Todavía está soñando, pobre querido. Llévenlo a la mesa, por favor.

(Polina y Dorn empujan la silla de Sorin mientras todos salen, por la izquierda, dejando a Konstantín en el escri¬torio. Nina es apenas visible afuera.)

KONSTANTÍN (leyendo su manuscrito): ¿Qué podría ser más ordinario o banal?
(La oscura figura que está espiando hace un movi¬miento brusco. Konstantín levanta la mirada un momento.)

Esto y no más es suficiente. Mejor nada... creo que quiero parar. (Pausa.) ¡Nina, sé que está ahí afuera! (Su oscura figura se aparta corriendo; él corre tras ella. Después de unos momentos vuelve agarrándola con fuerza del brazo.) ¡Bueno! ¡Basta! (Ella lo mira silenciosamente durante un momento: luego se tapa los ojos.) No lloremos, por amor a Dios. Déjeme sacar-le esas chinelas mojadas. (Se las saca.)
NINA: Encienda la lámpara un poco así puedo verlo con cla¬ridad. (Él lo hace. Se miran uno al otro.) Bueno, de manera que nuestra juventud se fue.
KONSTANTÍN: No la suya (Vuelve a bajar la lámpara.)
NINA: ¿Entonces por qué apagó la lámpara?
KONSTANTÍN: Sólo la prendo para trabajar.
NINA: Me he enterado de su... éxito, me alegro por usted... ¿no se siente feliz?
(Él sacude la cabeza, con los ojos brillantes de dolor. Ella se apresura hacia él y toma su cabeza apoyán¬dola en su pecho. Él jadea y la rodea con sus bra¬zos. Se oye el sonido de la risa de Arkádina fuera de escena. Nina se libera con un movimiento súbito y violento y corre a cerrar la puerta con llave.)
Sé que Irina Nikoláievna está aquí. Cierre la puerta. No hay llave...
KONSTANTÍN: Empujaré una silla contra ella. (Lo hace y lue¬go se dirige hacia Nina.) Shhhh.
NINA: Sé cuánto he cambiado, lo... diferente que me veo.
KONSTANTÍN: ¿No me quería ver? Sé que ha estado aquí des-de hace casi una semana. Di la vuelta al lago y estuve parado bajo su ventana... no podía llamarla... sólo me quedé allí como un mendigo.
NINA: Yo también me he acercado a esta casa varias veces... no podía golpear la puerta.
(Nina oye el sonido de la risa de Trigorin.)

KONSTANTÍN: "¡Damas y caballeros, el partido es mío!" ¿Quién fue que dijo eso esta noche cuando jugaban a la lotería antes de cenar?

(Ella asiente.)

NINA: Sí, el partido es de él...
KONSTANTÍN: ¿Por qué no hizo el anuncio antes de que juga¬ran? Ya era suyo, iba a ser suyo e incluso, si no lo fuera, seguirían dando por sentado que era suyo, es suyo, al final será suyo.
NINA: No debe estar celoso de él.
KONSTANTÍN: Usted es suya.
NINA: ¿Lo soy? ¿A quién pertenece una gaviota...?
KONSTANTÍN: ¿Dijo una...
NINA: Una gaviota. ¿A quién pertenece una gaviota? ¿Pueden sentir amor, acaso? Debe ser una cosa del momento, luego vuelan nuevamente e incluso cuando vuelan juntas, cada una parece estar... sola...
(Se oye el sonido del viento; en el telón de fondo aparecen nubes negras, grises y blancas marmoladas.
Las nubes están animadas: la tierra parece respirar convulsivamente por un momento o dos.)
Hay un pasaje en Turgénev que dice: "Feliz el hombre que en una noche semejante tiene un techo sobre la cabeza, tiene su propio rincón cálido". Oh, conozco los requisitos espartanos de un artista, cómo debe descar¬tarse una cosa tras otra, esas cosas que sólo son para causar efecto, para complacer los gustos vulgares, como... el sentimentalismo... las extravagancias en los modales. ¿Pero suponga que el aspirante a artista se despojara de todos esos falsos adornos y debajo de ellos encontrara que no queda nada que su público pueda ver? El público, al no ver nada, diría: "No hay nada que ver".
KONSTANTÍN: Así que usted también ha comenzado a reco¬nocer eso.
NINA: Sí, Kostia, es lo mismo para nosotros dos, tenemos que seguir con este enfoque espartano de... ¿qué? Sin asustarnos por el siempre posible, si no probable, resul¬tado de arrancarnos todos nuestro excesos y descu¬brir... finalmente... la nada... Oh, amigo mío, mi querido amigo, es más solitario para usted, pero no tema, o si tiene miedo... ¿quién no lo tiene?... siga de todos modos, siga. Yo lo haré. Tengo compromisos futuros a los que debo trasladarme viajando en terce¬ra clase... con campesinos... no tengo miedo, no me queda resentimiento. Cargo a los niños llorosos en mi falda. Y lloro con ellos.
KONSTANTÍN: Nina, ahora está llorando.
NINA: Me hace bien, ¿y qué podría ser más natural? Estar aquí bajo este techo con...
KONSTANTÍN: Él.
NINA: ¿No se lo dirá? Por favor, no.

(Oyen, mudos, el sonido de la risa de Trigorin y Arká¬dina.)

KONSTANTÍN: Sé que estuvo con él un tiempo.
NINA: ¿Lo sabe?

(Él asiente.)

KONSTANTÍN: La trató brutalmente.
NINA: Es demasiado fácil decir eso. Después de todo, recuerde, me arrojé a sus brazos mientras él pertene¬cía a su madre. No tenía compromisos conmigo: ¡los tenía con ella! Oh, estoy diciendo cosas falsas. Madame Arkádina es una criatura egoísta y él...
KONSTANTÍN: Trigorin se ha comportado como un cerdo, peor, a los cerdos los matan... él es el que mata... (Se oye la risa de Trigorin.) Ése es él, riéndose allá afuera. Mi madre debe de estar representando una trágica esce¬na de muerte para él.
NINA: Silencio. Recuerde que está hablando de un hombre mayor que ha realizado su vida, ha alcanzado una posi¬ción de excelente escritor...
KONSTANTÍN: Cómo fue, la relación...
NINA: Mis años de relación con él implicaron un hijo.

(Pausa.)

KONSTANTÍN: El hijo suyo y de él, ¿dónde está?
NINA: El hijo de una gaviota también es una gaviota.
KONSTANTÍN: No entiendo, ¿dónde está?
NINA: La pareja a la cual se... lo di cuando Trigorin me dejó... era extranjera, Kostia. A esta altura volvieron al otro lado del mundo...
KONSTANTÍN (amargamente): Eran...
NINA. Viajeros del nuevo mundo. De manera que mi hijo crecerá en un mundo nuevo. Tiene un hermoso nom¬bre... América...
KONSTANTÍN: ¿Sabe cómo comunicarse con ellos para ave¬riguar, de vez en cuando...?
NINA: Tengo una dirección. Bueno. Basta de eso. ¡Por favor! Hoy deseo averiguar... (Ella dice esto con un silencio-so salvajismo, levantándose para aferrar la mano de él. Él besa su rostro contorsionado tierna, repetida-mente.) Si importa, finjamos que no importa. Tengo que hacerlo. Mis años con Trigorin. No creía en el teatro, sólo engaña a tu madre para complacerla en eso,
Kostia. Acerca de mis sueños, mi dedicación al teatro como un arte, se reía de eso, la considera una profe¬sión bastarda, igual que a nuestro hijo. Un bastardo para ser entregado a... viajeros. El sentimentalismo... ¡Basta!... no tan fuerte, me oirán, no deben saber que vine aquí. Kostia, si se los dices me traicionarás, nun¬ca más te veré... Permíteme... el orgullo...
KONSTANTÍN: Te permito el orgullo, Nina. Y espero per¬mitírmelo yo también.
NINA (abrazándolo estrechamente): Te contaré el resto rápi¬damente. Después de lo del niño...
KONSTANTÍN: Te rendiste...
NINA: Sí, había mezquindad, trivialidad, ansiedad, envi¬dia, descubrimientos que me chocaron. Mis actuacio¬nes eran insípidas, no sabía que hacer con mis... manos... vacías, ni cómo pararme en el escenario; a veces tenían que repetir dos veces un pie para que yo... respondiera... No puedes imaginarte lo que es sentir que estás actuando abominablemente.
KONSTANTÍN: Sí, sé lo que es escribir abominablemente, Nina.
NINA (apartándose y dirigiéndose al fondo del escenario con calmo orgullo y estoicismo): Digamos que un hom¬bre pasó por casualidad y, como tenía un revólver de cazador en la mano y no tenía nada mejor que hacer, probó su habilidad en un pájaro del cielo, una gavio¬ta. Acertó, ella se precipitó en la muerte, aleteó un poco, después... se quedó quieta, se quedó muy quie¬ra, pero ¡yo no! Tema para un cuento.
KONSTANTÍN: Dicen que sólo puedo escribir "impresio¬nes".
NINA: No los escuches, continúa, si es tu vocación, ten fe en que lo lograrás. (De nuevo se oye el sonido de la risa de Trigorin.) Puede exigir cierta brutalidad de tu parte, algunas cosas de naturaleza desagradable son necesarias en la búsqueda artística. ¡Ahora soy una actriz! Actúo con deleite, no con terror, me siento arro¬bada, no mortalmente enferma por la incertidumbre. Actúo...
KONSTANTÍN: Bellamente... eres una artista.
NINA: Todavía no, pero...
KONSTANTÍN: ¡Lo serás!
NINA: ¿Quién eres tú para decidir? ¿Y quién soy yo? Sólo podemos... seguir... Mira, Kostia, amigo mío. En nues¬tro trabajo lo que importa no es la fama, no es la glo¬ria, ni esas cosas con las que yo soñaba y que satisfacen a tu madre. ¿Qué es importante? Sólo soportar... Poder soportar la vocación, escribir o actuar, nunca entre-garla, como a un bastardo. (Saca violentamente una tarjeta de un bolsillo.) Envía esto por correo por mí, por favor, no dejes que nadie sepa... ¿Lo prometes?
KONSTANTÍN: Sigo diciendo que Trigorin es...
NINA: ¡No lo digas!... No es extraño que lo ame más que antes... Qué linda era la vida aquí, de este lado del lago, nuestros sentimientos eran... delicados... como flo¬res... "Hombres y leones, águilas y... ciervos con cuer¬nos, gansos, arañas... Ya las grullas no se despiertan y gritan en los médanos, no se oyen más los escarabajos de mayo en el bosquecillo de tilos"... Ahora tengo que irme. Adiós. Recuerda cualquier cosa útil que te haya dicho... Cuando sea una gran actriz, si alguna vez lo soy... promete que vendrás a verme. (Ella empieza a irse; él la sigue unos poco pasos.) No, no, no me sigas.
KONSTANTÍN (deteniéndose, como si le hablara a ella): ...Has encontrado tu camino... yo todavía estoy a la deriva, es... el caos... (Vuelve a su escritorio, todavía como si le hablara a ella.) No sé por qué tengo que encontrar necesario practicar una profesión cuando sólo tengo un talento pasajero. (Advierte la carta que ella le dio.) Sólo la ciudad y el país y los apellidos de las personas. (Silencio. Rompe todos sus manuscritos y los arroja bajo el escritorio. Sale al jardín.)
DORN (tratando de abrir la puerta): Parece estar cerrada.
(Empuja la silla hasta apartarla y entra. Entran
Arkádina y Polina, seguidas por Iákov que lleva botellas, luego Masha, Shamráiev y Trigorin.)
ARKÁDINA: Pon el vino tinto en la mesa. ¿Boris? ¿Cerveza? TRIGORIN: Sabes que he dejado de beber cerveza. ARKÁDINA: Oh, sí, y ¿saben por qué? Quiere preservar su figura elegante. Aumentó un kilo y consultó a un médico, quien le dijo que la cerveza era la responsable.
TRIGORIN: Descubrí que me dejaba demasiado somnoliento para trabajar.
ARKÁDINA: ¡Querido! (Arranca un cabello de su resplan¬deciente cabeza negra.) Por fin una cana.
TRIGORIN: Oh, mi Dios. Desearía que me prestaras tu pote de tintura.
ARKÁDINA (abriendo los ojos como platos): ¿Tintura? ¿Pote?
TRIGORIN: Le ha quitado la etiqueta que lleva; ahora se llama Elixir. ¿De qué? ¿De la juventud? Algún día un niño tomará un trago de ahí y tendrá convulsiones.
ARKÁDINA: Si así es como va a continuar la Velada, me retiro inmediatamente a leer.
TRIGORIN: Te hacía una broma, te hacía una broma.
ARKÁDINA: No estoy segura; en rigor, siempre he sospechado que una buena cantidad de malicia se hace pasar por bromas.
TRIGORIN: Querida dama.
ARKÁDINA: ¿Autor eminente?
TRIGORIN: ¿No es el tiempo nuestro enemigo común, que¬rida? Quién sabe cuándo una actriz, al margen de lo incomparable que sea su arte, comenzará inconscien¬temente a repetirse y a confiar en sus trucos. Y quién sabe cuándo un escritor va a liberarse y escribir tan salvajemente que nadie más que él lo entienda o tam¬bién va a caer en la fácil trampa de la repetición... ¿Vamos a seguir jugando a la lotería?
ARKÁDINA: ¿No te has dado cuenta de que estoy dando las cartas?
TRIGORIN: La lotería. Un juego que personifica las...
POLINA (a Iákov): Trae el samovar mientras enciendo las velas.
ARKÁDINA: ¿Personifica las...?
TRIGORIN: Las cosas viejas y tediosas que hacemos para casi convencernos de que nada en absoluto ha cambiado.
ARKÁDINA (picada):...¿Qué fue lo que me preguntaste durante la cena? ¿Por qué la Zarina no fue a mi gala de Moscú?... Pensé que sabías que no conoce una palabra de ruso, para retener su atención tendría que haber hablado en alemán.
TRIGORIN: ¿Pero el Zar te envió tres docenas de rosas? ¿Y te las cobró a ti?
ARKÁDINA: Qué absurdo...
TRIGORIN: Tendríamos que terminar con esa costumbre de dejar cartas abiertas y cuentas de florerías.

(Iákov trae el samovar humeante, luego se va. Sham¬ráiev se acerca a Trigorin.)

SHAMRÁIEV: Aquí está su gaviota tal como la pidió, señor.
TRIGORIN: ¿Yo? ¿La pedí? ¿Que embalsamaran una gaviota muerta?... Perdón, pero usted está equivo¬cado. Las cosas muertas son recordatorios depri¬mentes de...
ARKÁDINA: ¿Entonces por qué no dejas de pescar? Un pez atrapado es un pez muerto. Las cartas están dadas. Boris, ven y siéntate junto a mí.
TRIGORIN: Oh, no, espiarías mis cartas.
ARKÁDINA: ¿Qué... (Se oye un disparo fuera de escena.
Abruptamente su voz se altera.) ...fue eso? (Hay una ligera pausa con intercambios de miradas aterradas.)
DORN: ...Volvió a ocurrir.
ARKÁDINA (deja caer sus cartas y se levanta torpemente de
la mesa, derramando un vaso de vino): ¿Qué?
DORN: Un frasco de éter explotó en mi maletín médico la semana pasada y ha vuelto a ocurrir.
ARKÁDINA (sólo a medias tranquila): Oh, mi Dios, yo...
DORN: Sus nervios están de punta hoy. Discúlpeme, pondré todo en orden, enseguida vuelvo. (Sale... lo vemos en el jardín.)... ¿Kostia?
ARKÁDINA: No ha vuelto, dijo que volvería enseguida. Voy a... (Sale hacia la derecha. Trigorin la aferra del brazo.) ... ¿Qué, qué?
TRIGORIN: ¿Un dúo? (Baila salvajemente con ella. Dorn vuelve.)
DORN: Era sólo eso. Estos líquidos volátiles deberían guar¬darse en recipientes de metal...

(Arkádina vuelve a la mesa.)

DORN (a Trigorin): Oh, aquí está esa revista que publicó un artículo sobre una pareja norteamericana hace un par de meses... quería su opinión sobre él... (Ha lle¬vado a Trigorin a un rincón de la habitación.) Saque a Irina de aquí como sea.

(Ligera pausa. La mirada de Trigorin se vuelve hacia su interior. Sabe. Afuera, en el jardín, las linternas parpa¬dean. Masha se levanta y se dirige a Trigorin y a Dorn.

Polina la sigue. Irina está sola, sentada rígidamente a la mesa.)

MASHA: Sé que no fue... su botella de éter... lo que explo¬tó.
DORN: Sugiero que...
MASHA: Se acabó todo. ¿Gotas de valeriana? ¿No es eso lo recomendado? (Una risa enloquecida surge de ella. Polina la toma entre sus brazos; se suelta y golpea a Dorn.) También están la tormenta y el lago. ¿Dónde está él?
DORN: Konstantín está junto a la orilla del lago.
(La escena del lago del fondo se ilumina lentamen¬te mientras Dorn y Trigorin vuelven a la mesa de lotería, donde se encuentra Irina sola. Masha y Polina se mueven indefensas por el escenario como bajo aguas profundas.)
Dígame, Irina, ¿cuántas veces saludó la noche del estre¬no en Odesa?
TRIGORIN: Incontables veces.
DORN: Nunca he tenido el placer de verla saludar una noche de estreno... o de bajada de cartel, pero he oído que es maravillosamente graciosa. Irina, ¿haría una reverencia ahora?
TRIGORIN: ¿Con motivo de qué haría una reverencia ahora?
DORN: Creo que el motivo se está presentando por sí mismo.
(Lentamente, desde el fondo del escenario, dos sir¬vientes van llevando el cuerpo de Konstantín a la parte delantera, con una linterna encima. Ponién¬dose una mano sobre la boca, Irina se levanta tam¬baleando de la mesa de lotería. Retrocede lentamente hasta las candilejas del proscenio. Cuando se da vuelta, se enfrenta con el público del teatro. El instinto de casi una vida entera prevalece y Arkádina hace una reverencia. Su rostro es una despedida trá¬gica a su profesión, a su vida, a su hijo profunda-mente amado: su víctima.)
¡Con tanta gracia!

LAS LUCES SE APAGAN

No hay comentarios.: